Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
05 de agosto, 2009
Lo que esta vez despierta mi curiosidad y sobre todo, mi sorpresa, es el espectacular anuncio recientemente hecho por el presidente de México, Felipe Calderón.
En días pasados, aprovechando el aniversario de la promulgación de las leyes de Reforma, el titular del Ejecutivo declaró que durante su administración comenzará a expedirse la Cédula de Identidad (CEDI), ciudadana y personal, “en cumplimiento a lo dispuesto por la Constitución Política y la Ley General de Población”.
A mí me van a perdonar, pero sinceramente no comprendo muy bien la utilidad ni el objetivo real de este nuevo y costosísimo documento.
De acuerdo con lo que se ha informado, la inversión para este proyecto será de alrededor de ¡tres mil millones de pesos! ¿Nada más?
Revisando el boletín emitido por la Presidencia de la República, encuentro que la emisión de la citada cédula correrá a cargo de la Secretaría de Gobernación, que “proveerá de un sistema de identidad único soportado sobre una base de datos nacional de identificación segura y libre de duplicados, la cual estará conformada por la identidad jurídica, la identidad vivencial como registro del individuo y sus datos biométricos.”
De nuevo, admito que quien ha redactado el boletín se merece una felicitación especial, por haber encontrado la forma más elegante para decir que los mexicanos finalmente seremos adecuadamente “fichados”.
El citado boletín me deja estupefacta de nuevo, porque señala el por qué de la emisión de la CEDI: “el objetivo... es garantizar el derecho a la identidad para facilitar a la población el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones.”
O sea que en pocas palabras, si no estoy debidamente fichada, nomás no voy a existir. No tendré derechos, tampoco obligaciones y seré ni más ni menos que una “doña nadie” si no cuento con la CEDI.
En realidad el trabajo está casi hecho: ya hay -siempre de acuerdo con la información emitida por la Presidencia- una base de datos de 84 millones de actas de nacimiento certificadas por los registros civiles de todos los estados del país, como copia fiel de las contenidas en los libros correspondientes.
Todo esto para “disminuir la suplantación de identidad, porque las actas de nacimiento verificadas están ligadas a la CURP como identificador único para cada persona”.
Se habla de una “identidad biométrica”, a través del registro de huellas digitales, rostro e iris de las personas. En una palabra, cosas de primerísimo mundo. Datos que solamente he visto que se toman en los Estados Unidos, donde para poder abordar un avión hay que dejar la huella digital y pasar por un lector del iris, además de tomarse la foto, no vaya a ser que uno tenga intenciones de cometer algún atentado terrorista.
La verdad es que me quedo sin palabras. Tengo seis años viviendo en Europa y hasta ahora, al menos en Italia, no he tenido necesidad de contar con un documento tan complicado para identificarme. La llamada “carta d'identità”, el documento que sirve para realizar todos los trámites oficiales en el país de la bota, es tan sencillo que francamente haría reir a cualquiera de los trabajadores de la plaza de Santo Domingo, que con la mano en la cintura podrían falsificarlo.
Y hasta ahora, a nadie se le ha ocurrido -todavía- gastarse millones de euros para fichar a los ciudadanos de este país. Y eso que se trata de un Estado que por su posición gegráfica y por los serios problemas que trae consigo la presencia del crimen organizado, podría tener miles de justificaciones para hacerlo.
No sé si es una muestra de retraso o una señal de sentido común de parte del gobierno italiano el no haber pensado todavía en crear un complicado documento para identificar a sus ciudadanos. A lo mejor es simplemente considerar que hay otras situaciones más importantes por atender, otras prioridades, pues.
Y lo mismo debería pensar el gobierno federal mexicano. No se vale dar justificaciones tan inverosímiles como que la CEDI ayudará a “la creación de beneficios indirectos tales como un clima de confianza que favorezca la inversión y la creación de nuevos empleos, carteras de créditos más sanas, mayor confianza para la apertura de cuentas, beneficios dirigidos a las personas que en realidad lo necesitan.”
Ese argumento me parece una verdadera tomada de pelo, con todo respeto para las autoridades, que además son secundadas, no cuestionadas. Por ejemplo, en lugar de preocuparse por quién se va a encargar de llevar a cabo el proyecto, si el IFE o la Segob, el líder priísta del Senado, Manlio Fabio Beltrones, debería exigir que la licitación correspondiente se efectúe con toda claridad.
En vez de que el IFE se proponga como voluntario para distribuir la CEDI -a cambio de más recursos económicos, obviamente- valdría la pena que alguien explicara por qué y cómo la costosísima credencial para votar con fotografía ha dejado de ser el documento más seguro para identificar a los mexicanos.
Con todo respeto, en un momento en que la economía mundial está en crisis y cuando por ejemplo el Producto Interno Bruto (PIB) mexicano ha tenido su peor comportamiento desde 1995, no es lo más indicado pensar en despilfarrar tres mil millones de pesos en cédulas de identidad.
Y aunque una organización como México Unido Contra la Delincuencia avala la creación de la CEDI bajo el argumento de que “la facilidad que hay en México de obtener documentos apócrifos ha dificultado durante años que la justicia identifique plenamente a los criminales, especialmente a los reincidentes”, creo firmemente que fichar a la población no es la solución más efectiva o inteligente para combatir la delincuencia.
Se nos olvida que más que un pueblo “fichado”, se requiere un pueblo educado y bien alimentado para comenzar a disminuir los problemas de inseguridad que indiscutiblemente afectan al país.
Y siguiendo el viejo y sabio principio que reza “piensa mal y acertarás”, me permito simplemente decir que seguramente el proyecto tendrá sus beneficiarios, pero muy posiblemente no serán los más de cien millones de mexicanos, sino un número mucho más reducido de personas que supieron vender la idea y aprovecharse de ésta para obtener jugosas ganancias.
miércoles, 5 de agosto de 2009
miércoles, 29 de julio de 2009
¿Goles o clavados?
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
29 de julio, 2009
Cuando este lunes revisé las noticias del día, me encontré con una sorpresa: después de muchos sufrimientos y luchas irremediablemente perdidas, la selección mexicana de futbol pudo finalmente vencer a su similar de Estados Unidos y obtener la Copa de Oro.
En realidad, da gusto saber de los triunfos deportivos de nuestro país, especialmente cuando no es posible hablar de otras hazañas nacionales. Pero me parece un tanto excesivo salir a festejar a todo lo que da, yendo hasta el Angel de la Independencia y haciendo casi tanta fiesta como si los mexicanos hubieran ganado la copa del mundo.
Está bien, hace años que no se daba una victoria ante la selección estadunidense, pero con todo respeto, creo que estamos exagerando y que no es para tanto. Sobre todo porque se trata de un torneo jugado solamente por equipos de la zona, por selecciones que sin menospreciar a nadie no son lo más granado de la especialidad.
De hecho, para que la selección nacional mexicana se mida con equipos de verdad peligrosos, hay que esperar al menos que llegue a calificarse para el campeonato mundial de futbol de Sudáfrica, que se llevará a cabo el próximo año. Y esa calificación honestamente está todavía en “veremos”.
Pero los aficionados, fieles hasta la muerte, sufridos como siempre, caemos extasiados ante una victoria, por insignificante que pueda parecer.
Lo importante es el puro orgullo de ganarle a los gringos, y cobrarles con goles lo que estamos convencidos que nos deben.
Y es que el futbol es eso: pasión que va más allá de la cancha. Emoción que inevitablemente llena de euforia a la masa porque la lleva a creer por un momento que su grandeza trasciende el aspecto deportivo y que el triunfo obtenido hará más fuertes, más poderosos y más importantes ya no digamos a los once que ganan en el campo, sino a los millones que esos once representan.
Es inútil negar la importancia del futbol en México. Se trata del deporte nacional cuya trascendencia lleva a los estadios hasta a los políticos, que se dejan ver y escuchar especialmente en las contadas ocasiones en que los triunfos llegan.
Ahí está como muestra el mensaje de Felipe Calderón a los integrantes del equipo tricolor: “esta victoria demuestra que con trabajo y esfuerzo los mexicanos pueden salir adelante”.
Lo malo del asunto es que con todo respeto para los “aficionados que viven la intensidad del futbol”, el primer nivel al que los tricolores aspiramos está todavía muy lejos.
Por eso es que me parece que en cambio, se ha dado poca o nula importancia a la victoria rotunda de otra deportista que, en solitario, ha logrado -ella sí- un triunfo de primera, ni más ni menos que un campeonato del mundo en su especialidad, derrotando a las mejores de todo el planeta.
La mexicana Paola Espinosa obtuvo recientemente la medalla de oro en clavados -trampolín de diez metros- en el mundial de natación que se celebra en la ciudad de Roma, Italia.
Me habría gustado que los aficionados mexicanos hubieran salido a festejar con verdadero entusiasmo, hasta el mismísimo Angel la victoria de una compatriota.
Habría sido más que satisfactorio ver cómo la algarabía se dejaba sentir y que las banderas, las cornetas, las porras y los vivas son para una persona que ha logrado el primer puesto a nivel mundial y no para los futbolistas que antes de obtener la copa de oro habían sido considerados por muchos meses la descepción nacional.
Hay que reconocer que en México, como en otros países, se exagera al dar a los futbolistas un lugar de privilegio.
Se trata en realidad de un fenómeno por el cual el jugador se convierte en una especie de representante personal nuestro, que aparentemente está desarrollando una actividad en la que los espectadores participan,
Por eso una derrota duele y se convierte en una frustración que asumimos como propia y el triunfo se vive con una alegría tan inexplicable como excesiva.
El problema es cuando nos damos cuenta de que nuestra selección está integrada por personajes que son parte de un ambiente viciado, de un comercio brutal en que no somos otra cosa que consumidores de todo lo que nos quieran vender.
De ahí mi cuestionamiento hacia la casi indiferencia mostrada ante Paola Espinosa, que a pesar de ser campeona del mundo, no pertenece al negocio deportivo y por ende, su victoria no es parte del imaginario colectivo.
Representando a México en un deporte individual, su triunfo no satisface la necesidad grupal de derrotar a otros enemigos. No importa si la clavadista ha alcanzado la máxima gloria. Los medios de comunicación no la hacen existir como una verdadera triunfadora.
Ella no pertenece al mundo del futbol, que no es otra cosa que una manifestación de la cultura de la ganancia. No participa en el mundo de la explotación, comercio y corrupción del balompie de todo el mundo.
No la hemos visto semanalmente en la televisión y por lo tanto, su victoria, por grande que sea, se vuelve modesta y su importancia se reduce a unos cuantos minutos de gloria.
No está inmersa en el mercado que mezcla publicidad, derechos televisivos, visibilidad política y ambiciones personales.
Por eso el campeonato mundial de Paola Espinosa no puede siquiera compararse con la copa regional ganada por el equipo de todos y haberlo obtenido no merece que nadie considere ni por equivocación ir a festejarlo con toda la nacional alegría. Un asunto para reflexionar, ¿verdad?
29 de julio, 2009
Cuando este lunes revisé las noticias del día, me encontré con una sorpresa: después de muchos sufrimientos y luchas irremediablemente perdidas, la selección mexicana de futbol pudo finalmente vencer a su similar de Estados Unidos y obtener la Copa de Oro.
En realidad, da gusto saber de los triunfos deportivos de nuestro país, especialmente cuando no es posible hablar de otras hazañas nacionales. Pero me parece un tanto excesivo salir a festejar a todo lo que da, yendo hasta el Angel de la Independencia y haciendo casi tanta fiesta como si los mexicanos hubieran ganado la copa del mundo.
Está bien, hace años que no se daba una victoria ante la selección estadunidense, pero con todo respeto, creo que estamos exagerando y que no es para tanto. Sobre todo porque se trata de un torneo jugado solamente por equipos de la zona, por selecciones que sin menospreciar a nadie no son lo más granado de la especialidad.
De hecho, para que la selección nacional mexicana se mida con equipos de verdad peligrosos, hay que esperar al menos que llegue a calificarse para el campeonato mundial de futbol de Sudáfrica, que se llevará a cabo el próximo año. Y esa calificación honestamente está todavía en “veremos”.
Pero los aficionados, fieles hasta la muerte, sufridos como siempre, caemos extasiados ante una victoria, por insignificante que pueda parecer.
Lo importante es el puro orgullo de ganarle a los gringos, y cobrarles con goles lo que estamos convencidos que nos deben.
Y es que el futbol es eso: pasión que va más allá de la cancha. Emoción que inevitablemente llena de euforia a la masa porque la lleva a creer por un momento que su grandeza trasciende el aspecto deportivo y que el triunfo obtenido hará más fuertes, más poderosos y más importantes ya no digamos a los once que ganan en el campo, sino a los millones que esos once representan.
Es inútil negar la importancia del futbol en México. Se trata del deporte nacional cuya trascendencia lleva a los estadios hasta a los políticos, que se dejan ver y escuchar especialmente en las contadas ocasiones en que los triunfos llegan.
