Publicado en el Semanario Punto. Toluca.
28 febrero, 2012.
Esta semana deseo dedicar este espacio a comentar una película. En realidad se trata de un documental que sorprendentemente está despertando el interés de los mexicanos que están acudiendo a las salas de cine y hasta contestando la encuesta final que se reparte a la salida.
Lo que me sorprende más es que uno de sus realizadores sea el periodista Carlos Loret de Mola.
Sinceramente no me esperaba que de un personaje tan “alineado” pudiera surgir un trabajo tan interesante.
Fui a ver la película sin prejuicios, con la idea de saber un poco más acerca del problema de la educación en México. Y honestamente De panzazo me sorprendió por la manera clara y precisa en que reúne datos, cifras y circunstancias concretas para mostrarlas de una forma clara y hasta con sentido del humor.
El documental es sencillamente el resumen de una catástrofe que no ha terminado y de la cual los mexicanos somos al mismo tiempo testigos y partícipantes.
Da vergüenza, a decir verdad. Es sencillamente molesto e indignante confirmar que la educación en nuestro país es una porquería. Y me van a perdonar el término, pero no encuentro otro calificativo. Es la triste conclusión después de ver el filme.
Hay cifras escalofriantes. Los números no mienten y saber que de cada cien mexicanos solamente dos terminan estudios de postgrado ya me parece suficientemente preocupante. Pero enterarme que México es el país que más invierte en educación, pero que más del 90 por ciento de los recursos se va en los salarios de los maestros es indignante.
Porque para colmo de males, no son todos los maestros los que se ven beneficiados. Claro que no. El magisterio -lo sabemos todos- se ha convertido en un trampolín político, en un atajo para llegar a las metas más obscuras. En un cochinero, con perdón de la expresión.
Ahí está el claro ejemplo de la señora Elba Esther Gordillo, la mujer más poderosa de México. La misma que ha convertido el magisterio en un lodazal. La “maestra”. ¡Sí, cómo no! Me pregunto si no le da vergüenza ostentar un título que debería ser motivo de orgullo.
Y es que hace muchas décadas, ser maestro en nuestro país era un honor. Mi natural romanticismo me lleva a recordar una película mexicana de la llamada época de oro: Río Escondido. La dirigió Emilio Fernández en 1948 y la protagonizó María Félix. Es la historia de una maestra rural que llevó su profesión hasta el extremo del sacrificio. El guión -un tanto cursi, lo reconozco- muestra a la Doña en el papel de Rosaura, una profesora que da su vida -literalmente- para que los niños de una comunidad alejada y pobre tengan acceso a la educación, no obstante la presencia del cacique del pueblo, Don Regino, que se empeña en mantenerlos en la ignorancia. Otros tiempos. Otro México en el que la educación era la esperanza de una vida mejor para todos.
Era el México de la postguerra, cuando gobernaba Miguel Alemán y se construía la Ciudad Universitaria, en aquella época la más grande del mundo. Entonces todavía se buscaba que nuestro país creciera, que los mexicanos progresaran.
A lo mejor los mexicanos de aquellos días de verdad creían en la educación como la principal manera de fomentar el progreso.
Hoy no queda nada de la utopía de Río Escondido. Ahora De Panzazo documenta la historia de otra comunidad rural donde en la telesecundaria de plano no hay televisión. Bueno, la ausencia de la televisión se justifica, porque no habría siquiera dónde conectarla, sencillamente porque no hay electricidad.
Han pasado décadas entre la realización de las dos cintas. El progreso ha llegado a México, pero no para todos. De Río Escondido a De Panzazo han pasado muchos presidentes, tricolores y azules.
La educación no solamente se ha estancado: ha empeorado. Y no se salva nadie. Ni las escuelas privadas, donde lo único que importa es desplumar a los ilusos padres que casi siempre sacrificándose mandan a sus hijos a prepararse para la vida, con la idea errónea de que como “quien paga manda” los profesores darán un extra para lograr que los jóvenes estén mejor capacitados.
Será un caso tomado al azar, pero en De Panzazo dos grupos de jóvenes del mismo grado escolar, pertenecientes uno a una escuela pública y otro a la privada realizan el mismo ejercicio de matemáticas. Es una división más o menos compleja. Ninguno de los dos grupos sale airoso de la prueba. Tan malo el pinto como el colorado, pues.
Es un problema general. La mala educación de los mexicanos se nota. Hasta en la sala de cine, donde veinte minutos después de iniciada la función, con la conocida puntualidad mexicana siguen llegando los espectadores. Se ve en las calles, donde los conductores histéricos no cesan de sonar las bocinas de sus autos y por supuesto invaden las líneas peatonales. Se siente en la gente prepotente que salta la fila “porque tiene prisa”. Se advierte en la indolencia de quienes ya sea en la iniciativa privada que en el servicio público atienden a quienes requieren sus servicios. Se percibe en la indiferencia colectiva que nos lleva a estar siempre detrás, a ser el país del “ya merito”, aunque tengamos todo para estar en primera línea.
Efectivamente somos el país que pasa (y eso a veces) de “panzazo”. Y así nos dejamos tratar. Por eso nuestra clase política abusa de nuestra ignorancia y nos receta galanes de telenovela, mujeres “totalmente Palacio” y propuestas amorosas como opciones de gobierno. Puras falacias. Absoluta superficialidad. A fin de cuentas ya lo sabemos, el que llegue gracias a nuestro voto nos seguirá gobernando con un plan de educación que nos mantenga viviendo de panzazo...
lunes, 26 de marzo de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
Josefina... ¿Nomás por ser mujer?
Publicado en el semanario Punto
06 de febrero, 2012
Toluca, México
Esta semana no puedo evitar hablar de la oficialización de la candidatura de Josefina Vázquez Mota a la presidencia de la República. Es preocupante.
Seguramente habrá algunas mujeres que podrán decir que soy poco solidaria y hasta antifeminista. Puede ser. Pero no comparto la idea de que la virtual candidata panista se merezca ser presidenta solamente porque es mujer.
Me suena forzado. Es como decir que su condición de fémina le da ventaja porque representa a una parte marginada de la población que podría, en el caso de una victoria, dar a todo el género una especie de recompensa.
Postular a Vázquez Mota es una buen movimiento de Acción Nacional. Una estrategia inteligente ante la inminente propuesta del priísta Enrique Peña Nieto que, ni duda cabe, desde el inicio de su promoción despiadada apuntó hacia el electorado femenil.
Es bien sabido que las mujeres son un sector importante, simplemente por una cuestión de números. Y ahora resulta que los panistas han cambiado tanto que ya se les olvidaron los tiempos en que su Jefe, Diego Fernández de Cevallos, siendo senador de la República, no tenía empacho en decir “el viejerío a su casa”, dejando clara la postura de su partido.
Pero con los tiempos que corren, hay que echar mano de todo lo que se pueda con tal de no perder la silla presidencial. Hasta candidatear a una mujer, contradiciendo los elementales principios del partido más conservador de México.
Reconozcamos que en nuestro país no estamos acostumbrados a que manden las mujeres. O al menos, no es bien visto que lo hagan a la luz del sol. Tan es así que precisamente Josefina Vázquez Mota fue la primera secretaria de Desarrollo Social, la primera de Educación y también la primera coordinadora de bancada de su partido en la Legislatura.
Si observamos con atención la historia mexicana, las mujeres en la política brillan por su ausencia. Todavía recuerdo la primera vez que una mujer ocupó un cargo en el gabinete federal. Rosa Luz Alegría llegó a ser secretaria de Turismo. Era al inicio de los años 80. Y sinceramente, no hay que olvidar que corrían voces de que el cargo lo había obtenido no por su talento, sino por una relación sentimental con el entonces presidente José López Portillo.
Me viene a la memoria la primera gobernadora electa en nuestro país. Se llamaba Griselda Álvarez y ganó las elecciones en Colima, en el lejano 1979.
Probablemente los nombres se quedaron muy grabados en mi mente porque en aquellos tiempos yo era una niña y me parecía extraño ver en las noticias a aquellas dos señoras entre tantos hombres. No se usaba, para qué decir mentiras. Las mujeres estaban en su casa, o en todo caso, desempeñaban labores que nada tenían que ver con la política.
Será porque tradicionalmente el papel de las féminas mexicanas está en segundo plano. Recordemos los tiempos de la Revolución mexicana y las miles de Adelitas que si bien dieron batalla nunca tuvieron un verdadero reconocimiento y mucho menos llegaron a ocupar un lugar en la vida pública nacional.
Recordemos que en nuestro idioma hablar de un “hombre público” es hacer referencia a un estadista o a un político, mientras que una “mujer pública” es simplemente una prostituta. Pensemos en la frase “mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”.
No estamos acostumbrados a ver mujeres en el poder. Es la triste realidad.
Tenemos en nuestra historia pocos personajes femeninos reconocidos. Me vienen a la memoria solamente dos: Sor Juana Inés de la Cruz y Josefa Ortíz de Domínguez, ambas consideradas personajes menores.
Lo dicho: no somos un país donde a las mujeres se les reconozca talento. Al menos no en política.
Sin embargo, que el PAN postule una candidata me parece una idea interesante y como ya dije, inteligente porque obedece a sus intereses en un momento crítico en que Peña Nieto es el rival que se han propuesto derrotar.
Digamos que el PAN nos propone otra vez el cambio. Los mexicanos, ya se sabe, tenemos poca memoria y seguramente muchos no se detendrán a pensar que ya una vez los blanquiazules nos engañaron, vendiéndonos el concepto de transformación y dejando a muchos con rabia y desilusión, después de un sexenio desastroso en que presenciamos impotentes la incompetencia de Vicente Fox.
Y el cambio siguió con Felipe Calderón, quien aparentemente llegó a la presidencia gracias a la intervención de su predecesor, que hizo uso de todas las artimañas que por años criticó a los priístas.
Un nuevo sexenio que ha costado miles de vidas gracias a una guerra contra el narcotráfico que parece no tener fin.
Ahora la virtual candidata Josefina Vázquez Mota al parecer tiene las ideas muy claras: “Si soy la abanderada del Partido Acción Nacional (PAN), por supuesto, no daré tregua ni amnistía ni espacio alguno al crimen organizado. No tengo duda que gracias a lo que el Presidente Calderón ha hecho hoy podemos transitar a una fase para fortalecer las instituciones", expresó durante la campaña al interior de su partido.
Por eso reitero que la candidatura de Vázquez Mota es preocupante. Porque propone más de lo mismo, más de esa inútil y sanguinaria guerra que ha hundido al país en el terror y que la panista al parecer tampoco tiene muy claro cómo debe continuar.
No importa si se trata de una mujer. Es siempre una representante de la derecha conservadora mexicana, y es parte del sistema que simplemente no ha funcionado.
Lo peor del asunto es escuchar que en su primer discurso como virtual candidata, la panista afirmó que su objetivo es “derrotar a Enrique Peña Nieto y su partido, porque representan el autoritarismo y el regreso a la corrupción y a la impunidad como sistema”.
Si su primera opción es esa, y si sus seguidores se limitan a decir que quieren “faldas y no gel”, entonces debemos prepararnos para vivir una campaña de acusaciones y no de propuestas.
Sinceramente el planteamiento de que Vázquez Mota se merece llegar a la presidencia porque es tiempo de que México tenga una mujer al frente del Ejecutivo, me parece carente de fundamentos.
Debo decir que personalmente me gustaría ver un presidente a la altura de las circunstancias, capaz de administrar, negociar, debatir, actuar y mejorar a mi país, sin importar a qué género pertenece.
El problema verdadero es que a estas alturas del partido, ninguno de los candidatos parece cumplir con los requisitos.
Francamente lo que se vislumbra es que nos va a tocar elegir al menos peor, si es que existe.
06 de febrero, 2012
Toluca, México
Esta semana no puedo evitar hablar de la oficialización de la candidatura de Josefina Vázquez Mota a la presidencia de la República. Es preocupante.
Seguramente habrá algunas mujeres que podrán decir que soy poco solidaria y hasta antifeminista. Puede ser. Pero no comparto la idea de que la virtual candidata panista se merezca ser presidenta solamente porque es mujer.
Me suena forzado. Es como decir que su condición de fémina le da ventaja porque representa a una parte marginada de la población que podría, en el caso de una victoria, dar a todo el género una especie de recompensa.
Postular a Vázquez Mota es una buen movimiento de Acción Nacional. Una estrategia inteligente ante la inminente propuesta del priísta Enrique Peña Nieto que, ni duda cabe, desde el inicio de su promoción despiadada apuntó hacia el electorado femenil.
Es bien sabido que las mujeres son un sector importante, simplemente por una cuestión de números. Y ahora resulta que los panistas han cambiado tanto que ya se les olvidaron los tiempos en que su Jefe, Diego Fernández de Cevallos, siendo senador de la República, no tenía empacho en decir “el viejerío a su casa”, dejando clara la postura de su partido.
Pero con los tiempos que corren, hay que echar mano de todo lo que se pueda con tal de no perder la silla presidencial. Hasta candidatear a una mujer, contradiciendo los elementales principios del partido más conservador de México.
Reconozcamos que en nuestro país no estamos acostumbrados a que manden las mujeres. O al menos, no es bien visto que lo hagan a la luz del sol. Tan es así que precisamente Josefina Vázquez Mota fue la primera secretaria de Desarrollo Social, la primera de Educación y también la primera coordinadora de bancada de su partido en la Legislatura.
Si observamos con atención la historia mexicana, las mujeres en la política brillan por su ausencia. Todavía recuerdo la primera vez que una mujer ocupó un cargo en el gabinete federal. Rosa Luz Alegría llegó a ser secretaria de Turismo. Era al inicio de los años 80. Y sinceramente, no hay que olvidar que corrían voces de que el cargo lo había obtenido no por su talento, sino por una relación sentimental con el entonces presidente José López Portillo.
Me viene a la memoria la primera gobernadora electa en nuestro país. Se llamaba Griselda Álvarez y ganó las elecciones en Colima, en el lejano 1979.
Probablemente los nombres se quedaron muy grabados en mi mente porque en aquellos tiempos yo era una niña y me parecía extraño ver en las noticias a aquellas dos señoras entre tantos hombres. No se usaba, para qué decir mentiras. Las mujeres estaban en su casa, o en todo caso, desempeñaban labores que nada tenían que ver con la política.
Será porque tradicionalmente el papel de las féminas mexicanas está en segundo plano. Recordemos los tiempos de la Revolución mexicana y las miles de Adelitas que si bien dieron batalla nunca tuvieron un verdadero reconocimiento y mucho menos llegaron a ocupar un lugar en la vida pública nacional.
Recordemos que en nuestro idioma hablar de un “hombre público” es hacer referencia a un estadista o a un político, mientras que una “mujer pública” es simplemente una prostituta. Pensemos en la frase “mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”.
No estamos acostumbrados a ver mujeres en el poder. Es la triste realidad.
