Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México, 22 de mayo, 2008
En Alemania, anualmente 100 mil jóvenes menores de 18 años se someten a operaciones de cirugía plástica, de acuerdo con un artículo publicado esta semana por el diario italiano Corriere della Sera. Por esta razón, el gobierno germano ha decidido establecer una ley para que antes de someter al bisturí a un menor de edad, sea necesaria la opinión de dos médicos, además de la autorización de los padres.
En Italia, la situación relativa al auge de la cirugía plástica no es menos alarmante. La Sociedad Italiana de Cirugía Plástica refiere que la lipoescultura, el aumento del seno, la cirugía a la nariz o a las orejas son las intervenciones más solicitadas por los jóvenes menores de 18 años.
Según Maurizio Priori, presidente de la mencionada Sociedad, la cirugía plástica en personas tan jóvenes se justifica porque pueden “liberarlas de serios complejos psicológicos”.
Muchos conocemos casos de personas más o menos cercanas a nosotros, que han recurrido al bisturí bajo mil argumentos distintos: “mejorar su aspecto físico” “sentirse mejor consigo mismas” y demás justificaciones que nadie les pide pero que se esmeran en hacer públicas.
Cuando la intervención es hecha a una persona adulta, no hay más que hacer, sino respetar su voluntad y su libre albedrío, porque sinceramente cada quien tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que mejor le parezca.
Cierto que en ocasiones se exagera, al grado que quienes deciden darse una retocadita, se convierten en una especie de seres plastificados cuyo cuerpo magnifico no se van a comer los gusanos cuando pasen a mejor vida, dado que las prótesis no entran en proceso de descomposición.
Lo malo es pensar que las nuevas generaciones, que deberían teóricamente ser mejores que nosotros en todos aspectos, están creciendo con la obsesión de ser físicamente perfectos, tratando desesperadamente de copiar los cánones de belleza establecidos quién sabe cuándo por quién sabe quién,
Así, es posible observar cómo en el país de la bota los jóvenes caen en la trampa, en gran parte gracias al bombardeo de programas televisivos que han causado no pocas polémicas, como Bisturí, Cambio vita... mi trasformo y el importado Extreme makeover.
Dichos programas muestran cómo un físico perfecto, un buen corte de cabello, la ropa y el maquillaje adecuados pueden convertir una persona normal en un ser envidiable, amado, respetado, digno de todas las oportunidades. En pocas palabras: la belleza física equivale a triunfo y si ésta no viene dada por la madre naturaleza, es imprescindible buscarla a cualquier costo.
No se trata de ser hipócritas. A todos nos gusta vernos bien y quien no lo acepte se engaña a sí mismo. Pero hay una diferencia entre querer lucir mejor y transformarse hasta llegar a la perfección. No es lo mismo hacer ejericio, comer bien y llenarse de cremas y pociones varias para conservarse en condiciones de presentarse en sociedad, que recurrir a una riesgosa operación y a sus probables consecuencias con tal de tener el rostro sin arrugas y la nariz socialmente aceptada, el seno más generoso, el vientre más plano y el trasero más duro y de proporciones adecuadas.
En Italia comienza a estar de moda que los padres regalen a las chicas una operación para mejorar el seno como premio por haber aprobado el esame di maturità, es decir, con 19 años apenas cumplidos, justo antes de iniciar los estudios universitarios.
Tal vez esas chicas no terminarán la Universidad, probablemente antes de eso se convertirán en modelos, en bailarinas de Tv, en conductoras y si tienen suerte, a lo mejor llegan a ser diputadas o ministras.
Y es que el punto por criticar es exactamente ese: al parecer, para tener éxito profesional es necesario ser físicamente atractiva. Hay un promocional de televisión en que una mujer embarazada está elaborando una lista de los beneficios que quiere dar a su bebé, que es una niña. Comienza a enumerarlos: licenciatura en Física, dos maestrías, de las cuales una en física cuántica, inglés, alemán, chino y japonés escritos y hablados y demás conocimientos. La señora termina diciendo a la bebé que está gestando: “de tu currículum, me ocupo yo, pero tú ocúpate de ser figa (término coloquial para definir una mujer bellísima) si no, el resto no te sirve de nada”.
En un spot banal y ligero, se plasma una realidad seria y muy pesada de la sociedad italiana: sin belleza, no hay talento que valga. Y no se habla de belleza como término relativo. Hay estándares tan definidos que hasta en certámenes tradicionales como Miss Italia, las chicas -por supuesto, todas retocadas- parecen haber sido fabricadas en serie.
Se es bella si se tienen ciertas características: una cierta estatura, un tipo determinado de rasgos y de cuerpo, y obviamente para adecuarse a las exigencias, además de la cirugía plástica, las jóvenes terminan por caer en situaciones graves como la bulimia y la anorexia, con tal de mantener su imagen.
Sin embargo, hay que reconocer que la obsesión de las chicas por ser físicamente atractivas no nace sin el apoyo decisivo de sus propias madres. Siendo Italia uno de los países con mayor esperanza de vida, hay una especie de fiebre por conservar la eterna juventud. De ahí que tantas señoras maduras se esfuerzan hasta lo inimaginable con tal de conservar sus atractivos, y conscientemente o no, heredan a sus hijas sus mismas fijaciones..
En resumen: cuando se lleva a la exageración la necesidad de ser físicamente atractivo, se pasa por alto la importancia de cultivar otros valores. Si a esto agregamos la falsa idea que se da a las nuevas generaciones acerca de la importancia de la apariencia por encima de la esencia, vemos como resultado una sociedad altamente consumista, preocupada por lo superfluo y con pocas posibilidades de desarrollo real.
Poco se puede esperar de una Italia en la que, curiosamente, el mismísimo presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, es un personaje que abiertamente ha reconocido su debilidad por las cirugías -por cuestión de imagen, dice- y que a sus setenta años pasaditos no se resigna a tener arrugas ni a perder el cabello, sometiéndose contínuamente a liftings y luciendo sus costosísimos implantes capilares, además de ocultar sus canas.
Tampoco hay mucho que decir sobre las diputadas y ministras que alguna vez fueron vedettes de televisión y que francamente no tienen mucho que aportar en términos de gobierno, pero sí mucho que lucir y presumir.
Es una pena que el concepto de belleza se haya distorsionado y se haya reducido solamente a ciertos pobres parámetros.
Una mujer, la escritora francesa del siglo XIX George Sand, (Amandine-Aurore-Lucille Dupin )resumió en una frase un principio que quizá en pleno siglo XXI serviría para aclarar un poco las ideas en las algunas sociedades confusas: “la belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”. Recordarlo más seguido probablemente no nos haría mal, especialmente si se trata de orientar a las nuevas generaciones hacia los verdaderos valores universales.
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jueves, 29 de diciembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Era solamente un dictador soft...
Publicado en el Semanario Punto, Toluca.
16 noviembre 2011
Después de meses de ausencia retomo este espacio, no sin antes agradecer a mi amigo Guillermo Romero Zarazúa por la paciencia que me ha demostrado. Ninguna razón particular, ningún motivo grave me ha hecho dejar de escribir durante tanto tiempo.
Se ha tratado simplemente de una especie de hastío, un estado de ánimo que simplemente me ha impedido expresarme, por una sencilla razón: no tenía absolutamente nada que decir.
Simplemente los acontecimientos me rebasaron y francamente ver que la situación no cambiaba provocó en mi persona una especie de rabia, de impotencia. Ni en Italia ni en México parecía ocurrir nada.
Fueron días y meses decididamente estériles, y naturalmente, la situación me ponía en riesgo de parecer repetitiva. Pensé que seguir escribiendo era simplemente desperdiciar tinta y energía.
Hoy me siento casi aliviada y sobre todo contenta. Lo confieso, ya era una situación personal. Irracionalmente personal, Mi aversión hacia Silvio Berlusconi -confieso- llegó a la exageración. No es bueno, no es coherente, no es normal. Pero así ocurría.
Posiblemente mi odio hacia el personaje es el reflejo de mi aversión a lo que representa: la mentira, la hipocresía, el afán de vivir bien sin mucho esfuerzo a costillas de los demás.
Cuando llegué a vivir a Italia, hace ocho años, fue difícil comprender el sistema de gobierno. Acostumbrada a un país donde vaya como vaya los sexenios terminan, a pesar de obtener pésimos resultados, me resultaba francamente complicado concebir la posibilidad de que un gobierno pueda caer sin llegar a completar el tiempo por el cual teoricamente es electo.
En pocas palabras, a diferencia de lo que ocurre en México, siendo Italia una república parlamentaria, son precisamente las cámaras quienes dan o quitan la “confianza” al presidente del Consejo de Ministros, que sin una mayoría contundente simplemente tiene que hacer las maletas e irse a su casa sin chistar.
Eso fue precisamente lo que le sucedió a Berlusca. Su gobierno, cada vez más débil y desgastado llegó al punto en el que hasta sus mismos incondicionales decidieron abandonarlo y decidió renunciar, consciente de que no podría continuar porque no tenía a su favor el número necesario de diputados que le dieran estabilidad y le permitieran llegar hasta el final de su mandato, que estaba programado hasta el 2013.
Se tardaron los diputados. No obstante el hartazgo de la sociedad italiana, a pesar del ridículo constante en que Berlusconi expuso al país frente a la comunidad internacional, sus aliados continuaron a sostenerlo, hasta que un hecho particular propició su caída definitiva.
La situación económica italiana, que hasta el momento corre el serio riesgo de ir a la bancarrota, propició la presión extrema de la Unión Europea. Solamente así comenzaron a cambiar las circunstancias y Berlusconi se fue.
Sus seguidores todavía se están quejando por el modo en que miles de personas festejaron la renuncia del hoy ex premier. Personalmente creo que hasta le fue bien, porque sinceramente de continuar así probablemente el descontento social habría llegado a extremos inimaginables. Por lo menos no terminó como otros dictadores. Quizá porque en el fondo Berlusca era solamente un dictador soft.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras son seguramente aquellos que por años -para ser precisos, 17- vivieron encantados, o mejor dicho, manipulados con la idea de un “cambio” que nunca llegó.
Honestamente comienzo a sospechar que cuando un político propone grandes novedades, cambios arrolladores y maravillas varias, apoyándose sobre todo en los medios de comunicación y desplegando campañas innovadoras, posiblemente está buscando convencernos de votar por él para terminar dándonos más de lo mismo.
Encuentro elocuente el artículo pulicado por el diario español El País y firmado por Roberto Saviano, uno de los grandes opositores al gobierno berlusconiano. señala: “Los casi 20 años del Gobierno de Berlusconi han sido un arabesco: la línea más larga posible entre lo viejo y lo viejo que se hacía pasar por nuevo. Entre Democracia Cristiana y democracia cristiana. Cuántas mentiras en estos 20 años, cuántas mistificaciones.”
Nadie mejor que Saviano, un escritor y periodista importante para describir lo que Berlusconi ha sido, ha representado.
He siempre dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Es evidente que Berlusconi no habría llegado al poder sin el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Desafortunadamente los 17 años de berlusconismo no son sino el reflejo de la decadencia de un país que, pudiendo mantenerse a la vanguardia, ha frenado su crecimiento postguerra y de ser considerado el “milagro italiano” ha dado marcha atrás y hoy está a un paso del desastre.
Retomo a Saviano: “En Italia, el sector público está en la ruina, la sanidad no tiene unos estándares dignos de Europa, la escuela, la Universidad y la investigación renquean. Durante años el Parlamento se ha dedicado a discutir, enmendar y votar leyes ad personam y leyes que hemos denominado ad aziendam”.
Me he siempre preguntado por qué Alemania y Japón, los otros dos países perdedores de la Segunda Guerra Mundial lograron levantarse de sus cenizas y superando derrotas dolorosas se convirtieron en pocas décadas en potencias económicas. Italia a fin de cuentas fue el país del Eje menos penalizado.
Ni le pusieron un muro ni le lanzaron dos bombas atómicas. Partió en ventaja y tuvo todo para crecer. Sin embargo sufrió y sigue sufriendo las consecuencias de elecciones equivocadas.
¿Acaso tendrá que ver la naturaleza desordenada, pasional, irracional de los pueblos latinos? ¿Será esta la causa de los sufrimientos del país? Como teoría me parece arriesgada, pero no la veo lejana de la realidad.
El punto es que el panorama italiano es triste. Desolador.
Aunque duela pensarlo, Berlusconi se fue pero el berlusconismo no. Y seguramente no faltarà quien diga que la situación era mejor cuando él ostentaba el poder, así como no falta quien todavía sostiene que eran mejores los tiempos de Mussolini.
El nuevo premier, Mario Monti no la tiene fácil. De él se dicen muchas cosas. Hay quien sostiene que trabajará para favorecer a las obscuras fuerzas financieras y que nada bueno puede traer a los italianos. Hay quien piensa que su gobierno durará poco y dará paso a unas elecciones donde de cualquier manera no hay mucho de dónde escoger.
Los más optimistas ven con buenos ojos que Italia tenga un gobierno “técnico” y no político, quizá porque de políticos es precisamente de lo que estamos hartos en el mundo, no solamente en el país de la bota.
Como sea, todo lo que se diga por el momento corresponde solamente al mundo de las especulaciones. La única situación seria y concreta es que Berlusconi se fue, para satisfacción de los seres pensantes de Italia y de cualquier manera estamos hablando de un país al borde del precipicio económico.
Vienen días intensos e interesantes. No olvidemos que Europa entera está en riesgo y que después de Italia, Francia y España podrían caer. No perdamos de vista que en este momento histórico hay solamente un Dios que exige sacrificios: se llama dinero y reina soberano entre todos los pueblos de la tierra. A fin de cuentas, librándonos de Berlusconi simplemente salimos de Guatepeor... pero no nos libramos de quedar en Guatemala... El mundo está así, y poco se puede hacer.
16 noviembre 2011
Después de meses de ausencia retomo este espacio, no sin antes agradecer a mi amigo Guillermo Romero Zarazúa por la paciencia que me ha demostrado. Ninguna razón particular, ningún motivo grave me ha hecho dejar de escribir durante tanto tiempo.
Se ha tratado simplemente de una especie de hastío, un estado de ánimo que simplemente me ha impedido expresarme, por una sencilla razón: no tenía absolutamente nada que decir.
Simplemente los acontecimientos me rebasaron y francamente ver que la situación no cambiaba provocó en mi persona una especie de rabia, de impotencia. Ni en Italia ni en México parecía ocurrir nada.
Fueron días y meses decididamente estériles, y naturalmente, la situación me ponía en riesgo de parecer repetitiva. Pensé que seguir escribiendo era simplemente desperdiciar tinta y energía.
Hoy me siento casi aliviada y sobre todo contenta. Lo confieso, ya era una situación personal. Irracionalmente personal, Mi aversión hacia Silvio Berlusconi -confieso- llegó a la exageración. No es bueno, no es coherente, no es normal. Pero así ocurría.
Posiblemente mi odio hacia el personaje es el reflejo de mi aversión a lo que representa: la mentira, la hipocresía, el afán de vivir bien sin mucho esfuerzo a costillas de los demás.
Cuando llegué a vivir a Italia, hace ocho años, fue difícil comprender el sistema de gobierno. Acostumbrada a un país donde vaya como vaya los sexenios terminan, a pesar de obtener pésimos resultados, me resultaba francamente complicado concebir la posibilidad de que un gobierno pueda caer sin llegar a completar el tiempo por el cual teoricamente es electo.
En pocas palabras, a diferencia de lo que ocurre en México, siendo Italia una república parlamentaria, son precisamente las cámaras quienes dan o quitan la “confianza” al presidente del Consejo de Ministros, que sin una mayoría contundente simplemente tiene que hacer las maletas e irse a su casa sin chistar.
Eso fue precisamente lo que le sucedió a Berlusca. Su gobierno, cada vez más débil y desgastado llegó al punto en el que hasta sus mismos incondicionales decidieron abandonarlo y decidió renunciar, consciente de que no podría continuar porque no tenía a su favor el número necesario de diputados que le dieran estabilidad y le permitieran llegar hasta el final de su mandato, que estaba programado hasta el 2013.
Se tardaron los diputados. No obstante el hartazgo de la sociedad italiana, a pesar del ridículo constante en que Berlusconi expuso al país frente a la comunidad internacional, sus aliados continuaron a sostenerlo, hasta que un hecho particular propició su caída definitiva.
La situación económica italiana, que hasta el momento corre el serio riesgo de ir a la bancarrota, propició la presión extrema de la Unión Europea. Solamente así comenzaron a cambiar las circunstancias y Berlusconi se fue.
