Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
19 de mayo, 2010
Esta semana, sin duda la noticia bomba del panorama nacional en México es la desaparición del panista Diego Fernández de Cevallos. Lo que me sorprende es encontrar tantos y tantos comentarios en contra del personaje, y darme cuenta de que aparte de todo, más de una persona expresa no solamente serias dudas acerca de la autenticidad de los hechos, sino que presuponen que se trata de un montaje que podría beneficiar a los panistas que finalmente tendrían un mártir entre sus filas, porque al parecer Clouthier no les bastaba.
El punto es que una vez más son los medios de comunicación son los que crean y recrean la realidad y toca precisamente a los comunicadores y a sus patrones, -que son quienes deciden las líneas de acción- la tarea de formar la opinión y/o la reacción de la masa.
Depende siempre de lo que viene publicado y de cómo viene dicho. Tiene que ver la selección de los fragmentos de información. En este caso, basta simplemente tomar un poco de los discursos de cada quien, agregar datos “de contexto” y seguramente el resultado final será una reacción favorable o contraria al personaje.
Ya se sabe. Los líderes de todo el mundo saben perfectamente que lo que se dice o lo que se hace tendrá una clara repercusión a nivel social y por lo mismo cuidan cada uno de los detalles que la mayoría podrá conocer.
Así está sucediendo en México con los acontecimientos más recientes, empezando por el ya mencionado caso de Diego Fernández, pasando por asuntos como el de Celia Lora, hija del roquero Alex Lora o por los sabotajes que causaron deficiencias en el servicio eléctrico de la ciudad de México.
Todo coincide, todo cuadra. Se crean opiniones, se juzgan los hechos, se establecen culpables y se habla de esto y de aquello por un tiempo. Después todo pasa y se deja en el olvido la mayor parte de lo que en un momento era información de ocho columnas.
Hay también hechos que probablemente tienen como objetivo permanecer en el inconsciente colectivo. Hay declaraciones que se convierten en temas que salen a la luz en momentos clave. Cito un ejemplo que en días pasados me ha dejado con la boca abierta.
En su reciente visita a Portugal, el papa Benedicto XVI afirmó ante miles de fieles que “se equivocan” quienes piensan que el mensaje de la Virgen de Fátima “ha terminado”, ya que ahí “permanece el proyecto de Dios para el hombre y aunque éste ha intentado desencadenar un ciclo de muertes y terror no lo ha conseguido”.
Ni más ni menos que en un momento crítico en que la Iglesia católica está enfrentando las consecuencias de un comportamiento equivocado por parte de sus prelados. Justo cuando la credibilidad de la institución está por los suelos, su líder máximo decide que es momento de erigirse como el gran intermediario entre los hombres y la divinidad, y lanza un mensaje que -queramoslo o no- aterroriza a los creyentes, por si tenían pensado dejar a un lado la fe.
Es un mensaje completamente intencional, que al papa le cae muy bien porque le restituye una gran parte de la autoridad que está perdiendo.
Ratzinger afirmó que “la novedad que se puede descubrir ahora, diez años después de la publicación del tercer secreto de Fátima, -que habla del atentado contra el papa Juan Pablo Segundo de 1981- es que el mensaje es para todo el mundo, para todos los papas, tiene una validez eterna y se refiere los sufrimientos de la Iglesia en todos los tiempos.”
Y de nuevo los medios corren en auxilio de quien deja el mensaje como no queriendo, en un momento muy difícil para todos, cuando aparte de la crisis económica que nos agobia, diariamente escuchamos novedades inquietantes: catástrofes naturales que sin duda no son las primeras ni serán las últimas, pero que parece que nos afectan como si las viviéramos en carne propia.
En otras palabras: como para que nadie se aleje de la Iglesia y se esfuerce al máximo por cerrar los ojos ante las señales de decadencia de la institución porque al fin y al cabo, quienes la representan son los únicos que nos pueden salvar de todas las calamidades, porque ellos sí tienen contacto directo con la divinidad.
Es este un ejemplo claro de pura y contínua manipulación informativa. Los medios se vuelven -conscientemente o no- cómplices en el ejercicio de un poder que tiene como base sembrar el miedo. Y se sabe: una masa asustada es una masa obediente. Cero capacidad de raciocinio.
Ocurre en todos los rincones del planeta. Es el sistema de poder que tiene en el sistema mediático su más fiel aliado. Nada de escrúpulos. Esa es la cruel, dura y triste realidad.
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lunes, 24 de mayo de 2010
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