Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
25 agosto, 2010
Después de unas largas vacaciones -no sé si merecidas, pero al menos necesarias- retomo este espacio en Punto con gran entusiasmo pero también -como siempre- con una enorme preocupación provocada por la lectura de la información que los diversos medios publican.
Hoy quiero ocuparme de un tema que solamente con el paso del tiempo he podido entender, dado que por desgracia en nuestro país estamos poco acostumbrados al concepto. Pagar impuestos en México, digámoslo claramente, para los ciudadanos comunes es sencillamente una opción. Un posibilidad y casi nunca una obligación.
Buscando la definición más elemental de “impuestos”, la enciclopedia online Wikipedia da una clara y directa: “Los impuestos son cargas obligatorias que las personas y empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras: sin los impuestos el Estado no podría funcionar, ya que no dispondría de fondos para financiar la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, eléctricas), prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social (desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales), etc.”
El punto es que hablando sinceramente, creo que más de un compatriota coincidirá conmigo si afirmo que en México los impuestos simple y sencillamente no se ven. O mejor dicho: no se ve con claridad dónde van a parar.
Si el destino de los impuestos llega a notarse, es seguramente en obras que sirven solamente para que los gobernantes demuestren cuánto trabajan, pero que no tienen una utilidad ni benefician a los ciudadanos normales.
Olvidaba decir que los impuestos que pagamos los mexicanos se ven también cuando los diputados, senadores y demás servidores públicos de cierto nivel se sirven con la cuchara grande. Recordemos que sus mega salarios los pagan los contribuyentes, es decir, el pueblo al que deberían servir, pero del que con cada vez menos pudor simplemente se sirven.
A fin de cuentas lo que deberíamos exigir quienes pagamos nuestras contribuciones en cualquier país democrático o aspirante a serlo, es un justo “retorno” de éstas. Pero no en todas partes ocurre. Obviamente Italia es uno de esos países donde se paga mucho y se recibe poco. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán.
En realidad si me permito citar esta información, publicada por el diario italiano Corriere della Sera, es más bien como una forma de desahogo personal, porque me parece completamente injusto.
Resulta que en el país de la bota, “sobre cada italiano recae un peso tributario anual por un promedio de 7 mil 350 euros. Entre los principales países europeos es verdad que los franceses pagan más, con un promedio de 7 mil 438 euros, pero reciben un contravalor de servicios mucho más consistente que el de los italianos: vienen recompensados con un gasto social per capita equivalente a 10 mil 776 euros, mientras que los italianos entre salud, educación y prevención social, alcanzan a recibir apenas 8 mil 023 euros, es decir, dos mil 753 euros menos que en Francia.”
Y eso no es todo. Para darnos una idea de lo que pasa en Italia, basta mencionar lo que el estudio agrega, referente al hecho de que “en Alemania la cuota per capita de impuestos toca los 6 mil 919 euros, pero en términos de gasto social los germanos reciben 9 mil 171 euros per capita al año. La diferencia per capita entre lo que reciben en términos de gasto social y lo que pagan en términos de impuestos es para los franceses de 3 mil 339 euros. Para los alemanes es de 2 mil 251 euros. En Italia de solo 664 euros per capita.
Tristes realidades que se ven sobre todo en el sur del país, donde honestamente hay lugares que no parecen pertenecer a uno de los países más industrializados del planeta, a una de las potencias mundiales. Y lo peor es que de repente al gobierno italiano se le ha ocurrido la idea de iniciar a perseguir, en una de esas tremendas cacerías de brujas a los evasores. ¡Háganme ustedes el favor!
Y si de chistes malos y de impuestos hablamos, debo mencionar una de las últimas ocurrencias de nuestro presidente mexicano, Felipe Calderón.
Ahora resulta que nuestro gobernante afirmó que “si el Congreso no reasigna recursos para combatir al crimen organizado, el gobierno federal buscará nuevas fuentes de ingreso que constituirían una carga para los contribuyentes”.
En otras palabras, si no hay más dinerito para seguir con su guerra sin sentido, encontrará la ímanera de seguir exprimiendo los bolsillos de los pobres mexicanos que ya no saben si es peor la crisis económica o la situación de inseguridad. Como quien dice que en México uno arriesga el dinero y la vida, sin posibilidad de elegir.
La verdad es que me quedo con la boca abierta cuando leo que Calderón asegura que el Ejército seguirá en la calle hasta el último día de su gobierno. Porque no termino de entender si eso para el pueblo mexicano representa una garantía de seguridad o es más bien un motivo de seria preocupación.
Pero lo que no consiento, no tolero, no soporto y no admito, es que sean los contribuyentes mexicanos los que tengan que pagar todos y cada uno de los excesos de sus gobernantes. Porque en lugar de amenazar con nuevas cargas tributarias, nuestro señor presidente se debería preocupar por dejar de despilfarrar el dinero de todos en obras absurdas como una torre de acero inoxidable para conmemorar el Bicentenario, que tendrá un costo total de 690 millones de pesos.
Bueno, pero ¿no le da vergüenza? Se debería esconder lejos, pero muy lejos y sentirse muy mal por amenazar a sus gobernados con nuevos impuestos si el Congreso no lo apoya en su guerra loca que ha costado al menos 28 mil muertos -aunque se empeñe en decir que la mayoría de ellos tenía que ver con el narco-.
Y tendría también que sentirse muy pero muy abochornado por las obras faraónicas -encima de todo inconclusas- con las que quiere festejar el Bicentenario. Parece no darse cuenta, como todos los representantes populares, que hay familias en el país que gobiernan que no tienen siquiera las condiciones mínimas para vivir dignamente.
Y lo peor de todo es pensar que son precisamente esos gobernantes inconscientes, frívolos y megalómanos los que viven -por cierto muy bien- gracias a nuestros impuestos.
miércoles, 25 de agosto de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
Nuestra realidad... virtual
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
14 julio, 2010
Cuando esta semana estaba buscando un tema para comentarlo en este espacio, me di cuenta, gracias a una amiga que me contactó por el messenger, que nunca antes se me había ocurrido hablar de la importancia que está tomando en nuestra vida cotidiana el uso de internet.
Es inegable que la computadora se ha convertido en un instrumento común y hasta imprescindible para ciertos sectores de la sociedad.
Precisamente por eso utilizarla parece tan simple y resulta tan normal que a nadie sorprende la capacidad que tenemos los seres humanos de hoy para comunicarnos en tiempo real con personas que están a miles de kilómetros de distancia.
Seguramente para las personas de mi generación, que nos habituamos al uso de las nuevas tecnologías cuando éramos jóvenes, pero definitivamente no crecimos con todos los instrumentos actuales, el cambio ha sido paulatino y posiblemente por ello no nos hemos dado cuenta de la maravilla que representa tener la posibilidad de acceder a la información prácticamente en tiempo real, sin barreras de ninguna especie.
Al menos en los países más o menos democráticos, los usuarios de la red de redes no tenemos que enfrentar el problema de la censura e internet resulta el medio idóneo para enterarnos de mil cosas que de otra manera restarían lejanas y por lo tanto, ajenas a nosotros.
Es que a decir verdad, gracias a internet nos apropiamos de una infinidad de información que en ocasiones nos sirve para formarnos una idea de la realidad que vivimos.
Los grandes temas se vuelven parte de nuestra vida cotidiana y esto nos permite ubicarnos como parte de una gran aldea global en la que pensamos o creemos ser partícipes de las grandes realidades.
Esto resulta positivo, indudablemente, porque en el fondo acceder a la información permite formarnos un criterio.
Pero además del acceso a la información y todas sus consecuencias positivas, no puedo pasar por alto lo que internet es para muchos, sin importar la edad.
Me refiero concretamente al uso de las redes sociales, particularmente de Facebook, que hoy por hoy se ha convertido en una herramienta casi indispensable para comunicar.
El punto es que conforme pasa el tiempo, he venido descubriendo que sin duda, la red social más popular se está convirtiendo en un sustituto del contacto directo, personal, cálido. Y eso no me parece positivo, inteligente o adecuado, bajo ninguna circunstancia.
En realidad Facebook no es otra cosa que una especie de agujero en una cerradura que permite espiar y dejar que nos espíen. Es un modo casi enfermizo de comunicar sin comprometernos, de interactuar sin contacto verdadero. Es como estar y no estar, como participar y hacer partícipes a los demás de lo que hacemos, de lo que pensamos, de lo que vivimos...Pero sin acercarnos demasiado a nuestros interlocutores.
Tenemos cientos de amigos en Facebook, pero me pregunto cuántas de esas “amistades” son reales, con cuántas de esas personas podríamos o querríamos realmente sentarnos en la sala de nuestra casa a discutir, a intercambiar ideas, a dialogar.
Lo peor es cuando veo que tantas y tantas personas se comunican a través de la computadora y desperdician la oportunidad de verse personalmente. Lo encuentro irracional, preocupante y no puedo sino pensar que se trata de una señal inequívoca de que algo no está funcionando del todo y que sin duda, aislarnos de la realidad y aparentar estar en contacto con la sociedad es una de las claras muestras del nuevo ser humano del siglo XXI.
Y me preocupa. Me parece incoherente sobre todo cuando me doy cuenta que son los más jóvenes quienes se convierten en esclavos de la tecnología y deciden pasar horas enteras frente a una computadora, sin permitirse la convivencia sana y directa con sus amigos del mundo real, si es que tienen alguno.
Triste y preocupante.
Cierro con un caso concreto que dejo para la reflexión. En noviembre del 2009 fue abierta en el Policlinico Gemelli de Roma un área dedicada a tratar los disturbios causados por una nueva síndrome: la llamada Web dependency. Area que por supuesto, con el paso del tiempo ha comenzado a saturarse.
Tomando la información del artículo respectivo, publicado por el diario italiano Corriere della Sera, me permito agregar los siguientes datos, por si alguien les encuentra alguna utilidad.
Hay principalmente dos tipos de pacientes con la mencionada patología: adultos entre los 25 y los 40 añps que aceptan tener el problema y jóvenes adolescentes “atrapados” en juegos on line, que no están conscientes de su dependencia.
Las cinco principales formas de dependencia son: el sexo virtual y la pornografía; las redes sociales -se estima que 10 por ciento de los inscritos a Facebook sea dependiente-; el juego de azar, la búsqueda obsesiva de información y el excesivo uso de juegos virtuales.
Para pensar, reflexionar y analizar un poco... Especialmente acerca del hecho triste de llegar a convertirnos en esclavos de las herramientas.
14 julio, 2010
Cuando esta semana estaba buscando un tema para comentarlo en este espacio, me di cuenta, gracias a una amiga que me contactó por el messenger, que nunca antes se me había ocurrido hablar de la importancia que está tomando en nuestra vida cotidiana el uso de internet.
Es inegable que la computadora se ha convertido en un instrumento común y hasta imprescindible para ciertos sectores de la sociedad.
Precisamente por eso utilizarla parece tan simple y resulta tan normal que a nadie sorprende la capacidad que tenemos los seres humanos de hoy para comunicarnos en tiempo real con personas que están a miles de kilómetros de distancia.
Seguramente para las personas de mi generación, que nos habituamos al uso de las nuevas tecnologías cuando éramos jóvenes, pero definitivamente no crecimos con todos los instrumentos actuales, el cambio ha sido paulatino y posiblemente por ello no nos hemos dado cuenta de la maravilla que representa tener la posibilidad de acceder a la información prácticamente en tiempo real, sin barreras de ninguna especie.
Al menos en los países más o menos democráticos, los usuarios de la red de redes no tenemos que enfrentar el problema de la censura e internet resulta el medio idóneo para enterarnos de mil cosas que de otra manera restarían lejanas y por lo tanto, ajenas a nosotros.
Es que a decir verdad, gracias a internet nos apropiamos de una infinidad de información que en ocasiones nos sirve para formarnos una idea de la realidad que vivimos.
Los grandes temas se vuelven parte de nuestra vida cotidiana y esto nos permite ubicarnos como parte de una gran aldea global en la que pensamos o creemos ser partícipes de las grandes realidades.
Esto resulta positivo, indudablemente, porque en el fondo acceder a la información permite formarnos un criterio.
Pero además del acceso a la información y todas sus consecuencias positivas, no puedo pasar por alto lo que internet es para muchos, sin importar la edad.
Me refiero concretamente al uso de las redes sociales, particularmente de Facebook, que hoy por hoy se ha convertido en una herramienta casi indispensable para comunicar.