Sus seguidores todavía se están quejando por el modo en que miles de personas festejaron la renuncia del hoy ex premier. Personalmente creo que hasta le fue bien, porque sinceramente de continuar así probablemente el descontento social habría llegado a extremos inimaginables. Por lo menos no terminó como otros dictadores. Quizá porque en el fondo Berlusca era solamente un dictador soft.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras son seguramente aquellos que por años -para ser precisos, 17- vivieron encantados, o mejor dicho, manipulados con la idea de un “cambio” que nunca llegó.
Honestamente comienzo a sospechar que cuando un político propone grandes novedades, cambios arrolladores y maravillas varias, apoyándose sobre todo en los medios de comunicación y desplegando campañas innovadoras, posiblemente está buscando convencernos de votar por él para terminar dándonos más de lo mismo.
Encuentro elocuente el artículo pulicado por el diario español El País y firmado por Roberto Saviano, uno de los grandes opositores al gobierno berlusconiano. señala: “Los casi 20 años del Gobierno de Berlusconi han sido un arabesco: la línea más larga posible entre lo viejo y lo viejo que se hacía pasar por nuevo. Entre Democracia Cristiana y democracia cristiana. Cuántas mentiras en estos 20 años, cuántas mistificaciones.”
Nadie mejor que Saviano, un escritor y periodista importante para describir lo que Berlusconi ha sido, ha representado.
He siempre dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Es evidente que Berlusconi no habría llegado al poder sin el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Desafortunadamente los 17 años de berlusconismo no son sino el reflejo de la decadencia de un país que, pudiendo mantenerse a la vanguardia, ha frenado su crecimiento postguerra y de ser considerado el “milagro italiano” ha dado marcha atrás y hoy está a un paso del desastre.
Retomo a Saviano: “En Italia, el sector público está en la ruina, la sanidad no tiene unos estándares dignos de Europa, la escuela, la Universidad y la investigación renquean. Durante años el Parlamento se ha dedicado a discutir, enmendar y votar leyes ad personam y leyes que hemos denominado ad aziendam”.
Me he siempre preguntado por qué Alemania y Japón, los otros dos países perdedores de la Segunda Guerra Mundial lograron levantarse de sus cenizas y superando derrotas dolorosas se convirtieron en pocas décadas en potencias económicas. Italia a fin de cuentas fue el país del Eje menos penalizado.
Ni le pusieron un muro ni le lanzaron dos bombas atómicas. Partió en ventaja y tuvo todo para crecer. Sin embargo sufrió y sigue sufriendo las consecuencias de elecciones equivocadas.
¿Acaso tendrá que ver la naturaleza desordenada, pasional, irracional de los pueblos latinos? ¿Será esta la causa de los sufrimientos del país? Como teoría me parece arriesgada, pero no la veo lejana de la realidad.
El punto es que el panorama italiano es triste. Desolador.
Aunque duela pensarlo, Berlusconi se fue pero el berlusconismo no. Y seguramente no faltarà quien diga que la situación era mejor cuando él ostentaba el poder, así como no falta quien todavía sostiene que eran mejores los tiempos de Mussolini.
El nuevo premier, Mario Monti no la tiene fácil. De él se dicen muchas cosas. Hay quien sostiene que trabajará para favorecer a las obscuras fuerzas financieras y que nada bueno puede traer a los italianos. Hay quien piensa que su gobierno durará poco y dará paso a unas elecciones donde de cualquier manera no hay mucho de dónde escoger.
Los más optimistas ven con buenos ojos que Italia tenga un gobierno “técnico” y no político, quizá porque de políticos es precisamente de lo que estamos hartos en el mundo, no solamente en el país de la bota.
Como sea, todo lo que se diga por el momento corresponde solamente al mundo de las especulaciones. La única situación seria y concreta es que Berlusconi se fue, para satisfacción de los seres pensantes de Italia y de cualquier manera estamos hablando de un país al borde del precipicio económico.
Vienen días intensos e interesantes. No olvidemos que Europa entera está en riesgo y que después de Italia, Francia y España podrían caer. No perdamos de vista que en este momento histórico hay solamente un Dios que exige sacrificios: se llama dinero y reina soberano entre todos los pueblos de la tierra. A fin de cuentas, librándonos de Berlusconi simplemente salimos de Guatepeor... pero no nos libramos de quedar en Guatemala... El mundo está así, y poco se puede hacer.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Libia: el mundo de cabeza...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
23 marzo, 2011
Mientras escribo tranquilamente estas líneas y seguramente mientras alguien del otro lado del Atlántico plácidamente las lee, nuestro planeta sigue girando pero al parecer todo está practicamente de cabeza.
Por una parte, no puedo dejar de mencionar -conmovida y preocupada- el terremoto y el tsunami ocurridos en Japón, que además de la terrible desgracia natural han agregado una nueva paranoia al panorama internacional: el manejo de la energía nuclear, que efectivamente constituye un peligro latente para cualquier nación, aún para la más cuidadosa.
Pensar en plantas nucleares ubicadas en lugares que además de las condiciones geográficas poco favorables tienen el peligro de gobiernos negligentes o corruptos, es un asunto preocupante. Está en riesgo la seguridad de todo el mundo.
Para agregar un nuevo problema a la situación de este planeta loco, aparece el terrible fantasma de la guerra. Y una guerra que personalmente me parece no sólo absurda, sino demasiado cercana. Vivir en el país de la bota en este momento tiene sus desventajas, honestamente.
Libia es una nación cuya existencia me resultaba objetivamente indiferente antes de venir a vivir a Italia. Cierto que Ghedaffi tiene al frente de ese país exactamente los mismos años que tengo yo de vida. Y claro que recuerdo algunos de sus arranques y de sus extravagancias. De hecho la imagen del líder líbico era para mí la de un dictador y nada más.
Por eso cuando llegué a Italia y comencé a enterarme de la relación tan estrecha entre los dos países, no dejó de sorprenderme la importancia que se daba al extravagante coronel. No sé si es miedo, o precaución, luego de que en 1986 Ghedaffi tuvo la genial idea de tirar un par de misiles contra la isla de Lampedusa, en Sicilia, como represalia luego de que los Estados Unidos bombardearon Libia en una operación llamada “El Dorado Canyon”.
Y aunque entonces los libios aclararon que no era su intención golpear Italia, sino atacar las bases militares ubicadas en el territorio tricolor, el antecedente quedó registrado.
Hace algunos meses, precisamente en este espacio me permití comentar el exceso de atenciones del gobierno berlusconiano hacia quien hoy resulta el maloso de la película.
En agosto de 2010, este espacio daba cuenta de que el dirigente libio “se presentó en Italia como siempre rodeado de excentricidades. Para empezar, fue montada en la embajada de Libia en Roma una tienda beduina donde pernoctaría, además de que antes de su llegada entraron en el país treinta caballos pura sangre que pertenecen a los caballeros berebere, que realizarían una exhibición ecuestre ante las autoridades y empresarios italianos.
...Días antes de su llegada, los organizadores de la visita se dieron a la tarea de 'reclutar' 500 edecanes ante las cuales el líder realizó una abierta prédica a favor del islam.
Lo que el libio hizo fue ofrecer una conferencia acerca del Corán ante las jóvenes a quienes dijo que 'el islam tiene que convertirse en la religión de Europa.' Señaló además que las mujeres musulmanas tienen mayor libertad y mayor respeto que las europeas e invitó a las chicas a convertirse.”
Por eso no me sorprenden, pero sí me conmocionan las últimas declaraciones de Silvio Berlusconi, quien se dice “adolorido” por lo que le está sucediendo a su amigo el coronel, el mismo a quien atribuye haber aprendido el ritual del Bunga Bunga, que tantos dolores de cabeza le está dando.
Libia fue durante la segunda guerra mundial una colonia italiana y hasta ahora, es uno de los aliados comerciales más importantes del país de la bota. Ghedaffi es entre otras cosas accionista de Unicredit, una de los principales bancos de Europa y de Enel, la empresa energética más importante de Italia.
La situación es clara: Italia ha sido obligada a participar en esta guerra y lo hace no porque las autoridades estén convencidas de hacerlo, o porque realmente tengan interés en derrocar a Ghedaffi. Por el contrario, hay incluso un tratado de “amistad” entre ambas naciones que ha provocado la ira del coronel que se ha sentido traicionado por los italianos, especialmente por Berlusca, que en alguna ocasión incluso públicamente le besó las manos en señal de respeto.
Sin ser una especialista en política internacional, tengo serias dudas acerca de la conveniencia de entrar en una guerra que no resta clara. Atacar por aire Libia es una acción ejercida con la finalidad de ayudar a los rebeldes que buscando liberarse del dictador iniciaron un movimiento hace algunas semanas.
Lo que no comprendo del todo es quiénes son los rebeldes en cuestión. Porque hay que mencionar que el mismo coronel ha dicho repetidamente que detrás del movimiento en su contra está ni más ni menos que Al Qaeda, que habría convencido a los jóvenes a manifestarse.
Sin embargo, parece que el occidente -con Al Qaeda en medio o no- tiene muy claro que debe ayudar a los revoltosos. Queda claro que el dictador se ha valido de todos los medios para ejercer una represión sin precedentes y ha asesinado en pocos días miles de personas contrarias a su régimen.
Pero sinceramente no creo que podamos ser tan inocentes como para creer que el único interés que mueve principalmente a Francia e Inglaterra es ayudar a los libios a liberarse. Sucede lo mismo en Yemen donde un grupo de rebeldes intenta acabar con un régimen y nadie ha movido un dedo.
¿Será porque en Libia hay petróleo y gas y precisamente Francia e Inglaterra han sido casi ignorados como socios potenciales del país nordafricano? Los malpensados como yo estamos convencidos de que franceses, ingleses, estadounidenses y demás luchadores por la democracia tienen puestos sus ojitos en las potencialidades económicas de Libia.
Pero tampoco es tolerable que Berlusconi quiera tener dos veladoras encendidas, por si acaso no se puede derrocar a Ghedaffi. Porque no entiendo cómo se puede ser tan cínico y declarar que los Tornados -los aviones de guerra italianos que han sobrevolado Libia- “no han disparado ni dispararán”. ¿Entonces a qué fueron? ¿Nada más a darse una vueltecita para ver cómo estaban las cosas por allá?
Ni tampoco se puede engañar a la población diciendo como el presidente Giorgio Napolitano que “Italia no está en guerra”, cuando aparte de que se están utilizando las bases militares estadounidenses ubicadas en territorio italiano, se están enviando aviones a colaborar con el bombardeo.
Además de todo, está latente la situación de los aliados. Italia no quiere que sea Francia a tomar el control de la situación y exige que sea la OTAN a coordinar las acciones, mientras Nicolás Sarkozy sencillamente ha decidido ser el nuevo Napoleón.
Quién sabe cuáles son sus intenciones y cuáles sean las ventajas que representa para su país vestirse de héroe libertador de los oprimidos libios.
Hay tanta confusión en la “odisea del alba” que hasta los Estados Unidos se tuvieron que lavar las manos por el ataque a la residencia de Ghedaffi, que fue realizado por los aviones daneses, porque según los norteamericanos no existe la intención de eliminar al coronel libio, pues “se busca solamente su retiro voluntario”.
Y mientras todo esto ocurre, los desesperados civiles están escapando por mar del territorio libio. ¿Hacia dónde? Pues hacia las costas más cercanas, claro está: las de Lampedusa, lo que representa un problema más porque simplemente no hay espacio para recibir a los refugiados y la situación se está saliendo de control.
Las circunstancias son complejas. Hasta ahora no se ve cercano el momento en que Ghedaffi decida irse. Muy probablemente no lo va a hacer por las buenas, pues ya tuvo la posibilidad y no decidió hacerlo.
Es una guerra disfrazada como se usa ultimamente, de “misión de paz”, con el pretexto de defender a la población civil. Pero es además de todo un conflicto desorganizado y confuso, con una lógica que no aparece por ninguna parte y cuyas consecuencias no son misurables.
Lo dicho. El mundo está de cabeza.
23 marzo, 2011
Mientras escribo tranquilamente estas líneas y seguramente mientras alguien del otro lado del Atlántico plácidamente las lee, nuestro planeta sigue girando pero al parecer todo está practicamente de cabeza.
Por una parte, no puedo dejar de mencionar -conmovida y preocupada- el terremoto y el tsunami ocurridos en Japón, que además de la terrible desgracia natural han agregado una nueva paranoia al panorama internacional: el manejo de la energía nuclear, que efectivamente constituye un peligro latente para cualquier nación, aún para la más cuidadosa.
Pensar en plantas nucleares ubicadas en lugares que además de las condiciones geográficas poco favorables tienen el peligro de gobiernos negligentes o corruptos, es un asunto preocupante. Está en riesgo la seguridad de todo el mundo.
Para agregar un nuevo problema a la situación de este planeta loco, aparece el terrible fantasma de la guerra. Y una guerra que personalmente me parece no sólo absurda, sino demasiado cercana. Vivir en el país de la bota en este momento tiene sus desventajas, honestamente.
Libia es una nación cuya existencia me resultaba objetivamente indiferente antes de venir a vivir a Italia. Cierto que Ghedaffi tiene al frente de ese país exactamente los mismos años que tengo yo de vida. Y claro que recuerdo algunos de sus arranques y de sus extravagancias. De hecho la imagen del líder líbico era para mí la de un dictador y nada más.
Por eso cuando llegué a Italia y comencé a enterarme de la relación tan estrecha entre los dos países, no dejó de sorprenderme la importancia que se daba al extravagante coronel. No sé si es miedo, o precaución, luego de que en 1986 Ghedaffi tuvo la genial idea de tirar un par de misiles contra la isla de Lampedusa, en Sicilia, como represalia luego de que los Estados Unidos bombardearon Libia en una operación llamada “El Dorado Canyon”.
Y aunque entonces los libios aclararon que no era su intención golpear Italia, sino atacar las bases militares ubicadas en el territorio tricolor, el antecedente quedó registrado.
Hace algunos meses, precisamente en este espacio me permití comentar el exceso de atenciones del gobierno berlusconiano hacia quien hoy resulta el maloso de la película.
En agosto de 2010, este espacio daba cuenta de que el dirigente libio “se presentó en Italia como siempre rodeado de excentricidades. Para empezar, fue montada en la embajada de Libia en Roma una tienda beduina donde pernoctaría, además de que antes de su llegada entraron en el país treinta caballos pura sangre que pertenecen a los caballeros berebere, que realizarían una exhibición ecuestre ante las autoridades y empresarios italianos.
...Días antes de su llegada, los organizadores de la visita se dieron a la tarea de 'reclutar' 500 edecanes ante las cuales el líder realizó una abierta prédica a favor del islam.
Lo que el libio hizo fue ofrecer una conferencia acerca del Corán ante las jóvenes a quienes dijo que 'el islam tiene que convertirse en la religión de Europa.' Señaló además que las mujeres musulmanas tienen mayor libertad y mayor respeto que las europeas e invitó a las chicas a convertirse.”
Por eso no me sorprenden, pero sí me conmocionan las últimas declaraciones de Silvio Berlusconi, quien se dice “adolorido” por lo que le está sucediendo a su amigo el coronel, el mismo a quien atribuye haber aprendido el ritual del Bunga Bunga, que tantos dolores de cabeza le está dando.
Libia fue durante la segunda guerra mundial una colonia italiana y hasta ahora, es uno de los aliados comerciales más importantes del país de la bota. Ghedaffi es entre otras cosas accionista de Unicredit, una de los principales bancos de Europa y de Enel, la empresa energética más importante de Italia.
La situación es clara: Italia ha sido obligada a participar en esta guerra y lo hace no porque las autoridades estén convencidas de hacerlo, o porque realmente tengan interés en derrocar a Ghedaffi. Por el contrario, hay incluso un tratado de “amistad” entre ambas naciones que ha provocado la ira del coronel que se ha sentido traicionado por los italianos, especialmente por Berlusca, que en alguna ocasión incluso públicamente le besó las manos en señal de respeto.
Sin ser una especialista en política internacional, tengo serias dudas acerca de la conveniencia de entrar en una guerra que no resta clara. Atacar por aire Libia es una acción ejercida con la finalidad de ayudar a los rebeldes que buscando liberarse del dictador iniciaron un movimiento hace algunas semanas.
Lo que no comprendo del todo es quiénes son los rebeldes en cuestión. Porque hay que mencionar que el mismo coronel ha dicho repetidamente que detrás del movimiento en su contra está ni más ni menos que Al Qaeda, que habría convencido a los jóvenes a manifestarse.
