Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
16 de febrero, 2010
Es preciso reconocer que antes de escribir estas líneas, tuve que dar un amplio espacio a la reflexión. Porque en estos tiempos, el tema del que me ocupo parece calar muy profundamente en las buenas conciencias y la verdad es que no me gustaría herir susceptibilidades.
Pero francamente, creo que en México se está llegando a un pésimo momento en que el espacio público está invadiendo el ámbito privado y peor aún: las instituciones públicas se están dando a la tarea de juzgar las decisiones de las personas en materia sexual.
La moral se está convirtiendo en un asunto de Estado, y a decir verdad, no se puede decir que se trate de un argumento en que las autoridades deban intervenir, especialmente en un país teóricamente democrático.
Lo digo porque aunada a la controversia mediática que se ha desarrollado en los últimos meses luego de que en diciembre de 2009 en el Distrito Federal se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo, ahora el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, presentó una demanda de controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia la Nación (SCJN) para pedir que las bodas gay en el Distrito Federal sean declaradas inconstitucionales.
El argumento oficial es que “estas reformas podrían obligar a los estados y municipios a reconocer el matrimonio entre parejas del mismo sexo y así, en Jalisco, se les otorgarían los mismos derechos que al matrimonio reconocido en sus leyes”.
Ni hablar. Una más del “gober piadoso”.
Todavía recuerdo que en el 2008 el mismo mandatario jalisciense tuvo la genial idea de presentarse borracho para gritarle al mundo sacando a relucir su mejor colección de majaderías, que él hace lo que debe hacerse por el estado que gobierna. Por lo mismo en esos tiempos decidió regalarle a la Iglesia católica 15 millones de pesos.
El gobernador González Márquez, -obvio, como ferviente católico antes que como gobernador- se pone de parte de quienes consideran incorrecto que las parejas del mismo sexo se unan bajo el reconocimiento y la protección de la ley.
Aunque el pacto federal es un acuerdo entre estados libres y soberanos, de acuerdo con el razonamiento del gober, la aprobación del matrimonio homosexual en el DF podría “obligar a los estados y municipios a reconocer el matrimonio entre parejas del mismo sexo y así, en Jalisco, se les otorgarían los mismos derechos que al matrimonio reconocido en sus leyes”.
¿Y???? Me viene espontáneo, casi emulando a una antipática pseudo cantante mexicana. Si los estados se ven obligados a proteger, aceptar, tutelar y reconocer a las parejas gay que contraen matrimonio en el DF, ¿cuál es el problema?
Para empezar, no creo que haya filas interminables, millones de parejas gay haciendo fila para casarse. De por sí el matrimonio es una institución casi fuera de moda.
Pero para los pocos que se decidan, probablemente será muy difícil la vida aún cuando hayan obtenido el reconocimiento legal para su unión, Porque el reconocimiento de la sociedad tardará en llegar, si es que llega.
¿Por qué? Simplemente porque los emilios gonzales abundan en México, donde, de acuerdo con cifras dadas a conocer por la Cámara de Diputados de nuestro país, entre 2002 y 2007 fueron asesinadas 1000 personas en crímenes homofóbicos.
Y las cosas no han cambiado mucho en los últimos tres años como para decir que en México no se llega a niveles tan altos que estamos hablando del segundo país con mayor índice de crímenes homofóbicos después de Brasil.
Las cifras que se pueden encontrar sin problemas en Internet son escalofriantes. Por ejemplo, destaca que solamente en Michoacán, de enero a agosto de 2009 fueron asesinados 40 homosexuales, casi todos en la zona conocida como Tierra Caliente.
Un estudio de la UAM Unidad Xochimilco publicado en el 2007 señala que las discriminaciones más frecuentes hacia los homosexuales fueron: “ la no contratación en un empleo, 13 por ciento; amenaza de extorsión y detención por policías, 11 por ciento; y maltrato de empleados, 10 por ciento”.
Así que no es extraño que medio México ponga el grito en el cielo porque ya es posible ver casados a hombres con hombres y a mujeres con mujeres. Eso sí que es escandaloso, afecta a todos y ofende a las buenas conciencias. Esa sí que es violencia pura y no se puede ni se debe tolerar.
O al menos esa es mi humilde interpretación. En México se puede ser narcotraficante, se puede ser político de dudosa honestidad, se puede participar en todas y cada una de las formas de corrupción que sabemos que existen. Pero ojo: no se puede ser gay o lesbiana y mucho menos se puede pretender legalizar la unión. Eso ya no es solamente pecado: es casi un delito.
Una encuesta del 2006 arroja resultados aún más vergonzosos: 71% de los jóvenes mexicanos no aceptaría que se le dieran los mismos derechos a los homosexuales que a los heterosexuales. Obvio, los jóvenes mexicanos no son sino el resultado de una educación tradicional que me atrevo a considerar casi mojigata.
La misma encuesta da como conclusiones que el 33% de los mexicanos siente aversión por los homosexuales; un 40% no quiere políticos destacados homosexuales y un 32% no quiere vecinos homosexuales.
Por eso no me extraña en absoluto lo que el gober piadoso propone, ni me parece lejano que la aprobación de las bodas gay no dure y se quede sólo en un buen intento. Porque todo aquello que permita a los seres humanos ser felices sin molestar a los otros, es un buen intento.
Lo malo es que como siempre, las buenas conciencias gobiernan y deciden hasta cómo nos debemos comportar en la intimidad de la alcoba. Qué pena.
sábado, 20 de febrero de 2010
miércoles, 10 de febrero de 2010
Opinionitis... declaracionitis...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
09 de febrero, 2010
Esta semana honestamente no supe siquiera cómo iniciar a escribir este espacio. La verdad es que los argumentos son muchos. Ultimamente los medios de comunicación se han dado más que nunca a la tarea de bombardearnos de novedades.
Obvio, los hechos ahí están y son todos importantes. Pero si a la natural relevancia aumentamos la predisposición de la prensa, la radio y la televisión para hacerlos existir y persistir, nos encontramos ante una marea de información que en apariencia nos incumbe y nos afecta directamente.
Por una parte, en México encontramos situaciones tan serias y lamentables como las lluvias, las inundaciones y las aguas negras que cubrieron al Valle de México. Un riesgo real de epidemias y una discusión inútil entre las autoridades que pelearon sin el menor pudor por demostrar quién es más eficiente en un momento en que honestamente lo que menos importa es “quién” hace sino “qué” hace para resolver un problema delicado que afecta a miles de familias mexicanas.
Otra más de esas situaciones serias que reportan los medios mexicanos es la que se vive en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, donde de pronto todos parecen seriamente preocupados por resolver una situación angustiosa de inseguridad que pareciera haber comenzado en los últimos quince días, pero que en realidad tuvo su origen hace mucho más tiempo.
Porque es bien sabido que hablar de esa ciudad fronteriza es aludir a un montón de problemas que van desde la desaparición y el asesinato de cientos de mujeres, hasta el dominio del narcotráfico y la reciente masacre de un grupo de jóvenes.
Y ahí de nuevo un brillante político se dio el lujo de decir que los 16 muchachos fallecidos eran “pandilleros” para luego retractarse, mientras el gobernador Baeza anunció su intención de trasladar los tres poderes de Chihuahua a Ciudad Juárez, aunque no se sabe bien con qué intenciones o cuáles serían los resultados de tan valiente acción. A lo mejor el gobernador está ya pensando en las elecciones locales de julio y por eso de repente se siente con ganas de remediar la tremenda situación de su entidad.
Mientras, en Italia la situación no podría ser menos comprometedora. Nuestro querido premier, Silvio Berlusconi, en su reciente visita a Israel no ha medido el tono de su mensaje y simplemente decidió usar los micrófonos y las cámaras para adular al pueblo israelí en forma tan exagerada que terminó hablando de su sueño de ver a Israel formar parte de la Unión europea.
Las palabras de Berlusca no pararon ahí, pues decidió hacer una alusión a los países que “ponen en discusión la existencia de Israel”. Obviamente el país que ha amenazado directamente a los israelíes es Irán, cuyo presidente, Mahmoud Ahmadinejad ha usado los medios de comunicación continuamente para amenazar con borrar Israel de la faz de la tierra.
¿Resultado de la declaración de amor hacia Israel por parte de Berlusconi? El ataque a la embajada italiana en Teherán, bajo la consigna “muerte a Berlusconi, muerte a Italia”.
Tres hechos sin conexión obviamente. Pero aunque parezca disparatado, todos tienen en común la intervención poco prudente de los políticos que de repente parecen no tener freno y deciden expresar -premeditadamente o no- cualquier cosa que les viene a la mente.
El problema en todos los casos es que hoy en día los medios de comunicación están listos para reproducir hasta la mínima frase y el más trivial de los gestos de los hombres públicos.
En realidad, el periodismo se ha vuelto simplemente una caza despiadada a la opinión de quienes cuando tienen frente a sí una cámara o un micrófono. Los polícos, politiquillos y politicuchos de todos los niveles simple y sencillamente actúan por puro instinto y en su afán de hacerse notar no miden las consecuencias de lo que dicen, causando con ello situaciones que van desde la incomodidad hasta el conflicto.
Si analizamos fríamente los contenidos, veremos que la mayor parte de los diarios y de los noticiarios se ocupa precisamente de dar cuenta de las opiniones de los -más o menos- poderosos. Lo interesante es saber que los periodistas modernos parecen estar plenamente conscientes de que mientras más descabellada, grotesca, ilógica, incoherente, agresiva e imprudente sea la frase, mayor espacio informativo ocupará.
Declaracionitis y opinionitis son las enfermedades más comunes que aquejan a los medios. Lo importante no es si hay un serio problema que requiere una solución urgente. Lo que cuenta es quién dice qué acerca de ese problema. Quién culpa a quién, quién defiende a quién.
El peso específico de una declaración es mayor si al hacerla se tocan los intereses del enemigo político.
Por eso el periodista de hoy no tiene necesidad de saber más o conocer más sobre el problema. Basta presionar un poco y la lengua del político soltará el veneno necesario y dará de qué hablar por muchos días,
Lo importante no es profundizar ni investigar. Lo interesante es poner la trampa adecuada o tener la capacidad suficiente para encontrar la frase que vende, que llama la atención, que compromete.
Algunos políticos -véase Berlusconi- son especialistas en complicarse solos la existencia. Otros son más prudentes y los periodistas tienen mayores problemas para encontrar la forma de hacerlos dar la nota.
Y sin embargo, la declaracionitis reina soberana y la investigación periodística sencillamente es una actividad del pasado que a nadie parece interesar.
Lo que importa son los hechos, no las palabras. Paradójicamente, los medios se ocupan cada día de convertir las palabras de todos, hasta de los funcionarios más insignificantes, en hechos que nos afectan, que nos involucran, que nos pertenecen.
Serio problema que no nos deja distinguir lo que de verdad es preocupante. Ni hablar, son los vicios del sistema informativo de todo el mundo que por desgracia a estas alturas parece casi imposible erradicar.
09 de febrero, 2010
Esta semana honestamente no supe siquiera cómo iniciar a escribir este espacio. La verdad es que los argumentos son muchos. Ultimamente los medios de comunicación se han dado más que nunca a la tarea de bombardearnos de novedades.
Obvio, los hechos ahí están y son todos importantes. Pero si a la natural relevancia aumentamos la predisposición de la prensa, la radio y la televisión para hacerlos existir y persistir, nos encontramos ante una marea de información que en apariencia nos incumbe y nos afecta directamente.
Por una parte, en México encontramos situaciones tan serias y lamentables como las lluvias, las inundaciones y las aguas negras que cubrieron al Valle de México. Un riesgo real de epidemias y una discusión inútil entre las autoridades que pelearon sin el menor pudor por demostrar quién es más eficiente en un momento en que honestamente lo que menos importa es “quién” hace sino “qué” hace para resolver un problema delicado que afecta a miles de familias mexicanas.
Otra más de esas situaciones serias que reportan los medios mexicanos es la que se vive en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, donde de pronto todos parecen seriamente preocupados por resolver una situación angustiosa de inseguridad que pareciera haber comenzado en los últimos quince días, pero que en realidad tuvo su origen hace mucho más tiempo.
Porque es bien sabido que hablar de esa ciudad fronteriza es aludir a un montón de problemas que van desde la desaparición y el asesinato de cientos de mujeres, hasta el dominio del narcotráfico y la reciente masacre de un grupo de jóvenes.
Y ahí de nuevo un brillante político se dio el lujo de decir que los 16 muchachos fallecidos eran “pandilleros” para luego retractarse, mientras el gobernador Baeza anunció su intención de trasladar los tres poderes de Chihuahua a Ciudad Juárez, aunque no se sabe bien con qué intenciones o cuáles serían los resultados de tan valiente acción. A lo mejor el gobernador está ya pensando en las elecciones locales de julio y por eso de repente se siente con ganas de remediar la tremenda situación de su entidad.
Mientras, en Italia la situación no podría ser menos comprometedora. Nuestro querido premier, Silvio Berlusconi, en su reciente visita a Israel no ha medido el tono de su mensaje y simplemente decidió usar los micrófonos y las cámaras para adular al pueblo israelí en forma tan exagerada que terminó hablando de su sueño de ver a Israel formar parte de la Unión europea.
Las palabras de Berlusca no pararon ahí, pues decidió hacer una alusión a los países que “ponen en discusión la existencia de Israel”. Obviamente el país que ha amenazado directamente a los israelíes es Irán, cuyo presidente, Mahmoud Ahmadinejad ha usado los medios de comunicación continuamente para amenazar con borrar Israel de la faz de la tierra.