Ahí está como muestra el mensaje de Felipe Calderón a los integrantes del equipo tricolor: “esta victoria demuestra que con trabajo y esfuerzo los mexicanos pueden salir adelante”.
Lo malo del asunto es que con todo respeto para los “aficionados que viven la intensidad del futbol”, el primer nivel al que los tricolores aspiramos está todavía muy lejos.
Por eso es que me parece que en cambio, se ha dado poca o nula importancia a la victoria rotunda de otra deportista que, en solitario, ha logrado -ella sí- un triunfo de primera, ni más ni menos que un campeonato del mundo en su especialidad, derrotando a las mejores de todo el planeta.
La mexicana Paola Espinosa obtuvo recientemente la medalla de oro en clavados -trampolín de diez metros- en el mundial de natación que se celebra en la ciudad de Roma, Italia.
Me habría gustado que los aficionados mexicanos hubieran salido a festejar con verdadero entusiasmo, hasta el mismísimo Angel la victoria de una compatriota.
Habría sido más que satisfactorio ver cómo la algarabía se dejaba sentir y que las banderas, las cornetas, las porras y los vivas son para una persona que ha logrado el primer puesto a nivel mundial y no para los futbolistas que antes de obtener la copa de oro habían sido considerados por muchos meses la descepción nacional.
Hay que reconocer que en México, como en otros países, se exagera al dar a los futbolistas un lugar de privilegio.
Se trata en realidad de un fenómeno por el cual el jugador se convierte en una especie de representante personal nuestro, que aparentemente está desarrollando una actividad en la que los espectadores participan,
Por eso una derrota duele y se convierte en una frustración que asumimos como propia y el triunfo se vive con una alegría tan inexplicable como excesiva.
El problema es cuando nos damos cuenta de que nuestra selección está integrada por personajes que son parte de un ambiente viciado, de un comercio brutal en que no somos otra cosa que consumidores de todo lo que nos quieran vender.
De ahí mi cuestionamiento hacia la casi indiferencia mostrada ante Paola Espinosa, que a pesar de ser campeona del mundo, no pertenece al negocio deportivo y por ende, su victoria no es parte del imaginario colectivo.
Representando a México en un deporte individual, su triunfo no satisface la necesidad grupal de derrotar a otros enemigos. No importa si la clavadista ha alcanzado la máxima gloria. Los medios de comunicación no la hacen existir como una verdadera triunfadora.
Ella no pertenece al mundo del futbol, que no es otra cosa que una manifestación de la cultura de la ganancia. No participa en el mundo de la explotación, comercio y corrupción del balompie de todo el mundo.
No la hemos visto semanalmente en la televisión y por lo tanto, su victoria, por grande que sea, se vuelve modesta y su importancia se reduce a unos cuantos minutos de gloria.
No está inmersa en el mercado que mezcla publicidad, derechos televisivos, visibilidad política y ambiciones personales.
Por eso el campeonato mundial de Paola Espinosa no puede siquiera compararse con la copa regional ganada por el equipo de todos y haberlo obtenido no merece que nadie considere ni por equivocación ir a festejarlo con toda la nacional alegría. Un asunto para reflexionar, ¿verdad?
miércoles, 22 de julio de 2009
¿El Padrino a la mexicana?
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
22 de julio, 2009
En los últimos días, una serie de fotografías publicadas on line por la revista mexicana Quién me ha dejado sorprendida. Se trata del resumen gráfico de la boda de Carolina Chuayffet Soto, hija del ex gobernador mexiquense, ex secretario de Gobernación y actual diputado federal electo, Emilio Chuayffet Chemor.
Y digo que las imágenes me sorprendieron porque no pensé ver reunida en todo su esplendor a la mismísima cúpula priísta, especialmente a tan pocos días de haber obtenido su tan pavoneado triunfo en las elecciones federales intermedias.
Vamos, la mencionada reunión de los poderosos me deja con la boca abierta más que nada por el estilo en que se llevó a cabo.
No puedo negar que de repente, al observar a Emilio Chuayffet, a sus familiares y amigos festejando tan pomposamente la boda, mi primera impresión fue la de recordar una de las más célebres secuencias de la película El Padrino, el film realizado en 1972 dirigido por el ítaloamericano Francis Ford Coppola.
Precisamente la película inicia el día de la boda de la hija del capo Vito Corleone, con la gran familia de la mafia siciliana que vive en Nueva York que va a rendir homenaje a su líder, al Padrino y de paso a arreglar algunos asuntos pendientes.
Sin ofender. La boda parecía más que el festejo por la unión de dos esperanzados jóvenes, una reunión de jefes, una simbólica ceremonia en la cual lo menos importante eran precisamente los jóvenes esposos.
Lo que se ve y se lee en cada imagen de las nupcias es la demostración de que como el ave Fénix, el PRI resurge de sus cenizas y no precisamente renovado.
Se aprecia simplemente la cohesión de un fuerte grupo político en el cual el capo, el Padrino, parecería ser el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, que, terminado su aparente exilio, parece haber olvidado el auténtico rechazo que gran parte de la población le expresa constantemente.
Ahí, enmedio de la gente que lo aprecia y lo reconoce, Salinas deja atrás los tiempos en que llegaba a México casi a escondidas, generando noticia con sus visitas semi clandestinas.
Los abrazos, los saludos, las sonrisas, parecen las mismas de aquellos memorables días de Solidaridad.
En la boda de la hija del representante de la nueva generación vencedora del partidazo, Salinas fue no solamente un espectacular invitado: además fungió como primer testigo de honor.
Y al lado del capo, el otro lugar importante en la ceremonia fue para quien parece a todas luces ser el ungido del clan priísta.
Honores, lisonjas, festejos, flashes y reconocimientos para el otro testigo de lujo, el gober bonito, el del gran copete, Enrique Peña Nieto, que junto a su Gaviota acaparó más atenciones que los propios novios.
En fin, una ceremonia en la que Chuayffet, el anfitrión, y Beatriz Paredes, como dirigente oficial del PRI, son parte del mensaje de unión y de cohesión del “PRI de hoy”, que al reconocer ya sin tapujos y sin falsos pudores la presencia de Carlos Salinas de Gortari, nos ratifica sin problemas parte de su slogan: “experiencia probada”.
Así también el partidazo nos obliga a preguntarnos dónde está la “nueva actitud” que en apariencia le dio el triunfo en las urnas y le hizo ganar otra vez la confianza ciudadana.
No termino de entender si la boda en cuestión, con todos los símbolos que mostró fue un acto casual o fue planeada de esa manera. No me es posible descifrar si los priístas de siempre se reunieron tan pública y festivamente con toda la intención de que el país entero se enterara de que el dinosaurio todavía está ahí.
En Italia existe un dicho que reza que “el lobo pierde el pelo, pero no el vicio”. A lo mejor es el refrán que mejor describe lo que vimos hace algunos días. Una clase política que se niega a cambiar siquiera las formas, que se muestra despilfarradora, prepotente, triunfalista y cínica.
Como en todo el mundo, los poderosos se empeñan en hacer gala de su poder. Las mayorías se ocupan de llevarlos a las posiciones que ocupan pero no tienen derecho de cuestionarlos y se deben limitar a observarlos.
Ahora bien, para completar mi reflexión están las teorías formuladas por el investigador Edgardo Buscaglia, publicadas por el diario mexicano El Universal en su versión on line. De acuerdo con el académico, quien es coordinador del Programa Internacional de Justicia y Desarrollo del ITAM, la sociedad mexicana se está enfrentando “a grupos criminales que se esconden detrás de empresas y no se les están aplicando herramientas para confiscarles su dinero ilícito. Son empresas en donde están involucrados políticos y empresarios famosos que salen en las revistas"
El académico señala además que "ha cambiado mucho la fisonomía de las cúpulas criminales. Muchos de estos personajes han ido a escuelas de negocios, a Harvard, a Londres. Cuando uno hace investigaciones patrimoniales descubre que están detrás de estas organizaciones empresarios y políticos"
Una afirmación tan fuerte da mucho para pensar. Mucho para sospechar. Mucho para no confiar. Especialmente cuando en México los gobernantes se ocupan y se preocupan más por atrapar a los capos aparentes de las organizaciones criminales.
De acuerdo con Buscaglia, no es posible afirmar que “El Nica, El Chayo o El Chango Méndez sean "El Jefe". Los directorios visibles sólo son pantallas, los verdaderos no siempre están visibles y ellos, por lo regular consejos directivos, son los que planean las estrategias de esas mafias. Los que vemos son meros operativos”.
Grave acusación que nos lleva a sospechar que por muy sanguinaria que sea la declarada guerra contra la delincuencia organizada, ésta no será derrotarla por una sencilla razón: al parecer el enemigo tiene un perfecto camuflaje “gracias a sus redes patrimoniales que le generan recursos para poder pagar protección, comprar droga, armas y financiar las ejecuciones”.
Es por eso que uno, ciudadano común y corriente, se preocupa cuando ve a la cúpula de un partido comportarse en una forma más bien estereotipada. Se sacan conclusiones, se hacen reflexiones y lo único que queda por preguntar es hasta cuándo continuaremos llevando al poder a los personajes equivocados y hasta dónde nos veremos obligados a pagar las consecuencias.
22 de julio, 2009
En los últimos días, una serie de fotografías publicadas on line por la revista mexicana Quién me ha dejado sorprendida. Se trata del resumen gráfico de la boda de Carolina Chuayffet Soto, hija del ex gobernador mexiquense, ex secretario de Gobernación y actual diputado federal electo, Emilio Chuayffet Chemor.
Y digo que las imágenes me sorprendieron porque no pensé ver reunida en todo su esplendor a la mismísima cúpula priísta, especialmente a tan pocos días de haber obtenido su tan pavoneado triunfo en las elecciones federales intermedias.
Vamos, la mencionada reunión de los poderosos me deja con la boca abierta más que nada por el estilo en que se llevó a cabo.
No puedo negar que de repente, al observar a Emilio Chuayffet, a sus familiares y amigos festejando tan pomposamente la boda, mi primera impresión fue la de recordar una de las más célebres secuencias de la película El Padrino, el film realizado en 1972 dirigido por el ítaloamericano Francis Ford Coppola.
Precisamente la película inicia el día de la boda de la hija del capo Vito Corleone, con la gran familia de la mafia siciliana que vive en Nueva York que va a rendir homenaje a su líder, al Padrino y de paso a arreglar algunos asuntos pendientes.
Sin ofender. La boda parecía más que el festejo por la unión de dos esperanzados jóvenes, una reunión de jefes, una simbólica ceremonia en la cual lo menos importante eran precisamente los jóvenes esposos.
Lo que se ve y se lee en cada imagen de las nupcias es la demostración de que como el ave Fénix, el PRI resurge de sus cenizas y no precisamente renovado.
Se aprecia simplemente la cohesión de un fuerte grupo político en el cual el capo, el Padrino, parecería ser el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, que, terminado su aparente exilio, parece haber olvidado el auténtico rechazo que gran parte de la población le expresa constantemente.
Ahí, enmedio de la gente que lo aprecia y lo reconoce, Salinas deja atrás los tiempos en que llegaba a México casi a escondidas, generando noticia con sus visitas semi clandestinas.
Los abrazos, los saludos, las sonrisas, parecen las mismas de aquellos memorables días de Solidaridad.
En la boda de la hija del representante de la nueva generación vencedora del partidazo, Salinas fue no solamente un espectacular invitado: además fungió como primer testigo de honor.
Y al lado del capo, el otro lugar importante en la ceremonia fue para quien parece a todas luces ser el ungido del clan priísta.
Honores, lisonjas, festejos, flashes y reconocimientos para el otro testigo de lujo, el gober bonito, el del gran copete, Enrique Peña Nieto, que junto a su Gaviota acaparó más atenciones que los propios novios.
En fin, una ceremonia en la que Chuayffet, el anfitrión, y Beatriz Paredes, como dirigente oficial del PRI, son parte del mensaje de unión y de cohesión del “PRI de hoy”, que al reconocer ya sin tapujos y sin falsos pudores la presencia de Carlos Salinas de Gortari, nos ratifica sin problemas parte de su slogan: “experiencia probada”.
Así también el partidazo nos obliga a preguntarnos dónde está la “nueva actitud” que en apariencia le dio el triunfo en las urnas y le hizo ganar otra vez la confianza ciudadana.
No termino de entender si la boda en cuestión, con todos los símbolos que mostró fue un acto casual o fue planeada de esa manera. No me es posible descifrar si los priístas de siempre se reunieron tan pública y festivamente con toda la intención de que el país entero se enterara de que el dinosaurio todavía está ahí.
