jueves, 9 de abril de 2009
Aquí América Latina
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lunes, 6 de abril de 2009
La crisis y la dignidad
01 de abril, 2009
Mientras preparaba mi colaboración de esta semana, una noticia publicada en la versión on line del diario italiano Corriere della Sera llamó mi atención a tal grado que decidí dedicarle estas reflexiones.
Resulta ser que en Francia, como una respuesta extrema a los efectos de la crisis, se están presentando cada vez con mayor frecuencia los casos de dependientes que toman como rehenes a sus propios patrones.
El caso que narra el Corriere, es el de Francois Henri Pinault, propietario de la multinacional de lujo PPR, quien fue detenido mientras se encontraba a bordo de un taxi por un grupo de trabajadores de su empresa.
La causa del secuestro es que dos de las empresas de Pinault, -conocido en México por ser el marido de la actriz Salma Hayek- es que dos de sus negocios, FNAC y Corporama han anunciado el despido de 1200 trabajadores.
Precisamente a las mencionadas empresas pertenecen los trabajadores que tomaron como rehén al magnate durante más de una hora. Al final Pinault fue liberado por la policía francesa que se presentó en el lugar del secuestro.
No es el primer caso. Ya antes los obreros de la Caterpillar, un grupo estadounidense que produce maquinaria para construcción y que había anunciado un recorte de 733 personas en Francia de un total de 22 mil despidos en todo el mundo, secuestraron a cuatro dirigentes de la empresa en su sede de Grenoble.
El objetivo de los trabajadores al detener a los dirigentes en la oficina del director era discutir con ellos para solicitarles que se organizara una reunión con miras a solucionar el problema.
Y aquí es donde no puedo pensar otra cosa que no sea el hecho que los franceses, con todo lo antipáticos y arrogantes que a veces pueden resultar, se merecen el mayor de los respetos por su capacidad de no agachar la cabeza, por la forma en que se organizan para protestar y porque saben cómo llamar a la solidaridad para conseguir sus objetivos.
No se trata como en México de organizar un paro inútil de transportistas con el fin de protestar contra el aumento del diesel. Recordemos que el hecho solamente causó molestias y no logró el consenso social, por la sencilla razón de que al parecer el aumento del combustible no parece causarle problemas a nadie, aunque en realidad es una situación que concierne a todos por el alza de precios en cascada que implica.
Tampoco es como en Italia, donde se organizan contínuamente paros y huelgas en todos los sectores, -desde los periodistas hasta los operadores de medios de transporte- que ya son parte de la vida cotidiana y en lugar de provocar efectos positivos y desatar la solidaridad de la población no pasan de ser motivo de molestia y causar problemas en la vida cotidiana.
Me queda claro que ni en México ni en Italia las protestas organizadas son una forma de presionar para solucionar problemas enarbolando causas justas. En Francia, en cambio, es tal la fuerza de la sociedad civil organizada que hay una alta probabilidad de mejorar la situación.
Basta recordar cómo en el 2006 los jóvenes franceses se lanzaron a la calle como una forma de protesta contra el empleo precario.
En aquellos tiempos, los universitarios, respaldados por colectivos sociales y políticos de izquierda se opusieron a la aprobación de una nueva ley que proponía que el primer empleo para los jóvenes tuviera un período obligatorio de prueba de dos años y que permitía el despido libre de los trabajadores menores de 26 años.
En lo que fue una auténtica revolución social, más de un millón de franceses se manifestaron en las calles de numerosas ciudades de su país para protestar contra lo que ellos consideraban una enorme discriminación laboral.
Y la ley del Contrat Première Embauche (Contrato de Primer Empleo) fue retirada. La protesta permanente de los ciudadanos de Francia se hizo sentir y fue efectiva en modo tal que el entonces presidente Jacques Chirac dio marcha atrás.
Esos son los resultados de haber movilizado tres millones de personas. Esos son los franceses en movimiento que hoy mismo de nuevo se rebelan, esta vez ante los efectos de la crisis y detienen por unas horas a uno de los hombres más ricos de su país con la finalidad de exigirle que no los prive de su trabajo y en cambio haga algún pequeño sacrificio.
Porque objetivamente, Pinault podría hacer algo para no dejar desprotegidas a mil 200 familias. No hablamos de un pobre empresario que a duras penas puede sostener la situación de sus negocios. Se trata de un hombre que cuenta con un patrimonio que en el 2007 ascendía a 14.5 millones de millones de euros, y que es propietario de un amplio grupo de empresas que van desde la Puma hasta la casa de subastas Christie's. Y de el depende el futuro de mil 200 familias que pueden quedarse sin alternativa alguna para subsistir.
En México uno de los hombres más ricos del planeta, Carlos Slim, predice “sin querer ser catastrofista” que la situación va a ser “delicada” y que “hay que prepararse para prever y no estar viendo las consecuencias después y no estar llorando".
En Italia, la segunda fortuna del país que es al mismo tiempo el presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, dice que en tiempo de crisis espera “que quien ha sido despedido se busque algo por hacer”, y se pone como ejemplo de uno que si hubiera perdido el empleo “no se quedaría con los brazos cruzados”.
En Francia, mientras tanto, los más desprotegidos se rebelan a su suerte. Por eso protestan, Y lo hacen con fuerza. No se dejan vencer y no se contentan. No se resignan. Y eso los enoblece y los dignifica.
Esa es precisamente la diferencia.
viernes, 27 de marzo de 2009
Iglesia, sida, preservativos....
24 de marzo, 2009
Esta semana he podido comprobar de nuevo una reciente teoría personal: cada vez que las declaraciones del Papa Benedicto XVI terminan en las primeras páginas de los diarios del mundo, es a causa no de pensamientos brillantes o ideas propositivas salidas de su boca, sino porque el líder católico deja ver al mundo su cerrazón, su intransigencia y el anacronismo de sus conceptos.
Esta vez el Papa ha hablado de uno de los problemas más serios que afligen a las sociedades de todo el mundo: el Sida. Entrevistado poco antes de su llegada a Camerún, Joseph Ratzinger declaró en conferencia de prensa que la epidemia de Sida “no se puede combatir con la distribución de preservativos, que por el contrario, aumentan el problema”.
Según el dirigente religioso, la via eficaz para combatir la difusión de la enfermedad es “una renovación espiritual y humana de la sexualidad”.
Lo que sorprende -además del hecho que por primera vez un Papa llama por su nombre a los preservativos- es que Ratzinger haya hablado de espiritualidad ante un problema real, material, visible y evidente que en este momento aflige a 33 millones de personas, de las cuales 27 millones viven en Africa.