Sin embargo, parece que el occidente -con Al Qaeda en medio o no- tiene muy claro que debe ayudar a los revoltosos. Queda claro que el dictador se ha valido de todos los medios para ejercer una represión sin precedentes y ha asesinado en pocos días miles de personas contrarias a su régimen.
Pero sinceramente no creo que podamos ser tan inocentes como para creer que el único interés que mueve principalmente a Francia e Inglaterra es ayudar a los libios a liberarse. Sucede lo mismo en Yemen donde un grupo de rebeldes intenta acabar con un régimen y nadie ha movido un dedo.
¿Será porque en Libia hay petróleo y gas y precisamente Francia e Inglaterra han sido casi ignorados como socios potenciales del país nordafricano? Los malpensados como yo estamos convencidos de que franceses, ingleses, estadounidenses y demás luchadores por la democracia tienen puestos sus ojitos en las potencialidades económicas de Libia.
Pero tampoco es tolerable que Berlusconi quiera tener dos veladoras encendidas, por si acaso no se puede derrocar a Ghedaffi. Porque no entiendo cómo se puede ser tan cínico y declarar que los Tornados -los aviones de guerra italianos que han sobrevolado Libia- “no han disparado ni dispararán”. ¿Entonces a qué fueron? ¿Nada más a darse una vueltecita para ver cómo estaban las cosas por allá?
Ni tampoco se puede engañar a la población diciendo como el presidente Giorgio Napolitano que “Italia no está en guerra”, cuando aparte de que se están utilizando las bases militares estadounidenses ubicadas en territorio italiano, se están enviando aviones a colaborar con el bombardeo.
Además de todo, está latente la situación de los aliados. Italia no quiere que sea Francia a tomar el control de la situación y exige que sea la OTAN a coordinar las acciones, mientras Nicolás Sarkozy sencillamente ha decidido ser el nuevo Napoleón.
Quién sabe cuáles son sus intenciones y cuáles sean las ventajas que representa para su país vestirse de héroe libertador de los oprimidos libios.
Hay tanta confusión en la “odisea del alba” que hasta los Estados Unidos se tuvieron que lavar las manos por el ataque a la residencia de Ghedaffi, que fue realizado por los aviones daneses, porque según los norteamericanos no existe la intención de eliminar al coronel libio, pues “se busca solamente su retiro voluntario”.
Y mientras todo esto ocurre, los desesperados civiles están escapando por mar del territorio libio. ¿Hacia dónde? Pues hacia las costas más cercanas, claro está: las de Lampedusa, lo que representa un problema más porque simplemente no hay espacio para recibir a los refugiados y la situación se está saliendo de control.
Las circunstancias son complejas. Hasta ahora no se ve cercano el momento en que Ghedaffi decida irse. Muy probablemente no lo va a hacer por las buenas, pues ya tuvo la posibilidad y no decidió hacerlo.
Es una guerra disfrazada como se usa ultimamente, de “misión de paz”, con el pretexto de defender a la población civil. Pero es además de todo un conflicto desorganizado y confuso, con una lógica que no aparece por ninguna parte y cuyas consecuencias no son misurables.
Lo dicho. El mundo está de cabeza.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Berlusconi: un payaso con demencia senil
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
02 novembre, 2010
Inicio a escribir hoy con un cierto dejo de amargura. Estoy sinceramente triste, enojada, preocupada. El país en el que elegí vivir hace ya siete años y que considero mi segunda patria, está hoy en la boca de todo el mundo por una patética razón. Pocas naciones en el mundo pueden soportar que al frente de su gobierno se encuentre un personaje tan nefasto como el presidente del Consejo de Ministros de Italia, Silvio Berlusconi.
He dedicado frecuentemente este espacio a las andanzas del premier, a sus contínuas caídas de estilo, a sus preocupantes movimientos institucionales que han servido exclusivamente para beneficiarse personalmente.
Y sin embargo, creo que nunca antes había hablado de Berlusca sintiendo tanto asco y tanta vergüenza, porque esta vez el premier ha exagerado no solamente en sus acciones, que a fin de cuentas todo el país conoce desde hace un tiempo.
Ha exagerado además en su modo de mostrarse como un viejo asustado, como un hombre que a una cierta edad comete errores tremendos y en lugar de reconocer su falta, simplemente continúa a ofender la inteligencia de los ciudadanos justificando sus ridículas y viles acciones.
Lo que hace Berlusconi es simplemente mostrar su verdadera naturaleza. Es un hombre enfermo de poder cuyo único objetivo es satisfacer sus caprichos, pasando por alto que como Jefe de Estado debería observar una conducta intachable y preocuparse realmente por el bienestar de sus gobernados.
Parece ignorar el decoro que merece su investidura y sobre todo, pasa por encima de las mínimas reglas del respeto.
Esta vez Berlusconi enfrenta un nuevo escándalo sexual, pues se ha visto involucrado con Rubí, una menor de edad marroquina -presuntamente una prostituta- a quien habría no solamente dado dinero, sino ayudado liberándola de la policía usando su posición para obligar a las autoridades a liberarla y mintiendo, haciéndola pasar por sobrina del presidente egipcio, Hosni Mubarak.
Hoy mismo el premier ha perdido la cabeza. En los días que siguieron al descubrimiento de la historia de Rubí, se limitó a decir que la había ayudado porque él es “un hombre de gran corazón”. Sin embargo, este día sencillamente fue más allá y afirmó que lo que ocurre no es sino una “tormenta de papel”, refiriéndose al hecho de que es un asunto que se ventila solamente en la prensa escrita y que no pasará a mayores y mucho menos hará caer su gobierno.
Pero no se limitó a despreciar el papel que los medios de comunicación pueden tener difundiendo la información, sino que, paradójicamente hizo uso de ellos para decirle al mundo: “tengo un ritmo de trabajo infernal y me ocurre de vez en cuando lanzar una mirada a las mujeres bellas... Es mejor ser apasionado por mujeres que ser gay”.
Por supuesto que es precisamente este el comentario que me avergüenza y me hace pensar en lo terriblemente bochornoso que es para el pueblo italiano que el hombre que fue elegido para gobernarlo pierda los estribos al grado de demostrar sin la mínima consideración que no es otra cosa que un macho homofóbico lleno de poder y de dinero.
Buscando una explicación para semejantes actitudes, encontré la entrevista hecha por la publicación on line Articolo 21.it hace más de un año al prestigiado psiquiatra Luigi Cancrini.
El profesionista afirmó entonces que “Silvio Berlusconi es un personaje de un egocentrismo desmesurado. Mientras esto sucedía siendo él un empresario, todo iba bien. El problema nace con la adquisición de poder político. Cuando un narcisismo normal viene fuertemente alimentado y se conjuga con el exceso de poder, el resultado es una patología, un verdadero disturbo de la personalidad.”
El psiquiatra hizo entonces una afirmación escalofriante: “conozco este tipo de patologías, he dedicado el capítulo de un libro mío a Hitler y a Stalin.... Tal vez Berlusconi, por fortuna todavía no tiene estos rasgos tan 'grandiosos”, pero el riesgo de la progresiva pérdida del contacto con la realidad puede ser fuertemente dañino para los demás”.
El problema es que “los demás” son los ciudadanos comunes, que mientras observan los desfiguros del premier sufren cotidianamente una situación desastroza, en una sociedad que no da oportunidades de desarrollo ni de bienestar para nadie, especialmente para las nuevas generaciones.
El psiquiatra señaló además en aquella entrevista que Berlusconi está “convencido de poder hacer cualquier cosa sin ser disturbado y las personas que están a su alrededor lo aprueban y lo siguen”.
Asimismo, dijo que “la condición indispensable para que un disturbo de la personalidad no se expanda está ligada inevitablemente a la presencia de contrapesos representados por la magistratura (la ley) y la información (la libertad de prensa). Estudiando a Hitler, por ejemplo, es fácil recordar que su primera acción fue contra los magistrados, al igual que Mussolini. El equilibrio de poderes en este contexto es indispensable. Si una democracia es suficientemente fuerte este plan no se lleva a cabo y en un cierto momento la persona cae. Si en cambio caen los contrapesos se va hacia un desastre. La dictadura. Con la masa siguiendo el personaje carismárico de turno. Por eso es necesario mantener la democracia.”
La situación es preocupante sobre todo si recordamos que Berlusconi ataca en continuación precisamente a los magistrados a quienes acusa de participar en un complot en su contra, y aconseja a los ciudadanos evitar leer los diarios que lo acusan, a los que llama “basura mediática”.
Creo que a estas alturas todo el mundo ha comprendido lo que el premier italiano está haciendo y lo que podría suceder si continúa en el poder como pretende, por los próximos tres años, hasta el final de su mandato.
Por ahora las condiciones para que el gobierno berlusconiano caiga están dadas. Es este el mejor momento para que los italianos se deshagan de un personaje que no hace otra cosa que trabajar para sí mismo y para sus amigos, olvidando sus obligaciones principales.
Sin embargo, ante la falta de alternativa, dado que Italia tiene una izquierda débil y desorganizada, es posible que en el caso de convocar a nuevos comicios en las que por supuesto Berlusconi volvería a ser el candidato, éste podría resultar de nuevo electo.
Entonces, sinceramente, con todo respeto, quien estas líneas escribe no tendría otro remedio que irse a vivir a Costa Rica, porque sinceramente con Berlusconi en el poder por más tiempo no puede llevar a nada bueno al sufrido país de la bota que sin embargo, como todos los pueblos, tiene el gobierno que se merece.
02 novembre, 2010
Inicio a escribir hoy con un cierto dejo de amargura. Estoy sinceramente triste, enojada, preocupada. El país en el que elegí vivir hace ya siete años y que considero mi segunda patria, está hoy en la boca de todo el mundo por una patética razón. Pocas naciones en el mundo pueden soportar que al frente de su gobierno se encuentre un personaje tan nefasto como el presidente del Consejo de Ministros de Italia, Silvio Berlusconi.
He dedicado frecuentemente este espacio a las andanzas del premier, a sus contínuas caídas de estilo, a sus preocupantes movimientos institucionales que han servido exclusivamente para beneficiarse personalmente.
Y sin embargo, creo que nunca antes había hablado de Berlusca sintiendo tanto asco y tanta vergüenza, porque esta vez el premier ha exagerado no solamente en sus acciones, que a fin de cuentas todo el país conoce desde hace un tiempo.
Ha exagerado además en su modo de mostrarse como un viejo asustado, como un hombre que a una cierta edad comete errores tremendos y en lugar de reconocer su falta, simplemente continúa a ofender la inteligencia de los ciudadanos justificando sus ridículas y viles acciones.
Lo que hace Berlusconi es simplemente mostrar su verdadera naturaleza. Es un hombre enfermo de poder cuyo único objetivo es satisfacer sus caprichos, pasando por alto que como Jefe de Estado debería observar una conducta intachable y preocuparse realmente por el bienestar de sus gobernados.
Parece ignorar el decoro que merece su investidura y sobre todo, pasa por encima de las mínimas reglas del respeto.
Esta vez Berlusconi enfrenta un nuevo escándalo sexual, pues se ha visto involucrado con Rubí, una menor de edad marroquina -presuntamente una prostituta- a quien habría no solamente dado dinero, sino ayudado liberándola de la policía usando su posición para obligar a las autoridades a liberarla y mintiendo, haciéndola pasar por sobrina del presidente egipcio, Hosni Mubarak.
Hoy mismo el premier ha perdido la cabeza. En los días que siguieron al descubrimiento de la historia de Rubí, se limitó a decir que la había ayudado porque él es “un hombre de gran corazón”. Sin embargo, este día sencillamente fue más allá y afirmó que lo que ocurre no es sino una “tormenta de papel”, refiriéndose al hecho de que es un asunto que se ventila solamente en la prensa escrita y que no pasará a mayores y mucho menos hará caer su gobierno.
Pero no se limitó a despreciar el papel que los medios de comunicación pueden tener difundiendo la información, sino que, paradójicamente hizo uso de ellos para decirle al mundo: “tengo un ritmo de trabajo infernal y me ocurre de vez en cuando lanzar una mirada a las mujeres bellas... Es mejor ser apasionado por mujeres que ser gay”.
Por supuesto que es precisamente este el comentario que me avergüenza y me hace pensar en lo terriblemente bochornoso que es para el pueblo italiano que el hombre que fue elegido para gobernarlo pierda los estribos al grado de demostrar sin la mínima consideración que no es otra cosa que un macho homofóbico lleno de poder y de dinero.
Buscando una explicación para semejantes actitudes, encontré la entrevista hecha por la publicación on line Articolo 21.it hace más de un año al prestigiado psiquiatra Luigi Cancrini.
El profesionista afirmó entonces que “Silvio Berlusconi es un personaje de un egocentrismo desmesurado. Mientras esto sucedía siendo él un empresario, todo iba bien. El problema nace con la adquisición de poder político. Cuando un narcisismo normal viene fuertemente alimentado y se conjuga con el exceso de poder, el resultado es una patología, un verdadero disturbo de la personalidad.”
El psiquiatra hizo entonces una afirmación escalofriante: “conozco este tipo de patologías, he dedicado el capítulo de un libro mío a Hitler y a Stalin.... Tal vez Berlusconi, por fortuna todavía no tiene estos rasgos tan 'grandiosos”, pero el riesgo de la progresiva pérdida del contacto con la realidad puede ser fuertemente dañino para los demás”.
El problema es que “los demás” son los ciudadanos comunes, que mientras observan los desfiguros del premier sufren cotidianamente una situación desastroza, en una sociedad que no da oportunidades de desarrollo ni de bienestar para nadie, especialmente para las nuevas generaciones.
El psiquiatra señaló además en aquella entrevista que Berlusconi está “convencido de poder hacer cualquier cosa sin ser disturbado y las personas que están a su alrededor lo aprueban y lo siguen”.
Asimismo, dijo que “la condición indispensable para que un disturbo de la personalidad no se expanda está ligada inevitablemente a la presencia de contrapesos representados por la magistratura (la ley) y la información (la libertad de prensa). Estudiando a Hitler, por ejemplo, es fácil recordar que su primera acción fue contra los magistrados, al igual que Mussolini. El equilibrio de poderes en este contexto es indispensable. Si una democracia es suficientemente fuerte este plan no se lleva a cabo y en un cierto momento la persona cae. Si en cambio caen los contrapesos se va hacia un desastre. La dictadura. Con la masa siguiendo el personaje carismárico de turno. Por eso es necesario mantener la democracia.”
La situación es preocupante sobre todo si recordamos que Berlusconi ataca en continuación precisamente a los magistrados a quienes acusa de participar en un complot en su contra, y aconseja a los ciudadanos evitar leer los diarios que lo acusan, a los que llama “basura mediática”.
Creo que a estas alturas todo el mundo ha comprendido lo que el premier italiano está haciendo y lo que podría suceder si continúa en el poder como pretende, por los próximos tres años, hasta el final de su mandato.
Por ahora las condiciones para que el gobierno berlusconiano caiga están dadas. Es este el mejor momento para que los italianos se deshagan de un personaje que no hace otra cosa que trabajar para sí mismo y para sus amigos, olvidando sus obligaciones principales.
Sin embargo, ante la falta de alternativa, dado que Italia tiene una izquierda débil y desorganizada, es posible que en el caso de convocar a nuevos comicios en las que por supuesto Berlusconi volvería a ser el candidato, éste podría resultar de nuevo electo.
Entonces, sinceramente, con todo respeto, quien estas líneas escribe no tendría otro remedio que irse a vivir a Costa Rica, porque sinceramente con Berlusconi en el poder por más tiempo no puede llevar a nada bueno al sufrido país de la bota que sin embargo, como todos los pueblos, tiene el gobierno que se merece.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Vivir en Italia: ¿ es pasar a mejor vida?
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
12 octubre, 2010
Mientras comienzo a escribir este artículo estoy pensando en muchos de mis paisanos que cada vez que saben que desde hace siete años estoy en Italia se emocionan y piensan que en realidad “pasé a mejor vida” y que un país europeo ofrece oportunidades ilimitadas.
Es verdad, Italia es un país maravilloso, lleno de historia. No es en vano que ocupe el primer lugar a nivel mundial por el número de lugares considerados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Se trata de 44 sitios culturales y naturales que van desde el centro histórico de Florencia, pasando por la costiera Amalfitana, la zona arqueológica de Pompeya y el centro histórico de Roma.
Italia es hermosa por lo que ofrece. Pero es difícil vivir en este país por la dificultad que representa estar en un lugar que en teoría pertenece al primer mundo, pero que en la práctica presenta problemas serios que no son precisamente los de una nación desarrollada.
