Publicado en el Semanario Punto
Toluca, 07 diciembre, 2011.
Es necesario que advierta a quienes tienen la paciencia de leer estas líneas que esta vez mientras escribo estoy completamente indignada. Y no solamente indignada, Escandalizada, que a mi edad es mucho decir.
El pasado domingo me desperté con una gran novedad que las redes sociales difundían. El aspirante priísta a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto, había cometido un error grave, mostrando al mundo su verdadera cara: la de la ignorancia.
Ni más ni menos que el diario español El país daba cuenta de lo ocurrido. Y sin medios términos. “¿Cuáles son los tres libros que han marcado la vida del candidato puntero de todas las encuestas en México, Enrique Peña Nieto? La respuesta tendrá que esperar a mejor ocasión, porque el aspirante priista a la presidencia no supo contestar de manera clara a esa pregunta que le hizo la prensa...”
De inmediato comenzaron los comentarios. Me di cuenta de que en realidad somos muchos los que no soportamos la idea de que el priísta se convierta en el presidente de México.
Y también pude comprobar que sus incondicionales no razonan. Hubo quien me dijo que se trataba simplemente de un “craso error mediático”. Tengo la sospecha de que cada vez que el engelado y copetudo candidato meta la pata van a tratar de echarle la culpa a los medios. Y no. Esta vez no se vale. Sobre todo porque un periodista (que al parecer es español) tuvo una idea genial. No necesitó más que formular una pregunta inteligente para conseguir que el casi-candidato exhibiera toda su ignorancia y demostrara que sin un guión preestablecido no puede ir muy lejos. Que su cabecita tiene gel por fuera y poco o nada dentro.
Hay quien dice que el presidente de la República no debe necesariamente ser culto. Difiero absolutamente de ese “no-razonamiento”. He pensado siempre que quien dirige, quien gobierna está obligado a mantener un nivel de excelencia en todos los ámbitos. Aún no creyendo en la existencia de súper hombres, espero por el bien de mi país que quien lo dirija sea de los mejores.
En todo caso y siendo condescendiente con Peña, me atrevo a culpar de lo ocurrido a su equipo, a su brillante staff que no calculó la posibilidad de que en un acto dedicado a las letras alguien pudiera preguntar a su jefe un asunto relacionado con el tema. Una falla tremenda que sin duda demuestra que los incompetentes se rodean de incompetentes. Posiblemente una tarjetita con la ficha de algunos títulos lo habría sacado del apuro, visto que si no le dicen lo que debe declarar el priísta se arruina solito tratando de improvisar.
No hay que olvidar que el político mexiquense se presentó también en calidad de autor de un libro que a estas alturas queda claro a todos que fue escrito por una o varias personas más. Porque para crear una obra literaria se requiere una cultura aceptable o al menos y ya sin ponernos exigentes, se necesita al menos saber hablar bien, elementos de los cuales Peña demostró carecer.
Es de los que literalmente calladitos se ven más bonitos. Pura “face” y nada de “book”.
Hablando con ciertos amigos que están involucrados de alguna manera en la precampaña del priísta, he notado la gran ilusión, la enorme esperanza que tienen. Quieren que les vaya bien. Por ser personas cercanas a mí, lo deseo de todo corazón.
Pero por el bien de México, espero que la mayoría de mis compatriotas no caiga en la trampa, que demuestre un poquito, nada más un poquito de sensatez y no beneficie con su voto a un personaje tan pobre como Enrique Peña.
Comparto la reflexión del columnista de El Gráfico, Raúl Rodríguez Cortés respecto a que “para ser un buen político quizás no se requiera una cultura enciclopédica, pero es preciso tener referentes mínimos de conocimientos para la correcta toma de decisiones, además de la lucidez para salir de atolladeros como el narrado sin cantinflear tanto.”
A decir verdad el resbalón de Peña ha dado a sus detractores una posibilidad inmejorable para exhibirlo como lo que es: un hombre ignorante, un producto de la mercadotecnia, un títere incapaz de hilar sus ideas, en el caso rarísimo de que las tenga.
En resumen: una pésima opción que las televisoras quieren imponer como gobierno, para seguir protegiendo sus millonarios intereses y manteniendo en la ignorancia a más de cien millones de mexicanos.
A Enrique Peña le falta no solamente lucidez, también humildad. Sencillamente no puede reconocer que está muy lejos de contar con la capacidad necesaria para gobernar un país tan complejo como México, especialmente con la herencia que le tocaría recibir en el caso de salir victorioso en las elecciones del 2012.
Para colmo de mi indignación, el asunto no paró en la metida de pata del copetudo político. En la escena apareció también su hijita Paulina, a quien gracias a Dios no tengo el gusto de conocer, pero que en Twitter demostró que lo que se hereda, no se hurta.
Para comenzar simplemente publicó un comentario que no era suyo, sino de su novio. Obviamente, no podía pensar por sí misma. Desplegando clase y educación, la señorita copió: “un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian”. Espero que alguien le explique el significado de “prole”. Porque en todo caso es ella la “prole” -la familia- de Peñita. A lo mejor lo que Pau quería decir era “plebe” o en todo caso “el proletariado”.
Y eso que su papi la defendió y se disculpó por ella. Pero palo dado, ni Dios lo quita. Los comentarios de su hija no son sino el reflejo del modo en que ha crecido gracias a su padre: ignorando que quienes ella erróneamente llama “prole” son los mismos que han llevado a su familia a una posición de privilegio. Es lo malo de nacer en pañales de seda y de tener todo sin el menor esfuerzo. Es la escuela del poder.
Alguien me pidió que si no le daba mi voto a Peña “por lo menos” no hiciera que otros no voten por él. Francamente me pareció una exageración. Ojalá yo tuviera la capacidad de influir sobre las decisiones de las personas, pues de seguro haría exactamente lo contrario de lo que me pidieron. Porque son años que estudio al personaje y porque sé que no es la solución a ninguno de los problemas de nuestro país. Por eso lo seguiré diciendo hasta el cansancio con todas sus letras: señores: reflexionen, analicen, evalúen, piensen y después de hacerlo, decidan no votar por Enrique Peña Nieto. México no se merece tener como presidente a un personaje de esa calaña.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
miércoles, 30 de noviembre de 2011
México en la indefensión
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México
30 de noviembre, 2011.
En los últimos días me he encontrado con una importante información que se refiere a la denuncia presentada por un grupo de ciudadanos mexicanos ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya, contra el presidente Felipe Calderón.
La verdad es sorprendente y realmente triste que se haya llegado al extremo de recurrir a las autoridades más allá de la frontera. Me parece que es un grito desesperado y considero que no debería ser ignorado y mucho menos minimizado.
Honestamente lo que he leído respecto a las razones que harían de Calderón responsable de crímenes de guerra y lesa humanidad es escalofriante.
En alrededor de 700 páginas, los denunciantes exponen cifras impresionantes: 50 mil personas asesinadas, 10 mil casos de desaparecidos y 230 mil desplazados por el clima de inseguridad.
Ni más ni menos.
No pienso que los integrantes de las organizaciones no gubernamentales que se decidieron a denunciar tan graves hechos hayan intentado dar un golpe político al presidente de México.
Más bien creo que se trata de un intento desesperado de los ciudadanos indignados y temerosos para llamar la atención del mundo. Y hacen bien.
Porque a fin de cuentas, hay que reconocer que en nuestro país están ocurriendo cosas serias y es justo que alguien pague. No importa si ese alguien ostenta el título de presidente de la República.
Durante una entrevista simultánea realizada por la periodista Carmen Aristegui a los denunciantes y al gobierno, el abogado Netzaí Sandoval justificó la denuncia hecha ante CPI diciendo que “en México hay un contexto generalizado de violencia muy preocupante en el que se están presentando violaciones muy puntuales al derecho internacional humanitario de parte del narcotráfico y del gobierno federal.”
Seamos honestos. Tiene razón. Si alguien se atreve a negarlo o argumenta que hay mala fe o intenciones políticas en sus argumentos, o bien que la ropa sucia se lava en casa, habría que abrirle los ojos a la realidad.
De acuerdo, yo no vivo en México. Pero gracias a la maravilla que es Internet tengo la posibilidad de estar en contacto contínuo con familiares y amigos que hablan conmigo y me describen el ambiente de violencia que se vive allá. A veces simplemente me vienen escalofríos. En ocasiones me indigno. Casi siempre me preocupo. Invariablemente lo lamento profundamente.
Es por esto que me pregunto por qué razón el gobierno de Calderón no reconoce sus culpas y en lugar de amenazar a los ciudadanos que lo denunciaron no hace un análisis de conciencia, tiene un arranque de inusitada dignidad y decide admitir que hay al menos algo (si no es que mucho) de verdad en lo expresado.
“De parte de los soldados, las fuerzas de seguridad han cometido violaciones sexuales contra mujeres e incluso niñas, han realizado homicidios contra civiles, desapariciones forzadas, tortura sistemática para conseguir autoinculpaciones, ejecuciones y perjuicio.”, ha denunciado Sandoval a nombre de las ONG's involucradas en la denuncia.
Y el gobierno mexicano ha hecho una sola cosa: rechazar sus culpas. A nombre suyo, Gerardo Laveaga, denominado voz oficial para el caso y director de Instituto Nacional de Ciencias Penales, se limitó a “felicitar” a Netzaí Sandoval “por su idealismo”, pero le aclaró que “está equivocado en su proceder”, pues la CPI “le entra cuando ya se agotaron las instancias nacionales, cuando ya se denunció al presidente o a los secretarios ante los tribunales nacionales y estos no pudieron o no quisieron atender el asunto. La CPI, según el gobierno mexicano, “no es el órgano adecuado, o por lo menos, no hasta haber agotado las instancias.”
Me pregunto si son o se hacen. Personalmente me parece que no quieren comprender que haber llegado hasta La Haya es una medida normal en un Estado donde se sabe de antemano que ninguna de las instancias nacionales hará nada.
Sin embargo, en una cosa doy toda razón a Laveaga. Se trata de un acto de idealismo puro. Por desgracia. Especialmente si se considera que la denuncia ante la CPI incluye también a los narcotraficantes, de quienes dice: “atacan hospitales donde asesinan a personas, atacan centros de rehabilitación donde hay enfermos, realizan amputaciones, atacan a civiles, reclutan a niños menores de quince años para convertirlos en sicarios.”
Me pregunto qué tan factible es que estos grupos que viven al margen de la ley respondan ante la justicia internacional. Espero que los denunciantes comprendan que en un mundo donde un narcotraficante aparece en la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, hacer que los delincuentes de cierto nivel paguen por sus actos es practicamente imposible.
Digamos que la esperanza de los denunciantes de ser escuchados es practicamente una utopía. El riesgo que corren es hacer un tremendo ridículo porque simplemente están luchando como Don Quijote, contra molinos de viento.
Me basta leer el comunicado del gobierno mexicano para entender cómo terminará este asunto: “...México que tiene una democracia vibrante, con poderes independientes y equilibrados entre sí, con instituciones de derechos humanos autónomas y un sistema de libertades y garantías y vigencia de derechos humanos como pocas naciones en desarrollo".
En pocas palabras: ciudadanos mitoteros, nada hay que denunciar en un país que vive una realidad practicamente de cuento de hadas.
Y para colmo, si continúan con su inútil denuncia, los 23 mil ciudadanos involucrados en ésta tendrán que atenerse a las consecuencias, porque la autoridad nacional considera que “Las imputaciones al Gobierno de México son claramente infundadas e improcedentes y constituyen en sí mismas verdaderas calumnias, acusaciones temerarias que dañan no sólo a personas e instituciones, sino que afectan terriblemente el buen nombre de México”.
Y agárrense porque nuestro pobre e incomprendido gobierno “explorará todas las alternativas para proceder legalmente contra las personas que acusan temerariamente a su administración de abusos y violaciones a los derechos humanos.”
Muy bien. Tomemos nota. Y no olvidemos tampoco la postura al respecto de los flamantes casi-candidatos a la presidencia. Enrique Peña Nieto afirmó: "no estoy de acuerdo, descalifico y, por supuesto, no respaldo ese tipo de denuncias que me parece carecen de sustento y que evidentemente el Estado está y debería estar para respaldar y apoyar el proceso que se siga ante esa Corte en defensa del Jefe de Estado". Ya sabemos lo que haría el priísta en el caso de que algún ciudadano se atreviera a denunciar alguna irregularidad.
Por su parte el amoroso de izquierda, Andrés Manuel López Obrador se concretó a una respuesta vaga y tibia: “van a ser los jueces los que van decidir si procede o no procede, pero hay que esperar a que se den esos veredictos resoluciones, lo que tenemos que procurar todos es que haya un cambio de fondo en el país para cambiar la estrategia”.
Total, que de nuevo y ante un caso concreto, los mexicanos no tenemos ni para dónde hacernos. Lo más penoso es que ya ni siquiera nos queda la ilusión de pensar que un súper tribunal extranjero nos puede defender... A estas alturas creo que no lo hará ni siquiera el Chapulín Colorado.
Toluca, México
30 de noviembre, 2011.
En los últimos días me he encontrado con una importante información que se refiere a la denuncia presentada por un grupo de ciudadanos mexicanos ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya, contra el presidente Felipe Calderón.
La verdad es sorprendente y realmente triste que se haya llegado al extremo de recurrir a las autoridades más allá de la frontera. Me parece que es un grito desesperado y considero que no debería ser ignorado y mucho menos minimizado.
Honestamente lo que he leído respecto a las razones que harían de Calderón responsable de crímenes de guerra y lesa humanidad es escalofriante.
En alrededor de 700 páginas, los denunciantes exponen cifras impresionantes: 50 mil personas asesinadas, 10 mil casos de desaparecidos y 230 mil desplazados por el clima de inseguridad.
Ni más ni menos.
No pienso que los integrantes de las organizaciones no gubernamentales que se decidieron a denunciar tan graves hechos hayan intentado dar un golpe político al presidente de México.
Más bien creo que se trata de un intento desesperado de los ciudadanos indignados y temerosos para llamar la atención del mundo. Y hacen bien.