Era lógico que de inmediato algunas naciones protestaran por lo que el Papa expresó. La Unión Europea señaló a través de su Comisión de Ayuda Humanitaria que “hay claras pruebas científicas que confirman el papel del preservativo en la pr los países evención del Sida, por lo cual se apoya activamente el uso de tal método, sobre todo en Africa y en en vías de desarrollo donde el Sida representa una emergencia, junto a la malaria y la tuberculosis”.
En Alemania, a través de un comunicado las ministras de la salud y de la cooperación económica expresaron que “los preservativos salvan la vida, tanto en Europa como en otros continentes... una moderna cooperación para el desarrollo debe dar a los pobres el acceso a medios de planificación familiar y entre estos entra particularmente el uso de preservativos, todo lo demás sería irresponsable”.
Por su parte, Francia a través de su ministro de asuntos exteriores, Eric Chevallier, se pronunció al respecto diciendo que “si bien no nos corresponde emitir un juicio acerca de la doctrina de la Iglesia, consideramos que frases como la expresada por el Papa ponen en peligro las políticas de salud pública y las prioridades de protección de la vida humana”.
Francia organizó precisamente durante el pasado fin de semana un maratón televisivo en que se recabaron gracias a la colaboración de los ciudadanos galos cinco millones 800 mil euros, no obstante los pequeños enfrentamientos entre católicos y activistas de la lucha contra el Sida y la protesta de la Conferencia Episcopal francesa porque el logotipo del maratón anti Sida fue expuesto en la pantalla mientras se transmitía la misa dominical.
Mientras tanto, el país de la bota sencillamente declinó expresar cualquier opinión respecto a las declaraciones del Papa, mostrando una vez más que tenerlo dentro del territorio italiano implica sujetarse y someterse a las ideas de su santidad.
¡Y qué ideas! Pensar intervenir espiritualmente en la vida sexual de las personas es no solamente una propuesta ridícula, sino un verdadero atentado contra la libertad de elección. El Papa debería estar al corriente de que los seres humanos normales tienen necesidades, impulsos y deseos, y que generalmente el ejercicio de la sexualidad forma parte de su proceso natural de vida.
Debería saber también que una de las formas para combatir el Sida es promover que las personas se protejan durante sus prácticas sexuales, practicas que no dejarán por la espiritualidad. Decir que distribuir preservativos no ayuda a disminuir el riesgo, es como querer tapar el sol con un dedo.
La gente continuará con su vida sexual, aunque al Papa no le agrade la idea, y no obstante la Iglesia considere sucio y pecaminoso todo lo que se haga al respecto fuera -y a veces hasta dentro- del matrimonio. La situación no va a cambiar, por más espiritualidad que los curas quieran imponer, mucho menos en los países africanos donde decididamente se tiene una concepción distinta de la práctica del sexo.
Habría que pensar en la forma de vivir de otras sociedades cuyo concepto de la sexualidad es completamente diverso, e incluso opuesto al que la Iglesia Católica promueve o mejor dicho, pretende imponer.
Hablando con objetividad, el Papa Ratzinger hasta ahora ha mostrado poca voluntad de camúbio y no parece que le importe mucho mejorar la imagen que la sociedad del siglo XXI tiene del catolicismo. Es inamovible, rígido y con algunas acciones ha demostrado su afán por volver a prácticas y creencias oscurantistas. Basta recordar que la institución religiosa que dirige Ratzinger está dando de nuevo auge a las indulgencias, es decir una práctica por la cual a cambio de ciertas oraciones, devociones o peregrinajes en años especiales, un católico puede reducir o borrar los castigos que de otra manera recibirá en el purgatorio.
Entre paréntesis, hay que señalar que fue precisamente la idea de vender las indulgencias que originó las protestas de Martín Lutero y dio inicio a la Reforma.
Pero no solamente las indulgencias regresaron con Ratzinger. También el uso del latín en la misa y la idea de que la Iglesia Católica Romana es la única y verdadera autoridad espiritual y por supuesto, la única via para alcanzar la salvación.
No nos extrañemos entonces si el Papa considera que los preservativos no sirven para combatir la epidemia, dado que siguiendo los principios más puros del catoliscismo nadie debe practicar el sexo fuera del matrimonio.
Tampoco resulta difícil entender cómo el cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal italiana, ha salido a la defensa de Ratzinger diciendo que a partir de las declaraciones acerca del preservativo “la lluvia de críticas contra el Papa se ha prolongado más allá de lo razonable” y ha señalado que la Iglesia “no aceptará que el Papa en los medios de comunicación o en otros lugares sea objeto de burla o de ofensa”.
Recordemos el principio eclesiástico de la infalibilidad pontificia. Se trata de un dogma de acuerdo con el cual el Papa no comete errores cuando promulga o declara una enseñanza dogmática en temas de fe y moral. En pocas palabras: el pontífice no se equivoca, porque recibe directamente la guía del Espíritu Santo.
Para quienes creen y practican la religión católica puede tener razón de ser el comentario de su líder. Para el mundo laico, simplemente ha resultado inaceptable. Esta vez, el ejemplo lo han puesto los franceses, que se han pronunciado abierta y claramente: “la frase del Papa acerca del preservativo puede tener consecuencias dramáticas en la política mundial a favor de la salud”.
Las autoridades de Francia han considerado que todos los discursos que van en contra del uso del preservativo, especialmente si los pronuncia una persona que tiene una gran influencia social, van contra el interés de la salud pública.
Sin ofender, hay que considerar que la infalibilidad no es una característica humana. El líder religioso podría por un momento bajar de su pedestal y reconocer por una vez que equivocó el tiempo y la forma de expresarse. Podría aceptar que el mundo no es necesariamente como él lo percibe y lo concibe. Podría hacerlo, pero no sucederá porque entonces ya no sería infalible y esto no puede ocurrir, porque no hay nada más rediticio que actuar como mediador entre Dios y los comunes mortales. Y son siglos de experiencia que lo respaldan.
viernes, 20 de marzo de 2009
Un Deja vu
16 de marzo, 2009
Al comenzar a escribir este artículo me invade una sensación casi surreal. He pasado algunos minutos revisando la información relativa al proceso electoral que se vive en el estado de México y francamente me siento como si estuviera soñando o algo parecido. Tengo la impresión de estar enmedio de un deja vu.
El citado término francés se refiere a la sensación de haber vivido precedentemente una situación que se está verificando. Y es precisamente lo que pasa por mi mente cuando como resultado de mi necedad, de mi masoquismo y de mi inevitable deformación profesional comienzo a leer los diarios mexicanos on line: esto es un deja vu.