Es una crítica dura, lo sé. Especialmente porque aquí vivo y aquí me pienso quedar. Porque además de todo tengo la fortuna de ser ciudadana italiana y me siento orgullosa de haber adquirido la ciudadanía mas por convicción que por real necesidad.
Pero lo mismo que señalo los defectos de mi país de origen, me siento con todo el derecho de expresarme y decir lo que veo cotidianamente en la realidad italiana.
Empiezo obviamente con la vergonzosa situación política y los escándalos constantes de nuestro presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, famoso a nivel mundial no por ser un gran estadista, sino por comportarse en modo bizarro y despacharse con la cuchara grande, haciendo leyes para favorecer sus intereses personales. Esto, sin contar con la actitud tibia y poco seria de la oposición, que parece hacer todo lo posible por no representar una alternativa importante para los ciudadanos.
Mientras, la gerontocracia predomina y el presidente de la República es un anciano de más de ochenta años, los parlamentarios tienen una edad promedio de “solamente” 54 años, el premier tiene 74 y por lo mismo, los cambios obviamente no se ven porque no se puede pretender que las personas de una cierta generación estén dispuestas realmente a dar una sacudida al sistema que sin embargo, francamente requiere urgentemente modificaciones de fondo y forma.
El pueblo italiano vive de pan y circo. Se regocija semanalmente con el calcio -en el que a veces interviene hasta el gobierno que se sumerge en discusiones bizantinas y controles absurdos de la tifoseria-, se distrae con los reality shows y los chismes del mundo del espectáculo que difunde principalmente Mediaset, la poderosa red de televisión privada que pertenece ni más ni menos que a Berlusconi y su familia.
La formación cultural de los ciudadanos del país de la bota es tan pobre, que Italia ocupa el primer lugar en Europa porque sus noticiarios, a diferencia de los del resto de las naciones del continente, se ocupan principalmente de difundir nota roja en forma no solamente morbosa, sino en cantidad exagerada.
De acuerdo con un estudio presentado a principios de este año, realizado por investigadores europeos “la criminalidad en Italia, respecto a las redes de televisión europea es una página amplia y constante... La presencia de noticias dedicadas al crimen en Italia aparece como una característica estructural”. En naciones como Francia, Alemania, Gran Bretaña y España no se dan a conocer hechos de nota roja por días enteros, mientras que en Italia no pasa un solo día sin noticias de este género, tanto en la televisión privada como en la pública.”
Quiero subrrayar este dato porque resulta interesante saber que el estudio arroja datos importantes como el hecho que “la cantidad de noticias concernientes a la criminalidad común señalan una especial atención a aquellos hechos delictivos que amenazan la seguridad personal”
En Italia no solamente hay una mayor atención a la nota roja respecto al resto de Eurpoa, sino que hay una construcción diferente de las noticias, que en los casos más escandalosos son representados casi como una serie de televisión, agrega el estudio.
Y para quien piense que ver noticias es un hecho poco difuso en el país, debo decir que mirar los noticiarios -locales, regionales y nacionales- es parte de un ritual cotidiano al que los italianos están acostumbrados practicamente desde el arribo de la televisión.
Debo también decir que es precisamente la televisión el medio que ha contribuido en forma decisiva a unificar al país, que hasta antes de contar con esta invención ni siquiera tenía un idioma común, dado que cada región, cada población hablaba su proprio dialecto y contaba con reglas, normas y estilos de vida propios, que poco a poco fueron uniformados por las propuestas de la RAI, el sistema de televisión estatal, que entre paréntesis, viene pagado por todos, dado que hay un impuesto especial que se paga anualmente y que en teoría permite la supervivencia de los canales del Estado.
La influencia de la televisión es seria e importante, motivo por el cual no se puede ignorar o minimizar el hecho que la nota roja ocupe tanto espacio, especialmente porque la sensación de inseguridad cercana que el noticiario da a los televidentes repercute en la forma en que reaccionan, sobre todo cuando generalmente los protagonistas de los casos más crueles y serios son extranjeros, inmigrantes principalmente del este de Europa, sudamericanos, chinos o africanos.
Para quien piensa que vivir en Italia implica estar rodeado de glamour y de cultura, quiero agregar otro dato por demás descepcionante. Para un país de primer mundo, seguramente no es halagador aparecer como número 74 en la lista que enumera las posibilidades que se da a las personas de acuerdo con su género.
La lista de las oportunidades por género del Foro económico mundial, reprueba las políticas de igualdad de oportunidades italianas. Mientras en los primeros lugares aparecen Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia, el país de la bota está entre los últimos de Europa y detrás de muchos países del tercer mundo.
El citado elenco evalúa los países de acuerdo con criterios de distribución de los recursos y las oportunidades que se dan a hombres y mujeres. En otras palabras: la igualdad entre los sexos en Italia no es sino un sueño guajiro. Y que conste que la ministra que se ocupa de estos asuntos es la ex vedette Mara Carfagna, una señora a la que el mismísimo premier Berlusconi no podía dar una oportunidad mejor que pasar de los calendarios nudistas a las oficinas del gobierno.
En resumen, lamento desilusionar a quien piensa que vivir en Italia es una maravilla, y sin embargo, con todos sus terribles defectos, debo decir que es un extraordinario país donde habitar.
12 octubre, 2010
Mientras comienzo a escribir este artículo estoy pensando en muchos de mis paisanos que cada vez que saben que desde hace siete años estoy en Italia se emocionan y piensan que en realidad “pasé a mejor vida” y que un país europeo ofrece oportunidades ilimitadas.
Es verdad, Italia es un país maravilloso, lleno de historia. No es en vano que ocupe el primer lugar a nivel mundial por el número de lugares considerados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Se trata de 44 sitios culturales y naturales que van desde el centro histórico de Florencia, pasando por la costiera Amalfitana, la zona arqueológica de Pompeya y el centro histórico de Roma.
Italia es hermosa por lo que ofrece. Pero es difícil vivir en este país por la dificultad que representa estar en un lugar que en teoría pertenece al primer mundo, pero que en la práctica presenta problemas serios que no son precisamente los de una nación desarrollada.
Es una crítica dura, lo sé. Especialmente porque aquí vivo y aquí me pienso quedar. Porque además de todo tengo la fortuna de ser ciudadana italiana y me siento orgullosa de haber adquirido la ciudadanía mas por convicción que por real necesidad.
Pero lo mismo que señalo los defectos de mi país de origen, me siento con todo el derecho de expresarme y decir lo que veo cotidianamente en la realidad italiana.
Empiezo obviamente con la vergonzosa situación política y los escándalos constantes de nuestro presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, famoso a nivel mundial no por ser un gran estadista, sino por comportarse en modo bizarro y despacharse con la cuchara grande, haciendo leyes para favorecer sus intereses personales. Esto, sin contar con la actitud tibia y poco seria de la oposición, que parece hacer todo lo posible por no representar una alternativa importante para los ciudadanos.
Mientras, la gerontocracia predomina y el presidente de la República es un anciano de más de ochenta años, los parlamentarios tienen una edad promedio de “solamente” 54 años, el premier tiene 74 y por lo mismo, los cambios obviamente no se ven porque no se puede pretender que las personas de una cierta generación estén dispuestas realmente a dar una sacudida al sistema que sin embargo, francamente requiere urgentemente modificaciones de fondo y forma.
El pueblo italiano vive de pan y circo. Se regocija semanalmente con el calcio -en el que a veces interviene hasta el gobierno que se sumerge en discusiones bizantinas y controles absurdos de la tifoseria-, se distrae con los reality shows y los chismes del mundo del espectáculo que difunde principalmente Mediaset, la poderosa red de televisión privada que pertenece ni más ni menos que a Berlusconi y su familia.
La formación cultural de los ciudadanos del país de la bota es tan pobre, que Italia ocupa el primer lugar en Europa porque sus noticiarios, a diferencia de los del resto de las naciones del continente, se ocupan principalmente de difundir nota roja en forma no solamente morbosa, sino en cantidad exagerada.
De acuerdo con un estudio presentado a principios de este año, realizado por investigadores europeos “la criminalidad en Italia, respecto a las redes de televisión europea es una página amplia y constante... La presencia de noticias dedicadas al crimen en Italia aparece como una característica estructural”. En naciones como Francia, Alemania, Gran Bretaña y España no se dan a conocer hechos de nota roja por días enteros, mientras que en Italia no pasa un solo día sin noticias de este género, tanto en la televisión privada como en la pública.”
Quiero subrrayar este dato porque resulta interesante saber que el estudio arroja datos importantes como el hecho que “la cantidad de noticias concernientes a la criminalidad común señalan una especial atención a aquellos hechos delictivos que amenazan la seguridad personal”
En Italia no solamente hay una mayor atención a la nota roja respecto al resto de Eurpoa, sino que hay una construcción diferente de las noticias, que en los casos más escandalosos son representados casi como una serie de televisión, agrega el estudio.
Y para quien piense que ver noticias es un hecho poco difuso en el país, debo decir que mirar los noticiarios -locales, regionales y nacionales- es parte de un ritual cotidiano al que los italianos están acostumbrados practicamente desde el arribo de la televisión.
Debo también decir que es precisamente la televisión el medio que ha contribuido en forma decisiva a unificar al país, que hasta antes de contar con esta invención ni siquiera tenía un idioma común, dado que cada región, cada población hablaba su proprio dialecto y contaba con reglas, normas y estilos de vida propios, que poco a poco fueron uniformados por las propuestas de la RAI, el sistema de televisión estatal, que entre paréntesis, viene pagado por todos, dado que hay un impuesto especial que se paga anualmente y que en teoría permite la supervivencia de los canales del Estado.
La influencia de la televisión es seria e importante, motivo por el cual no se puede ignorar o minimizar el hecho que la nota roja ocupe tanto espacio, especialmente porque la sensación de inseguridad cercana que el noticiario da a los televidentes repercute en la forma en que reaccionan, sobre todo cuando generalmente los protagonistas de los casos más crueles y serios son extranjeros, inmigrantes principalmente del este de Europa, sudamericanos, chinos o africanos.
Para quien piensa que vivir en Italia implica estar rodeado de glamour y de cultura, quiero agregar otro dato por demás descepcionante. Para un país de primer mundo, seguramente no es halagador aparecer como número 74 en la lista que enumera las posibilidades que se da a las personas de acuerdo con su género.
La lista de las oportunidades por género del Foro económico mundial, reprueba las políticas de igualdad de oportunidades italianas. Mientras en los primeros lugares aparecen Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia, el país de la bota está entre los últimos de Europa y detrás de muchos países del tercer mundo.
El citado elenco evalúa los países de acuerdo con criterios de distribución de los recursos y las oportunidades que se dan a hombres y mujeres. En otras palabras: la igualdad entre los sexos en Italia no es sino un sueño guajiro. Y que conste que la ministra que se ocupa de estos asuntos es la ex vedette Mara Carfagna, una señora a la que el mismísimo premier Berlusconi no podía dar una oportunidad mejor que pasar de los calendarios nudistas a las oficinas del gobierno.
En resumen, lamento desilusionar a quien piensa que vivir en Italia es una maravilla, y sin embargo, con todos sus terribles defectos, debo decir que es un extraordinario país donde habitar.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Nuestros impuestos... (y quienes viven de ellos)
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
25 agosto, 2010
Después de unas largas vacaciones -no sé si merecidas, pero al menos necesarias- retomo este espacio en Punto con gran entusiasmo pero también -como siempre- con una enorme preocupación provocada por la lectura de la información que los diversos medios publican.
Hoy quiero ocuparme de un tema que solamente con el paso del tiempo he podido entender, dado que por desgracia en nuestro país estamos poco acostumbrados al concepto. Pagar impuestos en México, digámoslo claramente, para los ciudadanos comunes es sencillamente una opción. Un posibilidad y casi nunca una obligación.
Buscando la definición más elemental de “impuestos”, la enciclopedia online Wikipedia da una clara y directa: “Los impuestos son cargas obligatorias que las personas y empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras: sin los impuestos el Estado no podría funcionar, ya que no dispondría de fondos para financiar la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, eléctricas), prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social (desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales), etc.”
El punto es que hablando sinceramente, creo que más de un compatriota coincidirá conmigo si afirmo que en México los impuestos simple y sencillamente no se ven. O mejor dicho: no se ve con claridad dónde van a parar.
Si el destino de los impuestos llega a notarse, es seguramente en obras que sirven solamente para que los gobernantes demuestren cuánto trabajan, pero que no tienen una utilidad ni benefician a los ciudadanos normales.
Olvidaba decir que los impuestos que pagamos los mexicanos se ven también cuando los diputados, senadores y demás servidores públicos de cierto nivel se sirven con la cuchara grande. Recordemos que sus mega salarios los pagan los contribuyentes, es decir, el pueblo al que deberían servir, pero del que con cada vez menos pudor simplemente se sirven.
A fin de cuentas lo que deberíamos exigir quienes pagamos nuestras contribuciones en cualquier país democrático o aspirante a serlo, es un justo “retorno” de éstas. Pero no en todas partes ocurre. Obviamente Italia es uno de esos países donde se paga mucho y se recibe poco. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán.
En realidad si me permito citar esta información, publicada por el diario italiano Corriere della Sera, es más bien como una forma de desahogo personal, porque me parece completamente injusto.
Resulta que en el país de la bota, “sobre cada italiano recae un peso tributario anual por un promedio de 7 mil 350 euros. Entre los principales países europeos es verdad que los franceses pagan más, con un promedio de 7 mil 438 euros, pero reciben un contravalor de servicios mucho más consistente que el de los italianos: vienen recompensados con un gasto social per capita equivalente a 10 mil 776 euros, mientras que los italianos entre salud, educación y prevención social, alcanzan a recibir apenas 8 mil 023 euros, es decir, dos mil 753 euros menos que en Francia.”
Y eso no es todo. Para darnos una idea de lo que pasa en Italia, basta mencionar lo que el estudio agrega, referente al hecho de que “en Alemania la cuota per capita de impuestos toca los 6 mil 919 euros, pero en términos de gasto social los germanos reciben 9 mil 171 euros per capita al año. La diferencia per capita entre lo que reciben en términos de gasto social y lo que pagan en términos de impuestos es para los franceses de 3 mil 339 euros. Para los alemanes es de 2 mil 251 euros. En Italia de solo 664 euros per capita.
Tristes realidades que se ven sobre todo en el sur del país, donde honestamente hay lugares que no parecen pertenecer a uno de los países más industrializados del planeta, a una de las potencias mundiales. Y lo peor es que de repente al gobierno italiano se le ha ocurrido la idea de iniciar a perseguir, en una de esas tremendas cacerías de brujas a los evasores. ¡Háganme ustedes el favor!
Y si de chistes malos y de impuestos hablamos, debo mencionar una de las últimas ocurrencias de nuestro presidente mexicano, Felipe Calderón.
Ahora resulta que nuestro gobernante afirmó que “si el Congreso no reasigna recursos para combatir al crimen organizado, el gobierno federal buscará nuevas fuentes de ingreso que constituirían una carga para los contribuyentes”.
En otras palabras, si no hay más dinerito para seguir con su guerra sin sentido, encontrará la ímanera de seguir exprimiendo los bolsillos de los pobres mexicanos que ya no saben si es peor la crisis económica o la situación de inseguridad. Como quien dice que en México uno arriesga el dinero y la vida, sin posibilidad de elegir.
La verdad es que me quedo con la boca abierta cuando leo que Calderón asegura que el Ejército seguirá en la calle hasta el último día de su gobierno. Porque no termino de entender si eso para el pueblo mexicano representa una garantía de seguridad o es más bien un motivo de seria preocupación.
Pero lo que no consiento, no tolero, no soporto y no admito, es que sean los contribuyentes mexicanos los que tengan que pagar todos y cada uno de los excesos de sus gobernantes. Porque en lugar de amenazar con nuevas cargas tributarias, nuestro señor presidente se debería preocupar por dejar de despilfarrar el dinero de todos en obras absurdas como una torre de acero inoxidable para conmemorar el Bicentenario, que tendrá un costo total de 690 millones de pesos.
Bueno, pero ¿no le da vergüenza? Se debería esconder lejos, pero muy lejos y sentirse muy mal por amenazar a sus gobernados con nuevos impuestos si el Congreso no lo apoya en su guerra loca que ha costado al menos 28 mil muertos -aunque se empeñe en decir que la mayoría de ellos tenía que ver con el narco-.