El punto es que conforme pasa el tiempo, he venido descubriendo que sin duda, la red social más popular se está convirtiendo en un sustituto del contacto directo, personal, cálido. Y eso no me parece positivo, inteligente o adecuado, bajo ninguna circunstancia.
En realidad Facebook no es otra cosa que una especie de agujero en una cerradura que permite espiar y dejar que nos espíen. Es un modo casi enfermizo de comunicar sin comprometernos, de interactuar sin contacto verdadero. Es como estar y no estar, como participar y hacer partícipes a los demás de lo que hacemos, de lo que pensamos, de lo que vivimos...Pero sin acercarnos demasiado a nuestros interlocutores.
Tenemos cientos de amigos en Facebook, pero me pregunto cuántas de esas “amistades” son reales, con cuántas de esas personas podríamos o querríamos realmente sentarnos en la sala de nuestra casa a discutir, a intercambiar ideas, a dialogar.
Lo peor es cuando veo que tantas y tantas personas se comunican a través de la computadora y desperdician la oportunidad de verse personalmente. Lo encuentro irracional, preocupante y no puedo sino pensar que se trata de una señal inequívoca de que algo no está funcionando del todo y que sin duda, aislarnos de la realidad y aparentar estar en contacto con la sociedad es una de las claras muestras del nuevo ser humano del siglo XXI.
Y me preocupa. Me parece incoherente sobre todo cuando me doy cuenta que son los más jóvenes quienes se convierten en esclavos de la tecnología y deciden pasar horas enteras frente a una computadora, sin permitirse la convivencia sana y directa con sus amigos del mundo real, si es que tienen alguno.
Triste y preocupante.
Cierro con un caso concreto que dejo para la reflexión. En noviembre del 2009 fue abierta en el Policlinico Gemelli de Roma un área dedicada a tratar los disturbios causados por una nueva síndrome: la llamada Web dependency. Area que por supuesto, con el paso del tiempo ha comenzado a saturarse.
Tomando la información del artículo respectivo, publicado por el diario italiano Corriere della Sera, me permito agregar los siguientes datos, por si alguien les encuentra alguna utilidad.
Hay principalmente dos tipos de pacientes con la mencionada patología: adultos entre los 25 y los 40 añps que aceptan tener el problema y jóvenes adolescentes “atrapados” en juegos on line, que no están conscientes de su dependencia.
Las cinco principales formas de dependencia son: el sexo virtual y la pornografía; las redes sociales -se estima que 10 por ciento de los inscritos a Facebook sea dependiente-; el juego de azar, la búsqueda obsesiva de información y el excesivo uso de juegos virtuales.
Para pensar, reflexionar y analizar un poco... Especialmente acerca del hecho triste de llegar a convertirnos en esclavos de las herramientas.
viernes, 9 de julio de 2010
Atrapados sin salida...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
07 julio, 2010
Quiero comenzar a escribir estas líneas con toda la honestidad de que soy capaz. Desde hace algunas semanas he intentado inútilmente encontrar un tema serio, interesante, importante y al mismo tiempo he querido ser optimista al escribir para este espacio. Me rindo.
Por ahora no hay un solo tema importante que tenga que ver con México y permita hablar con una mínima dosis de optimismo.
Hace ya más de dos años que participo con entusiasmo en este semanario, intentando cada vez reflexionar y analizar en esta página la realidad de las que llamo mis dos patrias.
Pero francamente, en este momento estoy pasando por una verdadera crisis. Sencillamente encuentro que la situación en ambos países es particularmente crítica. Es inquietante.
Dejo a un lado por hoy las tonterías y los excesos del premier Berlusconi, sus contínuas ofensas a la inteligencia del pueblo italiano, porque en este momento lo que más me preocupa es lo que está ocurriendo en México.
Y es que visto desde afuera, a miles de kilómetros de distancia, a lo que ocurre en mi tierra francamente no le veo ni pies ni cabeza. Y lo peor no es eso.
Lo peor es saber que son mis paisanos, las personas sencillas, quienes están sufriendo todos los santos días y mantienen la cabeza baja y una extrañísima fe en que algo o alguien llegará a salvarlos.
En este momento de la historia de nuestro México, sinceramente no pienso que exista una solución mágica, una fórmula que permita en un corto o mediano plazo solucionar los problemas serios, gravísimos que agobian a los ciudadanos.
Y ahí está, ese enorme peso que los mexicanos soportamos en nuestras espaldas y sobre todo en nuestro ánimo, la famosa guerra al narcotráfico. Esa inexplicable y absurda guerra en la que hombres y mujeres comunes y corrientes no tienen absolutamente nada que ganar, pero que el gobierno federal contínua a promover. Esa maldita guerra que la autoridad federal sigue enarbolando como bandera de una causa que no es de nadie.
Desde diciembre de 2006, luego del anuncio hecho por el presidente Felipe Calderón, ha iniciado esta nueva pesadilla que hasta este 2010 ha provocado la muerte de al menos 15 mil personas.
Sabemos que los arrestos de algunos líderes importantes de los cárteles y la gran militarización del territorio mexicano han provocado una respuesta sin precedentes, terriblemente violenta, que se ve reflejada no solamente en las bajas de los cuerpos armados federales y de las bandas de narcotraficantes, que hasta cierto punto serín el lógico resultado.
Ahora son civiles sin nexos con el narcotráfico, jóvenes, niños y periodistas quienes están definitivamente pagando los platos rotos.
Me duele el alma cada vez que escucho a mis paisanos, a mis amigos, a mis familiares, quejarse de lo que está sucediendo. Pienso que es terrible saber que sin deberla ni temerla mis compatriotas sufren las consecuencias sociales, pero sobre todo psicológicas de una inigualable ola de agresiones que no parece tener fin,
Y no hay respuestas. El gobierno de Calderón concluirá como la ley establece y después que se vaya, habrá que comenzar a sacar cuentas. Y habrá dos posibilidades: o seguir la guerra ilógica sin dar la mínima tregua, o volver a los tiempos en que el narco actuaba impunemente, cerrando los ojos para no ver quiénes y hasta dónde están involucrados, como se había hecho siempre para después presumir por todos lados que en México hay paz social.
Quién sabe si en realidad la situación ha llegado al punto de no retorno. Quién sabe si hay una solución inteligente que represente un beneficio para la mayoría. Quizá legalizar las drogas pondría un alto a la crisis de violencia, pero indudablemente acarrearía un severo problema social porque sin duda, las nuevas generaciones no están preparadas para decir un tajante y serio no al consumo de estupefacientes.
Entre la guerra al narco y la tremenda crisis económica global, que en México ha tenido consecuencias serias parece que no hay para dónde hacerse. Desempleo, poco crecimiento económico, la siempre presente pobreza extrema. La contínua polarización de clases en un país de contrastes que no terminan y que parecen acentuarse cada vez más.
Y no puedo no mencionar la ilusión de muchos que creen que de veras México es una democracia. Con los procesos electorales que cuestan mucho más de lo que valen, donde hay un 60 por ciento de abstencionismo y todo termina con los mismos pleitos post electorales que no llevan a ninguna parte, sencillamente no se puede hablar de democracia. Y si a eso le sumamos la violencia inédita registrada pocos días antes de las recientes elecciones, hay que decir que ni siquiera esa supuesta muestra de desarrollo como nación se escapa de la tremenda crisis que se está viviendo.
Por eso cuando pienso en los cada vez más cercanos festejos del Bicentenario, me pregunto si de verdad tenemos mucho para celebrar. Me pregunto si no hay entre los más de cien millones de mexicanos alguien que piense, decida y actúe, pensando en la patria y no en el chauvinismo. Y que lo haga en serio. Lo espero, lo deseo, lo necesito, como lo necesitamos todos. Porque de verdad, ya estuvo suave de estar esperando una solución mágica que francamente nunca va a llegar.
07 julio, 2010
Quiero comenzar a escribir estas líneas con toda la honestidad de que soy capaz. Desde hace algunas semanas he intentado inútilmente encontrar un tema serio, interesante, importante y al mismo tiempo he querido ser optimista al escribir para este espacio. Me rindo.
Por ahora no hay un solo tema importante que tenga que ver con México y permita hablar con una mínima dosis de optimismo.
Hace ya más de dos años que participo con entusiasmo en este semanario, intentando cada vez reflexionar y analizar en esta página la realidad de las que llamo mis dos patrias.
Pero francamente, en este momento estoy pasando por una verdadera crisis. Sencillamente encuentro que la situación en ambos países es particularmente crítica. Es inquietante.
Dejo a un lado por hoy las tonterías y los excesos del premier Berlusconi, sus contínuas ofensas a la inteligencia del pueblo italiano, porque en este momento lo que más me preocupa es lo que está ocurriendo en México.
Y es que visto desde afuera, a miles de kilómetros de distancia, a lo que ocurre en mi tierra francamente no le veo ni pies ni cabeza. Y lo peor no es eso.
Lo peor es saber que son mis paisanos, las personas sencillas, quienes están sufriendo todos los santos días y mantienen la cabeza baja y una extrañísima fe en que algo o alguien llegará a salvarlos.
En este momento de la historia de nuestro México, sinceramente no pienso que exista una solución mágica, una fórmula que permita en un corto o mediano plazo solucionar los problemas serios, gravísimos que agobian a los ciudadanos.
Y ahí está, ese enorme peso que los mexicanos soportamos en nuestras espaldas y sobre todo en nuestro ánimo, la famosa guerra al narcotráfico. Esa inexplicable y absurda guerra en la que hombres y mujeres comunes y corrientes no tienen absolutamente nada que ganar, pero que el gobierno federal contínua a promover. Esa maldita guerra que la autoridad federal sigue enarbolando como bandera de una causa que no es de nadie.
Desde diciembre de 2006, luego del anuncio hecho por el presidente Felipe Calderón, ha iniciado esta nueva pesadilla que hasta este 2010 ha provocado la muerte de al menos 15 mil personas.
Sabemos que los arrestos de algunos líderes importantes de los cárteles y la gran militarización del territorio mexicano han provocado una respuesta sin precedentes, terriblemente violenta, que se ve reflejada no solamente en las bajas de los cuerpos armados federales y de las bandas de narcotraficantes, que hasta cierto punto serín el lógico resultado.
Ahora son civiles sin nexos con el narcotráfico, jóvenes, niños y periodistas quienes están definitivamente pagando los platos rotos.
Me duele el alma cada vez que escucho a mis paisanos, a mis amigos, a mis familiares, quejarse de lo que está sucediendo. Pienso que es terrible saber que sin deberla ni temerla mis compatriotas sufren las consecuencias sociales, pero sobre todo psicológicas de una inigualable ola de agresiones que no parece tener fin,
Y no hay respuestas. El gobierno de Calderón concluirá como la ley establece y después que se vaya, habrá que comenzar a sacar cuentas. Y habrá dos posibilidades: o seguir la guerra ilógica sin dar la mínima tregua, o volver a los tiempos en que el narco actuaba impunemente, cerrando los ojos para no ver quiénes y hasta dónde están involucrados, como se había hecho siempre para después presumir por todos lados que en México hay paz social.
Quién sabe si en realidad la situación ha llegado al punto de no retorno. Quién sabe si hay una solución inteligente que represente un beneficio para la mayoría. Quizá legalizar las drogas pondría un alto a la crisis de violencia, pero indudablemente acarrearía un severo problema social porque sin duda, las nuevas generaciones no están preparadas para decir un tajante y serio no al consumo de estupefacientes.
Entre la guerra al narco y la tremenda crisis económica global, que en México ha tenido consecuencias serias parece que no hay para dónde hacerse. Desempleo, poco crecimiento económico, la siempre presente pobreza extrema. La contínua polarización de clases en un país de contrastes que no terminan y que parecen acentuarse cada vez más.
Y no puedo no mencionar la ilusión de muchos que creen que de veras México es una democracia. Con los procesos electorales que cuestan mucho más de lo que valen, donde hay un 60 por ciento de abstencionismo y todo termina con los mismos pleitos post electorales que no llevan a ninguna parte, sencillamente no se puede hablar de democracia. Y si a eso le sumamos la violencia inédita registrada pocos días antes de las recientes elecciones, hay que decir que ni siquiera esa supuesta muestra de desarrollo como nación se escapa de la tremenda crisis que se está viviendo.