Tenemos en nuestra historia pocos personajes femeninos reconocidos. Me vienen a la memoria solamente dos: Sor Juana Inés de la Cruz y Josefa Ortíz de Domínguez, ambas consideradas personajes menores.
Lo dicho: no somos un país donde a las mujeres se les reconozca talento. Al menos no en política.
Sin embargo, que el PAN postule una candidata me parece una idea interesante y como ya dije, inteligente porque obedece a sus intereses en un momento crítico en que Peña Nieto es el rival que se han propuesto derrotar.
Digamos que el PAN nos propone otra vez el cambio. Los mexicanos, ya se sabe, tenemos poca memoria y seguramente muchos no se detendrán a pensar que ya una vez los blanquiazules nos engañaron, vendiéndonos el concepto de transformación y dejando a muchos con rabia y desilusión, después de un sexenio desastroso en que presenciamos impotentes la incompetencia de Vicente Fox.
Y el cambio siguió con Felipe Calderón, quien aparentemente llegó a la presidencia gracias a la intervención de su predecesor, que hizo uso de todas las artimañas que por años criticó a los priístas.
Un nuevo sexenio que ha costado miles de vidas gracias a una guerra contra el narcotráfico que parece no tener fin.
Ahora la virtual candidata Josefina Vázquez Mota al parecer tiene las ideas muy claras: “Si soy la abanderada del Partido Acción Nacional (PAN), por supuesto, no daré tregua ni amnistía ni espacio alguno al crimen organizado. No tengo duda que gracias a lo que el Presidente Calderón ha hecho hoy podemos transitar a una fase para fortalecer las instituciones", expresó durante la campaña al interior de su partido.
Por eso reitero que la candidatura de Vázquez Mota es preocupante. Porque propone más de lo mismo, más de esa inútil y sanguinaria guerra que ha hundido al país en el terror y que la panista al parecer tampoco tiene muy claro cómo debe continuar.
No importa si se trata de una mujer. Es siempre una representante de la derecha conservadora mexicana, y es parte del sistema que simplemente no ha funcionado.
Lo peor del asunto es escuchar que en su primer discurso como virtual candidata, la panista afirmó que su objetivo es “derrotar a Enrique Peña Nieto y su partido, porque representan el autoritarismo y el regreso a la corrupción y a la impunidad como sistema”.
Si su primera opción es esa, y si sus seguidores se limitan a decir que quieren “faldas y no gel”, entonces debemos prepararnos para vivir una campaña de acusaciones y no de propuestas.
Sinceramente el planteamiento de que Vázquez Mota se merece llegar a la presidencia porque es tiempo de que México tenga una mujer al frente del Ejecutivo, me parece carente de fundamentos.
Debo decir que personalmente me gustaría ver un presidente a la altura de las circunstancias, capaz de administrar, negociar, debatir, actuar y mejorar a mi país, sin importar a qué género pertenece.
El problema verdadero es que a estas alturas del partido, ninguno de los candidatos parece cumplir con los requisitos.
Francamente lo que se vislumbra es que nos va a tocar elegir al menos peor, si es que existe.
miércoles, 25 de enero de 2012
EPN ¿vida privada?
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México
25 de enero, 2012
Esta semana mientras curioseaba como siempre en las noticias que la red difunde, me encontré con una entrevista que la columnista del diario El Universal Katia D'Artigues hizo a Enrique Peña Nieto. No me cabe la menor duda: los estrategas de comunicación del priísta mexiquense están haciendo hasta lo imposible para mejorar la imagen pública de éste.
Después de sus contínuas metidas de pata, todo parece indicar que es necesario que Peña se muestre atento y gentil con los representantes de los medios. Se está concediendo a los periodistas sin el mínimo pudor.
Al parecer la estrategia es mostrarlo como una persona que se equivoca y que tiene la humildad suficiente para reconocer sus errores. En pocas palabras, con tal de ser presidente, nuestro copetudo personaje es capaz de aparentar una humildad que a leguas se nota no le pertenece.
Y ahora resulta que sus enemigos se la pasan tejiendo “leyendas” a su alrededor. Niega su parentesco con Arturo Montiel. Obviamente rechaza ser tener nexos con Carlos Salinas de Gortari.
Pero la mejor parte de la entrevista es aquella en la que Peña Nieto se confiesa y en un catártico ejercicio muestra al mundo su punto débil, su lado humano: es un mujeriego incorregible, pero eso sí, arrepentido.
Y como dictan los principios en los que seguramente creció una persona que fue educada en colegios católicos -ni más ni menos que en una universidad que pertenece al Opus Dei- el arrepentimiento es redención.
Por eso seguramente sus asesores de imagen le han indicado que no importa qué tan terribles sean las verdades que debe revelar, mientras su discurso permita al público que lo escucha darse cuenta de que es un hombre que ha alcanzado la madurez y ha dejado en el pasado sus errores y sus irresponsabilidades. Que se arrepiente de corazón y promete no volverlo a hacer.
Lástima que esos errores los cometió cuando ya era un político más o menos conocido y que en realidad no los ha corregido del todo, o al menos no como dice.
Hablo principalmente del humilde Enrique Peña que dice: “Tuve otra relación, de la que hubo un hijo... Su mamá es la que se hace cargo, está al cuidado y pendiente de él. Me he ocupado desde que nació que tenga lo necesario para su crecimiento. Tengo momentos de cercanía con él; no son muchos, debo confesarlo.”
Y “hubo otro que murió”, dice la periodista D'Artigues en la entrevista. De nuevo el humilde precandidato reconoce su culpa y explica que durante “esa etapa, esos momentos de la situación matrimonial, hubo otra relación donde hubo un niño que lamentablemente murió”.
Da detalles, cuenta todo con pelos y señales. Cierto que no es la primera vez que lo hace. Ya había confesado su debilidad a Rafael Loret de Mola, y el periodista calificó el hecho como “la ansiedad por parecer auténtico” y “expiación pública”.
Descripción precisa. Todo parece indicar que para Peña es una necesidad imperiosa mostrarle a sus potenciales electores que es una persona que comete errores. El problema empieza cuando viene sistemáticamente desmentido y su arranque de sinceridad provoca el efecto contrario.
Muchos de sus detractores le pueden responder, lo pueden descalificar, dudar de su confesión. Pero cuando quien lo pone en evidencia es ni más ni menos que la madre del hijo del cual dice ocuparse, su imagen se convierte en la de un reverendo farsante.
“¿En qué momento se pasa de la realidad a la ilusión, a la mentira, la hipocresía; sin ningún remordimiento??? ¿Con qué seguridad puedes fingir, aparentar, simular y sostener públicamente lo que no eres??? Respuesta: con la seguridad que te da ser un manipulador social, apoyado por muchos intereses, pero lo mas peligroso es que ya te crees tus propias mentiras...”
Las duras palabras que acaban de leer las escribió en su perfil de Facebook -público y disponible para quien desee leerlo- Maritza Díaz Hernández. Es ella una de las dos mujeres con quien Peña Nieto procreó un hijo fuera del matrimonio. Y es dura en sus críticas hacia el precandidato. “El RPI (sic) debería conocer la historia personal de su candidato, que toque otros temas, no sé: Ecología, Economía, Estadística, Instituciones, etc.... pero no de valores, de familia, de amor, de proteger... ¿verdad Enrique?????”
En esta mujer el priísta tiene una gran enemiga. Aunque a decir verdad sus enemigas reales son sus acciones pasadas, su vida privada que él mismo ha convertido en pública, por más que exija respeto hacia su intimidad.
Se habla mucho del derecho a la privacía que tienen los personajes públicos. En el caso que nos ocupa, ha sido el mismo político quien ha permitido el acceso a hechos y situaciones que deberían pertenecer a su esfera privada.
No puede a estas alturas exigir respeto cuando se ha encargado de exhibirse no solamente en los medios tradicionales, sino también en las redes sociales. Lo que de él se sabe ha salido de su propia boca. Lo que se inventa, las “leyendas” que dice se tejen para desprestigiarlo, tienen origen en la parte obscura de la imagen artificial que se ha venido creando desde que llegó a la gubernatura de la entidad mexiquense.
Porque Enrique Peña, se diga lo que se diga, no existía realmente antes de ser candidato a gobernador. A nadie le preocupaban ni el pasado ni el presente de un funcionario que vivía a la sombra de Arturo Montiel o de un diputado que a pesar de haber sido el líder de la bancada de su partido en el Congreso mexiquense era un legislador de medio pelo. Nunca fue un gran estratega. No brillaba y mucho menos en una Legislatura de mayoría priísta.
Al parecer en aquellos días su interés principal eran las mujeres y apenas se estaba acostumbrando a administrar el poder que le estaba llegando por obra y gracia de algún dios menor.
Fue a partir de su casi sorpresiva candidatura que un buen número de ciudadanos empezó a preguntarse de dónde salía el político del gel.
Y así comenzaron las leyendas de las que hoy tanto se lamenta. Sinceramente no encuentro el motivo de tanta indignación. Él mismo se ha encargado de reconocer sus pecadillos y ha dejado sin esclarecer sus pecadotes.
Sus acciones lo persiguen. Sus detractores se aprovechan. Pero a fin de cuentas son los electores los que deciden. Y para esto hay muchos meses por delante. Quién sabe por cuánto tiempo más seguirá jugando al lobo con piel de oveja. Y sobre todo, por cuánto tiempo le van a seguir creyendo.
Toluca, México
25 de enero, 2012
Esta semana mientras curioseaba como siempre en las noticias que la red difunde, me encontré con una entrevista que la columnista del diario El Universal Katia D'Artigues hizo a Enrique Peña Nieto. No me cabe la menor duda: los estrategas de comunicación del priísta mexiquense están haciendo hasta lo imposible para mejorar la imagen pública de éste.
Después de sus contínuas metidas de pata, todo parece indicar que es necesario que Peña se muestre atento y gentil con los representantes de los medios. Se está concediendo a los periodistas sin el mínimo pudor.
Al parecer la estrategia es mostrarlo como una persona que se equivoca y que tiene la humildad suficiente para reconocer sus errores. En pocas palabras, con tal de ser presidente, nuestro copetudo personaje es capaz de aparentar una humildad que a leguas se nota no le pertenece.
Y ahora resulta que sus enemigos se la pasan tejiendo “leyendas” a su alrededor. Niega su parentesco con Arturo Montiel. Obviamente rechaza ser tener nexos con Carlos Salinas de Gortari.
Pero la mejor parte de la entrevista es aquella en la que Peña Nieto se confiesa y en un catártico ejercicio muestra al mundo su punto débil, su lado humano: es un mujeriego incorregible, pero eso sí, arrepentido.
Y como dictan los principios en los que seguramente creció una persona que fue educada en colegios católicos -ni más ni menos que en una universidad que pertenece al Opus Dei- el arrepentimiento es redención.
Por eso seguramente sus asesores de imagen le han indicado que no importa qué tan terribles sean las verdades que debe revelar, mientras su discurso permita al público que lo escucha darse cuenta de que es un hombre que ha alcanzado la madurez y ha dejado en el pasado sus errores y sus irresponsabilidades. Que se arrepiente de corazón y promete no volverlo a hacer.
Lástima que esos errores los cometió cuando ya era un político más o menos conocido y que en realidad no los ha corregido del todo, o al menos no como dice.
Hablo principalmente del humilde Enrique Peña que dice: “Tuve otra relación, de la que hubo un hijo... Su mamá es la que se hace cargo, está al cuidado y pendiente de él. Me he ocupado desde que nació que tenga lo necesario para su crecimiento. Tengo momentos de cercanía con él; no son muchos, debo confesarlo.”
Y “hubo otro que murió”, dice la periodista D'Artigues en la entrevista. De nuevo el humilde precandidato reconoce su culpa y explica que durante “esa etapa, esos momentos de la situación matrimonial, hubo otra relación donde hubo un niño que lamentablemente murió”.
Da detalles, cuenta todo con pelos y señales. Cierto que no es la primera vez que lo hace. Ya había confesado su debilidad a Rafael Loret de Mola, y el periodista calificó el hecho como “la ansiedad por parecer auténtico” y “expiación pública”.
Descripción precisa. Todo parece indicar que para Peña es una necesidad imperiosa mostrarle a sus potenciales electores que es una persona que comete errores. El problema empieza cuando viene sistemáticamente desmentido y su arranque de sinceridad provoca el efecto contrario.
Muchos de sus detractores le pueden responder, lo pueden descalificar, dudar de su confesión. Pero cuando quien lo pone en evidencia es ni más ni menos que la madre del hijo del cual dice ocuparse, su imagen se convierte en la de un reverendo farsante.
“¿En qué momento se pasa de la realidad a la ilusión, a la mentira, la hipocresía; sin ningún remordimiento??? ¿Con qué seguridad puedes fingir, aparentar, simular y sostener públicamente lo que no eres??? Respuesta: con la seguridad que te da ser un manipulador social, apoyado por muchos intereses, pero lo mas peligroso es que ya te crees tus propias mentiras...”
Las duras palabras que acaban de leer las escribió en su perfil de Facebook -público y disponible para quien desee leerlo- Maritza Díaz Hernández. Es ella una de las dos mujeres con quien Peña Nieto procreó un hijo fuera del matrimonio. Y es dura en sus críticas hacia el precandidato. “El RPI (sic) debería conocer la historia personal de su candidato, que toque otros temas, no sé: Ecología, Economía, Estadística, Instituciones, etc.... pero no de valores, de familia, de amor, de proteger... ¿verdad Enrique?????”
En esta mujer el priísta tiene una gran enemiga. Aunque a decir verdad sus enemigas reales son sus acciones pasadas, su vida privada que él mismo ha convertido en pública, por más que exija respeto hacia su intimidad.
Se habla mucho del derecho a la privacía que tienen los personajes públicos. En el caso que nos ocupa, ha sido el mismo político quien ha permitido el acceso a hechos y situaciones que deberían pertenecer a su esfera privada.
No puede a estas alturas exigir respeto cuando se ha encargado de exhibirse no solamente en los medios tradicionales, sino también en las redes sociales. Lo que de él se sabe ha salido de su propia boca. Lo que se inventa, las “leyendas” que dice se tejen para desprestigiarlo, tienen origen en la parte obscura de la imagen artificial que se ha venido creando desde que llegó a la gubernatura de la entidad mexiquense.
Porque Enrique Peña, se diga lo que se diga, no existía realmente antes de ser candidato a gobernador. A nadie le preocupaban ni el pasado ni el presente de un funcionario que vivía a la sombra de Arturo Montiel o de un diputado que a pesar de haber sido el líder de la bancada de su partido en el Congreso mexiquense era un legislador de medio pelo. Nunca fue un gran estratega. No brillaba y mucho menos en una Legislatura de mayoría priísta.
Al parecer en aquellos días su interés principal eran las mujeres y apenas se estaba acostumbrando a administrar el poder que le estaba llegando por obra y gracia de algún dios menor.