Y tendría también que sentirse muy pero muy abochornado por las obras faraónicas -encima de todo inconclusas- con las que quiere festejar el Bicentenario. Parece no darse cuenta, como todos los representantes populares, que hay familias en el país que gobiernan que no tienen siquiera las condiciones mínimas para vivir dignamente.
Y lo peor de todo es pensar que son precisamente esos gobernantes inconscientes, frívolos y megalómanos los que viven -por cierto muy bien- gracias a nuestros impuestos.
25 agosto, 2010
Después de unas largas vacaciones -no sé si merecidas, pero al menos necesarias- retomo este espacio en Punto con gran entusiasmo pero también -como siempre- con una enorme preocupación provocada por la lectura de la información que los diversos medios publican.
Hoy quiero ocuparme de un tema que solamente con el paso del tiempo he podido entender, dado que por desgracia en nuestro país estamos poco acostumbrados al concepto. Pagar impuestos en México, digámoslo claramente, para los ciudadanos comunes es sencillamente una opción. Un posibilidad y casi nunca una obligación.
Buscando la definición más elemental de “impuestos”, la enciclopedia online Wikipedia da una clara y directa: “Los impuestos son cargas obligatorias que las personas y empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras: sin los impuestos el Estado no podría funcionar, ya que no dispondría de fondos para financiar la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, eléctricas), prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social (desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales), etc.”
El punto es que hablando sinceramente, creo que más de un compatriota coincidirá conmigo si afirmo que en México los impuestos simple y sencillamente no se ven. O mejor dicho: no se ve con claridad dónde van a parar.
Si el destino de los impuestos llega a notarse, es seguramente en obras que sirven solamente para que los gobernantes demuestren cuánto trabajan, pero que no tienen una utilidad ni benefician a los ciudadanos normales.
Olvidaba decir que los impuestos que pagamos los mexicanos se ven también cuando los diputados, senadores y demás servidores públicos de cierto nivel se sirven con la cuchara grande. Recordemos que sus mega salarios los pagan los contribuyentes, es decir, el pueblo al que deberían servir, pero del que con cada vez menos pudor simplemente se sirven.
A fin de cuentas lo que deberíamos exigir quienes pagamos nuestras contribuciones en cualquier país democrático o aspirante a serlo, es un justo “retorno” de éstas. Pero no en todas partes ocurre. Obviamente Italia es uno de esos países donde se paga mucho y se recibe poco. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán.
En realidad si me permito citar esta información, publicada por el diario italiano Corriere della Sera, es más bien como una forma de desahogo personal, porque me parece completamente injusto.
Resulta que en el país de la bota, “sobre cada italiano recae un peso tributario anual por un promedio de 7 mil 350 euros. Entre los principales países europeos es verdad que los franceses pagan más, con un promedio de 7 mil 438 euros, pero reciben un contravalor de servicios mucho más consistente que el de los italianos: vienen recompensados con un gasto social per capita equivalente a 10 mil 776 euros, mientras que los italianos entre salud, educación y prevención social, alcanzan a recibir apenas 8 mil 023 euros, es decir, dos mil 753 euros menos que en Francia.”
Y eso no es todo. Para darnos una idea de lo que pasa en Italia, basta mencionar lo que el estudio agrega, referente al hecho de que “en Alemania la cuota per capita de impuestos toca los 6 mil 919 euros, pero en términos de gasto social los germanos reciben 9 mil 171 euros per capita al año. La diferencia per capita entre lo que reciben en términos de gasto social y lo que pagan en términos de impuestos es para los franceses de 3 mil 339 euros. Para los alemanes es de 2 mil 251 euros. En Italia de solo 664 euros per capita.
Tristes realidades que se ven sobre todo en el sur del país, donde honestamente hay lugares que no parecen pertenecer a uno de los países más industrializados del planeta, a una de las potencias mundiales. Y lo peor es que de repente al gobierno italiano se le ha ocurrido la idea de iniciar a perseguir, en una de esas tremendas cacerías de brujas a los evasores. ¡Háganme ustedes el favor!
Y si de chistes malos y de impuestos hablamos, debo mencionar una de las últimas ocurrencias de nuestro presidente mexicano, Felipe Calderón.
Ahora resulta que nuestro gobernante afirmó que “si el Congreso no reasigna recursos para combatir al crimen organizado, el gobierno federal buscará nuevas fuentes de ingreso que constituirían una carga para los contribuyentes”.
En otras palabras, si no hay más dinerito para seguir con su guerra sin sentido, encontrará la ímanera de seguir exprimiendo los bolsillos de los pobres mexicanos que ya no saben si es peor la crisis económica o la situación de inseguridad. Como quien dice que en México uno arriesga el dinero y la vida, sin posibilidad de elegir.
La verdad es que me quedo con la boca abierta cuando leo que Calderón asegura que el Ejército seguirá en la calle hasta el último día de su gobierno. Porque no termino de entender si eso para el pueblo mexicano representa una garantía de seguridad o es más bien un motivo de seria preocupación.
Pero lo que no consiento, no tolero, no soporto y no admito, es que sean los contribuyentes mexicanos los que tengan que pagar todos y cada uno de los excesos de sus gobernantes. Porque en lugar de amenazar con nuevas cargas tributarias, nuestro señor presidente se debería preocupar por dejar de despilfarrar el dinero de todos en obras absurdas como una torre de acero inoxidable para conmemorar el Bicentenario, que tendrá un costo total de 690 millones de pesos.
Bueno, pero ¿no le da vergüenza? Se debería esconder lejos, pero muy lejos y sentirse muy mal por amenazar a sus gobernados con nuevos impuestos si el Congreso no lo apoya en su guerra loca que ha costado al menos 28 mil muertos -aunque se empeñe en decir que la mayoría de ellos tenía que ver con el narco-.
Y tendría también que sentirse muy pero muy abochornado por las obras faraónicas -encima de todo inconclusas- con las que quiere festejar el Bicentenario. Parece no darse cuenta, como todos los representantes populares, que hay familias en el país que gobiernan que no tienen siquiera las condiciones mínimas para vivir dignamente.
Y lo peor de todo es pensar que son precisamente esos gobernantes inconscientes, frívolos y megalómanos los que viven -por cierto muy bien- gracias a nuestros impuestos.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Políticos de la patada...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
05 de mayo, 2010
Cada vez que encuentro información extraña, que se aleja de cualquier forma de raciocinio, que cae en el absurdo, la única expresión que me viene a la mente es “¡qué situación surreal!”. Pienso que estoy soñando, y es precisamente esa sensación onírica la que me permite hablar de surrealismo.
A decir verdad, encuentro exageradas ciertas actitudes absurdas por parte de los poderosos enmedio de una crisis global tan seria como la que estamos viviendo.
Serán los tiempos que corren, será que hay momentos en que algunos piensan que es mejor trivializar la realidad y hacerla un poco más ligera. Será que la misión de los medios de comunicación es exactamente distraer a la masa y provocar discusiones bizantinas que quiten la atención y la preocupación de los ciudadanos por los asuntos que son realmente importantes.
Voy al grano. Esta vez los diarios y los noticiarios de toda la península itálica se han ocupado durante horas de un asunto que raya en la banalidad. Se trata del resultado del encuentro de futbol entre los equipos Internazionale de Milán y Lazio.
Los medios refieren que “en un partido surreal, que tuvo una intensidad inferior hasta a la de un amistoso de pretemporada, Inter le ganó de visitante a Lazio por dos a cero”.
Hay que explicar que en la contienda por el scudetto, es decir, el campeonato del calcio italiano, hay dos escuadras que pelean el primer puesto: Roma e Internazionale. La diferencia de puntos es mínima, por lo que cada partido resulta importantísimo para ambos equipos.
El problema es que entre Roma y Lazio existe una rivalidad que francamente se puede definir como odio, y precisamente por este motivo el partido jugado el domingo 2 de mayo ha suscitado comentarios y protestas airadas de parte de los directivos del equipo romano. Los aficionados del Lazio aplaudieron los dos goles de la escuadra rival y aparentemente los jugadores laziales no hicieron nada para contrarrestar el ataque nerazzuro.
Por esta situación, lo menos que se ha dicho es que el campeonato de futbol ha perdido todo su valor y su espíritu de competencia.
Para quien se sorprenda por el argumento que estoy tratando, poco habitual en este espacio, voy directamente a la parte que considero no solamente absurda, sino hasta ridícula y fuera de tono. No cuentan en este caso las preferencias personales, -soy interista de hueso colorado- sino los hechos concretos.
Resulta que lo ocurrido durante el partido del domingo se ha convertido ni más ni menos que en un caso político. Tal cual.
Y es que nuestros amados y respetabilísimos representantes populares estuvieron a punto de iniciar lo que se conoce como una “interrogación parlamentaria”. Los senadores del Partido Democrático decidieron que era conveniente anunciar una interrogación, que técnicamente se define como “una pregunta que uno o más miembros del Parlamento italiano dirige ya sea a todo el gobierno o a un solo ministro con el fin de ser informados acerca de la veracidad de un hecho o de una noticia y acerca de las medidas que el gobierno propondrá o adoptará al respecto”.
De esta manera, los senadores del mencionado partido de izquierda señalaron que “hasta hace poco tiempo los últimos partidos del campeonato italiano de la Serie A se desarrollaban obligatoriamente en forma simultánea, para evitar que los equipos tuvieran ventajas derivadas de conocer los resultados de otros encuentros que podrían influir en el desarrollo del torneo, sea en consideración de la carrera por el scudetto o a la posibilidad de retroceder a la Serie B. Actualmente, en cambio, en consideración de los intereses de las televisoras que pretenden maximizar la audiencia distribuyendo los partidos en diferentes horarios, los encuentros de las últimas y decisivas jornadas no siguen ese criterio lógico con consecuencias sobre la lealtad deportiva. Interrogamos por lo tanto al presidente del Consejo de Ministros si que esta situación no altera la regularidad del campeonato italiano".
Increíble. Casi alucinante. Ahora resulta que los senadores del país de la bota se están preocupando por el sistema de competencia del futbol, están desperdiciando tiempo y energía discutiendo acerca de la legitimidad de un partido polémico, en lugar de ocuparse de situaciones serias y trascendentes.
Mientras los diputados se rasgan las vestiduras por el futbol, el Istat (Instituto Nacional de Estadística) informa que la tasa de desempleo del mes de marzo ha aumentado al 8.8 por ciento, contra el 8.6 de febrero, lo que representa un récord importante, porque se trata de la cifra más alarmante desde el año 2002. Y para esto, no hay una interrogación parlamentaria, aunque más bien la interrogación deberíamos hacerla los ciudadanos.
Tampoco se les ha ocurrido a los queridos representantes populares que aparte del calcio, los comunes mortales tenemos un problema cotidiano: el nuevo aumento de precio de gasolina y diesel, que representa un gasto adicional de 170 euros anuales para cada familia italiana. Pero de eso, nadie pregunta nada.
Y de igual manera, no hay interrogaciones hacia el caso vergonzoso del ministro de desarrollo económico, Claudio Scajola, que ha sido descubierto en una obscura operación por la cual habría recibido sin darse cuenta un departamento con vista al Coliseo de Roma por la módica cifra de 900 mil euros.
Los senadores se escandalizan por los resultados de un partido de futbol. Les preocupa seriamente el circo, dado que no tienen más pan para darle al pueblo. Y así actúan irracionalmente en nombre del “espíritu deportivo”.
Siento herir su espíritu de Fair Play, pero sinceramente no les pagamos para eso.
El buen juez por su casa empieza, y en lugar de sermonear y hacer escándalos por el desarrollo de las competencias deportivas, los parlamentarios italianos deberían enfrentarse a su trabajo cotidiano y a sus verdaderas obligaciones.
El caso ridículo ahí queda, como una prueba más de que también en los países que se autodenominan desarrollados la clase política es una de las mayores desgracias a las que los ciudadanos de a pie nos tenemos que enfrentar.
Lo malo es que teóricamente en una sociedad democrática esa desgracia nos la buscamos solos cuando nos equivocamos eligiendo y sosteniendo a los parásitos que viven (y muy bien) gracias a nuestros impuestos, es decir, gracias a nuestro trabajo. Qué vergüenza. Lo malo es que como ciudadana común, yo no tengo a quién interrogar...
05 de mayo, 2010
Cada vez que encuentro información extraña, que se aleja de cualquier forma de raciocinio, que cae en el absurdo, la única expresión que me viene a la mente es “¡qué situación surreal!”. Pienso que estoy soñando, y es precisamente esa sensación onírica la que me permite hablar de surrealismo.
A decir verdad, encuentro exageradas ciertas actitudes absurdas por parte de los poderosos enmedio de una crisis global tan seria como la que estamos viviendo.
Serán los tiempos que corren, será que hay momentos en que algunos piensan que es mejor trivializar la realidad y hacerla un poco más ligera. Será que la misión de los medios de comunicación es exactamente distraer a la masa y provocar discusiones bizantinas que quiten la atención y la preocupación de los ciudadanos por los asuntos que son realmente importantes.
Voy al grano. Esta vez los diarios y los noticiarios de toda la península itálica se han ocupado durante horas de un asunto que raya en la banalidad. Se trata del resultado del encuentro de futbol entre los equipos Internazionale de Milán y Lazio.
Los medios refieren que “en un partido surreal, que tuvo una intensidad inferior hasta a la de un amistoso de pretemporada, Inter le ganó de visitante a Lazio por dos a cero”.
Hay que explicar que en la contienda por el scudetto, es decir, el campeonato del calcio italiano, hay dos escuadras que pelean el primer puesto: Roma e Internazionale. La diferencia de puntos es mínima, por lo que cada partido resulta importantísimo para ambos equipos.
El problema es que entre Roma y Lazio existe una rivalidad que francamente se puede definir como odio, y precisamente por este motivo el partido jugado el domingo 2 de mayo ha suscitado comentarios y protestas airadas de parte de los directivos del equipo romano. Los aficionados del Lazio aplaudieron los dos goles de la escuadra rival y aparentemente los jugadores laziales no hicieron nada para contrarrestar el ataque nerazzuro.
Por esta situación, lo menos que se ha dicho es que el campeonato de futbol ha perdido todo su valor y su espíritu de competencia.
Para quien se sorprenda por el argumento que estoy tratando, poco habitual en este espacio, voy directamente a la parte que considero no solamente absurda, sino hasta ridícula y fuera de tono. No cuentan en este caso las preferencias personales, -soy interista de hueso colorado- sino los hechos concretos.
Resulta que lo ocurrido durante el partido del domingo se ha convertido ni más ni menos que en un caso político. Tal cual.
Y es que nuestros amados y respetabilísimos representantes populares estuvieron a punto de iniciar lo que se conoce como una “interrogación parlamentaria”. Los senadores del Partido Democrático decidieron que era conveniente anunciar una interrogación, que técnicamente se define como “una pregunta que uno o más miembros del Parlamento italiano dirige ya sea a todo el gobierno o a un solo ministro con el fin de ser informados acerca de la veracidad de un hecho o de una noticia y acerca de las medidas que el gobierno propondrá o adoptará al respecto”.
De esta manera, los senadores del mencionado partido de izquierda señalaron que “hasta hace poco tiempo los últimos partidos del campeonato italiano de la Serie A se desarrollaban obligatoriamente en forma simultánea, para evitar que los equipos tuvieran ventajas derivadas de conocer los resultados de otros encuentros que podrían influir en el desarrollo del torneo, sea en consideración de la carrera por el scudetto o a la posibilidad de retroceder a la Serie B. Actualmente, en cambio, en consideración de los intereses de las televisoras que pretenden maximizar la audiencia distribuyendo los partidos en diferentes horarios, los encuentros de las últimas y decisivas jornadas no siguen ese criterio lógico con consecuencias sobre la lealtad deportiva. Interrogamos por lo tanto al presidente del Consejo de Ministros si que esta situación no altera la regularidad del campeonato italiano".
Increíble. Casi alucinante. Ahora resulta que los senadores del país de la bota se están preocupando por el sistema de competencia del futbol, están desperdiciando tiempo y energía discutiendo acerca de la legitimidad de un partido polémico, en lugar de ocuparse de situaciones serias y trascendentes.
Mientras los diputados se rasgan las vestiduras por el futbol, el Istat (Instituto Nacional de Estadística) informa que la tasa de desempleo del mes de marzo ha aumentado al 8.8 por ciento, contra el 8.6 de febrero, lo que representa un récord importante, porque se trata de la cifra más alarmante desde el año 2002. Y para esto, no hay una interrogación parlamentaria, aunque más bien la interrogación deberíamos hacerla los ciudadanos.