¿Resultado de la declaración de amor hacia Israel por parte de Berlusconi? El ataque a la embajada italiana en Teherán, bajo la consigna “muerte a Berlusconi, muerte a Italia”.
Tres hechos sin conexión obviamente. Pero aunque parezca disparatado, todos tienen en común la intervención poco prudente de los políticos que de repente parecen no tener freno y deciden expresar -premeditadamente o no- cualquier cosa que les viene a la mente.
El problema en todos los casos es que hoy en día los medios de comunicación están listos para reproducir hasta la mínima frase y el más trivial de los gestos de los hombres públicos.
En realidad, el periodismo se ha vuelto simplemente una caza despiadada a la opinión de quienes cuando tienen frente a sí una cámara o un micrófono. Los polícos, politiquillos y politicuchos de todos los niveles simple y sencillamente actúan por puro instinto y en su afán de hacerse notar no miden las consecuencias de lo que dicen, causando con ello situaciones que van desde la incomodidad hasta el conflicto.
Si analizamos fríamente los contenidos, veremos que la mayor parte de los diarios y de los noticiarios se ocupa precisamente de dar cuenta de las opiniones de los -más o menos- poderosos. Lo interesante es saber que los periodistas modernos parecen estar plenamente conscientes de que mientras más descabellada, grotesca, ilógica, incoherente, agresiva e imprudente sea la frase, mayor espacio informativo ocupará.
Declaracionitis y opinionitis son las enfermedades más comunes que aquejan a los medios. Lo importante no es si hay un serio problema que requiere una solución urgente. Lo que cuenta es quién dice qué acerca de ese problema. Quién culpa a quién, quién defiende a quién.
El peso específico de una declaración es mayor si al hacerla se tocan los intereses del enemigo político.
Por eso el periodista de hoy no tiene necesidad de saber más o conocer más sobre el problema. Basta presionar un poco y la lengua del político soltará el veneno necesario y dará de qué hablar por muchos días,
Lo importante no es profundizar ni investigar. Lo interesante es poner la trampa adecuada o tener la capacidad suficiente para encontrar la frase que vende, que llama la atención, que compromete.
Algunos políticos -véase Berlusconi- son especialistas en complicarse solos la existencia. Otros son más prudentes y los periodistas tienen mayores problemas para encontrar la forma de hacerlos dar la nota.
Y sin embargo, la declaracionitis reina soberana y la investigación periodística sencillamente es una actividad del pasado que a nadie parece interesar.
Lo que importa son los hechos, no las palabras. Paradójicamente, los medios se ocupan cada día de convertir las palabras de todos, hasta de los funcionarios más insignificantes, en hechos que nos afectan, que nos involucran, que nos pertenecen.
Serio problema que no nos deja distinguir lo que de verdad es preocupante. Ni hablar, son los vicios del sistema informativo de todo el mundo que por desgracia a estas alturas parece casi imposible erradicar.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Las alianzas sospechosas
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
02 de febrero, 2010
Esta semana, revisando las noticias, me encuentro con una sorpresa que se venia gestando desde hace algún tiempo, y que honestamente non pensé que llegara a convertirse en realidad.
Se trata de una auténtica aberración, sinceramente. O mejor dicho, se trata de la prueba tangible de que en política no hay nada escrito y de que para alcanzar el poder no hay límites, especialmente porque los principios, kos ideales y las convicciones pueden resultar inútiles y hasta estorbosos.
La verdad es que cuando me enteré de lo que ocurre en el estado de Durango, comprendí que el maquiavélico principio de “el fin justifica los medios” no puede ser más atinado.
Vayamos por partes. La noticia a la que me refiero es la candidatura del expriísta duranguense José Aispuro a la gubernatura de Durango, como abanderado de una alianza entre los partidos Acción Nacional y de la Revolución democrática.
Como experimento electoral (¿o debería decirse “electorero”?) hasta se antoja interesante. Digamos que es una estrategia de “todos unidos contra el PRI”, que para obtener una gubernatura podría funcionar.
Pero analizando las cosas con calma y sin pretender rasgarme las vestiduras, hay que pensar que el ser “anti priísta” debe ser parte de los principios de albiazules y amarillos, pero ¡por separado!
De otra manera, no se concibe una alianza entre los panistas que buscan “una patria ordenada y generosa” y los perredistas que aspiran a la “democracia ya, patria para todos”.
El PAN, que oficialmente se define como un partido “centro humanista” pero del cual son conocidas sus tendencias netamente de derecha, nada tendría que ver con los ideales de izquierda enarbolados por el PRD.
Lo que queda claro es que ambas instituciones políticas se encuentran unidas contra el autoritario PRI, el partido que durante 70 años ejerció en México el poder público y que después de las últimas elecciones presidenciales parece tomar un segundo aire, aprovechando por una parte los errores de sus oponentes y por otra la presencia entre sus filas de algunos precandidatos presidenciales que podrían ganarse la simpatía de los electores para las elecciones del 2012.
Que el PRI se está reponiendo, no es una novedad. Como tampoco lo es que su renacimiento tiene su origen en las equivocaciones de los adversarios.
La fallida guerra contra el narcotráfico iniciada por el presidente Calderón ha causado que muchos ciudadanos vuelvan la vista hacia la seguridad que les podrían inspirar el partidazo y su experiencia. Es sin duda un buen momento para que los tricolores enarbolen de nuevo la bandera de la paz social que más de una vez les sirvió para ganarse el llamado voto del miedo.
Y por otra parte, los perredistas se muestran como una fuerza política desorganizada que por un lado, tiene la incómoda y bizarra figura de Andrés Manuel López Obrador y sus sueños guajiros de ser presidente, y por otro cuenta con las acciones casi temerarias de un gobierno del Distrito Federal demasiado progresista para una sociedad mexicana que todavía no está lista para afrontar las medidas gubernamentales que tienen que ver con la moral pública, como la legalización del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Errores del PAN y del PRD que el PRI está capitalizando, ganando elecciones por todas partes. Y no porque el PRI haya cambiado, pues como dicen los italianos “el lobo pierde el pelo, pero no el vicio”, sino porque los mexicanos a veces razonamos bajo el principio que “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.
Pero francamente, bajo ninguna circunstancia me parece inteligente pensar que la alianza entre panistas y perredistas sea adecuada, coherente, lógica, normal o por lo menos decente.
No tiene otra razón de ser que la de acabar con el enemigo y aferrarse a un triunfo electoral que a fin de cuentas, en caso de producirse, terminaría por degenerar en un pleitazo por los huesos en el gabinete duranguense.
Porque así son nuestros políticos. Los nuestros y los de todas partes. Digamos que si leemos los principios que rigen a cada uno de los partidos políticos nos daremos cuenta que todos persiguen el bien común. De eso no hay que dudar. De lo que hay que dudar es del estilo en que cada uno concibe el bienestar.
Porque hasta ahora, panistas, perredistas y priístas han mantenido en todos los rincones de México donde les ha sido concedido gobernar las mismas tristes circunstancias.
La realidad del país no ha cambiado y la corrupción y el desorden son los verdaderos gobernantes. Sin importar colores, banderas o ideales políticos. No ha habido una verdadera alternancia, no se ha verificado ese cambio tantas veces prometido. Seguimos siendo pobres, ignorantes. Nos sigue faltando la esperanza y no encontramos la manera para crecer de verdad, por la sencilla razón que tenemos un Estado que no sabe cómo dirigir los destinos de la nación.
Ni azules, ni amarillos ni tricolores nos han dado progreso, orden, paz o bienestar.
Y si para colmo nuestros brillantes políticos ahora deciden unir sus fuerzas con el solo objetivo de obtener el poder... ¡Estamos hundidos, mexicanos!
02 de febrero, 2010
Esta semana, revisando las noticias, me encuentro con una sorpresa que se venia gestando desde hace algún tiempo, y que honestamente non pensé que llegara a convertirse en realidad.
Se trata de una auténtica aberración, sinceramente. O mejor dicho, se trata de la prueba tangible de que en política no hay nada escrito y de que para alcanzar el poder no hay límites, especialmente porque los principios, kos ideales y las convicciones pueden resultar inútiles y hasta estorbosos.
La verdad es que cuando me enteré de lo que ocurre en el estado de Durango, comprendí que el maquiavélico principio de “el fin justifica los medios” no puede ser más atinado.
Vayamos por partes. La noticia a la que me refiero es la candidatura del expriísta duranguense José Aispuro a la gubernatura de Durango, como abanderado de una alianza entre los partidos Acción Nacional y de la Revolución democrática.
Como experimento electoral (¿o debería decirse “electorero”?) hasta se antoja interesante. Digamos que es una estrategia de “todos unidos contra el PRI”, que para obtener una gubernatura podría funcionar.
Pero analizando las cosas con calma y sin pretender rasgarme las vestiduras, hay que pensar que el ser “anti priísta” debe ser parte de los principios de albiazules y amarillos, pero ¡por separado!
De otra manera, no se concibe una alianza entre los panistas que buscan “una patria ordenada y generosa” y los perredistas que aspiran a la “democracia ya, patria para todos”.
El PAN, que oficialmente se define como un partido “centro humanista” pero del cual son conocidas sus tendencias netamente de derecha, nada tendría que ver con los ideales de izquierda enarbolados por el PRD.
Lo que queda claro es que ambas instituciones políticas se encuentran unidas contra el autoritario PRI, el partido que durante 70 años ejerció en México el poder público y que después de las últimas elecciones presidenciales parece tomar un segundo aire, aprovechando por una parte los errores de sus oponentes y por otra la presencia entre sus filas de algunos precandidatos presidenciales que podrían ganarse la simpatía de los electores para las elecciones del 2012.
Que el PRI se está reponiendo, no es una novedad. Como tampoco lo es que su renacimiento tiene su origen en las equivocaciones de los adversarios.
La fallida guerra contra el narcotráfico iniciada por el presidente Calderón ha causado que muchos ciudadanos vuelvan la vista hacia la seguridad que les podrían inspirar el partidazo y su experiencia. Es sin duda un buen momento para que los tricolores enarbolen de nuevo la bandera de la paz social que más de una vez les sirvió para ganarse el llamado voto del miedo.
Y por otra parte, los perredistas se muestran como una fuerza política desorganizada que por un lado, tiene la incómoda y bizarra figura de Andrés Manuel López Obrador y sus sueños guajiros de ser presidente, y por otro cuenta con las acciones casi temerarias de un gobierno del Distrito Federal demasiado progresista para una sociedad mexicana que todavía no está lista para afrontar las medidas gubernamentales que tienen que ver con la moral pública, como la legalización del aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Errores del PAN y del PRD que el PRI está capitalizando, ganando elecciones por todas partes. Y no porque el PRI haya cambiado, pues como dicen los italianos “el lobo pierde el pelo, pero no el vicio”, sino porque los mexicanos a veces razonamos bajo el principio que “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.
Pero francamente, bajo ninguna circunstancia me parece inteligente pensar que la alianza entre panistas y perredistas sea adecuada, coherente, lógica, normal o por lo menos decente.
No tiene otra razón de ser que la de acabar con el enemigo y aferrarse a un triunfo electoral que a fin de cuentas, en caso de producirse, terminaría por degenerar en un pleitazo por los huesos en el gabinete duranguense.
Porque así son nuestros políticos. Los nuestros y los de todas partes. Digamos que si leemos los principios que rigen a cada uno de los partidos políticos nos daremos cuenta que todos persiguen el bien común. De eso no hay que dudar. De lo que hay que dudar es del estilo en que cada uno concibe el bienestar.
Porque hasta ahora, panistas, perredistas y priístas han mantenido en todos los rincones de México donde les ha sido concedido gobernar las mismas tristes circunstancias.
La realidad del país no ha cambiado y la corrupción y el desorden son los verdaderos gobernantes. Sin importar colores, banderas o ideales políticos. No ha habido una verdadera alternancia, no se ha verificado ese cambio tantas veces prometido. Seguimos siendo pobres, ignorantes. Nos sigue faltando la esperanza y no encontramos la manera para crecer de verdad, por la sencilla razón que tenemos un Estado que no sabe cómo dirigir los destinos de la nación.
Ni azules, ni amarillos ni tricolores nos han dado progreso, orden, paz o bienestar.
Y si para colmo nuestros brillantes políticos ahora deciden unir sus fuerzas con el solo objetivo de obtener el poder... ¡Estamos hundidos, mexicanos!
sábado, 30 de enero de 2010
Haití y las buenas intenciones
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
26 de enero, 2010
Esta semana considero un deber escribir acerca de una situación dolorosa de la cual somos impotentes testigos a distancia. Se trata del terremoto que el pasado 12 de enero sacudió Haití y que solamente en la zona metropolitana de Puerto Príncipe arrojó un saldo de al menos 150 mil personas fallecidas.
Los dolorosos hechos sin duda hacen reflexionar acerca de la fragilidad de los seres humanos ante la naturaleza. Pero sobre todo, es conmovedor pensar en lo terriblemente injusto que resulta ver tal devastación, tan enorme dolor en una nación que ya antes de la desgracia estaba llena de problemas, de miseria, de violencia.
Es terrible observar en la televisión las escenas de dolor y muerte. Pero es aún más desgarrador mirar cómo el pueblo afectado pelea hasta hacerse daño incluso por un saco de arroz.