Por eso cuando pienso en los cada vez más cercanos festejos del Bicentenario, me pregunto si de verdad tenemos mucho para celebrar. Me pregunto si no hay entre los más de cien millones de mexicanos alguien que piense, decida y actúe, pensando en la patria y no en el chauvinismo. Y que lo haga en serio. Lo espero, lo deseo, lo necesito, como lo necesitamos todos. Porque de verdad, ya estuvo suave de estar esperando una solución mágica que francamente nunca va a llegar.
miércoles, 23 de junio de 2010
Las noticias de un mundo feliz...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
23 giugno, 2010
Esta semana me he encontrado con una información que me ha hecho reflexionar nuevamente acerca del papel de los medios de comunicación. He planteado muchas veces en este espacio que ahora más que nunca son precisamente los medios quienes se ocupan de construir y modificar la realidad.
Más de una vez me he sorprendido por la capacidad que tienen algunos comunicadores para transformar los hechos y con ello dar el tono que conviene a las situaciones que la sociedad vive.
Hay medios escandalosos, otros más son tendenciosos, muy pocos son plurales y es imposible encontrar uno solo que sea objetivo.
Pero de eso a sostener lo que dijo hace unos días el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, hay un abismo. Resulta que desde su punto de vista, “generar un clima de linchamiento pone en riesgo las libertades”, por lo que pidió a los medios de comunicación “responsabilidad al ejercer la libertad de expresión”.
Y un correligionario de Gómez Mont, el senador panista Alejandro González Alcocer también puso su granito de arena diciendo que “hay veces que algunos medios lo que más destacan es la violencia y eso no nos ayuda como país para nada”.
De acuerdo, la responsabilidad es necesaria. Pero esto no implica callar para que la sociedad no viva en un pánico contínuo.
En materia de inseguridad, digamos que aparte de lo que los medios de comunicación publican, está la realidad que los mexicanos viven y que no necesitan ver construída en ningún periódico ni en ningún canal de televisión.
Para quien como yo vive en el extranjero, ciertamente son los medios los que permiten acceder a gran parte de la información relativa a la violencia que México vive desde la genial invención de la lucha contra el narcotráfico.
Pero también están los parientes y los amigos como referentes inmediatos que sin ningún interés mediático narran episodios increíbles de violencia en todas partes, y viven en una tensión contínua y en un miedo constante, sin necesidad de ponerse a leer los diarios, a ver la televisión o a escuchar la radio.
Con la pena, senador. Al país lo que no le ayuda es precisamente que exista una violencia cada día más acentuada.
A quienes no ayudan los medios publicando contínuamente las crueles novedades es a los gobernantes ineptos que han llevado a México a ser considerado casi un Estado fallido.
Entendámonos bien: los medios no hacen más o menos violento al país publicando la información de lo que está ocurriendo.
Los serios problemas de inseguridad existen, y aunque nadie los publicara, los muertos por todos lados seguirían apareciendo, los levantones continuarían y el miedo generalizado no pasaría.
Por el contrario, en el caso de la violencia que por desgracia vive nuestro país, publicar es un deber, para que a nadie se le olvide y para que todos llevemos una especie de estadística.
Así cuando nuestros queridos mandatarios pretendan lavarnos el cerebro diciendo que todo va muy bien, nosotros podremos sacar a la luz lo que está sucediendo y que en todo caso los medios simplemente están relatando.
Porque el tema de la violencia es un asunto en que los periodistas no están ni inventando ni tergiversando nada. No podrían. A lo mejor hay algunos que por el contrario, tratan de suavizar las cosas, pero aún así, la realidad es tan espantosa que aunque la disfracen un poco sale a relucir en toda su crueldad.
Así que ni cómo ayudarlos, queridos panistas. No hay manera de taparle los ojos y los oídos a los mexicanos que en la información que se publica no ven más que el resumen de lo que viven cotidianamente.
Me viene a la memoria que en Rumania, el gobierno ordenó que los medios dieran un porcentaje de “noticias felices” para ayudar a que los ciudadanos no cayeran en depresión. El senado rumeno ordenó en el 2008 que los noticiarios de radio y televisión publicaran cada día una cuota fija de noticias “positivas” para reequilibrar el cuadro y ofrecer una imagen “más serena” de la realidad.
El enmendamiento a la ley ordenó un equilibrio entre noticias buenas y malas. Lo que todavía no se entiende es si con ello la realidad cotidiana de los rumenos ha cambiado o si la dosis de noticias “entusiastas” ha contribuido solamente a mejorar la imagen del gobierno.
Y es que a fin de cuentas, esa moderación que los panistas piden es solamente una manera de presionar a los medios para tapar el sol con un dedo y de alguna manera limpiar la imagen de un gobierno que hasta ahora se ha mostrado incapaz de manejar una situación delicadísima que se les ha salido completamente de control.
Pero a decir verdad, aunque los periodistas por un milagro del cielo de repente se quedaran calladitos, ¿la gente que sufre la violencia cotidiana dejaría de ver cómo México va de mal en peor?
En lugar de buscar los favores del sistema mediático, que por lo visto ya no pueden controlar -porque ahora a los medios les importa más quedar bien con los priístas- señores del PAN, ¿por qué no se ponen a trabajar y solucionan de una vez por todas la terrible situación de los ciudadanos mexicanos, de sus compatriotas, de los que los eligieron y con sus impuestos pagan sus mega salarios, que son personas que simplemente no se merecen lo que están viviendo?
23 giugno, 2010
Esta semana me he encontrado con una información que me ha hecho reflexionar nuevamente acerca del papel de los medios de comunicación. He planteado muchas veces en este espacio que ahora más que nunca son precisamente los medios quienes se ocupan de construir y modificar la realidad.
Más de una vez me he sorprendido por la capacidad que tienen algunos comunicadores para transformar los hechos y con ello dar el tono que conviene a las situaciones que la sociedad vive.
Hay medios escandalosos, otros más son tendenciosos, muy pocos son plurales y es imposible encontrar uno solo que sea objetivo.
Pero de eso a sostener lo que dijo hace unos días el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, hay un abismo. Resulta que desde su punto de vista, “generar un clima de linchamiento pone en riesgo las libertades”, por lo que pidió a los medios de comunicación “responsabilidad al ejercer la libertad de expresión”.
Y un correligionario de Gómez Mont, el senador panista Alejandro González Alcocer también puso su granito de arena diciendo que “hay veces que algunos medios lo que más destacan es la violencia y eso no nos ayuda como país para nada”.
De acuerdo, la responsabilidad es necesaria. Pero esto no implica callar para que la sociedad no viva en un pánico contínuo.
En materia de inseguridad, digamos que aparte de lo que los medios de comunicación publican, está la realidad que los mexicanos viven y que no necesitan ver construída en ningún periódico ni en ningún canal de televisión.
Para quien como yo vive en el extranjero, ciertamente son los medios los que permiten acceder a gran parte de la información relativa a la violencia que México vive desde la genial invención de la lucha contra el narcotráfico.
Pero también están los parientes y los amigos como referentes inmediatos que sin ningún interés mediático narran episodios increíbles de violencia en todas partes, y viven en una tensión contínua y en un miedo constante, sin necesidad de ponerse a leer los diarios, a ver la televisión o a escuchar la radio.
Con la pena, senador. Al país lo que no le ayuda es precisamente que exista una violencia cada día más acentuada.
A quienes no ayudan los medios publicando contínuamente las crueles novedades es a los gobernantes ineptos que han llevado a México a ser considerado casi un Estado fallido.
Entendámonos bien: los medios no hacen más o menos violento al país publicando la información de lo que está ocurriendo.
Los serios problemas de inseguridad existen, y aunque nadie los publicara, los muertos por todos lados seguirían apareciendo, los levantones continuarían y el miedo generalizado no pasaría.
Por el contrario, en el caso de la violencia que por desgracia vive nuestro país, publicar es un deber, para que a nadie se le olvide y para que todos llevemos una especie de estadística.
Así cuando nuestros queridos mandatarios pretendan lavarnos el cerebro diciendo que todo va muy bien, nosotros podremos sacar a la luz lo que está sucediendo y que en todo caso los medios simplemente están relatando.
Porque el tema de la violencia es un asunto en que los periodistas no están ni inventando ni tergiversando nada. No podrían. A lo mejor hay algunos que por el contrario, tratan de suavizar las cosas, pero aún así, la realidad es tan espantosa que aunque la disfracen un poco sale a relucir en toda su crueldad.
Así que ni cómo ayudarlos, queridos panistas. No hay manera de taparle los ojos y los oídos a los mexicanos que en la información que se publica no ven más que el resumen de lo que viven cotidianamente.
Me viene a la memoria que en Rumania, el gobierno ordenó que los medios dieran un porcentaje de “noticias felices” para ayudar a que los ciudadanos no cayeran en depresión. El senado rumeno ordenó en el 2008 que los noticiarios de radio y televisión publicaran cada día una cuota fija de noticias “positivas” para reequilibrar el cuadro y ofrecer una imagen “más serena” de la realidad.
El enmendamiento a la ley ordenó un equilibrio entre noticias buenas y malas. Lo que todavía no se entiende es si con ello la realidad cotidiana de los rumenos ha cambiado o si la dosis de noticias “entusiastas” ha contribuido solamente a mejorar la imagen del gobierno.
Y es que a fin de cuentas, esa moderación que los panistas piden es solamente una manera de presionar a los medios para tapar el sol con un dedo y de alguna manera limpiar la imagen de un gobierno que hasta ahora se ha mostrado incapaz de manejar una situación delicadísima que se les ha salido completamente de control.
Pero a decir verdad, aunque los periodistas por un milagro del cielo de repente se quedaran calladitos, ¿la gente que sufre la violencia cotidiana dejaría de ver cómo México va de mal en peor?
En lugar de buscar los favores del sistema mediático, que por lo visto ya no pueden controlar -porque ahora a los medios les importa más quedar bien con los priístas- señores del PAN, ¿por qué no se ponen a trabajar y solucionan de una vez por todas la terrible situación de los ciudadanos mexicanos, de sus compatriotas, de los que los eligieron y con sus impuestos pagan sus mega salarios, que son personas que simplemente no se merecen lo que están viviendo?
jueves, 17 de junio de 2010
¡Es solamente fútbol!!!
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
16 giugno, 2010
Dedico estas líneas a todos los cesudos, conscientes, críticos, pensantes, analíticos intelectuales que sin pelos en la lengua se declaran contrarios a dedicarle siquiera una miradita a los partidos de fútbol que desde el viernes 11 de junio los molestan, los atormentan, los disturban, los inquietan y prácticamente no los dejan vivir tranquilos.
Porque en serio, me he topado con personas para las que oir hablar del mundial de Sudáfrica equivale a escuchar ininterrumpidamente por 90 minutos el molesto sonido de las vuvuzelas.
La verdad es que con todo respeto me dirijo a ellos por una sencilla razón: los encuentro simplemente exagerados.
Les hablo con el corazón en la mano, con el espíritu puro de una aficionada -hoy también tifosa- del deporte más popular del planeta. Quiero hacer una apología del fútbol. Tal y cual.
Creo que más de uno en cualquier rincón del mundo sabe perfectamente que el mundial es un negocio redondo. Que las ganancias millonarias llegan directamente a los patrocinadores, a las federaciones, a los futbolistas, a todos los que de una u otra forma participan en el torneo.
El balompié es así. Se sabe. Podemos no estar de acuerdo, pero estamos conscientes de que quienes juegan a nivel profesional ganan en un mes lo que ya quisieramos muchos que nos quemamos las pestañas yendo a la universidad. Así funciona.
También sabemos que si el millonario sistema del futbol se mantiene es porque conviene a más de uno. No nos engañamos, creo. Entendemos perfectamente que el deporte viene utilizado como una válvula de escape para los espectadores.
Un partido de fútbol es una excelente distracción, un modo perfecto para tener a la masa alejada de los problemas serios, impidiéndole preocuparse por lo que es importante y negándole con ello la posibilidad de hacer cualquier tipo de cuestionamiento.
A ciertos gobiernos -por no decir que a todos- les conviene que los diferentes torneos locales sigan adelante. Es verdad que con el fútbol se cumple a la perfección la sentencia de que “al pueblo, pan y circo”.
Pero ya lo sabemos. No es necesario enojarnos, indignarnos y rasgarnos las vestiduras. Así funciona. Punto.