En Italia existe un dicho que reza que “el lobo pierde el pelo, pero no el vicio”. A lo mejor es el refrán que mejor describe lo que vimos hace algunos días. Una clase política que se niega a cambiar siquiera las formas, que se muestra despilfarradora, prepotente, triunfalista y cínica.
Como en todo el mundo, los poderosos se empeñan en hacer gala de su poder. Las mayorías se ocupan de llevarlos a las posiciones que ocupan pero no tienen derecho de cuestionarlos y se deben limitar a observarlos.
Ahora bien, para completar mi reflexión están las teorías formuladas por el investigador Edgardo Buscaglia, publicadas por el diario mexicano El Universal en su versión on line. De acuerdo con el académico, quien es coordinador del Programa Internacional de Justicia y Desarrollo del ITAM, la sociedad mexicana se está enfrentando “a grupos criminales que se esconden detrás de empresas y no se les están aplicando herramientas para confiscarles su dinero ilícito. Son empresas en donde están involucrados políticos y empresarios famosos que salen en las revistas"
El académico señala además que "ha cambiado mucho la fisonomía de las cúpulas criminales. Muchos de estos personajes han ido a escuelas de negocios, a Harvard, a Londres. Cuando uno hace investigaciones patrimoniales descubre que están detrás de estas organizaciones empresarios y políticos"
Una afirmación tan fuerte da mucho para pensar. Mucho para sospechar. Mucho para no confiar. Especialmente cuando en México los gobernantes se ocupan y se preocupan más por atrapar a los capos aparentes de las organizaciones criminales.
De acuerdo con Buscaglia, no es posible afirmar que “El Nica, El Chayo o El Chango Méndez sean "El Jefe". Los directorios visibles sólo son pantallas, los verdaderos no siempre están visibles y ellos, por lo regular consejos directivos, son los que planean las estrategias de esas mafias. Los que vemos son meros operativos”.
Grave acusación que nos lleva a sospechar que por muy sanguinaria que sea la declarada guerra contra la delincuencia organizada, ésta no será derrotarla por una sencilla razón: al parecer el enemigo tiene un perfecto camuflaje “gracias a sus redes patrimoniales que le generan recursos para poder pagar protección, comprar droga, armas y financiar las ejecuciones”.
Es por eso que uno, ciudadano común y corriente, se preocupa cuando ve a la cúpula de un partido comportarse en una forma más bien estereotipada. Se sacan conclusiones, se hacen reflexiones y lo único que queda por preguntar es hasta cuándo continuaremos llevando al poder a los personajes equivocados y hasta dónde nos veremos obligados a pagar las consecuencias.
miércoles, 15 de julio de 2009
Cuatro minutos con Enrique Peña Nieto
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
15 de julio, 2009
Cuando la semana anterior comenté los resultados obtenidos por el PRI en las elecciones federales intermedias, no pude hacer a un lado el tema que parece dominar el panorama: la posible candidatura a la presidencia de la República del actual gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto.
En realidad no soy afecta a jugar al futurismo político, sobre todo porque como reza la conseja popular -que raramente se equivoca- “del plato a la boca se cae la sopa”.
Sin embargo, la presente realidad me obliga a analizar atentamente las circunstancias y a tratar de comprender o por lo menos analizar al personaje que al parecer se ha convertido en centro de atención de la clase política, primero y de los ciudadanos después.
Personalmente pude conocer poco a Enrique Peña, en los tiempos en que trabajaba como Secretario de Administración del gobierno de Arturo Montiel Rojas. Era un funcionario más que me atrevería a decir destacaba por un solo motivo: era el más apuesto del gabinete.
Joven, bien parecido, con los modos y maneras de los clásicos políticos que nacieron en cuna priísta y que saben controlar sus emociones y en lugar de dejarse llevar por sus impulsos pueden y saben llenar de atenciones y falsos cumplidos a quien tienen frente a sí.
Mi recuerdo del hoy gobernador es el de un hombre que ya en aquellos días se rodeaba de colaboradores que lo lisonjeaban, se comportaba como el funcionario que domina la situación y sacaba siempre a relucir su simpatía como el mejor medio para evitar responder directa y eficazmente, sobre todo a las preguntas embarazosas.
Pensé que con el tiempo Peña Nieto había cambiado, que su meteórica y sorprendente carrera lo había hecho crecer, madurar y aprender a comportarse a la altura, especialmente ante la prensa que lo cuestiona, esa prensa rara que no le sirve para engrandecer su imagen. Pero al parecer me equivoqué.
Revisando Internet con la intención de saber un poco más acerca del Peña Nieto actual me encontré con un video curioso, interesante, casi descepcionante.
Se trata de la entrevista que el gobernador mexiquense concedió al noticiario Al Punto conducido por el periodista Jorge Ramos, de la cadena norteamericana Univisión.**
En poco más de cuatro minutos de entrevista, Peña se encarga de mostrarnos su personal visión de la realidad de la sociedad que gobierna. Obviamente una visión parcial y un tanto distorsionada que incluye respuestas tales como: “México es un país seguro, yo te diría que es más seguro que muchos otros países de América Latina... sin dejar de ver este fenómeno que unas solas ejecuciones vinculadas a la delincuencia organizada y otras las que ocurren sobre todo en las grandes zonas metropolitanas donde el crimen pues sí la estadística ha sido creciente (sic)... México es... un país que enfrenta un fenómeno delincuencial nuevo. Esto ha cambiado la percepción ciudadana y eso es lo más difícil de combatir, cuando en la percepción está en que vivas (sic) en un país de inseguridad”
Honestamente un gobernador que cantinflea frente a una cámara de televisión hablando del tema más serio que toca la parte más sensible de la sociedad es casi escalofriante. Uno se pregunta de dónde el señor con el copete más famoso de México saca el valor para mostrarse como serio aspirante a la presidencia. Aunque de repente la respuesta es sencilla: para alguien que cree que México es un país seguro, es sin duda simple pensar que gobernarlo no tiene la menor dificultad.
Es soprendente y lo encuentro injusto. Quisiera tener esperanzas y creer que se trata solamente de cuatro minutos de lapsus contínuos y que la capacidad real de Peña para conducir las riendas del estado de México es altísima. Pero son solamente eso, esperanzas que se rompen frente a la realidad que la entrevista me deja ver.
Porque no encuentro la forma para justificar lo que el gobernador mexiquense muestra. Incluso en un tema tan delicado que tiene que ver con su vida personal. A la pregunta directa del periodista referente al modo en que falleció su esposa, Mónica Pretelini, Enrique Peña se muestra titubeante, inseguro, poco convincente. Y es terrible.
La respuesta textual del gobernador mexiquense fue: “bueno, mira, en su momento se dio una explicación. Fue algo... Intempestivamente. (sic) Ella llevaba dos años de tener alguna enfermedad parecida a lo que era... estos estertores... este...se me fue el nombre de la... de la … de la enfermedad puntual... epilepsia... pero no era epilepsia probablemente... pero algo parecido a la epilepsia...”
Uno como simple expectador se queda sin palabras. Peña Nieto no cambia el tono de su voz ni se olvida de sonreir. Se ve nervioso, falso, pero no pierde el tono, un tono que disfraza su poca capacidad de responder con coherencia.
Luego, su justificación ante las demasiadas apariciones en las revistas de espectáculos: “pues ocupa (sic) que lo que es tu vida privada no es tan privada. Se vuelve pública”. En este punto vale decir que no podría esperarse otra cosa, dado que el gobernador se ha involucrado sentimentalmente con una actriz de telenovelas más o menos famosa, ¿no?
Que esto sea provechoso o no, benéfico o perjudicial, se sabrá solamente cuando Peña se lance con todas sus fuerzas para conseguir su objetivo. Pero probablemente en un país donde la televisión ha tenido un peso fundamental en la formación de los ciudadanos, donde la masa ha crecido nutriéndose de telenovelas, no resulta tan descabellado pensar que sería bien visto que pudiera llegar a gobernar “la pareja más atractiva de México”, visto que ya durante seis años tuvimos a una menos agraciada pareja presidencial.
Por lo pronto, insisto en que durante esos benditos cuatro minutos de entrevista, la imagen de Peña no sale bien librada y probablemente no se trata de un simple mal momento del gobernante.
La verdad es que a estas alturas, una servidora ya está curada de espanto respecto a la calidad de los líderes políticos. Me basta ver todos los días en Italia las barbaridades de Silvio Berlusconi que entre divorcios públicos y ahora hasta orgías sigue dando de qué hablar.
Pero a pesar de que no me escandalizo, si me preocupo porque pienso que no es justo ni normal que las sociedades pseudo democráticas sigan llevando al poder a personajes que lo único que pueden ofrecernos es un contínuo show, una pasarela inútil que no nos sacará ni de la pobreza ni del retraso.
Por eso insisto en la inconveniencia de que un elemento como el gobernador mexiquense llegue a gobernar a los poco más de 107 millones de mexicanos. Por lo menos ahora no está preparado y muy probablemente en los próximos tres años lo único que puede cambiar para él es que lleguen a circundarlo más y más personas que aspirando a un hueso lo hagan sentir como el único político capaz de gobernar México.
Pero para que eso ocurra, para que Peña Nieto llegue a Los Pinos se requiere entre otras cosas el voto ciudadano. Y por fortuna, todavía estamos a tiempo de frenar el retroceso. Que así sea.
**http://www.youtube.com/watch?v=MPK9dspBpaQ
15 de julio, 2009
Cuando la semana anterior comenté los resultados obtenidos por el PRI en las elecciones federales intermedias, no pude hacer a un lado el tema que parece dominar el panorama: la posible candidatura a la presidencia de la República del actual gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto.
En realidad no soy afecta a jugar al futurismo político, sobre todo porque como reza la conseja popular -que raramente se equivoca- “del plato a la boca se cae la sopa”.
Sin embargo, la presente realidad me obliga a analizar atentamente las circunstancias y a tratar de comprender o por lo menos analizar al personaje que al parecer se ha convertido en centro de atención de la clase política, primero y de los ciudadanos después.
Personalmente pude conocer poco a Enrique Peña, en los tiempos en que trabajaba como Secretario de Administración del gobierno de Arturo Montiel Rojas. Era un funcionario más que me atrevería a decir destacaba por un solo motivo: era el más apuesto del gabinete.
Joven, bien parecido, con los modos y maneras de los clásicos políticos que nacieron en cuna priísta y que saben controlar sus emociones y en lugar de dejarse llevar por sus impulsos pueden y saben llenar de atenciones y falsos cumplidos a quien tienen frente a sí.
Mi recuerdo del hoy gobernador es el de un hombre que ya en aquellos días se rodeaba de colaboradores que lo lisonjeaban, se comportaba como el funcionario que domina la situación y sacaba siempre a relucir su simpatía como el mejor medio para evitar responder directa y eficazmente, sobre todo a las preguntas embarazosas.
Pensé que con el tiempo Peña Nieto había cambiado, que su meteórica y sorprendente carrera lo había hecho crecer, madurar y aprender a comportarse a la altura, especialmente ante la prensa que lo cuestiona, esa prensa rara que no le sirve para engrandecer su imagen. Pero al parecer me equivoqué.
Revisando Internet con la intención de saber un poco más acerca del Peña Nieto actual me encontré con un video curioso, interesante, casi descepcionante.
Se trata de la entrevista que el gobernador mexiquense concedió al noticiario Al Punto conducido por el periodista Jorge Ramos, de la cadena norteamericana Univisión.**
En poco más de cuatro minutos de entrevista, Peña se encarga de mostrarnos su personal visión de la realidad de la sociedad que gobierna. Obviamente una visión parcial y un tanto distorsionada que incluye respuestas tales como: “México es un país seguro, yo te diría que es más seguro que muchos otros países de América Latina... sin dejar de ver este fenómeno que unas solas ejecuciones vinculadas a la delincuencia organizada y otras las que ocurren sobre todo en las grandes zonas metropolitanas donde el crimen pues sí la estadística ha sido creciente (sic)... México es... un país que enfrenta un fenómeno delincuencial nuevo. Esto ha cambiado la percepción ciudadana y eso es lo más difícil de combatir, cuando en la percepción está en que vivas (sic) en un país de inseguridad”
Honestamente un gobernador que cantinflea frente a una cámara de televisión hablando del tema más serio que toca la parte más sensible de la sociedad es casi escalofriante. Uno se pregunta de dónde el señor con el copete más famoso de México saca el valor para mostrarse como serio aspirante a la presidencia. Aunque de repente la respuesta es sencilla: para alguien que cree que México es un país seguro, es sin duda simple pensar que gobernarlo no tiene la menor dificultad.
Es soprendente y lo encuentro injusto. Quisiera tener esperanzas y creer que se trata solamente de cuatro minutos de lapsus contínuos y que la capacidad real de Peña para conducir las riendas del estado de México es altísima. Pero son solamente eso, esperanzas que se rompen frente a la realidad que la entrevista me deja ver.