Porque a fin de cuentas, hay que reconocer que en nuestro país están ocurriendo cosas serias y es justo que alguien pague. No importa si ese alguien ostenta el título de presidente de la República.
Durante una entrevista simultánea realizada por la periodista Carmen Aristegui a los denunciantes y al gobierno, el abogado Netzaí Sandoval justificó la denuncia hecha ante CPI diciendo que “en México hay un contexto generalizado de violencia muy preocupante en el que se están presentando violaciones muy puntuales al derecho internacional humanitario de parte del narcotráfico y del gobierno federal.”
Seamos honestos. Tiene razón. Si alguien se atreve a negarlo o argumenta que hay mala fe o intenciones políticas en sus argumentos, o bien que la ropa sucia se lava en casa, habría que abrirle los ojos a la realidad.
De acuerdo, yo no vivo en México. Pero gracias a la maravilla que es Internet tengo la posibilidad de estar en contacto contínuo con familiares y amigos que hablan conmigo y me describen el ambiente de violencia que se vive allá. A veces simplemente me vienen escalofríos. En ocasiones me indigno. Casi siempre me preocupo. Invariablemente lo lamento profundamente.
Es por esto que me pregunto por qué razón el gobierno de Calderón no reconoce sus culpas y en lugar de amenazar a los ciudadanos que lo denunciaron no hace un análisis de conciencia, tiene un arranque de inusitada dignidad y decide admitir que hay al menos algo (si no es que mucho) de verdad en lo expresado.
“De parte de los soldados, las fuerzas de seguridad han cometido violaciones sexuales contra mujeres e incluso niñas, han realizado homicidios contra civiles, desapariciones forzadas, tortura sistemática para conseguir autoinculpaciones, ejecuciones y perjuicio.”, ha denunciado Sandoval a nombre de las ONG's involucradas en la denuncia.
Y el gobierno mexicano ha hecho una sola cosa: rechazar sus culpas. A nombre suyo, Gerardo Laveaga, denominado voz oficial para el caso y director de Instituto Nacional de Ciencias Penales, se limitó a “felicitar” a Netzaí Sandoval “por su idealismo”, pero le aclaró que “está equivocado en su proceder”, pues la CPI “le entra cuando ya se agotaron las instancias nacionales, cuando ya se denunció al presidente o a los secretarios ante los tribunales nacionales y estos no pudieron o no quisieron atender el asunto. La CPI, según el gobierno mexicano, “no es el órgano adecuado, o por lo menos, no hasta haber agotado las instancias.”
Me pregunto si son o se hacen. Personalmente me parece que no quieren comprender que haber llegado hasta La Haya es una medida normal en un Estado donde se sabe de antemano que ninguna de las instancias nacionales hará nada.
Sin embargo, en una cosa doy toda razón a Laveaga. Se trata de un acto de idealismo puro. Por desgracia. Especialmente si se considera que la denuncia ante la CPI incluye también a los narcotraficantes, de quienes dice: “atacan hospitales donde asesinan a personas, atacan centros de rehabilitación donde hay enfermos, realizan amputaciones, atacan a civiles, reclutan a niños menores de quince años para convertirlos en sicarios.”
Me pregunto qué tan factible es que estos grupos que viven al margen de la ley respondan ante la justicia internacional. Espero que los denunciantes comprendan que en un mundo donde un narcotraficante aparece en la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, hacer que los delincuentes de cierto nivel paguen por sus actos es practicamente imposible.
Digamos que la esperanza de los denunciantes de ser escuchados es practicamente una utopía. El riesgo que corren es hacer un tremendo ridículo porque simplemente están luchando como Don Quijote, contra molinos de viento.
Me basta leer el comunicado del gobierno mexicano para entender cómo terminará este asunto: “...México que tiene una democracia vibrante, con poderes independientes y equilibrados entre sí, con instituciones de derechos humanos autónomas y un sistema de libertades y garantías y vigencia de derechos humanos como pocas naciones en desarrollo".
En pocas palabras: ciudadanos mitoteros, nada hay que denunciar en un país que vive una realidad practicamente de cuento de hadas.
Y para colmo, si continúan con su inútil denuncia, los 23 mil ciudadanos involucrados en ésta tendrán que atenerse a las consecuencias, porque la autoridad nacional considera que “Las imputaciones al Gobierno de México son claramente infundadas e improcedentes y constituyen en sí mismas verdaderas calumnias, acusaciones temerarias que dañan no sólo a personas e instituciones, sino que afectan terriblemente el buen nombre de México”.
Y agárrense porque nuestro pobre e incomprendido gobierno “explorará todas las alternativas para proceder legalmente contra las personas que acusan temerariamente a su administración de abusos y violaciones a los derechos humanos.”
Muy bien. Tomemos nota. Y no olvidemos tampoco la postura al respecto de los flamantes casi-candidatos a la presidencia. Enrique Peña Nieto afirmó: "no estoy de acuerdo, descalifico y, por supuesto, no respaldo ese tipo de denuncias que me parece carecen de sustento y que evidentemente el Estado está y debería estar para respaldar y apoyar el proceso que se siga ante esa Corte en defensa del Jefe de Estado". Ya sabemos lo que haría el priísta en el caso de que algún ciudadano se atreviera a denunciar alguna irregularidad.
Por su parte el amoroso de izquierda, Andrés Manuel López Obrador se concretó a una respuesta vaga y tibia: “van a ser los jueces los que van decidir si procede o no procede, pero hay que esperar a que se den esos veredictos resoluciones, lo que tenemos que procurar todos es que haya un cambio de fondo en el país para cambiar la estrategia”.
Total, que de nuevo y ante un caso concreto, los mexicanos no tenemos ni para dónde hacernos. Lo más penoso es que ya ni siquiera nos queda la ilusión de pensar que un súper tribunal extranjero nos puede defender... A estas alturas creo que no lo hará ni siquiera el Chapulín Colorado.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
México 2012, panorama desolador...
Publicado en el Semanario Punto, Toluca.
23 noviembre 2011
Esta semana, después de leer las novedades electorales en México, no tengo otro remedio que hablar de lo mucho que me preocupa lo que ocurre y de lo difícil que se presenta el panorama para nuestro país.
No quiero pecar de pesimista. Simplemente estoy buscando de analizar la situación con la mayor objetividad posible. Dicen que observar los problemas desde afuera, sin estar involucrado en ellos, permite una visión amplia de los elementos que lo componen.
Y desde afuera, honestamente, creo que México en este momento no cuenta con una posibilidad real, con una opción que le pueda ayudar seriamente a mejorar.
Vayamos por partes. Hace algunos días empezaron las descepciones. Para quienes pensábamos que la izquierda mexicana había aprendido algo de sus últimas derrotas, para quienes creímos que había quedado claro que la propuesta del PRD debe ser concreta, el golpe fue bastante serio.
El pasado 15 de noviembre, el partido del sol azteca determinó luego de realizar encuestas entre la militancia, que Andrés Manuel López Obrador participará en la contienda electoral de 2012.
Me sigo preguntando qué ha hecho López Obrador en los últimos años, si no criticar al gobierno por él denominado “espurio” y emitir juicios y sentencias contra toda la clase política mexicana, sin importar a qué partido o corriente pertenezca.
Otra de mis interrogantes es saber cómo le hizo para sobrevivir sin tener un trabajo formal y por último, quisiera saber si por lo menos se preparó mejor en materias fundamentales para poder aspirar seriamente a convertirse en el presidente de México.
Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios y sin duda la democracia es la máxima manifestación de la voluntad popular. Las encuestas realizadas por la izquierda seguramente arrojaron como resultado la preferencia de la mayoría por López Obrador, por encima de Marcelo Ebrard. Pero sinceramente creo que muchas veces el pueblo se equivoca y que los perredistas no consideraron que AMLO es una figura desgastada, bizarra y añeja.
López Obrador es el perdedor que no se resigna, el eterno derrotado que no reconoce su verdadera situación. Pretende ser como el ave fénix y resurgir de sus cenizas sin considerar que muy probablemente su tiempo ya pasó y que en este momento lo mejor para su corriente política es proponer caras nuevas, si quiere de veras competir y sobre todo, triunfar.
Se ve que AMLO tuvo mucho tiempo libre en estos años y que ha preparado un discurso que desde su punto de vista puede llegar a la ciudadanía. “construir una República amorosa, más humana e igualitaria, con dimensión social y grandeza espiritual.” Suena bonito. Nada más suena bonito.
Y a propósito de “bonito”... Está listo el otro aspirante a gobernar México a partir del 2012. Quién lo hubiera dicho hace solamente diez años. De Secretario de Administración en un gabinete de dudosa reputación a presidente de la República. Ni más ni menos.
La vida da sorpresas. Hace años Enrique Peña Nieto no era otra cosa que un muchachito fresa y guapillo que a parte de utilizar sus encantos para ligarse a las edecanes en los actos de gobierno, no tenía la mínima presencia pública.
Ahora el flamante casi candidato del tricolor a la presidencia se da el lujo de criticar el “Estado disfuncional” y afirma en su nuevo libro “que en estos años” precisamente ese “Estado disfuncional ha arrastrado a los mexicanos por una pendiente al ser incapaz de crear las condiciones mínimas de seguridad, crecimiento económico, empleo digno, educación y una seguridad social de calidad.”
Nada más para comenzar, digo con toda franqueza que dudo que el libro lo haya realmente escrito él, por la sencilla razón que no veo a qué hora haya podido sentarse con calma a teclear sus ideas. A menos que no se trate de un súper héroe. Porque entre giras, pachangas y cumplimiento de sus obligaciones matrimoniales, a menos que no se haya dedicado a escribir su best seller durante muchos años, pues no veo cómo le pudo hacer. Si estoy blasfemando y fue él y solamente él quien escribió todo, le pido con toda humildad que nos pase la receta a quienes no estamos tan atareados como él y apenas podemos darle un espacio a la escritura.
Haciendo a un lado el detalle de la autoría, todavía estoy no solamente sorprendida, sino hasta indignada porque no puedo comprender cómo un priísta de pura cepa, uno que nació en el merito Atlacomulco, uno que creció y estudió y vivió gracias al sistema, tiene el descaro de criticar lo que el mismísimo PRI ha provocado.
Ya sé que los priístas van a comenzar a desgarrarse las vestiduras, pero ojalá fueran lo suficientemente humildes para reconocer que el “Estado disfuncional” del que habla Peña no tiene su origen 11 años atrás, cuando la derecha llegó al poder. En México nada funciona desde el momento en que por setenta años se vivió una dictadura de partido que hizo de nosotros una sociedad pobre, ignorante y reprimida.
Y lo más indignante es que el PRI quiere volver a las andadas, y pretende recetarnos otra vez sus viejas fórmulas, con la diferencia que ahora le apuesta todo a la imagen de niño bonito de un candidato hueco. Y ni siquiera Manlio Fabio Beltrones pudo con el paquete de enfrentarse al nuevo galán de telenovelas.
Por eso personalmente me da aún más rabia que el elegido del PRD no haya sido Marcelo Ebrard. Porque la carencia de un candidato fuerte, un candidato propositivo de la izquierda le da todavía más ventajas a Enrique Peña que como he dicho contínuamente en este espacio no es absolutamente una posibilidad de gobierno serio para nuestro país.
Del PAN ni hablar. Dos sexenios han sido suficientes para que los mexicanos no vuelvan a ceder a la tentación del “cambio” irracional. No se necesita mucho para saber que en la verdadera contienda por la presidencia el PAN no va a figurar, simplemente porque los miles de muertos provocados por la guerra al narcotráfico pesan demasiado en el ánimo popular.
Como dije al inicio, la situación vista desde afuera se puede analizar mejor. Y sin querer aparecer simplemente como una “contreras” más, me siento obligada a decir el panorama político mexicano se ve simplemente desolador. El problema es que cuando la democracia no es la solución, los caminos que llevan a las respuestas no son precisamente los más fáciles ni los más adecuados. Dejémoslo al tiempo pero no perdamos de vista que México, el verdadero, el del ciudadano de a pie simplemente ya no da para más.
23 noviembre 2011
Esta semana, después de leer las novedades electorales en México, no tengo otro remedio que hablar de lo mucho que me preocupa lo que ocurre y de lo difícil que se presenta el panorama para nuestro país.
No quiero pecar de pesimista. Simplemente estoy buscando de analizar la situación con la mayor objetividad posible. Dicen que observar los problemas desde afuera, sin estar involucrado en ellos, permite una visión amplia de los elementos que lo componen.
Y desde afuera, honestamente, creo que México en este momento no cuenta con una posibilidad real, con una opción que le pueda ayudar seriamente a mejorar.
Vayamos por partes. Hace algunos días empezaron las descepciones. Para quienes pensábamos que la izquierda mexicana había aprendido algo de sus últimas derrotas, para quienes creímos que había quedado claro que la propuesta del PRD debe ser concreta, el golpe fue bastante serio.
El pasado 15 de noviembre, el partido del sol azteca determinó luego de realizar encuestas entre la militancia, que Andrés Manuel López Obrador participará en la contienda electoral de 2012.
Me sigo preguntando qué ha hecho López Obrador en los últimos años, si no criticar al gobierno por él denominado “espurio” y emitir juicios y sentencias contra toda la clase política mexicana, sin importar a qué partido o corriente pertenezca.
Otra de mis interrogantes es saber cómo le hizo para sobrevivir sin tener un trabajo formal y por último, quisiera saber si por lo menos se preparó mejor en materias fundamentales para poder aspirar seriamente a convertirse en el presidente de México.
Dicen que la voz del pueblo es la voz de Dios y sin duda la democracia es la máxima manifestación de la voluntad popular. Las encuestas realizadas por la izquierda seguramente arrojaron como resultado la preferencia de la mayoría por López Obrador, por encima de Marcelo Ebrard. Pero sinceramente creo que muchas veces el pueblo se equivoca y que los perredistas no consideraron que AMLO es una figura desgastada, bizarra y añeja.