El drama haitiano ha conmovido a todo el planeta. Las naciones se han movilizado para ayudar a las víctimas y sin embargo, es vergonzoso saber que precisamente a causa de la ayuda internacional y su presunta ineficacia, se ha presentado un incidente diplomático entre los gobiernos de Italia y de los Estados Unidos.
La situación que honestamente se antoja surreal, involucra al Jefe de Protección Civil italiano, Guido Bertolaso, y a la mismísima secretaria de Estado norteamericana, Hilary Clinton.
Ya es extraño que el titular del área haya decidido ir personalmente a Haití para coordinar la ayuda que proporcionan los italianos. Pero más extraño resulta saber que poco después de su llegada, concedió una entrevista a la televisión oficial italiana y afirmó a bocajarro que “hay enormes organizaciones involucradas y mucho por hacer, pero la situación es patética. Todo se habría podido administrar mucho mejor”,
La dura crítica de Bertolaso fue dirigida directamente a las autoridades estadunidenses, diciendo que “el mundo podía demostrar que las cosas se podían hacer mejor en una situación como ésta, pero hasta ahora no ha funcionado... era inevitable e indispensable una fuerte presencia del ejército norteamericano, pero los 15 mil hombres no son utilizados de la mejor manera. Las naves-hospital, los portaviones no tienen relación directa con el territorio ni con las organizaciones humanitarias que están presentes en el lugar de los hechos. Cada uno hace su parte, pero en modo independiente”.
Bertolaso no paró ahí su despiadada crítica sino que fue a cada momento de la entrevista más directo y específico: “los norteamericanos tienden a confundir la intervención militar con la situación de emergencia. Falta capacidad de coordinación, útil para no desperdiciar la ayuda que ha sido enviada. Se ha hecho un esfuerzo impresionante, encomiable, pero no hay liderazgo. Se necesita un hombre un Obama que coordine la emergencia... se viene aquí, se da un poco de comer y de beber y el problema para ellos está resuelto, pero es una contradiccion que no se sientan las bases para la vida futura”
Posiblemente Bertolaso tiene razón, si se parte de su experiencia profesional que entre otros asuntos tiene la coordinación de la ayuda proporcionada a los habitantes de la región italiana de Abruzzo, víctimas de un terremoto devastante ocurrido en abril de 2009.
El problema es que a partir de sus declaraciones, sin lugar a dudas incómodas para el gobierno de los Estados Unidos, se abrió todo un debate luego de que Hilary Clinton afirmó que “la polémica (iniciada por Bertolaso) me parece como esas que se hacen los lunes por la mañana después de los partidos de futbol del día anterior”. Esto, no sin antes señalar que “Haití no es Abruzzo”, por lo que no se puede actuar de igual manera ante el mismo evento.
Clinton se declaró “profundamente herida por aquellos que critican a los Estados Unidos, la generosidad de su pueblo y el empeño de su presidente por tratar de responder a un desastre de proporciones históricas”.
Y a fin de cuentas, esta verborrea mediática no ha servido para nada. Solamente para meter en problemas hasta al mismísimo premier Silvio Berlusconi, que ha tenido que elogiar la “generosa”intervención norteamericana en Haití, “sin la cual la situación habría sido mucho más difícil de coordinar”.
La verdad es que se gastan litros de tinta inútil y se desperdician energías que bien podrían utilizarse en ayudar de veras a los damninficados haitianos. Honestamente me quedo con la boca abierta cuando veo la indignación de la Clinton y observo fotografías y videos de los miles de habitantes del país afectado.
La desesperación, la angustia, el abandono de Haití deberían ser el único motivo que causara que la secretaria de Estado norteamericana se sintiera “profundamente herida”. Pero parece que esta parte nadie la entiende, como nadie parece comprender la necesidad urgente de ayudar a organizar la vida futura de quienes ya antes del 12 de enero vivían en el olvido y la desesperanza.
Porque hasta antes del terremoto, los haitianos ya tenían hambre, tenían sed, vivían en la miseria. Y nadie se ocupaba de ellos.
Ahora todos se esmeran tratando de demostrar la gran preocupación por los sobrevivientes. Me pregunto si Bertolaso tiene razón cuando afirma que “muy seguido, una vez que se llega al lugar del desastre, se piensa de inmediato a poner un gran cartel con el escudo de la organización, a quedar bien frente a las cámaras de televisión en vez de ponerse a trabajar para dar ayuda a quien lo necesita”
Probablemente dentro de todo el Jefe italiano de la Protección Civil tiene razón. Solamente estando en el lugar de los hechos podría saberse. Sin embargo, por el momento lo importante es no dejar Haití en el olvido, porque efectivamente, sin una adecuada coordinación de los recursos que llegan, probablemente la situación no solamente no mejorará, sino que puede empeorar y causar un desastre social y económico más grave que el que ya existía.
Lamentable es la desgracia que ha provocado la naturaleza. Pero aún más lamentable es la tragedia que el hombre mismo provoca cuando con aires de prepotencia no hace otra cosa que empeorar la situación. Ojalá que esta vez la generosidad estadunidense sea verdadera y no deje lugar a dudas ni comentarios en contra. Ojalá, en símtesis que finalmente todo gire alrededor de un solo concepto: verdadera reconstrucción.
26 de enero, 2010
Esta semana considero un deber escribir acerca de una situación dolorosa de la cual somos impotentes testigos a distancia. Se trata del terremoto que el pasado 12 de enero sacudió Haití y que solamente en la zona metropolitana de Puerto Príncipe arrojó un saldo de al menos 150 mil personas fallecidas.
Los dolorosos hechos sin duda hacen reflexionar acerca de la fragilidad de los seres humanos ante la naturaleza. Pero sobre todo, es conmovedor pensar en lo terriblemente injusto que resulta ver tal devastación, tan enorme dolor en una nación que ya antes de la desgracia estaba llena de problemas, de miseria, de violencia.
Es terrible observar en la televisión las escenas de dolor y muerte. Pero es aún más desgarrador mirar cómo el pueblo afectado pelea hasta hacerse daño incluso por un saco de arroz.
El drama haitiano ha conmovido a todo el planeta. Las naciones se han movilizado para ayudar a las víctimas y sin embargo, es vergonzoso saber que precisamente a causa de la ayuda internacional y su presunta ineficacia, se ha presentado un incidente diplomático entre los gobiernos de Italia y de los Estados Unidos.
La situación que honestamente se antoja surreal, involucra al Jefe de Protección Civil italiano, Guido Bertolaso, y a la mismísima secretaria de Estado norteamericana, Hilary Clinton.
Ya es extraño que el titular del área haya decidido ir personalmente a Haití para coordinar la ayuda que proporcionan los italianos. Pero más extraño resulta saber que poco después de su llegada, concedió una entrevista a la televisión oficial italiana y afirmó a bocajarro que “hay enormes organizaciones involucradas y mucho por hacer, pero la situación es patética. Todo se habría podido administrar mucho mejor”,
La dura crítica de Bertolaso fue dirigida directamente a las autoridades estadunidenses, diciendo que “el mundo podía demostrar que las cosas se podían hacer mejor en una situación como ésta, pero hasta ahora no ha funcionado... era inevitable e indispensable una fuerte presencia del ejército norteamericano, pero los 15 mil hombres no son utilizados de la mejor manera. Las naves-hospital, los portaviones no tienen relación directa con el territorio ni con las organizaciones humanitarias que están presentes en el lugar de los hechos. Cada uno hace su parte, pero en modo independiente”.
Bertolaso no paró ahí su despiadada crítica sino que fue a cada momento de la entrevista más directo y específico: “los norteamericanos tienden a confundir la intervención militar con la situación de emergencia. Falta capacidad de coordinación, útil para no desperdiciar la ayuda que ha sido enviada. Se ha hecho un esfuerzo impresionante, encomiable, pero no hay liderazgo. Se necesita un hombre un Obama que coordine la emergencia... se viene aquí, se da un poco de comer y de beber y el problema para ellos está resuelto, pero es una contradiccion que no se sientan las bases para la vida futura”
Posiblemente Bertolaso tiene razón, si se parte de su experiencia profesional que entre otros asuntos tiene la coordinación de la ayuda proporcionada a los habitantes de la región italiana de Abruzzo, víctimas de un terremoto devastante ocurrido en abril de 2009.
El problema es que a partir de sus declaraciones, sin lugar a dudas incómodas para el gobierno de los Estados Unidos, se abrió todo un debate luego de que Hilary Clinton afirmó que “la polémica (iniciada por Bertolaso) me parece como esas que se hacen los lunes por la mañana después de los partidos de futbol del día anterior”. Esto, no sin antes señalar que “Haití no es Abruzzo”, por lo que no se puede actuar de igual manera ante el mismo evento.
Clinton se declaró “profundamente herida por aquellos que critican a los Estados Unidos, la generosidad de su pueblo y el empeño de su presidente por tratar de responder a un desastre de proporciones históricas”.
Y a fin de cuentas, esta verborrea mediática no ha servido para nada. Solamente para meter en problemas hasta al mismísimo premier Silvio Berlusconi, que ha tenido que elogiar la “generosa”intervención norteamericana en Haití, “sin la cual la situación habría sido mucho más difícil de coordinar”.
La verdad es que se gastan litros de tinta inútil y se desperdician energías que bien podrían utilizarse en ayudar de veras a los damninficados haitianos. Honestamente me quedo con la boca abierta cuando veo la indignación de la Clinton y observo fotografías y videos de los miles de habitantes del país afectado.
La desesperación, la angustia, el abandono de Haití deberían ser el único motivo que causara que la secretaria de Estado norteamericana se sintiera “profundamente herida”. Pero parece que esta parte nadie la entiende, como nadie parece comprender la necesidad urgente de ayudar a organizar la vida futura de quienes ya antes del 12 de enero vivían en el olvido y la desesperanza.
Porque hasta antes del terremoto, los haitianos ya tenían hambre, tenían sed, vivían en la miseria. Y nadie se ocupaba de ellos.
Ahora todos se esmeran tratando de demostrar la gran preocupación por los sobrevivientes. Me pregunto si Bertolaso tiene razón cuando afirma que “muy seguido, una vez que se llega al lugar del desastre, se piensa de inmediato a poner un gran cartel con el escudo de la organización, a quedar bien frente a las cámaras de televisión en vez de ponerse a trabajar para dar ayuda a quien lo necesita”
Probablemente dentro de todo el Jefe italiano de la Protección Civil tiene razón. Solamente estando en el lugar de los hechos podría saberse. Sin embargo, por el momento lo importante es no dejar Haití en el olvido, porque efectivamente, sin una adecuada coordinación de los recursos que llegan, probablemente la situación no solamente no mejorará, sino que puede empeorar y causar un desastre social y económico más grave que el que ya existía.
Lamentable es la desgracia que ha provocado la naturaleza. Pero aún más lamentable es la tragedia que el hombre mismo provoca cuando con aires de prepotencia no hace otra cosa que empeorar la situación. Ojalá que esta vez la generosidad estadunidense sea verdadera y no deje lugar a dudas ni comentarios en contra. Ojalá, en símtesis que finalmente todo gire alrededor de un solo concepto: verdadera reconstrucción.
miércoles, 20 de enero de 2010
El Mariachi Loco... ¡baila en Italia!
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
19 de enero, 2010
Cuando llegó el momento de escribir este artículo, sinceramente me detuve a pensar si hablar de un asunto personal podría resultar interesante para quienes tienen la paciencia de seguir este espacio.
En realidad en este caso, lo de menos es hablar de la persona que protagoniza la historia, sino de la historia en sí.
Todo nació a partir de una idea simple. La comida mexicana, parte esencial de nuestra cultura, manifestación encantadora de nuestra esencia, es apreciada y bien recibida en el extranjero.
La cocina nacional resulta una posibilidad para quien, en un país lejano, busca una posibilidad de mejorar la propia condición económica y al mismo tiempo pretende desarrollar una actividad satisfactoria.
La idea, insisto, se antoja sencilla.
Casi podía ver a los italianos disfrutando de las delicias de nuestra cocina. La materia prima no resulta muy difícil de conseguir, dado que en todo el territorio del país de la bota hay muchos restaurantes mexicanos abiertos.
Claro que pocos ofrecen productos genuinos y se ocupan más bien de platillos tex mex, pero sin duda la presencia de esos negocios permite por ejemplo encontrar distribuidores de tortillas de buena calidad, que en todo caso son el producto más representativo.
Así pues, de la idea se pasa a la acción. Claro que se hacen planes importantes. Se piensa en abrir un restaurante, dado que en Novara, la ciudad donde vivo no existe ni un solo tex mex y mucho menos un restaurante mexicano.
Para ello, es necesario contar con un requisito. Un curso que dura algunos meses y que entre los temas que trata considera detalles tan insignificantes como la forma en que se deben ordenar los alimentos en el refrigerador hasta asuntos más importantes como la fecha en que se debe realizar la declaración de impuestos.
Todo para presentar un examen que permita a quien lo aprueba abrir lo que en Italia se llama un “ejercicio público”, es decir, una actividad relacionada con la industria restaurantera.
Una vez obtenido el primer requisito -vale decir que el costo del curso y el examen es de más de 600 euros, es decir alrededor de 11 mil pesos- se comienza a pensar en serio. Hay que buscar el lugar ideal para iniciar la actividad.