Porque no encuentro la forma para justificar lo que el gobernador mexiquense muestra. Incluso en un tema tan delicado que tiene que ver con su vida personal. A la pregunta directa del periodista referente al modo en que falleció su esposa, Mónica Pretelini, Enrique Peña se muestra titubeante, inseguro, poco convincente. Y es terrible.
La respuesta textual del gobernador mexiquense fue: “bueno, mira, en su momento se dio una explicación. Fue algo... Intempestivamente. (sic) Ella llevaba dos años de tener alguna enfermedad parecida a lo que era... estos estertores... este...se me fue el nombre de la... de la … de la enfermedad puntual... epilepsia... pero no era epilepsia probablemente... pero algo parecido a la epilepsia...”
Uno como simple expectador se queda sin palabras. Peña Nieto no cambia el tono de su voz ni se olvida de sonreir. Se ve nervioso, falso, pero no pierde el tono, un tono que disfraza su poca capacidad de responder con coherencia.
Luego, su justificación ante las demasiadas apariciones en las revistas de espectáculos: “pues ocupa (sic) que lo que es tu vida privada no es tan privada. Se vuelve pública”. En este punto vale decir que no podría esperarse otra cosa, dado que el gobernador se ha involucrado sentimentalmente con una actriz de telenovelas más o menos famosa, ¿no?
Que esto sea provechoso o no, benéfico o perjudicial, se sabrá solamente cuando Peña se lance con todas sus fuerzas para conseguir su objetivo. Pero probablemente en un país donde la televisión ha tenido un peso fundamental en la formación de los ciudadanos, donde la masa ha crecido nutriéndose de telenovelas, no resulta tan descabellado pensar que sería bien visto que pudiera llegar a gobernar “la pareja más atractiva de México”, visto que ya durante seis años tuvimos a una menos agraciada pareja presidencial.
Por lo pronto, insisto en que durante esos benditos cuatro minutos de entrevista, la imagen de Peña no sale bien librada y probablemente no se trata de un simple mal momento del gobernante.
La verdad es que a estas alturas, una servidora ya está curada de espanto respecto a la calidad de los líderes políticos. Me basta ver todos los días en Italia las barbaridades de Silvio Berlusconi que entre divorcios públicos y ahora hasta orgías sigue dando de qué hablar.
Pero a pesar de que no me escandalizo, si me preocupo porque pienso que no es justo ni normal que las sociedades pseudo democráticas sigan llevando al poder a personajes que lo único que pueden ofrecernos es un contínuo show, una pasarela inútil que no nos sacará ni de la pobreza ni del retraso.
Por eso insisto en la inconveniencia de que un elemento como el gobernador mexiquense llegue a gobernar a los poco más de 107 millones de mexicanos. Por lo menos ahora no está preparado y muy probablemente en los próximos tres años lo único que puede cambiar para él es que lleguen a circundarlo más y más personas que aspirando a un hueso lo hagan sentir como el único político capaz de gobernar México.
Pero para que eso ocurra, para que Peña Nieto llegue a Los Pinos se requiere entre otras cosas el voto ciudadano. Y por fortuna, todavía estamos a tiempo de frenar el retroceso. Que así sea.
**http://www.youtube.com/watch?v=MPK9dspBpaQ
jueves, 9 de julio de 2009
Los -nuevos- tiempos del carro completo
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
08 de julio, 2009
Mientras escribo estas líneas, veo los resultados de las elecciones del pasado cinco de julio y observo con no poca sorpresa que los mexicanos, -al menos poco más del 40 por ciento de aquellos en edad de votar- han decidido dar un extraño paso atrás y regresar a los tiempos en que el PRI se llevaba el carro completo.
Confieso que estoy todavía tratando de analizar la situación, buscando comprenderla e intentando darle la explicación más coherente posible.
Revisando el sitio oficial del PRI, encuentro atractivo su nuevo eslogan: “El PRI de hoy. Experiencia probada. Nueva actitud.” Así fue como se propuso el partido a la población. Y utilizó además el discurso que la población quiere escuchar.
La experiencia probada del PRI venció ante los nueve años de gobierno federal panista. Lo malo del asunto es que al parecer los votantes decidieron olvidar en qué manera ha sido probada esa experiencia del tricolor y cuán lamentables han sido muchos de los episodios en que el partidazo fue generador de un sistema de injusticia social que hasta ahora los mexicanos estamos pagando.
La fórmula usada por el tricolor durante estas elecciones es sencilla: alguien con experiencia que ofrece a los ciudadanos “una nueva defensa del empleo” y que dará al elector y a su familia lo que en los últimos meses le ha faltado: seguridad, con todo lo que el concepto implica.
En realidad, asociando las palabras “familia y seguridad” los priístas en campaña unieron los conceptos clave para vender a la población la esperanza que necesita en este momento.
Los electores, más que un sí incondicional al retorno del PRI, dieron un rotundo no a la continuidad del PAN.
En estas elecciones intermedias vale decir que la legitimidad todavía tendría que cuestionarse, dado que no se puede hablar de una gran demostración de la voluntad popular ante el porcentaje de participación, que no llegó siquiera al 50 por ciento.
Sin embargo, los participantes decidieron y los resultados están ahí, como una fuerte bofetada para los panistas, una sacudida para los perredistas y una enorme esperanza para los priístas que festejan eufóricos su mayoría en el Congreso Federal y sus victorias en los diferentes estados donde se efectuaron elecciones locales.
Pero la algarabía tricolor va más allá. Hay quienes ya están echando las campanas al vuelo y ven en el triunfo de los bonitos un ensayo general de lo que podría ocurrir en el 2012 y piensan que Enrique Peña Nieto, de la mano de su Gaviota podría entrar a Los Pinos para recomenzar los tiempos de bonanza del partidazo.
Y con todo respeto para los -sobre todo las- simpatizantes del copetudo gobernador. Ojalá que esto no ocurra.
Porque una cosa es el equilibrio de fuerzas políticas que se puede generar ahora con un Congreso que verdaderamente sirva de oposición a las decisiones a veces descabelladas de Felipe Calderón, y otra muy diferente es regresar a la época en que el PRI gobernaba solito, en que los tricolores eran dueños y señores de vidas y haciendas y que si bien representó 70 años de aparente paz social, trajo también pocas posibilidades de desarrollo para el país y muchos beneficios para unos cuantos.
Eso, sin tomar en cuenta la posibilidad de que Peña Nieto no sea otra cosa que un títere de Carlos Salinas de Gortari, información que se maneja fuerte y quedito y que debería poner a reflexionar a más de uno.
Obviamente no estoy diciendo nada nuevo. Simplemente estoy tratando de advertir a tiempo que llevar al poder a un joven con una meteórica y extraña carrera política no es precisamente la mejor decisión que los mexicanos pueden tomar.
Y sin embargo, todo parece indicar que para allá vamos los mexicanos. Los hoy triunfadores priístas le están apostando a la linda cara de un gobernador y sin duda, para un pueblo poco educado y hambriento de novedad, no se ve para nada lejana la posibilidad de que la apuesta de los tricolores sea la ganadora.
Por el momento, a tres años de las elecciones presidenciales, seguramente las fuerzas políticas mexicanas seguirán preparando sus estrategias. Sin duda alguna el PRI aprovechará la oportunidad para mostrar todas las debilidades de la inexperiencia de Calderón, y con sus colmilludos diputados logrará mover de nuevo los hilos de la política nacional.
El PAN la va a ver difícil, sobre todo porque sus militantes en el gobierno -empezando por Calderón- no se ayudan mucho y demuestran que el poder les queda grande y no saben ni qué hacer con él.
Los perredistas, en tanto, al ver que sus propuestas no tienen pies ni cabeza, que carecen de figuras y que se pierden en puras buenas intenciones, probablemente despertarán y entenderán que ser oposición no quiere decir estar invariablemente en contra de todo. A lo mejor así empiezan a ganar adeptos.
Total, que todos los políticos se van a poner a trabajar porque el tiempo apremia y hay que buscar la grande, especialmente porque en los últimos tiempos los mexicanos le apostamos mucho al futurismo.
Pero mientras, en el triste presente, la inseguridad, el desempleo, la pobreza y todo lo que implica injusticia social seguirán gobernando en México, mientras los directamente responsables estarán más bien preocupados por no perder el hueso o buscar uno más grande.
Esperemos que el diálogo y la cooperación que el presidente Calderón ha prometido que existirán entre él y el Poder Legislativo no se reduzca a puros arreglos por debajo de la mesa que solamente beneficien a unos cuantos y no solucionen la difícil situación de nuestro sufrido país. Veremos.
08 de julio, 2009
Mientras escribo estas líneas, veo los resultados de las elecciones del pasado cinco de julio y observo con no poca sorpresa que los mexicanos, -al menos poco más del 40 por ciento de aquellos en edad de votar- han decidido dar un extraño paso atrás y regresar a los tiempos en que el PRI se llevaba el carro completo.
Confieso que estoy todavía tratando de analizar la situación, buscando comprenderla e intentando darle la explicación más coherente posible.
Revisando el sitio oficial del PRI, encuentro atractivo su nuevo eslogan: “El PRI de hoy. Experiencia probada. Nueva actitud.” Así fue como se propuso el partido a la población. Y utilizó además el discurso que la población quiere escuchar.
La experiencia probada del PRI venció ante los nueve años de gobierno federal panista. Lo malo del asunto es que al parecer los votantes decidieron olvidar en qué manera ha sido probada esa experiencia del tricolor y cuán lamentables han sido muchos de los episodios en que el partidazo fue generador de un sistema de injusticia social que hasta ahora los mexicanos estamos pagando.
La fórmula usada por el tricolor durante estas elecciones es sencilla: alguien con experiencia que ofrece a los ciudadanos “una nueva defensa del empleo” y que dará al elector y a su familia lo que en los últimos meses le ha faltado: seguridad, con todo lo que el concepto implica.
En realidad, asociando las palabras “familia y seguridad” los priístas en campaña unieron los conceptos clave para vender a la población la esperanza que necesita en este momento.
Los electores, más que un sí incondicional al retorno del PRI, dieron un rotundo no a la continuidad del PAN.
En estas elecciones intermedias vale decir que la legitimidad todavía tendría que cuestionarse, dado que no se puede hablar de una gran demostración de la voluntad popular ante el porcentaje de participación, que no llegó siquiera al 50 por ciento.
Sin embargo, los participantes decidieron y los resultados están ahí, como una fuerte bofetada para los panistas, una sacudida para los perredistas y una enorme esperanza para los priístas que festejan eufóricos su mayoría en el Congreso Federal y sus victorias en los diferentes estados donde se efectuaron elecciones locales.
Pero la algarabía tricolor va más allá. Hay quienes ya están echando las campanas al vuelo y ven en el triunfo de los bonitos un ensayo general de lo que podría ocurrir en el 2012 y piensan que Enrique Peña Nieto, de la mano de su Gaviota podría entrar a Los Pinos para recomenzar los tiempos de bonanza del partidazo.
Y con todo respeto para los -sobre todo las- simpatizantes del copetudo gobernador. Ojalá que esto no ocurra.
Porque una cosa es el equilibrio de fuerzas políticas que se puede generar ahora con un Congreso que verdaderamente sirva de oposición a las decisiones a veces descabelladas de Felipe Calderón, y otra muy diferente es regresar a la época en que el PRI gobernaba solito, en que los tricolores eran dueños y señores de vidas y haciendas y que si bien representó 70 años de aparente paz social, trajo también pocas posibilidades de desarrollo para el país y muchos beneficios para unos cuantos.
Eso, sin tomar en cuenta la posibilidad de que Peña Nieto no sea otra cosa que un títere de Carlos Salinas de Gortari, información que se maneja fuerte y quedito y que debería poner a reflexionar a más de uno.
Obviamente no estoy diciendo nada nuevo. Simplemente estoy tratando de advertir a tiempo que llevar al poder a un joven con una meteórica y extraña carrera política no es precisamente la mejor decisión que los mexicanos pueden tomar.
Y sin embargo, todo parece indicar que para allá vamos los mexicanos. Los hoy triunfadores priístas le están apostando a la linda cara de un gobernador y sin duda, para un pueblo poco educado y hambriento de novedad, no se ve para nada lejana la posibilidad de que la apuesta de los tricolores sea la ganadora.
Por el momento, a tres años de las elecciones presidenciales, seguramente las fuerzas políticas mexicanas seguirán preparando sus estrategias. Sin duda alguna el PRI aprovechará la oportunidad para mostrar todas las debilidades de la inexperiencia de Calderón, y con sus colmilludos diputados logrará mover de nuevo los hilos de la política nacional.
El PAN la va a ver difícil, sobre todo porque sus militantes en el gobierno -empezando por Calderón- no se ayudan mucho y demuestran que el poder les queda grande y no saben ni qué hacer con él.