Fue a partir de su casi sorpresiva candidatura que un buen número de ciudadanos empezó a preguntarse de dónde salía el político del gel.
Y así comenzaron las leyendas de las que hoy tanto se lamenta. Sinceramente no encuentro el motivo de tanta indignación. Él mismo se ha encargado de reconocer sus pecadillos y ha dejado sin esclarecer sus pecadotes.
Sus acciones lo persiguen. Sus detractores se aprovechan. Pero a fin de cuentas son los electores los que deciden. Y para esto hay muchos meses por delante. Quién sabe por cuánto tiempo más seguirá jugando al lobo con piel de oveja. Y sobre todo, por cuánto tiempo le van a seguir creyendo.
miércoles, 18 de enero de 2012
Ser mujer
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México
18 de enero, 2012
Deseo iniciar este 2012 con un saludo y mis mejores deseos para todos los amigos del semanario Punto. Espero que sea un año de cambios importantes y positivos para todo el mundo, especialmente para México e Italia, los dos países que amo profundamente y que en modo muy diferente están frente a situaciones difíciles y problemas serios que por el bien de todos es mejor que solucionen.
Para comenzar este nuevo ciclo de colaboraciones, he decidido hablar de las mujeres. Y parto de una de esas e mails que se envían casi inocentemente. Una amiga queridísima me mandó un texto que me dejó con la boca abierta. Se trata de un “Monólogo de la mujer moderna” que habría sido leído al aire por la ¿periodista? Adela Micha. Al menos así se presenta.
“Me gustaría saber quién fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer.” Es la primera frase que simple y sencillamente me parece impactante. En el monólogo una mujer trabajadora se lamenta porque considera que a partir de la “liberación femenina” la situación del sexo débil ha simplemente empeorado.
“Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa, podando árboles, plantando flores, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos.”
Esta expresión de nostalgia por una vida que las mujeres de menos de cincuenta años simplemente no conocemos, me parece completamente fuera de lugar.
No creo que mis coetáneas hayan conocido realmente de cerca la vida de una mujer que se haya siempre ocupado de la casa. Las mujeres de todo el mundo trabajan desde hace muchas décadas. Por fortuna. A pesar de la queja contínua respecto al hecho de que tienen responsabilidad por partida doble, no creo que una mujer moderna tenga la mínima idea de lo que es estar encerrada en una casa sin nada más que hacer que limpiar por todos lados y esperar el momento de complacer marido e hijos, con la única posible satisfacción de recibir las gracias y cualquier elogio.
No puedo imaginar que sea auténtica la “envidia” por la condición de esas mujeres sea racional y/o auténtica. Porque detrás de esa maravilla que era ocuparse del hogar, había sin duda un gran sentido de frustración y un velado (casi prohibido) deseo de utilizar un poco más el cerebro y un poco menos las manos.
Creo como siempre que los extremos son malos. No concibo tampoco una mujer cuya prioridad sea exclusivamente el trabajo. No me parece lógica la idea de consagrarse en cuerpo y alma a la actividad laboral, aún a costa de sacrificar horas preciosas con la familia. Pero este razonamiento no es una cuestión de género, porque a decir verdad es también muy criticable encontrar hombres que viven para trabajar y no trabajan para vivir.
“¿Porqué, díganme porqué o para que la liberación femenina... que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos?...” La redacción es pésima, pero el concepto es claro. Lo que no me queda tan claro es dónde está esa “competencia” que no solamente es insana, sino también ilógica.
Claro que llevar el feminismo al extremo y considerar al hombre como un enemigo es un síntoma de desequilibrio y de inmadurez.
Quisiera saber si en verdad existe la competencia despiadada en el trabajo entre hombres y mujeres. No lo creo. En mi humilde experiencia nunca la vi, muy probablemente porque no se me dio la gana verla, ya que moverse en el mundo laboral con cierta predisposición me ha parecido siempre equivocado.
...“Nos volvimos ‘‘súper mujeres’’ pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes”, dice el texto, que agrega: “Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana...”.
Me pregunto si realmente el hecho de trabajar y producir excluye la posibilidad de mantener la condición de fémina. Lo dudo.
Es lógico pensar que no todos los hombres están dispuestos a dar una posición importante a las mujeres o a considerarlas al parejo en cuanto a capacidad. Un ejemplo de ello es el modo en que Enrique Peña Nieto le habría negado a la senadora por Chiapas, María Elena Orantes López la posibilidad de ser candidata a la gubernatura de su estado.
“Tú no puedes ser la candidata a gobernadora porque eres mujer. Eso te vuelve vulnerable”, habría dicho el exgobernador mexiquense a la legisladora, que entonces decidió renunciar al tricolor. Paradójicamente el PAN, que debería comportarse en una manera mucho más conservadora, dada su naturaleza misma -de derecha y mojigata- podría dar la sorpresa de postular para la presidencia a una mujer, Josefina Vázquez Mota.
Independientemente del contexto político, lo que deseo subrayar es que a decir verdad no pienso que ninguna de estas señoras que están desde siempre metidas en la política tenga la necesidad de “sentirse mujer” o que esté inconforme con la posibilidad de destacar, o que se sienta desgraciada porque tiene que competir con los hombres.
Si acaso alguna se sentirá desilusionada porque quedan todavía algunos especímenes que consideran más importante la “buena presentación” que el “cerebro funcionante”, o lo que es lo mismo, privilegian a las lindas actrices de telenovela que pueden ser un buen objeto decorativo, en lugar de dar una posibilidad a otras mujeres menos bellas per a lo mejor un poco más capaces.
Volviendo al discurso inicial, debo decir que no comparto para nada las ideas plasmadas en ese texto y que si de verdad Adela Micha se tomó la libertad de leerlo en su programa, confirmo que el título de periodista refiriéndose a ella debe quedar muy pero muy entrecomillado.
Y quiero agregar que no considero seriamente el hecho de que las mujeres de hoy estén obligadas a “pagar el precio por en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades”.
Eso no es cierto. O al menos en condiciones normales no tendría que ser cierto, por la sencilla razón de que la cuestión estética y la formación intelectual son asuntos que la mujer debe considerar simple y sencillamente como decisiones personales que aumenten su autoestima, y no como obligaciones por cumplir para agradar a los demás.
Esa creo que debería ser la diferencia entre estar “harta de la liberación femenina” y ser una mujer consciente de las propias capacidades y de las muchas maneras que hay para explotarlas sin sentirse en contínua competencia y en una situación de desventaja.
Toluca, México
18 de enero, 2012
Deseo iniciar este 2012 con un saludo y mis mejores deseos para todos los amigos del semanario Punto. Espero que sea un año de cambios importantes y positivos para todo el mundo, especialmente para México e Italia, los dos países que amo profundamente y que en modo muy diferente están frente a situaciones difíciles y problemas serios que por el bien de todos es mejor que solucionen.
Para comenzar este nuevo ciclo de colaboraciones, he decidido hablar de las mujeres. Y parto de una de esas e mails que se envían casi inocentemente. Una amiga queridísima me mandó un texto que me dejó con la boca abierta. Se trata de un “Monólogo de la mujer moderna” que habría sido leído al aire por la ¿periodista? Adela Micha. Al menos así se presenta.
“Me gustaría saber quién fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer.” Es la primera frase que simple y sencillamente me parece impactante. En el monólogo una mujer trabajadora se lamenta porque considera que a partir de la “liberación femenina” la situación del sexo débil ha simplemente empeorado.
“Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa, podando árboles, plantando flores, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos.”
Esta expresión de nostalgia por una vida que las mujeres de menos de cincuenta años simplemente no conocemos, me parece completamente fuera de lugar.
No creo que mis coetáneas hayan conocido realmente de cerca la vida de una mujer que se haya siempre ocupado de la casa. Las mujeres de todo el mundo trabajan desde hace muchas décadas. Por fortuna. A pesar de la queja contínua respecto al hecho de que tienen responsabilidad por partida doble, no creo que una mujer moderna tenga la mínima idea de lo que es estar encerrada en una casa sin nada más que hacer que limpiar por todos lados y esperar el momento de complacer marido e hijos, con la única posible satisfacción de recibir las gracias y cualquier elogio.
No puedo imaginar que sea auténtica la “envidia” por la condición de esas mujeres sea racional y/o auténtica. Porque detrás de esa maravilla que era ocuparse del hogar, había sin duda un gran sentido de frustración y un velado (casi prohibido) deseo de utilizar un poco más el cerebro y un poco menos las manos.
Creo como siempre que los extremos son malos. No concibo tampoco una mujer cuya prioridad sea exclusivamente el trabajo. No me parece lógica la idea de consagrarse en cuerpo y alma a la actividad laboral, aún a costa de sacrificar horas preciosas con la familia. Pero este razonamiento no es una cuestión de género, porque a decir verdad es también muy criticable encontrar hombres que viven para trabajar y no trabajan para vivir.
“¿Porqué, díganme porqué o para que la liberación femenina... que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos?...” La redacción es pésima, pero el concepto es claro. Lo que no me queda tan claro es dónde está esa “competencia” que no solamente es insana, sino también ilógica.
Claro que llevar el feminismo al extremo y considerar al hombre como un enemigo es un síntoma de desequilibrio y de inmadurez.
Quisiera saber si en verdad existe la competencia despiadada en el trabajo entre hombres y mujeres. No lo creo. En mi humilde experiencia nunca la vi, muy probablemente porque no se me dio la gana verla, ya que moverse en el mundo laboral con cierta predisposición me ha parecido siempre equivocado.
...“Nos volvimos ‘‘súper mujeres’’ pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes”, dice el texto, que agrega: “Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana...”.
Me pregunto si realmente el hecho de trabajar y producir excluye la posibilidad de mantener la condición de fémina. Lo dudo.
Es lógico pensar que no todos los hombres están dispuestos a dar una posición importante a las mujeres o a considerarlas al parejo en cuanto a capacidad. Un ejemplo de ello es el modo en que Enrique Peña Nieto le habría negado a la senadora por Chiapas, María Elena Orantes López la posibilidad de ser candidata a la gubernatura de su estado.
“Tú no puedes ser la candidata a gobernadora porque eres mujer. Eso te vuelve vulnerable”, habría dicho el exgobernador mexiquense a la legisladora, que entonces decidió renunciar al tricolor. Paradójicamente el PAN, que debería comportarse en una manera mucho más conservadora, dada su naturaleza misma -de derecha y mojigata- podría dar la sorpresa de postular para la presidencia a una mujer, Josefina Vázquez Mota.
Independientemente del contexto político, lo que deseo subrayar es que a decir verdad no pienso que ninguna de estas señoras que están desde siempre metidas en la política tenga la necesidad de “sentirse mujer” o que esté inconforme con la posibilidad de destacar, o que se sienta desgraciada porque tiene que competir con los hombres.
Si acaso alguna se sentirá desilusionada porque quedan todavía algunos especímenes que consideran más importante la “buena presentación” que el “cerebro funcionante”, o lo que es lo mismo, privilegian a las lindas actrices de telenovela que pueden ser un buen objeto decorativo, en lugar de dar una posibilidad a otras mujeres menos bellas per a lo mejor un poco más capaces.
Volviendo al discurso inicial, debo decir que no comparto para nada las ideas plasmadas en ese texto y que si de verdad Adela Micha se tomó la libertad de leerlo en su programa, confirmo que el título de periodista refiriéndose a ella debe quedar muy pero muy entrecomillado.
Y quiero agregar que no considero seriamente el hecho de que las mujeres de hoy estén obligadas a “pagar el precio por en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades”.
Eso no es cierto. O al menos en condiciones normales no tendría que ser cierto, por la sencilla razón de que la cuestión estética y la formación intelectual son asuntos que la mujer debe considerar simple y sencillamente como decisiones personales que aumenten su autoestima, y no como obligaciones por cumplir para agradar a los demás.
Esa creo que debería ser la diferencia entre estar “harta de la liberación femenina” y ser una mujer consciente de las propias capacidades y de las muchas maneras que hay para explotarlas sin sentirse en contínua competencia y en una situación de desventaja.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Chicas de Plástico
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México, 22 de mayo, 2008
En Alemania, anualmente 100 mil jóvenes menores de 18 años se someten a operaciones de cirugía plástica, de acuerdo con un artículo publicado esta semana por el diario italiano Corriere della Sera. Por esta razón, el gobierno germano ha decidido establecer una ley para que antes de someter al bisturí a un menor de edad, sea necesaria la opinión de dos médicos, además de la autorización de los padres.
En Italia, la situación relativa al auge de la cirugía plástica no es menos alarmante. La Sociedad Italiana de Cirugía Plástica refiere que la lipoescultura, el aumento del seno, la cirugía a la nariz o a las orejas son las intervenciones más solicitadas por los jóvenes menores de 18 años.
Según Maurizio Priori, presidente de la mencionada Sociedad, la cirugía plástica en personas tan jóvenes se justifica porque pueden “liberarlas de serios complejos psicológicos”.
Muchos conocemos casos de personas más o menos cercanas a nosotros, que han recurrido al bisturí bajo mil argumentos distintos: “mejorar su aspecto físico” “sentirse mejor consigo mismas” y demás justificaciones que nadie les pide pero que se esmeran en hacer públicas.
Cuando la intervención es hecha a una persona adulta, no hay más que hacer, sino respetar su voluntad y su libre albedrío, porque sinceramente cada quien tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que mejor le parezca.
Cierto que en ocasiones se exagera, al grado que quienes deciden darse una retocadita, se convierten en una especie de seres plastificados cuyo cuerpo magnifico no se van a comer los gusanos cuando pasen a mejor vida, dado que las prótesis no entran en proceso de descomposición.
Lo malo es pensar que las nuevas generaciones, que deberían teóricamente ser mejores que nosotros en todos aspectos, están creciendo con la obsesión de ser físicamente perfectos, tratando desesperadamente de copiar los cánones de belleza establecidos quién sabe cuándo por quién sabe quién,
Así, es posible observar cómo en el país de la bota los jóvenes caen en la trampa, en gran parte gracias al bombardeo de programas televisivos que han causado no pocas polémicas, como Bisturí, Cambio vita... mi trasformo y el importado Extreme makeover.
Dichos programas muestran cómo un físico perfecto, un buen corte de cabello, la ropa y el maquillaje adecuados pueden convertir una persona normal en un ser envidiable, amado, respetado, digno de todas las oportunidades. En pocas palabras: la belleza física equivale a triunfo y si ésta no viene dada por la madre naturaleza, es imprescindible buscarla a cualquier costo.
No se trata de ser hipócritas. A todos nos gusta vernos bien y quien no lo acepte se engaña a sí mismo. Pero hay una diferencia entre querer lucir mejor y transformarse hasta llegar a la perfección. No es lo mismo hacer ejericio, comer bien y llenarse de cremas y pociones varias para conservarse en condiciones de presentarse en sociedad, que recurrir a una riesgosa operación y a sus probables consecuencias con tal de tener el rostro sin arrugas y la nariz socialmente aceptada, el seno más generoso, el vientre más plano y el trasero más duro y de proporciones adecuadas.