López Obrador es el perdedor que no se resigna, el eterno derrotado que no reconoce su verdadera situación. Pretende ser como el ave fénix y resurgir de sus cenizas sin considerar que muy probablemente su tiempo ya pasó y que en este momento lo mejor para su corriente política es proponer caras nuevas, si quiere de veras competir y sobre todo, triunfar.
Se ve que AMLO tuvo mucho tiempo libre en estos años y que ha preparado un discurso que desde su punto de vista puede llegar a la ciudadanía. “construir una República amorosa, más humana e igualitaria, con dimensión social y grandeza espiritual.” Suena bonito. Nada más suena bonito.
Y a propósito de “bonito”... Está listo el otro aspirante a gobernar México a partir del 2012. Quién lo hubiera dicho hace solamente diez años. De Secretario de Administración en un gabinete de dudosa reputación a presidente de la República. Ni más ni menos.
La vida da sorpresas. Hace años Enrique Peña Nieto no era otra cosa que un muchachito fresa y guapillo que a parte de utilizar sus encantos para ligarse a las edecanes en los actos de gobierno, no tenía la mínima presencia pública.
Ahora el flamante casi candidato del tricolor a la presidencia se da el lujo de criticar el “Estado disfuncional” y afirma en su nuevo libro “que en estos años” precisamente ese “Estado disfuncional ha arrastrado a los mexicanos por una pendiente al ser incapaz de crear las condiciones mínimas de seguridad, crecimiento económico, empleo digno, educación y una seguridad social de calidad.”
Nada más para comenzar, digo con toda franqueza que dudo que el libro lo haya realmente escrito él, por la sencilla razón que no veo a qué hora haya podido sentarse con calma a teclear sus ideas. A menos que no se trate de un súper héroe. Porque entre giras, pachangas y cumplimiento de sus obligaciones matrimoniales, a menos que no se haya dedicado a escribir su best seller durante muchos años, pues no veo cómo le pudo hacer. Si estoy blasfemando y fue él y solamente él quien escribió todo, le pido con toda humildad que nos pase la receta a quienes no estamos tan atareados como él y apenas podemos darle un espacio a la escritura.
Haciendo a un lado el detalle de la autoría, todavía estoy no solamente sorprendida, sino hasta indignada porque no puedo comprender cómo un priísta de pura cepa, uno que nació en el merito Atlacomulco, uno que creció y estudió y vivió gracias al sistema, tiene el descaro de criticar lo que el mismísimo PRI ha provocado.
Ya sé que los priístas van a comenzar a desgarrarse las vestiduras, pero ojalá fueran lo suficientemente humildes para reconocer que el “Estado disfuncional” del que habla Peña no tiene su origen 11 años atrás, cuando la derecha llegó al poder. En México nada funciona desde el momento en que por setenta años se vivió una dictadura de partido que hizo de nosotros una sociedad pobre, ignorante y reprimida.
Y lo más indignante es que el PRI quiere volver a las andadas, y pretende recetarnos otra vez sus viejas fórmulas, con la diferencia que ahora le apuesta todo a la imagen de niño bonito de un candidato hueco. Y ni siquiera Manlio Fabio Beltrones pudo con el paquete de enfrentarse al nuevo galán de telenovelas.
Por eso personalmente me da aún más rabia que el elegido del PRD no haya sido Marcelo Ebrard. Porque la carencia de un candidato fuerte, un candidato propositivo de la izquierda le da todavía más ventajas a Enrique Peña que como he dicho contínuamente en este espacio no es absolutamente una posibilidad de gobierno serio para nuestro país.
Del PAN ni hablar. Dos sexenios han sido suficientes para que los mexicanos no vuelvan a ceder a la tentación del “cambio” irracional. No se necesita mucho para saber que en la verdadera contienda por la presidencia el PAN no va a figurar, simplemente porque los miles de muertos provocados por la guerra al narcotráfico pesan demasiado en el ánimo popular.
Como dije al inicio, la situación vista desde afuera se puede analizar mejor. Y sin querer aparecer simplemente como una “contreras” más, me siento obligada a decir el panorama político mexicano se ve simplemente desolador. El problema es que cuando la democracia no es la solución, los caminos que llevan a las respuestas no son precisamente los más fáciles ni los más adecuados. Dejémoslo al tiempo pero no perdamos de vista que México, el verdadero, el del ciudadano de a pie simplemente ya no da para más.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Era solamente un dictador soft...
Publicado en el Semanario Punto, Toluca.
16 noviembre 2011
Después de meses de ausencia retomo este espacio, no sin antes agradecer a mi amigo Guillermo Romero Zarazúa por la paciencia que me ha demostrado. Ninguna razón particular, ningún motivo grave me ha hecho dejar de escribir durante tanto tiempo.
Se ha tratado simplemente de una especie de hastío, un estado de ánimo que simplemente me ha impedido expresarme, por una sencilla razón: no tenía absolutamente nada que decir.
Simplemente los acontecimientos me rebasaron y francamente ver que la situación no cambiaba provocó en mi persona una especie de rabia, de impotencia. Ni en Italia ni en México parecía ocurrir nada.
Fueron días y meses decididamente estériles, y naturalmente, la situación me ponía en riesgo de parecer repetitiva. Pensé que seguir escribiendo era simplemente desperdiciar tinta y energía.
Hoy me siento casi aliviada y sobre todo contenta. Lo confieso, ya era una situación personal. Irracionalmente personal, Mi aversión hacia Silvio Berlusconi -confieso- llegó a la exageración. No es bueno, no es coherente, no es normal. Pero así ocurría.
Posiblemente mi odio hacia el personaje es el reflejo de mi aversión a lo que representa: la mentira, la hipocresía, el afán de vivir bien sin mucho esfuerzo a costillas de los demás.
Cuando llegué a vivir a Italia, hace ocho años, fue difícil comprender el sistema de gobierno. Acostumbrada a un país donde vaya como vaya los sexenios terminan, a pesar de obtener pésimos resultados, me resultaba francamente complicado concebir la posibilidad de que un gobierno pueda caer sin llegar a completar el tiempo por el cual teoricamente es electo.
En pocas palabras, a diferencia de lo que ocurre en México, siendo Italia una república parlamentaria, son precisamente las cámaras quienes dan o quitan la “confianza” al presidente del Consejo de Ministros, que sin una mayoría contundente simplemente tiene que hacer las maletas e irse a su casa sin chistar.
Eso fue precisamente lo que le sucedió a Berlusca. Su gobierno, cada vez más débil y desgastado llegó al punto en el que hasta sus mismos incondicionales decidieron abandonarlo y decidió renunciar, consciente de que no podría continuar porque no tenía a su favor el número necesario de diputados que le dieran estabilidad y le permitieran llegar hasta el final de su mandato, que estaba programado hasta el 2013.
Se tardaron los diputados. No obstante el hartazgo de la sociedad italiana, a pesar del ridículo constante en que Berlusconi expuso al país frente a la comunidad internacional, sus aliados continuaron a sostenerlo, hasta que un hecho particular propició su caída definitiva.
La situación económica italiana, que hasta el momento corre el serio riesgo de ir a la bancarrota, propició la presión extrema de la Unión Europea. Solamente así comenzaron a cambiar las circunstancias y Berlusconi se fue.
Sus seguidores todavía se están quejando por el modo en que miles de personas festejaron la renuncia del hoy ex premier. Personalmente creo que hasta le fue bien, porque sinceramente de continuar así probablemente el descontento social habría llegado a extremos inimaginables. Por lo menos no terminó como otros dictadores. Quizá porque en el fondo Berlusca era solamente un dictador soft.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras son seguramente aquellos que por años -para ser precisos, 17- vivieron encantados, o mejor dicho, manipulados con la idea de un “cambio” que nunca llegó.
Honestamente comienzo a sospechar que cuando un político propone grandes novedades, cambios arrolladores y maravillas varias, apoyándose sobre todo en los medios de comunicación y desplegando campañas innovadoras, posiblemente está buscando convencernos de votar por él para terminar dándonos más de lo mismo.
Encuentro elocuente el artículo pulicado por el diario español El País y firmado por Roberto Saviano, uno de los grandes opositores al gobierno berlusconiano. señala: “Los casi 20 años del Gobierno de Berlusconi han sido un arabesco: la línea más larga posible entre lo viejo y lo viejo que se hacía pasar por nuevo. Entre Democracia Cristiana y democracia cristiana. Cuántas mentiras en estos 20 años, cuántas mistificaciones.”
Nadie mejor que Saviano, un escritor y periodista importante para describir lo que Berlusconi ha sido, ha representado.
He siempre dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Es evidente que Berlusconi no habría llegado al poder sin el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Desafortunadamente los 17 años de berlusconismo no son sino el reflejo de la decadencia de un país que, pudiendo mantenerse a la vanguardia, ha frenado su crecimiento postguerra y de ser considerado el “milagro italiano” ha dado marcha atrás y hoy está a un paso del desastre.
Retomo a Saviano: “En Italia, el sector público está en la ruina, la sanidad no tiene unos estándares dignos de Europa, la escuela, la Universidad y la investigación renquean. Durante años el Parlamento se ha dedicado a discutir, enmendar y votar leyes ad personam y leyes que hemos denominado ad aziendam”.
Me he siempre preguntado por qué Alemania y Japón, los otros dos países perdedores de la Segunda Guerra Mundial lograron levantarse de sus cenizas y superando derrotas dolorosas se convirtieron en pocas décadas en potencias económicas. Italia a fin de cuentas fue el país del Eje menos penalizado.
Ni le pusieron un muro ni le lanzaron dos bombas atómicas. Partió en ventaja y tuvo todo para crecer. Sin embargo sufrió y sigue sufriendo las consecuencias de elecciones equivocadas.
¿Acaso tendrá que ver la naturaleza desordenada, pasional, irracional de los pueblos latinos? ¿Será esta la causa de los sufrimientos del país? Como teoría me parece arriesgada, pero no la veo lejana de la realidad.
El punto es que el panorama italiano es triste. Desolador.
Aunque duela pensarlo, Berlusconi se fue pero el berlusconismo no. Y seguramente no faltarà quien diga que la situación era mejor cuando él ostentaba el poder, así como no falta quien todavía sostiene que eran mejores los tiempos de Mussolini.
El nuevo premier, Mario Monti no la tiene fácil. De él se dicen muchas cosas. Hay quien sostiene que trabajará para favorecer a las obscuras fuerzas financieras y que nada bueno puede traer a los italianos. Hay quien piensa que su gobierno durará poco y dará paso a unas elecciones donde de cualquier manera no hay mucho de dónde escoger.
Los más optimistas ven con buenos ojos que Italia tenga un gobierno “técnico” y no político, quizá porque de políticos es precisamente de lo que estamos hartos en el mundo, no solamente en el país de la bota.
Como sea, todo lo que se diga por el momento corresponde solamente al mundo de las especulaciones. La única situación seria y concreta es que Berlusconi se fue, para satisfacción de los seres pensantes de Italia y de cualquier manera estamos hablando de un país al borde del precipicio económico.
Vienen días intensos e interesantes. No olvidemos que Europa entera está en riesgo y que después de Italia, Francia y España podrían caer. No perdamos de vista que en este momento histórico hay solamente un Dios que exige sacrificios: se llama dinero y reina soberano entre todos los pueblos de la tierra. A fin de cuentas, librándonos de Berlusconi simplemente salimos de Guatepeor... pero no nos libramos de quedar en Guatemala... El mundo está así, y poco se puede hacer.
16 noviembre 2011
Después de meses de ausencia retomo este espacio, no sin antes agradecer a mi amigo Guillermo Romero Zarazúa por la paciencia que me ha demostrado. Ninguna razón particular, ningún motivo grave me ha hecho dejar de escribir durante tanto tiempo.
Se ha tratado simplemente de una especie de hastío, un estado de ánimo que simplemente me ha impedido expresarme, por una sencilla razón: no tenía absolutamente nada que decir.
Simplemente los acontecimientos me rebasaron y francamente ver que la situación no cambiaba provocó en mi persona una especie de rabia, de impotencia. Ni en Italia ni en México parecía ocurrir nada.
Fueron días y meses decididamente estériles, y naturalmente, la situación me ponía en riesgo de parecer repetitiva. Pensé que seguir escribiendo era simplemente desperdiciar tinta y energía.
Hoy me siento casi aliviada y sobre todo contenta. Lo confieso, ya era una situación personal. Irracionalmente personal, Mi aversión hacia Silvio Berlusconi -confieso- llegó a la exageración. No es bueno, no es coherente, no es normal. Pero así ocurría.
Posiblemente mi odio hacia el personaje es el reflejo de mi aversión a lo que representa: la mentira, la hipocresía, el afán de vivir bien sin mucho esfuerzo a costillas de los demás.
Cuando llegué a vivir a Italia, hace ocho años, fue difícil comprender el sistema de gobierno. Acostumbrada a un país donde vaya como vaya los sexenios terminan, a pesar de obtener pésimos resultados, me resultaba francamente complicado concebir la posibilidad de que un gobierno pueda caer sin llegar a completar el tiempo por el cual teoricamente es electo.
En pocas palabras, a diferencia de lo que ocurre en México, siendo Italia una república parlamentaria, son precisamente las cámaras quienes dan o quitan la “confianza” al presidente del Consejo de Ministros, que sin una mayoría contundente simplemente tiene que hacer las maletas e irse a su casa sin chistar.
Eso fue precisamente lo que le sucedió a Berlusca. Su gobierno, cada vez más débil y desgastado llegó al punto en el que hasta sus mismos incondicionales decidieron abandonarlo y decidió renunciar, consciente de que no podría continuar porque no tenía a su favor el número necesario de diputados que le dieran estabilidad y le permitieran llegar hasta el final de su mandato, que estaba programado hasta el 2013.
Se tardaron los diputados. No obstante el hartazgo de la sociedad italiana, a pesar del ridículo constante en que Berlusconi expuso al país frente a la comunidad internacional, sus aliados continuaron a sostenerlo, hasta que un hecho particular propició su caída definitiva.
La situación económica italiana, que hasta el momento corre el serio riesgo de ir a la bancarrota, propició la presión extrema de la Unión Europea. Solamente así comenzaron a cambiar las circunstancias y Berlusconi se fue.