Hay quien se pone negro por el berrinche porque piensa que no es justo que el mundial sea el único modo en que las personas demuestran por unas cuantas semanas un espíritu nacionalista. Me niego a enojarme. Es natural identificarse con la propia selección nacional. Es una manera de sentirnos identificados. Es innato buscar un sentido de pertenencia y ver en la competencia y en los eventuales triunfos un reflejo de lo que nos gustaría tener o hacer -como equipo- en la vida cotidiana. Es parte de nuestro ser social.
Por eso me molestan los intelectualoides que preguntan si el nacionalismo no debería demostrarse en otras circunstancias y no solamente cuando se trata de apoyar al tricolor o a cualquier otra selección. No se confundan.
Lo que si molesta, francamente, es ver a los odiosos políticos, a los nefastos gobernantes, aparecer ante las cámaras de todo el mundo como si su presencia fuera indispensable para dar validez a la selección.
Probablemente sería más sano y menos indecente que los presidentes se quedaran en sus respectivos países, ocupándose de resolver sus problemas, haciéndo su trabajo. Porque ponerse una bufanda con los colores de la selección, saludar a los jugadores y cantar el himno nacional mientras en el proprio país ese mismo día se registran 80 muertes violentas, me parece una falta de respeto hacia toda la nación. Se lo digo a usted, señor Calderón, que mientras andaba en la pachanga en Sudáfrica las cosas en nuestro país seguían como siempre: mal.
Lo escribo con todas sus letras: desde siempre adoro el fútbol. Por lo mismo me encantaría que los políticos no intervinieran, o al menos que no se dejaran ver en los estadios. Están demás.
Por eso también detesto que el juego del hombre se utilice como pretexto para sacar a la luz problemas que nada tienen que ver con lo que ocurre en la cancha. Les pongo como ejemplo el partido Italia-Paraguay, transmitido por radio Padania, donde los exaltados integrantes de la Lega Nord se dedicaron a apoyar a la selección sudamericana, mostrando un abierto desprecio no hacia los azzurri, sino hacia la existencia misma de Italia como nación, que desde su punto de vista debería dividirse definitivamente.
Confundimos la gimnasia con la magnesia. No se vale.
El fútbol es un deporte intenso, emocionante. Apasionante. Eso: el fútbol es pasión, es sentimiento, es alegría. No se razona, no se cuestiona. Porque si razonamos perdemos el sentido lúdico de este maravilloso deporte que por noventa minutos nos regala sensaciones que nos quedan impresas para siempre.
Debo decirlo: el sentido liberatorio que da un gol a un aficionado es un momento inigualable que posiblemente los intelectuales no comprenden. De vez en cuando es necesario dejarse llevar, sentir, no pensar. A veces la ligereza es también una muestra de inteligencia. Yo, con todo respeto, seguiré a mis dos selecciones aunque no sé qué tan lejos podrán llegar. Es solamente cada cuatro años, por favor ¡hay que disfrutar -como niños- el mundial!
16 giugno, 2010
Dedico estas líneas a todos los cesudos, conscientes, críticos, pensantes, analíticos intelectuales que sin pelos en la lengua se declaran contrarios a dedicarle siquiera una miradita a los partidos de fútbol que desde el viernes 11 de junio los molestan, los atormentan, los disturban, los inquietan y prácticamente no los dejan vivir tranquilos.
Porque en serio, me he topado con personas para las que oir hablar del mundial de Sudáfrica equivale a escuchar ininterrumpidamente por 90 minutos el molesto sonido de las vuvuzelas.
La verdad es que con todo respeto me dirijo a ellos por una sencilla razón: los encuentro simplemente exagerados.
Les hablo con el corazón en la mano, con el espíritu puro de una aficionada -hoy también tifosa- del deporte más popular del planeta. Quiero hacer una apología del fútbol. Tal y cual.
Creo que más de uno en cualquier rincón del mundo sabe perfectamente que el mundial es un negocio redondo. Que las ganancias millonarias llegan directamente a los patrocinadores, a las federaciones, a los futbolistas, a todos los que de una u otra forma participan en el torneo.
El balompié es así. Se sabe. Podemos no estar de acuerdo, pero estamos conscientes de que quienes juegan a nivel profesional ganan en un mes lo que ya quisieramos muchos que nos quemamos las pestañas yendo a la universidad. Así funciona.
También sabemos que si el millonario sistema del futbol se mantiene es porque conviene a más de uno. No nos engañamos, creo. Entendemos perfectamente que el deporte viene utilizado como una válvula de escape para los espectadores.
Un partido de fútbol es una excelente distracción, un modo perfecto para tener a la masa alejada de los problemas serios, impidiéndole preocuparse por lo que es importante y negándole con ello la posibilidad de hacer cualquier tipo de cuestionamiento.
A ciertos gobiernos -por no decir que a todos- les conviene que los diferentes torneos locales sigan adelante. Es verdad que con el fútbol se cumple a la perfección la sentencia de que “al pueblo, pan y circo”.
Pero ya lo sabemos. No es necesario enojarnos, indignarnos y rasgarnos las vestiduras. Así funciona. Punto.
Hay quien se pone negro por el berrinche porque piensa que no es justo que el mundial sea el único modo en que las personas demuestran por unas cuantas semanas un espíritu nacionalista. Me niego a enojarme. Es natural identificarse con la propia selección nacional. Es una manera de sentirnos identificados. Es innato buscar un sentido de pertenencia y ver en la competencia y en los eventuales triunfos un reflejo de lo que nos gustaría tener o hacer -como equipo- en la vida cotidiana. Es parte de nuestro ser social.
Por eso me molestan los intelectualoides que preguntan si el nacionalismo no debería demostrarse en otras circunstancias y no solamente cuando se trata de apoyar al tricolor o a cualquier otra selección. No se confundan.
Lo que si molesta, francamente, es ver a los odiosos políticos, a los nefastos gobernantes, aparecer ante las cámaras de todo el mundo como si su presencia fuera indispensable para dar validez a la selección.
Probablemente sería más sano y menos indecente que los presidentes se quedaran en sus respectivos países, ocupándose de resolver sus problemas, haciéndo su trabajo. Porque ponerse una bufanda con los colores de la selección, saludar a los jugadores y cantar el himno nacional mientras en el proprio país ese mismo día se registran 80 muertes violentas, me parece una falta de respeto hacia toda la nación. Se lo digo a usted, señor Calderón, que mientras andaba en la pachanga en Sudáfrica las cosas en nuestro país seguían como siempre: mal.
Lo escribo con todas sus letras: desde siempre adoro el fútbol. Por lo mismo me encantaría que los políticos no intervinieran, o al menos que no se dejaran ver en los estadios. Están demás.
Por eso también detesto que el juego del hombre se utilice como pretexto para sacar a la luz problemas que nada tienen que ver con lo que ocurre en la cancha. Les pongo como ejemplo el partido Italia-Paraguay, transmitido por radio Padania, donde los exaltados integrantes de la Lega Nord se dedicaron a apoyar a la selección sudamericana, mostrando un abierto desprecio no hacia los azzurri, sino hacia la existencia misma de Italia como nación, que desde su punto de vista debería dividirse definitivamente.
Confundimos la gimnasia con la magnesia. No se vale.
El fútbol es un deporte intenso, emocionante. Apasionante. Eso: el fútbol es pasión, es sentimiento, es alegría. No se razona, no se cuestiona. Porque si razonamos perdemos el sentido lúdico de este maravilloso deporte que por noventa minutos nos regala sensaciones que nos quedan impresas para siempre.
Debo decirlo: el sentido liberatorio que da un gol a un aficionado es un momento inigualable que posiblemente los intelectuales no comprenden. De vez en cuando es necesario dejarse llevar, sentir, no pensar. A veces la ligereza es también una muestra de inteligencia. Yo, con todo respeto, seguiré a mis dos selecciones aunque no sé qué tan lejos podrán llegar. Es solamente cada cuatro años, por favor ¡hay que disfrutar -como niños- el mundial!
miércoles, 2 de junio de 2010
Vasco... ¡Mejor sin Iniciativa!
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
02 giugno, 2010
Antes que nada, dedico éstas líneas a quienes afrman que construyo este espacio a partir de lo que “me platican”. Para quien lo dijo, con todo respeto, debo decir que todos sin excepción vivimos una realidad a partir de eso precisamente, de lo que nos platican.
La diferencia la hace a quién escuchamos y cuáles son las pláticas, los relatos que decidimos escuchar.
Orgullosamente debo decir que casi siempre trato de oir todas las campanas que suenan, para después decidir cuál es el sonido que me parece más adecuado o el más fuerte, o el más importante. Después de elegir me convierto yo misma en una nueva voz que trata de decir, de platicarle algo a los demás. Creo que eso es comunicar.
Esta semana me encuentro en internet un mensaje nuevo, dirigido a todos los mexicanos, pronunciado por el entrenador de la Selección nacional de fútbol, El Vasco Javier Aguirre.
Para empezar, todavía me estoy preguntando quién o quiénes son “Iniciativa México”. La respuesta es sencilla: basta buscar en la red para encontrar que se trata de un proyecto de Televisa en el que están involucrados otros medios de comunicación y en el que además estaría la mano del gobierno federal.
Si no mal recuerdo, hasta hace unos meses, todo parecía indicar que El Vasco no estaba muy de acuerdo con vivir en nuestro país. En febrero de este 2010, declaraba a una cadena de radio española:“yo, desde luego, tomo mis precauciones: mis hijos mayores viven en Madrid y yo me fui con mi mujer y con el pequeño, y llevamos ya casi un año. Esperaremos hasta el Mundial y luego me vendré para Europa para ver qué hay" .
Pero ahora quién sabe por qué ha cambiado idea, y lo veo muy emocionado, contento, lleno de espíritu patriótico. A lo mejor porque sabe que ya le falta poquito para cumplir su anhelo de regresar a Europa, porque su compromiso con la selección termina y ya se va del país.
La verdad me parece completamente fuera de lugar la campaña de Iniciativa México. Por un simple motivo: no tiene la mínima lógica, no es coherente mezclar las cosas y de entrada, no pienso que El Vasco sea la figura más adecuada para hablar no solamente de nuestra historia, sino para darnos discursos motivacionales que no tienen pies ni cabeza.
“Sé que cada 100 años México se propone hacer algo que suena imposible. Se lo propone y lo logra. En 1810 parecía imposible que México fuera un país independiente, y lo es. En 1910 parecía imposible que México llegara a ser un país democrático, y llegó a serlo”, dice con aire de profesor sabelotodo nuestro brillante entrenador de fútbol.
¿Estamos seguros? Con todo respeto, suena más bien a demagogía al más puro estilo gubernamental.
Independientes, democráticos. Como quien dice que de repente ignoramos la incómoda injerencia de nuestros vecinos del norte y nuestras enormes fallas y vicios en cada proceso electoral. Eso sin contar la vida cotidiana, en la que demostramos a cada paso depender de la ayuda de un gobierno paternalista que nos ha dado siempre atolito con el dedo. De la democracia ni hablar. No hemos comprendido que es una forma de vida y no un acto periódico que ocurre solamente en las urnas.
En una sola cosa le doy la razón al Vasco: “parece imposible ser el gran país seguro, próspero y justo que todos imaginamos”. Sí, de veras parece imposible.
Seguro... Con alrededor de 15 mil muertes por la guerra contra el narcotráfico, no veo la manera en que la seguridad pueda ser a corto o mediano plazo una de las características del México que el Vasco sueña. En una de esas la seguridad nos la van a dar los soldados que el presidente Obama ha enviado a vigilar la frontera con los Estados Unidos.
Próspero... En México, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Desarrollo Social, 40 por ciento de la población es pobre y 18 por ciento vive en la pobreza extrema. ¿Qué hacer cuando en nuestro país 3 por ciento de la población vive con menos de US$1; 14 millones viven con menos de US$2,50 y 40 millones viven con menos de US$4,50? A lo mejor pensando que el hombre más rico del mundo es mexicano, podemos pensar en la prosperidad.
Justo... Basta citar que en 2007 Amnistía Internacional (AI) aseguraba que “México en un país sin justicia” en un informe titulado “Injusticia e impunidad: deficiencias en el sistema de justicia penal mexicano”. Entonces -y la situación no ha cambiado mucho- el citado organismo internacional denunció “cómo se hace uso del sistema de justicia como instrumento de represión política, principalmente dirigido hacia quienes reportan y denuncian las violaciones a los derechos humanos”. Sí, querido Vasco, es decididamente imposible pensar en un México justo, cuando hay lugares donde las víctimas simplemente desaparecen ante los ojos de todos para luego aparecer debajo de la cama.
