miércoles, 22 de septiembre de 2010

Aliados contra las alianzas...

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
22 septiembre, 2010

Hace algunos días, durante el acto sucesivo a la entrega de su penúltimo informe de gobierno, Enrique Peña Nieto se lanzó con toda su fuerza contra las alianzas entre partidos durante los procesos electorales.
Entonces dijo que “la lucha del poder por el poder mediante la alianza de proyectos antagónicos que desvirtúan la democracia, son una amenaza tan grave para el país como las fuerzas criminales que atentan contra la estabilidad, la ley y el estado de derecho”.
Y no paró en esto su no rotundo a la posibilidad de que los partidos políticos unan sus fuerzas y con ello aumenten su capacidad de triunfo en las próximas elecciones del 2011.
En un alarde de poder, el mandatario mexiquense logró que los diputados de su partido hicieran que la Legislatura local aprobara en comisiones el dictamen por el cual se elimina a figura de las “candidaturas comunes”.
De esta manera, si el citado dictamen se aprueba en el pleno legislativo, el PAN y el PRD se pueden ir olvidando de materializar su idea de hacer un frente común para lograr la hazaña de derrotar al PRI y arrebatarle por primera vez en la historia la gubernatura del estado más poblado del país.
Por supuesto que los priístas nuevamente sacaron a relucir una enorme capacidad de imposición disfrazada de concertación. Simplemente usaron sus alianzas con el PVEM y Convergencia para eliminar otras potenciales alianzas. Aliados para que los otros no se puedan aliar. Paradojas de la política.
¿Qué es lo que realmente le incomoda de las alianzas, señor gobernador? ¿Es acaso un temor fundamentado de que sus enemigos le echen montón y que la gente -¡ah! esta gente inconsciente- se deje llevar y vote contra el partidazo?
Si usted está tan orgulloso del trabajo que ha hecho en el estado de México, si está convencido de que los ciudadanos lo estiman y aprecian todo el bien que ha derrochado con un montón de compromisos firmados y cumplidos, ¿qué más le da que los malosos se junten en alianzas bastardas, ilógicas y antinaturales?
¡Qué poca confianza tiene en sí mismo, señor Peña! Quién lo diría de una persona que emana seguridad en sí mismo como usted, que hasta se da el lujo de exhibir siempre su mejor ángulo y nos receta contínuamente su imagen de galanazo.
Lo veo un poquito desdibujado, gobernador. Y la verdad no se me hace que los panistas se puedan de veras unir con los perredistas para quitarle el súper hueso al PRI.
No creo que tengan la capacidad suficiente para ponerse de acuerdo y elegir entre todos sus gallos uno que pueda representar los intereses de la derecha y la izquierda juntas y no solo: dudo sinceramente que en el caso de que una alianza pudiera vencer, sea factible una justa y pacífica repartición del botín.
Sin embargo, el gobernador de la entidad ha decidido que es momento de curarse en salud. Nada de alianzas extrañas. No a las candidaturas comunes. Más vale que digan aquí corrió que aquí murió.
Y no me digan que Peña Nieto no tiene que ver con el asunto, porque en el caso remotísimo de que los diputados hubieran actuado por iniciativa propia, no habrían hecho otra cosa que seguir al pie de la letra la voluntad de su verdadero líder, que fue claro y simplemente comparó las alianzas ni más ni menos que con “fuerzas criminales.”
Pero ahora resulta que los legisladores se mandan solos. ¿Desde cuándo? Y nosotros los ciudadanos comunes seguramente somos tan inocentes que creemos sin una mínima duda que el Ejecutivo y el Legislativo son de veras harina de distintos costales.
“No es más que una posición estrictamente personal y es la representación social la que está acreditada en la Cámara de Diputados, y es la que tiene que hacer valer en razón del peso que tenga esa representación con los temas que mejor convengan para darle mayor transparencia y congruencia a la democracia de los mexiquenses”. Eso dijo Peña Nieto. Todo hecho bolas, como siempre que no trae apuntador, pero palabras más o palabras menos quiso simplemente lavarse las manos con un simple: “yo no fui”.
Vamos pues, la iniciativa no tiene que ver con la voluntad del gobernador. Nada de eso. Es que los diputados de su partido simplemente se despertaron con la idea de que hay que combatir esa terrible amenaza llamada candidatura común.
Una amenaza tan seria, tan tremenda, que le quita el sueño a millones de personas, seguramente. La pesadilla de los mexicanos por patria y provincia ya no es la crisis económica, tampoco es la guerra contra el narco con las terribles consecuencias que todos conocemos.
No. El nuevo enemigo que hay que combatir es el candidato bastardo que obedece a la izquierda y a la derecha, que solamente busca el poder por el poder. Ni más ni menos.
Honestamente no creo que a la gente que trabaja, lucha y se esfuerza todos los días por mejorar su difícil condición le importe un soberano cacahuate si los panuchos se juntan con los del sol azteca para darle en la torre a los tricolores.
¿Es que no se han dado cuenta que la gente ya está harta y que sencillamente ya no le cree a nadie, pero lo que se dice a nadie?
Yo en su lugar me preocuparía más por reducir el presupuesto del inutilísimo IEEM y sobre todo por dejar de desperdiciar valiosos recursos económicos que sirven solamente para mantener en pie la farsa que cada seis años tenemos que soportar.
Parece que entre la clase gobernante nadie quiere ver que la gente tiene hambre de justicia social y que está harta de escuchar mentiras y de sufrir desilusiones.
No se dan cuenta de que la credibilidad gubernamental está por los suelos y que hay una seria posibilidad de que el nivel de abstencionismo sea alto y que gane quien gane nada le importará a la ciudadanía por la sencilla razón de que poco o nada cambiarán sus condiciones de vida.
Da pena ajena ver a los diputados exhibiendo mantas en el Congreso local, declarando a diestra y siniestra su defensa de la democracia, haciendo de todo porque las alianzas sean permitidas. Da vergüenza también que los priístas demuestren con tanto descaro que obedecen sin chistar las indicaciones de su idolatrado patroncito que a fin de cuentas fue quien los palomeó y los llevó a ocupar una curul.
La verdad es que los diputados de todos los partidos mejor se deberían poner a trabajar en serio, que para eso les pagan -y muy bien- los ciudadanos mexiquenses. Para eso sí deberían aliarse los legisladores, para hacer algo por su estado, que por desgracia y aunque se esfuercen por decir lo contrario, se les está desbaratando cada día.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Enrique Peña: el galán que México esperaba