Sus seguidores todavía se están quejando por el modo en que miles de personas festejaron la renuncia del hoy ex premier. Personalmente creo que hasta le fue bien, porque sinceramente de continuar así probablemente el descontento social habría llegado a extremos inimaginables. Por lo menos no terminó como otros dictadores. Quizá porque en el fondo Berlusca era solamente un dictador soft.
Quienes hoy se rasgan las vestiduras son seguramente aquellos que por años -para ser precisos, 17- vivieron encantados, o mejor dicho, manipulados con la idea de un “cambio” que nunca llegó.
Honestamente comienzo a sospechar que cuando un político propone grandes novedades, cambios arrolladores y maravillas varias, apoyándose sobre todo en los medios de comunicación y desplegando campañas innovadoras, posiblemente está buscando convencernos de votar por él para terminar dándonos más de lo mismo.
Encuentro elocuente el artículo pulicado por el diario español El País y firmado por Roberto Saviano, uno de los grandes opositores al gobierno berlusconiano. señala: “Los casi 20 años del Gobierno de Berlusconi han sido un arabesco: la línea más larga posible entre lo viejo y lo viejo que se hacía pasar por nuevo. Entre Democracia Cristiana y democracia cristiana. Cuántas mentiras en estos 20 años, cuántas mistificaciones.”
Nadie mejor que Saviano, un escritor y periodista importante para describir lo que Berlusconi ha sido, ha representado.
He siempre dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Es evidente que Berlusconi no habría llegado al poder sin el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Desafortunadamente los 17 años de berlusconismo no son sino el reflejo de la decadencia de un país que, pudiendo mantenerse a la vanguardia, ha frenado su crecimiento postguerra y de ser considerado el “milagro italiano” ha dado marcha atrás y hoy está a un paso del desastre.
Retomo a Saviano: “En Italia, el sector público está en la ruina, la sanidad no tiene unos estándares dignos de Europa, la escuela, la Universidad y la investigación renquean. Durante años el Parlamento se ha dedicado a discutir, enmendar y votar leyes ad personam y leyes que hemos denominado ad aziendam”.
Me he siempre preguntado por qué Alemania y Japón, los otros dos países perdedores de la Segunda Guerra Mundial lograron levantarse de sus cenizas y superando derrotas dolorosas se convirtieron en pocas décadas en potencias económicas. Italia a fin de cuentas fue el país del Eje menos penalizado.
Ni le pusieron un muro ni le lanzaron dos bombas atómicas. Partió en ventaja y tuvo todo para crecer. Sin embargo sufrió y sigue sufriendo las consecuencias de elecciones equivocadas.
¿Acaso tendrá que ver la naturaleza desordenada, pasional, irracional de los pueblos latinos? ¿Será esta la causa de los sufrimientos del país? Como teoría me parece arriesgada, pero no la veo lejana de la realidad.
El punto es que el panorama italiano es triste. Desolador.
Aunque duela pensarlo, Berlusconi se fue pero el berlusconismo no. Y seguramente no faltarà quien diga que la situación era mejor cuando él ostentaba el poder, así como no falta quien todavía sostiene que eran mejores los tiempos de Mussolini.
El nuevo premier, Mario Monti no la tiene fácil. De él se dicen muchas cosas. Hay quien sostiene que trabajará para favorecer a las obscuras fuerzas financieras y que nada bueno puede traer a los italianos. Hay quien piensa que su gobierno durará poco y dará paso a unas elecciones donde de cualquier manera no hay mucho de dónde escoger.
Los más optimistas ven con buenos ojos que Italia tenga un gobierno “técnico” y no político, quizá porque de políticos es precisamente de lo que estamos hartos en el mundo, no solamente en el país de la bota.
Como sea, todo lo que se diga por el momento corresponde solamente al mundo de las especulaciones. La única situación seria y concreta es que Berlusconi se fue, para satisfacción de los seres pensantes de Italia y de cualquier manera estamos hablando de un país al borde del precipicio económico.
Vienen días intensos e interesantes. No olvidemos que Europa entera está en riesgo y que después de Italia, Francia y España podrían caer. No perdamos de vista que en este momento histórico hay solamente un Dios que exige sacrificios: se llama dinero y reina soberano entre todos los pueblos de la tierra. A fin de cuentas, librándonos de Berlusconi simplemente salimos de Guatepeor... pero no nos libramos de quedar en Guatemala... El mundo está así, y poco se puede hacer.
miércoles, 8 de junio de 2011
Libertad de expresión y espíritu crítico
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
08 junio, 2011
Escribo estas líneas mientras en México se celebra el día de la Libertad de Expresión. Sin duda, es un tema importante sobre todo si se considera la caótica situación actual de nuestro país. Es un momento crítico en el cual resulta no solamente necesaria, sino obligatoria la libertad de expresarnos, y como consecuencia, también la libertad de informar y ser informados.
Que quede claro: expresarse no es una libertad exclusiva de los medios de comunicación, sino un derecho fundamental de todos los seres humanos. Sin embargo, queda claro que son precisamente los medios los encargados de evidenciar y ejercer esa libertad.
El problema es cuando se abusa del privilegio de informar. Y la cosa se pone peor si en lugar de informar, se desperdicia la posibilidad de funcionar como contrapeso del poder.
Quiero dar un ejemplo que si bien no puedo mencionar como la situación general de los medios, es significativo. Lo encontré curioseando en la red. Se trata de una nota publicada por el diario online El Universal, que en su sección dedicada al estado de México da cuenta de que el candidato priísta a la gubernatura, Eruviel Avila Villegas, “disfruta de una quesadilla en Toluca”. Y completa: “Tras encabezar un mitin en la Alameda Central de la capital mexiquense, el candidato de la coalición "Unidos por Ti" comió en el puesto de "Doña Ofe" antes de continuar sus actividades de campaña”.
La nota está firmada por la reportera Denise Mackenzie. Y me sigo preguntando quién fue el valiente jefe de redacción que se atrevió a publicarla, olvidando que el espacio -virtual o real, es lo de menos- de un diario o de cualquier medio de comunicación debe ser aprovechado porque es precioso.
Quisiera saber si quienes son responsables de los contenidos en los medios han olvidado los conceptos fundamentales del periodismo. La noticia, definida como “una redacción o un relato que informa al público sobre un hecho novedoso o atípico, ocurrido dentro de una comunidad... es un hecho periodístico y constituye un recorte de la realidad que merece ser informado por su relevancia social.”
Relevancia social. Me gustaría saber realmente cuál es el porcentaje de información publicada que tiene seriamente relevancia social. Supongo que la cantidad es ridícula y que sin duda los periódicos y los noticiarios de los medios electrónicos de llenan de información intrascendente, porque a fin de cuentas se trata de llenar espacios con el fin de continuar a recibir ganancias económicas.
Volvemos al viejo tema: la información es un negocio y así se entiende. Obviamente el comportamiento de los medios responde sencillamente a las necesidades de consumo y venta de espacios.
Resulta difícil pensar en la libertad de expresión como un derecho de quienes en los últimos tiempos se han convertido simplemente en mercenarios de la información. Muy probablemente publicar que el candidato priísta se come una quesadilla en la Alameda de Toluca forma parte de un paquete especial hecho por el diario que obtendrá óptimas comisiones que quién sabe si llegarán a la reportera, que mientras tanto firma y con ello pone su nombre en evidencia como autora de una de las notas más insulsas y sin sentido que hayan sido publicadas.
Y mientras tanto, no se ve claro el ejercicio de la libertad de expresión en la mayor parte de los medios, sobre todo en los que son más populares. Hay una complicidad que se percibe. Yo no hablo de represión.
Checando conceptos he encontrado uno del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, que dice que “todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación".
En México creo que ya pasaron los tiempos de la censura y el chantaje. Hoy cada medio es libre d e publicar lo que se le da la gana. La autoridad ha tenido el cuidado y la capacidad de poner un disfraz de democracia a los medios.
Se puede hablar de presidentes espurios y alcohólicos, se puede decir que hay complicidad con el crimen organizado. Claro que se puede. Mientras no se enteren las mayorías no hay problema. Pero si se trata de medios más importantes por su popularidad, entonces la cosa cambia.
Ahí se nota la complicidad de la que hablo. Y se ve que es el soborno, y no la intimidación la
estrategia que está funcionando.
Es la posibilidad de ganancias económicas la que permite el no-ejercicio pleno de la libertad de expresión en México. Es la asociación en busca el poder que prevalece. Por eso un medio “importante” por sus alcances no puede hacer otra cosa que publicar que el candidato priísta mexiquense es un ejemplo de sencillez y come quesadillas como cualquier hijo de vecino, mientras otras publicaciones mucho menos importantes no encuentran la forma de hacer entender a la sociedad que Eruviel Ávila no es precisamente la mejor solución para gobernar una entidad llena de problemas de todo tipo.
No es que no se pueda expresar lo que se quiere. Es simplemente que no se quiere expresar lo que se puede. Simplemente porque los medios son un negocio y para que un negocio funcione, se mantenga y eventualmente crezca, es necesario ceder.
08 junio, 2011
Escribo estas líneas mientras en México se celebra el día de la Libertad de Expresión. Sin duda, es un tema importante sobre todo si se considera la caótica situación actual de nuestro país. Es un momento crítico en el cual resulta no solamente necesaria, sino obligatoria la libertad de expresarnos, y como consecuencia, también la libertad de informar y ser informados.
Que quede claro: expresarse no es una libertad exclusiva de los medios de comunicación, sino un derecho fundamental de todos los seres humanos. Sin embargo, queda claro que son precisamente los medios los encargados de evidenciar y ejercer esa libertad.
El problema es cuando se abusa del privilegio de informar. Y la cosa se pone peor si en lugar de informar, se desperdicia la posibilidad de funcionar como contrapeso del poder.
Quiero dar un ejemplo que si bien no puedo mencionar como la situación general de los medios, es significativo. Lo encontré curioseando en la red. Se trata de una nota publicada por el diario online El Universal, que en su sección dedicada al estado de México da cuenta de que el candidato priísta a la gubernatura, Eruviel Avila Villegas, “disfruta de una quesadilla en Toluca”. Y completa: “Tras encabezar un mitin en la Alameda Central de la capital mexiquense, el candidato de la coalición "Unidos por Ti" comió en el puesto de "Doña Ofe" antes de continuar sus actividades de campaña”.
La nota está firmada por la reportera Denise Mackenzie. Y me sigo preguntando quién fue el valiente jefe de redacción que se atrevió a publicarla, olvidando que el espacio -virtual o real, es lo de menos- de un diario o de cualquier medio de comunicación debe ser aprovechado porque es precioso.
Quisiera saber si quienes son responsables de los contenidos en los medios han olvidado los conceptos fundamentales del periodismo. La noticia, definida como “una redacción o un relato que informa al público sobre un hecho novedoso o atípico, ocurrido dentro de una comunidad... es un hecho periodístico y constituye un recorte de la realidad que merece ser informado por su relevancia social.”
Relevancia social. Me gustaría saber realmente cuál es el porcentaje de información publicada que tiene seriamente relevancia social. Supongo que la cantidad es ridícula y que sin duda los periódicos y los noticiarios de los medios electrónicos de llenan de información intrascendente, porque a fin de cuentas se trata de llenar espacios con el fin de continuar a recibir ganancias económicas.
Volvemos al viejo tema: la información es un negocio y así se entiende. Obviamente el comportamiento de los medios responde sencillamente a las necesidades de consumo y venta de espacios.
Resulta difícil pensar en la libertad de expresión como un derecho de quienes en los últimos tiempos se han convertido simplemente en mercenarios de la información. Muy probablemente publicar que el candidato priísta se come una quesadilla en la Alameda de Toluca forma parte de un paquete especial hecho por el diario que obtendrá óptimas comisiones que quién sabe si llegarán a la reportera, que mientras tanto firma y con ello pone su nombre en evidencia como autora de una de las notas más insulsas y sin sentido que hayan sido publicadas.
Y mientras tanto, no se ve claro el ejercicio de la libertad de expresión en la mayor parte de los medios, sobre todo en los que son más populares. Hay una complicidad que se percibe. Yo no hablo de represión.
Checando conceptos he encontrado uno del premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, que dice que “todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación".
En México creo que ya pasaron los tiempos de la censura y el chantaje. Hoy cada medio es libre d e publicar lo que se le da la gana. La autoridad ha tenido el cuidado y la capacidad de poner un disfraz de democracia a los medios.
Se puede hablar de presidentes espurios y alcohólicos, se puede decir que hay complicidad con el crimen organizado. Claro que se puede. Mientras no se enteren las mayorías no hay problema. Pero si se trata de medios más importantes por su popularidad, entonces la cosa cambia.
Ahí se nota la complicidad de la que hablo. Y se ve que es el soborno, y no la intimidación la
estrategia que está funcionando.
Es la posibilidad de ganancias económicas la que permite el no-ejercicio pleno de la libertad de expresión en México. Es la asociación en busca el poder que prevalece. Por eso un medio “importante” por sus alcances no puede hacer otra cosa que publicar que el candidato priísta mexiquense es un ejemplo de sencillez y come quesadillas como cualquier hijo de vecino, mientras otras publicaciones mucho menos importantes no encuentran la forma de hacer entender a la sociedad que Eruviel Ávila no es precisamente la mejor solución para gobernar una entidad llena de problemas de todo tipo.
No es que no se pueda expresar lo que se quiere. Es simplemente que no se quiere expresar lo que se puede. Simplemente porque los medios son un negocio y para que un negocio funcione, se mantenga y eventualmente crezca, es necesario ceder.
miércoles, 1 de junio de 2011
Cuando la violencia toca a los más débiles...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
01 junio, 2011
Esta semana sinceramente debo decir que de todas las noticias que he tenido la oportunidad de leer, hay una que me ha conmovido particularmente. Se trata del premio que recibió hace algunos días la profesora regiomontana Martha Rivera.
Todo comenzó cuando a través de Youtube, fue posible ver en un video cómo esta maestra de un Kínder ubicado en Monterrey encontró la forma de mantener en calma a sus alumnos mientras cerca de la escuela había una balacera.