Tengo la impresión de que ya he visto, leído y escuchado todas las aventuras y desventuras de las elecciones internas de los candidatos a alcaldes,
No alcanzo a comprender si en la afanosa búsqueda de una candidatura a los cargos de representación popular, los aspirantes se han percatado de que siguen haciendo los shows de siempre y con ello siguen causando problemas serios no solamente a sus partidos sino -lo que es más grave- a los ciudadanos,
Porque en realidad es poco tranquilizante y sobre todo es una seria desilusión para los electores potenciales ver un interminable desfile de protestas, berrinches, descalificaciones, enfrentamientos, abandonos masivos e individuales de partido y demás acciones que son poco dignas de políticos inteligentes, si es que en estos tiempos los conceptos “política” e “inteligencia” pueden de alguna manera asociarse.
La verdad es que resultan dignas de admiración la insistencia y a la persistencia de los mismos personajes que deciden que el hueso no se suelta y que es necesario cambiar cargo para no perder los privilegios que da vivir del erario público, aunque para ello tengan que alinearse, ceder a compromisos y acatar decisiones o por el contrario, se vean en la necesidad de armar escándalos y movilizar a sus simpatizantes como protesta por no haberse convertido en los elegidos de los altos mandos de sus respectivos partidos.
Digamos las cosas como son: las elecciones internas de candidatos, trátese del partido que se trate, son francamente dignas de un largo, sentido y sincero abucheo, porque a decir verdad no son más que una falsa demostración de pseudodemocracia.
Estas benditas elecciones de representantes para las elecciones, son sin duda una forma más para justificar el ejercicio de las prerrogativas. Recordemos que de los poco más de 691 millones de pesos que el IEEM ha aprobado para las elecciones del cinco de julio, se están destinando 22 millones 173 mil 324 pesos a la organización de procesos internos, cantidad nada despreciable, especialmente en tiempos de crisis.
Y ya veremos que con todo y el afán por mostrar que las cosas cambian, los candidatos serán los que ya estaban anunciados aún antes del borlote de las elecciones internas. No habrá sorpresas, no habrá novedades y sobre todo, habrá continuidad, término que traducido al lenguaje de los ciudadanos comunes y corrientes, no es otra cosa que dar más de lo mismo para quedar como antes, o tal vez peor.
Una vez terminado el espectáculo, cuando los partidos pondrán en marcha la famosa, patética y lamentable operación cicatriz, comenzarán otra vez las campañas, las giras, los mítines y todas las prácticas inútiles y dispendiosas que caracterizan nuestro sistema electoral.
Los rituales no cambiarán. Veremos acarreados y escucharemos promesas para los electores y ofensas para los rivales.
De nuevo nos daremos cuenta del uso y el abuso que harán los candidatos de la buena voluntad de la gente más humilde que no sabe cuánto vale su voto y lo entrega sin problemas a cambio de nada. En resumen: viviremos un constante deja vu.
Nada cambia y eso es grave. Grave porque somos todos protagonistas y es por culpa nuestra que la situación queda igual y el poder se lo reparten unos cuantos, mientras nosotros somos al mismo tiempo cómplices y víctimas.
Y en realidad estoy hablando de una situación general, de un mal común en países donde el concepto de administración pública viene asociado al beneficio de los individuos y grupos de poder.
La exageración que rodea a las elecciones de cualquier nivel en México tiene que ver con una fuerte necesidad de legitimar procesos electorales que de todas formas no pueden ser creíbles mientras el abstencionismo predomine y exista la sospecha que los pocos electores no acuden a las urnas verdaderamente convencidos.
Guardadas las lógicas y normales distancias, puedo decir que en Europa también está por vivirse un proceso electoral. Las 27 naciones que integran la Unión Europea deberán renovar el Parlamento europeo, eligiendo los 751 diputados que lo integrarán.
En Italia, por ejemplo, las elecciones se efectuarán los días 6 y 7 de junio y serán simultáneas a la votación administrativa, es decir, a la selección de los nuevos alcaldes y presidentes de provincia, esto con la finalidad de reducir al máximo los costos que representa organizar los comicios.
Es obvio que ni el país de la bota ni el resto de las naciones europeas viven una democracia perfecta. Evidentemente hay inumerables carencias y sin duda los ciudadanos en ocasiones demuestran gran indiferencia no solamente hacia los eurodiputados, sino hacia cualquier tipo de gobernante.
Pero al menos por estos rumbos se cuidan los bolsillos, se evitan los excesos y difícilmente se protagonizan espectáculos penosos.
El problema en realidad es cuando la democracia se limita y su concepto se reduce a la emisión del voto y al ascenso al poder, pero no continúa en la interacción permanente entre gobernantes y gobernados.
Lo peor es que cuando veo los nulos resultados de la falsa democracia y me doy cuenta de que terminadas las gestiones gubernamentales no se cumplieron las promesas hechas años atrás por los que ahora dejan los municipios y las curules, entonces me parece que yo misma, junto a una gran parte de mis paisanos, estoy de nuevo enmedio de un tristísimo deja vu.
sábado, 14 de marzo de 2009
Un soldado en cada mexicano te dio...
09 de marzo, 2009.
Mientras escribo estas líneas, estoy sinceramente tratando de contener mi más profunda indignación, luego de leer las declaraciones del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, quien durante su reciente visita a México expresó ante el Senado de la República que “el mundo espera más” de nuestro país.
Hasta ahí puedo incluso estar de acuerdo, no hay problema. Es verdad que nuestra nación ha llegado al punto en que requiere un reconocimiento internacional que vaya más allá de considerarnos los simpáticos y folklóricos miembros de la comunidad internacional, llenos de problemas, pobres, corruptos y para nada democráticos.
Lo que honestamente me pone bastante nerviosa es que Sarkozy expresara -muy probablemente no sólo a nombre de Francia, sino en representación de toda la comunidad europea- que para que México tenga mayor relevancia en los organismos internacionales “además de derechos, ello también incluye deberes: el precio de la sangre de los soldados, que deben ser enviados a otros países cuando se necesite para preservar la paz.”
Todavía no termino de digerir la declaración, honestamente. No alcanzo a comprender si es una especie de burla o si el primer ciudadano francés estaba hablando seriamente.
Pienso que a Sakozy nadie le enseñó nunca que el buen juez por su casa empieza, y que en este momento histórico México tiene obligaciones urgentes por atender, problemas internos demasiado serios por resolver que exigen acciones importantes y hacen pasar a un nivel secundario el interés por quedar bien ante la comunidad internacional.
Porque no quiero imaginar siquiera lo que ocurriría si con tal de que nuestro país sea visto como “una gran nación”, las autoridades mexicans deciden participar con la Organización de las Naciones Unidas en las tan controversiales misiones de paz.