De sobra está relatar la aventura que representa encontrar el lugar adecuado. Efectivamente pensar en un restaurante es una especie de sueño imposible. Para comenzar, la licencia respectiva no es fácil de conseguir, puesto que cada determinado tiempo el municipio libera un número limitado de concesiones, por lo que en lugar de buscar una licencia nueva, resulta más práctico adquirir una actividad que tenga no solamente la licencia, sino además los instrumentos de trabajo y cuente con una clientela fija.
Al principio el objetivo fue ese. Sin embargo, los precios elevados le quitan la ilusión a cualquiera. Por el local más sencillo, una Trattoria -una especie de fonda a la italiana- el propietario pedía 130 mil euros (más de dos millones de pesos).
Cuando se piensa en invertir, uno imagina que existirá por lo menos una posibilidad de apoyo a la microempresa. Y claro que existe. Un fondo de la Unión europea que se da a las empresas... una vez que éstas ya están trabajando. Ya pa' qué, ¿verdad?
Es decir: cero estímulo a la creación de nuevos negocios.
En pocas palabras: si no hay dinero, no hay alternativa. Porque de los bancos mejor ni hablamos. Por una parte, la crisis económica ha cerrado las puertas de las instituciones bancarias a quienes necesitan un crédito. Por otra, en caso de considerar una solicitud, los bancos exigen garantías que los comunes mortales no tenemos.
Por lo mismo, hubo que redimensionar el proyecto original. Dejar a un lado la idea del restaurante para pensar en un negocio más modesto. De ahí surgió la idea de abrir un take away mexicano. Especialidades mexicanas para llevar.
Uno piensa en los tradicionales changarros mexicanos de los sábados por la noche, donde es posible encontrar delicias elaboradas con pura vitamina T. Se imagina algo semejante y decide que tal vez a los italianos pueda gustarles la idea de llevarse a casa unas buenas enchiladas o unos deliciosos taquitos dorados.
Total, lo primero que viene a la cabeza es cuántas señoras se levantan un día con la idea de sacar un anafre y una mesa en la puerta de su casa y lo hacen, porque saben que aunque pasen las autoridades las cosas siempre se pueden arreglar.
Lo malo es que en Italia la situación se complican cuando interviene la burocracia, cuando se tienen que cumplir las normas sin protestar. Porque para empezar, es necesario encontrar el local adecuado: uno donde haya autorización de parte de los vecinos del condominio para instalar una chimenea que permita la expulsión de humos y olores.
Luego de recorrer al menos 40 agencias inmobiliarias en busca del famoso local, finalmente fue posible encontrar uno que pudiera acondicionarse, obviamente, con el permiso de los vecinos primero y después de la autoridad que al inicio interviene revisando el plano preliminar.
Sin querer agobiar demasiado a quien tiene la paciencia de leer esta historia, debo señalar que, además de construir la famosa chimenea -en acero inoxidable revestido, con una altura de 20 metros- fue necesario dividir el local el dos secciones: la cocina y el área pública.
En la cocina es preciso -por disposiciones legales- que los muros tengan azulejo blanco hasta una altura mínima de dos metros; que todo el equipo sea de acero inoxidable; que haya un vestidor con un armario para el personal: que los fregaderos y todas las tomas de agua se accionen con pedales, lo mismo que el inodoro.
Se requiere que la bodega donde se guardan los alimentos esté perfectamente iluminada y ventilada, que en la cocina haya suficientes botes para clasificar la basura, que exista una relación adecuada de aire-luz y que las puertas estén lo suficientemente protegidas para impedir el paso de insectos y roedores.
Total: a la tierra que fueres, haz lo que vieres. Ni modo.
Ni cómo agradecer la confianza de quienes a la pura palabra otorgaron los créditos necesarios. Desde el amigo ingeniero que preparó el proyecto y se ocupó de los trámites; el vecino albañil que llevó a la práctica la casi imposible misión de convertir una especie de ratonera en un lugar lleno de luz y color; el pariente plomero que trabajó a deshoras para preparar la instalación.
Hay que hablar de la solidaridad del herrero que fabricó las puertas tal como las autoridades la requerían; del amigo que a crédito dio la campana extractora y el refrigerador.
Y después de meses de preparación, el proyecto terminado fue puesto a consideración de las autoridades que finalmente decidieron que El Mariachi Loco, primer take away de la ciudad de Novara, podía empezar a bailar.
Atrás quedaron los “no” de los bancos y de los excépticos. Atrás el “no” de PROMEXICO, atrás la nula respuesta del Consulado mexicano en Milán ante la simple petición de regalar ¡una bandera!para exhibirla en el negocio.
Sin duda queda la experiencia casi traumática de enfrentar un duro sistema que solamente sabe poner peros y que hace de todo, menos fomentar la iniciativa privada. Y que conste: las autoridades sanitarias no solamente aprobaron, sino que felicitaron.
Pero eso como sea, ya es pasado. Ahora hay que mirar hacia adelante, tratando de mostrar con sencillez y alegría lo que como mexicana en el extranjero es posible dar.
miércoles, 13 de enero de 2010
Xenofobia: cuando la miseria incomoda...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
12 de enero, 2010
Ante todo, el deber de desear a todos que el 2010 resulte un año mejor que todos los anteriores. Y de inmediato mi comentario de esta semana, que se refiere a una situación cada vez más preocupante: la oleada de racismo que parece inundar el país de la bota.
Sin duda quien lea estas líneas podrá pensar que se trata de una realidad ajena a México y sin embargo, creo que el racismo, la pobreza y la marginación son un asunto que debe preocupar a todos, sea cual sea el lugar del planeta en que se encuentren.
Hace unos días, precisamente el pasado ocho de enero, se vivieron episodios de fuerte tensión en una población del sur de Italia llamada Rosarno. La comunidad, ubicada en la región denominada Calabria, vivió 48 horas de violencia.
Todo comenzó cuando dos jornaleros -un nigeriano sin documentos y un refugiado político de Togo- fueron heridos por los disparos de una pistola de aire comprimido realizados por dos vecinos sin motivo aparente.
Ahí se originaron los enfrentamientos que dejaron un saldo de al menos 34 heridos y ocho personas detenidas. Resultaba impresionante observar en los reportes de los noticiarios primero las escenas de guerrilla urbana y luego, el éxodo de los que fueron llamados “esclavos modernos”: inmigrantes africanos que llegaron al sur de Italia con la intención de trabajar recogiendo mandarinas.
La información reportada es simplemente increíble, además de indignante y vergonzosa para un país que se considera una democracia de primer mundo. Es escalofriante saber que cada mañana los caporales locales eligen a los trabajadores más fuertes al amanecer, “como si fuera un mercado de ganado”, de acuerdo con un reportaje de La Repubblica.
La paga es de 20 euros (alrededor de 400 pesos) diarios, y la jornada dura entre 12 y 14 horas. Además. los trabajadores seleccionados tienen que pagar un pizzo (una mordida) de cinco euros a quienes los reclutan.
Esto, sin contar con las terribles condiciones de vida de los africanos, que habitan en fábricas abandonadas, sin baños ni camas, durmiendo en tiendas de campaña.
Son las 'ndrine, -las bandas mafiosas propietarias de la tierra- quienes se encargan de reclutar a los esclavos.
Calabria, como prácticamente todo el sur de Italia, es dominada por una organización criminal. En este caso, es la 'Ndrangheta, como en Sicilia domina la Mafia o en Nápoles la Camorra.
Es justamente la 'Ndrangheta quien influye directamente en las empresas que contratan a los cerca de 3 mil trabajadores que se calcula trabajan en los campos calabreses.
Los campesinos inmigrantes son pues, víctimas de dos males serios que aquejan Italia: el crimen organizado y el racismo.
Dentro de la compleja realidad de este país europeo, -aparte de un Consejo de Ministro que parece una caricatura y una oposición casi inexistente-, es necesario ver situaciones al límite de lo humanamente soportable.
Cuando escucho que el ministro italiano del interior, Roberto Maroni dice que en los últimos años Italia ha actuado con “demasiada tolerancia” hacia la inmigración, me pregunto lo que quiere decir. Si “demasiada tolerancia” tiene que ver con las actitudes de los italianos hacia los extranjeros, que precisamente han empeorado en los últimos años, entonces honestamente no estoy de acuerdo con lo que el representante del gobierno dice.
Hasta hace unos años, ser extranjero en Italia despertaba curiosidad. La primera vez que estuve en este país, por ahí del lejano 1994, percibía la hospitalidad, los deseos de las personas de saber un poco más acerca de mi tierra de origen, de los motivos que me traían aquí desde tan lejos. Y lo mismo ocurría con los relativamente pocos inmigrantes que encontraba. Eran recibidos como personas con deseos de trabajar, como una posibilidad de intercambiar información nueva y no como un peso que los italianos se sentían obligados a cargar en sus espaldas.
Y hablo como privilegiada. Porque sinceramente no me quejo del trato que este país da a los mexicanos. Por el contrario, considero que hay afecto, respeto, atenciones particulares hacia lo que tenga que ver con nuestro país. Pero escuchar hablar a mis conocidos provenientes del Africa, me indigna y me ofende.
¿Es el color de la piel lo que no agrada? ¿Es el temor a lo desconocido? ¿Será que la mayoría de la población es ignorante y desprecia lo que le parece ajeno? Ahí está como prueba el éxito de la llamada Lega Nord, el partido casi neofascista que domina en el norte de Italia. Ahí están también las frases de algunos pobladores de Rosarno, que afirman “Italia para los italianos, y a quien no le guste, que se vaya a su casa”.
Yo pensaba hasta hace poco que la casa de todos los seres humanos es el planeta entero. Creía firmemente que una de las pocas ventajas de la globalización era la posibilidad de ampliar nuestros horizontes y ver como cercanas las realidades geográficamente distantes. Me doy cuenta de que me he equivocado. Ha sido un inocente y tremendo error de parte mía creer que las barreras raciales se podrían derribar.
Poco puede esperarse de un país donde la elección de Barak Obama, el primer presidente negro de los Estados Unidos causó el simpatico comentario del presidente del Consejo, Silvio Berlusconi repetido más de una vez, referente a que Obama es “joven, guapo y bronceado” y que tanto éste último como su esposa Michelle “se broncean juntos”.
Es probablemente una cuestión de apertura, de edad promedio del país, de influencia de los medios de comunicación. Peligrosa combinación que hace difícil la convivencia entre culturas diferentes, simplemente porque por un lado los inmigrantes muchas veces temerosos deciden autoexcluírse y parece que no tienen tiempo ni deseos de -al menos- aprender el idioma local. Y por otra parte, los italianos no dejan entrar a los extraños.
Un círculo vicioso que al parecer no puede romperse y que en Rosarno ha tenido el mayor nivel de tensión pero que se ve hasta en detalles aparentemente triviales, como los partidos de futbol, donde el jugador italiano de color Mario Balotelli, cada semana escucha los coros racistas de parte de los tifosi del equipo contrario.
Por eso el pueblo de internet está organizando en Italia una “huelga de migrantes” para marzo próximo, acción que de tener éxito sería como llevar a la realidad el concepto de la película “Un día sin mexicanos”, que habla precisamente de 24 horas en la vida de los Estados Unidos sin la presencia de los migrantes provenientes de nuestro país.
A ver si así alguien valora, comprende, pesa, evalúa la importancia de quienes más por necesidad que por gusto dejaron su tierra en busca de una vida mejor.
La pregunta es si a los italianos ya se les olvidaron las penurias sufridas por ejemplo en los Estados Unidos, en Argentina, o incluso en las ciudades norteñas de su mismo país, donde en los años sesenta se cerraban las oportunidades de integración a los italianos meridionales.
Un país de migrantes que se cierra de esta forma, personalmente me provoca una enorme desilusión y solamente espero que las nuevas generaciones, que están creciendo en una sociedad multicultural, hagan a un lado los prejuicios y den a Italia la posibilidad de tener un futuro mejor.
12 de enero, 2010
Ante todo, el deber de desear a todos que el 2010 resulte un año mejor que todos los anteriores. Y de inmediato mi comentario de esta semana, que se refiere a una situación cada vez más preocupante: la oleada de racismo que parece inundar el país de la bota.
Sin duda quien lea estas líneas podrá pensar que se trata de una realidad ajena a México y sin embargo, creo que el racismo, la pobreza y la marginación son un asunto que debe preocupar a todos, sea cual sea el lugar del planeta en que se encuentren.
Hace unos días, precisamente el pasado ocho de enero, se vivieron episodios de fuerte tensión en una población del sur de Italia llamada Rosarno. La comunidad, ubicada en la región denominada Calabria, vivió 48 horas de violencia.
Todo comenzó cuando dos jornaleros -un nigeriano sin documentos y un refugiado político de Togo- fueron heridos por los disparos de una pistola de aire comprimido realizados por dos vecinos sin motivo aparente.
Ahí se originaron los enfrentamientos que dejaron un saldo de al menos 34 heridos y ocho personas detenidas. Resultaba impresionante observar en los reportes de los noticiarios primero las escenas de guerrilla urbana y luego, el éxodo de los que fueron llamados “esclavos modernos”: inmigrantes africanos que llegaron al sur de Italia con la intención de trabajar recogiendo mandarinas.
La información reportada es simplemente increíble, además de indignante y vergonzosa para un país que se considera una democracia de primer mundo. Es escalofriante saber que cada mañana los caporales locales eligen a los trabajadores más fuertes al amanecer, “como si fuera un mercado de ganado”, de acuerdo con un reportaje de La Repubblica.