En Italia comienza a estar de moda que los padres regalen a las chicas una operación para mejorar el seno como premio por haber aprobado el esame di maturità, es decir, con 19 años apenas cumplidos, justo antes de iniciar los estudios universitarios.
Tal vez esas chicas no terminarán la Universidad, probablemente antes de eso se convertirán en modelos, en bailarinas de Tv, en conductoras y si tienen suerte, a lo mejor llegan a ser diputadas o ministras.
Y es que el punto por criticar es exactamente ese: al parecer, para tener éxito profesional es necesario ser físicamente atractiva. Hay un promocional de televisión en que una mujer embarazada está elaborando una lista de los beneficios que quiere dar a su bebé, que es una niña. Comienza a enumerarlos: licenciatura en Física, dos maestrías, de las cuales una en física cuántica, inglés, alemán, chino y japonés escritos y hablados y demás conocimientos. La señora termina diciendo a la bebé que está gestando: “de tu currículum, me ocupo yo, pero tú ocúpate de ser figa (término coloquial para definir una mujer bellísima) si no, el resto no te sirve de nada”.
En un spot banal y ligero, se plasma una realidad seria y muy pesada de la sociedad italiana: sin belleza, no hay talento que valga. Y no se habla de belleza como término relativo. Hay estándares tan definidos que hasta en certámenes tradicionales como Miss Italia, las chicas -por supuesto, todas retocadas- parecen haber sido fabricadas en serie.
Se es bella si se tienen ciertas características: una cierta estatura, un tipo determinado de rasgos y de cuerpo, y obviamente para adecuarse a las exigencias, además de la cirugía plástica, las jóvenes terminan por caer en situaciones graves como la bulimia y la anorexia, con tal de mantener su imagen.
Sin embargo, hay que reconocer que la obsesión de las chicas por ser físicamente atractivas no nace sin el apoyo decisivo de sus propias madres. Siendo Italia uno de los países con mayor esperanza de vida, hay una especie de fiebre por conservar la eterna juventud. De ahí que tantas señoras maduras se esfuerzan hasta lo inimaginable con tal de conservar sus atractivos, y conscientemente o no, heredan a sus hijas sus mismas fijaciones..
En resumen: cuando se lleva a la exageración la necesidad de ser físicamente atractivo, se pasa por alto la importancia de cultivar otros valores. Si a esto agregamos la falsa idea que se da a las nuevas generaciones acerca de la importancia de la apariencia por encima de la esencia, vemos como resultado una sociedad altamente consumista, preocupada por lo superfluo y con pocas posibilidades de desarrollo real.
Poco se puede esperar de una Italia en la que, curiosamente, el mismísimo presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, es un personaje que abiertamente ha reconocido su debilidad por las cirugías -por cuestión de imagen, dice- y que a sus setenta años pasaditos no se resigna a tener arrugas ni a perder el cabello, sometiéndose contínuamente a liftings y luciendo sus costosísimos implantes capilares, además de ocultar sus canas.
Tampoco hay mucho que decir sobre las diputadas y ministras que alguna vez fueron vedettes de televisión y que francamente no tienen mucho que aportar en términos de gobierno, pero sí mucho que lucir y presumir.
Es una pena que el concepto de belleza se haya distorsionado y se haya reducido solamente a ciertos pobres parámetros.
Una mujer, la escritora francesa del siglo XIX George Sand, (Amandine-Aurore-Lucille Dupin )resumió en una frase un principio que quizá en pleno siglo XXI serviría para aclarar un poco las ideas en las algunas sociedades confusas: “la belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”. Recordarlo más seguido probablemente no nos haría mal, especialmente si se trata de orientar a las nuevas generaciones hacia los verdaderos valores universales.
Toluca, México, 22 de mayo, 2008
En Alemania, anualmente 100 mil jóvenes menores de 18 años se someten a operaciones de cirugía plástica, de acuerdo con un artículo publicado esta semana por el diario italiano Corriere della Sera. Por esta razón, el gobierno germano ha decidido establecer una ley para que antes de someter al bisturí a un menor de edad, sea necesaria la opinión de dos médicos, además de la autorización de los padres.
En Italia, la situación relativa al auge de la cirugía plástica no es menos alarmante. La Sociedad Italiana de Cirugía Plástica refiere que la lipoescultura, el aumento del seno, la cirugía a la nariz o a las orejas son las intervenciones más solicitadas por los jóvenes menores de 18 años.
Según Maurizio Priori, presidente de la mencionada Sociedad, la cirugía plástica en personas tan jóvenes se justifica porque pueden “liberarlas de serios complejos psicológicos”.
Muchos conocemos casos de personas más o menos cercanas a nosotros, que han recurrido al bisturí bajo mil argumentos distintos: “mejorar su aspecto físico” “sentirse mejor consigo mismas” y demás justificaciones que nadie les pide pero que se esmeran en hacer públicas.
Cuando la intervención es hecha a una persona adulta, no hay más que hacer, sino respetar su voluntad y su libre albedrío, porque sinceramente cada quien tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que mejor le parezca.
Cierto que en ocasiones se exagera, al grado que quienes deciden darse una retocadita, se convierten en una especie de seres plastificados cuyo cuerpo magnifico no se van a comer los gusanos cuando pasen a mejor vida, dado que las prótesis no entran en proceso de descomposición.
Lo malo es pensar que las nuevas generaciones, que deberían teóricamente ser mejores que nosotros en todos aspectos, están creciendo con la obsesión de ser físicamente perfectos, tratando desesperadamente de copiar los cánones de belleza establecidos quién sabe cuándo por quién sabe quién,
Así, es posible observar cómo en el país de la bota los jóvenes caen en la trampa, en gran parte gracias al bombardeo de programas televisivos que han causado no pocas polémicas, como Bisturí, Cambio vita... mi trasformo y el importado Extreme makeover.
Dichos programas muestran cómo un físico perfecto, un buen corte de cabello, la ropa y el maquillaje adecuados pueden convertir una persona normal en un ser envidiable, amado, respetado, digno de todas las oportunidades. En pocas palabras: la belleza física equivale a triunfo y si ésta no viene dada por la madre naturaleza, es imprescindible buscarla a cualquier costo.
No se trata de ser hipócritas. A todos nos gusta vernos bien y quien no lo acepte se engaña a sí mismo. Pero hay una diferencia entre querer lucir mejor y transformarse hasta llegar a la perfección. No es lo mismo hacer ejericio, comer bien y llenarse de cremas y pociones varias para conservarse en condiciones de presentarse en sociedad, que recurrir a una riesgosa operación y a sus probables consecuencias con tal de tener el rostro sin arrugas y la nariz socialmente aceptada, el seno más generoso, el vientre más plano y el trasero más duro y de proporciones adecuadas.
En Italia comienza a estar de moda que los padres regalen a las chicas una operación para mejorar el seno como premio por haber aprobado el esame di maturità, es decir, con 19 años apenas cumplidos, justo antes de iniciar los estudios universitarios.
Tal vez esas chicas no terminarán la Universidad, probablemente antes de eso se convertirán en modelos, en bailarinas de Tv, en conductoras y si tienen suerte, a lo mejor llegan a ser diputadas o ministras.
Y es que el punto por criticar es exactamente ese: al parecer, para tener éxito profesional es necesario ser físicamente atractiva. Hay un promocional de televisión en que una mujer embarazada está elaborando una lista de los beneficios que quiere dar a su bebé, que es una niña. Comienza a enumerarlos: licenciatura en Física, dos maestrías, de las cuales una en física cuántica, inglés, alemán, chino y japonés escritos y hablados y demás conocimientos. La señora termina diciendo a la bebé que está gestando: “de tu currículum, me ocupo yo, pero tú ocúpate de ser figa (término coloquial para definir una mujer bellísima) si no, el resto no te sirve de nada”.
En un spot banal y ligero, se plasma una realidad seria y muy pesada de la sociedad italiana: sin belleza, no hay talento que valga. Y no se habla de belleza como término relativo. Hay estándares tan definidos que hasta en certámenes tradicionales como Miss Italia, las chicas -por supuesto, todas retocadas- parecen haber sido fabricadas en serie.
Se es bella si se tienen ciertas características: una cierta estatura, un tipo determinado de rasgos y de cuerpo, y obviamente para adecuarse a las exigencias, además de la cirugía plástica, las jóvenes terminan por caer en situaciones graves como la bulimia y la anorexia, con tal de mantener su imagen.
Sin embargo, hay que reconocer que la obsesión de las chicas por ser físicamente atractivas no nace sin el apoyo decisivo de sus propias madres. Siendo Italia uno de los países con mayor esperanza de vida, hay una especie de fiebre por conservar la eterna juventud. De ahí que tantas señoras maduras se esfuerzan hasta lo inimaginable con tal de conservar sus atractivos, y conscientemente o no, heredan a sus hijas sus mismas fijaciones..
En resumen: cuando se lleva a la exageración la necesidad de ser físicamente atractivo, se pasa por alto la importancia de cultivar otros valores. Si a esto agregamos la falsa idea que se da a las nuevas generaciones acerca de la importancia de la apariencia por encima de la esencia, vemos como resultado una sociedad altamente consumista, preocupada por lo superfluo y con pocas posibilidades de desarrollo real.
Poco se puede esperar de una Italia en la que, curiosamente, el mismísimo presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, es un personaje que abiertamente ha reconocido su debilidad por las cirugías -por cuestión de imagen, dice- y que a sus setenta años pasaditos no se resigna a tener arrugas ni a perder el cabello, sometiéndose contínuamente a liftings y luciendo sus costosísimos implantes capilares, además de ocultar sus canas.
Tampoco hay mucho que decir sobre las diputadas y ministras que alguna vez fueron vedettes de televisión y que francamente no tienen mucho que aportar en términos de gobierno, pero sí mucho que lucir y presumir.
Es una pena que el concepto de belleza se haya distorsionado y se haya reducido solamente a ciertos pobres parámetros.
Una mujer, la escritora francesa del siglo XIX George Sand, (Amandine-Aurore-Lucille Dupin )resumió en una frase un principio que quizá en pleno siglo XXI serviría para aclarar un poco las ideas en las algunas sociedades confusas: “la belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”. Recordarlo más seguido probablemente no nos haría mal, especialmente si se trata de orientar a las nuevas generaciones hacia los verdaderos valores universales.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Calladito se ve más bonito
Publicado en el semanario Punto
Toluca, México
14 diciembre 2011
A estas alturas creo que quienes tienen la paciencia de leer este espacio estarán pensando que hablar mal de Enrique Peña Nieto se ha convertido en una verdadera obsesión para mí. Lo digo porque ultimamente en la red social que utilizo he recibido mensajes que van desde el “¡ay, yaa!” hasta el “ya suéltalo, ya déjalo”.
Los simpatizantes del casi-candidato están enojados. Se nota. Lo que no entiendo es por qué canalizan su rabia contra quienes simplemente damos cuenta de los errores de su ídolo. Si acaso deberían organizarse para hablar con él y decirle que si no tiene la capacidad de improvisar, mejor ni lo intente y que si sus cuarenta y tantos años no le han servido para informarse y formarse como debe hacerlo quien aspira a ser un jefe de Estado, debería reflexionar y desistir, porque “errar es humano, pero perseverar es maléfico”.
Sin embargo, por desgracia a estas alturas el priísta se ha convertido en casi un semidios a los ojos de sus seguidores que lo consideran no solamente infalible, sino también intocable. De la admiración están pasando a la veneración y la verdad es que lo más absurdo del caso es que su héroe se encarga solito de mostrarse como lo que es: un personaje “inflado” por la propaganda de la que ha abusado durante los últimos años.
Posiblemente la estrategia de hacer que Peña Nieto aparezca hasta en la sopa se le está saliendo de las manos a su equipo.
Lo cierto es que la carrera por la presidencia de México se está complicando en gran parte gracias a los medios tradicionales que en combinación con las redes sociales en este momento son una mezcla explosiva que contribuye en modo bastante efectivo a arruinar la imagen del representante del tricolor.
Han bastado dos errores (eso sí, tremendos) para que tanto los periodistas como los usuarios de las redes sociales se mantengan al pendiente de cualquier movimiento, declaración y/o resbalón de Peña que, por fortuna para sus detractores, está sacando lo peor que tiene y mostrando que sencillamente es uno de esos personajes que “calladito se ve más bonito”.
Pero en honor de quienes me reclaman y se molestan hoy deseo hablar del contenido de un libro llamado Negocios de familia. Biografía no autorizada de Enrique Peña Nieto y el grupo Atlacomulco, escrito por Francisco Cruz y Jorge Toribio Montiel.
El libro, publicado por Editorial Planeta en el 2009 vale la pena como documento que, tomado con las reservas del caso, habla no solamente de la historia del aspirante a la presidencia, sino también del famoso Grupo Atlacomulco.
Y tocar el asunto es de verdad importante, especialmente para quienes tienen la memoria corta o para aquellos que simplemente no conocen el caso de una familia que desde 1942 ha buscado por todos los medios tener el control político de México.
Su primer intento serio por colocar un mexiquense en la presidencia de la república fue en los años 80, cuando Alfredo del Mazo González se quedó en la orilla. Lo mismo sucedió con Arturo Montiel Rojas, que de flamante aspirante a la candidatura se convirtió en practicamente un fugitivo que no terminó en la cárcel de puro milagro.
El grupo Atlacomulco ha dado personajes tan poderosos como Carlos Hank González que de maestro rural llegó a convertirse en uno de los hombres más poderosos de México. Uno que decía que un político pobre es un pobre político. El líder de un grupo de gente acostumbrada a vivir del erario público y a enriquecerse a partir de acuerdos obscuros con los grandes empresarios.
El libro trata con lujo de detalles una historia que el mismísimo Mario Puzo, el autor de El Padrino envidiaría. Lástima que este es un caso de la vida real y que no obstante haya iniciado en 1942 no parece tener un final. Por el contrario. Todo nos hace pensar que esa familia está cada vez más cerca de lograr su objetivo de llegar a los Pinos.
En el relato de los periodistas Cruz y Montiel se da cuenta del modo en que inicia el ascenso del grupo Atlacomulco, a partir del asesinato del gobernador mexiquense Alfredo Zárate Albarrán. Fue entonces que llegó a la gubernatura Isidro Fabela Alfaro, el primer gobernador del mencionado grupo, que habría llegado arbitrariamente a ocupar el cargo, apoyado por el entonces presidente de México, Manuel Ávila Camacho.
Una serie interminable de negocios sucios, maniobras extrañas. Sesenta años de porquerías. Lo curioso del caso es pensar que oficialmente el Grupo Atlacomulco no existe y que -también oficialmente- Enrique Peña Nieto no pertenece a él. Con tal de limpiar su imagen el engelado aspirante fue capaz de negar hasta su parentesco con el ex gobernador Arturo Montiel, retando a todos a armar su árbol genealógico.