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
08 septiembre, 2010

Finalmente estamos en el llamado mes de la patria. Los rituales propios de estas fechas comienzan. Se repiten los actos. No hay novedades. Las autoridades pretenden darnos algo más de lo que marca la tradición porque como sabemos, este es el año del Bicentenario y hay que festejar con mayor entusiasmo el inicio de la lucha por la independencia nacional.
En el territorio mexiquense, aparte de la celebración que involucra a todos los mexicanos, el gobierno estatal se luce para demostrar no solamente que trabaja sino que lo hace bien.
Lo sabemos todos. El gobernador Enrique Peña tiene serias intenciones de llegar a ser el nuevo presidente de México, resucitando con ello al partido que durante 70 años ejerció la que el escritor peruano Mario Vargas Llosa definió como “la dictadura perfecta”.
Los tiempos son adecuados para revivir las tradiciones, incluída aquella que señala que el quinto año de gestióno gubernamental en el territorio mexiquense marca el inicio informal de la carrera por la presidencia.
Por mucho tiempo el proceso de elección del gobernador mexiquense fue el “laboratorio político”, el termómetro que permitía al PRI nacional medir la temperatura y definir las estrategias para las elecciones federales del año sucesivo.
Y todo comenzaba precisamente con el penúltimo informe de gobierno de la entidad. Momento clave para demostrar a todos el reconocimiento de la ciudadanía y sobre todo de la clase política hacia el gobernador priísta mexiquense.
Ni el tiempo ni el arribo del Partido Acción Nacional a la presidencia de la República han cambiado la tradición. Ni siquiera cuando el Congreso local no contaba con la mayoría priísta y cambió el ritual. Por el contrario.
Todavía recuerdo aquel 1999, tiempo de tremenda efervescencia política, cuando César Camacho Quiroz, en una brillante interpretación legal decidió que era el momento de no seguir el juego de la oposición y en cambio demostrar todo el arrastre de su partidazo.
En aquellos tiempos, el entonces gobernador decidió hacer un verdadero desaire a los legisladores y simplemente envió por escrito a la Cámara de diputados su último informe, preparando después un verdadero espectáculo en la Plaza de los Mártires, donde envió su mensaje a la población mexiquense.
Luego Arturo Montiel en un alarde de pura demagogia instituyó la aburrida, costosa y populachera gira en que, dividiendo por zonas el territorio mexiquense, se hacía aclamar por los ciudadanos priístas que por supuesto acudían al llamado de su líder aunque en realidad tuvieran problemas para comprender lo que éste decía. Creo que muchos recordamos todavía los terribles problemas de dicción -y no solo- de Montiel que sin embargo, no le impidieron aspirar a ser el candidato presidencial.
En realidad el ritual de la lectura del informe es el mejor pretexto de nuestros gobernadores para sentirse adorados y demostrar que están satisfechos con el trabajo que desarrollan durante su gestión.
Nadie les quita el derecho de cacarear el huevo, claro que no. Lo triste es cuando exageran. Lo malo es cuando maquillan. Lo peor es cuando los gobernados les creen.
Esta vez, durante los días previos al informe, encontré en los diarios online el spot del Quinto informe de Enrique Peña Nieto. Seguramente las mil 400 personas de su club de fans de Facebook no van a estar de acuerdo conmigo, como tampoco lo van estar quienes trabajan para el gobierno mexiquense o para el PRI estatal y algunos periodistas complacientes.
Pero ejerzo mi derecho de libre expresión y digo con toda honestidad que aparte de pensar en lo que cuesta hacer un anuncio en el que se cuida que esté en su lugar hasta el último envaselinado cabello del gobernador, es triste ver cómo el discutible trabajo de un mandatario se promociona como si se tratara de la publicidad de un galán de televisión.
Mucho ruido y pocas nueces, pues. Un hombre en mangas de camisa que habla desde un automóvil a un interlocutor que nunca se ve. Un gobernante joven y atractivo. Un galanazo que arranca suspiros y habla de compromisos cumplidos. Más de una señora quisiera en casa un hombre tan cumplidor como Peña. Porque a fin de cuentas la publicidad del informe de Peña no es otra cosa que la promoción de un personaje de telenovela.
Y que conste que no lo digo por el besote de esos de final feliz que le dio a su prometida, la actriz Angélica Rivera al finalizar su informe.
Lo digo sencillamente porque salta a la vista que los atributos físicos del político en cuestión son el único punto fuerte que éste tiene para encantar a una población ignorante y asustada por la crisis y por la inseguridad.
Peña sin duda nació con suerte, entre pañales de seda hechos ni más ni menos que en Atlacomulco. Es un verdadero político de elevador. De otra manera no entiendo cómo un curriculum tan pobre puede ser la justificación para llevarlo a la presidencia de nuestro país: Peña pasó de puestos de menor relevancia a la secretaría de Administración durante la gestión de Arturo Montiel. De ahí dio el gran salto y se convirtió en diputado local, para pasar de golpe a ser precandidato, luego candidato y finalmente, flamante gobernador mexiquense.
Honestamente lo visto el cinco de septiembre fue un acto de egolatría más en el que lo único que resaltó fue la crítica abierta de Peña Nieto hacia la actuación del gobierno federal.
El mensaje del gobernador me sorprende, especialmente cuando habla de las alianzas entre la derecha y la izquierda contra el PRI. “la lucha del poder por el poder mediante la alianza de proyectos antagónicos que desvirtúan la democracia, son una amenaza tan grave para el país como las fuerzas criminales que atentan contra la estabilidad, la ley y el estado de derecho”.
Ya se le olvidaron los tiempos en que la lucha del poder por el poder consistía en poner a funcionar los peores mecanismos de fraude electoral. Intuyo que desde su punto de vista quienes por décadas mantuvieron un sistema abiertamente antidemocrático no se pueden llamar criminales.
Cierto que se necesita valor para comparar las escaramuzas políticas con la situación terrible que se vive en México. Como también se requiere descaro para decir ante miles de personas que “igualmente autoritario es caer en la tentación de usar a las instituciones públicas para fines particulares o partidistas”.
Francamente el espectáculo penoso con que inicia el mes de septiembre en el estado de México me deja una pésima impresión. Lo siento mucho, pero con todo respeto, creo que el problema no sería siquiera que el PRI regresara a los Pinos, sino más bien que lo hiciera representado por un candidato que funciona mejor como personaje de telenovela que como el gobernante que nuestro país merece y necesita.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Islam: enemigo o amigo a conveniencia