Los perredistas, en tanto, al ver que sus propuestas no tienen pies ni cabeza, que carecen de figuras y que se pierden en puras buenas intenciones, probablemente despertarán y entenderán que ser oposición no quiere decir estar invariablemente en contra de todo. A lo mejor así empiezan a ganar adeptos.
Total, que todos los políticos se van a poner a trabajar porque el tiempo apremia y hay que buscar la grande, especialmente porque en los últimos tiempos los mexicanos le apostamos mucho al futurismo.
Pero mientras, en el triste presente, la inseguridad, el desempleo, la pobreza y todo lo que implica injusticia social seguirán gobernando en México, mientras los directamente responsables estarán más bien preocupados por no perder el hueso o buscar uno más grande.
Esperemos que el diálogo y la cooperación que el presidente Calderón ha prometido que existirán entre él y el Poder Legislativo no se reduzca a puros arreglos por debajo de la mesa que solamente beneficien a unos cuantos y no solucionen la difícil situación de nuestro sufrido país. Veremos.
jueves, 2 de julio de 2009
El voto en blanco, opción democrática y señal de hartazgo
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
01 de julio, 2009
Esta semana no puedo menos que hablar acerca de la importantísima jornada electoral que se vivirá en México el próximo domingo. Lo hago llena de interrogantes, de dudas que seguramente no tienen respuestas inmediatas.
Sobre todo, la pregunta más frecuente que para mí hasta ahora no tiene una respuesta clara y concreta es ¿cuánto interesa realmente al ciudadano mexicano promedio ir a las urnas a elegir a sus gobernantes, en una sociedad pseudodemocrática donde la clase política no tiene credibilidad?
Ciertamente para el campesino, para el obrero, para el ama de casa, para la mujer trabajadora o para el empleado normal que ve cada día disminuir sus esperanzas de progreso y siente que ni siquiera tiene la posibilidad de vivir dignamente, quién lo gobierna no tiene la mínima trascendencia.
Seamos honestos. No es una cuestión de partidos. Hasta el momento no ha habido una respuesta siquiera mínima hacia las verdaderas necesidades sociales de parte de ninguna de las fuerzas políticas. De ahí que elegir diputados o alcaldes no sea una de las acciones que quitan el sueño a los ciudadanos de a pie.
Los mexicanos tenemos historia, lo malo es que no tenemos memoria. Por eso es necesario recordar que hasta hace algunos años, nuestro país tenía una verdadera necesidad de ver respetado el principio revolucionario, ese del “sufragio efectivo”. Necesidad que con el tiempo se fue apagando, a fuerza de recibir continuas desilusiones.
Recordemos por ejemplo aquel 6 de julio de 1988. En aquellos días, los esperanzados mexicanos -sobretodo los más jóvenes- fuimos a las urnas y pensamos que nuestra decisión podría cambiar las condiciones que en aquellos momentos se vivían. Habíamos sobrevivido a duras penas la terrible crisis económica que dejó como herencia López Portillo a su sucesor, Miguel de la Madrid. Habíamos soportado la burla llamada “renovación moral de la sociedad”. Queríamos cambiar y -de acuerdo con las cifras oficiales- al menos 20 millones de ciudadanos acudimos a votar.
Pero como siempre algo no funcionó y de acuerdo con lo que relata en sus memorias el mismísimo ex presidente De la Madrid, cuando éste se percató de que las tendencias electorales no favorecían al candidato priísta, Carlos Salinas de Gortari, ordenó la suspensión del conteo de votos al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz”.
Y nos quedamos en las mismas. Vivimos otros 12 años en la dictadura perfecta. En 1994, ganó el voto del miedo, luego de la aparición de Ejército Zapatista de Liberación Nacional y la muerte del candidato priísta a la presidencia, Luis Donaldo Colosio. Ernesto Zedillo fue el último presidente priísta.
En el año 2000, en cambio, la ilusión de convertirnos en un país democrático pareció convertirse en una realidad. Entonces, por vez primera desde su creación -ocurrida en 1929 bajo en nombre de Partido Nacional Revolucionario- el PRI fue derrotado y el nuevo inquilino de Los Pinos fue el hoy tristemente célebre Vicente Fox.
Acostumbrados ya a vivir los procesos electorales sintiéndonos más democráticos que los ciudadanos de Suecia, los mexicanos nos encontramos en el 2006 con unas elecciones cuyos resultados aún no han sido del todo digeridos por los simpatizantes del entonces candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, quien a tres años de los hechos se sigue promoviendo como “presidente legítimo”, sin que hasta ahora se comprenda bien la utilidad de su protesta.
Y es que en México, a partir de la declaración de guerra al narcotráfico del presidente Felipe Calderón, lo último que parece importar a los ciudadanos es la próxima renovación del Congreso Federal.
Porque en una nación donde el pan cotidiano es la aparición de ejecutados, los enfrentamientos entre soldados y narcotraficantes y los descubrimientos de nexos entre políticos y criminales, la credibilidad de las instituciones lógicamente disminuye considerablemente hasta casi desaparecer.
Entonces uno se pregunta si en todo el país, donde se escogerán los 500 diputados federales o en los once estados en que se elegirán ya sea gobiernos estatales, congresos locales o alcaldías la gente irá a votar con entusiasmo, con esperanza, con verdadero espíritu democrático.
¿Cómo hacerlo, si los ciudadanos mexicanos viven cada jornada llenos de miedo por la propia seguridad? Y se habla de seguridad en todos los aspectos posibles e imaginables, desde la propia integridad física hasta la certeza de un trabajo fijo o al menos de un salario digno.
La respuesta la tienen los mexicanos. Los ciudadanos comunes que cada día viven una crisis que engloba muchas otras crisis, dentro de la compleja realidad nacional. Porque aunados a la situación global, México tiene sus propios problemas, tan serios y profundos que en momentos parecen no tener solución.
Por eso la propuesta del llamado Voto en Blanco no parece tan descabellada, aunque escandaliza a los pseudopaladines de la democracia -o a los defensores del sistema de partidos, para ser más claros-.
Seamos realistas. Analicemos. Veamos sobre todo nuestra realidad inmediata. Es sencillo.
Si dentro de las opciones que se proponen hay un solo candidato digno de nuestra confianza, uno que sepamos -sin pecar de ilusos- que irá a la Cámara de Diputados, al Ayuntamiento o a cualquier otra sede a proponer, a trabajar, a representarnos y no a llenarse los bolsillos con nuestros impuestos para cumplir sus caprichos y sus antojos, entonces votémoslo sin dudar.
Pero si en cambio notamos que quienes aspiran a nuestro voto son parte de los mismos grupos, si son las mismas caras que se reciclan y que en otros cargos no hicieron más que aumentar sus cuotas de poder, entoces pensemos dos veces antes de caer en el mismo error.
Hay que decir que el proceso electoral del domingo será pagado con los impuestos de los mexicanos. Y el costo será muy alto, como siempre, porque la democracia nacional es además particularmente despilfarradora.
Por eso ir a las urnas es un derecho del ciudadano, que ha pagado cada objeto de propaganda partidista, cada boleta, cada mampara, cada crayola. Cada detalle mínimo de la elección ha salido de su bolsillo.
Hasta la última gota de tinta indeleble ha sido pagada con sus impuestos. Por eso debe ir a las urnas. Pero sin olvidar que el Voto en Blanco es también un gesto democrático. Y es quizá la última forma pacífica que un pueblo tiene para decir “ya basta” y para exigir en serio renovación.
01 de julio, 2009
Esta semana no puedo menos que hablar acerca de la importantísima jornada electoral que se vivirá en México el próximo domingo. Lo hago llena de interrogantes, de dudas que seguramente no tienen respuestas inmediatas.
Sobre todo, la pregunta más frecuente que para mí hasta ahora no tiene una respuesta clara y concreta es ¿cuánto interesa realmente al ciudadano mexicano promedio ir a las urnas a elegir a sus gobernantes, en una sociedad pseudodemocrática donde la clase política no tiene credibilidad?
Ciertamente para el campesino, para el obrero, para el ama de casa, para la mujer trabajadora o para el empleado normal que ve cada día disminuir sus esperanzas de progreso y siente que ni siquiera tiene la posibilidad de vivir dignamente, quién lo gobierna no tiene la mínima trascendencia.
Seamos honestos. No es una cuestión de partidos. Hasta el momento no ha habido una respuesta siquiera mínima hacia las verdaderas necesidades sociales de parte de ninguna de las fuerzas políticas. De ahí que elegir diputados o alcaldes no sea una de las acciones que quitan el sueño a los ciudadanos de a pie.
Los mexicanos tenemos historia, lo malo es que no tenemos memoria. Por eso es necesario recordar que hasta hace algunos años, nuestro país tenía una verdadera necesidad de ver respetado el principio revolucionario, ese del “sufragio efectivo”. Necesidad que con el tiempo se fue apagando, a fuerza de recibir continuas desilusiones.
Recordemos por ejemplo aquel 6 de julio de 1988. En aquellos días, los esperanzados mexicanos -sobretodo los más jóvenes- fuimos a las urnas y pensamos que nuestra decisión podría cambiar las condiciones que en aquellos momentos se vivían. Habíamos sobrevivido a duras penas la terrible crisis económica que dejó como herencia López Portillo a su sucesor, Miguel de la Madrid. Habíamos soportado la burla llamada “renovación moral de la sociedad”. Queríamos cambiar y -de acuerdo con las cifras oficiales- al menos 20 millones de ciudadanos acudimos a votar.
Pero como siempre algo no funcionó y de acuerdo con lo que relata en sus memorias el mismísimo ex presidente De la Madrid, cuando éste se percató de que las tendencias electorales no favorecían al candidato priísta, Carlos Salinas de Gortari, ordenó la suspensión del conteo de votos al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz”.
Y nos quedamos en las mismas. Vivimos otros 12 años en la dictadura perfecta. En 1994, ganó el voto del miedo, luego de la aparición de Ejército Zapatista de Liberación Nacional y la muerte del candidato priísta a la presidencia, Luis Donaldo Colosio. Ernesto Zedillo fue el último presidente priísta.
En el año 2000, en cambio, la ilusión de convertirnos en un país democrático pareció convertirse en una realidad. Entonces, por vez primera desde su creación -ocurrida en 1929 bajo en nombre de Partido Nacional Revolucionario- el PRI fue derrotado y el nuevo inquilino de Los Pinos fue el hoy tristemente célebre Vicente Fox.
Acostumbrados ya a vivir los procesos electorales sintiéndonos más democráticos que los ciudadanos de Suecia, los mexicanos nos encontramos en el 2006 con unas elecciones cuyos resultados aún no han sido del todo digeridos por los simpatizantes del entonces candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, quien a tres años de los hechos se sigue promoviendo como “presidente legítimo”, sin que hasta ahora se comprenda bien la utilidad de su protesta.
Y es que en México, a partir de la declaración de guerra al narcotráfico del presidente Felipe Calderón, lo último que parece importar a los ciudadanos es la próxima renovación del Congreso Federal.
Porque en una nación donde el pan cotidiano es la aparición de ejecutados, los enfrentamientos entre soldados y narcotraficantes y los descubrimientos de nexos entre políticos y criminales, la credibilidad de las instituciones lógicamente disminuye considerablemente hasta casi desaparecer.
Entonces uno se pregunta si en todo el país, donde se escogerán los 500 diputados federales o en los once estados en que se elegirán ya sea gobiernos estatales, congresos locales o alcaldías la gente irá a votar con entusiasmo, con esperanza, con verdadero espíritu democrático.
¿Cómo hacerlo, si los ciudadanos mexicanos viven cada jornada llenos de miedo por la propia seguridad? Y se habla de seguridad en todos los aspectos posibles e imaginables, desde la propia integridad física hasta la certeza de un trabajo fijo o al menos de un salario digno.
La respuesta la tienen los mexicanos. Los ciudadanos comunes que cada día viven una crisis que engloba muchas otras crisis, dentro de la compleja realidad nacional. Porque aunados a la situación global, México tiene sus propios problemas, tan serios y profundos que en momentos parecen no tener solución.
Por eso la propuesta del llamado Voto en Blanco no parece tan descabellada, aunque escandaliza a los pseudopaladines de la democracia -o a los defensores del sistema de partidos, para ser más claros-.
Seamos realistas. Analicemos. Veamos sobre todo nuestra realidad inmediata. Es sencillo.
Si dentro de las opciones que se proponen hay un solo candidato digno de nuestra confianza, uno que sepamos -sin pecar de ilusos- que irá a la Cámara de Diputados, al Ayuntamiento o a cualquier otra sede a proponer, a trabajar, a representarnos y no a llenarse los bolsillos con nuestros impuestos para cumplir sus caprichos y sus antojos, entonces votémoslo sin dudar.
Pero si en cambio notamos que quienes aspiran a nuestro voto son parte de los mismos grupos, si son las mismas caras que se reciclan y que en otros cargos no hicieron más que aumentar sus cuotas de poder, entoces pensemos dos veces antes de caer en el mismo error.