A partir de ahí los periodistas decidieron ir a fondo para comprobar que las familias Peña, Nieto, Del Mazo, Fabela y Montiel se habrían aliado para controlar el territorio conformado por los municipios de Atlacomulco y Acambay.
El libro hace una descripción detallada del personaje. Su relación con el Opus Dei, con Carlos Salinas de Gortari y con Televisa. La muerte de su esposa, Mónica Pretelini. En fin, describe al candidato y su pasado de pies a cabeza.
Se narra incluso una historia por demás extraña, que incluye hasta la “profecía” de una vidente llamada Francisca Castro Montiel, que habría anunciado que seis gobernadores mexiquenses habrían sido de Atlacomulco y uno de ellos habría llegado a la presidencia de la República.
No es por asustarlos, estimados lectores, pero Enrique Peña fue precisamente el sexto gobernador mexiquense originario de Atlacomulco... ¡Que Dios nos agarre confesados!
Recomiendo la lectura de este libro. Tal vez no sea uno de los tres que pueden cambiar la vida de nadie, pero sinceramente es importante conocerlo, para tener una idea más clara de lo que podría ocurrir en el caso de que mister simpatía llegue a gobernar nuestro país.
Toluca, México
14 diciembre 2011
A estas alturas creo que quienes tienen la paciencia de leer este espacio estarán pensando que hablar mal de Enrique Peña Nieto se ha convertido en una verdadera obsesión para mí. Lo digo porque ultimamente en la red social que utilizo he recibido mensajes que van desde el “¡ay, yaa!” hasta el “ya suéltalo, ya déjalo”.
Los simpatizantes del casi-candidato están enojados. Se nota. Lo que no entiendo es por qué canalizan su rabia contra quienes simplemente damos cuenta de los errores de su ídolo. Si acaso deberían organizarse para hablar con él y decirle que si no tiene la capacidad de improvisar, mejor ni lo intente y que si sus cuarenta y tantos años no le han servido para informarse y formarse como debe hacerlo quien aspira a ser un jefe de Estado, debería reflexionar y desistir, porque “errar es humano, pero perseverar es maléfico”.
Sin embargo, por desgracia a estas alturas el priísta se ha convertido en casi un semidios a los ojos de sus seguidores que lo consideran no solamente infalible, sino también intocable. De la admiración están pasando a la veneración y la verdad es que lo más absurdo del caso es que su héroe se encarga solito de mostrarse como lo que es: un personaje “inflado” por la propaganda de la que ha abusado durante los últimos años.
Posiblemente la estrategia de hacer que Peña Nieto aparezca hasta en la sopa se le está saliendo de las manos a su equipo.
Lo cierto es que la carrera por la presidencia de México se está complicando en gran parte gracias a los medios tradicionales que en combinación con las redes sociales en este momento son una mezcla explosiva que contribuye en modo bastante efectivo a arruinar la imagen del representante del tricolor.
Han bastado dos errores (eso sí, tremendos) para que tanto los periodistas como los usuarios de las redes sociales se mantengan al pendiente de cualquier movimiento, declaración y/o resbalón de Peña que, por fortuna para sus detractores, está sacando lo peor que tiene y mostrando que sencillamente es uno de esos personajes que “calladito se ve más bonito”.
Pero en honor de quienes me reclaman y se molestan hoy deseo hablar del contenido de un libro llamado Negocios de familia. Biografía no autorizada de Enrique Peña Nieto y el grupo Atlacomulco, escrito por Francisco Cruz y Jorge Toribio Montiel.
El libro, publicado por Editorial Planeta en el 2009 vale la pena como documento que, tomado con las reservas del caso, habla no solamente de la historia del aspirante a la presidencia, sino también del famoso Grupo Atlacomulco.
Y tocar el asunto es de verdad importante, especialmente para quienes tienen la memoria corta o para aquellos que simplemente no conocen el caso de una familia que desde 1942 ha buscado por todos los medios tener el control político de México.
Su primer intento serio por colocar un mexiquense en la presidencia de la república fue en los años 80, cuando Alfredo del Mazo González se quedó en la orilla. Lo mismo sucedió con Arturo Montiel Rojas, que de flamante aspirante a la candidatura se convirtió en practicamente un fugitivo que no terminó en la cárcel de puro milagro.
El grupo Atlacomulco ha dado personajes tan poderosos como Carlos Hank González que de maestro rural llegó a convertirse en uno de los hombres más poderosos de México. Uno que decía que un político pobre es un pobre político. El líder de un grupo de gente acostumbrada a vivir del erario público y a enriquecerse a partir de acuerdos obscuros con los grandes empresarios.
El libro trata con lujo de detalles una historia que el mismísimo Mario Puzo, el autor de El Padrino envidiaría. Lástima que este es un caso de la vida real y que no obstante haya iniciado en 1942 no parece tener un final. Por el contrario. Todo nos hace pensar que esa familia está cada vez más cerca de lograr su objetivo de llegar a los Pinos.
En el relato de los periodistas Cruz y Montiel se da cuenta del modo en que inicia el ascenso del grupo Atlacomulco, a partir del asesinato del gobernador mexiquense Alfredo Zárate Albarrán. Fue entonces que llegó a la gubernatura Isidro Fabela Alfaro, el primer gobernador del mencionado grupo, que habría llegado arbitrariamente a ocupar el cargo, apoyado por el entonces presidente de México, Manuel Ávila Camacho.
Una serie interminable de negocios sucios, maniobras extrañas. Sesenta años de porquerías. Lo curioso del caso es pensar que oficialmente el Grupo Atlacomulco no existe y que -también oficialmente- Enrique Peña Nieto no pertenece a él. Con tal de limpiar su imagen el engelado aspirante fue capaz de negar hasta su parentesco con el ex gobernador Arturo Montiel, retando a todos a armar su árbol genealógico.
A partir de ahí los periodistas decidieron ir a fondo para comprobar que las familias Peña, Nieto, Del Mazo, Fabela y Montiel se habrían aliado para controlar el territorio conformado por los municipios de Atlacomulco y Acambay.
El libro hace una descripción detallada del personaje. Su relación con el Opus Dei, con Carlos Salinas de Gortari y con Televisa. La muerte de su esposa, Mónica Pretelini. En fin, describe al candidato y su pasado de pies a cabeza.
Se narra incluso una historia por demás extraña, que incluye hasta la “profecía” de una vidente llamada Francisca Castro Montiel, que habría anunciado que seis gobernadores mexiquenses habrían sido de Atlacomulco y uno de ellos habría llegado a la presidencia de la República.
No es por asustarlos, estimados lectores, pero Enrique Peña fue precisamente el sexto gobernador mexiquense originario de Atlacomulco... ¡Que Dios nos agarre confesados!
Recomiendo la lectura de este libro. Tal vez no sea uno de los tres que pueden cambiar la vida de nadie, pero sinceramente es importante conocerlo, para tener una idea más clara de lo que podría ocurrir en el caso de que mister simpatía llegue a gobernar nuestro país.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Pura "face" y nada de "book"
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, 07 diciembre, 2011.
Es necesario que advierta a quienes tienen la paciencia de leer estas líneas que esta vez mientras escribo estoy completamente indignada. Y no solamente indignada, Escandalizada, que a mi edad es mucho decir.
El pasado domingo me desperté con una gran novedad que las redes sociales difundían. El aspirante priísta a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto, había cometido un error grave, mostrando al mundo su verdadera cara: la de la ignorancia.
Ni más ni menos que el diario español El país daba cuenta de lo ocurrido. Y sin medios términos. “¿Cuáles son los tres libros que han marcado la vida del candidato puntero de todas las encuestas en México, Enrique Peña Nieto? La respuesta tendrá que esperar a mejor ocasión, porque el aspirante priista a la presidencia no supo contestar de manera clara a esa pregunta que le hizo la prensa...”
De inmediato comenzaron los comentarios. Me di cuenta de que en realidad somos muchos los que no soportamos la idea de que el priísta se convierta en el presidente de México.
Y también pude comprobar que sus incondicionales no razonan. Hubo quien me dijo que se trataba simplemente de un “craso error mediático”. Tengo la sospecha de que cada vez que el engelado y copetudo candidato meta la pata van a tratar de echarle la culpa a los medios. Y no. Esta vez no se vale. Sobre todo porque un periodista (que al parecer es español) tuvo una idea genial. No necesitó más que formular una pregunta inteligente para conseguir que el casi-candidato exhibiera toda su ignorancia y demostrara que sin un guión preestablecido no puede ir muy lejos. Que su cabecita tiene gel por fuera y poco o nada dentro.
Hay quien dice que el presidente de la República no debe necesariamente ser culto. Difiero absolutamente de ese “no-razonamiento”. He pensado siempre que quien dirige, quien gobierna está obligado a mantener un nivel de excelencia en todos los ámbitos. Aún no creyendo en la existencia de súper hombres, espero por el bien de mi país que quien lo dirija sea de los mejores.
En todo caso y siendo condescendiente con Peña, me atrevo a culpar de lo ocurrido a su equipo, a su brillante staff que no calculó la posibilidad de que en un acto dedicado a las letras alguien pudiera preguntar a su jefe un asunto relacionado con el tema. Una falla tremenda que sin duda demuestra que los incompetentes se rodean de incompetentes. Posiblemente una tarjetita con la ficha de algunos títulos lo habría sacado del apuro, visto que si no le dicen lo que debe declarar el priísta se arruina solito tratando de improvisar.
No hay que olvidar que el político mexiquense se presentó también en calidad de autor de un libro que a estas alturas queda claro a todos que fue escrito por una o varias personas más. Porque para crear una obra literaria se requiere una cultura aceptable o al menos y ya sin ponernos exigentes, se necesita al menos saber hablar bien, elementos de los cuales Peña demostró carecer.
Es de los que literalmente calladitos se ven más bonitos. Pura “face” y nada de “book”.
Hablando con ciertos amigos que están involucrados de alguna manera en la precampaña del priísta, he notado la gran ilusión, la enorme esperanza que tienen. Quieren que les vaya bien. Por ser personas cercanas a mí, lo deseo de todo corazón.
Pero por el bien de México, espero que la mayoría de mis compatriotas no caiga en la trampa, que demuestre un poquito, nada más un poquito de sensatez y no beneficie con su voto a un personaje tan pobre como Enrique Peña.
Comparto la reflexión del columnista de El Gráfico, Raúl Rodríguez Cortés respecto a que “para ser un buen político quizás no se requiera una cultura enciclopédica, pero es preciso tener referentes mínimos de conocimientos para la correcta toma de decisiones, además de la lucidez para salir de atolladeros como el narrado sin cantinflear tanto.”
A decir verdad el resbalón de Peña ha dado a sus detractores una posibilidad inmejorable para exhibirlo como lo que es: un hombre ignorante, un producto de la mercadotecnia, un títere incapaz de hilar sus ideas, en el caso rarísimo de que las tenga.
En resumen: una pésima opción que las televisoras quieren imponer como gobierno, para seguir protegiendo sus millonarios intereses y manteniendo en la ignorancia a más de cien millones de mexicanos.
A Enrique Peña le falta no solamente lucidez, también humildad. Sencillamente no puede reconocer que está muy lejos de contar con la capacidad necesaria para gobernar un país tan complejo como México, especialmente con la herencia que le tocaría recibir en el caso de salir victorioso en las elecciones del 2012.
Para colmo de mi indignación, el asunto no paró en la metida de pata del copetudo político. En la escena apareció también su hijita Paulina, a quien gracias a Dios no tengo el gusto de conocer, pero que en Twitter demostró que lo que se hereda, no se hurta.
Para comenzar simplemente publicó un comentario que no era suyo, sino de su novio. Obviamente, no podía pensar por sí misma. Desplegando clase y educación, la señorita copió: “un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian”. Espero que alguien le explique el significado de “prole”. Porque en todo caso es ella la “prole” -la familia- de Peñita. A lo mejor lo que Pau quería decir era “plebe” o en todo caso “el proletariado”.
Y eso que su papi la defendió y se disculpó por ella. Pero palo dado, ni Dios lo quita. Los comentarios de su hija no son sino el reflejo del modo en que ha crecido gracias a su padre: ignorando que quienes ella erróneamente llama “prole” son los mismos que han llevado a su familia a una posición de privilegio. Es lo malo de nacer en pañales de seda y de tener todo sin el menor esfuerzo. Es la escuela del poder.
Alguien me pidió que si no le daba mi voto a Peña “por lo menos” no hiciera que otros no voten por él. Francamente me pareció una exageración. Ojalá yo tuviera la capacidad de influir sobre las decisiones de las personas, pues de seguro haría exactamente lo contrario de lo que me pidieron. Porque son años que estudio al personaje y porque sé que no es la solución a ninguno de los problemas de nuestro país. Por eso lo seguiré diciendo hasta el cansancio con todas sus letras: señores: reflexionen, analicen, evalúen, piensen y después de hacerlo, decidan no votar por Enrique Peña Nieto. México no se merece tener como presidente a un personaje de esa calaña.
Toluca, 07 diciembre, 2011.
Es necesario que advierta a quienes tienen la paciencia de leer estas líneas que esta vez mientras escribo estoy completamente indignada. Y no solamente indignada, Escandalizada, que a mi edad es mucho decir.
El pasado domingo me desperté con una gran novedad que las redes sociales difundían. El aspirante priísta a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto, había cometido un error grave, mostrando al mundo su verdadera cara: la de la ignorancia.
Ni más ni menos que el diario español El país daba cuenta de lo ocurrido. Y sin medios términos. “¿Cuáles son los tres libros que han marcado la vida del candidato puntero de todas las encuestas en México, Enrique Peña Nieto? La respuesta tendrá que esperar a mejor ocasión, porque el aspirante priista a la presidencia no supo contestar de manera clara a esa pregunta que le hizo la prensa...”
De inmediato comenzaron los comentarios. Me di cuenta de que en realidad somos muchos los que no soportamos la idea de que el priísta se convierta en el presidente de México.
Y también pude comprobar que sus incondicionales no razonan. Hubo quien me dijo que se trataba simplemente de un “craso error mediático”. Tengo la sospecha de que cada vez que el engelado y copetudo candidato meta la pata van a tratar de echarle la culpa a los medios. Y no. Esta vez no se vale. Sobre todo porque un periodista (que al parecer es español) tuvo una idea genial. No necesitó más que formular una pregunta inteligente para conseguir que el casi-candidato exhibiera toda su ignorancia y demostrara que sin un guión preestablecido no puede ir muy lejos. Que su cabecita tiene gel por fuera y poco o nada dentro.