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
31 agosto, 2010

Cuando esta semana comencé a revisar la información cotidiana, mi atención se desvió hacia un par de hechos que aparentemente no tendrían relación entre sí, pero que me llevaron a reflexionar seriamente.
Por una parte, me encontré con la intransigencia del alcalde de una población del norte de Italia. Marco Colombo, gobernante del municipio de Sesto Calende, provincia de Varese, quien pertenece al partido de extrema derecha de Italia, la Liga del Norte, (Lega nord) señaló al periódico on line varesenews.it que los musulmanes no podrán reunirse para celebrar sus ritos religiosos semanales mientras él esté al frente del gobierno municipal.
De esta forma, ha prohibido que los miembros de la comunidad islámica hagan la oración colectiva que su religión les impone realizar los viernes. Los musulmanes solicitaron se les permitiera utilizar un campo deportivo para reunirse. Sin embargo el edil decidió negárselos con el pretexto de que la unidad deportiva no es un sitio idóneo para rezar. Simplemente decidió,, pasando por alto que la libertad de culto es un principio que debe prevalecer en Italia, que los ciudadanos pueden orar todo lo que quieran, pero cada quién en su propia casa.
Y es que la intolerancia hacia el islam en este país, especialmente en algunas regiones, es evidente. La ignorancia sumada a un contínuo bombardeo mediático ha hecho pensar a muchos ciudadanos del país de la bota que quienes profesan el islamismo son necesariamente fundamentalistas y que además representan un peligro potencial porque tienen casi siempre relación con el terrorismo.
De ahí que en algunas localidades, especialmente en aquellas donde gobierna la Liga del Norte, sea evidente el rechazo hacia los migrantes que de alguna manera desean mantener su cultura y quieren seguir viviendo su religión, tal vez pensando que un país democrático y de primer mundo les ofrece sin condiciones la libertad de profesar la religión que mejor les acomode.
El gran problema es que pertenecen a una minoría que no es bien vista... Al menos no en todos los casos.
Porque para mi sorpresa, un día después de haber leído la información que acabo de comentar, me encontré con que en Roma se esperaba la visita de Muammar al-Gaddafi, el controvertido líder de la República Árabe de Libia.
El dirigente libio se presentó en Italia como siempre rodeado de excentricidades. Para empezar, fue montada en la embajada de Libia en Roma una tienda beduina donde Gaddafi pernoctaría, además de que antes de su llegada entraron en el país treinta caballos pura sangre que pertenecen a los caballeros berebere, que realizarían una exhibición ecuestre ante las autoridades y empresarios italianos.
Pero lo mejor de todo fue que Gaddafi demostró que la tolerancia tiene un precio. Días antes de su llegada, los organizadores de la visita se dieron a la tarea de “reclutar” 500 edecanes ante las cuales el líder realizó una abierta prédica a favor del islam.
Lo que el libio hizo fue ofrecer una conferencia acerca del Corán ante las jóvenes a quienes dijo que “el islam tiene que convertirse en la religión de Europa.” Señaló además que las mujeres musulmanas tienen mayor libertad y mayor respeto que las europeas e invitó a las chicas a convertirse.
Claramente el escándalo se desató inmediatamente, sobre todo después de que Gedaffi exigió a la unión europea que su país reciba anualmente cinco mil millones de dólares para poder combatir la onda de inmigrantes africanos clandestinos que se embarcan en Libia con destino a las costas italianas y desde ahí invaden el continente europeo, con las consecuencias sociales y económicas que esto implica.
Lo sorprendente es pensar que Gadaffi haya podido hacer declaraciones tan serias y que además se haya dado el lujo de proponer una “Europa islámica” precisamente en el país en cuyo territorio se encuentra la sede del Vaticano.
Simplemente Gadaffi vino a presentar su show sin temor alguno, porque fue avalado por el presidente del consejo, Silvio Berlusconi, quien defendió a capa y espada la amistad entre Italia y Libia y minimizó las extravagancias de su invitado diciendo que se trata de “puro folklore”.
Efectivamente, Gadaffi puede si así lo desea no solamente rezar en público, sino además predicar su religión y buscar la conversión de las jóvenes italianas. Esto, a diferencia de los pobres inmigrantes de Sesto Calende, que no pueden siquiera reunirse para orar.
¿Será porque a diferencia de los musulmanes comunes, Gaddafi es entre otras cosas accionista de Unicredit, una de los principales bancos de Europa y de Enel, la empresa energética más importante de Italia? ¿Será también porque uno de los principales recursos de Libia es el gas natural, que interesa sobremanera a los países de occidente, al grado de soportar cualquier cantidad de extravagancias que vengan de parte de su líder revolucionario?
Posiblemente un musulmán como Gaddafi no inspira miedo ni desconfianza a los 800 importantes políticos y empresarios que el martes pasado se reunieron con él.
Y sobre todo, es ya evidente que en Italia, por encima de cualquier credo antiguo, más allá de la Biblia o el Corán hay una nueva religión que cada día cobra mayor fuerza: la que venera el poder económico por encima de todo.
Quien tiene las posibilidades de hacer negocio es de repente bien recibido sin que nadie haga una pregunta ni ponga la mínima objeción.
Es vergonzoso, sin duda descepcionante que un país de primer mundo, donde deberían prevalecer los principios de la democracia, se discrimine y reprima a algunos y se privilegie a otros porque representan la posibilidad de realizar negocios jugosos e importantes.
Lo ocurrido en los últimos días es la muestra más clara de cómo los intereses económicos hacen ignorar la “incomodidad” de un personaje que no tiene uno de los mejores historiales y que sin embargo, es llamado y reconocido como “líder revolucionario” por un Estado donde por otra parte se cierran las mínimas posibilidades de libertad a un grupo de personas que buscan simplemente mantener su identidad religiosa y cultural. Pura hipocresía, pura conveniencia. Ni hablar. Es el mundo en el que hoy nos toca vivir.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Nuestros impuestos... (y quienes viven de ellos)