Hay que decir que el proceso electoral del domingo será pagado con los impuestos de los mexicanos. Y el costo será muy alto, como siempre, porque la democracia nacional es además particularmente despilfarradora.
Por eso ir a las urnas es un derecho del ciudadano, que ha pagado cada objeto de propaganda partidista, cada boleta, cada mampara, cada crayola. Cada detalle mínimo de la elección ha salido de su bolsillo.
Hasta la última gota de tinta indeleble ha sido pagada con sus impuestos. Por eso debe ir a las urnas. Pero sin olvidar que el Voto en Blanco es también un gesto democrático. Y es quizá la última forma pacífica que un pueblo tiene para decir “ya basta” y para exigir en serio renovación.
Otra de Papi Berlusca... sin querer queriendo
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
24 de junio, 2009
Que quede claro: esta vez su servidora no tenía la mínima intención de retomar el caso de Silvio Berlusconi y sus aventuras galantes. Esto, porque -tal vez ingenuamente- pensé que el caso de la joven Noemí Letizia y su extraña relación con el papi-premier era bastante como para que los italianos no volvieran a votar a favor de Berlusca y/o los candidatos de su partido, el Pueblo de la Libertad.
Eso, por una parte, y por la otra porque además estaba convencida de que no era posible que el gobernante del país de la bota cayera más bajo y se le descubrieran historias peores. De nuevo a pecar de inocente. A la historia de Berlusconi y sus chicas menores de edad, se une un capítulo todavía más escabroso.
Patrizia D'Addario es una escort -una prostituta de lujo- que fue contratada por el empresario Giampalo Tarantini para que acudiera a varias fiestas que se efectuaron durante el 2008 en el Palacio Grazioli, la residencia romana de Berlusconi, y en Villa Certosa, la mansión propiedad del premier que se ubica en Cerdeña.
Hace unos días, D'Addario declaró ante un fiscal de la ciudad sureña de Bari, que en noviembre de 2008 habría pasado la noche con Berlusconi y habría mantenido relaciones sexuales con éste, justo la noche de la elección de Barak Obama como presidente de los Estados Unidos.
La escort lo habría hecho para que el premier le ayudara a agilizar los trámites para construir una residencia, pero al no ver cumplidas las promesas de Berlusconi decidió "vengarse", depositando ante la fiscalía de Bari las fotos y grabaciones hechas en casa del primer ministro la noche de su encuentro.
Y los relatos de la acompañante son decididamente desconcertantes. A la publicación británica Sunday Times ha relatado que durante la primera cena en la que participó en octubre de 2008, su primer pensamiento al entrar en la estancia de la residencia del premier fue “¡pero si esto es un harem!” porque frente a ella encontró alrededor de 20 jóvenes mujeres.
La D'Addario en su relato da a conocer que al ver al premier quedó particularmente sorprendida por la cantidad de maquillaje que éste llevaba encima. “lo hacía verse color naranja y cuando se reía se veían todas sus arrugas”. En ese primer encuentro la prostituta vio cómo Berlusconi se levantó de la mesa y regresó con dijes, pulseras, anillos y collares, casi todos en forma de mariposa que regaló a todas las presentes.
D'Addario bailó pegadita con Berlusconi esa noche, frente a todos. En ese encuentro solamente le fueron pagados mil euros porque no pasó la noche en el Palacio Grazioli, En cambio, la segunda vez, en noviembre, por dos mil euros, pasó la noche con el gobernante y aprovechó la situación para registrar la voz de éste y fotografiar la casa donde estuvo hospedada.
En realidad, la escort es solamente una más de un giro de prostitución -en que posiblemente también haya asuntos de drogas- que se ha creado en torno a Berlusconi. De acuerdo con la información que han publicado diarios como La Repubblica y Corriere della Sera y que por ahora investiga la fiscalía de Bari, habría un número importante de chicas -incluso algunas de ellas provenientes de países de Europa del Este- que serían pagadas para participar en las fiestas de Berlusca.
En este momento, en que la residencia del gobernante italiano ha sido utilizada practicamente como un prostíbulo, la imagen del país de la bota ante el resto del mundo no puede ser peor. Y pensar que en pocos meses Italia será sede de una nuova cumbre del G8, preocupa porque los ojos del mundo estarán dirigidos hacia este lugar,
El colmo para un gobierno de derecha es que la mismísima Iglesia católica le pida explicaciones, A través del semanario católico Famiglia Cristiana, la institución señala que “ha sido superado el límite de la decencia” y afirma que es "indefendible" il comportamento de Berlusconi.
“La Iglesia italiana no puede ignorar la emergencia moral frente al escándalo escort y no se puede hacer como si no estuviera sucediendo nada”.
Lo peor ha sido la actitud de los noticiaros de televisión. Por una parte, Augusto Minzolini, director del Telegiornale del canal de Estado Rai 1, ha dedicado un espacio mínimo a los hechos, justificándose diciendo que “en esta historia de alusiones no hay todavía una noticia”, no obstante que haya pruebas y testimonios. Se trata del mismo periodista que hace 15 años declaraba que “un político es un hombre público en cada momento de la jornada y que debe comportarse y hablar como tal”. Pero ahora trabaja para el régimen, no le puede fallar a su jefe y ponerlo en ridículo ante millones de televidentes.
De la red Mediaset no se podía esperar menos. Es la televisora propiedad de Berlusconi y claramente tiene intereses por defender.
Lo increíble es que hasta el medio de comunicación que más libertad debería ofrecer a los ciudadanos ha sido censurado. En Internet, el reportaje que narraba la historia de Berlusconi y mostraba las fotografías de Villa Certosa, que había sido puesto en onda por la televisión española La Cuatro, fue suspendido por YouTube bajo el argumento de que “viola las normas de la comunidad”, además de que Facebook censuraba igualmente a quienes intentaran mostrar ese video.
La comunidad italiana en la red ha solicitado la difusión del citado video, partiendo de la hipótesis que se trata de un noticiario nacional, y por lo mismo, no puede ser cubierto por el copyright, ya que forma parte del derecho constitucional a la información. Los internautas están además manifestando su temor de que Italia en materia de información viva la misma situación de censura que sufren países como China o Irán.
Personalmente, considero que lo más inquietante de esta historia es leer la respuesta de Silvio Berlusconi. En el semanario Chi, obviamente de su propiedad, el premier afirma que “detrás del caso de Bari hay alguien que ha dado una orden precisa y bien retribuita a la señora D'Addario”.
La preocupación de Berlusca -el político más sexista, de acuerdo con la prensa inglesa- es aclarar que nunca le ha pagado a una mujer porque “nunca ha entendido qué satisfacción pueda existir si no hay el placer de la conquista”. Es decir, su problema no es ser un jefe de Gobierno que organiza ridículas fiestas rodeado de jovencitas y de prostitutas. Eso no importa. Lo que le interesa es que no vayan a pensar que paga por el placer. Y por supuesto ha dicho claramente que no tiene nada por qué disculparse, y en cambio “son muchos los editores y directores de los principales diarios que deben avergonzarse y deben disculparse ”.
Inquietante. Vergonzoso. Para resumir toda esta triste historia, me queda solamente citar al premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, quien en su momento señaló que “Italia ya no es más el país que emociona. Pero sorprende, y no precisamente por las mejores razones. Ni Italia ni aquellos que aman este país se merecen el espectáculo político de fascinación enfermiza por Berlusconi”, Qué pena. La historia, como siempre, juzgará.
24 de junio, 2009
Que quede claro: esta vez su servidora no tenía la mínima intención de retomar el caso de Silvio Berlusconi y sus aventuras galantes. Esto, porque -tal vez ingenuamente- pensé que el caso de la joven Noemí Letizia y su extraña relación con el papi-premier era bastante como para que los italianos no volvieran a votar a favor de Berlusca y/o los candidatos de su partido, el Pueblo de la Libertad.
Eso, por una parte, y por la otra porque además estaba convencida de que no era posible que el gobernante del país de la bota cayera más bajo y se le descubrieran historias peores. De nuevo a pecar de inocente. A la historia de Berlusconi y sus chicas menores de edad, se une un capítulo todavía más escabroso.
Patrizia D'Addario es una escort -una prostituta de lujo- que fue contratada por el empresario Giampalo Tarantini para que acudiera a varias fiestas que se efectuaron durante el 2008 en el Palacio Grazioli, la residencia romana de Berlusconi, y en Villa Certosa, la mansión propiedad del premier que se ubica en Cerdeña.
Hace unos días, D'Addario declaró ante un fiscal de la ciudad sureña de Bari, que en noviembre de 2008 habría pasado la noche con Berlusconi y habría mantenido relaciones sexuales con éste, justo la noche de la elección de Barak Obama como presidente de los Estados Unidos.
La escort lo habría hecho para que el premier le ayudara a agilizar los trámites para construir una residencia, pero al no ver cumplidas las promesas de Berlusconi decidió "vengarse", depositando ante la fiscalía de Bari las fotos y grabaciones hechas en casa del primer ministro la noche de su encuentro.
Y los relatos de la acompañante son decididamente desconcertantes. A la publicación británica Sunday Times ha relatado que durante la primera cena en la que participó en octubre de 2008, su primer pensamiento al entrar en la estancia de la residencia del premier fue “¡pero si esto es un harem!” porque frente a ella encontró alrededor de 20 jóvenes mujeres.
La D'Addario en su relato da a conocer que al ver al premier quedó particularmente sorprendida por la cantidad de maquillaje que éste llevaba encima. “lo hacía verse color naranja y cuando se reía se veían todas sus arrugas”. En ese primer encuentro la prostituta vio cómo Berlusconi se levantó de la mesa y regresó con dijes, pulseras, anillos y collares, casi todos en forma de mariposa que regaló a todas las presentes.
D'Addario bailó pegadita con Berlusconi esa noche, frente a todos. En ese encuentro solamente le fueron pagados mil euros porque no pasó la noche en el Palacio Grazioli, En cambio, la segunda vez, en noviembre, por dos mil euros, pasó la noche con el gobernante y aprovechó la situación para registrar la voz de éste y fotografiar la casa donde estuvo hospedada.
En realidad, la escort es solamente una más de un giro de prostitución -en que posiblemente también haya asuntos de drogas- que se ha creado en torno a Berlusconi. De acuerdo con la información que han publicado diarios como La Repubblica y Corriere della Sera y que por ahora investiga la fiscalía de Bari, habría un número importante de chicas -incluso algunas de ellas provenientes de países de Europa del Este- que serían pagadas para participar en las fiestas de Berlusca.
En este momento, en que la residencia del gobernante italiano ha sido utilizada practicamente como un prostíbulo, la imagen del país de la bota ante el resto del mundo no puede ser peor. Y pensar que en pocos meses Italia será sede de una nuova cumbre del G8, preocupa porque los ojos del mundo estarán dirigidos hacia este lugar,
El colmo para un gobierno de derecha es que la mismísima Iglesia católica le pida explicaciones, A través del semanario católico Famiglia Cristiana, la institución señala que “ha sido superado el límite de la decencia” y afirma que es "indefendible" il comportamento de Berlusconi.
“La Iglesia italiana no puede ignorar la emergencia moral frente al escándalo escort y no se puede hacer como si no estuviera sucediendo nada”.
Lo peor ha sido la actitud de los noticiaros de televisión. Por una parte, Augusto Minzolini, director del Telegiornale del canal de Estado Rai 1, ha dedicado un espacio mínimo a los hechos, justificándose diciendo que “en esta historia de alusiones no hay todavía una noticia”, no obstante que haya pruebas y testimonios. Se trata del mismo periodista que hace 15 años declaraba que “un político es un hombre público en cada momento de la jornada y que debe comportarse y hablar como tal”. Pero ahora trabaja para el régimen, no le puede fallar a su jefe y ponerlo en ridículo ante millones de televidentes.
De la red Mediaset no se podía esperar menos. Es la televisora propiedad de Berlusconi y claramente tiene intereses por defender.
Lo increíble es que hasta el medio de comunicación que más libertad debería ofrecer a los ciudadanos ha sido censurado. En Internet, el reportaje que narraba la historia de Berlusconi y mostraba las fotografías de Villa Certosa, que había sido puesto en onda por la televisión española La Cuatro, fue suspendido por YouTube bajo el argumento de que “viola las normas de la comunidad”, además de que Facebook censuraba igualmente a quienes intentaran mostrar ese video.
La comunidad italiana en la red ha solicitado la difusión del citado video, partiendo de la hipótesis que se trata de un noticiario nacional, y por lo mismo, no puede ser cubierto por el copyright, ya que forma parte del derecho constitucional a la información. Los internautas están además manifestando su temor de que Italia en materia de información viva la misma situación de censura que sufren países como China o Irán.