“Es hora de asumir que el cambio requiere del esfuerzo de cada uno de nosotros”, dice Aguirre. Nada más escucho la palabra “cambio” y hasta escalofríos me dan, sinceramente. Son diez años que sé que el “cambio” era para “hoy”. Y no lo veo por ninguna parte. Será que estoy lejos y solamente vivo de lo que me platican.
“Habrá que dejar atrás al México que busca culpables y dar paso al México en el que todos asumimos responsabilidades”. Con eso a lo mejor quiere decirnos que todos, absolutamente todos los que nos han hundido en el inmenso mar de problemas que nos aquejan deben ser olvidados. Ya no hay que buscar culpables. A fin de cuentas la culpa es nuestra, por agachones y por dejados.
Sinceramente me gustaba más el Vasco que decía en la entrevista de febrero que México está “jodido”. Era más honesto.
Insisto: decididamente los brillantes organizadores del nuevo lavado de cerebro llamado “Iniciativa México” equivocaron la estrategia y eligieron mal el personaje. Aguirre se ve nejor cuando está calladito, sobre todo porque en el video aparece como un gran triunfador, como si ya nos hubiera llevado a ganar la copa del mundo.
Y ni eso se va a poder, por lo que se ha visto en los amistosos.
Me da vergüenza el sermón que hicieron leer al Vasco. Me da rabia saber que seguramente se están gastando millones de pesos -que no sé de dónde provienen- para hacer una campaña absurda y sin sentido. Una nueva muestra de que hay quien sigue creyendo que los mexicanos debemos ser tratados como incapaces, como retrasados mentales o -mínimo- como menores de edad. Espero que haya quienes se den cuenta de que es hora de despertarse.
02 giugno, 2010
Antes que nada, dedico éstas líneas a quienes afrman que construyo este espacio a partir de lo que “me platican”. Para quien lo dijo, con todo respeto, debo decir que todos sin excepción vivimos una realidad a partir de eso precisamente, de lo que nos platican.
La diferencia la hace a quién escuchamos y cuáles son las pláticas, los relatos que decidimos escuchar.
Orgullosamente debo decir que casi siempre trato de oir todas las campanas que suenan, para después decidir cuál es el sonido que me parece más adecuado o el más fuerte, o el más importante. Después de elegir me convierto yo misma en una nueva voz que trata de decir, de platicarle algo a los demás. Creo que eso es comunicar.
Esta semana me encuentro en internet un mensaje nuevo, dirigido a todos los mexicanos, pronunciado por el entrenador de la Selección nacional de fútbol, El Vasco Javier Aguirre.
Para empezar, todavía me estoy preguntando quién o quiénes son “Iniciativa México”. La respuesta es sencilla: basta buscar en la red para encontrar que se trata de un proyecto de Televisa en el que están involucrados otros medios de comunicación y en el que además estaría la mano del gobierno federal.
Si no mal recuerdo, hasta hace unos meses, todo parecía indicar que El Vasco no estaba muy de acuerdo con vivir en nuestro país. En febrero de este 2010, declaraba a una cadena de radio española:“yo, desde luego, tomo mis precauciones: mis hijos mayores viven en Madrid y yo me fui con mi mujer y con el pequeño, y llevamos ya casi un año. Esperaremos hasta el Mundial y luego me vendré para Europa para ver qué hay" .
Pero ahora quién sabe por qué ha cambiado idea, y lo veo muy emocionado, contento, lleno de espíritu patriótico. A lo mejor porque sabe que ya le falta poquito para cumplir su anhelo de regresar a Europa, porque su compromiso con la selección termina y ya se va del país.
La verdad me parece completamente fuera de lugar la campaña de Iniciativa México. Por un simple motivo: no tiene la mínima lógica, no es coherente mezclar las cosas y de entrada, no pienso que El Vasco sea la figura más adecuada para hablar no solamente de nuestra historia, sino para darnos discursos motivacionales que no tienen pies ni cabeza.
“Sé que cada 100 años México se propone hacer algo que suena imposible. Se lo propone y lo logra. En 1810 parecía imposible que México fuera un país independiente, y lo es. En 1910 parecía imposible que México llegara a ser un país democrático, y llegó a serlo”, dice con aire de profesor sabelotodo nuestro brillante entrenador de fútbol.
¿Estamos seguros? Con todo respeto, suena más bien a demagogía al más puro estilo gubernamental.
Independientes, democráticos. Como quien dice que de repente ignoramos la incómoda injerencia de nuestros vecinos del norte y nuestras enormes fallas y vicios en cada proceso electoral. Eso sin contar la vida cotidiana, en la que demostramos a cada paso depender de la ayuda de un gobierno paternalista que nos ha dado siempre atolito con el dedo. De la democracia ni hablar. No hemos comprendido que es una forma de vida y no un acto periódico que ocurre solamente en las urnas.
En una sola cosa le doy la razón al Vasco: “parece imposible ser el gran país seguro, próspero y justo que todos imaginamos”. Sí, de veras parece imposible.
Seguro... Con alrededor de 15 mil muertes por la guerra contra el narcotráfico, no veo la manera en que la seguridad pueda ser a corto o mediano plazo una de las características del México que el Vasco sueña. En una de esas la seguridad nos la van a dar los soldados que el presidente Obama ha enviado a vigilar la frontera con los Estados Unidos.
Próspero... En México, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Desarrollo Social, 40 por ciento de la población es pobre y 18 por ciento vive en la pobreza extrema. ¿Qué hacer cuando en nuestro país 3 por ciento de la población vive con menos de US$1; 14 millones viven con menos de US$2,50 y 40 millones viven con menos de US$4,50? A lo mejor pensando que el hombre más rico del mundo es mexicano, podemos pensar en la prosperidad.
Justo... Basta citar que en 2007 Amnistía Internacional (AI) aseguraba que “México en un país sin justicia” en un informe titulado “Injusticia e impunidad: deficiencias en el sistema de justicia penal mexicano”. Entonces -y la situación no ha cambiado mucho- el citado organismo internacional denunció “cómo se hace uso del sistema de justicia como instrumento de represión política, principalmente dirigido hacia quienes reportan y denuncian las violaciones a los derechos humanos”. Sí, querido Vasco, es decididamente imposible pensar en un México justo, cuando hay lugares donde las víctimas simplemente desaparecen ante los ojos de todos para luego aparecer debajo de la cama.
“Es hora de asumir que el cambio requiere del esfuerzo de cada uno de nosotros”, dice Aguirre. Nada más escucho la palabra “cambio” y hasta escalofríos me dan, sinceramente. Son diez años que sé que el “cambio” era para “hoy”. Y no lo veo por ninguna parte. Será que estoy lejos y solamente vivo de lo que me platican.
“Habrá que dejar atrás al México que busca culpables y dar paso al México en el que todos asumimos responsabilidades”. Con eso a lo mejor quiere decirnos que todos, absolutamente todos los que nos han hundido en el inmenso mar de problemas que nos aquejan deben ser olvidados. Ya no hay que buscar culpables. A fin de cuentas la culpa es nuestra, por agachones y por dejados.
Sinceramente me gustaba más el Vasco que decía en la entrevista de febrero que México está “jodido”. Era más honesto.
Insisto: decididamente los brillantes organizadores del nuevo lavado de cerebro llamado “Iniciativa México” equivocaron la estrategia y eligieron mal el personaje. Aguirre se ve nejor cuando está calladito, sobre todo porque en el video aparece como un gran triunfador, como si ya nos hubiera llevado a ganar la copa del mundo.
Y ni eso se va a poder, por lo que se ha visto en los amistosos.
Me da vergüenza el sermón que hicieron leer al Vasco. Me da rabia saber que seguramente se están gastando millones de pesos -que no sé de dónde provienen- para hacer una campaña absurda y sin sentido. Una nueva muestra de que hay quien sigue creyendo que los mexicanos debemos ser tratados como incapaces, como retrasados mentales o -mínimo- como menores de edad. Espero que haya quienes se den cuenta de que es hora de despertarse.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Zabludovsky... ¡calladito te ves más bonito!
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
26 de mayo, 2010
Hace unas cuantas horas en la edición on line de El Universal, fue publicada la columna semanal del periodista Jacobo Zabludovsky. Me permito citar la frase escrita por quien fuera durante 27 años el mayor constructor de la realidad mexicana.
“'No veas 24 Horas', gritaba Clouthier por las calles. No le faltaba razón, pero no había de otra.”. Se trata, desde mi humilde punto de vista, de una de las confesiones más repugnantes que he leído en los últimos años.
La confesión de un manipulador que durante mucho tiempo tuvo en sus manos el control absoluto de la información en México.
No quisiera convertirme en juez de una sola persona que a fin de cuentas era solamente quien daba la cara. Pero francamente no puedo evitar expresar mi punto de vista.
Me parece sencillamente patético que sea el mismo Zabludovsky quien se muestre como un comunicador que en su tiempo no fue otra cosa que una víctima del sistema. Porque al decir que no tenía alternativa, revela que de una u otra manera su estilo era más bien forzado y que solamente estaba obedeciendo las órdenes del sistema completo.
“No había de otra”, afirma en su columna. ¿En verdad era así? Y si la situación era tal, ¿por qué aceptaba el papel de manipulador con tanta resignación?
Posiblemente porque entonces pensaba en su persona y en sus necesidades. Porque tenía una familia que mantener y por ese motivo no le importaba transformar los hechos a conveniencia de quienes realmente gobernaban México: Televisa y asociados.
Ahora que está satisfecho, que se ha llenado los bolsillos y el estómago y que ha llegado a un momento de la vida en que honestamente no tiene nada que perder, ahora sí, acepta con todo el cinismo posible que “no había de otra”.
Me queda claro que Jacobo no era otra cosa que una especie de muñeco de ventrílocuo y que sus patrones decidían por él lo que era conveniente decir o no. Pero también me resulta evidente que no es ético para ningún periodista repetir como merolico la información que sabe perfectamente sirve sólo para engañar a millones de personas.
Los mexicanos somos ingenuos. Somos nobles y sencillos. Lo llevamos en la sangre porque a fin de cuentas somos el resultado de una mezcla de razas en la que cuenta mucho la parte indígena, esa parte nuestra que fue sometida salvajemente durante siglos.
Por eso, por esa tendencia natural a la sumisión, creímos en Jacobo, que no hizo otra cosa que darnos por años kilos y kilos de mentiras, toneladas de información que sencillamente nos hicieron vivir una especie de realidad paralela, la de un pueblo que tenía no solamente grandes posibilidades de desarrolo, sino sobre todo una “paz social” que tenía que agradecer a la autoridad.
Nuestra enorme ingenuidad -de nuevo gracias a Televisa- nos creo un mundo en que la vida cotidiana era casi una copia de las telenovelas, nuestro único acercamiento a la cultura era Siempre en Domingo y nuestra evasión por excelencia era el futbol, elementos todos que nos impidieron durante décadas percibir lo que realmente ocurría a nuestro alrededor.
Por eso ahora el único sentimiento que me provoca leer a Zabludovsky es una profunda indignación. Cuando en el mismo artículo afirma que “el bozal fue en una época obligatorio” no me queda más que preguntarme por qué ahora se da baños de pureza. Nadie lo obligaba a recibir atenciones y beneficios a cambio de engañar sin pudor a millones de personas. Con un poquito más de dignidad a lo mejor se habría dedicado a ejercer su carrera de abogado, se habría puesto a trabajar en otra cosa antes que alquilarse como difusor de infamias.
Hoy critica, habla, se atreve a señalar la falta de crítica de parte de los intelectuales de quienes dice claramente: “Una de las razones de esta mudez es que antes estaban fuera. Ahora están dentro. Se han creado para ellos puestos de trabajo lucidor y productivo.”
Trabajos tan lucidores y productivos como el que durante 27 largos años tuvo el mismo Jacobo, que aparecía en todas las pantallas caseras para contarnos diariamente un capítulo de la gran telenovela mexicana en la que los villanos, los malosos, eran todos aquellos que se oponían a los designios de los bondadosos protagonistas, nuestros queridos gobernantes, que ejercían sin pudor una perfecta dictadura de partido.
Es triste, más bien es indecente lo que Televisa ha hecho -y sigue haciendo- en México. Por eso es vergonzoso que uno de los principales ejecutores de los ultrajes que la citada empresa ha cometido ahora se permita hablar demás, especialmente porque me parece que encima de todo está escupiendo en el plato en que ha comido -por cierto muy bien- durante gran parte de su vida.