El video lo vi varias veces. Debo ser honesta. Me quedé con la boca abierta al inicio y después no pude contener las lágrimas.
¿Qué fue lo que provocó una reacción emotiva tan fuerte en mi persona? Simplemente el hecho de que no concibo, no imagino, no acepto bajo ninguna circunstancia el hecho que un grupo de niños tan pequeños y su profesora deban estar preparados para afrontar con calma una situación violenta.
Me siento simplemente ofendida por saber que el México de hoy vive un momento particularmente delicado.
Es una realidad dolorosa que posiblemente quienes vivimos en el extranjero y añoramos la patria no podemos aceptar tan facilmente.
Posiblemente quienes habitan en el país se han ido habituando paulatinamente a las circunstancias. A lo mejor se han resignado.
Desde mi humilde punto de vista, la violencia es consecuencia de muchos factores. Yo lo resumo en dos grandes causas: la economía que es un desastre y aumenta las diferencias sociales, por una parte y por otra la guerra contra el narcotráfico que ya no hace diferencia entre los civiles, los criminales y la autoridad.
El problema es que sea cual sea la causa, los mexicanos nos estamos acostumbrando a vivir con el miedo, a prevenir los atentados más inverosímiles a nuestra integridad física y a nuestra serenidad, y esto no es absolutamente aceptable.
Es indignante pensar en un grupo de niños pecho a tierra, cantando junto a su maestra para distraerse, mientras se escuchan disparos en el exterior. Se trata de una escena surreal, pero sobre todo debería ser un motivo más para que la sociedad se despiertara, se movilizara, exigiera, se hiciera sentir con toda su fuerza.
Después de conocer este caso, me parece todavía más ofensiva la declaración reciente del presidente Felipe Calderón, que durante la reciente cumbre mundial de viajes y turismo dijo que “la violencia en México se circunscribe sólo a algunos puntos y el resto del país se encuentra apacible”.
Dijo nuestro presidente “yo vi a miles, miles de spring breakers en México divirtiéndose y tengo entendido que los únicos disparos que recibieron eran de tequila, a muchos de ellos y nada pasó”.
Si el mismísimo titular del Ejecutivo hace como que no ve lo que está ocurriendo, las cosas están mucho más graves de lo que se piensa. Es como si quisiera negar los males que aquejan a la sociedad mexicana, como si de pronto se le ocurriera que es mejor tapar el sol con un dedo.
Y no se vale. O el presidente está mintiendo con alevosía o sencillamente ignora la realidad. O vive y gobierna otro país.
Pienso en los niños y en los adolescentes mexicanos. Acostumbrados a vivir en un clima violento, se están convirtiendo en víctimas de las circunstancias. Están aprendiendo a considerar la violencia como algo natural.
Curioseando en la red encontré algunos datos escalofriantes, siempre hablando de las nuevas generaciones de mexicanos.
“Las organizaciones civiles de México contabilizan aproximadamente 25.mil menores que están vinculados con el crimen organizado. Los niños que trabajan para el narco mexicano son víctimas del agresivo entorno social en el que se desenvuelven, según los expertos.”
De acuerdo con el sitio, investigaciones de algunos centros de estudios superiores arrojan que los adolescentes son víctimas del entorno agresivo en el que viven e ingresan a las organizaciones delictivas por seguir un ideal, por ignorancia o simplemente en busca de empleo.
Nada que ver con la realidad en que vive nuestro presidente, que parece no saber que los jóvenes mexicanos están creciendo antes de tiempo, que se están acostumbrando al miedo y no solamente eso, que muchos de ellos se están involucrando seriamente con la delincuencia.
Siempre en la red se reporta que el profesor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez Víctor Manuel Quintana considera que “los adolescentes enrolados en los carteles pueden cumplir diversas funciones. En primer lugar, son vigilantes que se ponen en las estaciones de gasolina y en las entradas y salidas de las carreteras para avisar a los narcotraficantes quién llega y quién sale de la zona de su influencia, pero el mayor problema es que está incrementándose el empleo de los niños como ejecutores”.
Creo que llegar al punto en que los pequeños se ven despojados de su infancia por culpa de la violencia, saber que desde edad temprana se pueden convertir ya sea en víctimas o protagonistas de la delincuencia debe ser un serio punto de reflexión para la sociedad mexicana, que está pasando por uno de los momentos más negros de su historia.
01 junio, 2011
Esta semana sinceramente debo decir que de todas las noticias que he tenido la oportunidad de leer, hay una que me ha conmovido particularmente. Se trata del premio que recibió hace algunos días la profesora regiomontana Martha Rivera.
Todo comenzó cuando a través de Youtube, fue posible ver en un video cómo esta maestra de un Kínder ubicado en Monterrey encontró la forma de mantener en calma a sus alumnos mientras cerca de la escuela había una balacera.
El video lo vi varias veces. Debo ser honesta. Me quedé con la boca abierta al inicio y después no pude contener las lágrimas.
¿Qué fue lo que provocó una reacción emotiva tan fuerte en mi persona? Simplemente el hecho de que no concibo, no imagino, no acepto bajo ninguna circunstancia el hecho que un grupo de niños tan pequeños y su profesora deban estar preparados para afrontar con calma una situación violenta.
Me siento simplemente ofendida por saber que el México de hoy vive un momento particularmente delicado.
Es una realidad dolorosa que posiblemente quienes vivimos en el extranjero y añoramos la patria no podemos aceptar tan facilmente.
Posiblemente quienes habitan en el país se han ido habituando paulatinamente a las circunstancias. A lo mejor se han resignado.
Desde mi humilde punto de vista, la violencia es consecuencia de muchos factores. Yo lo resumo en dos grandes causas: la economía que es un desastre y aumenta las diferencias sociales, por una parte y por otra la guerra contra el narcotráfico que ya no hace diferencia entre los civiles, los criminales y la autoridad.
El problema es que sea cual sea la causa, los mexicanos nos estamos acostumbrando a vivir con el miedo, a prevenir los atentados más inverosímiles a nuestra integridad física y a nuestra serenidad, y esto no es absolutamente aceptable.
Es indignante pensar en un grupo de niños pecho a tierra, cantando junto a su maestra para distraerse, mientras se escuchan disparos en el exterior. Se trata de una escena surreal, pero sobre todo debería ser un motivo más para que la sociedad se despiertara, se movilizara, exigiera, se hiciera sentir con toda su fuerza.
Después de conocer este caso, me parece todavía más ofensiva la declaración reciente del presidente Felipe Calderón, que durante la reciente cumbre mundial de viajes y turismo dijo que “la violencia en México se circunscribe sólo a algunos puntos y el resto del país se encuentra apacible”.
Dijo nuestro presidente “yo vi a miles, miles de spring breakers en México divirtiéndose y tengo entendido que los únicos disparos que recibieron eran de tequila, a muchos de ellos y nada pasó”.
Si el mismísimo titular del Ejecutivo hace como que no ve lo que está ocurriendo, las cosas están mucho más graves de lo que se piensa. Es como si quisiera negar los males que aquejan a la sociedad mexicana, como si de pronto se le ocurriera que es mejor tapar el sol con un dedo.
Y no se vale. O el presidente está mintiendo con alevosía o sencillamente ignora la realidad. O vive y gobierna otro país.
Pienso en los niños y en los adolescentes mexicanos. Acostumbrados a vivir en un clima violento, se están convirtiendo en víctimas de las circunstancias. Están aprendiendo a considerar la violencia como algo natural.
Curioseando en la red encontré algunos datos escalofriantes, siempre hablando de las nuevas generaciones de mexicanos.
“Las organizaciones civiles de México contabilizan aproximadamente 25.mil menores que están vinculados con el crimen organizado. Los niños que trabajan para el narco mexicano son víctimas del agresivo entorno social en el que se desenvuelven, según los expertos.”
De acuerdo con el sitio, investigaciones de algunos centros de estudios superiores arrojan que los adolescentes son víctimas del entorno agresivo en el que viven e ingresan a las organizaciones delictivas por seguir un ideal, por ignorancia o simplemente en busca de empleo.
Nada que ver con la realidad en que vive nuestro presidente, que parece no saber que los jóvenes mexicanos están creciendo antes de tiempo, que se están acostumbrando al miedo y no solamente eso, que muchos de ellos se están involucrando seriamente con la delincuencia.
Siempre en la red se reporta que el profesor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez Víctor Manuel Quintana considera que “los adolescentes enrolados en los carteles pueden cumplir diversas funciones. En primer lugar, son vigilantes que se ponen en las estaciones de gasolina y en las entradas y salidas de las carreteras para avisar a los narcotraficantes quién llega y quién sale de la zona de su influencia, pero el mayor problema es que está incrementándose el empleo de los niños como ejecutores”.
Creo que llegar al punto en que los pequeños se ven despojados de su infancia por culpa de la violencia, saber que desde edad temprana se pueden convertir ya sea en víctimas o protagonistas de la delincuencia debe ser un serio punto de reflexión para la sociedad mexicana, que está pasando por uno de los momentos más negros de su historia.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Los norteamericanos y sus fantasmas
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
04 mayo, 2011
Después de una larga pausa vacacional, es un verdadero placer escribir de nuevo. Lo mejor del caso es que esta semana hay asuntos importantes a nivel internacional. Desde la enorme tontería llamada boda real, pasando por la beatificación del papa Juan Pablo II.
Pero definitivamente los dos asuntos quedan en segundo plano y personalmente no puedo evitar hablar del caso más importante del momento: la muerte de Osama Bin Laden.
Hay mucho por decir, indudablemente, pero en realidad considero verdaderamente significativo observar la actitud de los ciudadanos estadounidenses, que salieron a las calles a festejar la muerte del maloso. Cosas que solamente pueden pasar en los Estados Unidos, me parece.
Una auténtica paradoja que un país que ha siempre mantenido una imagen de “justicia y bondad” frente al resto del mundo. Porque sin duda cada acción de los americanos, por bélica o bárbara que sea, ha sido ejecutada bajo el argumento de que todo lo hacen por mantener el equilibrio global.
Saber que ni más ni menos un Premio Nobel de la paz ordenó la muerte del terrorista más buscado del planeta, provoca escalofríos. Se pueden escribir páginas enteras acerca de este detalle.
Pero no hay que olvidar que con todo el perfume de santidad con el que desde el inicio han querido llenar a Barak Obama, éste no deja de ser el presidente de la nación más poderosa, y que sus objetivos serán siempre a favor del sistema del que forma parte.
Por otra parte, otro de los detalles que no se pueden pasar por alto es el modo extraño en que se dieron los acontecimientos. Sencillamente parece que quien se ocupa de la comunicación en el gobierno americano continúa a tratar a los habitantes de la aldea global como si fuéramos ingenuos, olvidando que en esta época cualquier acontecimiento puede ser documentado gracias a la tecnología.
Objetivamente, la más pura tradición indica que la derrota del enemigo debe ser mostrada al mundo, por una parte como advertencia y por otra como ostentación. Desde tiempos inmemoriales, las cabezas de los vencidos eran exhibidas en las plazas públicas.
Por eso no se entiende el motivo por el cual el cadáver de Osama Bin Laden fue “arrojado al mar” sin que por lo menos antes se hubieran capturado las imágenes como prueba contundente e inequívoca de su derrota.
Error garrafal. Porque a partir de esa carencia ha sido posible desencadenar toda la rumorología posible y porque además, la acción de los estadounidenses queda incompleta.
Aún cuando en los próximos días se publiquen fotografías y videos para demostrar lo ocurrido, seguramente el efecto no será el mismo, y continuarán a generarse más y más leyendas acerca de la presunta muerte del maloso.
El maloso... Es digno de considerar el modo en que durante los últimos diez años Osama Bin Laden se convirtió en la personificación misma de todos los males.
Su imagen y sus apariciones desencadenaban la más pura de las paranoias. Todos en alerta, todos en espera de posibles acciones terroristas. El mundo occidental completo se puso de rodillas y se llenó de miedo.
Desde entonces, comenzaron a acuñarse conceptos como “fundamentalismo islámico”, “kamikase”, “jihad”. En diez años el mundo se transformó y acciones tan simples como viajar en avión o hasta en metro en las grandes ciudades europeas se convirtieron en motivo de alerta. Lo dicho. Pura paranoia.
A partir de los atentados del 11 de septiembre del 2001, el mundo cambió y los países occidentales se pusieron más que nunca a disposición de los Estados Unidos. El cuento del terrorismo caló hondo y el miedo se apoderó de los ciudadanos.
Por miedo se inició en Iraq una de las guerras más estúpidas de los últimos tiempos. El miedo ha justificado acciones que han costado la muerte de muchos inocentes. Vivimos en una sociedad global asustada.
“El mundo está más tranquilo” a partir de la muerte de Bin Laden, dice Obama. Será por eso que los festejos multitudinarios parecen justificarse. Insisto en lo increíble que resulta observar cómo los americanos se reunían para festejar la muerte.
La muerte no se festeja. No es cristiano, dice la Iglesia católica. Yo creo que no es humano, así como creo que hay algo de “montaje” casi cinematográfico en toda la historia de Bin Laden, cuya muerte llega casualmente en un momento en que la popularidad de Obama necesita urgentemente reforzarse.
A fin de cuentas lo único que hay que agregar es después de la supuesta eliminación de un presunto terrorista, -y recalco: “supuesta” y“presunto”- habrá que esperar el próximo capítulo, porque será necesario encontrar un nuevo maloso que sirva de contrapeso e involuntariamente permita exaltar la figura de los buenos de la película: los gringos que, como siempre, no hacen otra cosa que preocuparse por la paz y la democracia del planeta, fungiendo como la policía del mundo y haciéndonos el favor de protegernos a todos, pobres indefensos que lo único que podemos y debemos hacer es agradecerles en todo momento su inmerecida protección.
04 mayo, 2011
Después de una larga pausa vacacional, es un verdadero placer escribir de nuevo. Lo mejor del caso es que esta semana hay asuntos importantes a nivel internacional. Desde la enorme tontería llamada boda real, pasando por la beatificación del papa Juan Pablo II.