Cabe aclarar que las citadas misiones son uno de los medios que las Naciones Unidas emplean con el fin de mantener la paz y la seguridad internacionales. Tales grupos militares, conocidos como Cascos Azules, están integrados por fuerzas internacionales bajo el mando de la ONU, y tienen como finalidad de “apoyar la vigilancia y resolver conflictos entre países hostiles y/o entre comunidades hostiles dentro de un mismo país”, de acuerdo con el centro de información on line de la propria Organización, que además indica que se trata de una “técnica innovadora del mantenimiento de la paz... que se basa en el concepto de que 'un soldado es un catalizador de la paz, no un instrumento de guerra'".
Pero de hecho, las acciones de la ONU en dichas misiones han sido más de una vez motivo de discusión, especialmente en lo tocante a su carencia de parcialidad, su ineficacia y hasta en algunos casos en que se ha hablado de presuntas violaciones cometidas contra la población civil.
Así las cosas, con todo respeto hacia Nicolás Sarkozy, y sin afán de desilusionarlo, simplemente no puedo visualizar a nuestros soldados como parte de los Cascos Azules. No es el momento. Así como tampoco me parece justo, inteligente o al menos decente que un gobernante europeo se presente ante el senado mexicano para pedir a nuestro gobierno la sangre de nuestros soldados a cambio de un lugar en el mundo como “gran nación”.
Y es que una verdadera gran nación comienza por preocuparse verdaderamente por sus ciudadanos, haciendo de todo por darles seguridad y bienestar. Y francamente eso no es lo que está ocurriendo en México. Nuestro Ejército en definitiva no está preparado siquiera para combatir efectivamente el crimen organizado. En algunas ocasiones, los soldados mexicanos han caído víctimas de emboscadas por parte del narco. En otras, se ha descubierto la participación de jefes militares en actividades ilícitas.
Los soldados mexicanos están más que ocupados en una guerra contra el narcotráfico que parece irremediablemente perdida. Me atrevería a decir que las circunstancias de México son tan críticas que de acuerdo con los acontecimientos, no dudo que sea nuestra nación la que en el futuro requiera la intervención de los soldados de la ONU.
Recordemos que apenas en enero pasado un informe elaborado por el Comando Conjunto de las Fuerzas de Estados Unidos, dedicado a ofrecer una visión de los problemas estratégicos en los próximos 25 años, apuntaba que en México “el gobierno, sus políticos, la policía y la infraestructura judicial están todos bajo asalto y presionados de manera sostenida por bandas criminales y cárteles de la droga”.
De hecho entonces el gobierno de los Estados Unidos hablaba de que “el creciente asalto de los cárteles de drogas y sus hampones sobre el gobierno mexicano durante los años pasados recuerda que un México inestable podría representar un problema de seguridad de proporciones inmensas para Estados Unidos”.
En realidad, queda claro que el comportamiento ineficaz del gobierno mexicano nos aleja cada vez más de al menos parecer la “gran nación” de la que hablaba Sarkozy.
Por eso sinceramente, mandar a nuestros soldados como carne de cañón y preocuparnos por participar en los organismos internacionales no parece la forma apropiada para ganar el respeto de las naciones.
Recordemos que otros países latinoamericanos participan ya con la ONU mandando soldados a las misiones de paz y no por ello son protagonistas importantes de la esfera mundial, ni su opinión cambia el giro de los acontecimientos.
Aunque lo proponga Sarkozy y con él probablemente los demás países europeos, no es éste el momento ni tampoco es la forma para buscar el respeto de la comunidad internacional. Sobre todo, porque a decir verdad, participar con la ONU en las misiones de paz no nos dará reconocimiento alguno y por el contrario, efectivamente hay una alta probabilidad de pagar con sangre el precio del hambre de notoriedad de nuestro gobierno, que al momento parece solamente esperar la aprobación extranjera, dado que es precisamente eso, prestigio y aprobación lo que le falta al interior.
lunes, 9 de marzo de 2009
Políticos trapecistas....
24 de febrero, 2009
Durante toda la semana, una sola palabra ha sido motivo de reflexión para quien esto escribe: corrupción. El término, que ya forma parte de la vida cotidiana de muchos países, tiene una definición precisa de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española: "Corromper: alterar y trastrocar la forma de alguna cosa. Echar a perder, depravar, dañar, podrir, sobornar o cohechar al juez o a cualquier persona, con dádivas o de otra manera.” Todo eso. Ni más ni menos.
Las acciones de corrupción están a la orden del día y basta poner un poco de atención en nuestros actos para determinar ya no si estamos incurriendo en un acto corrupto, sino más bien cuál es nuestro grado de corrupción.
Así de grave es la situación actual. Por eso es digna de atención la información publicada por el diario El Universal en su versión on line, firmado por la periodista María Teresa Montaño, que relata la triste historia de los alcaldes mexiquenses, que en su gran mayoría han ignorado olímpicamente las indicaciones del tabulador de salarios establecido y se han asignado a través de partidas secretas salarios que incluso superan los de otros servidores públicos de jerarquía o de responsabilidad mayor.
Los presidentes municipales que este 2009 dejarán el cargo, se irán de sus respectivos ayuntamientos con las bolsas llenas, algunos de ellos incluso con bonos de salida que servirán para asegurar su estabilidad económica en un período particularmente difícil para el resto de los comunes mortales.
Esa, señores, es pura corrupción, porque si nos remitimos al concepto original, 95 de nuestros queridos ediles mexiquenses están trastocando la forma de una cosa muy importante: la esencia del servicio público.
En una palabra: están traicionando la confianza de quienes en su momento decidieron sufragar a su favor para ponerlos al frente de la administración del municipio.
Recordemos que es precisamente la autoridad municipal la más cercana a los ciudadanos. Sus acciones son las más sentidas por los ciudadanos.
Lo que los alcaldes y sus ayuntamientos hacen o no, se ve en todos los rincones del territorio municipal. Démos un vistazo a lo que nos rodea. Basta encontrar pequeñas deficiencias, -a veces hasta un simple bache o la falta de limpieza en la ciudad- para sentirnos abandonados por la autoridad que en teoría debería ocuparse de atender nuestras necesidades.
Y justamente eso, atender las necesidades de los ciudadanos, no es un favor que los alcaldes nos hacen. Es su obligación principal porque en realidad su deber es simplemente administrar los recursos que provienen directamente de nuestros bolsillos.
¿O es que ya se nos olvidó que el presupuesto de cada instancia gubernamental viene directamente de los impuestos que todos pagamos?
Por eso es injusto, ofensivo e indignante que los alcaldes, los diputados, los gobernadores o cualquiera de nuestros representantes se sirvan con la cuchara grande, se den vida de reyes mientras nosotros los observamos impasibles.
Pero ellos lo saben muy bien, están perfectamente conscientes de que la mayoría de sus representados no se atreverá a decir nada, y que continuará a soportar y consentir cada acción corrupta que ellos ejecuten.