26 de mayo, 2010
Hace unas cuantas horas en la edición on line de El Universal, fue publicada la columna semanal del periodista Jacobo Zabludovsky. Me permito citar la frase escrita por quien fuera durante 27 años el mayor constructor de la realidad mexicana.
“'No veas 24 Horas', gritaba Clouthier por las calles. No le faltaba razón, pero no había de otra.”. Se trata, desde mi humilde punto de vista, de una de las confesiones más repugnantes que he leído en los últimos años.
La confesión de un manipulador que durante mucho tiempo tuvo en sus manos el control absoluto de la información en México.
No quisiera convertirme en juez de una sola persona que a fin de cuentas era solamente quien daba la cara. Pero francamente no puedo evitar expresar mi punto de vista.
Me parece sencillamente patético que sea el mismo Zabludovsky quien se muestre como un comunicador que en su tiempo no fue otra cosa que una víctima del sistema. Porque al decir que no tenía alternativa, revela que de una u otra manera su estilo era más bien forzado y que solamente estaba obedeciendo las órdenes del sistema completo.
“No había de otra”, afirma en su columna. ¿En verdad era así? Y si la situación era tal, ¿por qué aceptaba el papel de manipulador con tanta resignación?
Posiblemente porque entonces pensaba en su persona y en sus necesidades. Porque tenía una familia que mantener y por ese motivo no le importaba transformar los hechos a conveniencia de quienes realmente gobernaban México: Televisa y asociados.
Ahora que está satisfecho, que se ha llenado los bolsillos y el estómago y que ha llegado a un momento de la vida en que honestamente no tiene nada que perder, ahora sí, acepta con todo el cinismo posible que “no había de otra”.
Me queda claro que Jacobo no era otra cosa que una especie de muñeco de ventrílocuo y que sus patrones decidían por él lo que era conveniente decir o no. Pero también me resulta evidente que no es ético para ningún periodista repetir como merolico la información que sabe perfectamente sirve sólo para engañar a millones de personas.
Los mexicanos somos ingenuos. Somos nobles y sencillos. Lo llevamos en la sangre porque a fin de cuentas somos el resultado de una mezcla de razas en la que cuenta mucho la parte indígena, esa parte nuestra que fue sometida salvajemente durante siglos.
Por eso, por esa tendencia natural a la sumisión, creímos en Jacobo, que no hizo otra cosa que darnos por años kilos y kilos de mentiras, toneladas de información que sencillamente nos hicieron vivir una especie de realidad paralela, la de un pueblo que tenía no solamente grandes posibilidades de desarrolo, sino sobre todo una “paz social” que tenía que agradecer a la autoridad.
Nuestra enorme ingenuidad -de nuevo gracias a Televisa- nos creo un mundo en que la vida cotidiana era casi una copia de las telenovelas, nuestro único acercamiento a la cultura era Siempre en Domingo y nuestra evasión por excelencia era el futbol, elementos todos que nos impidieron durante décadas percibir lo que realmente ocurría a nuestro alrededor.
Por eso ahora el único sentimiento que me provoca leer a Zabludovsky es una profunda indignación. Cuando en el mismo artículo afirma que “el bozal fue en una época obligatorio” no me queda más que preguntarme por qué ahora se da baños de pureza. Nadie lo obligaba a recibir atenciones y beneficios a cambio de engañar sin pudor a millones de personas. Con un poquito más de dignidad a lo mejor se habría dedicado a ejercer su carrera de abogado, se habría puesto a trabajar en otra cosa antes que alquilarse como difusor de infamias.
Hoy critica, habla, se atreve a señalar la falta de crítica de parte de los intelectuales de quienes dice claramente: “Una de las razones de esta mudez es que antes estaban fuera. Ahora están dentro. Se han creado para ellos puestos de trabajo lucidor y productivo.”
Trabajos tan lucidores y productivos como el que durante 27 largos años tuvo el mismo Jacobo, que aparecía en todas las pantallas caseras para contarnos diariamente un capítulo de la gran telenovela mexicana en la que los villanos, los malosos, eran todos aquellos que se oponían a los designios de los bondadosos protagonistas, nuestros queridos gobernantes, que ejercían sin pudor una perfecta dictadura de partido.
Es triste, más bien es indecente lo que Televisa ha hecho -y sigue haciendo- en México. Por eso es vergonzoso que uno de los principales ejecutores de los ultrajes que la citada empresa ha cometido ahora se permita hablar demás, especialmente porque me parece que encima de todo está escupiendo en el plato en que ha comido -por cierto muy bien- durante gran parte de su vida.
lunes, 24 de mayo de 2010
El miedo y los medios, perfecta combinaciòn
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
19 de mayo, 2010
Esta semana, sin duda la noticia bomba del panorama nacional en México es la desaparición del panista Diego Fernández de Cevallos. Lo que me sorprende es encontrar tantos y tantos comentarios en contra del personaje, y darme cuenta de que aparte de todo, más de una persona expresa no solamente serias dudas acerca de la autenticidad de los hechos, sino que presuponen que se trata de un montaje que podría beneficiar a los panistas que finalmente tendrían un mártir entre sus filas, porque al parecer Clouthier no les bastaba.
El punto es que una vez más son los medios de comunicación son los que crean y recrean la realidad y toca precisamente a los comunicadores y a sus patrones, -que son quienes deciden las líneas de acción- la tarea de formar la opinión y/o la reacción de la masa.
Depende siempre de lo que viene publicado y de cómo viene dicho. Tiene que ver la selección de los fragmentos de información. En este caso, basta simplemente tomar un poco de los discursos de cada quien, agregar datos “de contexto” y seguramente el resultado final será una reacción favorable o contraria al personaje.
Ya se sabe. Los líderes de todo el mundo saben perfectamente que lo que se dice o lo que se hace tendrá una clara repercusión a nivel social y por lo mismo cuidan cada uno de los detalles que la mayoría podrá conocer.
Así está sucediendo en México con los acontecimientos más recientes, empezando por el ya mencionado caso de Diego Fernández, pasando por asuntos como el de Celia Lora, hija del roquero Alex Lora o por los sabotajes que causaron deficiencias en el servicio eléctrico de la ciudad de México.
Todo coincide, todo cuadra. Se crean opiniones, se juzgan los hechos, se establecen culpables y se habla de esto y de aquello por un tiempo. Después todo pasa y se deja en el olvido la mayor parte de lo que en un momento era información de ocho columnas.
Hay también hechos que probablemente tienen como objetivo permanecer en el inconsciente colectivo. Hay declaraciones que se convierten en temas que salen a la luz en momentos clave. Cito un ejemplo que en días pasados me ha dejado con la boca abierta.
En su reciente visita a Portugal, el papa Benedicto XVI afirmó ante miles de fieles que “se equivocan” quienes piensan que el mensaje de la Virgen de Fátima “ha terminado”, ya que ahí “permanece el proyecto de Dios para el hombre y aunque éste ha intentado desencadenar un ciclo de muertes y terror no lo ha conseguido”.
Ni más ni menos que en un momento crítico en que la Iglesia católica está enfrentando las consecuencias de un comportamiento equivocado por parte de sus prelados. Justo cuando la credibilidad de la institución está por los suelos, su líder máximo decide que es momento de erigirse como el gran intermediario entre los hombres y la divinidad, y lanza un mensaje que -queramoslo o no- aterroriza a los creyentes, por si tenían pensado dejar a un lado la fe.
Es un mensaje completamente intencional, que al papa le cae muy bien porque le restituye una gran parte de la autoridad que está perdiendo.
Ratzinger afirmó que “la novedad que se puede descubrir ahora, diez años después de la publicación del tercer secreto de Fátima, -que habla del atentado contra el papa Juan Pablo Segundo de 1981- es que el mensaje es para todo el mundo, para todos los papas, tiene una validez eterna y se refiere los sufrimientos de la Iglesia en todos los tiempos.”
Y de nuevo los medios corren en auxilio de quien deja el mensaje como no queriendo, en un momento muy difícil para todos, cuando aparte de la crisis económica que nos agobia, diariamente escuchamos novedades inquietantes: catástrofes naturales que sin duda no son las primeras ni serán las últimas, pero que parece que nos afectan como si las viviéramos en carne propia.
En otras palabras: como para que nadie se aleje de la Iglesia y se esfuerce al máximo por cerrar los ojos ante las señales de decadencia de la institución porque al fin y al cabo, quienes la representan son los únicos que nos pueden salvar de todas las calamidades, porque ellos sí tienen contacto directo con la divinidad.
Es este un ejemplo claro de pura y contínua manipulación informativa. Los medios se vuelven -conscientemente o no- cómplices en el ejercicio de un poder que tiene como base sembrar el miedo. Y se sabe: una masa asustada es una masa obediente. Cero capacidad de raciocinio.
Ocurre en todos los rincones del planeta. Es el sistema de poder que tiene en el sistema mediático su más fiel aliado. Nada de escrúpulos. Esa es la cruel, dura y triste realidad.
19 de mayo, 2010
Esta semana, sin duda la noticia bomba del panorama nacional en México es la desaparición del panista Diego Fernández de Cevallos. Lo que me sorprende es encontrar tantos y tantos comentarios en contra del personaje, y darme cuenta de que aparte de todo, más de una persona expresa no solamente serias dudas acerca de la autenticidad de los hechos, sino que presuponen que se trata de un montaje que podría beneficiar a los panistas que finalmente tendrían un mártir entre sus filas, porque al parecer Clouthier no les bastaba.
El punto es que una vez más son los medios de comunicación son los que crean y recrean la realidad y toca precisamente a los comunicadores y a sus patrones, -que son quienes deciden las líneas de acción- la tarea de formar la opinión y/o la reacción de la masa.
Depende siempre de lo que viene publicado y de cómo viene dicho. Tiene que ver la selección de los fragmentos de información. En este caso, basta simplemente tomar un poco de los discursos de cada quien, agregar datos “de contexto” y seguramente el resultado final será una reacción favorable o contraria al personaje.
Ya se sabe. Los líderes de todo el mundo saben perfectamente que lo que se dice o lo que se hace tendrá una clara repercusión a nivel social y por lo mismo cuidan cada uno de los detalles que la mayoría podrá conocer.
Así está sucediendo en México con los acontecimientos más recientes, empezando por el ya mencionado caso de Diego Fernández, pasando por asuntos como el de Celia Lora, hija del roquero Alex Lora o por los sabotajes que causaron deficiencias en el servicio eléctrico de la ciudad de México.
Todo coincide, todo cuadra. Se crean opiniones, se juzgan los hechos, se establecen culpables y se habla de esto y de aquello por un tiempo. Después todo pasa y se deja en el olvido la mayor parte de lo que en un momento era información de ocho columnas.
Hay también hechos que probablemente tienen como objetivo permanecer en el inconsciente colectivo. Hay declaraciones que se convierten en temas que salen a la luz en momentos clave. Cito un ejemplo que en días pasados me ha dejado con la boca abierta.
En su reciente visita a Portugal, el papa Benedicto XVI afirmó ante miles de fieles que “se equivocan” quienes piensan que el mensaje de la Virgen de Fátima “ha terminado”, ya que ahí “permanece el proyecto de Dios para el hombre y aunque éste ha intentado desencadenar un ciclo de muertes y terror no lo ha conseguido”.
Ni más ni menos que en un momento crítico en que la Iglesia católica está enfrentando las consecuencias de un comportamiento equivocado por parte de sus prelados. Justo cuando la credibilidad de la institución está por los suelos, su líder máximo decide que es momento de erigirse como el gran intermediario entre los hombres y la divinidad, y lanza un mensaje que -queramoslo o no- aterroriza a los creyentes, por si tenían pensado dejar a un lado la fe.
Es un mensaje completamente intencional, que al papa le cae muy bien porque le restituye una gran parte de la autoridad que está perdiendo.
Ratzinger afirmó que “la novedad que se puede descubrir ahora, diez años después de la publicación del tercer secreto de Fátima, -que habla del atentado contra el papa Juan Pablo Segundo de 1981- es que el mensaje es para todo el mundo, para todos los papas, tiene una validez eterna y se refiere los sufrimientos de la Iglesia en todos los tiempos.”
Y de nuevo los medios corren en auxilio de quien deja el mensaje como no queriendo, en un momento muy difícil para todos, cuando aparte de la crisis económica que nos agobia, diariamente escuchamos novedades inquietantes: catástrofes naturales que sin duda no son las primeras ni serán las últimas, pero que parece que nos afectan como si las viviéramos en carne propia.