Pero definitivamente los dos asuntos quedan en segundo plano y personalmente no puedo evitar hablar del caso más importante del momento: la muerte de Osama Bin Laden.
Hay mucho por decir, indudablemente, pero en realidad considero verdaderamente significativo observar la actitud de los ciudadanos estadounidenses, que salieron a las calles a festejar la muerte del maloso. Cosas que solamente pueden pasar en los Estados Unidos, me parece.
Una auténtica paradoja que un país que ha siempre mantenido una imagen de “justicia y bondad” frente al resto del mundo. Porque sin duda cada acción de los americanos, por bélica o bárbara que sea, ha sido ejecutada bajo el argumento de que todo lo hacen por mantener el equilibrio global.
Saber que ni más ni menos un Premio Nobel de la paz ordenó la muerte del terrorista más buscado del planeta, provoca escalofríos. Se pueden escribir páginas enteras acerca de este detalle.
Pero no hay que olvidar que con todo el perfume de santidad con el que desde el inicio han querido llenar a Barak Obama, éste no deja de ser el presidente de la nación más poderosa, y que sus objetivos serán siempre a favor del sistema del que forma parte.
Por otra parte, otro de los detalles que no se pueden pasar por alto es el modo extraño en que se dieron los acontecimientos. Sencillamente parece que quien se ocupa de la comunicación en el gobierno americano continúa a tratar a los habitantes de la aldea global como si fuéramos ingenuos, olvidando que en esta época cualquier acontecimiento puede ser documentado gracias a la tecnología.
Objetivamente, la más pura tradición indica que la derrota del enemigo debe ser mostrada al mundo, por una parte como advertencia y por otra como ostentación. Desde tiempos inmemoriales, las cabezas de los vencidos eran exhibidas en las plazas públicas.
Por eso no se entiende el motivo por el cual el cadáver de Osama Bin Laden fue “arrojado al mar” sin que por lo menos antes se hubieran capturado las imágenes como prueba contundente e inequívoca de su derrota.
Error garrafal. Porque a partir de esa carencia ha sido posible desencadenar toda la rumorología posible y porque además, la acción de los estadounidenses queda incompleta.
Aún cuando en los próximos días se publiquen fotografías y videos para demostrar lo ocurrido, seguramente el efecto no será el mismo, y continuarán a generarse más y más leyendas acerca de la presunta muerte del maloso.
El maloso... Es digno de considerar el modo en que durante los últimos diez años Osama Bin Laden se convirtió en la personificación misma de todos los males.
Su imagen y sus apariciones desencadenaban la más pura de las paranoias. Todos en alerta, todos en espera de posibles acciones terroristas. El mundo occidental completo se puso de rodillas y se llenó de miedo.
Desde entonces, comenzaron a acuñarse conceptos como “fundamentalismo islámico”, “kamikase”, “jihad”. En diez años el mundo se transformó y acciones tan simples como viajar en avión o hasta en metro en las grandes ciudades europeas se convirtieron en motivo de alerta. Lo dicho. Pura paranoia.
A partir de los atentados del 11 de septiembre del 2001, el mundo cambió y los países occidentales se pusieron más que nunca a disposición de los Estados Unidos. El cuento del terrorismo caló hondo y el miedo se apoderó de los ciudadanos.
Por miedo se inició en Iraq una de las guerras más estúpidas de los últimos tiempos. El miedo ha justificado acciones que han costado la muerte de muchos inocentes. Vivimos en una sociedad global asustada.
“El mundo está más tranquilo” a partir de la muerte de Bin Laden, dice Obama. Será por eso que los festejos multitudinarios parecen justificarse. Insisto en lo increíble que resulta observar cómo los americanos se reunían para festejar la muerte.
La muerte no se festeja. No es cristiano, dice la Iglesia católica. Yo creo que no es humano, así como creo que hay algo de “montaje” casi cinematográfico en toda la historia de Bin Laden, cuya muerte llega casualmente en un momento en que la popularidad de Obama necesita urgentemente reforzarse.
A fin de cuentas lo único que hay que agregar es después de la supuesta eliminación de un presunto terrorista, -y recalco: “supuesta” y“presunto”- habrá que esperar el próximo capítulo, porque será necesario encontrar un nuevo maloso que sirva de contrapeso e involuntariamente permita exaltar la figura de los buenos de la película: los gringos que, como siempre, no hacen otra cosa que preocuparse por la paz y la democracia del planeta, fungiendo como la policía del mundo y haciéndonos el favor de protegernos a todos, pobres indefensos que lo único que podemos y debemos hacer es agradecerles en todo momento su inmerecida protección.
miércoles, 13 de abril de 2011
E lustroso oficio del periodista
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
13 de abril, 2011
Esta semana he decidido tratar un asunto que aparentemente afecta solamente a un gremio, a un reducido número de profesionistas, pero que en realidad tiene que ver también con la sociedad en general y la calidad de la información que recibe.
Conversando con algunas personas que se dedican al periodismo, -amigos y colegas- me he quedado sorprendida porque he descubierto que la situación laboral del gremio no ha cambiado e incluso ha empeorado. Los salarios que perciben los profesionales de los medios de comunicación son simplemente vergonzosos.
Hay quien me dice que algunos periódicos, entre semanarios y diarios de los llamados locales contratan a sus periodistas pagandoles hasta dos mil quinientos pesos al mes. Por otro lado, he sabido que algunos medios electrónicos se dan el lujo de retribuir con sólo ocho mil pesos mensuales a sus trabajadores. No tengo palabras.
Evidentemente se trata de un caso claro de explotación. Esto explica la causa por la que muchos reporteros se ven obligados a “dobletear” y hasta “tripletear”. Difícilmente se encuentran personas que trabajen para un solo medio de comunicación, lo que evidentemente se ve reflejado en la calidad de su desempeño y por ello las publicaciones y los medios electrónicos simple y sencillamente carecen de información válida, útil para formar lo que se llama opinión pública.
Resulta obvio que este es uno de los motivos por los que los receptores difícilmente encontramos información exclusiva y bien trabajada. Cero periodismo de investigación, poca profundidad.
Si revisamos los diarios y escuchamos los noticiarios de radio y televisión, nos podemos dar cuenta de que las noticias simplemente se repiten, todos hablan de lo mismo en diferente tono, obedeciendo a las propias líneas editoriales, pero no hay siquiera una novedad que valga la pena.
Que quede claro: no quiero con esto decir que los periodistas son todos unos auténticos mártires, víctimas de la explotación de los empresarios de la información. Pero sí deseo hacer patente que una de las principales causas por los que no hay propuestas serias, especialmente en los medios locales, es la poca motivación económica hacia los reporteros.
Porque parece que a los empresarios de la comunicación se les olvida de repente que el periodismo es un trabajo y que quienes laboran en este ramo son personas con deseos, aspiraciones y necesidades como cualquier otra. Son trabajadores como todos, que tienen familias por mantener y simple y sencillamente deben ser retribuidos dignamente.
Quiero referirme a una experiencia personal. Hace algunos años, precisamente en 1998, en la ciudad de Toluca hubo un proyecto interesantísimo llamado Liberación, generación del cambio. Quienes tuvimos la fortuna de participar en él, nos dimos cuenta de la diferencia enorme que hay entre trabajar a destajo y sin motivación y hacerlo con entusiasmo por el gusto de dar calidad a los lectores, aprendiendo contínuamente y tratando de dar el máximo esfuerzo.
Evidentemente el proyecto no funcionó. Fueron miles las circunstancias que lo llevaron al fracaso, Pero seguramente una de las principales cualidades de aquel diario fue que quienes ahí trabajamos recibimos -mientras se pudo- un salario digno y prestaciones sociales. Todavía me está resonando en la cabeza el comentario hecho por el director de un diario local a un reportero gráfico salido de aquel proyecto: “Liberación les hizo daño a ustedes, porque con lo que pagaban a uno solo, yo puedo contratar a cuatro fotógrafos... en mi periódico lo primero que cuenta es el negocio, el periodismo pasa a segundo y hasta a tercer plano”.
Anécdota que describe tal cual la situación por la cual por desgráia todavía atraviesan mis colegas. Parece que son trabajadores de segunda categoría y que están obligados a laborar como obreros, por pieza, casi a destajo.
Todavía recuerdo mis inicios como reportera, cuando tuve la desvergüenza de presentar tres notas al director del diario para el que colaboraba. ¡Toda una osadía! Era un domingo por la tarde y recuerdo claramente que mi entoces jefe decidió que yo estaba obligada a presentar una nota más a cualquier costo. Me mandó a la calle a buscar la nota.
Recuerdo que escribí acerca de los comerciantes de la Alameda de Toluca. Todo era improvisado, incompleto, mal fundamentado. ¡Ah, pero eso sí, mi cuota la había cumplido! Y aunque resulte difícil creerlo, esa nota se publicó. Hay veces que lo importante para los diarios es llenar espacio, no cuenta realmente lo que se diga. Total, a nadie le interesa leer el periódico, que creo que aparte de servir como medio de comunicación entre políticos tiene más bien la función de madurar los aguacates, recoger la basura, limpiar los vidrios, pegarle al perro, recortar letras y fotos para las tareas de los niños, elaborar títeres y piñatas, hacer barcos de papel mil tareas más, según un divertido -y realista- correo electrónico que recibí hace algunos días.
De la radio y la tele, mejor ni hablamos. Tienen más atención los programas dedicados a la crónica rosa que los noticiarios.
De ahí que lo que les paguen a los pobres reporteros no importa. Su trabajo sigue siempre malbaratado y continúan así, cumpliendo su deber como pueden, sin la pasión ni el entusiasmo que requiere el oficio que una vez fue el más hermoso del mundo.
Se trata de un problema serio, que sin embargo no encuentra una solución inmediata porque tampoco es sencillo encontrar en el gremio la cohesión necesaria, la solidaridad y la capacidad de organización suficientes para exigir a los empresarios un trato digno. Pensar en un sindicato es sencillamente imposible. No hay líderes y tampoco hay interés.
Insisto en que tampoco estoy buscando canonizar a los reporteros, porque hay entre ellos también quienes con el pretexto de que ganan poco se venden al mejor postor, aceptan todo tipo de regalos y favorecen a quienes los tratan bien, olvidando todo principio de objetividad.
Pero por alguna parte debería comenzar una especie de dignificación de la actividad periodística. Una organización real que permita dignificar un trabajo pesado que requiere energía física y mental, una preparación intelectual importante, agilidad de pensamiento y de acción, en ocasiones espíritu de sacrificio y mucha, pero en verdad mucha vocación.
13 de abril, 2011
Esta semana he decidido tratar un asunto que aparentemente afecta solamente a un gremio, a un reducido número de profesionistas, pero que en realidad tiene que ver también con la sociedad en general y la calidad de la información que recibe.
Conversando con algunas personas que se dedican al periodismo, -amigos y colegas- me he quedado sorprendida porque he descubierto que la situación laboral del gremio no ha cambiado e incluso ha empeorado. Los salarios que perciben los profesionales de los medios de comunicación son simplemente vergonzosos.
Hay quien me dice que algunos periódicos, entre semanarios y diarios de los llamados locales contratan a sus periodistas pagandoles hasta dos mil quinientos pesos al mes. Por otro lado, he sabido que algunos medios electrónicos se dan el lujo de retribuir con sólo ocho mil pesos mensuales a sus trabajadores. No tengo palabras.
Evidentemente se trata de un caso claro de explotación. Esto explica la causa por la que muchos reporteros se ven obligados a “dobletear” y hasta “tripletear”. Difícilmente se encuentran personas que trabajen para un solo medio de comunicación, lo que evidentemente se ve reflejado en la calidad de su desempeño y por ello las publicaciones y los medios electrónicos simple y sencillamente carecen de información válida, útil para formar lo que se llama opinión pública.
Resulta obvio que este es uno de los motivos por los que los receptores difícilmente encontramos información exclusiva y bien trabajada. Cero periodismo de investigación, poca profundidad.
Si revisamos los diarios y escuchamos los noticiarios de radio y televisión, nos podemos dar cuenta de que las noticias simplemente se repiten, todos hablan de lo mismo en diferente tono, obedeciendo a las propias líneas editoriales, pero no hay siquiera una novedad que valga la pena.
Que quede claro: no quiero con esto decir que los periodistas son todos unos auténticos mártires, víctimas de la explotación de los empresarios de la información. Pero sí deseo hacer patente que una de las principales causas por los que no hay propuestas serias, especialmente en los medios locales, es la poca motivación económica hacia los reporteros.
Porque parece que a los empresarios de la comunicación se les olvida de repente que el periodismo es un trabajo y que quienes laboran en este ramo son personas con deseos, aspiraciones y necesidades como cualquier otra. Son trabajadores como todos, que tienen familias por mantener y simple y sencillamente deben ser retribuidos dignamente.
Quiero referirme a una experiencia personal. Hace algunos años, precisamente en 1998, en la ciudad de Toluca hubo un proyecto interesantísimo llamado Liberación, generación del cambio. Quienes tuvimos la fortuna de participar en él, nos dimos cuenta de la diferencia enorme que hay entre trabajar a destajo y sin motivación y hacerlo con entusiasmo por el gusto de dar calidad a los lectores, aprendiendo contínuamente y tratando de dar el máximo esfuerzo.
Evidentemente el proyecto no funcionó. Fueron miles las circunstancias que lo llevaron al fracaso, Pero seguramente una de las principales cualidades de aquel diario fue que quienes ahí trabajamos recibimos -mientras se pudo- un salario digno y prestaciones sociales. Todavía me está resonando en la cabeza el comentario hecho por el director de un diario local a un reportero gráfico salido de aquel proyecto: “Liberación les hizo daño a ustedes, porque con lo que pagaban a uno solo, yo puedo contratar a cuatro fotógrafos... en mi periódico lo primero que cuenta es el negocio, el periodismo pasa a segundo y hasta a tercer plano”.
Anécdota que describe tal cual la situación por la cual por desgráia todavía atraviesan mis colegas. Parece que son trabajadores de segunda categoría y que están obligados a laborar como obreros, por pieza, casi a destajo.