Lo peor es eso: pensar que la corrupción es un acto en el que participamos todos. Quienes la consentimos, caemos en la Omertà.
El término italiano Omertà se refiere a una actitud de obstinado silencio destinado a no denunciar delitos más o menos graves de los cuales se tiene conocimiento directa o indirectamente.
Denunciar cada acto corrupto de nuestras autoridades ayudaría indudablemente a tener bajo control el comportamiento de éstas. Pero nadie lo hace, y en la mayoría de los casos no es por temor, sino más bien por pura negligencia.
Y no se trata de mostrar las debilidades de los alcaldes o de otras autoridades en este preciso momento solamente porque en la entidad se viven ya los inicios de un importante proceso electoral. Eso sería oportunismo. Se trata de convertirnos en vigilantes del comportamiento contínuo de nuestros gobernantes, porque hacerlo nos convertiría en una nación mejor.
Veo sin mucha sorpresa que la desbandada de diputados del actual Congreso local mexiquense ha dado inicio, y que nuestros queridos representantes han decidido dejar su trabajo para buscar un cargo de elección popular -legítimamente, desde su punto de vista-.
Lo triste es saber que se verán las mismas caras, las mismas promesas, los mismos rituales y la misma carrera loca por obtener el voto ciudadano.
¿Y para qué? ¿Se trata de un desmedido espíritu de servicio que obliga a los diputados a buscar las alcaldías y a los alcaldes a buscar las diputaciones? ¿O es una muestra más de la ambición sin límite que obliga a buscar el hueso solamente para no perder las prioridades, las prerrogativas, los beneficios excesivos que da un cargo de representación popular?
Pensemoslo bien. Reflexionemos. Dar el voto a quienes son simplemente trapecistas de la política es también un acto de corrupción, porque implica echar a perder, dañar y podrir el voto, que debería ser el acto supremo de la democracia.
Dice una célebre frase: “por sus actos los conocereis”. Y si ya los conocemos... ¿por qué insistir en reelegirlos?
domingo, 1 de marzo de 2009
Xenofobia en la bota italiana
24 de febrero, 2009.
Cuando uno se detiene a pensar en la influencia que pueden tener los medios de comunicación en la vida de los ciudadanos de un país, toca sin duda un tema profundo y complejo. Los medios cada vez con mayor frecuencia influyen y llegan a modificar el comportamiento social. Lo digo sin temor a exagerar. Y lo ratifico con un ejemplo clarísimo ocurrido hace algunos días en el país de la bota.
Durante al menos una semana y media una vez que pasó el furor por el caso de Eluana Englaro, los diarios, la radio y la televisión comenzaron a difundir información relativa a casos de ataques sexuales en que algunas de las víctimas eran menores de edad y los violadores casualmente eran todos extranjeros, para ser precisos, procedentes de Rumania, que a partir de su entrada en la Comunidad Europea, ha ratificado su posición de principal exportador hacia Italia de mano de obra a bajo costo.
Confieso que de inmediato me asaltó la duda respecto a tanta y tan repentina y vehemente preocupación por los casos de las mujeres violadas. Me quedé pensando si en realidad los casos publicados son los únicos que se han suscitado en Italia en los últimos tiempos, si de repente se desató una especie de epidemia que levantó el nivel de testosterona y provocó un aumento en la agresividad masculina-rumana o si se trata más bien de una perfectamente planeada estrategia de manipulación.
Porque extrañamente, uno de los violadores de una joven de 14 años que fue atacada en el parque romano conocido como la Caffarella, resultó ser también responsable de otro de los casos a los que se dio revuelo, en que la víctima era una mujer de 40 años. Lo más interesante es saber que el rumeno violador ya había sido encarcelado y puesto en libertad por un caso similar, aunque el juez determinó que el individuo no representaba un peligro para la sociedad.
El punto es que durante muchos días la búsqueda y la captura de los responsables del caso del parque Caffarella fue el centro de atención de todos los noticiarios. La caza a los culpables fue la exigencia predominante de la opinión pública italiana.
La presión de los medios que de repente se erigieron como la voz de la sociedad ofendida fue tal, que el gobierno de Silvio Berlusconi emitió a pocos días de la captura de los responsables, un decreto de ley relativo a la seguridad, que considera penas más severas para los violadores y -aquí la cuestión verdaderamente discutible- la autorización para que los ciudadanos comiencen a organizar rondines que permitan detectar y denunciar inmediatamente a los potenciales criminales.
Esta iniciativa había sido ya propuesta hace pocos meses sin mucho éxito por la Lega Nord, el partido que promueve entre otras barbaridades la separación de la zona norte de Italia y la persecusión sin piedad de los extranjeros clandestinos.
Sin embargo, a partir del verdadero escándalo organizado por los medios de comunicación luego de los casos de violación, los rondines no solamente ya son permitidos por el nuevo decreto del gobierno de derecha, sino que son promovidos por quienes consideran que los ciudadanos italianos tienen la obligación de prevenir y protegerse contra lo que algunos perciben como una verdadera invasión por parte de los extranjeros que -siempre gracias a la campaña desinformativa de los medios- no tienen más remedio que sufrir una especie de persecusión disimulada que sin embargo comienza a oficializarse.
Y aquí la gravedad de la situación. Porque todo parece indicar que los medios italianos están contribuyendo a fomentar la xenofobia, ayudando a llenar de miedo y de prejuicios la ya de por sí temerosa sociedad italiana, que por la naturaleza longeva de su población no tiene muchas esperanzas de abrirse hacia la integración de los diferentes grupos minoritarios en un futuro inmediato.
No importa si el Viminale -como se conoce al Ministerio del Interior italiano- ha informado con cifras específicas que el número de violaciones durante el 2008 disminuyó un 8.4% respecto al año anterior. Tampoco es importante que el mismo Ministerio haya dado a conocer que -lógicamente- 60 por ciento de las violaciones denunciadas en el país de la bota son cometidas por ciudadanos italianos.
Lo importante es que los periódicos, las revistas, el radio y la televisión denuncian y acusan a los chacales rumanos sin ponerse límite alguno, alimentando el odio que genera la ignorancia de la realidad del otro, del que es diferente y no por ello es mejor o peor.
El fenómeno de la inmigración es por naturaleza complicado, pero la situación tiende a empeorar cuando se desconoce al inmigrante y cuando se crean y se difunden estereotipos que perjudican seriamente la convivencia pacífica entre los oriundos de lugar y quienes llegan un país con la intención de mejorar su propia situación,
Cuando observo a los rumenos, a los albaneses, a los marroquíes y a otras minorías ue viven en Italia, no puedo menos que recordar a los mexicanos que emigran hacia los Estados Unidos y las inumerables humillaciones que deben soportar, producto de la ignorancia y los prejuicios de quienes no quieren o no desean abrir su mente hacia la novedad, pero que en cambio aceptan que sean los inmigrantes quienes realizan los trabajos más pesados.