Hay quien dice que el presidente de la República no debe necesariamente ser culto. Difiero absolutamente de ese “no-razonamiento”. He pensado siempre que quien dirige, quien gobierna está obligado a mantener un nivel de excelencia en todos los ámbitos. Aún no creyendo en la existencia de súper hombres, espero por el bien de mi país que quien lo dirija sea de los mejores.
En todo caso y siendo condescendiente con Peña, me atrevo a culpar de lo ocurrido a su equipo, a su brillante staff que no calculó la posibilidad de que en un acto dedicado a las letras alguien pudiera preguntar a su jefe un asunto relacionado con el tema. Una falla tremenda que sin duda demuestra que los incompetentes se rodean de incompetentes. Posiblemente una tarjetita con la ficha de algunos títulos lo habría sacado del apuro, visto que si no le dicen lo que debe declarar el priísta se arruina solito tratando de improvisar.
No hay que olvidar que el político mexiquense se presentó también en calidad de autor de un libro que a estas alturas queda claro a todos que fue escrito por una o varias personas más. Porque para crear una obra literaria se requiere una cultura aceptable o al menos y ya sin ponernos exigentes, se necesita al menos saber hablar bien, elementos de los cuales Peña demostró carecer.
Es de los que literalmente calladitos se ven más bonitos. Pura “face” y nada de “book”.
Hablando con ciertos amigos que están involucrados de alguna manera en la precampaña del priísta, he notado la gran ilusión, la enorme esperanza que tienen. Quieren que les vaya bien. Por ser personas cercanas a mí, lo deseo de todo corazón.
Pero por el bien de México, espero que la mayoría de mis compatriotas no caiga en la trampa, que demuestre un poquito, nada más un poquito de sensatez y no beneficie con su voto a un personaje tan pobre como Enrique Peña.
Comparto la reflexión del columnista de El Gráfico, Raúl Rodríguez Cortés respecto a que “para ser un buen político quizás no se requiera una cultura enciclopédica, pero es preciso tener referentes mínimos de conocimientos para la correcta toma de decisiones, además de la lucidez para salir de atolladeros como el narrado sin cantinflear tanto.”
A decir verdad el resbalón de Peña ha dado a sus detractores una posibilidad inmejorable para exhibirlo como lo que es: un hombre ignorante, un producto de la mercadotecnia, un títere incapaz de hilar sus ideas, en el caso rarísimo de que las tenga.
En resumen: una pésima opción que las televisoras quieren imponer como gobierno, para seguir protegiendo sus millonarios intereses y manteniendo en la ignorancia a más de cien millones de mexicanos.
A Enrique Peña le falta no solamente lucidez, también humildad. Sencillamente no puede reconocer que está muy lejos de contar con la capacidad necesaria para gobernar un país tan complejo como México, especialmente con la herencia que le tocaría recibir en el caso de salir victorioso en las elecciones del 2012.
Para colmo de mi indignación, el asunto no paró en la metida de pata del copetudo político. En la escena apareció también su hijita Paulina, a quien gracias a Dios no tengo el gusto de conocer, pero que en Twitter demostró que lo que se hereda, no se hurta.
Para comenzar simplemente publicó un comentario que no era suyo, sino de su novio. Obviamente, no podía pensar por sí misma. Desplegando clase y educación, la señorita copió: “un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian”. Espero que alguien le explique el significado de “prole”. Porque en todo caso es ella la “prole” -la familia- de Peñita. A lo mejor lo que Pau quería decir era “plebe” o en todo caso “el proletariado”.
Y eso que su papi la defendió y se disculpó por ella. Pero palo dado, ni Dios lo quita. Los comentarios de su hija no son sino el reflejo del modo en que ha crecido gracias a su padre: ignorando que quienes ella erróneamente llama “prole” son los mismos que han llevado a su familia a una posición de privilegio. Es lo malo de nacer en pañales de seda y de tener todo sin el menor esfuerzo. Es la escuela del poder.
Alguien me pidió que si no le daba mi voto a Peña “por lo menos” no hiciera que otros no voten por él. Francamente me pareció una exageración. Ojalá yo tuviera la capacidad de influir sobre las decisiones de las personas, pues de seguro haría exactamente lo contrario de lo que me pidieron. Porque son años que estudio al personaje y porque sé que no es la solución a ninguno de los problemas de nuestro país. Por eso lo seguiré diciendo hasta el cansancio con todas sus letras: señores: reflexionen, analicen, evalúen, piensen y después de hacerlo, decidan no votar por Enrique Peña Nieto. México no se merece tener como presidente a un personaje de esa calaña.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
México en la indefensión
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México
30 de noviembre, 2011.
En los últimos días me he encontrado con una importante información que se refiere a la denuncia presentada por un grupo de ciudadanos mexicanos ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya, contra el presidente Felipe Calderón.
La verdad es sorprendente y realmente triste que se haya llegado al extremo de recurrir a las autoridades más allá de la frontera. Me parece que es un grito desesperado y considero que no debería ser ignorado y mucho menos minimizado.
Honestamente lo que he leído respecto a las razones que harían de Calderón responsable de crímenes de guerra y lesa humanidad es escalofriante.
En alrededor de 700 páginas, los denunciantes exponen cifras impresionantes: 50 mil personas asesinadas, 10 mil casos de desaparecidos y 230 mil desplazados por el clima de inseguridad.
Ni más ni menos.
No pienso que los integrantes de las organizaciones no gubernamentales que se decidieron a denunciar tan graves hechos hayan intentado dar un golpe político al presidente de México.
Más bien creo que se trata de un intento desesperado de los ciudadanos indignados y temerosos para llamar la atención del mundo. Y hacen bien.
Porque a fin de cuentas, hay que reconocer que en nuestro país están ocurriendo cosas serias y es justo que alguien pague. No importa si ese alguien ostenta el título de presidente de la República.
Durante una entrevista simultánea realizada por la periodista Carmen Aristegui a los denunciantes y al gobierno, el abogado Netzaí Sandoval justificó la denuncia hecha ante CPI diciendo que “en México hay un contexto generalizado de violencia muy preocupante en el que se están presentando violaciones muy puntuales al derecho internacional humanitario de parte del narcotráfico y del gobierno federal.”
Seamos honestos. Tiene razón. Si alguien se atreve a negarlo o argumenta que hay mala fe o intenciones políticas en sus argumentos, o bien que la ropa sucia se lava en casa, habría que abrirle los ojos a la realidad.
De acuerdo, yo no vivo en México. Pero gracias a la maravilla que es Internet tengo la posibilidad de estar en contacto contínuo con familiares y amigos que hablan conmigo y me describen el ambiente de violencia que se vive allá. A veces simplemente me vienen escalofríos. En ocasiones me indigno. Casi siempre me preocupo. Invariablemente lo lamento profundamente.
Es por esto que me pregunto por qué razón el gobierno de Calderón no reconoce sus culpas y en lugar de amenazar a los ciudadanos que lo denunciaron no hace un análisis de conciencia, tiene un arranque de inusitada dignidad y decide admitir que hay al menos algo (si no es que mucho) de verdad en lo expresado.
“De parte de los soldados, las fuerzas de seguridad han cometido violaciones sexuales contra mujeres e incluso niñas, han realizado homicidios contra civiles, desapariciones forzadas, tortura sistemática para conseguir autoinculpaciones, ejecuciones y perjuicio.”, ha denunciado Sandoval a nombre de las ONG's involucradas en la denuncia.
Y el gobierno mexicano ha hecho una sola cosa: rechazar sus culpas. A nombre suyo, Gerardo Laveaga, denominado voz oficial para el caso y director de Instituto Nacional de Ciencias Penales, se limitó a “felicitar” a Netzaí Sandoval “por su idealismo”, pero le aclaró que “está equivocado en su proceder”, pues la CPI “le entra cuando ya se agotaron las instancias nacionales, cuando ya se denunció al presidente o a los secretarios ante los tribunales nacionales y estos no pudieron o no quisieron atender el asunto. La CPI, según el gobierno mexicano, “no es el órgano adecuado, o por lo menos, no hasta haber agotado las instancias.”
Me pregunto si son o se hacen. Personalmente me parece que no quieren comprender que haber llegado hasta La Haya es una medida normal en un Estado donde se sabe de antemano que ninguna de las instancias nacionales hará nada.
Sin embargo, en una cosa doy toda razón a Laveaga. Se trata de un acto de idealismo puro. Por desgracia. Especialmente si se considera que la denuncia ante la CPI incluye también a los narcotraficantes, de quienes dice: “atacan hospitales donde asesinan a personas, atacan centros de rehabilitación donde hay enfermos, realizan amputaciones, atacan a civiles, reclutan a niños menores de quince años para convertirlos en sicarios.”
Me pregunto qué tan factible es que estos grupos que viven al margen de la ley respondan ante la justicia internacional. Espero que los denunciantes comprendan que en un mundo donde un narcotraficante aparece en la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, hacer que los delincuentes de cierto nivel paguen por sus actos es practicamente imposible.
Digamos que la esperanza de los denunciantes de ser escuchados es practicamente una utopía. El riesgo que corren es hacer un tremendo ridículo porque simplemente están luchando como Don Quijote, contra molinos de viento.
Me basta leer el comunicado del gobierno mexicano para entender cómo terminará este asunto: “...México que tiene una democracia vibrante, con poderes independientes y equilibrados entre sí, con instituciones de derechos humanos autónomas y un sistema de libertades y garantías y vigencia de derechos humanos como pocas naciones en desarrollo".
En pocas palabras: ciudadanos mitoteros, nada hay que denunciar en un país que vive una realidad practicamente de cuento de hadas.
Y para colmo, si continúan con su inútil denuncia, los 23 mil ciudadanos involucrados en ésta tendrán que atenerse a las consecuencias, porque la autoridad nacional considera que “Las imputaciones al Gobierno de México son claramente infundadas e improcedentes y constituyen en sí mismas verdaderas calumnias, acusaciones temerarias que dañan no sólo a personas e instituciones, sino que afectan terriblemente el buen nombre de México”.
Y agárrense porque nuestro pobre e incomprendido gobierno “explorará todas las alternativas para proceder legalmente contra las personas que acusan temerariamente a su administración de abusos y violaciones a los derechos humanos.”
Muy bien. Tomemos nota. Y no olvidemos tampoco la postura al respecto de los flamantes casi-candidatos a la presidencia. Enrique Peña Nieto afirmó: "no estoy de acuerdo, descalifico y, por supuesto, no respaldo ese tipo de denuncias que me parece carecen de sustento y que evidentemente el Estado está y debería estar para respaldar y apoyar el proceso que se siga ante esa Corte en defensa del Jefe de Estado". Ya sabemos lo que haría el priísta en el caso de que algún ciudadano se atreviera a denunciar alguna irregularidad.
Por su parte el amoroso de izquierda, Andrés Manuel López Obrador se concretó a una respuesta vaga y tibia: “van a ser los jueces los que van decidir si procede o no procede, pero hay que esperar a que se den esos veredictos resoluciones, lo que tenemos que procurar todos es que haya un cambio de fondo en el país para cambiar la estrategia”.
Total, que de nuevo y ante un caso concreto, los mexicanos no tenemos ni para dónde hacernos. Lo más penoso es que ya ni siquiera nos queda la ilusión de pensar que un súper tribunal extranjero nos puede defender... A estas alturas creo que no lo hará ni siquiera el Chapulín Colorado.
Toluca, México
30 de noviembre, 2011.
En los últimos días me he encontrado con una importante información que se refiere a la denuncia presentada por un grupo de ciudadanos mexicanos ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya, contra el presidente Felipe Calderón.
La verdad es sorprendente y realmente triste que se haya llegado al extremo de recurrir a las autoridades más allá de la frontera. Me parece que es un grito desesperado y considero que no debería ser ignorado y mucho menos minimizado.
Honestamente lo que he leído respecto a las razones que harían de Calderón responsable de crímenes de guerra y lesa humanidad es escalofriante.
En alrededor de 700 páginas, los denunciantes exponen cifras impresionantes: 50 mil personas asesinadas, 10 mil casos de desaparecidos y 230 mil desplazados por el clima de inseguridad.
Ni más ni menos.
No pienso que los integrantes de las organizaciones no gubernamentales que se decidieron a denunciar tan graves hechos hayan intentado dar un golpe político al presidente de México.
Más bien creo que se trata de un intento desesperado de los ciudadanos indignados y temerosos para llamar la atención del mundo. Y hacen bien.
Porque a fin de cuentas, hay que reconocer que en nuestro país están ocurriendo cosas serias y es justo que alguien pague. No importa si ese alguien ostenta el título de presidente de la República.
Durante una entrevista simultánea realizada por la periodista Carmen Aristegui a los denunciantes y al gobierno, el abogado Netzaí Sandoval justificó la denuncia hecha ante CPI diciendo que “en México hay un contexto generalizado de violencia muy preocupante en el que se están presentando violaciones muy puntuales al derecho internacional humanitario de parte del narcotráfico y del gobierno federal.”
Seamos honestos. Tiene razón. Si alguien se atreve a negarlo o argumenta que hay mala fe o intenciones políticas en sus argumentos, o bien que la ropa sucia se lava en casa, habría que abrirle los ojos a la realidad.
De acuerdo, yo no vivo en México. Pero gracias a la maravilla que es Internet tengo la posibilidad de estar en contacto contínuo con familiares y amigos que hablan conmigo y me describen el ambiente de violencia que se vive allá. A veces simplemente me vienen escalofríos. En ocasiones me indigno. Casi siempre me preocupo. Invariablemente lo lamento profundamente.
Es por esto que me pregunto por qué razón el gobierno de Calderón no reconoce sus culpas y en lugar de amenazar a los ciudadanos que lo denunciaron no hace un análisis de conciencia, tiene un arranque de inusitada dignidad y decide admitir que hay al menos algo (si no es que mucho) de verdad en lo expresado.
“De parte de los soldados, las fuerzas de seguridad han cometido violaciones sexuales contra mujeres e incluso niñas, han realizado homicidios contra civiles, desapariciones forzadas, tortura sistemática para conseguir autoinculpaciones, ejecuciones y perjuicio.”, ha denunciado Sandoval a nombre de las ONG's involucradas en la denuncia.
Y el gobierno mexicano ha hecho una sola cosa: rechazar sus culpas. A nombre suyo, Gerardo Laveaga, denominado voz oficial para el caso y director de Instituto Nacional de Ciencias Penales, se limitó a “felicitar” a Netzaí Sandoval “por su idealismo”, pero le aclaró que “está equivocado en su proceder”, pues la CPI “le entra cuando ya se agotaron las instancias nacionales, cuando ya se denunció al presidente o a los secretarios ante los tribunales nacionales y estos no pudieron o no quisieron atender el asunto. La CPI, según el gobierno mexicano, “no es el órgano adecuado, o por lo menos, no hasta haber agotado las instancias.”
Me pregunto si son o se hacen. Personalmente me parece que no quieren comprender que haber llegado hasta La Haya es una medida normal en un Estado donde se sabe de antemano que ninguna de las instancias nacionales hará nada.