Tampoco se les ha ocurrido a los queridos representantes populares que aparte del calcio, los comunes mortales tenemos un problema cotidiano: el nuevo aumento de precio de gasolina y diesel, que representa un gasto adicional de 170 euros anuales para cada familia italiana. Pero de eso, nadie pregunta nada.
Y de igual manera, no hay interrogaciones hacia el caso vergonzoso del ministro de desarrollo económico, Claudio Scajola, que ha sido descubierto en una obscura operación por la cual habría recibido sin darse cuenta un departamento con vista al Coliseo de Roma por la módica cifra de 900 mil euros.
Los senadores se escandalizan por los resultados de un partido de futbol. Les preocupa seriamente el circo, dado que no tienen más pan para darle al pueblo. Y así actúan irracionalmente en nombre del “espíritu deportivo”.
Siento herir su espíritu de Fair Play, pero sinceramente no les pagamos para eso.
El buen juez por su casa empieza, y en lugar de sermonear y hacer escándalos por el desarrollo de las competencias deportivas, los parlamentarios italianos deberían enfrentarse a su trabajo cotidiano y a sus verdaderas obligaciones.
El caso ridículo ahí queda, como una prueba más de que también en los países que se autodenominan desarrollados la clase política es una de las mayores desgracias a las que los ciudadanos de a pie nos tenemos que enfrentar.
Lo malo es que teóricamente en una sociedad democrática esa desgracia nos la buscamos solos cuando nos equivocamos eligiendo y sosteniendo a los parásitos que viven (y muy bien) gracias a nuestros impuestos, es decir, gracias a nuestro trabajo. Qué vergüenza. Lo malo es que como ciudadana común, yo no tengo a quién interrogar...
miércoles, 14 de abril de 2010
Elecciones regionales en Italia... un paso hacia la nueva dictadura?
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
14 de abril, 2010
Al momento de escribir estas líneas me doy cuenta de que podría haberlo hecho de la misma manera antes de que todo ocurriera, en una especie de artículo profético y sin lugar a dudas habría acertado.
Las elecciones regionales en Italia, que se efectuaron el domingo 28 y el lunes 29 de marzo han arrojado un resultado que sin ser una maga o una vidente, una servidora conocía ya: abstencionismo récord y triunfo de Berlusconi.
No se necesita ser un profundo conocedor de la política. Tampoco es necesario ser un analista cesudo de esos que descubren el hilo negro y llenan todos los espacios mediáticos para saber que los ciudadanos italianos están literalmente hartos de sus políticos de ínfima categoría y como lógica represalia han decidido sencillamente no participar en los comicios.
Lo malo es que entre el abstencionismo y la falta de confianza en una oposición tibia y complaciente, los italianos terminaron favoreciendo a su maravilloso y ejemplar premier, Silvio Berlusconi, y a la neo fascista Lega Nord.
De las 13 regiones italianas en las que celebraron comicios, la agrupación de centro-derecha del primer ministro triunfó en un total de seis, cuatro más que en las elecciones anteriores.
Lazio -que incluye la capital del país, Roma- y Piamonte, importante región del norte cuya capital es Turín son dos de las regiones donde la derecha Berlusconiana obtuvo triunfos más que significativos.
Además, las sureñas Campania -cuya capital es Nápoles- y Calabria favorecieron a la derecha, en unas elecciones donde la gran vencedora fue la apatía y donde los electores italianos manifestaron su profunda desilusión.
La participación ciudadana fue la más baja en los últimos quince años. Sólo un 64% de los 41 millones de italianos habilitados para votar pasaron por las urnas, un 8% menos que en las elecciones regionales del 2005.
Como en Francia, -donde hace un par de semanas los ciudadanos dieron un fuerte golpe a Nicolás Sarkosy- se impuso el abstencionismo también en Italia. La diferencia es que quienes allá acudieron a votar, prácticamente resucitaron al partido socialista, dejando al polémico gobernante con un palmo de narices, puesto que solamente una de las regiones del país Galo será gobernada por la derecha.
Ni hablar, Italia no siguió el ejemplo de sus vecinos y demostró con ello que es un país conservador que definitivamente no está apreniendo la lección y por el contrario, sigue dejando en manos de un solo hombre prácticamente todo el poder.
Ni los escándalos contínuos del último año han hecho cambiar el ánimo de los habitantes del país de la bota. En definitiva, no les importa si Berlusconi se ha convertido casi en un dictador que pretende a toda costa manejar a su antojo las conciencias y hasta modificar las leyes a su conveniencia.
Al final, le han permitido no solamente mantener las regiones donde su partido ya gobernaba, sino que además han ampliado su esfera de poder, dándole la posibilidad de que los representantes de su partido tengan en sus manos el destino de regiones tan importantes como Lazio y Piamonte.
Y es digno de mencionar lo ocurrido en Piamonte, donde la victoria de la derecha por una mínima diferencia tiene que ver con la presencia de un “tercero en discordia”, el llamado Movimiento Cinco Estrellas, promovido por el cómico de izquierda Beppe Grillo, que ha conquistado los votos suficientes como para quitarle puntos porcentuales a Mercedes Bresso, la candidata de la coalición que realmente estaba dando batalla a la derecha, representada por Roberto Cota, candidato de la Lega Nord.
El Piamonte ha sido el mejor ejemplo de que existe realmente el llamado “voto útil”, pues dar la preferencia a un mini partido ayudó indudablemente a la derecha a conquistar con un mínimo margen la presidencia de la Región.
Y en Campania sorprende ver que la candidata más votada de Italia ha sido la ministra Mara Carfagna, la ex vedette que ha llegado a ser la titular del Ministerio de la igualdad de oportunidades cuyo único mérito, aparte de la belleza física es ser una gran amiga del premier Berlusconi.
Ni hablar. Sinceramente uno se queda sin palabras cuando escucha el discurso triunfal de Berlusca que habla de que en estas elecciones “el amor ha vencido al odio y a la envidia”.
Personalmente no lo llamo amor. Pero dejo a los lectores las conclusiones que consideren pertinentes. No pienso que exista un país europeo más conservador que Italia. Tampoco pienso que el gobierno de Berlusconi esté llevando a mejorar las condiciones de vida de la mayoría.
Lo que creo es que hace falta una oposición fuerte y real que lleve a las urnas a la gente pensante. Hace falta una verdadera esperanza de cambio y movimiento, antes de que la bota itálica termine por revivir los tiempos de la dictadura.
14 de abril, 2010
Al momento de escribir estas líneas me doy cuenta de que podría haberlo hecho de la misma manera antes de que todo ocurriera, en una especie de artículo profético y sin lugar a dudas habría acertado.
Las elecciones regionales en Italia, que se efectuaron el domingo 28 y el lunes 29 de marzo han arrojado un resultado que sin ser una maga o una vidente, una servidora conocía ya: abstencionismo récord y triunfo de Berlusconi.
No se necesita ser un profundo conocedor de la política. Tampoco es necesario ser un analista cesudo de esos que descubren el hilo negro y llenan todos los espacios mediáticos para saber que los ciudadanos italianos están literalmente hartos de sus políticos de ínfima categoría y como lógica represalia han decidido sencillamente no participar en los comicios.
Lo malo es que entre el abstencionismo y la falta de confianza en una oposición tibia y complaciente, los italianos terminaron favoreciendo a su maravilloso y ejemplar premier, Silvio Berlusconi, y a la neo fascista Lega Nord.
De las 13 regiones italianas en las que celebraron comicios, la agrupación de centro-derecha del primer ministro triunfó en un total de seis, cuatro más que en las elecciones anteriores.
Lazio -que incluye la capital del país, Roma- y Piamonte, importante región del norte cuya capital es Turín son dos de las regiones donde la derecha Berlusconiana obtuvo triunfos más que significativos.
Además, las sureñas Campania -cuya capital es Nápoles- y Calabria favorecieron a la derecha, en unas elecciones donde la gran vencedora fue la apatía y donde los electores italianos manifestaron su profunda desilusión.
La participación ciudadana fue la más baja en los últimos quince años. Sólo un 64% de los 41 millones de italianos habilitados para votar pasaron por las urnas, un 8% menos que en las elecciones regionales del 2005.
Como en Francia, -donde hace un par de semanas los ciudadanos dieron un fuerte golpe a Nicolás Sarkosy- se impuso el abstencionismo también en Italia. La diferencia es que quienes allá acudieron a votar, prácticamente resucitaron al partido socialista, dejando al polémico gobernante con un palmo de narices, puesto que solamente una de las regiones del país Galo será gobernada por la derecha.
Ni hablar, Italia no siguió el ejemplo de sus vecinos y demostró con ello que es un país conservador que definitivamente no está apreniendo la lección y por el contrario, sigue dejando en manos de un solo hombre prácticamente todo el poder.
Ni los escándalos contínuos del último año han hecho cambiar el ánimo de los habitantes del país de la bota. En definitiva, no les importa si Berlusconi se ha convertido casi en un dictador que pretende a toda costa manejar a su antojo las conciencias y hasta modificar las leyes a su conveniencia.
Al final, le han permitido no solamente mantener las regiones donde su partido ya gobernaba, sino que además han ampliado su esfera de poder, dándole la posibilidad de que los representantes de su partido tengan en sus manos el destino de regiones tan importantes como Lazio y Piamonte.
Y es digno de mencionar lo ocurrido en Piamonte, donde la victoria de la derecha por una mínima diferencia tiene que ver con la presencia de un “tercero en discordia”, el llamado Movimiento Cinco Estrellas, promovido por el cómico de izquierda Beppe Grillo, que ha conquistado los votos suficientes como para quitarle puntos porcentuales a Mercedes Bresso, la candidata de la coalición que realmente estaba dando batalla a la derecha, representada por Roberto Cota, candidato de la Lega Nord.
El Piamonte ha sido el mejor ejemplo de que existe realmente el llamado “voto útil”, pues dar la preferencia a un mini partido ayudó indudablemente a la derecha a conquistar con un mínimo margen la presidencia de la Región.
Y en Campania sorprende ver que la candidata más votada de Italia ha sido la ministra Mara Carfagna, la ex vedette que ha llegado a ser la titular del Ministerio de la igualdad de oportunidades cuyo único mérito, aparte de la belleza física es ser una gran amiga del premier Berlusconi.
Ni hablar. Sinceramente uno se queda sin palabras cuando escucha el discurso triunfal de Berlusca que habla de que en estas elecciones “el amor ha vencido al odio y a la envidia”.
Personalmente no lo llamo amor. Pero dejo a los lectores las conclusiones que consideren pertinentes. No pienso que exista un país europeo más conservador que Italia. Tampoco pienso que el gobierno de Berlusconi esté llevando a mejorar las condiciones de vida de la mayoría.
Lo que creo es que hace falta una oposición fuerte y real que lleve a las urnas a la gente pensante. Hace falta una verdadera esperanza de cambio y movimiento, antes de que la bota itálica termine por revivir los tiempos de la dictadura.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Patrones a la italiana
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
11 de noviembre, 2009
Esta semana escribo luego de reflexionar largamente acerca del comentario de una persona que vive en México, relativo a la creencia de que Italia, por ser un país que pertenece al (mal) llamado primer mundo está exenta de crisis y de problemas sociales como los que se viven en mi país de origen.
La verdad es que cuando escucho ciertas apreciaciones, no puedo más que callar para no discutir. Es como si de repente todos los sufrimientos, los problemas, los dolores económicos, políticos y sociales se concentraran en México, mientras que todo el bienestar y el desarrollo estuvieran del otro lado del Atlántico, en la vieja e idealizada Europa.
Señores: no todo lo que brilla es oro.
Me permito ahora citar un caso que me toca de cerquita. Me excuso anticipadamente por hablar de mí, pero en este espacio considero necesario exponer una situación que me toca directamente y que tiene al borde de la desesperación al menos a siete mil personas en el territorio italiano.
Antes que nada, explico que dada la situación de carencia de oportunidades laborales que se vive en este país, que no es muy diferente a la realidad mexicana, me he visto obligada a trabajar en un call center, vendiendo al teléfono vino italiano en Inglaterra.
El trabajo de vendedora no es desagradable en sí mismo, digamos que mientras era posible trabajar por comisión era una actividad bien remunerada. Por un trabajo de tres horas y media diarias se podían alcanzar ingresos de hasta mil 500 euros mensuales (alrededor de 27 mil pesos). Obviamente, con un contrato como ese, que entre otras cosas es obligatoriamente a tiempo determinado, quedan excluídas todas las prestaciones que tiene un dependiente. Es decir: nada de incapacidades por enfermedad, cero aguinaldo y de las vacaciones ni hablar.
Nada de sueldo base. Pero por un salario así, se puede perdonar la situación. Lástima que la empresa a partir de enero de 2009, con el pretexto de la crisis económica haya decidido que los contratos por comisión ya no eran convenientes y haya obligado a los colaboradores a firmar contratos por un salario mensual de 580 euros, aunque contando con las prestaciones que antes no tenían. Esto quiere decir que una vez eliminadas las comisiones, se perciben solamente siete euros por hora de trabajo, lo que implica una pérdida considerable en cuanto a ingresos y una vergüenza porque se trata de una retribución francamente ridícula en un país donde no hay dinero que alcance para mantener un nivel de vida al menos digno.
Para quienes se pregunten cómo funciona un call center en Italia, basta decir que se trata de un enorme espacio lleno de computadoras y audífonos. Un lugar cuyas condiciones de higiénicas dejan sinceramente mucho por desear.
Es una enorme sala que a veces, en una palabra, apesta, donde practicamente nadie tiene un lugar fijo asignado. Un lugar donde unos cuantos jovencitos altaneros, nombrados supervisores por algún misterio indescifrable, cumplen su papel de capataces y cada que recuerdan se ponen a gritar a todo pulmón: “¡vaaamos, muchachos!” en un intento inútil por parecer simpáticos y estimular la producción.
Es un sitio lleno de vendedores sin rostro y sin nombre, donde el eventual placer momentáneo del comercio a distancia termina cuando el supervisor inicia la prédica: “¡Hemos vendido muy poco! ¡La empresa requiere dinero!”
Lo malo es que la compañía insiste en obligar a los empleados a llamar a las mismas personas que una semana antes ya dijeron que no quieren comprar o simplemente no desean ser molestadas. El call center italiano promedio es simplemente un moderno centro de esclavitud. Y no exagero.
Pero es la nueva realidad en el país. Es trabajo precario que no ofrece un futuro cierto a los miles de jóvenes, amas de casa y hombres en edad productiva que se ven orillados a tomar ese empleo porque en el mercado laboral del país no hay una oferta alentadora.
Dentro del universo de los trabajos a tiempo determinado, que en nuestros días son prácticamente la única opción en Italia, el call center es una de las posibilidades menos terribles, pero es, de cualquier manera, un trabajo monótono, que exige concentración y nervios de acero, a cambio de cero posibilidades de realización personal, salario bajo y ninguna prestación.
La empresa llamada Phonemedia, tiene en Italia 13 call centers, y cuenta con alrededor de 7 mil empleados en todo el territorio italiano. No obstante se trate de una compañía más bien importante, ha complicado la situación de sus asalariados desde enero de este año.
El inicio fue anunciar que era necesario “hacer un esfuerzo” y aceptar que el sueldo mensual fuese dividido en dos, contrariamente a la costumbre de recibir el total en una sola entrega.
Las fechas definidas por la propia empresa para erogar el salario poco a poco comenzaron a no ser respetadas, lo que propició un descontento que con el tiempo se convirtió en auténtico enojo, cuando en agosto el sacrosanto sueldo dejó de llegar. Hasta la fecha simplemente no se ha hecho la luz.
Y fue ahí cuando se destapó la cloaca. El emprendedor Fabrizio Cazzago decidió finalmente vender su negocio, Phonemedia, a un grupo cuyo origen nadie conoce: Omega, que al parecer tiene como misión rescatar las empresas al borde de la quiebra con el fin de llevarlas al punto del recorte primero y del cierre después.
Toda una estrategia que permite tomar toda la liquidez de las empresas que son compradas y deshacerse de lo que no sirve, en este caso los empleados, para después declararse en quiebra. Así de sencillo.
La agitación prevalece en todas las sedes de Phonemedia, donde de norte a sur se registran paros, huelgas, manifestaciones y plantones. Es tal la desesperación que se vive, que se han suscitado casos de empleados que se han presentado en su lugar de trabajo, cuchillo en mano, exigiendo el pago de los dos meses de salario que no han recibido, porque obviamente no pueden más con el estrés y tienen necesidades inmediatas por satisfacer, como dar de comer a sus hijos o pagar los servicios o la renta.