Personalmente, considero que lo más inquietante de esta historia es leer la respuesta de Silvio Berlusconi. En el semanario Chi, obviamente de su propiedad, el premier afirma que “detrás del caso de Bari hay alguien que ha dado una orden precisa y bien retribuita a la señora D'Addario”.
La preocupación de Berlusca -el político más sexista, de acuerdo con la prensa inglesa- es aclarar que nunca le ha pagado a una mujer porque “nunca ha entendido qué satisfacción pueda existir si no hay el placer de la conquista”. Es decir, su problema no es ser un jefe de Gobierno que organiza ridículas fiestas rodeado de jovencitas y de prostitutas. Eso no importa. Lo que le interesa es que no vayan a pensar que paga por el placer. Y por supuesto ha dicho claramente que no tiene nada por qué disculparse, y en cambio “son muchos los editores y directores de los principales diarios que deben avergonzarse y deben disculparse ”.
Inquietante. Vergonzoso. Para resumir toda esta triste historia, me queda solamente citar al premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, quien en su momento señaló que “Italia ya no es más el país que emociona. Pero sorprende, y no precisamente por las mejores razones. Ni Italia ni aquellos que aman este país se merecen el espectáculo político de fascinación enfermiza por Berlusconi”, Qué pena. La historia, como siempre, juzgará.
Las ocurrencias del Peje...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
18 de junio, 2009
Esta semana una información proveniente de México me inspira particularmente. Esta mañana, de acuerdo con una nota publicada por la prensa nacional, José Agustín Ortiz Pinchetti presentó ante las autoridades de la Procuraduría General de la República -a nombre de Andrés Manuel López Obrador- una denuncia contra la “mafia” mexicana, que a decir del Peje, está integrada por Felipe Calderón, los ex presidentes Vicente Fox, Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, Elba Esther Gordillo, Diego Fernández de Cevallos y los empresarios Roberto Hernández, Claudio X González, Gastón Azcárraga y José Luis Barraza.
El autonominado “presidente legítimo”acudió ante las autoridades para acusar a los mencionados políticos y empresarios de los delitos de tráfico de influencias, corrupción y saqueo de bienes y recursos públicos.
Hasta ahí, podríamos hasta darle razón a López Obrador. No creo que haya un solo mexicano que salga en defensa de los personajes señalados. Pero con todo respeto, es impresionante, digno de énfasis y por supuesto raya en el absurdo que inmediatamente después de haber expuesto la denuncia, Ortiz Pinchetti, quien es secretario de Relaciones Políticas del presunto gobierno legítimo, admitiera que su denuncia “no prosperará”.
Si de acuerdo con la información publicada la denuncia contiene “más de mil hojas con contratos, informes y escrituras públicas, entre otros documentos”, es decir, si se trata de hechos comprobables y no solamente de discursos oportunistas, entonces no resulta fácil comprender por qué motivo no es factible que los mencionados personajes sean sometidos a investigaciones.
Incoherencias y golpes propagandísticos a los que ya nos tiene acostumbrados López Obrador, un personaje que a decir verdad no es otra cosa que una prueba más de la capacidad del pueblo mexicano de vivir en una realidad totalmente alejada de la lógica.
El argumento que utiliza Ortiz Pinchetti para curarse en salud me parece demasiado triste, demasiado doloroso. Según él, su denuncia no será tomada en cuenta porque “hasta ahora no se ha investigado uno solo de los crímenes graves que han cometido por ejemplo el gobernador de Oaxaca (Ulises Ruiz) o el Ejército contra la población civil, hay miles de denuncias que no han sido atendidas”
Entoces que alguien me explique, si no hay posibilidades de terminar con la impunidad, ¿para qué hacerle el caldo gordo a las autoridades? Porque en todo caso, si se trata de un gobierno “espurio”, no hay coherencia en el hecho de darle tanta importancia a las autoridades que de tal gobierno emanan. Al menos para ser coherentes, ¿no?
Si me permiten un ejemplo absurdo, es como si alguien está consciente, seguro y convencido de que no existen los Reyes Magos, y de cualquier manera el seis de enero se pone a escribirles una cartita y pone su zapato en el nacimiento para ver si pega, o para ver si los demás -que tampoco creen en los Reyes- se dan cuenta de que el milagro no sucederá. Repetitivo, incoherente, sin sentido, ¿no es cierto?
Y es que ese es el problema del gobierno legítimo. Que con sus acciones bizarras no hace otra cosa que poner en evidencia que tampoco tiene mucha capacidad o que sus habilidades son más bien limitadas.
Porque si se trata de un asunto de resistencia civil, pues digamos que en esencia está mal planteado. Ningún político inteligente puede pasar tres años de su vida intentando dar respuestas exclusivamente mediáticas a un sistema que se está pudriendo enmedio de luchas absurdas e interminables contra el crimen organizado, una tremenda crisis económica y todas las desgracias que ultimamente tienen a México convertido en un desastre.
Se cae en el ridículo. Porque López Obrador, visto desde lejos y con toda frialdad, es simplemente como uno de esos profetas que predican y anuncian y alucinan y convocan a unos cuantos por algunos momentos, pero a la hora de la verdad, cuando se trata de poner solución a los problemas que tanto critica, cuando debe responder con hechos, simple y sencillamente cae de nuevo en un discurso que no tiene pies ni cabeza.
Creo firmemente que por una vez AMLO tiene razón cuando en su denuncia expresa: “el grupo de delincuentes que denunciamos ha venido llevando a cabo, de manera impune, actos que violan la Constitución y las leyes de la República. Existen pruebas de que se trata de una asociación delictuosa dedicada al tráfico de influencias, la corrupción y el saqueo de bienes y recursos públicos”.
Lo que no me convence, es más, lo que me resulta inexplicable es el sentido de denunciar y decir que de todas formas no tiene caso hacerlo.
Es incongruente, y que me perdonen los partidarios del Peje. Es surreal, como la existencia misma de un presidente que se nombra “legítimo” y está ahí nomás, listo para criticar todo lo que hace el gobierno “espurio”, sin otra misión concreta que no sea una tibia protesta disfrazada de resistencia civil, que hasta ahora no ha logrado cambiar el estado de las cosas.
El problema es que probablemente el pueblo mexicano está cansado de vivir siempre las mismas injusticias, está habituado a soportar sin luchar más y por eso ha llegado al momento peligroso en que ni la saliva de los políticos ni la tinta de los medios de comunicación pueden procurar alguna mejoría. Y en tal situación, lo más difícil es prevenir lo que a causa del hartazgo puede llegar a ocurrir en México.
18 de junio, 2009
Esta semana una información proveniente de México me inspira particularmente. Esta mañana, de acuerdo con una nota publicada por la prensa nacional, José Agustín Ortiz Pinchetti presentó ante las autoridades de la Procuraduría General de la República -a nombre de Andrés Manuel López Obrador- una denuncia contra la “mafia” mexicana, que a decir del Peje, está integrada por Felipe Calderón, los ex presidentes Vicente Fox, Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, Elba Esther Gordillo, Diego Fernández de Cevallos y los empresarios Roberto Hernández, Claudio X González, Gastón Azcárraga y José Luis Barraza.
El autonominado “presidente legítimo”acudió ante las autoridades para acusar a los mencionados políticos y empresarios de los delitos de tráfico de influencias, corrupción y saqueo de bienes y recursos públicos.
Hasta ahí, podríamos hasta darle razón a López Obrador. No creo que haya un solo mexicano que salga en defensa de los personajes señalados. Pero con todo respeto, es impresionante, digno de énfasis y por supuesto raya en el absurdo que inmediatamente después de haber expuesto la denuncia, Ortiz Pinchetti, quien es secretario de Relaciones Políticas del presunto gobierno legítimo, admitiera que su denuncia “no prosperará”.
Si de acuerdo con la información publicada la denuncia contiene “más de mil hojas con contratos, informes y escrituras públicas, entre otros documentos”, es decir, si se trata de hechos comprobables y no solamente de discursos oportunistas, entonces no resulta fácil comprender por qué motivo no es factible que los mencionados personajes sean sometidos a investigaciones.
Incoherencias y golpes propagandísticos a los que ya nos tiene acostumbrados López Obrador, un personaje que a decir verdad no es otra cosa que una prueba más de la capacidad del pueblo mexicano de vivir en una realidad totalmente alejada de la lógica.
El argumento que utiliza Ortiz Pinchetti para curarse en salud me parece demasiado triste, demasiado doloroso. Según él, su denuncia no será tomada en cuenta porque “hasta ahora no se ha investigado uno solo de los crímenes graves que han cometido por ejemplo el gobernador de Oaxaca (Ulises Ruiz) o el Ejército contra la población civil, hay miles de denuncias que no han sido atendidas”
Entoces que alguien me explique, si no hay posibilidades de terminar con la impunidad, ¿para qué hacerle el caldo gordo a las autoridades? Porque en todo caso, si se trata de un gobierno “espurio”, no hay coherencia en el hecho de darle tanta importancia a las autoridades que de tal gobierno emanan. Al menos para ser coherentes, ¿no?
Si me permiten un ejemplo absurdo, es como si alguien está consciente, seguro y convencido de que no existen los Reyes Magos, y de cualquier manera el seis de enero se pone a escribirles una cartita y pone su zapato en el nacimiento para ver si pega, o para ver si los demás -que tampoco creen en los Reyes- se dan cuenta de que el milagro no sucederá. Repetitivo, incoherente, sin sentido, ¿no es cierto?
Y es que ese es el problema del gobierno legítimo. Que con sus acciones bizarras no hace otra cosa que poner en evidencia que tampoco tiene mucha capacidad o que sus habilidades son más bien limitadas.
Porque si se trata de un asunto de resistencia civil, pues digamos que en esencia está mal planteado. Ningún político inteligente puede pasar tres años de su vida intentando dar respuestas exclusivamente mediáticas a un sistema que se está pudriendo enmedio de luchas absurdas e interminables contra el crimen organizado, una tremenda crisis económica y todas las desgracias que ultimamente tienen a México convertido en un desastre.
Se cae en el ridículo. Porque López Obrador, visto desde lejos y con toda frialdad, es simplemente como uno de esos profetas que predican y anuncian y alucinan y convocan a unos cuantos por algunos momentos, pero a la hora de la verdad, cuando se trata de poner solución a los problemas que tanto critica, cuando debe responder con hechos, simple y sencillamente cae de nuevo en un discurso que no tiene pies ni cabeza.
Creo firmemente que por una vez AMLO tiene razón cuando en su denuncia expresa: “el grupo de delincuentes que denunciamos ha venido llevando a cabo, de manera impune, actos que violan la Constitución y las leyes de la República. Existen pruebas de que se trata de una asociación delictuosa dedicada al tráfico de influencias, la corrupción y el saqueo de bienes y recursos públicos”.
Lo que no me convence, es más, lo que me resulta inexplicable es el sentido de denunciar y decir que de todas formas no tiene caso hacerlo.
Es incongruente, y que me perdonen los partidarios del Peje. Es surreal, como la existencia misma de un presidente que se nombra “legítimo” y está ahí nomás, listo para criticar todo lo que hace el gobierno “espurio”, sin otra misión concreta que no sea una tibia protesta disfrazada de resistencia civil, que hasta ahora no ha logrado cambiar el estado de las cosas.
El problema es que probablemente el pueblo mexicano está cansado de vivir siempre las mismas injusticias, está habituado a soportar sin luchar más y por eso ha llegado al momento peligroso en que ni la saliva de los políticos ni la tinta de los medios de comunicación pueden procurar alguna mejoría. Y en tal situación, lo más difícil es prevenir lo que a causa del hartazgo puede llegar a ocurrir en México.
Elecciones europeas: el -preocupante- triunfo de la derecha
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
10 de junio, 2009
Esta semana no hay otro tema más importante por tratar que los resultados de las elecciones para renovar el Parlamento Europeo, que tuvieron lugar la semana anterior en los 27 países que integran la Unión europea.
Se trata de un proceso electoral caracterizado por dos señales más bien preocupantes: la primera, la disminución de la afluencia de votantes, y la segunda, un progreso de la derecha -en ciertos casos la extrema derecha- en algunos Estados.
De acuerdo con los datos emitidos por el sitio oficial de la Unión Europea hasta el martes 9 de junio, la séptima elección del Parlamento europeo tuvo un registro negativo de participación.
Esta vez, solamente 43.1 por ciento del total de los electores acudió a las urnas, lo que representa una disminución respecto a las elecciones anteriores, celebradas en en año 2004, cuando acudió a votar el 45.47 por ciento de los ciudadanos europeos. Se trata del récord de participación mínima de la historia.
Vale decir que el mayor nivel de abstencionismo fue registrado en Eslovaquia, donde votó solamente el 20.92 por ciento, mientras que, en contraste, en Luxemburgo acudió a las urnas el 91 por ciento del total de electores y en Bélgica el 90.39 por ciento.