Sin embargo, en una cosa doy toda razón a Laveaga. Se trata de un acto de idealismo puro. Por desgracia. Especialmente si se considera que la denuncia ante la CPI incluye también a los narcotraficantes, de quienes dice: “atacan hospitales donde asesinan a personas, atacan centros de rehabilitación donde hay enfermos, realizan amputaciones, atacan a civiles, reclutan a niños menores de quince años para convertirlos en sicarios.”
Me pregunto qué tan factible es que estos grupos que viven al margen de la ley respondan ante la justicia internacional. Espero que los denunciantes comprendan que en un mundo donde un narcotraficante aparece en la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, hacer que los delincuentes de cierto nivel paguen por sus actos es practicamente imposible.
Digamos que la esperanza de los denunciantes de ser escuchados es practicamente una utopía. El riesgo que corren es hacer un tremendo ridículo porque simplemente están luchando como Don Quijote, contra molinos de viento.
Me basta leer el comunicado del gobierno mexicano para entender cómo terminará este asunto: “...México que tiene una democracia vibrante, con poderes independientes y equilibrados entre sí, con instituciones de derechos humanos autónomas y un sistema de libertades y garantías y vigencia de derechos humanos como pocas naciones en desarrollo".
En pocas palabras: ciudadanos mitoteros, nada hay que denunciar en un país que vive una realidad practicamente de cuento de hadas.
Y para colmo, si continúan con su inútil denuncia, los 23 mil ciudadanos involucrados en ésta tendrán que atenerse a las consecuencias, porque la autoridad nacional considera que “Las imputaciones al Gobierno de México son claramente infundadas e improcedentes y constituyen en sí mismas verdaderas calumnias, acusaciones temerarias que dañan no sólo a personas e instituciones, sino que afectan terriblemente el buen nombre de México”.
Y agárrense porque nuestro pobre e incomprendido gobierno “explorará todas las alternativas para proceder legalmente contra las personas que acusan temerariamente a su administración de abusos y violaciones a los derechos humanos.”
Muy bien. Tomemos nota. Y no olvidemos tampoco la postura al respecto de los flamantes casi-candidatos a la presidencia. Enrique Peña Nieto afirmó: "no estoy de acuerdo, descalifico y, por supuesto, no respaldo ese tipo de denuncias que me parece carecen de sustento y que evidentemente el Estado está y debería estar para respaldar y apoyar el proceso que se siga ante esa Corte en defensa del Jefe de Estado". Ya sabemos lo que haría el priísta en el caso de que algún ciudadano se atreviera a denunciar alguna irregularidad.
Por su parte el amoroso de izquierda, Andrés Manuel López Obrador se concretó a una respuesta vaga y tibia: “van a ser los jueces los que van decidir si procede o no procede, pero hay que esperar a que se den esos veredictos resoluciones, lo que tenemos que procurar todos es que haya un cambio de fondo en el país para cambiar la estrategia”.
Total, que de nuevo y ante un caso concreto, los mexicanos no tenemos ni para dónde hacernos. Lo más penoso es que ya ni siquiera nos queda la ilusión de pensar que un súper tribunal extranjero nos puede defender... A estas alturas creo que no lo hará ni siquiera el Chapulín Colorado.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
México 2012, panorama desolador...
Publicado en el Semanario Punto, Toluca.
23 noviembre 2011
Esta semana, después de leer las novedades electorales en México, no tengo otro remedio que hablar de lo mucho que me preocupa lo que ocurre y de lo difícil que se presenta el panorama para nuestro país.
No quiero pecar de pesimista. Simplemente estoy buscando de analizar la situación con la mayor objetividad posible. Dicen que observar los problemas desde afuera, sin estar involucrado en ellos, permite una visión amplia de los elementos que lo componen.
Y desde afuera, honestamente, creo que México en este momento no cuenta con una posibilidad real, con una opción que le pueda ayudar seriamente a mejorar.
Vayamos por partes. Hace algunos días empezaron las descepciones. Para quienes pensábamos que la izquierda mexicana había aprendido algo de sus últimas derrotas, para quienes creímos que había quedado claro que la propuesta del PRD debe ser concreta, el golpe fue bastante serio.
El pasado 15 de noviembre, el partido del sol azteca determinó luego de realizar encuestas entre la militancia, que Andrés Manuel López Obrador participará en la contienda electoral de 2012.
Me sigo preguntando qué ha hecho López Obrador en los últimos años, si no criticar al gobierno por él denominado “espurio” y emitir juicios y sentencias contra toda la clase política mexicana, sin importar a qué partido o corriente pertenezca.
Otra de mis interrogantes es saber cómo le hizo para sobrevivir sin tener un trabajo formal y por último, quisiera saber si por lo menos se preparó mejor en materias fundamentales para poder aspirar seriamente a convertirse en el presidente de México.
Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios y sin duda la democracia es la máxima manifestación de la voluntad popular. Las encuestas realizadas por la izquierda seguramente arrojaron como resultado la preferencia de la mayoría por López Obrador, por encima de Marcelo Ebrard. Pero sinceramente creo que muchas veces el pueblo se equivoca y que los perredistas no consideraron que AMLO es una figura desgastada, bizarra y añeja.
López Obrador es el perdedor que no se resigna, el eterno derrotado que no reconoce su verdadera situación. Pretende ser como el ave fénix y resurgir de sus cenizas sin considerar que muy probablemente su tiempo ya pasó y que en este momento lo mejor para su corriente política es proponer caras nuevas, si quiere de veras competir y sobre todo, triunfar.
Se ve que AMLO tuvo mucho tiempo libre en estos años y que ha preparado un discurso que desde su punto de vista puede llegar a la ciudadanía. “construir una República amorosa, más humana e igualitaria, con dimensión social y grandeza espiritual.” Suena bonito. Nada más suena bonito.
Y a propósito de “bonito”... Está listo el otro aspirante a gobernar México a partir del 2012. Quién lo hubiera dicho hace solamente diez años. De Secretario de Administración en un gabinete de dudosa reputación a presidente de la República. Ni más ni menos.
La vida da sorpresas. Hace años Enrique Peña Nieto no era otra cosa que un muchachito fresa y guapillo que a parte de utilizar sus encantos para ligarse a las edecanes en los actos de gobierno, no tenía la mínima presencia pública.
Ahora el flamante casi candidato del tricolor a la presidencia se da el lujo de criticar el “Estado disfuncional” y afirma en su nuevo libro “que en estos años” precisamente ese “Estado disfuncional ha arrastrado a los mexicanos por una pendiente al ser incapaz de crear las condiciones mínimas de seguridad, crecimiento económico, empleo digno, educación y una seguridad social de calidad.”
Nada más para comenzar, digo con toda franqueza que dudo que el libro lo haya realmente escrito él, por la sencilla razón que no veo a qué hora haya podido sentarse con calma a teclear sus ideas. A menos que no se trate de un súper héroe. Porque entre giras, pachangas y cumplimiento de sus obligaciones matrimoniales, a menos que no se haya dedicado a escribir su best seller durante muchos años, pues no veo cómo le pudo hacer. Si estoy blasfemando y fue él y solamente él quien escribió todo, le pido con toda humildad que nos pase la receta a quienes no estamos tan atareados como él y apenas podemos darle un espacio a la escritura.
Haciendo a un lado el detalle de la autoría, todavía estoy no solamente sorprendida, sino hasta indignada porque no puedo comprender cómo un priísta de pura cepa, uno que nació en el merito Atlacomulco, uno que creció y estudió y vivió gracias al sistema, tiene el descaro de criticar lo que el mismísimo PRI ha provocado.
Ya sé que los priístas van a comenzar a desgarrarse las vestiduras, pero ojalá fueran lo suficientemente humildes para reconocer que el “Estado disfuncional” del que habla Peña no tiene su origen 11 años atrás, cuando la derecha llegó al poder. En México nada funciona desde el momento en que por setenta años se vivió una dictadura de partido que hizo de nosotros una sociedad pobre, ignorante y reprimida.
Y lo más indignante es que el PRI quiere volver a las andadas, y pretende recetarnos otra vez sus viejas fórmulas, con la diferencia que ahora le apuesta todo a la imagen de niño bonito de un candidato hueco. Y ni siquiera Manlio Fabio Beltrones pudo con el paquete de enfrentarse al nuevo galán de telenovelas.
Por eso personalmente me da aún más rabia que el elegido del PRD no haya sido Marcelo Ebrard. Porque la carencia de un candidato fuerte, un candidato propositivo de la izquierda le da todavía más ventajas a Enrique Peña que como he dicho contínuamente en este espacio no es absolutamente una posibilidad de gobierno serio para nuestro país.
Del PAN ni hablar. Dos sexenios han sido suficientes para que los mexicanos no vuelvan a ceder a la tentación del “cambio” irracional. No se necesita mucho para saber que en la verdadera contienda por la presidencia el PAN no va a figurar, simplemente porque los miles de muertos provocados por la guerra al narcotráfico pesan demasiado en el ánimo popular.
Como dije al inicio, la situación vista desde afuera se puede analizar mejor. Y sin querer aparecer simplemente como una “contreras” más, me siento obligada a decir el panorama político mexicano se ve simplemente desolador. El problema es que cuando la democracia no es la solución, los caminos que llevan a las respuestas no son precisamente los más fáciles ni los más adecuados. Dejémoslo al tiempo pero no perdamos de vista que México, el verdadero, el del ciudadano de a pie simplemente ya no da para más.
23 noviembre 2011
Esta semana, después de leer las novedades electorales en México, no tengo otro remedio que hablar de lo mucho que me preocupa lo que ocurre y de lo difícil que se presenta el panorama para nuestro país.
No quiero pecar de pesimista. Simplemente estoy buscando de analizar la situación con la mayor objetividad posible. Dicen que observar los problemas desde afuera, sin estar involucrado en ellos, permite una visión amplia de los elementos que lo componen.
Y desde afuera, honestamente, creo que México en este momento no cuenta con una posibilidad real, con una opción que le pueda ayudar seriamente a mejorar.
Vayamos por partes. Hace algunos días empezaron las descepciones. Para quienes pensábamos que la izquierda mexicana había aprendido algo de sus últimas derrotas, para quienes creímos que había quedado claro que la propuesta del PRD debe ser concreta, el golpe fue bastante serio.
El pasado 15 de noviembre, el partido del sol azteca determinó luego de realizar encuestas entre la militancia, que Andrés Manuel López Obrador participará en la contienda electoral de 2012.
Me sigo preguntando qué ha hecho López Obrador en los últimos años, si no criticar al gobierno por él denominado “espurio” y emitir juicios y sentencias contra toda la clase política mexicana, sin importar a qué partido o corriente pertenezca.
Otra de mis interrogantes es saber cómo le hizo para sobrevivir sin tener un trabajo formal y por último, quisiera saber si por lo menos se preparó mejor en materias fundamentales para poder aspirar seriamente a convertirse en el presidente de México.
Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios y sin duda la democracia es la máxima manifestación de la voluntad popular. Las encuestas realizadas por la izquierda seguramente arrojaron como resultado la preferencia de la mayoría por López Obrador, por encima de Marcelo Ebrard. Pero sinceramente creo que muchas veces el pueblo se equivoca y que los perredistas no consideraron que AMLO es una figura desgastada, bizarra y añeja.
López Obrador es el perdedor que no se resigna, el eterno derrotado que no reconoce su verdadera situación. Pretende ser como el ave fénix y resurgir de sus cenizas sin considerar que muy probablemente su tiempo ya pasó y que en este momento lo mejor para su corriente política es proponer caras nuevas, si quiere de veras competir y sobre todo, triunfar.
Se ve que AMLO tuvo mucho tiempo libre en estos años y que ha preparado un discurso que desde su punto de vista puede llegar a la ciudadanía. “construir una República amorosa, más humana e igualitaria, con dimensión social y grandeza espiritual.” Suena bonito. Nada más suena bonito.
Y a propósito de “bonito”... Está listo el otro aspirante a gobernar México a partir del 2012. Quién lo hubiera dicho hace solamente diez años. De Secretario de Administración en un gabinete de dudosa reputación a presidente de la República. Ni más ni menos.
La vida da sorpresas. Hace años Enrique Peña Nieto no era otra cosa que un muchachito fresa y guapillo que a parte de utilizar sus encantos para ligarse a las edecanes en los actos de gobierno, no tenía la mínima presencia pública.
Ahora el flamante casi candidato del tricolor a la presidencia se da el lujo de criticar el “Estado disfuncional” y afirma en su nuevo libro “que en estos años” precisamente ese “Estado disfuncional ha arrastrado a los mexicanos por una pendiente al ser incapaz de crear las condiciones mínimas de seguridad, crecimiento económico, empleo digno, educación y una seguridad social de calidad.”
Nada más para comenzar, digo con toda franqueza que dudo que el libro lo haya realmente escrito él, por la sencilla razón que no veo a qué hora haya podido sentarse con calma a teclear sus ideas. A menos que no se trate de un súper héroe. Porque entre giras, pachangas y cumplimiento de sus obligaciones matrimoniales, a menos que no se haya dedicado a escribir su best seller durante muchos años, pues no veo cómo le pudo hacer. Si estoy blasfemando y fue él y solamente él quien escribió todo, le pido con toda humildad que nos pase la receta a quienes no estamos tan atareados como él y apenas podemos darle un espacio a la escritura.
Haciendo a un lado el detalle de la autoría, todavía estoy no solamente sorprendida, sino hasta indignada porque no puedo comprender cómo un priísta de pura cepa, uno que nació en el merito Atlacomulco, uno que creció y estudió y vivió gracias al sistema, tiene el descaro de criticar lo que el mismísimo PRI ha provocado.
Ya sé que los priístas van a comenzar a desgarrarse las vestiduras, pero ojalá fueran lo suficientemente humildes para reconocer que el “Estado disfuncional” del que habla Peña no tiene su origen 11 años atrás, cuando la derecha llegó al poder. En México nada funciona desde el momento en que por setenta años se vivió una dictadura de partido que hizo de nosotros una sociedad pobre, ignorante y reprimida.
Y lo más indignante es que el PRI quiere volver a las andadas, y pretende recetarnos otra vez sus viejas fórmulas, con la diferencia que ahora le apuesta todo a la imagen de niño bonito de un candidato hueco. Y ni siquiera Manlio Fabio Beltrones pudo con el paquete de enfrentarse al nuevo galán de telenovelas.
Por eso personalmente me da aún más rabia que el elegido del PRD no haya sido Marcelo Ebrard. Porque la carencia de un candidato fuerte, un candidato propositivo de la izquierda le da todavía más ventajas a Enrique Peña que como he dicho contínuamente en este espacio no es absolutamente una posibilidad de gobierno serio para nuestro país.