Probablemente pensar en una permanente conducta ética e inteligente de los medios de comunicación es una utopía, pero si bien no podemos exigir un mínimo de calidad en los contenidos, resulta casi vergonzoso pertenecer al gremio periodístico cuando se ven casos como el de Italia, donde los medios se convierten -seguramente guiados por intereses económicos- en cómplices descarados de la difusión de la cultura del odio.
domingo, 22 de febrero de 2009
Mexicanos al volante... peligro constante
17 de febrero, 2009.
Cuando esta semana una de mis familiares más queridas me contó acerca del pequeño accidente automovilístico que sufrió mientras iba a bordo de un taxi, me sentí sinceramente indignada. No solamente porque se trata de mi familia, sino porque a decir verdad no me cabe en la cabeza que un trabajador del volante haya decidido perseguir a quien había golpeado su vehículo al más puro estilo de las películas de acción, mientras en el asiento trasero una pobre pasajera le pedía aterrorizada que la dejara bajarse del vehículo.
Obviamente el taxista no le permitió descender y por supuesto tampoco se preocupó por su integridad física. No pensó ni por un instante en llevarla a un hospital para verificar que todo estuviera bien. Su única preocupación era detener a quien había golpeado el taxi por detrás y que aún conociendo su responsabilidad se había dado a la fuga.
Al escuchar el relato, no pude menos que recordar mi reciente viaje a México y la terrible situación vial que pude observar. Transitar por las calles de nuestro país es una experiencia terrible, especialmente en ciudades como Toluca, que además de los problemas originados por la pésima forma en que el Ayuntamiento ha organizado la circulación, enfrenta una situación que raya en el caos a causa de la total ausencia de educación vial.
Se trata, para variar, de una cuestión básicamente cultural. Entiendo perfectamente que es muy difícil –si no imposible- cambiar la mentalidad de un país. Comprendo que el mexicano es un pueblo acostumbrado a manejar a la defensiva, a ignorar y desconocer las señales de tránsito, a pasar por encima de los derechos de los peatones y de los usuarios de los servicios públicos y que las condiciones de nuestras calles y carreteras empeoran la situación.
Pero sé que a pesar de nuestra profunda indiferencia y a nuestras pocas ganas de resolver un problema que es más serio de lo que pensamos, es urgente que alguien tome medidas y se comporte con responsabilidad.
Y cuando hablo de hechos, me refiero a cifras concretas, que casi siempre reflejan realidades que no pueden esconderse. Es el caso de los datos dados a conocer por el Instituto de Servicios Periciales del estado de México, que informa que en el año 2008 realizó seis mil 501 autopsias a personas que perdieron la vida en accidentes automovilísticos.
No es poco. Es más: es escalofriante, si se piensa que de acuerdo con el mismo Instituto, el incremento de esta cifra respecto del año anterior fue de un cinco por ciento. Como quien dice, los mexiquenses vamos de mal en peor en materia de seguridad vial.
Es cierto, son numeros. Pero me pregunto qué opinan las familias de esas más de seis mil 500 víctimas, que saben bien que muy probablemente sus seres queridos perdieron la vida en circunstancias que muchas veces rayaban en lo absurdo. Porque queda claro que en muchas ocasiones, los accidentes viales son ocasionados por situaciones fuera de la lógica.
Obviamente no estoy diciendo que se trata de un problema exclusivo de nuestro país. De acuerdo con datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud, cada año en todo el planeta mueren más de un millon 200 mil personas en accidentes automovilísticos y el número de heridos por la misma causa alcanza los 50 millones de personas.
Sin embargo, no obstante que se trata de un problema global, hay que reconocer con toda honestidad que en México no sabemos manejar. Así, con todas sus letras. Simplemente no estamos capacitados para hacerlo, porque además de que ir a una escuela de manejo es un lujo y no una obligación, obtener una licencia para conducir es tan fácil como poner el billete adecuado en la ventanilla correcta.
Y que me perdonen los empleados de Tránsito que se sientan agraviados y que no entren en la categoría de deshonestos, pero no se puede tapar el sol con un dedo. Digamos que es un mal conocido por todos. La licencia es solamente un trámite administrativo que se resuelve sin necesidad de demostrar que realmente se sabe cómo conducir un vehículo.
Basta ver cómo las mismas autoridades tienen ideas geniales de vez en cuando, como poner a disposición de los ciudadanos unidades móviles donde es posible obtener la licencia sin problemas, simplemente pagando los derechos y tomándose la foto.
Y es que al parecer casi nadie en nuestro país toma en serio el acto de conducir un automóvil.
Recuerdo todavía que en diciembre pasado, en Ixtapan de la Sal vi manejando muy quitados de la pena a muchachos de unos 12 o 13 años. Entiendo que son casos aislados, o al menos así lo espero, pero son un buen ejemplo de la irresponsabilidad de sus padres, que al parecer no saben que dar un auto a los jóvenes es un acto muy serio y que conducir implica una responsabilidad enorme.
Digamos que todos tenemos la capacidad de encender un motor, pero no todos tenemos la aptitud para enfrentar las calles. Y por lo mismo, mientras los incapaces sigan autorizados para conducir, el caos vial seguirá prevaleciendo y los accidentes seguirán provocando desgracias.
Por eso insisto en que alguien tiene que tomar las riendas y mejorar la situación. Por una parte, se requiere aplicar medidas importantes que permitan que quienes obtienen la licencia sean las personas que en realidad están en condiciones físicas y psicológicas para manejar.
Y aquí hablo también de los choferes de autobuses de pasajeros, microbuses y taxis, pues sabemos bien que a más de uno habría que quitarle la licencia de por vida.
Por la otra parte, sería importante que las autoridades se decidieran a actuar con tolerancia cero y se deshicieran de una vez por todas de la mafia llamada organizaciones de autotransportistas. Mejorando el servicio de transporte público, lograrían que los ciudadanos prefirieran utilizarlo, y esto permitiría agilizar la circulación vehicular.
Y sobre todo -y esto también está en manos de las autoridades- es necesario imponer sanciones serias y multas importantes para quienes conduzcan ebrios o bajo el efecto de drogas.
Claro que todas estas propuestas entran en la categoría de sueños guajiros. Pero pensandolo bien, por alguna parte alguien tiene que empezar, sobre todo si se considera prioritaria la seguridad de los jóvenes, que por desgracia son las principales víctimas de accidentes viales.