La paga es de 20 euros (alrededor de 400 pesos) diarios, y la jornada dura entre 12 y 14 horas. Además. los trabajadores seleccionados tienen que pagar un pizzo (una mordida) de cinco euros a quienes los reclutan.
Esto, sin contar con las terribles condiciones de vida de los africanos, que habitan en fábricas abandonadas, sin baños ni camas, durmiendo en tiendas de campaña.
Son las 'ndrine, -las bandas mafiosas propietarias de la tierra- quienes se encargan de reclutar a los esclavos.
Calabria, como prácticamente todo el sur de Italia, es dominada por una organización criminal. En este caso, es la 'Ndrangheta, como en Sicilia domina la Mafia o en Nápoles la Camorra.
Es justamente la 'Ndrangheta quien influye directamente en las empresas que contratan a los cerca de 3 mil trabajadores que se calcula trabajan en los campos calabreses.
Los campesinos inmigrantes son pues, víctimas de dos males serios que aquejan Italia: el crimen organizado y el racismo.
Dentro de la compleja realidad de este país europeo, -aparte de un Consejo de Ministro que parece una caricatura y una oposición casi inexistente-, es necesario ver situaciones al límite de lo humanamente soportable.
Cuando escucho que el ministro italiano del interior, Roberto Maroni dice que en los últimos años Italia ha actuado con “demasiada tolerancia” hacia la inmigración, me pregunto lo que quiere decir. Si “demasiada tolerancia” tiene que ver con las actitudes de los italianos hacia los extranjeros, que precisamente han empeorado en los últimos años, entonces honestamente no estoy de acuerdo con lo que el representante del gobierno dice.
Hasta hace unos años, ser extranjero en Italia despertaba curiosidad. La primera vez que estuve en este país, por ahí del lejano 1994, percibía la hospitalidad, los deseos de las personas de saber un poco más acerca de mi tierra de origen, de los motivos que me traían aquí desde tan lejos. Y lo mismo ocurría con los relativamente pocos inmigrantes que encontraba. Eran recibidos como personas con deseos de trabajar, como una posibilidad de intercambiar información nueva y no como un peso que los italianos se sentían obligados a cargar en sus espaldas.
Y hablo como privilegiada. Porque sinceramente no me quejo del trato que este país da a los mexicanos. Por el contrario, considero que hay afecto, respeto, atenciones particulares hacia lo que tenga que ver con nuestro país. Pero escuchar hablar a mis conocidos provenientes del Africa, me indigna y me ofende.
¿Es el color de la piel lo que no agrada? ¿Es el temor a lo desconocido? ¿Será que la mayoría de la población es ignorante y desprecia lo que le parece ajeno? Ahí está como prueba el éxito de la llamada Lega Nord, el partido casi neofascista que domina en el norte de Italia. Ahí están también las frases de algunos pobladores de Rosarno, que afirman “Italia para los italianos, y a quien no le guste, que se vaya a su casa”.
Yo pensaba hasta hace poco que la casa de todos los seres humanos es el planeta entero. Creía firmemente que una de las pocas ventajas de la globalización era la posibilidad de ampliar nuestros horizontes y ver como cercanas las realidades geográficamente distantes. Me doy cuenta de que me he equivocado. Ha sido un inocente y tremendo error de parte mía creer que las barreras raciales se podrían derribar.
Poco puede esperarse de un país donde la elección de Barak Obama, el primer presidente negro de los Estados Unidos causó el simpatico comentario del presidente del Consejo, Silvio Berlusconi repetido más de una vez, referente a que Obama es “joven, guapo y bronceado” y que tanto éste último como su esposa Michelle “se broncean juntos”.
Es probablemente una cuestión de apertura, de edad promedio del país, de influencia de los medios de comunicación. Peligrosa combinación que hace difícil la convivencia entre culturas diferentes, simplemente porque por un lado los inmigrantes muchas veces temerosos deciden autoexcluírse y parece que no tienen tiempo ni deseos de -al menos- aprender el idioma local. Y por otra parte, los italianos no dejan entrar a los extraños.
Un círculo vicioso que al parecer no puede romperse y que en Rosarno ha tenido el mayor nivel de tensión pero que se ve hasta en detalles aparentemente triviales, como los partidos de futbol, donde el jugador italiano de color Mario Balotelli, cada semana escucha los coros racistas de parte de los tifosi del equipo contrario.
Por eso el pueblo de internet está organizando en Italia una “huelga de migrantes” para marzo próximo, acción que de tener éxito sería como llevar a la realidad el concepto de la película “Un día sin mexicanos”, que habla precisamente de 24 horas en la vida de los Estados Unidos sin la presencia de los migrantes provenientes de nuestro país.
A ver si así alguien valora, comprende, pesa, evalúa la importancia de quienes más por necesidad que por gusto dejaron su tierra en busca de una vida mejor.
La pregunta es si a los italianos ya se les olvidaron las penurias sufridas por ejemplo en los Estados Unidos, en Argentina, o incluso en las ciudades norteñas de su mismo país, donde en los años sesenta se cerraban las oportunidades de integración a los italianos meridionales.
Un país de migrantes que se cierra de esta forma, personalmente me provoca una enorme desilusión y solamente espero que las nuevas generaciones, que están creciendo en una sociedad multicultural, hagan a un lado los prejuicios y den a Italia la posibilidad de tener un futuro mejor.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Soy bello y buen muchacho... ¿por qué me rompieron la cara?
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
15 de diciembre, 2009
Cierro este año dedicando mi espacio semanal a los hechos ocurridos en la Plaza del Domo de Milán el domingo 13 de diciembre. Las imágenes de Silvio Berlusconi con el rostro ensangrentado han dado la vuelta al mundo y obviamente, después de haber nombrado contínuamente al protagonista en muchas ocasiones durante este 2009, sería simplemente ilógico no hablar de lo que le ocurrió hace unos días.
El presidente del consejo de ministros de Italia fue agredido al término de una manifestación. Un hombre de 42 años le lanzó a bocajarro una reproducción metálica de la catedral de Milán, lo que ocasionó al político una pérdida copiosa de sangre, una lesión lacero-contusa interna y externa en el labio superior, así como daños en los dientes y una fractura en el tabique nasal.
Cuando me enteré de lo ocurrido, lo único que pude pensar fue que sencillamente se trataba de una situación casi anunciada. Porque la conseja popular no se equivoca y lo que se siembra, se cosecha.
Que quede claro que estas líneas no pretenden ser una apología de la violencia, porque no es agradable para nadie ver en practicamente todos los diarios del planeta las imágenes del primer ministro italiano en circunstancias tan penosas.
Pero tampoco se trata de ser hipócritas y decir que lo ocurrido es consecuencia de una “campaña de odio” (gratuito) contra el premier. No es coherente contribuir a que la figura de Berlusca se erija como la del nuevo mártir o como una pobre víctima de la intolerancia.
Porque el señor no es una blanca paloma y con todo respeto, se ha ganado a pulso la agresión.
Silvio Berlusconi, de acuerdo con la información que han dado a conocer sus incondicionales, se pregunta el motivo por el que un ciudadano -débil mental, de acuerdo con los reportes de las autoridades- decidió agredirlo.
Y la verdad es casi circunstancial que haya sido Massimo Tartaglia, un hombre de 42 años, residente en Milán quien se atrevió a -literalmente- romperle la cara al Premier.
Como lo hizo él, lo pudo haber hecho cualquiera de los miles de personas que pocos minutos después de los hechos se pronunciaron a favor del agresor en Facebook.
O cualquiera que simplemente esté harto de escuchar las mentiras, burlas y discursos de bajo nivel a los que Berlusconi nos tiene acostumbrados.
No es una cuestión de ser víctimas o aficionados a la famosa “campaña de odio”. Se trata de que digan lo que digan los defensores incondicionales del premier, más de una persona ha deseado verdaderamente que éste desaparezca de la escena política.
Obviamente agredirlo físicamente es un gesto extremo, pero en el fondo, lo ocurrido no es sino una reacción a todas las veces que Sivio Berlusconi le ha roto la cara al pueblo italiano.
Entendámonos bien: las aventurillas sexuales del premier, que incluyen presuntas relaciones con menores de edad y con prostitutas, son solamente una pequeña e insignificante parte de la poco honorable actuación del millonario que tiene en sus manos el destino de los italianos.
Los escándalos sexuales en que se ha visto involucrado no son nada y a decir verdad en un caso extremo hasta podrían pasarse por alto si Berlusconi fuera al menos el hombre justo y el gobernante decente que dice ser.
Pero si consideramos que encima de todo el premier está involucrado en algunos procesos penales, entonces no queda más que pensar que para más de uno resulta sencillamente desagradable que Berlusca siga en el poder.
Recordemos que hace tres meses, precisamente el 7 de octubre pasado la Corte Constitucional italiana declaró ilegítimo el llamado Laudo Alfano, que habría suspendido todos los procesos penales en que pudieran estar involucrados los titulares de los cuatro cargos más altos del Estado: presidente de la República, presidente del Senado, presidente de la Cámara de diputados y presidente del Consejo de Ministros.
Desde entonces Berlusconi no ha parado de atacar a los magistrados simple y sencillamente porque su historial no es lo que se dice limpio y no pudo utilizar la ley a su favor para evitar ser procesado. Basta citar el llamado proceso Mills, que podría significar una sentencia de hasta seis años de prisión en primera instancia contra el premier y que sostiene que éste, en 1997 habría enviado 600 mil dólares al abogado inglés David Mills como recompensa porque éste último no reveló, siendo testigo de dos procesos, la información relativa a sociedades extranjeras que serían la tesorería oculta del grupo Fininvest, propiedad del premier italiano.
Precisamente pocos minutos antes de ser agredido, Berlusca habló mal una vez más del sistema de Justicia italiano que para nada lo favorece. En la Plaza del Domo milanés, dijo que “los magistrados del Tribunal Constitucional se conducen bajo criterios políticos, no legales.”
Y como siempre, usando su particular tono burlón agregó: “me describen como un monstruo, pero no creo serlo, porque soy bello y porque soy lo que se dice un buen muchacho.”
Pocos días antes, en Alemania, había declarado que “la gente lo apoya porque es un superministro con huevos.”
Pero se ve que -algunos- italianos no están muy dispuestos a soportar más al buen muchacho Berlusconi, especialmente cuando continúan a ser bombardeados por insolentes declaraciones, constantes mentiras y en ocasiones hasta ofensas.
Se nota que algo está fallando y no solamente en lo referente al aparato de seguridad del premier. Algo no está funcionando en el sistema italiano mismo, que mantiene en el poder una figura cuya credibilidad y aprobación han definitivamente caído.
No vale la pena rasgarse las vestiduras como los simpatizantes del premier, que ahora se sienten ofendidos porque el centroizquierdista Antonio Di Pietro, del partido Italia de los Valores, y ex fiscal en casos de corrupción, dijo abiertamente que Berlusconi, con su comportamiento, “instiga a la violencia.”
¿Por qué en lugar de escandalizarse no tratan de ser objetivos y entender de una vez por todas que una sola persona no puede ser al mismo tiempo el segundo hombre más rico de Italia, el dueño de la televisión privada más importante del país, de la casa editorial, del equipo de futbol, presidente del consejo de ministros, líder del partido en el poder, etc. etc. etc.?
Berlusconi es lo más cercano al rey Sol que tenemos en pleno siglo XXI. Afortunadamente las monarquías absolutas no funcionan y al parecer la oposición italiana e incluso algunos de los aliados del premier comienzan a comprenderlo.
Esperemos solamente que el desagradable episodio ocurrido en Milán no sirva como pretexto para olvidar los motivos que propiciaron la situación. Es efectivamente impresionante ver a un hombre de 73 años, al líder de un país tan importante como Italia en tan deprimentes condiciones.
Pero lo importante es no perder de vista el papel que este hombre ha tenido en los últimos años en el país de la bota.
Y también es necesario que los gobernantes que como él se equivocan en su modo de actuar, tengan bien presente que no es adecuado rebasar los límites de lo que un pueblo es capaz de tolerar... Te lo digo Juan, para que lo entiendas, Pedro.
¡Felices fiestas!
15 de diciembre, 2009
Cierro este año dedicando mi espacio semanal a los hechos ocurridos en la Plaza del Domo de Milán el domingo 13 de diciembre. Las imágenes de Silvio Berlusconi con el rostro ensangrentado han dado la vuelta al mundo y obviamente, después de haber nombrado contínuamente al protagonista en muchas ocasiones durante este 2009, sería simplemente ilógico no hablar de lo que le ocurrió hace unos días.
El presidente del consejo de ministros de Italia fue agredido al término de una manifestación. Un hombre de 42 años le lanzó a bocajarro una reproducción metálica de la catedral de Milán, lo que ocasionó al político una pérdida copiosa de sangre, una lesión lacero-contusa interna y externa en el labio superior, así como daños en los dientes y una fractura en el tabique nasal.
Cuando me enteré de lo ocurrido, lo único que pude pensar fue que sencillamente se trataba de una situación casi anunciada. Porque la conseja popular no se equivoca y lo que se siembra, se cosecha.
Que quede claro que estas líneas no pretenden ser una apología de la violencia, porque no es agradable para nadie ver en practicamente todos los diarios del planeta las imágenes del primer ministro italiano en circunstancias tan penosas.
Pero tampoco se trata de ser hipócritas y decir que lo ocurrido es consecuencia de una “campaña de odio” (gratuito) contra el premier. No es coherente contribuir a que la figura de Berlusca se erija como la del nuevo mártir o como una pobre víctima de la intolerancia.