Del PAN ni hablar. Dos sexenios han sido suficientes para que los mexicanos no vuelvan a ceder a la tentación del “cambio” irracional. No se necesita mucho para saber que en la verdadera contienda por la presidencia el PAN no va a figurar, simplemente porque los miles de muertos provocados por la guerra al narcotráfico pesan demasiado en el ánimo popular.
Como dije al inicio, la situación vista desde afuera se puede analizar mejor. Y sin querer aparecer simplemente como una “contreras” más, me siento obligada a decir el panorama político mexicano se ve simplemente desolador. El problema es que cuando la democracia no es la solución, los caminos que llevan a las respuestas no son precisamente los más fáciles ni los más adecuados. Dejémoslo al tiempo pero no perdamos de vista que México, el verdadero, el del ciudadano de a pie simplemente ya no da para más.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Era solamente un dictador soft...
Publicado en el Semanario Punto, Toluca.
16 noviembre 2011
Después de meses de ausencia retomo este espacio, no sin antes agradecer a mi amigo Guillermo Romero Zarazúa por la paciencia que me ha demostrado. Ninguna razón particular, ningún motivo grave me ha hecho dejar de escribir durante tanto tiempo.
Se ha tratado simplemente de una especie de hastío, un estado de ánimo que simplemente me ha impedido expresarme, por una sencilla razón: no tenía absolutamente nada que decir.
Simplemente los acontecimientos me rebasaron y francamente ver que la situación no cambiaba provocó en mi persona una especie de rabia, de impotencia. Ni en Italia ni en México parecía ocurrir nada.
Fueron días y meses decididamente estériles, y naturalmente, la situación me ponía en riesgo de parecer repetitiva. Pensé que seguir escribiendo era simplemente desperdiciar tinta y energía.
Hoy me siento casi aliviada y sobre todo contenta. Lo confieso, ya era una situación personal. Irracionalmente personal, Mi aversión hacia Silvio Berlusconi -confieso- llegó a la exageración. No es bueno, no es coherente, no es normal. Pero así ocurría.
Posiblemente mi odio hacia el personaje es el reflejo de mi aversión a lo que representa: la mentira, la hipocresía, el afán de vivir bien sin mucho esfuerzo a costillas de los demás.
Cuando llegué a vivir a Italia, hace ocho años, fue difícil comprender el sistema de gobierno. Acostumbrada a un país donde vaya como vaya los sexenios terminan, a pesar de obtener pésimos resultados, me resultaba francamente complicado concebir la posibilidad de que un gobierno pueda caer sin llegar a completar el tiempo por el cual teoricamente es electo.
En pocas palabras, a diferencia de lo que ocurre en México, siendo Italia una república parlamentaria, son precisamente las cámaras quienes dan o quitan la “confianza” al presidente del Consejo de Ministros, que sin una mayoría contundente simplemente tiene que hacer las maletas e irse a su casa sin chistar.
Eso fue precisamente lo que le sucedió a Berlusca. Su gobierno, cada vez más débil y desgastado llegó al punto en el que hasta sus mismos incondicionales decidieron abandonarlo y decidió renunciar, consciente de que no podría continuar porque no tenía a su favor el número necesario de diputados que le dieran estabilidad y le permitieran llegar hasta el final de su mandato, que estaba programado hasta el 2013.
Se tardaron los diputados. No obstante el hartazgo de la sociedad italiana, a pesar del ridículo constante en que Berlusconi expuso al país frente a la comunidad internacional, sus aliados continuaron a sostenerlo, hasta que un hecho particular propició su caída definitiva.
La situación económica italiana, que hasta el momento corre el serio riesgo de ir a la bancarrota, propició la presión extrema de la Unión Europea. Solamente así comenzaron a cambiar las circunstancias y Berlusconi se fue.
Sus seguidores todavía se están quejando por el modo en que miles de personas festejaron la renuncia del hoy ex premier. Personalmente creo que hasta le fue bien, porque sinceramente de continuar así probablemente el descontento social habría llegado a extremos inimaginables. Por lo menos no terminó como otros dictadores. Quizá porque en el fondo Berlusca era solamente un dictador soft.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras son seguramente aquellos que por años -para ser precisos, 17- vivieron encantados, o mejor dicho, manipulados con la idea de un “cambio” que nunca llegó.
Honestamente comienzo a sospechar que cuando un político propone grandes novedades, cambios arrolladores y maravillas varias, apoyándose sobre todo en los medios de comunicación y desplegando campañas innovadoras, posiblemente está buscando convencernos de votar por él para terminar dándonos más de lo mismo.
Encuentro elocuente el artículo pulicado por el diario español El País y firmado por Roberto Saviano, uno de los grandes opositores al gobierno berlusconiano. señala: “Los casi 20 años del Gobierno de Berlusconi han sido un arabesco: la línea más larga posible entre lo viejo y lo viejo que se hacía pasar por nuevo. Entre Democracia Cristiana y democracia cristiana. Cuántas mentiras en estos 20 años, cuántas mistificaciones.”
Nadie mejor que Saviano, un escritor y periodista importante para describir lo que Berlusconi ha sido, ha representado.
He siempre dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Es evidente que Berlusconi no habría llegado al poder sin el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Desafortunadamente los 17 años de berlusconismo no son sino el reflejo de la decadencia de un país que, pudiendo mantenerse a la vanguardia, ha frenado su crecimiento postguerra y de ser considerado el “milagro italiano” ha dado marcha atrás y hoy está a un paso del desastre.
Retomo a Saviano: “En Italia, el sector público está en la ruina, la sanidad no tiene unos estándares dignos de Europa, la escuela, la Universidad y la investigación renquean. Durante años el Parlamento se ha dedicado a discutir, enmendar y votar leyes ad personam y leyes que hemos denominado ad aziendam”.
Me he siempre preguntado por qué Alemania y Japón, los otros dos países perdedores de la Segunda Guerra Mundial lograron levantarse de sus cenizas y superando derrotas dolorosas se convirtieron en pocas décadas en potencias económicas. Italia a fin de cuentas fue el país del Eje menos penalizado.
Ni le pusieron un muro ni le lanzaron dos bombas atómicas. Partió en ventaja y tuvo todo para crecer. Sin embargo sufrió y sigue sufriendo las consecuencias de elecciones equivocadas.
¿Acaso tendrá que ver la naturaleza desordenada, pasional, irracional de los pueblos latinos? ¿Será esta la causa de los sufrimientos del país? Como teoría me parece arriesgada, pero no la veo lejana de la realidad.
El punto es que el panorama italiano es triste. Desolador.
Aunque duela pensarlo, Berlusconi se fue pero el berlusconismo no. Y seguramente no faltarà quien diga que la situación era mejor cuando él ostentaba el poder, así como no falta quien todavía sostiene que eran mejores los tiempos de Mussolini.
El nuevo premier, Mario Monti no la tiene fácil. De él se dicen muchas cosas. Hay quien sostiene que trabajará para favorecer a las obscuras fuerzas financieras y que nada bueno puede traer a los italianos. Hay quien piensa que su gobierno durará poco y dará paso a unas elecciones donde de cualquier manera no hay mucho de dónde escoger.
Los más optimistas ven con buenos ojos que Italia tenga un gobierno “técnico” y no político, quizá porque de políticos es precisamente de lo que estamos hartos en el mundo, no solamente en el país de la bota.
Como sea, todo lo que se diga por el momento corresponde solamente al mundo de las especulaciones. La única situación seria y concreta es que Berlusconi se fue, para satisfacción de los seres pensantes de Italia y de cualquier manera estamos hablando de un país al borde del precipicio económico.
Vienen días intensos e interesantes. No olvidemos que Europa entera está en riesgo y que después de Italia, Francia y España podrían caer. No perdamos de vista que en este momento histórico hay solamente un Dios que exige sacrificios: se llama dinero y reina soberano entre todos los pueblos de la tierra. A fin de cuentas, librándonos de Berlusconi simplemente salimos de Guatepeor... pero no nos libramos de quedar en Guatemala... El mundo está así, y poco se puede hacer.
16 noviembre 2011
Después de meses de ausencia retomo este espacio, no sin antes agradecer a mi amigo Guillermo Romero Zarazúa por la paciencia que me ha demostrado. Ninguna razón particular, ningún motivo grave me ha hecho dejar de escribir durante tanto tiempo.
Se ha tratado simplemente de una especie de hastío, un estado de ánimo que simplemente me ha impedido expresarme, por una sencilla razón: no tenía absolutamente nada que decir.
Simplemente los acontecimientos me rebasaron y francamente ver que la situación no cambiaba provocó en mi persona una especie de rabia, de impotencia. Ni en Italia ni en México parecía ocurrir nada.
Fueron días y meses decididamente estériles, y naturalmente, la situación me ponía en riesgo de parecer repetitiva. Pensé que seguir escribiendo era simplemente desperdiciar tinta y energía.
Hoy me siento casi aliviada y sobre todo contenta. Lo confieso, ya era una situación personal. Irracionalmente personal, Mi aversión hacia Silvio Berlusconi -confieso- llegó a la exageración. No es bueno, no es coherente, no es normal. Pero así ocurría.
Posiblemente mi odio hacia el personaje es el reflejo de mi aversión a lo que representa: la mentira, la hipocresía, el afán de vivir bien sin mucho esfuerzo a costillas de los demás.
Cuando llegué a vivir a Italia, hace ocho años, fue difícil comprender el sistema de gobierno. Acostumbrada a un país donde vaya como vaya los sexenios terminan, a pesar de obtener pésimos resultados, me resultaba francamente complicado concebir la posibilidad de que un gobierno pueda caer sin llegar a completar el tiempo por el cual teoricamente es electo.
En pocas palabras, a diferencia de lo que ocurre en México, siendo Italia una república parlamentaria, son precisamente las cámaras quienes dan o quitan la “confianza” al presidente del Consejo de Ministros, que sin una mayoría contundente simplemente tiene que hacer las maletas e irse a su casa sin chistar.
Eso fue precisamente lo que le sucedió a Berlusca. Su gobierno, cada vez más débil y desgastado llegó al punto en el que hasta sus mismos incondicionales decidieron abandonarlo y decidió renunciar, consciente de que no podría continuar porque no tenía a su favor el número necesario de diputados que le dieran estabilidad y le permitieran llegar hasta el final de su mandato, que estaba programado hasta el 2013.
Se tardaron los diputados. No obstante el hartazgo de la sociedad italiana, a pesar del ridículo constante en que Berlusconi expuso al país frente a la comunidad internacional, sus aliados continuaron a sostenerlo, hasta que un hecho particular propició su caída definitiva.
La situación económica italiana, que hasta el momento corre el serio riesgo de ir a la bancarrota, propició la presión extrema de la Unión Europea. Solamente así comenzaron a cambiar las circunstancias y Berlusconi se fue.
Sus seguidores todavía se están quejando por el modo en que miles de personas festejaron la renuncia del hoy ex premier. Personalmente creo que hasta le fue bien, porque sinceramente de continuar así probablemente el descontento social habría llegado a extremos inimaginables. Por lo menos no terminó como otros dictadores. Quizá porque en el fondo Berlusca era solamente un dictador soft.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras son seguramente aquellos que por años -para ser precisos, 17- vivieron encantados, o mejor dicho, manipulados con la idea de un “cambio” que nunca llegó.
Honestamente comienzo a sospechar que cuando un político propone grandes novedades, cambios arrolladores y maravillas varias, apoyándose sobre todo en los medios de comunicación y desplegando campañas innovadoras, posiblemente está buscando convencernos de votar por él para terminar dándonos más de lo mismo.
Encuentro elocuente el artículo pulicado por el diario español El País y firmado por Roberto Saviano, uno de los grandes opositores al gobierno berlusconiano. señala: “Los casi 20 años del Gobierno de Berlusconi han sido un arabesco: la línea más larga posible entre lo viejo y lo viejo que se hacía pasar por nuevo. Entre Democracia Cristiana y democracia cristiana. Cuántas mentiras en estos 20 años, cuántas mistificaciones.”
Nadie mejor que Saviano, un escritor y periodista importante para describir lo que Berlusconi ha sido, ha representado.
He siempre dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Es evidente que Berlusconi no habría llegado al poder sin el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Desafortunadamente los 17 años de berlusconismo no son sino el reflejo de la decadencia de un país que, pudiendo mantenerse a la vanguardia, ha frenado su crecimiento postguerra y de ser considerado el “milagro italiano” ha dado marcha atrás y hoy está a un paso del desastre.
Retomo a Saviano: “En Italia, el sector público está en la ruina, la sanidad no tiene unos estándares dignos de Europa, la escuela, la Universidad y la investigación renquean. Durante años el Parlamento se ha dedicado a discutir, enmendar y votar leyes ad personam y leyes que hemos denominado ad aziendam”.
Me he siempre preguntado por qué Alemania y Japón, los otros dos países perdedores de la Segunda Guerra Mundial lograron levantarse de sus cenizas y superando derrotas dolorosas se convirtieron en pocas décadas en potencias económicas. Italia a fin de cuentas fue el país del Eje menos penalizado.
Ni le pusieron un muro ni le lanzaron dos bombas atómicas. Partió en ventaja y tuvo todo para crecer. Sin embargo sufrió y sigue sufriendo las consecuencias de elecciones equivocadas.
¿Acaso tendrá que ver la naturaleza desordenada, pasional, irracional de los pueblos latinos? ¿Será esta la causa de los sufrimientos del país? Como teoría me parece arriesgada, pero no la veo lejana de la realidad.
El punto es que el panorama italiano es triste. Desolador.
Aunque duela pensarlo, Berlusconi se fue pero el berlusconismo no. Y seguramente no faltarà quien diga que la situación era mejor cuando él ostentaba el poder, así como no falta quien todavía sostiene que eran mejores los tiempos de Mussolini.
El nuevo premier, Mario Monti no la tiene fácil. De él se dicen muchas cosas. Hay quien sostiene que trabajará para favorecer a las obscuras fuerzas financieras y que nada bueno puede traer a los italianos. Hay quien piensa que su gobierno durará poco y dará paso a unas elecciones donde de cualquier manera no hay mucho de dónde escoger.
Los más optimistas ven con buenos ojos que Italia tenga un gobierno “técnico” y no político, quizá porque de políticos es precisamente de lo que estamos hartos en el mundo, no solamente en el país de la bota.
Como sea, todo lo que se diga por el momento corresponde solamente al mundo de las especulaciones. La única situación seria y concreta es que Berlusconi se fue, para satisfacción de los seres pensantes de Italia y de cualquier manera estamos hablando de un país al borde del precipicio económico.
Vienen días intensos e interesantes. No olvidemos que Europa entera está en riesgo y que después de Italia, Francia y España podrían caer. No perdamos de vista que en este momento histórico hay solamente un Dios que exige sacrificios: se llama dinero y reina soberano entre todos los pueblos de la tierra. A fin de cuentas, librándonos de Berlusconi simplemente salimos de Guatepeor... pero no nos libramos de quedar en Guatemala... El mundo está así, y poco se puede hacer.
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