Todavía recuerdo mis inicios como reportera, cuando tuve la desvergüenza de presentar tres notas al director del diario para el que colaboraba. ¡Toda una osadía! Era un domingo por la tarde y recuerdo claramente que mi entoces jefe decidió que yo estaba obligada a presentar una nota más a cualquier costo. Me mandó a la calle a buscar la nota.
Recuerdo que escribí acerca de los comerciantes de la Alameda de Toluca. Todo era improvisado, incompleto, mal fundamentado. ¡Ah, pero eso sí, mi cuota la había cumplido! Y aunque resulte difícil creerlo, esa nota se publicó. Hay veces que lo importante para los diarios es llenar espacio, no cuenta realmente lo que se diga. Total, a nadie le interesa leer el periódico, que creo que aparte de servir como medio de comunicación entre políticos tiene más bien la función de madurar los aguacates, recoger la basura, limpiar los vidrios, pegarle al perro, recortar letras y fotos para las tareas de los niños, elaborar títeres y piñatas, hacer barcos de papel mil tareas más, según un divertido -y realista- correo electrónico que recibí hace algunos días.
De la radio y la tele, mejor ni hablamos. Tienen más atención los programas dedicados a la crónica rosa que los noticiarios.
De ahí que lo que les paguen a los pobres reporteros no importa. Su trabajo sigue siempre malbaratado y continúan así, cumpliendo su deber como pueden, sin la pasión ni el entusiasmo que requiere el oficio que una vez fue el más hermoso del mundo.
Se trata de un problema serio, que sin embargo no encuentra una solución inmediata porque tampoco es sencillo encontrar en el gremio la cohesión necesaria, la solidaridad y la capacidad de organización suficientes para exigir a los empresarios un trato digno. Pensar en un sindicato es sencillamente imposible. No hay líderes y tampoco hay interés.
Insisto en que tampoco estoy buscando canonizar a los reporteros, porque hay entre ellos también quienes con el pretexto de que ganan poco se venden al mejor postor, aceptan todo tipo de regalos y favorecen a quienes los tratan bien, olvidando todo principio de objetividad.
Pero por alguna parte debería comenzar una especie de dignificación de la actividad periodística. Una organización real que permita dignificar un trabajo pesado que requiere energía física y mental, una preparación intelectual importante, agilidad de pensamiento y de acción, en ocasiones espíritu de sacrificio y mucha, pero en verdad mucha vocación.
martes, 12 de abril de 2011
Todos los partidos son una maravilla...
Publicado en el diario online Primero estado de México. 10 de abril, 2011.
Hace algunos días, un hecho ocurrido en la red social me dejó mucho para pensar y reflexionar. Fue una de esas discusiones bizantinas que de pronto se inician gracias a la magia de Internet, que permite expresar ideas y posiciones en modo espontáneo y sin que intervenga ningún tipo de censura.
En realidad, creo que de alguna manera son las redes sociales las que están sustituyendo las muchas veces inútiles pero divertidísimas charlas de café, que no llevan a ninguna parte y en muchas ocasiones terminan con la paciencia de quienes participan, pero que en el fondo sirven como desahogo.
Esta vez, me topé con una persona clara, profunda y descaradamente priísta. Que quede claro: nada tiene de negativo militar en un partido político. Es un derecho fundamental asociarse y creer en lo que a cada quién se le pegue la gana. Si no, la libertad de expresión por la que tanto peleo sencillamente no existiría.
Lo que me dejó pensando fue darme cuenta de la postura de alguien que decididamente forma parte del “voto duro” del partidazo. En realidad, no es el único y obviamente su posición contrasta con la de quienes por fortuna no tenemos una militancia y no estamos interesados en comprometernos con ninguna expresión política.
En este momento seguramente los ánimos están encendidos y parece que los simpatizantes mexiquenses del PRI se sienten más que nunca llenos de energía y no solamente esperanzados, sino hasta confiados en que el partido de sus amores podrá retener la gubernatura de la entidad y con ello preparar un regreso triunfal a los Pinos.
De acuerdo. Todos tenemos derecho a esperar y a creer. Nadie niega a los simpatizantes del tricolor la posibilidad de creer. Pero cuando leo o escucho ciertos comentarios radicales, honestamente se me pone la carne de gallina.
“Mexico el pais de los dos presidentes violadores: uno ("el espurio") viola la Constitucion al mandar al ejercito a las calles; el otro ("el legitimo") se quiere reelegir. Conclusion: Mexico no merece algo asi, votemos por el PRI” Se dice el pecado, más no el pecador, sentencian en mi pueblo. No tengo intención de revelar quién es el autor de semejante exhorto.
Pero no puedo contener mi deseo profundo de que su invitación sea solamente producto de un momento de pasión política y que no sean muchos los seguidores de tal idea.
Mi razonamiento es simple: los tricolores tienen la memoria corta. Pero los azules tienen la visión corta y los amarillos tienen la capacidad de organización corta.
Puras carencias, por no decir puras vergüenzas.
El problema es que con tales carencias gobiernan o pretenden llegar a gobernar. Son pocas sus ideas y de sus acciones mejor ni hablamos. Todos parecen bien intencionados. Recordemos sin embargo que la conseja popular dice que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.
Me viene a la memoria la entrevista que hice hace muchos años a un priísta de la vieja guardia. Uno de esos que no conocía otra forma de vida política y social que no estuviera relacionada con el tricolor. Entoces me dijo: “el PRI es perfecto; su doctrina es perfecta, Lo que carece de perfección es su manera de gobernar.”
Nada más cierto. Que levante la mano quien no esté de acuerdo con la idea de justicia social que el PRI ha promovido durante décadas. Entendida como “la búsqueda de equilibrio entre partes desiguales, por medio de la creación de protecciones.... a favor de los más débiles”. El concepto es profundo y francamente no creo que haya una sola persona civilizada que no comparta la idea de que es necesario eliminar las profundas diferencias sociales que hay en nuestro país.
Pero objetivamente, todo ha quedado plasmado en los inútiles discursos de los políticos priístas que sin embargo, en 70 años de gobierno no supieron, no quisieron o no pudieron acabar con la tremenda polarización de clases que hoy nos hace lamentar profundamente que mientras el hombre más rico del mundo es mexicano, al menos el diez por ciento de la población vive en la pobreza extrema.
Esto no quiere decir que personalmente considere que las demás propuestas políticas son mejores. O mejor dicho: mientras se trata de proponer y no de actuar, la perfección de la que hablaba aquel viejo priísta vale también para el resto de los partidos.
Díganme por favor si alguien escaparía de una “patria ordenada y generosa”. Obviamente no. Porque si recordamos lo que el PAN propone a sus electores, nos daremos cuenta de que es simplemente razonable: “dignidad de la persona humana, bien común, solidaridad y subsidiariedad.” ¿Alguien podría decir que son principios equivocados? Evidentemente no.
Pero si nos remitimos a lo que hasta ahora han hecho los gobernantes panistas, está claro que sentimos una especie de pena ajena por personajes como Vicente Fox y Felipe Calderón y ya de rebote también por quienes inocentemente les dieron su voto.
¿Y los perredistas? Otra maravillosa propuesta: “el respeto a la voluntad ciudadana expresada en las urnas, la libertad de expresión, la defensa de los derechos civiles y el combate a la corrupción.” Lástima que hasta ahora ni siquiera entre ellos han logrado ponerse de acuerdo y viven más bien una especie de guerra de tribus, lo que los convierte en una fuerza política tan poco confiable que resulta complicado pensar en ellos como una posibilidad coherente.
El problema es serio. Refleja simplemente las carencias de una democracia incipiente que por desgracia da como resultado una clase política donde se lucha exclusivamente por llegar a gobernar sin saber exactamente cómo ejercer el poder para favorecer a los millones de mexicanos que están reclamando a gritos justicia social en una patria ordenada y generosa libre de expresarse, donde la corrupción no tenga lugar.
Por eso pienso que el voto duro es una de las posiciones más absurdas. No da la posibilidad de observar objetivamente a los candidatos, a las personas que aspiran a gobernar.
¿Qué sucedería si de alguna parte saliera un ciudadano capaz de proponer y hacer, sin abanderar ninguna de las desgastadas causas de los partidos políticos? A lo mejor dar paso a los ciudadanos que no abanderan viejas causas podría darnos la posibilidad de salir de la inercia que por desgracia nos mantiene viviendo mal y sin esperanzas.
Ojalá en alguna parte de nuestro México hubiera un líder en grado de llevar a la práctica al menos el diez por ciento de los principios maravillosos de las principales fuerzas políticas del país. Depende solamente de la capacidad de la sociedad civil, que necesita despertar y dejar de pensar que hasta antes del 2000 estábamos mal, pero ahora estamos peor y es necesario meter reversa. Me sigo preguntando ¿qué se necesita para despertar?
Hace algunos días, un hecho ocurrido en la red social me dejó mucho para pensar y reflexionar. Fue una de esas discusiones bizantinas que de pronto se inician gracias a la magia de Internet, que permite expresar ideas y posiciones en modo espontáneo y sin que intervenga ningún tipo de censura.
En realidad, creo que de alguna manera son las redes sociales las que están sustituyendo las muchas veces inútiles pero divertidísimas charlas de café, que no llevan a ninguna parte y en muchas ocasiones terminan con la paciencia de quienes participan, pero que en el fondo sirven como desahogo.
Esta vez, me topé con una persona clara, profunda y descaradamente priísta. Que quede claro: nada tiene de negativo militar en un partido político. Es un derecho fundamental asociarse y creer en lo que a cada quién se le pegue la gana. Si no, la libertad de expresión por la que tanto peleo sencillamente no existiría.
Lo que me dejó pensando fue darme cuenta de la postura de alguien que decididamente forma parte del “voto duro” del partidazo. En realidad, no es el único y obviamente su posición contrasta con la de quienes por fortuna no tenemos una militancia y no estamos interesados en comprometernos con ninguna expresión política.
En este momento seguramente los ánimos están encendidos y parece que los simpatizantes mexiquenses del PRI se sienten más que nunca llenos de energía y no solamente esperanzados, sino hasta confiados en que el partido de sus amores podrá retener la gubernatura de la entidad y con ello preparar un regreso triunfal a los Pinos.
De acuerdo. Todos tenemos derecho a esperar y a creer. Nadie niega a los simpatizantes del tricolor la posibilidad de creer. Pero cuando leo o escucho ciertos comentarios radicales, honestamente se me pone la carne de gallina.
“Mexico el pais de los dos presidentes violadores: uno ("el espurio") viola la Constitucion al mandar al ejercito a las calles; el otro ("el legitimo") se quiere reelegir. Conclusion: Mexico no merece algo asi, votemos por el PRI” Se dice el pecado, más no el pecador, sentencian en mi pueblo. No tengo intención de revelar quién es el autor de semejante exhorto.
Pero no puedo contener mi deseo profundo de que su invitación sea solamente producto de un momento de pasión política y que no sean muchos los seguidores de tal idea.
Mi razonamiento es simple: los tricolores tienen la memoria corta. Pero los azules tienen la visión corta y los amarillos tienen la capacidad de organización corta.
Puras carencias, por no decir puras vergüenzas.
El problema es que con tales carencias gobiernan o pretenden llegar a gobernar. Son pocas sus ideas y de sus acciones mejor ni hablamos. Todos parecen bien intencionados. Recordemos sin embargo que la conseja popular dice que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.
Me viene a la memoria la entrevista que hice hace muchos años a un priísta de la vieja guardia. Uno de esos que no conocía otra forma de vida política y social que no estuviera relacionada con el tricolor. Entoces me dijo: “el PRI es perfecto; su doctrina es perfecta, Lo que carece de perfección es su manera de gobernar.”
Nada más cierto. Que levante la mano quien no esté de acuerdo con la idea de justicia social que el PRI ha promovido durante décadas. Entendida como “la búsqueda de equilibrio entre partes desiguales, por medio de la creación de protecciones.... a favor de los más débiles”. El concepto es profundo y francamente no creo que haya una sola persona civilizada que no comparta la idea de que es necesario eliminar las profundas diferencias sociales que hay en nuestro país.
Pero objetivamente, todo ha quedado plasmado en los inútiles discursos de los políticos priístas que sin embargo, en 70 años de gobierno no supieron, no quisieron o no pudieron acabar con la tremenda polarización de clases que hoy nos hace lamentar profundamente que mientras el hombre más rico del mundo es mexicano, al menos el diez por ciento de la población vive en la pobreza extrema.
Esto no quiere decir que personalmente considere que las demás propuestas políticas son mejores. O mejor dicho: mientras se trata de proponer y no de actuar, la perfección de la que hablaba aquel viejo priísta vale también para el resto de los partidos.
Díganme por favor si alguien escaparía de una “patria ordenada y generosa”. Obviamente no. Porque si recordamos lo que el PAN propone a sus electores, nos daremos cuenta de que es simplemente razonable: “dignidad de la persona humana, bien común, solidaridad y subsidiariedad.” ¿Alguien podría decir que son principios equivocados? Evidentemente no.
Pero si nos remitimos a lo que hasta ahora han hecho los gobernantes panistas, está claro que sentimos una especie de pena ajena por personajes como Vicente Fox y Felipe Calderón y ya de rebote también por quienes inocentemente les dieron su voto.
¿Y los perredistas? Otra maravillosa propuesta: “el respeto a la voluntad ciudadana expresada en las urnas, la libertad de expresión, la defensa de los derechos civiles y el combate a la corrupción.” Lástima que hasta ahora ni siquiera entre ellos han logrado ponerse de acuerdo y viven más bien una especie de guerra de tribus, lo que los convierte en una fuerza política tan poco confiable que resulta complicado pensar en ellos como una posibilidad coherente.
El problema es serio. Refleja simplemente las carencias de una democracia incipiente que por desgracia da como resultado una clase política donde se lucha exclusivamente por llegar a gobernar sin saber exactamente cómo ejercer el poder para favorecer a los millones de mexicanos que están reclamando a gritos justicia social en una patria ordenada y generosa libre de expresarse, donde la corrupción no tenga lugar.