Hasta ahora, solamente ha sido posible arrancar a los nuevos dueños la promesa de que los dos meses de sueldo que los trabajadores no han recibido llegarán en abonos facilitos los días 10, 20 y 30 de noviembre. Si no... huelga permanente y ocupación de las instalaciones.
Toda esta historia que hoy me permito contar es solamente una pequeña parte de la realidad que se vive en un país de primer mundo. Para quien piense que solamente se sufre en América Latina. En todos lados se cuecen habas.
Esta vez no he hablado de Berlusconi, ni de televisión, ni de políticos ni de temas lejanos a la vida cotidiana. Hoy he hablado de una historia cercana, difícil, dolorosa. Porque mirar la desesperación en los ojos de mis compañeros de trabajo, saber que sufren la angustia de ver pisoteada su dignidad y tienen miedo de un futuro incierto me parece importante.
Y me parece importante también que quienes tienen la paciencia de seguir este espacio se den cuenta de que en el fondo, no hay mucha diferencia entre los problemas que se viven en un país como Italia y aquéllos que aquejan a los mexicanos.
Hay momentos en que pienso que el primer mundo no existe, que es más bien una creación del imaginario colectivo.
Sé de buena fuente que otras naciones como Alemania, Francia e incluso Inglaterra tienen problemas similares al que acabo de relatarles, en que el trabajo precario y/o el desempleo están haciendo estragos.
A fin de cuentas, llego a la conclusión de que el sufrimiento es universal. La injusticia, por desgracia, también. Esa es la verdadera crisis. No la que se difunde en los medios, la que para algunos ya pasó y para otros nunca se ha ido desde hace años. Y que la situación cambie probablemente sólo está en las manos de nosotros, la gente común de aquí y de allá.
11 de noviembre, 2009
Esta semana escribo luego de reflexionar largamente acerca del comentario de una persona que vive en México, relativo a la creencia de que Italia, por ser un país que pertenece al (mal) llamado primer mundo está exenta de crisis y de problemas sociales como los que se viven en mi país de origen.
La verdad es que cuando escucho ciertas apreciaciones, no puedo más que callar para no discutir. Es como si de repente todos los sufrimientos, los problemas, los dolores económicos, políticos y sociales se concentraran en México, mientras que todo el bienestar y el desarrollo estuvieran del otro lado del Atlántico, en la vieja e idealizada Europa.
Señores: no todo lo que brilla es oro.
Me permito ahora citar un caso que me toca de cerquita. Me excuso anticipadamente por hablar de mí, pero en este espacio considero necesario exponer una situación que me toca directamente y que tiene al borde de la desesperación al menos a siete mil personas en el territorio italiano.
Antes que nada, explico que dada la situación de carencia de oportunidades laborales que se vive en este país, que no es muy diferente a la realidad mexicana, me he visto obligada a trabajar en un call center, vendiendo al teléfono vino italiano en Inglaterra.
El trabajo de vendedora no es desagradable en sí mismo, digamos que mientras era posible trabajar por comisión era una actividad bien remunerada. Por un trabajo de tres horas y media diarias se podían alcanzar ingresos de hasta mil 500 euros mensuales (alrededor de 27 mil pesos). Obviamente, con un contrato como ese, que entre otras cosas es obligatoriamente a tiempo determinado, quedan excluídas todas las prestaciones que tiene un dependiente. Es decir: nada de incapacidades por enfermedad, cero aguinaldo y de las vacaciones ni hablar.
Nada de sueldo base. Pero por un salario así, se puede perdonar la situación. Lástima que la empresa a partir de enero de 2009, con el pretexto de la crisis económica haya decidido que los contratos por comisión ya no eran convenientes y haya obligado a los colaboradores a firmar contratos por un salario mensual de 580 euros, aunque contando con las prestaciones que antes no tenían. Esto quiere decir que una vez eliminadas las comisiones, se perciben solamente siete euros por hora de trabajo, lo que implica una pérdida considerable en cuanto a ingresos y una vergüenza porque se trata de una retribución francamente ridícula en un país donde no hay dinero que alcance para mantener un nivel de vida al menos digno.
Para quienes se pregunten cómo funciona un call center en Italia, basta decir que se trata de un enorme espacio lleno de computadoras y audífonos. Un lugar cuyas condiciones de higiénicas dejan sinceramente mucho por desear.
Es una enorme sala que a veces, en una palabra, apesta, donde practicamente nadie tiene un lugar fijo asignado. Un lugar donde unos cuantos jovencitos altaneros, nombrados supervisores por algún misterio indescifrable, cumplen su papel de capataces y cada que recuerdan se ponen a gritar a todo pulmón: “¡vaaamos, muchachos!” en un intento inútil por parecer simpáticos y estimular la producción.
Es un sitio lleno de vendedores sin rostro y sin nombre, donde el eventual placer momentáneo del comercio a distancia termina cuando el supervisor inicia la prédica: “¡Hemos vendido muy poco! ¡La empresa requiere dinero!”
Lo malo es que la compañía insiste en obligar a los empleados a llamar a las mismas personas que una semana antes ya dijeron que no quieren comprar o simplemente no desean ser molestadas. El call center italiano promedio es simplemente un moderno centro de esclavitud. Y no exagero.
Pero es la nueva realidad en el país. Es trabajo precario que no ofrece un futuro cierto a los miles de jóvenes, amas de casa y hombres en edad productiva que se ven orillados a tomar ese empleo porque en el mercado laboral del país no hay una oferta alentadora.
Dentro del universo de los trabajos a tiempo determinado, que en nuestros días son prácticamente la única opción en Italia, el call center es una de las posibilidades menos terribles, pero es, de cualquier manera, un trabajo monótono, que exige concentración y nervios de acero, a cambio de cero posibilidades de realización personal, salario bajo y ninguna prestación.
La empresa llamada Phonemedia, tiene en Italia 13 call centers, y cuenta con alrededor de 7 mil empleados en todo el territorio italiano. No obstante se trate de una compañía más bien importante, ha complicado la situación de sus asalariados desde enero de este año.
El inicio fue anunciar que era necesario “hacer un esfuerzo” y aceptar que el sueldo mensual fuese dividido en dos, contrariamente a la costumbre de recibir el total en una sola entrega.
Las fechas definidas por la propia empresa para erogar el salario poco a poco comenzaron a no ser respetadas, lo que propició un descontento que con el tiempo se convirtió en auténtico enojo, cuando en agosto el sacrosanto sueldo dejó de llegar. Hasta la fecha simplemente no se ha hecho la luz.
Y fue ahí cuando se destapó la cloaca. El emprendedor Fabrizio Cazzago decidió finalmente vender su negocio, Phonemedia, a un grupo cuyo origen nadie conoce: Omega, que al parecer tiene como misión rescatar las empresas al borde de la quiebra con el fin de llevarlas al punto del recorte primero y del cierre después.
Toda una estrategia que permite tomar toda la liquidez de las empresas que son compradas y deshacerse de lo que no sirve, en este caso los empleados, para después declararse en quiebra. Así de sencillo.
La agitación prevalece en todas las sedes de Phonemedia, donde de norte a sur se registran paros, huelgas, manifestaciones y plantones. Es tal la desesperación que se vive, que se han suscitado casos de empleados que se han presentado en su lugar de trabajo, cuchillo en mano, exigiendo el pago de los dos meses de salario que no han recibido, porque obviamente no pueden más con el estrés y tienen necesidades inmediatas por satisfacer, como dar de comer a sus hijos o pagar los servicios o la renta.
Hasta ahora, solamente ha sido posible arrancar a los nuevos dueños la promesa de que los dos meses de sueldo que los trabajadores no han recibido llegarán en abonos facilitos los días 10, 20 y 30 de noviembre. Si no... huelga permanente y ocupación de las instalaciones.
Toda esta historia que hoy me permito contar es solamente una pequeña parte de la realidad que se vive en un país de primer mundo. Para quien piense que solamente se sufre en América Latina. En todos lados se cuecen habas.
Esta vez no he hablado de Berlusconi, ni de televisión, ni de políticos ni de temas lejanos a la vida cotidiana. Hoy he hablado de una historia cercana, difícil, dolorosa. Porque mirar la desesperación en los ojos de mis compañeros de trabajo, saber que sufren la angustia de ver pisoteada su dignidad y tienen miedo de un futuro incierto me parece importante.
Y me parece importante también que quienes tienen la paciencia de seguir este espacio se den cuenta de que en el fondo, no hay mucha diferencia entre los problemas que se viven en un país como Italia y aquéllos que aquejan a los mexicanos.
Hay momentos en que pienso que el primer mundo no existe, que es más bien una creación del imaginario colectivo.
Sé de buena fuente que otras naciones como Alemania, Francia e incluso Inglaterra tienen problemas similares al que acabo de relatarles, en que el trabajo precario y/o el desempleo están haciendo estragos.
A fin de cuentas, llego a la conclusión de que el sufrimiento es universal. La injusticia, por desgracia, también. Esa es la verdadera crisis. No la que se difunde en los medios, la que para algunos ya pasó y para otros nunca se ha ido desde hace años. Y que la situación cambie probablemente sólo está en las manos de nosotros, la gente común de aquí y de allá.
jueves, 5 de noviembre de 2009
El moderno concepto de belleza
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
04 de noviembre, 2009
Esta semana me permito retomar un asunto que hace mucho tiempo, probablemente en mis primeras colaboraciones ya expuse. En realidad no se trata de un refrito, ni de un remix de mis propias ideas. Es solamente la seria y sincera preocupación de una mujer de cuarenta años que durante su vida ha tenido la posibilidad de ver cambiar la forma de concebir y conseguir la belleza.
El concepto de estética se ha transformado seriamente. Basta ver las viejas fotografías y la antigüa publicidad para observar tranquilamente la evolución.
Pero además, hoy veo con interés y sorpresa que ser físicamente atractivo es importante para hombres y mujeres por igual. No es en vano que proliferen los chicos metrosexuales, a quienes todavía no termino de comprender, pero que desde mi punto de vista con su preocupación por mantenerse en forma ayudan a mover la economía, mientras consumen todos los productos cosméticos habidos y por haber, frecuentan los gimnasios y siguen todos los rituales que creen necesarios para mantener su atractivo.
En realidad no tengo problemas para aceptar que todos tenemos derecho a vernos y sentirnos bien, porque conservarnos en buena forma estéticamente hablando es también una manera de aumentar nuestro nivel de autoestima, que buena falta nos hace, especialmente en tiempos como estos, en que la crisis en algunos momentos hace que nuestro ánimo esté por los suelos.
Hasta ahí, todo está bien. Lo malo es cuando me toca encontrarme con información que me desconcierta y me preocupa seriamente. El diario italiano Corriere della Sera, en su edición on line publica un artículo que no puedo pasar por alto.
De acuerdo con un estudio realizado en Inglaterra, una de cada dos mujeres jóvenes está dispuesta a recurrir a la cirugía plástica, dice el Corriere.
La información publicada señala los resultados de una encuesta: al 50 por ciento de las chicas entre 16 y 21 años no le desagrada la idea de someterse a una operación que las vuelva más delgadas o más atractivas.
Ya el hecho de pensar en el concepto de “delgadez” que tienen las jovencitas de hoy me pone a temblar. En pocas palabras, si no se es un esqueleto, no hay muchas posibilidades de obtener la aceptación y el éxito social, tan importante para las chicas.
Gracias a los medios de comunicación y a causa de la publicidad, el concepto colectivo de belleza se ha globalizado y en realidad, los mismos graves problemas de anorexia y de bulimia que sufren las italianas, los padecen las mexicanas, las rusas, las estadunidenses, etc. etc. etc.
Es una verdadera pandemia, entendida en su sentido literal: una “enfermedad de todo el pueblo”. Una infección propagada por los medios que parece no tener cura, no obstante los esfuerzos de algunos países como Italia o España, que han tomado medidas importantes, como exigir que en las pasarelas más renombradas desfilen modelos cuyo físico se acerque más a la normalidad y sobre todo a la salud.
Pero ni hablar, no hay nada por hacer cuando la obsesión de las muchachitas no es otra que la de ser como las mujeres famosas cuya imagen ven por todos lados.
Retomando el artículo del Corriere, me entero de que el estudio realizado en Inglaterra consideró una muestra de más allá de mil niñas y jóvenes entre los 7 y los 21 años, que en su mayoría revelaron sentirse insatisfechas de la propia imagen y estar dispuestas a someterse a liposucción, tratamientos láser y cirugía plástica para retocarse y verse mejor.
Lo más difícil de aceptar es que la mitad de las encuestadas más jóvenes tenga tan fuerte tendencia a la no aceptación. La incapacidad de apreciarse tal cual se es a edad tan temprana no puede ser otra cosa que el resultado del bombardeo constante de información equivocada.
Todo enfocado hacia el consumismo en una sociedad que no perdona ni siquiera a los pequeños, que de repente tienen necesidades que las generaciones anteriores no teníamos.
Porque honestamente: ¿qué necesidad tiene una niña de usar -por ejemplo- un celular, inscribirse en Facebook y vestir a la última moda? Todas necesidades creadas y conectadas directamente con la necesidad de aceptación.
Una joven podría crecer tranquilamente sin tales accesorios y posiblemente sería más sana, más feliz y sobre todo, no sentiría el irrefrenable impulso de ser de tal o cual manera para lograr el favor de sus coetáneos.
El problema es que potencialmente las chicas que hoy simplemente sueñan con tener acceso a los tratamientos que las volverán más lindas, seguirán dando un valor excesivo a la imagen y llegarán a obsesionarse a tal grado que terminarán por recurrir no a los cirujanos plásticos profesionales, porque en general no serán accesibles para ellas, sino a cualquier individuo que les ofrezca el servicio a bajo costo, no obstante los riesgos que puedan correr.
Es una cuestión más seria de lo que pensamos. Porque en realidad más de una persona podría resultar víctima de los falsos profesionistas que sin el menos escrúpulo arruinan la vida de quienes ingenuamente caen en sus manos.
Ya que los gobiernos de todos los niveles y de casi todos los países gastan cantidades importantes en difundir todo lo que se les viene a la mente, me pregunto por qué hasta ahora no he encontrado una sola campaña oficial que se ocupe de alertar primero a los padres y luego a las mismas jóvenes.
La primera advertencia sería para hacer comprender que no es necesario uniformarse con la masa para ser atractivos. La segunda para quienes de plano no pueden con su proprio físico, para que en caso de extrema necesidad recurran solamente a los especialistas.
El problema existe. No es sencillo de afrontar a causa del bombardeo contínuo de la publicidad, de los medios de comunicación y de la influencia que ambos tienen en el comportamiento social. Pero posiblemente todavía estamos a tiempo de advertir y tratar de hacer comprender a las más jóvenes acerca de la inutilidad de basar sus expectativas en el aspecto físico y no en el desarrollo intelectual.
04 de noviembre, 2009
Esta semana me permito retomar un asunto que hace mucho tiempo, probablemente en mis primeras colaboraciones ya expuse. En realidad no se trata de un refrito, ni de un remix de mis propias ideas. Es solamente la seria y sincera preocupación de una mujer de cuarenta años que durante su vida ha tenido la posibilidad de ver cambiar la forma de concebir y conseguir la belleza.
El concepto de estética se ha transformado seriamente. Basta ver las viejas fotografías y la antigüa publicidad para observar tranquilamente la evolución.
Pero además, hoy veo con interés y sorpresa que ser físicamente atractivo es importante para hombres y mujeres por igual. No es en vano que proliferen los chicos metrosexuales, a quienes todavía no termino de comprender, pero que desde mi punto de vista con su preocupación por mantenerse en forma ayudan a mover la economía, mientras consumen todos los productos cosméticos habidos y por haber, frecuentan los gimnasios y siguen todos los rituales que creen necesarios para mantener su atractivo.
En realidad no tengo problemas para aceptar que todos tenemos derecho a vernos y sentirnos bien, porque conservarnos en buena forma estéticamente hablando es también una manera de aumentar nuestro nivel de autoestima, que buena falta nos hace, especialmente en tiempos como estos, en que la crisis en algunos momentos hace que nuestro ánimo esté por los suelos.
Hasta ahí, todo está bien. Lo malo es cuando me toca encontrarme con información que me desconcierta y me preocupa seriamente. El diario italiano Corriere della Sera, en su edición on line publica un artículo que no puedo pasar por alto.
De acuerdo con un estudio realizado en Inglaterra, una de cada dos mujeres jóvenes está dispuesta a recurrir a la cirugía plástica, dice el Corriere.