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
25 agosto, 2010

Después de unas largas vacaciones -no sé si merecidas, pero al menos necesarias- retomo este espacio en Punto con gran entusiasmo pero también -como siempre- con una enorme preocupación provocada por la lectura de la información que los diversos medios publican.
Hoy quiero ocuparme de un tema que solamente con el paso del tiempo he podido entender, dado que por desgracia en nuestro país estamos poco acostumbrados al concepto. Pagar impuestos en México, digámoslo claramente, para los ciudadanos comunes es sencillamente una opción. Un posibilidad y casi nunca una obligación.
Buscando la definición más elemental de “impuestos”, la enciclopedia online Wikipedia da una clara y directa: “Los impuestos son cargas obligatorias que las personas y empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras: sin los impuestos el Estado no podría funcionar, ya que no dispondría de fondos para financiar la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, eléctricas), prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social (desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales), etc.”
El punto es que hablando sinceramente, creo que más de un compatriota coincidirá conmigo si afirmo que en México los impuestos simple y sencillamente no se ven. O mejor dicho: no se ve con claridad dónde van a parar.
Si el destino de los impuestos llega a notarse, es seguramente en obras que sirven solamente para que los gobernantes demuestren cuánto trabajan, pero que no tienen una utilidad ni benefician a los ciudadanos normales.
Olvidaba decir que los impuestos que pagamos los mexicanos se ven también cuando los diputados, senadores y demás servidores públicos de cierto nivel se sirven con la cuchara grande. Recordemos que sus mega salarios los pagan los contribuyentes, es decir, el pueblo al que deberían servir, pero del que con cada vez menos pudor simplemente se sirven.
A fin de cuentas lo que deberíamos exigir quienes pagamos nuestras contribuciones en cualquier país democrático o aspirante a serlo, es un justo “retorno” de éstas. Pero no en todas partes ocurre. Obviamente Italia es uno de esos países donde se paga mucho y se recibe poco. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán.
En realidad si me permito citar esta información, publicada por el diario italiano Corriere della Sera, es más bien como una forma de desahogo personal, porque me parece completamente injusto.
Resulta que en el país de la bota, “sobre cada italiano recae un peso tributario anual por un promedio de 7 mil 350 euros. Entre los principales países europeos es verdad que los franceses pagan más, con un promedio de 7 mil 438 euros, pero reciben un contravalor de servicios mucho más consistente que el de los italianos: vienen recompensados con un gasto social per capita equivalente a 10 mil 776 euros, mientras que los italianos entre salud, educación y prevención social, alcanzan a recibir apenas 8 mil 023 euros, es decir, dos mil 753 euros menos que en Francia.”
Y eso no es todo. Para darnos una idea de lo que pasa en Italia, basta mencionar lo que el estudio agrega, referente al hecho de que “en Alemania la cuota per capita de impuestos toca los 6 mil 919 euros, pero en términos de gasto social los germanos reciben 9 mil 171 euros per capita al año. La diferencia per capita entre lo que reciben en términos de gasto social y lo que pagan en términos de impuestos es para los franceses de 3 mil 339 euros. Para los alemanes es de 2 mil 251 euros. En Italia de solo 664 euros per capita.
Tristes realidades que se ven sobre todo en el sur del país, donde honestamente hay lugares que no parecen pertenecer a uno de los países más industrializados del planeta, a una de las potencias mundiales. Y lo peor es que de repente al gobierno italiano se le ha ocurrido la idea de iniciar a perseguir, en una de esas tremendas cacerías de brujas a los evasores. ¡Háganme ustedes el favor!
Y si de chistes malos y de impuestos hablamos, debo mencionar una de las últimas ocurrencias de nuestro presidente mexicano, Felipe Calderón.
Ahora resulta que nuestro gobernante afirmó que “si el Congreso no reasigna recursos para combatir al crimen organizado, el gobierno federal buscará nuevas fuentes de ingreso que constituirían una carga para los contribuyentes”.
En otras palabras, si no hay más dinerito para seguir con su guerra sin sentido, encontrará la ímanera de seguir exprimiendo los bolsillos de los pobres mexicanos que ya no saben si es peor la crisis económica o la situación de inseguridad. Como quien dice que en México uno arriesga el dinero y la vida, sin posibilidad de elegir.
La verdad es que me quedo con la boca abierta cuando leo que Calderón asegura que el Ejército seguirá en la calle hasta el último día de su gobierno. Porque no termino de entender si eso para el pueblo mexicano representa una garantía de seguridad o es más bien un motivo de seria preocupación.
Pero lo que no consiento, no tolero, no soporto y no admito, es que sean los contribuyentes mexicanos los que tengan que pagar todos y cada uno de los excesos de sus gobernantes. Porque en lugar de amenazar con nuevas cargas tributarias, nuestro señor presidente se debería preocupar por dejar de despilfarrar el dinero de todos en obras absurdas como una torre de acero inoxidable para conmemorar el Bicentenario, que tendrá un costo total de 690 millones de pesos.
Bueno, pero ¿no le da vergüenza? Se debería esconder lejos, pero muy lejos y sentirse muy mal por amenazar a sus gobernados con nuevos impuestos si el Congreso no lo apoya en su guerra loca que ha costado al menos 28 mil muertos -aunque se empeñe en decir que la mayoría de ellos tenía que ver con el narco-.
Y tendría también que sentirse muy pero muy abochornado por las obras faraónicas -encima de todo inconclusas- con las que quiere festejar el Bicentenario. Parece no darse cuenta, como todos los representantes populares, que hay familias en el país que gobiernan que no tienen siquiera las condiciones mínimas para vivir dignamente.
Y lo peor de todo es pensar que son precisamente esos gobernantes inconscientes, frívolos y megalómanos los que viven -por cierto muy bien- gracias a nuestros impuestos.

miércoles, 14 de julio de 2010

Nuestra realidad... virtual

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
14 julio, 2010
Cuando esta semana estaba buscando un tema para comentarlo en este espacio, me di cuenta, gracias a una amiga que me contactó por el messenger, que nunca antes se me había ocurrido hablar de la importancia que está tomando en nuestra vida cotidiana el uso de internet.
Es inegable que la computadora se ha convertido en un instrumento común y hasta imprescindible para ciertos sectores de la sociedad.
Precisamente por eso utilizarla parece tan simple y resulta tan normal que a nadie sorprende la capacidad que tenemos los seres humanos de hoy para comunicarnos en tiempo real con personas que están a miles de kilómetros de distancia.
Seguramente para las personas de mi generación, que nos habituamos al uso de las nuevas tecnologías cuando éramos jóvenes, pero definitivamente no crecimos con todos los instrumentos actuales, el cambio ha sido paulatino y posiblemente por ello no nos hemos dado cuenta de la maravilla que representa tener la posibilidad de acceder a la información prácticamente en tiempo real, sin barreras de ninguna especie.
Al menos en los países más o menos democráticos, los usuarios de la red de redes no tenemos que enfrentar el problema de la censura e internet resulta el medio idóneo para enterarnos de mil cosas que de otra manera restarían lejanas y por lo tanto, ajenas a nosotros.
Es que a decir verdad, gracias a internet nos apropiamos de una infinidad de información que en ocasiones nos sirve para formarnos una idea de la realidad que vivimos.
Los grandes temas se vuelven parte de nuestra vida cotidiana y esto nos permite ubicarnos como parte de una gran aldea global en la que pensamos o creemos ser partícipes de las grandes realidades.
Esto resulta positivo, indudablemente, porque en el fondo acceder a la información permite formarnos un criterio.
Pero además del acceso a la información y todas sus consecuencias positivas, no puedo pasar por alto lo que internet es para muchos, sin importar la edad.
Me refiero concretamente al uso de las redes sociales, particularmente de Facebook, que hoy por hoy se ha convertido en una herramienta casi indispensable para comunicar.
El punto es que conforme pasa el tiempo, he venido descubriendo que sin duda, la red social más popular se está convirtiendo en un sustituto del contacto directo, personal, cálido. Y eso no me parece positivo, inteligente o adecuado, bajo ninguna circunstancia.
En realidad Facebook no es otra cosa que una especie de agujero en una cerradura que permite espiar y dejar que nos espíen. Es un modo casi enfermizo de comunicar sin comprometernos, de interactuar sin contacto verdadero. Es como estar y no estar, como participar y hacer partícipes a los demás de lo que hacemos, de lo que pensamos, de lo que vivimos...Pero sin acercarnos demasiado a nuestros interlocutores.
Tenemos cientos de amigos en Facebook, pero me pregunto cuántas de esas “amistades” son reales, con cuántas de esas personas podríamos o querríamos realmente sentarnos en la sala de nuestra casa a discutir, a intercambiar ideas, a dialogar.
Lo peor es cuando veo que tantas y tantas personas se comunican a través de la computadora y desperdician la oportunidad de verse personalmente. Lo encuentro irracional, preocupante y no puedo sino pensar que se trata de una señal inequívoca de que algo no está funcionando del todo y que sin duda, aislarnos de la realidad y aparentar estar en contacto con la sociedad es una de las claras muestras del nuevo ser humano del siglo XXI.
Y me preocupa. Me parece incoherente sobre todo cuando me doy cuenta que son los más jóvenes quienes se convierten en esclavos de la tecnología y deciden pasar horas enteras frente a una computadora, sin permitirse la convivencia sana y directa con sus amigos del mundo real, si es que tienen alguno.
Triste y preocupante.
Cierro con un caso concreto que dejo para la reflexión. En noviembre del 2009 fue abierta en el Policlinico Gemelli de Roma un área dedicada a tratar los disturbios causados por una nueva síndrome: la llamada Web dependency. Area que por supuesto, con el paso del tiempo ha comenzado a saturarse.
Tomando la información del artículo respectivo, publicado por el diario italiano Corriere della Sera, me permito agregar los siguientes datos, por si alguien les encuentra alguna utilidad.
Hay principalmente dos tipos de pacientes con la mencionada patología: adultos entre los 25 y los 40 añps que aceptan tener el problema y jóvenes adolescentes “atrapados” en juegos on line, que no están conscientes de su dependencia.
Las cinco principales formas de dependencia son: el sexo virtual y la pornografía; las redes sociales -se estima que 10 por ciento de los inscritos a Facebook sea dependiente-; el juego de azar, la búsqueda obsesiva de información y el excesivo uso de juegos virtuales.
Para pensar, reflexionar y analizar un poco... Especialmente acerca del hecho triste de llegar a convertirnos en esclavos de las herramientas.