Porque el señor no es una blanca paloma y con todo respeto, se ha ganado a pulso la agresión.
Silvio Berlusconi, de acuerdo con la información que han dado a conocer sus incondicionales, se pregunta el motivo por el que un ciudadano -débil mental, de acuerdo con los reportes de las autoridades- decidió agredirlo.
Y la verdad es casi circunstancial que haya sido Massimo Tartaglia, un hombre de 42 años, residente en Milán quien se atrevió a -literalmente- romperle la cara al Premier.
Como lo hizo él, lo pudo haber hecho cualquiera de los miles de personas que pocos minutos después de los hechos se pronunciaron a favor del agresor en Facebook.
O cualquiera que simplemente esté harto de escuchar las mentiras, burlas y discursos de bajo nivel a los que Berlusconi nos tiene acostumbrados.
No es una cuestión de ser víctimas o aficionados a la famosa “campaña de odio”. Se trata de que digan lo que digan los defensores incondicionales del premier, más de una persona ha deseado verdaderamente que éste desaparezca de la escena política.
Obviamente agredirlo físicamente es un gesto extremo, pero en el fondo, lo ocurrido no es sino una reacción a todas las veces que Sivio Berlusconi le ha roto la cara al pueblo italiano.
Entendámonos bien: las aventurillas sexuales del premier, que incluyen presuntas relaciones con menores de edad y con prostitutas, son solamente una pequeña e insignificante parte de la poco honorable actuación del millonario que tiene en sus manos el destino de los italianos.
Los escándalos sexuales en que se ha visto involucrado no son nada y a decir verdad en un caso extremo hasta podrían pasarse por alto si Berlusconi fuera al menos el hombre justo y el gobernante decente que dice ser.
Pero si consideramos que encima de todo el premier está involucrado en algunos procesos penales, entonces no queda más que pensar que para más de uno resulta sencillamente desagradable que Berlusca siga en el poder.
Recordemos que hace tres meses, precisamente el 7 de octubre pasado la Corte Constitucional italiana declaró ilegítimo el llamado Laudo Alfano, que habría suspendido todos los procesos penales en que pudieran estar involucrados los titulares de los cuatro cargos más altos del Estado: presidente de la República, presidente del Senado, presidente de la Cámara de diputados y presidente del Consejo de Ministros.
Desde entonces Berlusconi no ha parado de atacar a los magistrados simple y sencillamente porque su historial no es lo que se dice limpio y no pudo utilizar la ley a su favor para evitar ser procesado. Basta citar el llamado proceso Mills, que podría significar una sentencia de hasta seis años de prisión en primera instancia contra el premier y que sostiene que éste, en 1997 habría enviado 600 mil dólares al abogado inglés David Mills como recompensa porque éste último no reveló, siendo testigo de dos procesos, la información relativa a sociedades extranjeras que serían la tesorería oculta del grupo Fininvest, propiedad del premier italiano.
Precisamente pocos minutos antes de ser agredido, Berlusca habló mal una vez más del sistema de Justicia italiano que para nada lo favorece. En la Plaza del Domo milanés, dijo que “los magistrados del Tribunal Constitucional se conducen bajo criterios políticos, no legales.”
Y como siempre, usando su particular tono burlón agregó: “me describen como un monstruo, pero no creo serlo, porque soy bello y porque soy lo que se dice un buen muchacho.”
Pocos días antes, en Alemania, había declarado que “la gente lo apoya porque es un superministro con huevos.”
Pero se ve que -algunos- italianos no están muy dispuestos a soportar más al buen muchacho Berlusconi, especialmente cuando continúan a ser bombardeados por insolentes declaraciones, constantes mentiras y en ocasiones hasta ofensas.
Se nota que algo está fallando y no solamente en lo referente al aparato de seguridad del premier. Algo no está funcionando en el sistema italiano mismo, que mantiene en el poder una figura cuya credibilidad y aprobación han definitivamente caído.
No vale la pena rasgarse las vestiduras como los simpatizantes del premier, que ahora se sienten ofendidos porque el centroizquierdista Antonio Di Pietro, del partido Italia de los Valores, y ex fiscal en casos de corrupción, dijo abiertamente que Berlusconi, con su comportamiento, “instiga a la violencia.”
¿Por qué en lugar de escandalizarse no tratan de ser objetivos y entender de una vez por todas que una sola persona no puede ser al mismo tiempo el segundo hombre más rico de Italia, el dueño de la televisión privada más importante del país, de la casa editorial, del equipo de futbol, presidente del consejo de ministros, líder del partido en el poder, etc. etc. etc.?
Berlusconi es lo más cercano al rey Sol que tenemos en pleno siglo XXI. Afortunadamente las monarquías absolutas no funcionan y al parecer la oposición italiana e incluso algunos de los aliados del premier comienzan a comprenderlo.
Esperemos solamente que el desagradable episodio ocurrido en Milán no sirva como pretexto para olvidar los motivos que propiciaron la situación. Es efectivamente impresionante ver a un hombre de 73 años, al líder de un país tan importante como Italia en tan deprimentes condiciones.
Pero lo importante es no perder de vista el papel que este hombre ha tenido en los últimos años en el país de la bota.
Y también es necesario que los gobernantes que como él se equivocan en su modo de actuar, tengan bien presente que no es adecuado rebasar los límites de lo que un pueblo es capaz de tolerar... Te lo digo Juan, para que lo entiendas, Pedro.
¡Felices fiestas!
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Los medios que intoxican...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
08 de diciembre, 2009
Finalmente estamos terminando el 2009. Mirando hacia atrás, me doy cuenta que realmente no ha sido un año fácil y que más allá de las palabras, los hechos hablan de que los ciudadanos comunes y corrientes hemos soportado día tras día el peso excesivo de una crisis que para los políticos ya está terminando pero para nosotros y nuestros bolsillos francamente parece que no tiene para cuando acabar.
Eso queda claro: el final del túnel lo ven solamente los políticos de todo el mundo, claro está, siempre con esa enorme capacidad qie tienen de mirar al futuro.
Será simplemente porque ellos están más que protegidos y no tienen ninguna necesidad de preocuparse por las pequeñas cosas que son parte de la vida cotidiana de la gente normal.
Leyendo los diarios y escuchando las noticias, no me sorprende que para cerrar el año, tanto en México como en Italia los medios de comunicación insistan en tratar trivialidades y reproducir cualquier tontería que sale de la boca de nuestros queridos representantes populares o que se le ocurre hacer a nuestras super estrellas, la very important people.
Tampoco me causa estupor ver que la radio, la televisión, los diarios y las revistas desperdician la invaluable posibilidad de comunicar y de formar opinión tratando temas tan interesantes como las aventuras del golfista Tiger Woods, la invaluable obra de caridad de Lucero y su nuevo look o el posible matrimonio de La Gaviota con el gobernador mexiquense.
Eso, aparte de la ahora infaltable nota roja, que hasta hace algunos años parecía reservada a las publicaciones especializadas y a algunas transmisiones específicas que se ocupaban de alimentar el morbo de una parte de la población.
Hoy las historias macabras son el pan de cada día y la crudeza y la crueldad de los casos alcanzan niveles casi demenciales. Y no exagero.
Digamos que la experiencia reporteril de quien esto escribe no falla. En diciembre, mientras más se acercan las fiestas de fin de año, aumenta la capacidad de los medios de reproducir todas las notas sin importancia habidas y por haber.
Lo mismo se explota nuestro espíritu navideño que se habla de trivialidades sin importar que muchas veces es precisamente en los ultimos días del año que se deciden asuntos tan importantes como el presupuesto gubernamental, del que se habla apenas, como si fuera un misterio indescifrable al que tienen acceso unos cuantos, en lugar de tratarse de un asunto que incumbe a todos y que debería ser explicado con puntos y comas.
El caso es que los medios de comunicación cada fin de año -con más frecuencia que de costumbre- demuestran su carencia de contenidos inteligentes, y nosotros, los receptores de sus mensajes caemos irremediablemente en la trampa del conformismo.
No solamente no exigimos, sino que además aceptamos lo que nos dan y seguimos leyendo, viendo, escuchando lo que nos viene propuesto.
Por primera vez en mi vida estoy de acuerdo con el papa Benedicto XVI, quien en un mensaje reciente señaló que “cada día en los diarios, la televisión y la radio el mal es contado, repetido y amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos más insensibles y de, alguna manera, intoxicándonos, porque lo negativo no es totalmente eliminado y día a día se va acumulando. El corazón se endurece y los pensamientos se ensombrecen ".
Es cierto que estas frases hayan sido pronunciadas precisamente por el líder de la institución que a lo largo de la historia ha manipulado más la información, ha sembrado el miedo y ha ocultado verdades a su conveniencia, pero a pesar de todo, esta vez el pontífice no solamente tiene razón, sino que ha puesto el dedo en la llaga.
Los medios se han vuelto tóxicos. El exceso de información negativa -entendida la negatividad como la difusión de contenidos poco estimulantes para nuestra capacidad de razonar- sencillamente nos está dañando porque nos satura y no nos permite analizar.
No es que los medios hayan sido alguna vez la panacéa, ni que su papel haya sido el de buenos samaritanos.
Reconozcamos que, por ejemplo, en un sistema como el de México, los medios han sido esenciales porque durante muchos años fue necesario a través de ellos mantener la dictadura de partido y tiempo después, siempre con los medios, hubo que convencer a los mexicanos de los múltiples beneficios del cambio democrático.
También en Italia era importante fomentar normas de comportamiento a tono con las condiciones de un país que tenía que ser por necesidad profundamente cristiano. Entonces los medios dictaban las pautas de comportamiento.
Ahora en el país de la bota se precisa de los medios para sostener un gobierno que parece estar transformándose en una extrañísima especie de monarquía, dictadura o régimen.
Pero sea como sea, la basura mediática existe, persiste, nos invade y no podemos -probablemente estamos tan acostumbrados que ni siquiera queremos- hacer nada contra ella. Es parte del sistema mismo.
Es cierto lo que dice el líder católico: "los medios de comunicación tienden a hacernos sentir cada vez más como espectadores, como si el mal afectase solamente a los otros y ciertas cosas jamás nos pudiesen ocurrir a nosotros. Por el contrario, todos somos actores en el bien y en el mal y nuestro comportamiento tiene un influjo sobre los demás”.
Efectivamente, los medios nos hacen pasivos, receptores incapaces de actuar, de decidir, de hacer cambiar la situación. Posiblemente somos víctimas pero también queda claro que no tenemos la intención de protestar o buscar una mejoría.
Posiblemente lo conveniente sería que, así como los medios declaran una especie de tregua en la que nos llenan de más basura de la habitual, nosotros, como consumidores declararamos una huelga personal y por un buen tiempo dejáramos la tele y la radio apagados, y de paso nos olvidáramos de leer diarios y revistas.
Sería quizá un óptimo regalo de fin de año para nuestra mente, que sin duda -especialmente después de un extenuante y crítico 2009- necesita una seria desintoxicación.
08 de diciembre, 2009
Finalmente estamos terminando el 2009. Mirando hacia atrás, me doy cuenta que realmente no ha sido un año fácil y que más allá de las palabras, los hechos hablan de que los ciudadanos comunes y corrientes hemos soportado día tras día el peso excesivo de una crisis que para los políticos ya está terminando pero para nosotros y nuestros bolsillos francamente parece que no tiene para cuando acabar.
Eso queda claro: el final del túnel lo ven solamente los políticos de todo el mundo, claro está, siempre con esa enorme capacidad qie tienen de mirar al futuro.
Será simplemente porque ellos están más que protegidos y no tienen ninguna necesidad de preocuparse por las pequeñas cosas que son parte de la vida cotidiana de la gente normal.
Leyendo los diarios y escuchando las noticias, no me sorprende que para cerrar el año, tanto en México como en Italia los medios de comunicación insistan en tratar trivialidades y reproducir cualquier tontería que sale de la boca de nuestros queridos representantes populares o que se le ocurre hacer a nuestras super estrellas, la very important people.
Tampoco me causa estupor ver que la radio, la televisión, los diarios y las revistas desperdician la invaluable posibilidad de comunicar y de formar opinión tratando temas tan interesantes como las aventuras del golfista Tiger Woods, la invaluable obra de caridad de Lucero y su nuevo look o el posible matrimonio de La Gaviota con el gobernador mexiquense.
Eso, aparte de la ahora infaltable nota roja, que hasta hace algunos años parecía reservada a las publicaciones especializadas y a algunas transmisiones específicas que se ocupaban de alimentar el morbo de una parte de la población.
Hoy las historias macabras son el pan de cada día y la crudeza y la crueldad de los casos alcanzan niveles casi demenciales. Y no exagero.
Digamos que la experiencia reporteril de quien esto escribe no falla. En diciembre, mientras más se acercan las fiestas de fin de año, aumenta la capacidad de los medios de reproducir todas las notas sin importancia habidas y por haber.
Lo mismo se explota nuestro espíritu navideño que se habla de trivialidades sin importar que muchas veces es precisamente en los ultimos días del año que se deciden asuntos tan importantes como el presupuesto gubernamental, del que se habla apenas, como si fuera un misterio indescifrable al que tienen acceso unos cuantos, en lugar de tratarse de un asunto que incumbe a todos y que debería ser explicado con puntos y comas.