No he visto en ninguna campaña pasada y probablemente no veré en ninguna futura, un solo aspirante a un cargo de elección popular que incluya entre sus propuestas un programa efectivo de educación vial. No he visto un solo político que abandere la causa. Al parecer el tema no interesa a nadie y sin embargo, es un problema que afecta a todos.
Y lo importante no es prometerlo, que quede claro. Lo importante es idear la forma de mejorar la vida de los ciudadanos. Porque conducir es parte de la vida cotidiana, y son precisamente los actos de todos los días de los simples ciudadanos los que merecen atención. Ojalá por el bien de todos, alguien se preocupe y se ocupe de mejorar la situación.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Eluana
10 de febrero, 2009.
Los últimos días de la vida política italiana han sido particularmente intensos y llenos de polémica. Seguramente no me ocuparía de hablar del asunto si no se tratase de un problema que por desgracia trasciende la esfera pública y toca directamente el ámbito privado, superando los límites en que racionalmente un Estado puede intervenir en la vida de los ciudadanos.
Se trata de una situación difícil de comprender, complicada de tratar y que aunque parezca lejano a a la vida cotidiana, podría presentarse en cualquier momento, a cualquier persona y en cualquier lugar del mundo. Porque el tema del derecho a una vida y a una muerte dignas es un asunto universal.
El 18 de enero de 1992, una mujer llamada Eluana Englaro, entonces de 20 años de edad, sufrió un grave accidente automovilístico. Como consecuencia, entró en estado vegetativo. Un año después, la parte superior de su cerebro había sufrido una degeneración definitiva. Sin ninguna esperanza de recuperarse, ingresó en una casa de cura donde comenzó a ser alimentada e hidratada a través de una sonda nasogástrica.
Difícil resumir el verdadero calvario que Beppino Englaro, el padre de la joven debió sufrir en busca de una decisión favorable para su petición de retirar la sonda que alimentaba a su hija, argumentando principalmente que ella misma en alguna ocasión habría expresado su rechazo a vivir en condiciones similares.
Solicitudes rechazadas, revisiones interminables por parte de las diversas instancias jurídicas, hasta que finalmente, en julio de 2008, la Corte de apelación de Milán autorizó que se suspendiera a la paciente la alimentación a través de la sonda.
Durante siete meses, seguida siempre de cerca por los medios de comunicación, que difundieron excesivamente el caso, la familia no encontró las instalaciones donde Eluana pudiera ser recibida para finalizar su vida.
La intervención descarada y represiva del gobierno italiano no se hizo esperar. El Ministro Maurizio Sacconi firmó un documento que indica que las regiones están obligadas a garantizar alimentación e hidratación a las personas diversamente hábiles, pues de lo contrario incurrirían en una acción ilegal. Con esto practicamente cerraba a Eluana las puertas de cualquier institución que estuviera dispuesta a ayudarla.
Finalmente, hace algunos días la casa de reposo La Quiete, de la ciudad de Udine, recibió a Eluana Englaro, con el fin de suspenderle paulatinamente la alimentación y esperar que la muerte llegara, lo que ocurriría, de acuerdo con las previsiones de los médicos, en un lapso mínimo de 15 días.
Por una extraña coincidencia, pocos días antes del traslado de Eluana a Udine, el papa Benedicto XVI durante su homilía dominical, había tocado el tema de la eutanasia, diciendo que “es una falsa solución al problema del sufrimiento y una salida indigna del hombre”.
Para el dirigente católico “la muerte nunca es una respuesta, porque la respuesta se encuentra solamente en el testimonio del amor, y ninguna lágrima se pierde delante de Dios”. Bellas palabras. Sobre todo frente a un hombre como Beppino Englaro, padre angustiado que durante 17 años miró impotente el cuerpo de su hija, sabiendo que ésta no habría podido nunca levantarse y volver a vivir normalmente.
La misma idea del Papa habrá sin duda pasado por la cabeza del presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi. Una vez que la clínica de Udine recibió a Eluana, nuestro diligente premier se dispuso a promulgar en tiempo récord un decreto que obliga a la hidratación y alimentación de las personas no autosuficientes. Con esto, sería detenido el proceso de la muerte de Englaro, le sería colocada de nuevo la sonda y todo volvería a la normalidad.
Berlusconi de la noche a la mañana se transformó en un defensor de las causas justas y emitió junto con sus incondicionales un decreto cuyo objetivo era “salvar una vida humana”, porque según él, Eluana -a quien nunca vio personalmente- tenía todavía un aspecto “fresco” y desde el momento que presentaba el ciclo menstrual, estaba aún “en condiciones de ser madre”.
En una situación sin precedentes, el Jefe de Estado italiano, el presidente Giorgio Napolitano se negó terminantemente a firmar el citado decreto, argumentando entre otras causas que no obstante los temas relacionados con el fin de la vida, el testamento biológico y los tratamientos de alimentación e hidratación mecánicas son desde hace tiempo punto de atención de la opinión pública, no se ha llegado todavía a una reglamentación al respecto por lo delicado de su naturaleza.
Napolitano dijo que no veía otra urgencia para promulgar el decreto que no fuera la de ocuparse de un caso singular que había sido rodeado de “publicidad y dramatismo”.
El enfrentamiento y el desacuerdo entre el presidente del Consejo de Ministros, Berlusconi, y el presidente de la República, Napolitano, demuestra una crisis de poderes sin igual en la historia del país de la bota.
Las polémicas, los enfrentamientos, el empecinamiento del Premier por mostrar su omnipotencia, la influencia inegable de la Iglesia católica, las posiciones encontradas de las diversas fuerzas políticas en las cámaras, la presencia constante de los medios de comunicación y su desesperado empeño por difundir hasta extremos morbosos los detalles de la situación, convirtieron el caso de Eluana Englaro en un espectáculo.
Nuevamente quedó al margen de todo el show la esencia, la parte más importante, que es el derecho sagrado de todos los seres humanos a elegir y decidir cómo vivir y hasta cómo morir.
Me pregunto qué habría sucedido si en lugar de recurrir a la ley, Beppino Englaro hubiera optado por buscar soluciones menos complicadas, como acudir un médico que en privado solucionara la situación, dando a Eluana la muerte piadosa. Nadie se habría enterado y el proceso habría sido menos doloroso y desgastante para la familia.
A fin de cuentas, el circo mediático terminó antes de tiempo, con la muerte repentina de Eluana. Quizá los medios de comunicación esperaban una agonía más larga para llenar espacios en radio y televisión e imprimir y vender muchos más revistas y periódicos. Tal vez los políticos esperaban lo mismo, para continuar discutiendo, dividiéndose y aprovechando la situación para atraer simpatías entre la dividida sociedad.