viernes, 9 de julio de 2010

Atrapados sin salida...

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
07 julio, 2010

Quiero comenzar a escribir estas líneas con toda la honestidad de que soy capaz. Desde hace algunas semanas he intentado inútilmente encontrar un tema serio, interesante, importante y al mismo tiempo he querido ser optimista al escribir para este espacio. Me rindo.
Por ahora no hay un solo tema importante que tenga que ver con México y permita hablar con una mínima dosis de optimismo.
Hace ya más de dos años que participo con entusiasmo en este semanario, intentando cada vez reflexionar y analizar en esta página la realidad de las que llamo mis dos patrias.
Pero francamente, en este momento estoy pasando por una verdadera crisis. Sencillamente encuentro que la situación en ambos países es particularmente crítica. Es inquietante.
Dejo a un lado por hoy las tonterías y los excesos del premier Berlusconi, sus contínuas ofensas a la inteligencia del pueblo italiano, porque en este momento lo que más me preocupa es lo que está ocurriendo en México.
Y es que visto desde afuera, a miles de kilómetros de distancia, a lo que ocurre en mi tierra francamente no le veo ni pies ni cabeza. Y lo peor no es eso.
Lo peor es saber que son mis paisanos, las personas sencillas, quienes están sufriendo todos los santos días y mantienen la cabeza baja y una extrañísima fe en que algo o alguien llegará a salvarlos.
En este momento de la historia de nuestro México, sinceramente no pienso que exista una solución mágica, una fórmula que permita en un corto o mediano plazo solucionar los problemas serios, gravísimos que agobian a los ciudadanos.
Y ahí está, ese enorme peso que los mexicanos soportamos en nuestras espaldas y sobre todo en nuestro ánimo, la famosa guerra al narcotráfico. Esa inexplicable y absurda guerra en la que hombres y mujeres comunes y corrientes no tienen absolutamente nada que ganar, pero que el gobierno federal contínua a promover. Esa maldita guerra que la autoridad federal sigue enarbolando como bandera de una causa que no es de nadie.
Desde diciembre de 2006, luego del anuncio hecho por el presidente Felipe Calderón, ha iniciado esta nueva pesadilla que hasta este 2010 ha provocado la muerte de al menos 15 mil personas.
Sabemos que los arrestos de algunos líderes importantes de los cárteles y la gran militarización del territorio mexicano han provocado una respuesta sin precedentes, terriblemente violenta, que se ve reflejada no solamente en las bajas de los cuerpos armados federales y de las bandas de narcotraficantes, que hasta cierto punto serín el lógico resultado.
Ahora son civiles sin nexos con el narcotráfico, jóvenes, niños y periodistas quienes están definitivamente pagando los platos rotos.
Me duele el alma cada vez que escucho a mis paisanos, a mis amigos, a mis familiares, quejarse de lo que está sucediendo. Pienso que es terrible saber que sin deberla ni temerla mis compatriotas sufren las consecuencias sociales, pero sobre todo psicológicas de una inigualable ola de agresiones que no parece tener fin,
Y no hay respuestas. El gobierno de Calderón concluirá como la ley establece y después que se vaya, habrá que comenzar a sacar cuentas. Y habrá dos posibilidades: o seguir la guerra ilógica sin dar la mínima tregua, o volver a los tiempos en que el narco actuaba impunemente, cerrando los ojos para no ver quiénes y hasta dónde están involucrados, como se había hecho siempre para después presumir por todos lados que en México hay paz social.
Quién sabe si en realidad la situación ha llegado al punto de no retorno. Quién sabe si hay una solución inteligente que represente un beneficio para la mayoría. Quizá legalizar las drogas pondría un alto a la crisis de violencia, pero indudablemente acarrearía un severo problema social porque sin duda, las nuevas generaciones no están preparadas para decir un tajante y serio no al consumo de estupefacientes.
Entre la guerra al narco y la tremenda crisis económica global, que en México ha tenido consecuencias serias parece que no hay para dónde hacerse. Desempleo, poco crecimiento económico, la siempre presente pobreza extrema. La contínua polarización de clases en un país de contrastes que no terminan y que parecen acentuarse cada vez más.
Y no puedo no mencionar la ilusión de muchos que creen que de veras México es una democracia. Con los procesos electorales que cuestan mucho más de lo que valen, donde hay un 60 por ciento de abstencionismo y todo termina con los mismos pleitos post electorales que no llevan a ninguna parte, sencillamente no se puede hablar de democracia. Y si a eso le sumamos la violencia inédita registrada pocos días antes de las recientes elecciones, hay que decir que ni siquiera esa supuesta muestra de desarrollo como nación se escapa de la tremenda crisis que se está viviendo.
Por eso cuando pienso en los cada vez más cercanos festejos del Bicentenario, me pregunto si de verdad tenemos mucho para celebrar. Me pregunto si no hay entre los más de cien millones de mexicanos alguien que piense, decida y actúe, pensando en la patria y no en el chauvinismo. Y que lo haga en serio. Lo espero, lo deseo, lo necesito, como lo necesitamos todos. Porque de verdad, ya estuvo suave de estar esperando una solución mágica que francamente nunca va a llegar.

miércoles, 23 de junio de 2010

Las noticias de un mundo feliz...