Por eso pienso que el voto duro es una de las posiciones más absurdas. No da la posibilidad de observar objetivamente a los candidatos, a las personas que aspiran a gobernar.
¿Qué sucedería si de alguna parte saliera un ciudadano capaz de proponer y hacer, sin abanderar ninguna de las desgastadas causas de los partidos políticos? A lo mejor dar paso a los ciudadanos que no abanderan viejas causas podría darnos la posibilidad de salir de la inercia que por desgracia nos mantiene viviendo mal y sin esperanzas.
Ojalá en alguna parte de nuestro México hubiera un líder en grado de llevar a la práctica al menos el diez por ciento de los principios maravillosos de las principales fuerzas políticas del país. Depende solamente de la capacidad de la sociedad civil, que necesita despertar y dejar de pensar que hasta antes del 2000 estábamos mal, pero ahora estamos peor y es necesario meter reversa. Me sigo preguntando ¿qué se necesita para despertar?
Los medios que construyen la realidad
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
05 de abril, 2011
Esta semana me he detenido un poco a reflexionar, a propósito de los últimos acontecimientos ocurridos en todo el mundo. Desde el sismo de Japón hasta la guerra en Libia, pasando por los asuntos locales tanto de México como de Italia.
Debo decir que sinceramente cada una de las situaciones que se viven en el planeta son importantes y causan serios efectos, algunas veces a nivel global y especialmente en materia económica. Pero también es necesario agregar que cobran mayor o menor importacia de acuerdo con el interés que reciben de parte de los medios de comunicación.
Es casi sistemático. Cada hecho “vive” en la memoria colectiva, alcanza un grado de importancia determinado de acuerdo con la atención que provoca. Si la radio y la televisión le dan un peso específico importante, seguramente los receptores, el público, la masa, la sociedad o como se nos ocurra llamar a quienes vienen bombardeados de información se sentirán involucrados y afectados, por lejano a su vida cotidiana que la situación parezca.
Por eso me doy cuenta de que los medios de comunicación no son otra cosa que creadores de la realidad, a conveniencia de un sistema que incluye principalmente intereses económicos. De repente, la atención se concentra en la desgracia de los japoneses, y la reacción es inmediata: se dejan sentir la solidaridad y la preocupación, y se despierta una tremenda conciencia colectiva que es capaz de solidarizarse con un pueblo que horas antes era simplemente considerado como lejano.
Los hechos han despertado una especie de reconocimiento y casi pánico colectivo hacia los riesgos que representa el manejo inadecuado de la energía nuclear. En este lado del Atlántico he podido ver cómo un sector importante de la población se manifiesta preocupado porque considera que si hasta los japoneses, reconocidos mundialmente como un pueblo ordenado y con bajísimos niveles de corrupción y un alto sentido de responsabilidad social han fallado y ante la catástrofe se han descubierto sus carencias en cuanto al manejo de la energía alternativa, entonces el pueblo italiano, que no se caracteriza precisamente por su capacidad de organización, será inadecuado para gestir plantas nucleares.
Y el tema ha sido indudablemente uno de los más difundidos en los últimos tiempos. Debates, gritos y sombrerazos han sido el pan cotidiano que los medios de comunicación del país de la bota han dado al pueblo.
Luego se han ocupado de hablar de la guerra en Libia. Días enteros de transmisiones ininterrumpidas que narraban los bombardeos al país gobernado por Gheddafi. Hasta en la sopa tuvimos que ver los pleitos internos de las fuerzas de occidente que peleaban por el control de la misión.
Pero hace ya una semana que no se dice practicamente nada. Al menos en Italia nadie se preocupa más por los ataques a Libia y las posibles víctimas civiles. Y el bombardeo no ha cesado. Existe, pero al mismo tiempo no, porque los medios casi ya no hablan de esto.
El tema de hoy en los medios es la llegada constante de inmigrantes ilegales que desde Túnez y la misma Libia están llegando a las costas de la isla siciliana de Lampedusa. Ha habido necesidad de llevarlos hacia otros puntos de Italia mientras la comunidad europea hace oídos sordos y Francia cierra descaradamente sus fronteras, para de esta manera dejar todo el paquete a las autoridades italianas, que luchan desesperadamente para frenar la llegada masiva que el presidente del consejo, Silvio Berlusconi ha llamado “el tsunami humano”.
Pero seguramente dentro de poco no será importante tampoco la llegada de los inmigrantes, porque algún otro tema ocupará su lugar. A fin de cuentas, ese es el sentido de los medios de comunicación: hacer que los hechos existan o desaparezcan.
Cuando estas líneas serán publicadas, el seis de abril habrá pasado y seguramente no habrá ocurrido absolutamente nada respecto al famoso caso “Ruby”, que en su momento ha ocupado todos los espacios de los medios italianos. Me refiero al proceso que involucra Berlusconi, acusado de fomentar la prostitución de una menor de edad y de haber abusado de su autoridad al exigir la inmediata liberación de la joven Karima El Maroug, conocida como Ruby roba corazones.
La atención de los medios ha estado puesta en otros casos, pero el seis de abril es la fecha que se había fijado para la primera audiencia y seguramente de nuevo regresará el escándalo a ocupar planas y planas, tiempo en radio y en televisión y obviamente también en la red. Pero sin duda, algo ocurrirá y será posible distraer de nuevo la atención hacia otros temas.
Los medios son poder, tienen la capacidad de actuar a modo de intervenir en los acontecimientos, Callan o hablan. Ignoran o difunden y en eso radica su impresionante capacidad de crear la realidad. Los medios manipulan, y aunque suena más bien a lugar común, es inegable que hay una acción a nivel macro que mueve a la masa y determina su opinión y hasta su acción de frente a los acontecimientos que no serían importantes naturalmente, si no fueran tratados y difundidos por los medios.
Los fines de los medios pueden ser políticos, bélicos o económicos. La realidad existe, aunque nosotros no la conozcamos. El punto es cuando esa realidad se convierte en una parte de nuestra percepción cotidiana. Y aunque los medios no hablan de la realidad total, se ocupan de algunos fragmentos de ésta y la transforman en una verdad absoluta, manipulada de acuerdo con las diferentes ideologías y los distintos intereses.
Y aquí vale la pena considerar el nivel de ética y de responsabilidad de cada medio. Me atrevo a decir que ese nivel es en muchas ocasiones nulo. No perdamos de vista que los medios de comunicación son ante todo un negocio. Son empresas que viven de la difusión de los hechos, de esas pequeñas partes de realidad de acuerdo con su propia conveniencia.
En un mundo ideal, el papel de los medios sería el de el grupo crítico que contrastara al poder. En el mundo verdadero, los medios se han convertido en difusores de ideología, creadores de miedos, explotadores de morbo.
Hay una colección infinita de frases para definir el papel de los medios. Desde “reflejo de la realidad”, hasta “periodismo objetivo”, “periodismo independiente” o “periodismo puro”. Pero todas estas no son sino frases de venta, pura mercadotecnia que nada tiene que ver con el verdadero debate que los medios de comunicación debería tener con el poder, si cumpliera con su misión fundamental.
Vamos pensando un poco en hablar de lo que nadie habla, de proponer lo que nadie propone y dejemos a un lado esa exasperante “uniformidad” que hace que los medios simplemente digan lo mismo en diferentes maneras, sin proponer la verdadera investigación y sin ser auténticos cuestionadores del ejercicio del poder.
Esto implica acabar con privilegios, luchar contra la corriente. Pero posiblemente vale la pena, si es que se decide de una vez por todas aportar algo verdaderamente importante a la sociedad y no sólo a los bolsillos de unos cuantos.
05 de abril, 2011
Esta semana me he detenido un poco a reflexionar, a propósito de los últimos acontecimientos ocurridos en todo el mundo. Desde el sismo de Japón hasta la guerra en Libia, pasando por los asuntos locales tanto de México como de Italia.
Debo decir que sinceramente cada una de las situaciones que se viven en el planeta son importantes y causan serios efectos, algunas veces a nivel global y especialmente en materia económica. Pero también es necesario agregar que cobran mayor o menor importacia de acuerdo con el interés que reciben de parte de los medios de comunicación.
Es casi sistemático. Cada hecho “vive” en la memoria colectiva, alcanza un grado de importancia determinado de acuerdo con la atención que provoca. Si la radio y la televisión le dan un peso específico importante, seguramente los receptores, el público, la masa, la sociedad o como se nos ocurra llamar a quienes vienen bombardeados de información se sentirán involucrados y afectados, por lejano a su vida cotidiana que la situación parezca.
Por eso me doy cuenta de que los medios de comunicación no son otra cosa que creadores de la realidad, a conveniencia de un sistema que incluye principalmente intereses económicos. De repente, la atención se concentra en la desgracia de los japoneses, y la reacción es inmediata: se dejan sentir la solidaridad y la preocupación, y se despierta una tremenda conciencia colectiva que es capaz de solidarizarse con un pueblo que horas antes era simplemente considerado como lejano.
Los hechos han despertado una especie de reconocimiento y casi pánico colectivo hacia los riesgos que representa el manejo inadecuado de la energía nuclear. En este lado del Atlántico he podido ver cómo un sector importante de la población se manifiesta preocupado porque considera que si hasta los japoneses, reconocidos mundialmente como un pueblo ordenado y con bajísimos niveles de corrupción y un alto sentido de responsabilidad social han fallado y ante la catástrofe se han descubierto sus carencias en cuanto al manejo de la energía alternativa, entonces el pueblo italiano, que no se caracteriza precisamente por su capacidad de organización, será inadecuado para gestir plantas nucleares.
Y el tema ha sido indudablemente uno de los más difundidos en los últimos tiempos. Debates, gritos y sombrerazos han sido el pan cotidiano que los medios de comunicación del país de la bota han dado al pueblo.
Luego se han ocupado de hablar de la guerra en Libia. Días enteros de transmisiones ininterrumpidas que narraban los bombardeos al país gobernado por Gheddafi. Hasta en la sopa tuvimos que ver los pleitos internos de las fuerzas de occidente que peleaban por el control de la misión.
Pero hace ya una semana que no se dice practicamente nada. Al menos en Italia nadie se preocupa más por los ataques a Libia y las posibles víctimas civiles. Y el bombardeo no ha cesado. Existe, pero al mismo tiempo no, porque los medios casi ya no hablan de esto.
El tema de hoy en los medios es la llegada constante de inmigrantes ilegales que desde Túnez y la misma Libia están llegando a las costas de la isla siciliana de Lampedusa. Ha habido necesidad de llevarlos hacia otros puntos de Italia mientras la comunidad europea hace oídos sordos y Francia cierra descaradamente sus fronteras, para de esta manera dejar todo el paquete a las autoridades italianas, que luchan desesperadamente para frenar la llegada masiva que el presidente del consejo, Silvio Berlusconi ha llamado “el tsunami humano”.
Pero seguramente dentro de poco no será importante tampoco la llegada de los inmigrantes, porque algún otro tema ocupará su lugar. A fin de cuentas, ese es el sentido de los medios de comunicación: hacer que los hechos existan o desaparezcan.
Cuando estas líneas serán publicadas, el seis de abril habrá pasado y seguramente no habrá ocurrido absolutamente nada respecto al famoso caso “Ruby”, que en su momento ha ocupado todos los espacios de los medios italianos. Me refiero al proceso que involucra Berlusconi, acusado de fomentar la prostitución de una menor de edad y de haber abusado de su autoridad al exigir la inmediata liberación de la joven Karima El Maroug, conocida como Ruby roba corazones.
La atención de los medios ha estado puesta en otros casos, pero el seis de abril es la fecha que se había fijado para la primera audiencia y seguramente de nuevo regresará el escándalo a ocupar planas y planas, tiempo en radio y en televisión y obviamente también en la red. Pero sin duda, algo ocurrirá y será posible distraer de nuevo la atención hacia otros temas.
Los medios son poder, tienen la capacidad de actuar a modo de intervenir en los acontecimientos, Callan o hablan. Ignoran o difunden y en eso radica su impresionante capacidad de crear la realidad. Los medios manipulan, y aunque suena más bien a lugar común, es inegable que hay una acción a nivel macro que mueve a la masa y determina su opinión y hasta su acción de frente a los acontecimientos que no serían importantes naturalmente, si no fueran tratados y difundidos por los medios.
Los fines de los medios pueden ser políticos, bélicos o económicos. La realidad existe, aunque nosotros no la conozcamos. El punto es cuando esa realidad se convierte en una parte de nuestra percepción cotidiana. Y aunque los medios no hablan de la realidad total, se ocupan de algunos fragmentos de ésta y la transforman en una verdad absoluta, manipulada de acuerdo con las diferentes ideologías y los distintos intereses.
Y aquí vale la pena considerar el nivel de ética y de responsabilidad de cada medio. Me atrevo a decir que ese nivel es en muchas ocasiones nulo. No perdamos de vista que los medios de comunicación son ante todo un negocio. Son empresas que viven de la difusión de los hechos, de esas pequeñas partes de realidad de acuerdo con su propia conveniencia.
En un mundo ideal, el papel de los medios sería el de el grupo crítico que contrastara al poder. En el mundo verdadero, los medios se han convertido en difusores de ideología, creadores de miedos, explotadores de morbo.
Hay una colección infinita de frases para definir el papel de los medios. Desde “reflejo de la realidad”, hasta “periodismo objetivo”, “periodismo independiente” o “periodismo puro”. Pero todas estas no son sino frases de venta, pura mercadotecnia que nada tiene que ver con el verdadero debate que los medios de comunicación debería tener con el poder, si cumpliera con su misión fundamental.
Vamos pensando un poco en hablar de lo que nadie habla, de proponer lo que nadie propone y dejemos a un lado esa exasperante “uniformidad” que hace que los medios simplemente digan lo mismo en diferentes maneras, sin proponer la verdadera investigación y sin ser auténticos cuestionadores del ejercicio del poder.
Esto implica acabar con privilegios, luchar contra la corriente. Pero posiblemente vale la pena, si es que se decide de una vez por todas aportar algo verdaderamente importante a la sociedad y no sólo a los bolsillos de unos cuantos.
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