Lo cierto es que este caso exacerbado por los medios seguramente quedará como un pésimo reflejo de la realidad italiana, que se divide, discute y sin embargo, no aporta soluciones reales a problemas serios.
Porque difícilmente se llegará a un acuerdo real para legislar seriamente acerca del tema. Sin embargo, en el fondo de la conciencia de quienes han conocido el caso, debe haber una respuesta sincera para una sencilla pregunta: ¿a usted le gustaría vivir 17 años alimentado por una sonda, sin saber lo que ocurre a su alrededor, sin comunicarse con sus seres queridos, sin siquiera ver la luz del sol?
domingo, 8 de febrero de 2009
La Casta a la mexicana,,,
03 de febrero, 2003.
Cuando hace algunos días tuve la posibilidad de leer en la versión on line del diario Por Esto! de Yucatán la información que señala la posibilidad de que haya sido el extinto secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño el improvisado piloto que provocó el accidente del Learjet 45 el pasado 4 de noviembre de 2008, la primera emoción que me invadió fue una profunda pena, una gran lástima hacia todas las víctimas.
Después, con más calma, comencé a analizar la información publicada y con toda honestidad, no obstante que haya sido desmentida por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, me quedó una seria duda.
Algunos colegas están haciendo todo lo posible por desmentir lo publicado e incluso los dirigentes del mismo diario Por Esto! -que dicen tener las grabaciones- han decidido que no las van a publicar, con lo que rebajan su información al nivel de la pura rumorología. Sin embargo, personalmente no descarto del todo que algo de cierto pueda haber. Cuando el río suena, agua lleva.
Quiero ser muy cauta al tocar este tema. Aclaro desde este momento que no es mi intención herir susceptibilidades, sobre todo porque se trata de personas que ya no están en el mundo para defenderse.
Sin embargo, quién sabe por qué la duda queda y más de uno dará por cierto lo publicado en Por Esto! Será que ya nos acostumbramos a los excesos del poder. Será que en el fondo muchos pensamos e incluso damos por cierto que cuando se tiene la posibilidad de llegar a las altas esferas gubernamentales se puede facilmente perder la cabeza.
Reconozco que mi humilde experiencia como periodista me ha dado la posibilidad de ser testigo de algunos de los excesos en que incurren quienes ejercitan el poder. Y créanlo, es embarazoso verlo y peor aún relatarlo.
México está lleno de reyezuelos. Diputados, senadores, gobernadores, alcaldes, funcionarios de primera y hasta de quinta clase. En todos los niveles de gobierno he podido ver algunos personajes comportarse como si ninguno de sus gobernados mereciera siquiera besar el suelo que ellos pisan.
Gente que ejerce el poder solamente para gozar de los privilegios económicos y sociales que éste les otorga, en lugar de pensar en beneficiar a sus pobres gobernados. Son individuos que tienen a su alrededor un montón de siervos que los adulan, los halagan hasta el absurdo y además de darles siempre la razón y no ser capaces de negarles nada, les entregan la vida misma con tal de recibir también migajitas de poder para a su vez utilizarlo con los que están debajo de ellos. Las gallinas de arriba que ensucian a las de abajo en un ruidoso, sucio y confuso gallinero.
Y es que esta triste realidad se vive en los países donde el poder público viene entendido erróneamente. Donde gobernar es sinónimo de abusar.
Me viene a la mente el libro titulado La Casta, publicado en Italia en el año 2007, escrito por los periodistas Sergio Rizzo y Gian Antonio Stella.
Se trata de una investigación cuyos resultados dan escalofrío. Habla por ejemplo de que el país de la bota es el segundo en el mundo con mayor número de diputados después de la República Popular China. Cierto que un país de mas de un millon de millones de habitantes necesita muchos representantes, pero un Estado que tiene menos de sesenta millones de personas a las cuales gobernar, haría bien en tener menos diputados y senadores que solamente calientan las curules.
El mencionado libro señala también que los diputados italianos reciben un salario anual de alrededor de 200 mil euros netos, algo así como el equivalente a tres y medio millones de pesos mexicanos, lo que convierte a los parlamentarios en los mejor pagados de Europa, pues ganan el doble de sus colegas de Alemania e Inglaterra, el triple de los portugueses y el cuádruple de los españoles.
Y no sólo eso. Los miembros del poder Legislativo italiano tienen un presupuesto de 50 mil euros anuales para pagar a sus “asesores”a los que sin embargo dan salarios mensuales de apenas mil euros y ninguna prestación laboral.
Además, en La Casta se menciona que la presidencia de la República italiana tiene gastos cuatro veces superiores a los de la monarquía en Inglaterra. Eso sin contar los gastos de las regiones, -lo más parecido en México serían nuestras entidades federativas- que por ejemplo se dan lujos absurdos como en el caso de Campania, que en el 2006, para festejar el Columbus Day en los Estados Unidos gastó 680 mil euros para enviar una delegación de 160 personas. O el caso de la región del Veneto, que ha dado a sus consejeros prestaciones tan absurdas como el derecho a un funeral gratuito.
Como he siempre sostenido, en todos lados se cuecen habas y en este caso La Casta, que ha sido uno de los libros más vendidos en Italia en los últimos tiempos, es solamente una recopilación de las bajezas que es capaz de cometer la clase política italiana para favorecerse con el dinero de los contribuyentes. Lo que más ofende es eso precisamente, que somos los ciudadanos quienes tenemos que pagar religiosamente nuestros impuestos para mantener a un montón de haraganes.
Es el exceso de privilegios lo que echa a perder a los gobernantes y arruina a los gobernados. Entender mal la verdadera naturaleza del poder es un serio problema. Digamos que hasta en detalles aparentemente sin importancia como el trato que los hombres poderosos dan a sus subordinados, o en las extravagancias que pretenden les sean cumplidas, por mínimas que sean, se refleja la calidad del gobierno que las naciones tienen.
Por eso sería muy triste y sobre todo vergonzoso que el Learjet 45 se hubiera precipitado a tierra por las ocurrencias de alguien que no estaba calificado para pilotearlo. Muy lamentable. Como también lo sería que un periodista contrario al gobierno en el poder hubiera sembrado la duda con intención de desacreditar.
Una vez más hay que exigir claridad en la información. Porque si hay pruebas serias de lo que se afirma y las grabaciones existen realmente, Por Esto! está obligado a publicarlas. Y por su parte, el gobierno federal tiene el deber de aclarar punto por punto lo ocurrido el cuatro de noviembre de 2008, sin dejar espacio a la mínima duda.
Claro que es difícil creer que la verdad saldrá a la luz, pero es imprescindible que los mexicanos exijamos saber lo que realmente sucedió al menos en este caso. Quizá así tendremos motivos serios y válidos para confiar -o no- en la calidad moral de quienes gobiernan nuestro país