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
23 giugno, 2010
Esta semana me he encontrado con una información que me ha hecho reflexionar nuevamente acerca del papel de los medios de comunicación. He planteado muchas veces en este espacio que ahora más que nunca son precisamente los medios quienes se ocupan de construir y modificar la realidad.
Más de una vez me he sorprendido por la capacidad que tienen algunos comunicadores para transformar los hechos y con ello dar el tono que conviene a las situaciones que la sociedad vive.
Hay medios escandalosos, otros más son tendenciosos, muy pocos son plurales y es imposible encontrar uno solo que sea objetivo.
Pero de eso a sostener lo que dijo hace unos días el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, hay un abismo. Resulta que desde su punto de vista, “generar un clima de linchamiento pone en riesgo las libertades”, por lo que pidió a los medios de comunicación “responsabilidad al ejercer la libertad de expresión”.
Y un correligionario de Gómez Mont, el senador panista Alejandro González Alcocer también puso su granito de arena diciendo que “hay veces que algunos medios lo que más destacan es la violencia y eso no nos ayuda como país para nada”.
De acuerdo, la responsabilidad es necesaria. Pero esto no implica callar para que la sociedad no viva en un pánico contínuo.
En materia de inseguridad, digamos que aparte de lo que los medios de comunicación publican, está la realidad que los mexicanos viven y que no necesitan ver construída en ningún periódico ni en ningún canal de televisión.
Para quien como yo vive en el extranjero, ciertamente son los medios los que permiten acceder a gran parte de la información relativa a la violencia que México vive desde la genial invención de la lucha contra el narcotráfico.
Pero también están los parientes y los amigos como referentes inmediatos que sin ningún interés mediático narran episodios increíbles de violencia en todas partes, y viven en una tensión contínua y en un miedo constante, sin necesidad de ponerse a leer los diarios, a ver la televisión o a escuchar la radio.
Con la pena, senador. Al país lo que no le ayuda es precisamente que exista una violencia cada día más acentuada.
A quienes no ayudan los medios publicando contínuamente las crueles novedades es a los gobernantes ineptos que han llevado a México a ser considerado casi un Estado fallido.
Entendámonos bien: los medios no hacen más o menos violento al país publicando la información de lo que está ocurriendo.
Los serios problemas de inseguridad existen, y aunque nadie los publicara, los muertos por todos lados seguirían apareciendo, los levantones continuarían y el miedo generalizado no pasaría.
Por el contrario, en el caso de la violencia que por desgracia vive nuestro país, publicar es un deber, para que a nadie se le olvide y para que todos llevemos una especie de estadística.
Así cuando nuestros queridos mandatarios pretendan lavarnos el cerebro diciendo que todo va muy bien, nosotros podremos sacar a la luz lo que está sucediendo y que en todo caso los medios simplemente están relatando.
Porque el tema de la violencia es un asunto en que los periodistas no están ni inventando ni tergiversando nada. No podrían. A lo mejor hay algunos que por el contrario, tratan de suavizar las cosas, pero aún así, la realidad es tan espantosa que aunque la disfracen un poco sale a relucir en toda su crueldad.
Así que ni cómo ayudarlos, queridos panistas. No hay manera de taparle los ojos y los oídos a los mexicanos que en la información que se publica no ven más que el resumen de lo que viven cotidianamente.
Me viene a la memoria que en Rumania, el gobierno ordenó que los medios dieran un porcentaje de “noticias felices” para ayudar a que los ciudadanos no cayeran en depresión. El senado rumeno ordenó en el 2008 que los noticiarios de radio y televisión publicaran cada día una cuota fija de noticias “positivas” para reequilibrar el cuadro y ofrecer una imagen “más serena” de la realidad.
El enmendamiento a la ley ordenó un equilibrio entre noticias buenas y malas. Lo que todavía no se entiende es si con ello la realidad cotidiana de los rumenos ha cambiado o si la dosis de noticias “entusiastas” ha contribuido solamente a mejorar la imagen del gobierno.
Y es que a fin de cuentas, esa moderación que los panistas piden es solamente una manera de presionar a los medios para tapar el sol con un dedo y de alguna manera limpiar la imagen de un gobierno que hasta ahora se ha mostrado incapaz de manejar una situación delicadísima que se les ha salido completamente de control.
Pero a decir verdad, aunque los periodistas por un milagro del cielo de repente se quedaran calladitos, ¿la gente que sufre la violencia cotidiana dejaría de ver cómo México va de mal en peor?
En lugar de buscar los favores del sistema mediático, que por lo visto ya no pueden controlar -porque ahora a los medios les importa más quedar bien con los priístas- señores del PAN, ¿por qué no se ponen a trabajar y solucionan de una vez por todas la terrible situación de los ciudadanos mexicanos, de sus compatriotas, de los que los eligieron y con sus impuestos pagan sus mega salarios, que son personas que simplemente no se merecen lo que están viviendo?

jueves, 17 de junio de 2010

¡Es solamente fútbol!!!