El caso es que los medios de comunicación cada fin de año -con más frecuencia que de costumbre- demuestran su carencia de contenidos inteligentes, y nosotros, los receptores de sus mensajes caemos irremediablemente en la trampa del conformismo.
No solamente no exigimos, sino que además aceptamos lo que nos dan y seguimos leyendo, viendo, escuchando lo que nos viene propuesto.
Por primera vez en mi vida estoy de acuerdo con el papa Benedicto XVI, quien en un mensaje reciente señaló que “cada día en los diarios, la televisión y la radio el mal es contado, repetido y amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos más insensibles y de, alguna manera, intoxicándonos, porque lo negativo no es totalmente eliminado y día a día se va acumulando. El corazón se endurece y los pensamientos se ensombrecen ".
Es cierto que estas frases hayan sido pronunciadas precisamente por el líder de la institución que a lo largo de la historia ha manipulado más la información, ha sembrado el miedo y ha ocultado verdades a su conveniencia, pero a pesar de todo, esta vez el pontífice no solamente tiene razón, sino que ha puesto el dedo en la llaga.
Los medios se han vuelto tóxicos. El exceso de información negativa -entendida la negatividad como la difusión de contenidos poco estimulantes para nuestra capacidad de razonar- sencillamente nos está dañando porque nos satura y no nos permite analizar.
No es que los medios hayan sido alguna vez la panacéa, ni que su papel haya sido el de buenos samaritanos.
Reconozcamos que, por ejemplo, en un sistema como el de México, los medios han sido esenciales porque durante muchos años fue necesario a través de ellos mantener la dictadura de partido y tiempo después, siempre con los medios, hubo que convencer a los mexicanos de los múltiples beneficios del cambio democrático.
También en Italia era importante fomentar normas de comportamiento a tono con las condiciones de un país que tenía que ser por necesidad profundamente cristiano. Entonces los medios dictaban las pautas de comportamiento.
Ahora en el país de la bota se precisa de los medios para sostener un gobierno que parece estar transformándose en una extrañísima especie de monarquía, dictadura o régimen.
Pero sea como sea, la basura mediática existe, persiste, nos invade y no podemos -probablemente estamos tan acostumbrados que ni siquiera queremos- hacer nada contra ella. Es parte del sistema mismo.
Es cierto lo que dice el líder católico: "los medios de comunicación tienden a hacernos sentir cada vez más como espectadores, como si el mal afectase solamente a los otros y ciertas cosas jamás nos pudiesen ocurrir a nosotros. Por el contrario, todos somos actores en el bien y en el mal y nuestro comportamiento tiene un influjo sobre los demás”.
Efectivamente, los medios nos hacen pasivos, receptores incapaces de actuar, de decidir, de hacer cambiar la situación. Posiblemente somos víctimas pero también queda claro que no tenemos la intención de protestar o buscar una mejoría.
Posiblemente lo conveniente sería que, así como los medios declaran una especie de tregua en la que nos llenan de más basura de la habitual, nosotros, como consumidores declararamos una huelga personal y por un buen tiempo dejáramos la tele y la radio apagados, y de paso nos olvidáramos de leer diarios y revistas.
Sería quizá un óptimo regalo de fin de año para nuestra mente, que sin duda -especialmente después de un extenuante y crítico 2009- necesita una seria desintoxicación.
jueves, 26 de noviembre de 2009
La Robin Hood alemana
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
25 de noviembre, 2009
Para escribir el artículo de esta semana, deseo retomar una historia bizarra ocurrida en Alemania, que ha sido relatada en publicaciones de todo el mundo. Se trata del caso de la directora de la sucursal del banco VR Bank en la ciudad de Bornheim.
La mujer de 62 años, que en la crónica aparece como Erika B. ha cometido el grave delito de robar a los ricos para darle a los pobres.
Sí, tal como lo leen, se trata de una versión femenina y moderna de Robin Hood, que francamente en estos tiempos se antoja como un relato de ciencia ficción.
Resulta que la señora sentía una inusual piedad hacia los clientes que con fuertes necesidades económicas se acercaban al banco para solicitar créditos o simplemente para pedir que se les permitiera manejar su cuenta “en números rojos”, es decir, utilizando más dinero del que realmente tenían a disposición para cubrir sus carencias económicas.
Erika decidió entonces dar a esos clientes -que obviamente no contaban con referencias ni garantías- una mayor posibilidad de acción financiera y les concedió, utilizando su proprio criterio, por pura piedad y solidaridad humana, créditos desproporcionados a su capacidad de pago, como una forma de ayudarlos a salir de su precaria situación.
Para ello, tomó el dinero de las cuentas de los clientes ricos. Así, la Robin Hood alemana pudo ayudar a los clientes pobres por una cantidad total de 7.6 millones de euros. Y aunque obviamente cuando los pobres restituían el dinero éste era regularmente devuelto a las cuentas de los ricos, al menos un millón de euros se perdió para siempre, porque no faltó quien se pasara de listo y decidiera no regresar el préstamo que indebidamente Erika le había concedido.
Sin embargo, Erika B. fue descubierta, obviamente la despidieron del banco y ahora vive con una pensión de menos de mil euros mensuales y tuvo que vender todas sus posesiones para restituir el dinero que por su culpa se perdió.
Al parecer la mujer sufre una extraña síndrome llamada Helfersyndrom, que se manifiesta con una necesidad casi patológica de ayudar al prójimo a cualquier costo. De hecho, fue ése el argumento de su abogado defensor para justificar las acciones de su cliente.
Lo que realmente desconcierta es que realmente la señora Hood no sacó ningún provecho de las circunstancias y de todo el dinero que pasó frente a ella no tomó un solo centavo para su beneficio personal.
La verdad es que se trata de un caso que deja pensando seriamente. Mi primer impulso es el de hacer referencia a un refrán conocidísimo: ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón.
Porque con todo respeto para los señores banqueros, su sistema de administrar y prestar dinero -que por cierto en su forma moderna nació precisamente en Génova, Italia en 1406- es una de las formas más crueles de fomentar la desigualdad.
Son las leyes económicas y no pienso caer en el juego de protestar por lo que no tiene remedio. Sin embargo, es cierto que es precisamente la banca la institución que más influye, afecta, domina y controla nuestra vida cotidiana.
Me parece que de cualquier manera, el caso de Erika B. es uno de esos en que a pesar de todo, la declarada culpable sencillamente no tendría por qué pagar ni ser condenada. Simplemente porque se trata de una persona que se atrevió a luchar como mejor pudo contra un sistema en que los banqueros son siempre los más beneficiados.
Pensemos solamente que en caso de problemas, como ha sucedido ya durante la tan mencionada crisis, los banqueros saben que el gobierno siempre podrá salvarles con dinero del pueblo.
Lo peor es saber que en caso de emergencia, hasta quienes no pueden acceder a los servicios de la banca terminan pagando por la salvación de quienes les han negado créditos y beneficios.
Que los banqueros son privilegiados, no es una novedad. Basta ejemplificar con algunas cifras.
De acuerdo con información que he encontrado en Internet, para enero de este año, México tenía las tasas de interés en tarjetas de crédito más altas en América Latina, de hasta el 32 y 66% anual.
Y lo peor es saber que los bancos tratan de justificar ese robo descarado culpando a los clientes morosos y a la falta de seguridad jurídica para recuperar las garantías.
Ya lo dijo el empresario Carlos Slim en diciembre de 2008, “Los clientes de la banca están entrampados, no hay competencia para cambiar de banco y las altas tasas de interés crean graves problemas a las personas y peores a las instituciones que otorgar los créditos”
Digamos que en todo el mundo occidental el problema son los bancos, los banqueros y todos los gobiernos consentidores y solapadores que no hacen otra cosa que ceder incondicionalmente ante los intereses de los grandes capitales.
No es en vano pensar que el origen de la crisis global está en parte en “las numerosas quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias, constantes intervenciones de los Bancos centrales de las principales economías desarrolladas, profundos descensos en las cotizaciones bursátiles y un deterioro de la economía global real, que ha supuesto la entrada en recesión de algunas de las economías más industrializadas”, de acuerdo con información que en la enciclopedia on line Wikipedia está al alcance de todos.
Hoy en día, por citar solo un problema que tiene que ver con los bancos, sabemos bien que acceder a un crédito para la pequeña y mediana empresa es una misión imposible y que en muchos países se están cerrando muchos lugares de trabajo por falta de liquidez, con las terribles consecuencias sociales y económicas que esto implica.
Sabemos también que en nuestra realidad cotidiana, somos las primeras víctimas de los banqueros y sin duda, nuestro bolsillo lo resiente y en muchos casos, está en juego también nuestra estabilidad emocional.
Obviamente no soy economista. Claramente hablo como ciudadana de a pie y de cualquier manera, me siento en grado de decir que francamente la señora Erika B. y su síndrome no me parece un caso que deba ser castigado.
La verdad es que lamento solamente que haya sido descubierta y que hoy se encuentre en una seria dificultad. Lo digo sinceramente. ¿Y usted cómo la ve?
25 de noviembre, 2009
Para escribir el artículo de esta semana, deseo retomar una historia bizarra ocurrida en Alemania, que ha sido relatada en publicaciones de todo el mundo. Se trata del caso de la directora de la sucursal del banco VR Bank en la ciudad de Bornheim.
La mujer de 62 años, que en la crónica aparece como Erika B. ha cometido el grave delito de robar a los ricos para darle a los pobres.
Sí, tal como lo leen, se trata de una versión femenina y moderna de Robin Hood, que francamente en estos tiempos se antoja como un relato de ciencia ficción.
Resulta que la señora sentía una inusual piedad hacia los clientes que con fuertes necesidades económicas se acercaban al banco para solicitar créditos o simplemente para pedir que se les permitiera manejar su cuenta “en números rojos”, es decir, utilizando más dinero del que realmente tenían a disposición para cubrir sus carencias económicas.
Erika decidió entonces dar a esos clientes -que obviamente no contaban con referencias ni garantías- una mayor posibilidad de acción financiera y les concedió, utilizando su proprio criterio, por pura piedad y solidaridad humana, créditos desproporcionados a su capacidad de pago, como una forma de ayudarlos a salir de su precaria situación.
Para ello, tomó el dinero de las cuentas de los clientes ricos. Así, la Robin Hood alemana pudo ayudar a los clientes pobres por una cantidad total de 7.6 millones de euros. Y aunque obviamente cuando los pobres restituían el dinero éste era regularmente devuelto a las cuentas de los ricos, al menos un millón de euros se perdió para siempre, porque no faltó quien se pasara de listo y decidiera no regresar el préstamo que indebidamente Erika le había concedido.
Sin embargo, Erika B. fue descubierta, obviamente la despidieron del banco y ahora vive con una pensión de menos de mil euros mensuales y tuvo que vender todas sus posesiones para restituir el dinero que por su culpa se perdió.
Al parecer la mujer sufre una extraña síndrome llamada Helfersyndrom, que se manifiesta con una necesidad casi patológica de ayudar al prójimo a cualquier costo. De hecho, fue ése el argumento de su abogado defensor para justificar las acciones de su cliente.
Lo que realmente desconcierta es que realmente la señora Hood no sacó ningún provecho de las circunstancias y de todo el dinero que pasó frente a ella no tomó un solo centavo para su beneficio personal.
La verdad es que se trata de un caso que deja pensando seriamente. Mi primer impulso es el de hacer referencia a un refrán conocidísimo: ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón.
Porque con todo respeto para los señores banqueros, su sistema de administrar y prestar dinero -que por cierto en su forma moderna nació precisamente en Génova, Italia en 1406- es una de las formas más crueles de fomentar la desigualdad.
Son las leyes económicas y no pienso caer en el juego de protestar por lo que no tiene remedio. Sin embargo, es cierto que es precisamente la banca la institución que más influye, afecta, domina y controla nuestra vida cotidiana.
Me parece que de cualquier manera, el caso de Erika B. es uno de esos en que a pesar de todo, la declarada culpable sencillamente no tendría por qué pagar ni ser condenada. Simplemente porque se trata de una persona que se atrevió a luchar como mejor pudo contra un sistema en que los banqueros son siempre los más beneficiados.
Pensemos solamente que en caso de problemas, como ha sucedido ya durante la tan mencionada crisis, los banqueros saben que el gobierno siempre podrá salvarles con dinero del pueblo.
Lo peor es saber que en caso de emergencia, hasta quienes no pueden acceder a los servicios de la banca terminan pagando por la salvación de quienes les han negado créditos y beneficios.
Que los banqueros son privilegiados, no es una novedad. Basta ejemplificar con algunas cifras.
De acuerdo con información que he encontrado en Internet, para enero de este año, México tenía las tasas de interés en tarjetas de crédito más altas en América Latina, de hasta el 32 y 66% anual.
Y lo peor es saber que los bancos tratan de justificar ese robo descarado culpando a los clientes morosos y a la falta de seguridad jurídica para recuperar las garantías.
Ya lo dijo el empresario Carlos Slim en diciembre de 2008, “Los clientes de la banca están entrampados, no hay competencia para cambiar de banco y las altas tasas de interés crean graves problemas a las personas y peores a las instituciones que otorgar los créditos”
Digamos que en todo el mundo occidental el problema son los bancos, los banqueros y todos los gobiernos consentidores y solapadores que no hacen otra cosa que ceder incondicionalmente ante los intereses de los grandes capitales.