En otras palabras: como para que nadie se aleje de la Iglesia y se esfuerce al máximo por cerrar los ojos ante las señales de decadencia de la institución porque al fin y al cabo, quienes la representan son los únicos que nos pueden salvar de todas las calamidades, porque ellos sí tienen contacto directo con la divinidad.
Es este un ejemplo claro de pura y contínua manipulación informativa. Los medios se vuelven -conscientemente o no- cómplices en el ejercicio de un poder que tiene como base sembrar el miedo. Y se sabe: una masa asustada es una masa obediente. Cero capacidad de raciocinio.
Ocurre en todos los rincones del planeta. Es el sistema de poder que tiene en el sistema mediático su más fiel aliado. Nada de escrúpulos. Esa es la cruel, dura y triste realidad.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Madre sòlo hay una...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
12 de mayo, 2010
Hace algunos días, en México y en Italia casi coincidieron los festejos del Día de las Madres. Por estos rumbos la fecha como siempre pasó practicamente sin pena ni gloria, no obstante se diga que el pueblo italiano respeta profundamente la figura materna,
En cambio, en México regresó el ritual de cada 10 de mayo que incluye los usos y costumbres conocidos por todos, desde la serenata hasta la comida y el regalo, porque se sabe muy bien que en nuestro país la madre es simplemente venerada.
Los contrastes son evidentes entre los dos países. Precisamente por eso me detuve a analizar la importancia excesiva que se da en México a una fecha.
Para empezar, no quisiera ser irreverente, pero me dio un ataque de risa cuando vi en la edición online de El Sol de Toluca un artículo que no tenía pies ni cabeza, y que en realidad no estaba firmado por nadie.
Eso sí, la enorme foto no dejaba lugar a dudas: “Mi madre, María del Socorro” era una especie de desahogo-homenaje-propaganda que nuestro gobernador mexiquense, y/o aspirante a la presidencia de la República publicó no sé con qué intenciones. Posiblemente quizo aclarar para quien lo dude, que todavía tiene a su mamacita.
“Cuando pienso en mi madre, la recuerdo amorosa, cálida y alegre, pero de firmes convicciones. A ella le debo valores como la generosidad y la honradez, así como la gratitud y la solidaridad hacia mis semejantes”, dice el artículo no firmado de quien todos conocemos al autor. Conmovedor. Tan conmovedor como un niño de primaria recitando el poema que la maestra le hizo aprender de memoria y que toca seriamente a la emocionada mamá.
Lo malo es saber que en este caso se trata de un tremendo desahogo populista de parte de un político que aspira a las ligas mayores.
Personalmente creo que habría preferido que el gobernador mexiquense, que tantas y tan altas aspiraciones tiene, se dirigiera a la población a la que representa planteando situaciones concretas precisamente en el día de las madres. Pero no mostrando públicamente lo buen hijo que es y lo orgulloso que está de su progenitora.
Me habría gustado que en una fecha tan señalada, Peña Nieto hubiera considerado la posibilidad de iniciar un programa educativo serio que permita a las mujeres que gobierna tomar conciencia acerca de la responsabilidad que implica ser madre. Y sobre todo, que les ayude a evitar la maternidad en edad prematura.
Y es que -aunque parezca increíble- fue la misma publicación la que me dio pie a reflexionar acerca de lo que de verdad habría podido ser válido e importante en el Día de las Madres. La nota de primera plana de El Sol de Toluca del 11 de mayo, firmada por el reportero Rodrigo Miranda Torres, señala que “Cada vez son más las jovencitas que se brincan de la niñez a la maternidad sin pasar por la adolescencia, tan sólo ayer, en pleno 10 de mayo, en el llamado Hospital de la Mujer, tres menores de edad se convirtieron en madres, y en lo que va del año se han registrado 674 nacimientos de madres desde los 12 años hasta los 19.”
En la nota, el director del Hospital de la Mujer, César Cordero, afirma que de enero a mayo de 2010 se han registrado 674 partos de mujeres menores de 19 años, y de ellas, 22 son menores de 14 años de edad. Del ese total, 96 por ciento, es decir 652 nuevas madres entran en el rango de edad de entre 15 y 19 años. Niñas que cuidan niños.
El problema más serio es que generalmente estas jóvenes madres pertenecen a sectores desprotegidos de la población, que sin duda continuarán procreando y que muy posiblemente no saben y no querrán saber nada acerca de los métodos para el control de la natalidad.
Un programa educativo serio que sirva entre otras cosas para difundir el uso de los anticonceptivos y un ejercicio responsable de la sexualidad sería no solamente un regalo estupendo para las muchas fans de Enrique Peña, sino una inversión importante para las propias autoridades.
Pero por desgracia, tenemos un gobernante que no podría bajo ninguna circunstancia apoyar, sostener y ni siquiera iniciar una propuesta de este tipo, considerando su apego hacia la Iglesia católica que como bien sabemos ve con muy malos ojos la planificación familiar.
Y bueno, en realidad ese programa sería en verdad importante dados los sueños de gloria del precioso gober, que si quiere llegar a tomar las riendas de este país se enfrentará a realidades tan importantes como las que apunta el Consejo Nacional de Población (Conapo) relativas al hecho de que en México “entre las mujeres más jóvenes poco menos de una de cada seis (15.2 por ciento) tuvo a su primer hijo antes de cumplir la mayoría de edad”.
De acuerdo con el Conapo, “los dos estados que presentan los valores extremos son el Distrito Federal y Chiapas. En el primero de ellos, poco menos de una de cada cinco mujeres, que integran las generaciones más jóvenes, inicia la maternidad antes de cumplir 20 años de edad, mientras que en el segundo dicha proporción es de casi una de cada dos (49.5 por ciento)”
A ver, ¿qué haría nuestro suspirante a la presidencia en casos como el de Chiapas? ¿Qué le dice el espíritu de solidaridad que le enseñó a cultivar su madrecita? Espero que le diga que hay que ir hacia adelante sin considerar las ideas retrógradas de ciertos grupos religiosos y que es necesario procurar que las nuevas generaciones vivan serenamente y tengan la posibilidad de planificar su existencia, sin las presiones y obligaciones que implica tener prole a temprana edad.
Sabemos todos lo que usted quiere para su futuro, señor Peña, pero si de verdad quiere llegar tan lejos, deje de tratar a sus potenciales electores como si fueran retrasados mentales. Es importante que usted sepa que hay problemas mucho más serios e importantes, que hacer pública su vida privada que con todo respeto, interesa solamente a las revistas del corazón.
La verdad es que entre el suspirante que presenta a su mamá y el presidente que vestido de Chamula le pide a Dios que lo ilumine, lo único que se me ocurre decir es que en México de verdad ya no hay ni para donde hacerse...
12 de mayo, 2010
Hace algunos días, en México y en Italia casi coincidieron los festejos del Día de las Madres. Por estos rumbos la fecha como siempre pasó practicamente sin pena ni gloria, no obstante se diga que el pueblo italiano respeta profundamente la figura materna,
En cambio, en México regresó el ritual de cada 10 de mayo que incluye los usos y costumbres conocidos por todos, desde la serenata hasta la comida y el regalo, porque se sabe muy bien que en nuestro país la madre es simplemente venerada.
Los contrastes son evidentes entre los dos países. Precisamente por eso me detuve a analizar la importancia excesiva que se da en México a una fecha.
Para empezar, no quisiera ser irreverente, pero me dio un ataque de risa cuando vi en la edición online de El Sol de Toluca un artículo que no tenía pies ni cabeza, y que en realidad no estaba firmado por nadie.
Eso sí, la enorme foto no dejaba lugar a dudas: “Mi madre, María del Socorro” era una especie de desahogo-homenaje-propaganda que nuestro gobernador mexiquense, y/o aspirante a la presidencia de la República publicó no sé con qué intenciones. Posiblemente quizo aclarar para quien lo dude, que todavía tiene a su mamacita.
“Cuando pienso en mi madre, la recuerdo amorosa, cálida y alegre, pero de firmes convicciones. A ella le debo valores como la generosidad y la honradez, así como la gratitud y la solidaridad hacia mis semejantes”, dice el artículo no firmado de quien todos conocemos al autor. Conmovedor. Tan conmovedor como un niño de primaria recitando el poema que la maestra le hizo aprender de memoria y que toca seriamente a la emocionada mamá.
Lo malo es saber que en este caso se trata de un tremendo desahogo populista de parte de un político que aspira a las ligas mayores.
Personalmente creo que habría preferido que el gobernador mexiquense, que tantas y tan altas aspiraciones tiene, se dirigiera a la población a la que representa planteando situaciones concretas precisamente en el día de las madres. Pero no mostrando públicamente lo buen hijo que es y lo orgulloso que está de su progenitora.
Me habría gustado que en una fecha tan señalada, Peña Nieto hubiera considerado la posibilidad de iniciar un programa educativo serio que permita a las mujeres que gobierna tomar conciencia acerca de la responsabilidad que implica ser madre. Y sobre todo, que les ayude a evitar la maternidad en edad prematura.
Y es que -aunque parezca increíble- fue la misma publicación la que me dio pie a reflexionar acerca de lo que de verdad habría podido ser válido e importante en el Día de las Madres. La nota de primera plana de El Sol de Toluca del 11 de mayo, firmada por el reportero Rodrigo Miranda Torres, señala que “Cada vez son más las jovencitas que se brincan de la niñez a la maternidad sin pasar por la adolescencia, tan sólo ayer, en pleno 10 de mayo, en el llamado Hospital de la Mujer, tres menores de edad se convirtieron en madres, y en lo que va del año se han registrado 674 nacimientos de madres desde los 12 años hasta los 19.”
En la nota, el director del Hospital de la Mujer, César Cordero, afirma que de enero a mayo de 2010 se han registrado 674 partos de mujeres menores de 19 años, y de ellas, 22 son menores de 14 años de edad. Del ese total, 96 por ciento, es decir 652 nuevas madres entran en el rango de edad de entre 15 y 19 años. Niñas que cuidan niños.
El problema más serio es que generalmente estas jóvenes madres pertenecen a sectores desprotegidos de la población, que sin duda continuarán procreando y que muy posiblemente no saben y no querrán saber nada acerca de los métodos para el control de la natalidad.
Un programa educativo serio que sirva entre otras cosas para difundir el uso de los anticonceptivos y un ejercicio responsable de la sexualidad sería no solamente un regalo estupendo para las muchas fans de Enrique Peña, sino una inversión importante para las propias autoridades.
Pero por desgracia, tenemos un gobernante que no podría bajo ninguna circunstancia apoyar, sostener y ni siquiera iniciar una propuesta de este tipo, considerando su apego hacia la Iglesia católica que como bien sabemos ve con muy malos ojos la planificación familiar.
Y bueno, en realidad ese programa sería en verdad importante dados los sueños de gloria del precioso gober, que si quiere llegar a tomar las riendas de este país se enfrentará a realidades tan importantes como las que apunta el Consejo Nacional de Población (Conapo) relativas al hecho de que en México “entre las mujeres más jóvenes poco menos de una de cada seis (15.2 por ciento) tuvo a su primer hijo antes de cumplir la mayoría de edad”.
De acuerdo con el Conapo, “los dos estados que presentan los valores extremos son el Distrito Federal y Chiapas. En el primero de ellos, poco menos de una de cada cinco mujeres, que integran las generaciones más jóvenes, inicia la maternidad antes de cumplir 20 años de edad, mientras que en el segundo dicha proporción es de casi una de cada dos (49.5 por ciento)”
A ver, ¿qué haría nuestro suspirante a la presidencia en casos como el de Chiapas? ¿Qué le dice el espíritu de solidaridad que le enseñó a cultivar su madrecita? Espero que le diga que hay que ir hacia adelante sin considerar las ideas retrógradas de ciertos grupos religiosos y que es necesario procurar que las nuevas generaciones vivan serenamente y tengan la posibilidad de planificar su existencia, sin las presiones y obligaciones que implica tener prole a temprana edad.
Sabemos todos lo que usted quiere para su futuro, señor Peña, pero si de verdad quiere llegar tan lejos, deje de tratar a sus potenciales electores como si fueran retrasados mentales. Es importante que usted sepa que hay problemas mucho más serios e importantes, que hacer pública su vida privada que con todo respeto, interesa solamente a las revistas del corazón.