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
16 giugno, 2010

Dedico estas líneas a todos los cesudos, conscientes, críticos, pensantes, analíticos intelectuales que sin pelos en la lengua se declaran contrarios a dedicarle siquiera una miradita a los partidos de fútbol que desde el viernes 11 de junio los molestan, los atormentan, los disturban, los inquietan y prácticamente no los dejan vivir tranquilos.
Porque en serio, me he topado con personas para las que oir hablar del mundial de Sudáfrica equivale a escuchar ininterrumpidamente por 90 minutos el molesto sonido de las vuvuzelas.
La verdad es que con todo respeto me dirijo a ellos por una sencilla razón: los encuentro simplemente exagerados.
Les hablo con el corazón en la mano, con el espíritu puro de una aficionada -hoy también tifosa- del deporte más popular del planeta. Quiero hacer una apología del fútbol. Tal y cual.
Creo que más de uno en cualquier rincón del mundo sabe perfectamente que el mundial es un negocio redondo. Que las ganancias millonarias llegan directamente a los patrocinadores, a las federaciones, a los futbolistas, a todos los que de una u otra forma participan en el torneo.
El balompié es así. Se sabe. Podemos no estar de acuerdo, pero estamos conscientes de que quienes juegan a nivel profesional ganan en un mes lo que ya quisieramos muchos que nos quemamos las pestañas yendo a la universidad. Así funciona.
También sabemos que si el millonario sistema del futbol se mantiene es porque conviene a más de uno. No nos engañamos, creo. Entendemos perfectamente que el deporte viene utilizado como una válvula de escape para los espectadores.
Un partido de fútbol es una excelente distracción, un modo perfecto para tener a la masa alejada de los problemas serios, impidiéndole preocuparse por lo que es importante y negándole con ello la posibilidad de hacer cualquier tipo de cuestionamiento.
A ciertos gobiernos -por no decir que a todos- les conviene que los diferentes torneos locales sigan adelante. Es verdad que con el fútbol se cumple a la perfección la sentencia de que “al pueblo, pan y circo”.
Pero ya lo sabemos. No es necesario enojarnos, indignarnos y rasgarnos las vestiduras. Así funciona. Punto.
Hay quien se pone negro por el berrinche porque piensa que no es justo que el mundial sea el único modo en que las personas demuestran por unas cuantas semanas un espíritu nacionalista. Me niego a enojarme. Es natural identificarse con la propia selección nacional. Es una manera de sentirnos identificados. Es innato buscar un sentido de pertenencia y ver en la competencia y en los eventuales triunfos un reflejo de lo que nos gustaría tener o hacer -como equipo- en la vida cotidiana. Es parte de nuestro ser social.
Por eso me molestan los intelectualoides que preguntan si el nacionalismo no debería demostrarse en otras circunstancias y no solamente cuando se trata de apoyar al tricolor o a cualquier otra selección. No se confundan.
Lo que si molesta, francamente, es ver a los odiosos políticos, a los nefastos gobernantes, aparecer ante las cámaras de todo el mundo como si su presencia fuera indispensable para dar validez a la selección.
Probablemente sería más sano y menos indecente que los presidentes se quedaran en sus respectivos países, ocupándose de resolver sus problemas, haciéndo su trabajo. Porque ponerse una bufanda con los colores de la selección, saludar a los jugadores y cantar el himno nacional mientras en el proprio país ese mismo día se registran 80 muertes violentas, me parece una falta de respeto hacia toda la nación. Se lo digo a usted, señor Calderón, que mientras andaba en la pachanga en Sudáfrica las cosas en nuestro país seguían como siempre: mal.
Lo escribo con todas sus letras: desde siempre adoro el fútbol. Por lo mismo me encantaría que los políticos no intervinieran, o al menos que no se dejaran ver en los estadios. Están demás.
Por eso también detesto que el juego del hombre se utilice como pretexto para sacar a la luz problemas que nada tienen que ver con lo que ocurre en la cancha. Les pongo como ejemplo el partido Italia-Paraguay, transmitido por radio Padania, donde los exaltados integrantes de la Lega Nord se dedicaron a apoyar a la selección sudamericana, mostrando un abierto desprecio no hacia los azzurri, sino hacia la existencia misma de Italia como nación, que desde su punto de vista debería dividirse definitivamente.
Confundimos la gimnasia con la magnesia. No se vale.
El fútbol es un deporte intenso, emocionante. Apasionante. Eso: el fútbol es pasión, es sentimiento, es alegría. No se razona, no se cuestiona. Porque si razonamos perdemos el sentido lúdico de este maravilloso deporte que por noventa minutos nos regala sensaciones que nos quedan impresas para siempre.
Debo decirlo: el sentido liberatorio que da un gol a un aficionado es un momento inigualable que posiblemente los intelectuales no comprenden. De vez en cuando es necesario dejarse llevar, sentir, no pensar. A veces la ligereza es también una muestra de inteligencia. Yo, con todo respeto, seguiré a mis dos selecciones aunque no sé qué tan lejos podrán llegar. Es solamente cada cuatro años, por favor ¡hay que disfrutar -como niños- el mundial!

miércoles, 2 de junio de 2010

Vasco... ¡Mejor sin Iniciativa!

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
02 giugno, 2010

Antes que nada, dedico éstas líneas a quienes afrman que construyo este espacio a partir de lo que “me platican”. Para quien lo dijo, con todo respeto, debo decir que todos sin excepción vivimos una realidad a partir de eso precisamente, de lo que nos platican.
La diferencia la hace a quién escuchamos y cuáles son las pláticas, los relatos que decidimos escuchar.
Orgullosamente debo decir que casi siempre trato de oir todas las campanas que suenan, para después decidir cuál es el sonido que me parece más adecuado o el más fuerte, o el más importante. Después de elegir me convierto yo misma en una nueva voz que trata de decir, de platicarle algo a los demás. Creo que eso es comunicar.
Esta semana me encuentro en internet un mensaje nuevo, dirigido a todos los mexicanos, pronunciado por el entrenador de la Selección nacional de fútbol, El Vasco Javier Aguirre.
Para empezar, todavía me estoy preguntando quién o quiénes son “Iniciativa México”. La respuesta es sencilla: basta buscar en la red para encontrar que se trata de un proyecto de Televisa en el que están involucrados otros medios de comunicación y en el que además estaría la mano del gobierno federal.
Si no mal recuerdo, hasta hace unos meses, todo parecía indicar que El Vasco no estaba muy de acuerdo con vivir en nuestro país. En febrero de este 2010, declaraba a una cadena de radio española:“yo, desde luego, tomo mis precauciones: mis hijos mayores viven en Madrid y yo me fui con mi mujer y con el pequeño, y llevamos ya casi un año. Esperaremos hasta el Mundial y luego me vendré para Europa para ver qué hay" .
Pero ahora quién sabe por qué ha cambiado idea, y lo veo muy emocionado, contento, lleno de espíritu patriótico. A lo mejor porque sabe que ya le falta poquito para cumplir su anhelo de regresar a Europa, porque su compromiso con la selección termina y ya se va del país.
La verdad me parece completamente fuera de lugar la campaña de Iniciativa México. Por un simple motivo: no tiene la mínima lógica, no es coherente mezclar las cosas y de entrada, no pienso que El Vasco sea la figura más adecuada para hablar no solamente de nuestra historia, sino para darnos discursos motivacionales que no tienen pies ni cabeza.
“Sé que cada 100 años México se propone hacer algo que suena imposible. Se lo propone y lo logra. En 1810 parecía imposible que México fuera un país independiente, y lo es. En 1910 parecía imposible que México llegara a ser un país democrático, y llegó a serlo”, dice con aire de profesor sabelotodo nuestro brillante entrenador de fútbol.
¿Estamos seguros? Con todo respeto, suena más bien a demagogía al más puro estilo gubernamental.
Independientes, democráticos. Como quien dice que de repente ignoramos la incómoda injerencia de nuestros vecinos del norte y nuestras enormes fallas y vicios en cada proceso electoral. Eso sin contar la vida cotidiana, en la que demostramos a cada paso depender de la ayuda de un gobierno paternalista que nos ha dado siempre atolito con el dedo. De la democracia ni hablar. No hemos comprendido que es una forma de vida y no un acto periódico que ocurre solamente en las urnas.
En una sola cosa le doy la razón al Vasco: “parece imposible ser el gran país seguro, próspero y justo que todos imaginamos”. Sí, de veras parece imposible.
Seguro... Con alrededor de 15 mil muertes por la guerra contra el narcotráfico, no veo la manera en que la seguridad pueda ser a corto o mediano plazo una de las características del México que el Vasco sueña. En una de esas la seguridad nos la van a dar los soldados que el presidente Obama ha enviado a vigilar la frontera con los Estados Unidos.
Próspero... En México, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Desarrollo Social, 40 por ciento de la población es pobre y 18 por ciento vive en la pobreza extrema. ¿Qué hacer cuando en nuestro país 3 por ciento de la población vive con menos de US$1; 14 millones viven con menos de US$2,50 y 40 millones viven con menos de US$4,50? A lo mejor pensando que el hombre más rico del mundo es mexicano, podemos pensar en la prosperidad.
Justo... Basta citar que en 2007 Amnistía Internacional (AI) aseguraba que “México en un país sin justicia” en un informe titulado “Injusticia e impunidad: deficiencias en el sistema de justicia penal mexicano”. Entonces -y la situación no ha cambiado mucho- el citado organismo internacional denunció “cómo se hace uso del sistema de justicia como instrumento de represión política, principalmente dirigido hacia quienes reportan y denuncian las violaciones a los derechos humanos”. Sí, querido Vasco, es decididamente imposible pensar en un México justo, cuando hay lugares donde las víctimas simplemente desaparecen ante los ojos de todos para luego aparecer debajo de la cama.
“Es hora de asumir que el cambio requiere del esfuerzo de cada uno de nosotros”, dice Aguirre. Nada más escucho la palabra “cambio” y hasta escalofríos me dan, sinceramente. Son diez años que sé que el “cambio” era para “hoy”. Y no lo veo por ninguna parte. Será que estoy lejos y solamente vivo de lo que me platican.
“Habrá que dejar atrás al México que busca culpables y dar paso al México en el que todos asumimos responsabilidades”. Con eso a lo mejor quiere decirnos que todos, absolutamente todos los que nos han hundido en el inmenso mar de problemas que nos aquejan deben ser olvidados. Ya no hay que buscar culpables. A fin de cuentas la culpa es nuestra, por agachones y por dejados.
Sinceramente me gustaba más el Vasco que decía en la entrevista de febrero que México está “jodido”. Era más honesto.
Insisto: decididamente los brillantes organizadores del nuevo lavado de cerebro llamado “Iniciativa México” equivocaron la estrategia y eligieron mal el personaje. Aguirre se ve nejor cuando está calladito, sobre todo porque en el video aparece como un gran triunfador, como si ya nos hubiera llevado a ganar la copa del mundo.
Y ni eso se va a poder, por lo que se ha visto en los amistosos.
Me da vergüenza el sermón que hicieron leer al Vasco. Me da rabia saber que seguramente se están gastando millones de pesos -que no sé de dónde provienen- para hacer una campaña absurda y sin sentido. Una nueva muestra de que hay quien sigue creyendo que los mexicanos debemos ser tratados como incapaces, como retrasados mentales o -mínimo- como menores de edad. Espero que haya quienes se den cuenta de que es hora de despertarse.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Zabludovsky... ¡calladito te ves más bonito!