No es en vano pensar que el origen de la crisis global está en parte en “las numerosas quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias, constantes intervenciones de los Bancos centrales de las principales economías desarrolladas, profundos descensos en las cotizaciones bursátiles y un deterioro de la economía global real, que ha supuesto la entrada en recesión de algunas de las economías más industrializadas”, de acuerdo con información que en la enciclopedia on line Wikipedia está al alcance de todos.
Hoy en día, por citar solo un problema que tiene que ver con los bancos, sabemos bien que acceder a un crédito para la pequeña y mediana empresa es una misión imposible y que en muchos países se están cerrando muchos lugares de trabajo por falta de liquidez, con las terribles consecuencias sociales y económicas que esto implica.
Sabemos también que en nuestra realidad cotidiana, somos las primeras víctimas de los banqueros y sin duda, nuestro bolsillo lo resiente y en muchos casos, está en juego también nuestra estabilidad emocional.
Obviamente no soy economista. Claramente hablo como ciudadana de a pie y de cualquier manera, me siento en grado de decir que francamente la señora Erika B. y su síndrome no me parece un caso que deba ser castigado.
La verdad es que lamento solamente que haya sido descubierta y que hoy se encuentre en una seria dificultad. Lo digo sinceramente. ¿Y usted cómo la ve?
miércoles, 18 de noviembre de 2009
¿Cuál Revolución?
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
18 de noviembre, 2009
Escribo estas líneas después de leer un artículo publicado por el diario español El País, en su versión on line. Mientras buscaba material para fundamentar el tema de la semana, encontré “¿Ya acabó la Revolución Mexicana?” firmado por Sabino Bastidas Colinas.
Un trabajo digno de lectura y sobre todo, directo y sin tapujos. Las preguntas planteadas por el autor me parecen acertadas y dentro de su crueldad, son exactamente las interrogantes que personalmente he siempre planteado sobre la verdadera eficacia del movimiento hoy casi centenario.
Acerca de la Revolución, Bastidas cuestiona: ¿ …por qué sigue siendo meta, bandera y discurso de partidos y grupos políticos? ¿Por qué subsisten los partidos revolucionarios? ¿Por qué aparecen Ejércitos zapatistas? ¿Por qué existen movimientos revolucionarios? ¿Acabó bien la revolución? ¿Logró su cometido? ¿Lo tenía? ¿Cuál es el saldo?”
No creo que haya en todo México un político, uno solo capaz de responder directamente a tales preguntas. No pienso que un solo gobernante tenga la respuestas para tan válidas inquietudes. A decir verdad estoy convencida que solamente con leerlas más de uno se rasgará las vestiduras.
Hoy, a mis 40 años recién cumplidos, sé aunque me duela reconocerlo que la Revolución ha sido solamente un cuento narrado en los libros de historia.
Entiendo nuestra necesidad colectiva de tener historia y por lo mismo, entiendo que por años los mexicanos nos hemos creído el cuento de que el primer movimiento social del siglo XX fue nuestro y nos dio la posibilidad de una vida mejor.
Pero francamente, cuando pienso en la Revolución me imagino que conocer sus detalles es más bien como leer una novela.
Pienso en Zapata, en Madero, en Villa, y en todos y cada uno de los personajes que desde siempre las generaciones post revolucionarias nos hemos visto obligadas a venerar.
Y así, pensando en nuestros héroes y viendo el México de hoy, creo que la Revolución, después de todos estos años parece no haber servido de nada.
Porque a pesar de la lucha de todos ellos, esa lucha ejemplar que cada 20 de noviembre nos obligan a recordar, los mexicanos no tenemos una nación más justa. Y es que las diferencias sociales que la historia nos refiere existían en 1910 no parecen haber cambiado mucho.
Recordemos que después de la Independencia, durante casi un siglo, nuestro país sufrió guerras internas e invasiones extranjeras. Luego vino la Revolución. El objetivo inicial fue derrocar a un dictador, que por tres décadas dejó a nuestros ancestros en condiciones sociales insoportables.
La polarización de clases antes del movimiento armado era evidente. Se buscaba una salida y el paso a la democracia. “Sufragio efectivo, no reelección”, esa era la consigna.
El objetivo principal era acabar con un gobierno que daba todas las posibilidades y beneficios a unos cuantos que continuaban a acumular riquezas mientras la gran mayoría continuaba sumida en la miseria y en la ignorancia.
La misión original del movimiento armado fue cumplida en poco tiempo. El dictador se fue del país y sin embargo, todavía se vivió un largo período de turbulencia.
El asesinato de Francisco I. Madero, la Decena trágica, el gobierno de Victoriano Huerta, el Constitucionalismo. Todos episodios que forman parte de una lucha que terminó por carecer de una lógica, en la cual quien debía ser el único vencedor, el pueblo mexicano, fue solamente carne de cañón.
Volviendo al artículo de El País, encuentro una cita elocuente. Más que eso: lapidaria. “Dice Peter Calvert, uno de los clásicos del estudio de las revoluciones, que la diferencia entre rebelión y revolución radica en su destino. La diferencia es el triunfo. La revolución gana. La rebelión fracasa.”
Y así, Sabino Bastidas continúa con sus inquietantes preguntas. “¿Por qué hablamos de la revolución mexicana? ¿Quién ganó la revolución mexicana? ¿Los pobres? ¿Los obreros? ¿Los campesinos? ¿Por qué le seguimos llamamos revolución?”
Lo peor es pensar que esa bendita frase, “Sufragio efectivo, no reelección”, a partir de la cual inició todo y que 99 años después seguimos viendo hasta en los documentos oficiales, fue a fin de cuentas una de las grandes burlas de la vida de nuestro país.
Mentira de mentiras, porque durante 70 años en México continuamos reeligiendo un solo partido, precisamente ése que nos prometía que en algún momento la Revolución nos daría la justicia social que hasta la fecha solamente es un sueño inalcanzable.
He crecido en un México en que sus gobernantes han invocado contínuamente los principios de la Revolución como para recordarnos una lucha que si hubiera terminado realmente nos habría dado condiciones de vida mejores, oportunidades de desarrollo, paz social, equidad.
Y mientras he escuchado hablar a quienes dirigen la nación, he visto cómo sistemáticamente las condiciones de desigualdad han crecido.
A pesar de ser la economía mundial número 14, de acuerdo con el volumen del Producto Interno Bruto, en nuestro país conviven realidades tan diversas que en México hay, de acuerdo con la enciclopedia on line Wikipedia “indices de desarrollo humano que pueden ir desde aquéllos de naciones desarrolladas como Alemania hasta situaciones paragonables a las de Burundi”.
Por eso, muy a mi pesar, he dejado de creer en la existencia de la Revolución. La veo como un mito, como una leyenda contada en los libros de texto, en la que los héroes ni siquiera cumplen porque de cualquier manera son derrotados, pues su lucha nunca termina y en realidad no son capaces de alcanzar sus objetivos.
En un México que por ahora se enfrenta a serios problemas que van desde la seguridad hasta la carencia de posibilidades de desarrollo para todos, no me queda más que decir que en todo caso, la Revolución mexicana no ha sido más que un soberano fracaso, y la justificación más grande para que se formara un nuevo grupo que ha tenido y tiene en sus manos la riqueza, el futuro y el destino de millones de personas, que ya merecemos algo mejor.
Para quienes deseen leer el brillante artículo publicado por El País, me permito citar la liga correspondiente:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/acabo/revolucion/mexicana/elpepuint/20091117elpepuint_14/Tes
18 de noviembre, 2009
Escribo estas líneas después de leer un artículo publicado por el diario español El País, en su versión on line. Mientras buscaba material para fundamentar el tema de la semana, encontré “¿Ya acabó la Revolución Mexicana?” firmado por Sabino Bastidas Colinas.
Un trabajo digno de lectura y sobre todo, directo y sin tapujos. Las preguntas planteadas por el autor me parecen acertadas y dentro de su crueldad, son exactamente las interrogantes que personalmente he siempre planteado sobre la verdadera eficacia del movimiento hoy casi centenario.
Acerca de la Revolución, Bastidas cuestiona: ¿ …por qué sigue siendo meta, bandera y discurso de partidos y grupos políticos? ¿Por qué subsisten los partidos revolucionarios? ¿Por qué aparecen Ejércitos zapatistas? ¿Por qué existen movimientos revolucionarios? ¿Acabó bien la revolución? ¿Logró su cometido? ¿Lo tenía? ¿Cuál es el saldo?”
No creo que haya en todo México un político, uno solo capaz de responder directamente a tales preguntas. No pienso que un solo gobernante tenga la respuestas para tan válidas inquietudes. A decir verdad estoy convencida que solamente con leerlas más de uno se rasgará las vestiduras.
Hoy, a mis 40 años recién cumplidos, sé aunque me duela reconocerlo que la Revolución ha sido solamente un cuento narrado en los libros de historia.
Entiendo nuestra necesidad colectiva de tener historia y por lo mismo, entiendo que por años los mexicanos nos hemos creído el cuento de que el primer movimiento social del siglo XX fue nuestro y nos dio la posibilidad de una vida mejor.
Pero francamente, cuando pienso en la Revolución me imagino que conocer sus detalles es más bien como leer una novela.
Pienso en Zapata, en Madero, en Villa, y en todos y cada uno de los personajes que desde siempre las generaciones post revolucionarias nos hemos visto obligadas a venerar.
Y así, pensando en nuestros héroes y viendo el México de hoy, creo que la Revolución, después de todos estos años parece no haber servido de nada.
Porque a pesar de la lucha de todos ellos, esa lucha ejemplar que cada 20 de noviembre nos obligan a recordar, los mexicanos no tenemos una nación más justa. Y es que las diferencias sociales que la historia nos refiere existían en 1910 no parecen haber cambiado mucho.
Recordemos que después de la Independencia, durante casi un siglo, nuestro país sufrió guerras internas e invasiones extranjeras. Luego vino la Revolución. El objetivo inicial fue derrocar a un dictador, que por tres décadas dejó a nuestros ancestros en condiciones sociales insoportables.
La polarización de clases antes del movimiento armado era evidente. Se buscaba una salida y el paso a la democracia. “Sufragio efectivo, no reelección”, esa era la consigna.
El objetivo principal era acabar con un gobierno que daba todas las posibilidades y beneficios a unos cuantos que continuaban a acumular riquezas mientras la gran mayoría continuaba sumida en la miseria y en la ignorancia.
La misión original del movimiento armado fue cumplida en poco tiempo. El dictador se fue del país y sin embargo, todavía se vivió un largo período de turbulencia.
El asesinato de Francisco I. Madero, la Decena trágica, el gobierno de Victoriano Huerta, el Constitucionalismo. Todos episodios que forman parte de una lucha que terminó por carecer de una lógica, en la cual quien debía ser el único vencedor, el pueblo mexicano, fue solamente carne de cañón.
Volviendo al artículo de El País, encuentro una cita elocuente. Más que eso: lapidaria. “Dice Peter Calvert, uno de los clásicos del estudio de las revoluciones, que la diferencia entre rebelión y revolución radica en su destino. La diferencia es el triunfo. La revolución gana. La rebelión fracasa.”
Y así, Sabino Bastidas continúa con sus inquietantes preguntas. “¿Por qué hablamos de la revolución mexicana? ¿Quién ganó la revolución mexicana? ¿Los pobres? ¿Los obreros? ¿Los campesinos? ¿Por qué le seguimos llamamos revolución?”
Lo peor es pensar que esa bendita frase, “Sufragio efectivo, no reelección”, a partir de la cual inició todo y que 99 años después seguimos viendo hasta en los documentos oficiales, fue a fin de cuentas una de las grandes burlas de la vida de nuestro país.
Mentira de mentiras, porque durante 70 años en México continuamos reeligiendo un solo partido, precisamente ése que nos prometía que en algún momento la Revolución nos daría la justicia social que hasta la fecha solamente es un sueño inalcanzable.
He crecido en un México en que sus gobernantes han invocado contínuamente los principios de la Revolución como para recordarnos una lucha que si hubiera terminado realmente nos habría dado condiciones de vida mejores, oportunidades de desarrollo, paz social, equidad.
Y mientras he escuchado hablar a quienes dirigen la nación, he visto cómo sistemáticamente las condiciones de desigualdad han crecido.
A pesar de ser la economía mundial número 14, de acuerdo con el volumen del Producto Interno Bruto, en nuestro país conviven realidades tan diversas que en México hay, de acuerdo con la enciclopedia on line Wikipedia “indices de desarrollo humano que pueden ir desde aquéllos de naciones desarrolladas como Alemania hasta situaciones paragonables a las de Burundi”.
Por eso, muy a mi pesar, he dejado de creer en la existencia de la Revolución. La veo como un mito, como una leyenda contada en los libros de texto, en la que los héroes ni siquiera cumplen porque de cualquier manera son derrotados, pues su lucha nunca termina y en realidad no son capaces de alcanzar sus objetivos.
En un México que por ahora se enfrenta a serios problemas que van desde la seguridad hasta la carencia de posibilidades de desarrollo para todos, no me queda más que decir que en todo caso, la Revolución mexicana no ha sido más que un soberano fracaso, y la justificación más grande para que se formara un nuevo grupo que ha tenido y tiene en sus manos la riqueza, el futuro y el destino de millones de personas, que ya merecemos algo mejor.
Para quienes deseen leer el brillante artículo publicado por El País, me permito citar la liga correspondiente:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/acabo/revolucion/mexicana/elpepuint/20091117elpepuint_14/Tes
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