La verdad es que entre el suspirante que presenta a su mamá y el presidente que vestido de Chamula le pide a Dios que lo ilumine, lo único que se me ocurre decir es que en México de verdad ya no hay ni para donde hacerse...
miércoles, 5 de mayo de 2010
Políticos de la patada...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
05 de mayo, 2010
Cada vez que encuentro información extraña, que se aleja de cualquier forma de raciocinio, que cae en el absurdo, la única expresión que me viene a la mente es “¡qué situación surreal!”. Pienso que estoy soñando, y es precisamente esa sensación onírica la que me permite hablar de surrealismo.
A decir verdad, encuentro exageradas ciertas actitudes absurdas por parte de los poderosos enmedio de una crisis global tan seria como la que estamos viviendo.
Serán los tiempos que corren, será que hay momentos en que algunos piensan que es mejor trivializar la realidad y hacerla un poco más ligera. Será que la misión de los medios de comunicación es exactamente distraer a la masa y provocar discusiones bizantinas que quiten la atención y la preocupación de los ciudadanos por los asuntos que son realmente importantes.
Voy al grano. Esta vez los diarios y los noticiarios de toda la península itálica se han ocupado durante horas de un asunto que raya en la banalidad. Se trata del resultado del encuentro de futbol entre los equipos Internazionale de Milán y Lazio.
Los medios refieren que “en un partido surreal, que tuvo una intensidad inferior hasta a la de un amistoso de pretemporada, Inter le ganó de visitante a Lazio por dos a cero”.
Hay que explicar que en la contienda por el scudetto, es decir, el campeonato del calcio italiano, hay dos escuadras que pelean el primer puesto: Roma e Internazionale. La diferencia de puntos es mínima, por lo que cada partido resulta importantísimo para ambos equipos.
El problema es que entre Roma y Lazio existe una rivalidad que francamente se puede definir como odio, y precisamente por este motivo el partido jugado el domingo 2 de mayo ha suscitado comentarios y protestas airadas de parte de los directivos del equipo romano. Los aficionados del Lazio aplaudieron los dos goles de la escuadra rival y aparentemente los jugadores laziales no hicieron nada para contrarrestar el ataque nerazzuro.
Por esta situación, lo menos que se ha dicho es que el campeonato de futbol ha perdido todo su valor y su espíritu de competencia.
Para quien se sorprenda por el argumento que estoy tratando, poco habitual en este espacio, voy directamente a la parte que considero no solamente absurda, sino hasta ridícula y fuera de tono. No cuentan en este caso las preferencias personales, -soy interista de hueso colorado- sino los hechos concretos.
Resulta que lo ocurrido durante el partido del domingo se ha convertido ni más ni menos que en un caso político. Tal cual.
Y es que nuestros amados y respetabilísimos representantes populares estuvieron a punto de iniciar lo que se conoce como una “interrogación parlamentaria”. Los senadores del Partido Democrático decidieron que era conveniente anunciar una interrogación, que técnicamente se define como “una pregunta que uno o más miembros del Parlamento italiano dirige ya sea a todo el gobierno o a un solo ministro con el fin de ser informados acerca de la veracidad de un hecho o de una noticia y acerca de las medidas que el gobierno propondrá o adoptará al respecto”.
De esta manera, los senadores del mencionado partido de izquierda señalaron que “hasta hace poco tiempo los últimos partidos del campeonato italiano de la Serie A se desarrollaban obligatoriamente en forma simultánea, para evitar que los equipos tuvieran ventajas derivadas de conocer los resultados de otros encuentros que podrían influir en el desarrollo del torneo, sea en consideración de la carrera por el scudetto o a la posibilidad de retroceder a la Serie B. Actualmente, en cambio, en consideración de los intereses de las televisoras que pretenden maximizar la audiencia distribuyendo los partidos en diferentes horarios, los encuentros de las últimas y decisivas jornadas no siguen ese criterio lógico con consecuencias sobre la lealtad deportiva. Interrogamos por lo tanto al presidente del Consejo de Ministros si que esta situación no altera la regularidad del campeonato italiano".
Increíble. Casi alucinante. Ahora resulta que los senadores del país de la bota se están preocupando por el sistema de competencia del futbol, están desperdiciando tiempo y energía discutiendo acerca de la legitimidad de un partido polémico, en lugar de ocuparse de situaciones serias y trascendentes.
Mientras los diputados se rasgan las vestiduras por el futbol, el Istat (Instituto Nacional de Estadística) informa que la tasa de desempleo del mes de marzo ha aumentado al 8.8 por ciento, contra el 8.6 de febrero, lo que representa un récord importante, porque se trata de la cifra más alarmante desde el año 2002. Y para esto, no hay una interrogación parlamentaria, aunque más bien la interrogación deberíamos hacerla los ciudadanos.
Tampoco se les ha ocurrido a los queridos representantes populares que aparte del calcio, los comunes mortales tenemos un problema cotidiano: el nuevo aumento de precio de gasolina y diesel, que representa un gasto adicional de 170 euros anuales para cada familia italiana. Pero de eso, nadie pregunta nada.
Y de igual manera, no hay interrogaciones hacia el caso vergonzoso del ministro de desarrollo económico, Claudio Scajola, que ha sido descubierto en una obscura operación por la cual habría recibido sin darse cuenta un departamento con vista al Coliseo de Roma por la módica cifra de 900 mil euros.
Los senadores se escandalizan por los resultados de un partido de futbol. Les preocupa seriamente el circo, dado que no tienen más pan para darle al pueblo. Y así actúan irracionalmente en nombre del “espíritu deportivo”.
Siento herir su espíritu de Fair Play, pero sinceramente no les pagamos para eso.
El buen juez por su casa empieza, y en lugar de sermonear y hacer escándalos por el desarrollo de las competencias deportivas, los parlamentarios italianos deberían enfrentarse a su trabajo cotidiano y a sus verdaderas obligaciones.
El caso ridículo ahí queda, como una prueba más de que también en los países que se autodenominan desarrollados la clase política es una de las mayores desgracias a las que los ciudadanos de a pie nos tenemos que enfrentar.
Lo malo es que teóricamente en una sociedad democrática esa desgracia nos la buscamos solos cuando nos equivocamos eligiendo y sosteniendo a los parásitos que viven (y muy bien) gracias a nuestros impuestos, es decir, gracias a nuestro trabajo. Qué vergüenza. Lo malo es que como ciudadana común, yo no tengo a quién interrogar...
05 de mayo, 2010
Cada vez que encuentro información extraña, que se aleja de cualquier forma de raciocinio, que cae en el absurdo, la única expresión que me viene a la mente es “¡qué situación surreal!”. Pienso que estoy soñando, y es precisamente esa sensación onírica la que me permite hablar de surrealismo.
A decir verdad, encuentro exageradas ciertas actitudes absurdas por parte de los poderosos enmedio de una crisis global tan seria como la que estamos viviendo.
Serán los tiempos que corren, será que hay momentos en que algunos piensan que es mejor trivializar la realidad y hacerla un poco más ligera. Será que la misión de los medios de comunicación es exactamente distraer a la masa y provocar discusiones bizantinas que quiten la atención y la preocupación de los ciudadanos por los asuntos que son realmente importantes.
Voy al grano. Esta vez los diarios y los noticiarios de toda la península itálica se han ocupado durante horas de un asunto que raya en la banalidad. Se trata del resultado del encuentro de futbol entre los equipos Internazionale de Milán y Lazio.
Los medios refieren que “en un partido surreal, que tuvo una intensidad inferior hasta a la de un amistoso de pretemporada, Inter le ganó de visitante a Lazio por dos a cero”.
Hay que explicar que en la contienda por el scudetto, es decir, el campeonato del calcio italiano, hay dos escuadras que pelean el primer puesto: Roma e Internazionale. La diferencia de puntos es mínima, por lo que cada partido resulta importantísimo para ambos equipos.
El problema es que entre Roma y Lazio existe una rivalidad que francamente se puede definir como odio, y precisamente por este motivo el partido jugado el domingo 2 de mayo ha suscitado comentarios y protestas airadas de parte de los directivos del equipo romano. Los aficionados del Lazio aplaudieron los dos goles de la escuadra rival y aparentemente los jugadores laziales no hicieron nada para contrarrestar el ataque nerazzuro.
Por esta situación, lo menos que se ha dicho es que el campeonato de futbol ha perdido todo su valor y su espíritu de competencia.
Para quien se sorprenda por el argumento que estoy tratando, poco habitual en este espacio, voy directamente a la parte que considero no solamente absurda, sino hasta ridícula y fuera de tono. No cuentan en este caso las preferencias personales, -soy interista de hueso colorado- sino los hechos concretos.
Resulta que lo ocurrido durante el partido del domingo se ha convertido ni más ni menos que en un caso político. Tal cual.
Y es que nuestros amados y respetabilísimos representantes populares estuvieron a punto de iniciar lo que se conoce como una “interrogación parlamentaria”. Los senadores del Partido Democrático decidieron que era conveniente anunciar una interrogación, que técnicamente se define como “una pregunta que uno o más miembros del Parlamento italiano dirige ya sea a todo el gobierno o a un solo ministro con el fin de ser informados acerca de la veracidad de un hecho o de una noticia y acerca de las medidas que el gobierno propondrá o adoptará al respecto”.
De esta manera, los senadores del mencionado partido de izquierda señalaron que “hasta hace poco tiempo los últimos partidos del campeonato italiano de la Serie A se desarrollaban obligatoriamente en forma simultánea, para evitar que los equipos tuvieran ventajas derivadas de conocer los resultados de otros encuentros que podrían influir en el desarrollo del torneo, sea en consideración de la carrera por el scudetto o a la posibilidad de retroceder a la Serie B. Actualmente, en cambio, en consideración de los intereses de las televisoras que pretenden maximizar la audiencia distribuyendo los partidos en diferentes horarios, los encuentros de las últimas y decisivas jornadas no siguen ese criterio lógico con consecuencias sobre la lealtad deportiva. Interrogamos por lo tanto al presidente del Consejo de Ministros si que esta situación no altera la regularidad del campeonato italiano".
Increíble. Casi alucinante. Ahora resulta que los senadores del país de la bota se están preocupando por el sistema de competencia del futbol, están desperdiciando tiempo y energía discutiendo acerca de la legitimidad de un partido polémico, en lugar de ocuparse de situaciones serias y trascendentes.
Mientras los diputados se rasgan las vestiduras por el futbol, el Istat (Instituto Nacional de Estadística) informa que la tasa de desempleo del mes de marzo ha aumentado al 8.8 por ciento, contra el 8.6 de febrero, lo que representa un récord importante, porque se trata de la cifra más alarmante desde el año 2002. Y para esto, no hay una interrogación parlamentaria, aunque más bien la interrogación deberíamos hacerla los ciudadanos.
Tampoco se les ha ocurrido a los queridos representantes populares que aparte del calcio, los comunes mortales tenemos un problema cotidiano: el nuevo aumento de precio de gasolina y diesel, que representa un gasto adicional de 170 euros anuales para cada familia italiana. Pero de eso, nadie pregunta nada.
Y de igual manera, no hay interrogaciones hacia el caso vergonzoso del ministro de desarrollo económico, Claudio Scajola, que ha sido descubierto en una obscura operación por la cual habría recibido sin darse cuenta un departamento con vista al Coliseo de Roma por la módica cifra de 900 mil euros.
Los senadores se escandalizan por los resultados de un partido de futbol. Les preocupa seriamente el circo, dado que no tienen más pan para darle al pueblo. Y así actúan irracionalmente en nombre del “espíritu deportivo”.
Siento herir su espíritu de Fair Play, pero sinceramente no les pagamos para eso.
El buen juez por su casa empieza, y en lugar de sermonear y hacer escándalos por el desarrollo de las competencias deportivas, los parlamentarios italianos deberían enfrentarse a su trabajo cotidiano y a sus verdaderas obligaciones.
El caso ridículo ahí queda, como una prueba más de que también en los países que se autodenominan desarrollados la clase política es una de las mayores desgracias a las que los ciudadanos de a pie nos tenemos que enfrentar.
Lo malo es que teóricamente en una sociedad democrática esa desgracia nos la buscamos solos cuando nos equivocamos eligiendo y sosteniendo a los parásitos que viven (y muy bien) gracias a nuestros impuestos, es decir, gracias a nuestro trabajo. Qué vergüenza. Lo malo es que como ciudadana común, yo no tengo a quién interrogar...
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