La información publicada señala los resultados de una encuesta: al 50 por ciento de las chicas entre 16 y 21 años no le desagrada la idea de someterse a una operación que las vuelva más delgadas o más atractivas.
Ya el hecho de pensar en el concepto de “delgadez” que tienen las jovencitas de hoy me pone a temblar. En pocas palabras, si no se es un esqueleto, no hay muchas posibilidades de obtener la aceptación y el éxito social, tan importante para las chicas.
Gracias a los medios de comunicación y a causa de la publicidad, el concepto colectivo de belleza se ha globalizado y en realidad, los mismos graves problemas de anorexia y de bulimia que sufren las italianas, los padecen las mexicanas, las rusas, las estadunidenses, etc. etc. etc.
Es una verdadera pandemia, entendida en su sentido literal: una “enfermedad de todo el pueblo”. Una infección propagada por los medios que parece no tener cura, no obstante los esfuerzos de algunos países como Italia o España, que han tomado medidas importantes, como exigir que en las pasarelas más renombradas desfilen modelos cuyo físico se acerque más a la normalidad y sobre todo a la salud.
Pero ni hablar, no hay nada por hacer cuando la obsesión de las muchachitas no es otra que la de ser como las mujeres famosas cuya imagen ven por todos lados.
Retomando el artículo del Corriere, me entero de que el estudio realizado en Inglaterra consideró una muestra de más allá de mil niñas y jóvenes entre los 7 y los 21 años, que en su mayoría revelaron sentirse insatisfechas de la propia imagen y estar dispuestas a someterse a liposucción, tratamientos láser y cirugía plástica para retocarse y verse mejor.
Lo más difícil de aceptar es que la mitad de las encuestadas más jóvenes tenga tan fuerte tendencia a la no aceptación. La incapacidad de apreciarse tal cual se es a edad tan temprana no puede ser otra cosa que el resultado del bombardeo constante de información equivocada.
Todo enfocado hacia el consumismo en una sociedad que no perdona ni siquiera a los pequeños, que de repente tienen necesidades que las generaciones anteriores no teníamos.
Porque honestamente: ¿qué necesidad tiene una niña de usar -por ejemplo- un celular, inscribirse en Facebook y vestir a la última moda? Todas necesidades creadas y conectadas directamente con la necesidad de aceptación.
Una joven podría crecer tranquilamente sin tales accesorios y posiblemente sería más sana, más feliz y sobre todo, no sentiría el irrefrenable impulso de ser de tal o cual manera para lograr el favor de sus coetáneos.
El problema es que potencialmente las chicas que hoy simplemente sueñan con tener acceso a los tratamientos que las volverán más lindas, seguirán dando un valor excesivo a la imagen y llegarán a obsesionarse a tal grado que terminarán por recurrir no a los cirujanos plásticos profesionales, porque en general no serán accesibles para ellas, sino a cualquier individuo que les ofrezca el servicio a bajo costo, no obstante los riesgos que puedan correr.
Es una cuestión más seria de lo que pensamos. Porque en realidad más de una persona podría resultar víctima de los falsos profesionistas que sin el menos escrúpulo arruinan la vida de quienes ingenuamente caen en sus manos.
Ya que los gobiernos de todos los niveles y de casi todos los países gastan cantidades importantes en difundir todo lo que se les viene a la mente, me pregunto por qué hasta ahora no he encontrado una sola campaña oficial que se ocupe de alertar primero a los padres y luego a las mismas jóvenes.
La primera advertencia sería para hacer comprender que no es necesario uniformarse con la masa para ser atractivos. La segunda para quienes de plano no pueden con su proprio físico, para que en caso de extrema necesidad recurran solamente a los especialistas.
El problema existe. No es sencillo de afrontar a causa del bombardeo contínuo de la publicidad, de los medios de comunicación y de la influencia que ambos tienen en el comportamiento social. Pero posiblemente todavía estamos a tiempo de advertir y tratar de hacer comprender a las más jóvenes acerca de la inutilidad de basar sus expectativas en el aspecto físico y no en el desarrollo intelectual.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Italia, México y el riesgo de ser periodista
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
20 de octubre, 2009
Esta semana la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha dado a conocer su clasificación anual para la libertad de prensa. Tristes noticias para México, que se encuentra en el lugar 138 de una lista total de 175 países.
En definitiva, ser periodista en nuestro país no es una profesión conveniente, sobre todo porque, de acuerdo con RSF México está "sumido desde 2006 en un cuasi estado de guerra con la vasta ofensiva general contra el narcotráfico” por lo que “mantiene su triste rango de país más peligroso del continente para la seguridad de los periodistas".
Se hace referencia a los 55 casos de periodistas asesinados en los últimos nueve años, de los cuales, nueve se han verificado en lo que va del 2009.
El reporte es claro. De los países del continente americano, México tiene la peor posición. Los criterios con que RSF elabora la lista son las agresiones, asesinatos, encarcelamientos y amenazas contra periodistas, la práctica de la censura y la autocensura y la existencia de monopolios estatales de la radio y la televisión.
Pensando a los últimos elementos, pienso en Italia y su lugar número 35 en la misma lista. Francamente tengo una gran duda porque como he comentado en artículos anteriores, el país de la bota sufre actualmente una situación difícil que raya en el fascismo puro.
No se puede negar que también los periodistas italianos trabajan bajo la amenaza de grupos mafiosos, lo que no les permite hacer su trabajo con total seguridad. Y sumado a esto, tenemos la casi inverosímil situación en que, de acuerdo con el prestigiado analista político italiano Giovanni Sartori, “tenemos no dos, sino una sola empresa en la televisión, la del señor Berlusconi, o presidente Berlusconi”.
Es decir, que el gobierno italiano controla la televisión de Estado, el sistema llamado RAI, y no permite que los noticiarios sean elaborados con claridad, objetividad e imparcialidad, lo que implica cerrarse ante cualquier tipo de información que pueda perjudicar la imagen del poder, especialmente del presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi.
Mientras, la segunda cadena más importante de la nación, Mediaset, se dedica a publicar las bondades, virtudes y cualidades del premier y su gobierno, por la sencilla razón de que es precisamente la familia Berlusconi la propietaria del citado medio de comunicación.
Sartori, en una entrevista recientemente concedida en México, señala que “la audiencia televisiva en Italia ha sido siempre controlada por los políticos y los partidos. Hoy Berlusconi controla, en realidad, el 95% de la televisión italiana.” Y remata con una frase lapidaria: “esto es peor que lo que tienen ustedes en México.”
Digamos que un análisis de ese tipo hecho por un reconocido intelectual italiano como Sartori nos puede poner a pensar seriamente, porque en cierta forma revierte o mejor dicho, permite cuestionar los resultados que expone RSF.
Si en un país que está clasificado en el lugar 35 se puede hablar de una situación de libertad de expresión “peor” que en uno que tiene el lugar 138, algo no funciona bien.
De cualquier manera, es necesario para el caso de México pensar también en la relación con el poder político que tiene desde siempre la televisión privada y la total ausencia de un medio electrónico capaz de influir verdaderamente en la opinión y la cultura misma de los mexicanos.
En este sentido, hay que decir que al menos en Italia aún existe la RAI, como ente público pagado por los ciudadanos -que debemos desembolsar al menos 100 euros anuales- y que cumple o prentende cumplir una función social y educativa.
Fue precisamente gracias a la RAI que en los inicios de la televisión fue posible unificar al país, al menos lingüísticamente, porque en los años 50 los habitantes de las diferentes regiones comenzaron gracias a la tv a aprender a expresarse en el idioma oficial en lugar de utilizar los dialectos locales.
A pesar de las críticas, al menos la televisión italiana tuvo una utilidad en la vida cotidiana, y a nadie le hizo mal aprender a comunicarse en la misma lengua en un país donde las diferencias culturales se hacen sentir indudablemente.
Se trata de un caso positivo, mucho menos obscuro que la tremenda influencia social de la televisión mexicana, donde por años las telenovelas marcaron la cultura nacional, dictando principios, valores y conductas por seguir.
Eso, sin contar con la nula presencia de la televisión del Estado, que a fuerza de ser deficiente terminó por ser vendida, para caer en las manos de quien hizo la copia exacta del modelo Televisa y se convirtió en otro dictador de conductas y difusor de basura mediática, además de creador y destructor a conveniencia de verdades en materia política y social. Azteca y Televisa, lo sabemos, son la misma gata pero revolcada y obviamente, sus alcances en materia periodística son inversamente proporcionales a los intereses económicos de sus propietarios.
De los diarios de ambos países poco puede hablarse, porque desgraciadamente su influencia entre el grueso de la población es mínima a causa del escaso hábito de lectura y de crítica de los ciudadanos. En realidad, en Italia como en México, los periódicos y las revistas son solamente el medio que los políticos utilizan para dialogar públicamente, mientras negocian en privado los temas verdaderamente importantes.
Me permito hablar de ambas realidades porque en las dos he vivido y me precio de conocerlas. Sinceramente, no veo gran diferencia entre el lugar 35 y el 138, de la lista de RSF.
Sé que son altísimos y muy serios los riesgos que corre un periodista mexicano si se atreve a ir al fondo de los hechos e investigar acerca de casos de delincuencia organizada. A lo mejor por eso pocos se ocupan en serio de ir al fondo de la situación.
Pero en Italia la investigación periodística también es nula y probablemente muchos han desistido debido a las amargas experiencias pasadas. Porque si de crimen organizado hablamos, entre los dos países la situación no varía, pues no es en vano que sea ésta la cuna de la mafia, la camorra y la n'drangheta.
En realidad, la única conclusión que se me ocurre es que no hay diferencias sustanciales en el ejercicio del periodismo y en el papel de los medios en ambas sociedades. Una vez más me doy cuenta que en esencia no son tan diferentes.
Por desgracia ejercer la libre expresión es difícil en ambos países. Desafortunadamente en las dos realidades el papel social del periodismo en cualquiera de sus géneros es limitado. Y en los dos lugares el Estado es fuerte, tanto como la delincuencia organizada y ambos entes por sus propios intereses se ocupan de quitar de enmedio a quien osa cuestionar y decide resultar incómodo no chantajeando, sino investigando.
De ahí que un periodista verdadero, con verdadero espíritu y vocación de servicio sea literalmente un tesoro: algo raro, precioso y muy, pero muy difícil de encontrar.
20 de octubre, 2009
Esta semana la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha dado a conocer su clasificación anual para la libertad de prensa. Tristes noticias para México, que se encuentra en el lugar 138 de una lista total de 175 países.
En definitiva, ser periodista en nuestro país no es una profesión conveniente, sobre todo porque, de acuerdo con RSF México está "sumido desde 2006 en un cuasi estado de guerra con la vasta ofensiva general contra el narcotráfico” por lo que “mantiene su triste rango de país más peligroso del continente para la seguridad de los periodistas".
Se hace referencia a los 55 casos de periodistas asesinados en los últimos nueve años, de los cuales, nueve se han verificado en lo que va del 2009.
El reporte es claro. De los países del continente americano, México tiene la peor posición. Los criterios con que RSF elabora la lista son las agresiones, asesinatos, encarcelamientos y amenazas contra periodistas, la práctica de la censura y la autocensura y la existencia de monopolios estatales de la radio y la televisión.
Pensando a los últimos elementos, pienso en Italia y su lugar número 35 en la misma lista. Francamente tengo una gran duda porque como he comentado en artículos anteriores, el país de la bota sufre actualmente una situación difícil que raya en el fascismo puro.
No se puede negar que también los periodistas italianos trabajan bajo la amenaza de grupos mafiosos, lo que no les permite hacer su trabajo con total seguridad. Y sumado a esto, tenemos la casi inverosímil situación en que, de acuerdo con el prestigiado analista político italiano Giovanni Sartori, “tenemos no dos, sino una sola empresa en la televisión, la del señor Berlusconi, o presidente Berlusconi”.
Es decir, que el gobierno italiano controla la televisión de Estado, el sistema llamado RAI, y no permite que los noticiarios sean elaborados con claridad, objetividad e imparcialidad, lo que implica cerrarse ante cualquier tipo de información que pueda perjudicar la imagen del poder, especialmente del presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi.
Mientras, la segunda cadena más importante de la nación, Mediaset, se dedica a publicar las bondades, virtudes y cualidades del premier y su gobierno, por la sencilla razón de que es precisamente la familia Berlusconi la propietaria del citado medio de comunicación.
Sartori, en una entrevista recientemente concedida en México, señala que “la audiencia televisiva en Italia ha sido siempre controlada por los políticos y los partidos. Hoy Berlusconi controla, en realidad, el 95% de la televisión italiana.” Y remata con una frase lapidaria: “esto es peor que lo que tienen ustedes en México.”
Digamos que un análisis de ese tipo hecho por un reconocido intelectual italiano como Sartori nos puede poner a pensar seriamente, porque en cierta forma revierte o mejor dicho, permite cuestionar los resultados que expone RSF.
Si en un país que está clasificado en el lugar 35 se puede hablar de una situación de libertad de expresión “peor” que en uno que tiene el lugar 138, algo no funciona bien.
De cualquier manera, es necesario para el caso de México pensar también en la relación con el poder político que tiene desde siempre la televisión privada y la total ausencia de un medio electrónico capaz de influir verdaderamente en la opinión y la cultura misma de los mexicanos.
En este sentido, hay que decir que al menos en Italia aún existe la RAI, como ente público pagado por los ciudadanos -que debemos desembolsar al menos 100 euros anuales- y que cumple o prentende cumplir una función social y educativa.
Fue precisamente gracias a la RAI que en los inicios de la televisión fue posible unificar al país, al menos lingüísticamente, porque en los años 50 los habitantes de las diferentes regiones comenzaron gracias a la tv a aprender a expresarse en el idioma oficial en lugar de utilizar los dialectos locales.
A pesar de las críticas, al menos la televisión italiana tuvo una utilidad en la vida cotidiana, y a nadie le hizo mal aprender a comunicarse en la misma lengua en un país donde las diferencias culturales se hacen sentir indudablemente.
Se trata de un caso positivo, mucho menos obscuro que la tremenda influencia social de la televisión mexicana, donde por años las telenovelas marcaron la cultura nacional, dictando principios, valores y conductas por seguir.
Eso, sin contar con la nula presencia de la televisión del Estado, que a fuerza de ser deficiente terminó por ser vendida, para caer en las manos de quien hizo la copia exacta del modelo Televisa y se convirtió en otro dictador de conductas y difusor de basura mediática, además de creador y destructor a conveniencia de verdades en materia política y social. Azteca y Televisa, lo sabemos, son la misma gata pero revolcada y obviamente, sus alcances en materia periodística son inversamente proporcionales a los intereses económicos de sus propietarios.
De los diarios de ambos países poco puede hablarse, porque desgraciadamente su influencia entre el grueso de la población es mínima a causa del escaso hábito de lectura y de crítica de los ciudadanos. En realidad, en Italia como en México, los periódicos y las revistas son solamente el medio que los políticos utilizan para dialogar públicamente, mientras negocian en privado los temas verdaderamente importantes.
Me permito hablar de ambas realidades porque en las dos he vivido y me precio de conocerlas. Sinceramente, no veo gran diferencia entre el lugar 35 y el 138, de la lista de RSF.
Sé que son altísimos y muy serios los riesgos que corre un periodista mexicano si se atreve a ir al fondo de los hechos e investigar acerca de casos de delincuencia organizada. A lo mejor por eso pocos se ocupan en serio de ir al fondo de la situación.
Pero en Italia la investigación periodística también es nula y probablemente muchos han desistido debido a las amargas experiencias pasadas. Porque si de crimen organizado hablamos, entre los dos países la situación no varía, pues no es en vano que sea ésta la cuna de la mafia, la camorra y la n'drangheta.
En realidad, la única conclusión que se me ocurre es que no hay diferencias sustanciales en el ejercicio del periodismo y en el papel de los medios en ambas sociedades. Una vez más me doy cuenta que en esencia no son tan diferentes.
Por desgracia ejercer la libre expresión es difícil en ambos países. Desafortunadamente en las dos realidades el papel social del periodismo en cualquiera de sus géneros es limitado. Y en los dos lugares el Estado es fuerte, tanto como la delincuencia organizada y ambos entes por sus propios intereses se ocupan de quitar de enmedio a quien osa cuestionar y decide resultar incómodo no chantajeando, sino investigando.
De ahí que un periodista verdadero, con verdadero espíritu y vocación de servicio sea literalmente un tesoro: algo raro, precioso y muy, pero muy difícil de encontrar.
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