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
26 de mayo, 2010

Hace unas cuantas horas en la edición on line de El Universal, fue publicada la columna semanal del periodista Jacobo Zabludovsky. Me permito citar la frase escrita por quien fuera durante 27 años el mayor constructor de la realidad mexicana.
“'No veas 24 Horas', gritaba Clouthier por las calles. No le faltaba razón, pero no había de otra.”. Se trata, desde mi humilde punto de vista, de una de las confesiones más repugnantes que he leído en los últimos años.
La confesión de un manipulador que durante mucho tiempo tuvo en sus manos el control absoluto de la información en México.
No quisiera convertirme en juez de una sola persona que a fin de cuentas era solamente quien daba la cara. Pero francamente no puedo evitar expresar mi punto de vista.
Me parece sencillamente patético que sea el mismo Zabludovsky quien se muestre como un comunicador que en su tiempo no fue otra cosa que una víctima del sistema. Porque al decir que no tenía alternativa, revela que de una u otra manera su estilo era más bien forzado y que solamente estaba obedeciendo las órdenes del sistema completo.
“No había de otra”, afirma en su columna. ¿En verdad era así? Y si la situación era tal, ¿por qué aceptaba el papel de manipulador con tanta resignación?
Posiblemente porque entonces pensaba en su persona y en sus necesidades. Porque tenía una familia que mantener y por ese motivo no le importaba transformar los hechos a conveniencia de quienes realmente gobernaban México: Televisa y asociados.
Ahora que está satisfecho, que se ha llenado los bolsillos y el estómago y que ha llegado a un momento de la vida en que honestamente no tiene nada que perder, ahora sí, acepta con todo el cinismo posible que “no había de otra”.
Me queda claro que Jacobo no era otra cosa que una especie de muñeco de ventrílocuo y que sus patrones decidían por él lo que era conveniente decir o no. Pero también me resulta evidente que no es ético para ningún periodista repetir como merolico la información que sabe perfectamente sirve sólo para engañar a millones de personas.
Los mexicanos somos ingenuos. Somos nobles y sencillos. Lo llevamos en la sangre porque a fin de cuentas somos el resultado de una mezcla de razas en la que cuenta mucho la parte indígena, esa parte nuestra que fue sometida salvajemente durante siglos.
Por eso, por esa tendencia natural a la sumisión, creímos en Jacobo, que no hizo otra cosa que darnos por años kilos y kilos de mentiras, toneladas de información que sencillamente nos hicieron vivir una especie de realidad paralela, la de un pueblo que tenía no solamente grandes posibilidades de desarrolo, sino sobre todo una “paz social” que tenía que agradecer a la autoridad.
Nuestra enorme ingenuidad -de nuevo gracias a Televisa- nos creo un mundo en que la vida cotidiana era casi una copia de las telenovelas, nuestro único acercamiento a la cultura era Siempre en Domingo y nuestra evasión por excelencia era el futbol, elementos todos que nos impidieron durante décadas percibir lo que realmente ocurría a nuestro alrededor.
Por eso ahora el único sentimiento que me provoca leer a Zabludovsky es una profunda indignación. Cuando en el mismo artículo afirma que “el bozal fue en una época obligatorio” no me queda más que preguntarme por qué ahora se da baños de pureza. Nadie lo obligaba a recibir atenciones y beneficios a cambio de engañar sin pudor a millones de personas. Con un poquito más de dignidad a lo mejor se habría dedicado a ejercer su carrera de abogado, se habría puesto a trabajar en otra cosa antes que alquilarse como difusor de infamias.
Hoy critica, habla, se atreve a señalar la falta de crítica de parte de los intelectuales de quienes dice claramente: “Una de las razones de esta mudez es que antes estaban fuera. Ahora están dentro. Se han creado para ellos puestos de trabajo lucidor y productivo.”
Trabajos tan lucidores y productivos como el que durante 27 largos años tuvo el mismo Jacobo, que aparecía en todas las pantallas caseras para contarnos diariamente un capítulo de la gran telenovela mexicana en la que los villanos, los malosos, eran todos aquellos que se oponían a los designios de los bondadosos protagonistas, nuestros queridos gobernantes, que ejercían sin pudor una perfecta dictadura de partido.
Es triste, más bien es indecente lo que Televisa ha hecho -y sigue haciendo- en México. Por eso es vergonzoso que uno de los principales ejecutores de los ultrajes que la citada empresa ha cometido ahora se permita hablar demás, especialmente porque me parece que encima de todo está escupiendo en el plato en que ha comido -por cierto muy bien- durante gran parte de su vida.