Los ciudadanos de los países de europa del este, últimos agregados a la Unión Europea, fueron quienes demostraron claramente el menor interés. Polonia, Rumania, Lituania y la República Checa fueron los estados donde pocos acudieron a votar. -entre el 20 y el 28 por ciento del total de elctores-.
Probablemente se trata de un resultado lógico en términos prácticos, si se considera que en general, los habitantes de las naciones que alguna vez fueron parte del bloque socialista, no tienen otro interés en pertenecer a Europa que no sea el de poder emigrar sin problemas para probar fortuna en los países occidentales.
Al abstencionismo, hay que sumar el resultado que pone una vez más a los partidos de derecha al comando del Parlamento. La izquierda, a pesar de haberlo intentado, no ha logrado capitalizar el descontento de los europeos de frente a la crisis económica.
En cambio, resulta poco menos que inquietante el avance de los partidos de extrema derecha en países como Austria, donde el partido euroesceptico de Hans Peter Martin obtuvo el 18 por ciento de los votos.
Cabe aclarar el concepto de euroesceptiscismo. Se trata de un movimiento popular cuya principal idea es la oposición a las políticas de la Unión Europea, a la ampliación de la jurisdicción comunitaria en los asuntos nacionales y a la introducción del euro como moneda única.
Holanda es otra de las naciones de Europa que registró resultados a favor de la extrema derecha, votando a favor del movimiento xenófobo y anti islámico encabezado por Geer Wilders.
Lo mismo ocurrió en Gran Bretaña, con el partido BNP; en Rumania, con el PRM, en Eslovaquia con el SNS, en Hungría, con el partido Jobbik y también en Dinamarca.
En Italia la gran vencedora fue la Lega Nord, que obtuvo el 10.2 por ciento de las preferencias electorales, que ocupará nueve escaños en el Parlamento y que con sus resultados en las elecciones europeas se coloca como una fuerza neta en Italia, donde al parecer han alcanzado el éxito las propuestas abiertamente xenofóbicas de los seguidores de Umberto Bossi.
Hablando del país de la bota, no obstante los escándalos protagonizados en las últimas semanas por el premier Silvio Berlusconi no provocaron un daño significativo entre sus simpatizantes. El Pueblo de la Libertad, partido dirigido por Berlusca, obtuvo un 35.3 por ciento de los votos, con lo que sus representantes ocuparán 29 curules en Estrasburgo, mientras que la oposición, encabezada por el Partido Democrático, alcanzó solamente el 26.1 por ciento de las preferencias, y tendrá 22 lugares en el Parlamento.
A pesar de todo, el premier italiano no digirió muy bien no haber alcanzado el 45 por ciento de las preferencias electorales, como había previsto el día anterior a los comicios, y de acuerdo con el diario español El país, habría comentado a sus hombres de confianza que la pérdida de votos registrada por su partido en las elecciones europeas habría sido provocada por la venta del jugador de futbol del Milan, Ricardo Izecson Dos Santos Leite, “Kaká” al Real Madrid y al escándalo con Noemí Letizia, la joven de 18 años que provocó que su mujer, Verónica Lario, anunciara el divorcio justo cuando estaba a punto de empezar la campaña electoral.
Después de mostrar las cifras y los hechos, no queda más que reflexionar acerca de una Europa que se mantiene vieja no solamente en términos demográficos, sino también ideológicos, donde el conservadurismo y la xenofobia parecen tomar cada vez mayor fuerza y donde al parecer el miedo a la apertura y el afán de cerrar las puertas a la novedad están llevando a momificar las instituciones.
Hay que leer atentamente los resultados, mirar la realidad objetiva que dan las cifras y reflexionar sobre una Europa que no obstante haber sufrido en carne propia dos guerras cruentas, no permite la novedad y por el contrario, parece empecinarse en cerrar sus puertas a la razón.
Crisis económica y miedo van de la mano y provocan que los pueblos tomen decisiones probablemente equivocadas, es verdad. Pero también es cierto que la izquierda no se muestra como la alternativa real, y que en muchas ocasiones sus actitudes se reducen a la pura crítica del adversario y carecen de la sustancia que se requiere para ser tomados en serio como solución a los problemas.
Por eso para los movimientos de izquierda de Europa este debe ser un momento de reflexión. Quien desea obtener resultados planifica, analiza, discute, cuestiona, propone. Exactamente lo contrario a lo que ha hecho la limitada izquierda europea, que ha obtenido con ello un tremendo golpe más y se conformará de nuevo con ser oposición ante una derecha que se mantiene y avanza utilizando la inseguridad y el miedo colectivos como arma para afianzarse en el poder. Otra vez. El pueblo ha decidido. Y aunque la masa a veces se equivoca, en una democracia no hay nada más por hacer.
10 de junio, 2009
Esta semana no hay otro tema más importante por tratar que los resultados de las elecciones para renovar el Parlamento Europeo, que tuvieron lugar la semana anterior en los 27 países que integran la Unión europea.
Se trata de un proceso electoral caracterizado por dos señales más bien preocupantes: la primera, la disminución de la afluencia de votantes, y la segunda, un progreso de la derecha -en ciertos casos la extrema derecha- en algunos Estados.
De acuerdo con los datos emitidos por el sitio oficial de la Unión Europea hasta el martes 9 de junio, la séptima elección del Parlamento europeo tuvo un registro negativo de participación.
Esta vez, solamente 43.1 por ciento del total de los electores acudió a las urnas, lo que representa una disminución respecto a las elecciones anteriores, celebradas en en año 2004, cuando acudió a votar el 45.47 por ciento de los ciudadanos europeos. Se trata del récord de participación mínima de la historia.
Vale decir que el mayor nivel de abstencionismo fue registrado en Eslovaquia, donde votó solamente el 20.92 por ciento, mientras que, en contraste, en Luxemburgo acudió a las urnas el 91 por ciento del total de electores y en Bélgica el 90.39 por ciento.
Los ciudadanos de los países de europa del este, últimos agregados a la Unión Europea, fueron quienes demostraron claramente el menor interés. Polonia, Rumania, Lituania y la República Checa fueron los estados donde pocos acudieron a votar. -entre el 20 y el 28 por ciento del total de elctores-.
Probablemente se trata de un resultado lógico en términos prácticos, si se considera que en general, los habitantes de las naciones que alguna vez fueron parte del bloque socialista, no tienen otro interés en pertenecer a Europa que no sea el de poder emigrar sin problemas para probar fortuna en los países occidentales.
Al abstencionismo, hay que sumar el resultado que pone una vez más a los partidos de derecha al comando del Parlamento. La izquierda, a pesar de haberlo intentado, no ha logrado capitalizar el descontento de los europeos de frente a la crisis económica.
En cambio, resulta poco menos que inquietante el avance de los partidos de extrema derecha en países como Austria, donde el partido euroesceptico de Hans Peter Martin obtuvo el 18 por ciento de los votos.
Cabe aclarar el concepto de euroesceptiscismo. Se trata de un movimiento popular cuya principal idea es la oposición a las políticas de la Unión Europea, a la ampliación de la jurisdicción comunitaria en los asuntos nacionales y a la introducción del euro como moneda única.
Holanda es otra de las naciones de Europa que registró resultados a favor de la extrema derecha, votando a favor del movimiento xenófobo y anti islámico encabezado por Geer Wilders.
Lo mismo ocurrió en Gran Bretaña, con el partido BNP; en Rumania, con el PRM, en Eslovaquia con el SNS, en Hungría, con el partido Jobbik y también en Dinamarca.
En Italia la gran vencedora fue la Lega Nord, que obtuvo el 10.2 por ciento de las preferencias electorales, que ocupará nueve escaños en el Parlamento y que con sus resultados en las elecciones europeas se coloca como una fuerza neta en Italia, donde al parecer han alcanzado el éxito las propuestas abiertamente xenofóbicas de los seguidores de Umberto Bossi.
Hablando del país de la bota, no obstante los escándalos protagonizados en las últimas semanas por el premier Silvio Berlusconi no provocaron un daño significativo entre sus simpatizantes. El Pueblo de la Libertad, partido dirigido por Berlusca, obtuvo un 35.3 por ciento de los votos, con lo que sus representantes ocuparán 29 curules en Estrasburgo, mientras que la oposición, encabezada por el Partido Democrático, alcanzó solamente el 26.1 por ciento de las preferencias, y tendrá 22 lugares en el Parlamento.
A pesar de todo, el premier italiano no digirió muy bien no haber alcanzado el 45 por ciento de las preferencias electorales, como había previsto el día anterior a los comicios, y de acuerdo con el diario español El país, habría comentado a sus hombres de confianza que la pérdida de votos registrada por su partido en las elecciones europeas habría sido provocada por la venta del jugador de futbol del Milan, Ricardo Izecson Dos Santos Leite, “Kaká” al Real Madrid y al escándalo con Noemí Letizia, la joven de 18 años que provocó que su mujer, Verónica Lario, anunciara el divorcio justo cuando estaba a punto de empezar la campaña electoral.
Después de mostrar las cifras y los hechos, no queda más que reflexionar acerca de una Europa que se mantiene vieja no solamente en términos demográficos, sino también ideológicos, donde el conservadurismo y la xenofobia parecen tomar cada vez mayor fuerza y donde al parecer el miedo a la apertura y el afán de cerrar las puertas a la novedad están llevando a momificar las instituciones.
Hay que leer atentamente los resultados, mirar la realidad objetiva que dan las cifras y reflexionar sobre una Europa que no obstante haber sufrido en carne propia dos guerras cruentas, no permite la novedad y por el contrario, parece empecinarse en cerrar sus puertas a la razón.
Crisis económica y miedo van de la mano y provocan que los pueblos tomen decisiones probablemente equivocadas, es verdad. Pero también es cierto que la izquierda no se muestra como la alternativa real, y que en muchas ocasiones sus actitudes se reducen a la pura crítica del adversario y carecen de la sustancia que se requiere para ser tomados en serio como solución a los problemas.
Por eso para los movimientos de izquierda de Europa este debe ser un momento de reflexión. Quien desea obtener resultados planifica, analiza, discute, cuestiona, propone. Exactamente lo contrario a lo que ha hecho la limitada izquierda europea, que ha obtenido con ello un tremendo golpe más y se conformará de nuevo con ser oposición ante una derecha que se mantiene y avanza utilizando la inseguridad y el miedo colectivos como arma para afianzarse en el poder. Otra vez. El pueblo ha decidido. Y aunque la masa a veces se equivoca, en una democracia no hay nada más por hacer.
Papi Berlusca: una obsesión
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
03 de junio, 2009
Quienes la semana anterior tuvieron la paciencia de seguir este espacio, muy probablemente pensarán que el tema Silvio Berlusconi se está convirtiendo en una obsesión. Probablemente tienen razón. Pero en este caso no se trata de una idea fija personal, sino de un pensamiento colectivo que, para bien o para mal, está haciendo reflexionar a más de uno acerca de la inconveniencia de que una sociedad permita concentrar tal cantidad de poder en una sola persona.
Porque a decir verdad, el grave problema de Berlusconi no es otro que el exceso de poder. No es razonable que una sola persona pueda al mismo tiempo poseer la segunda fortuna más grande de Italia, las redes de televisión, un equipo de fútbol importantísimo y las casas editoras, y ser el presidente del Consejo de Ministros, operativamente el puesto más importante de representación popular.
Por la casi inverosimilitud de la situación y por los escándalos que se han generado en las últimas semanas, hoy como hace mucho tiempo no sucedía, los ojos del mundo están puestos en Italia. Y no precisamente como objeto de admiración, sino como ejemplo de lo que la democracia no debe ser y de cómo los ciudadanos debemos pensar muy bien antes de dejarnos llevar por las campañas políticas en busca del voto.
Y es que la cosa más triste es saber que si el premier está en el poder, es porque fue votado, porque fue electo legítimamente por los ciudadanos que no una, sino cuatro veces han considerado a Berlusconi como la persona con los atributos necesarios para llevar las riendas del gobierno del país de la bota.
Si utilizamos un poco el sentido común y confiamos en que los italianos han llegado al límite de lo soportable, es posible que vivamos los últimos momentos de la era Berlusconiana. De lo contrario, corremos el riesgo de seguir siendo el hazmerreir del planeta entero y de continuar recibiendo críticas despiadadas.
Dos comentarios han llamado la atención en los últimos días. El primero, publicado por el diario inglés Financial Times el pasado 27 de mayo, señala a Silvio Berlusconi como “un peligro, en primer lugar para Italia. Y un ejemplo dañino para todos”.
Y no sólo, la publicación inglesa afirma además que el hecho de que Berlusca sea tan dominante es también culpa “de una izquierda dudosa, de instituciones débiles y a veces politizadas, de un periodismo que demasiado frecuentemente ha aceptado un papel subalterno... pero sobre todo la culpa es de un hombre muy rico, muy poderoso y cada vez más despiadado”.
El Financial Times de cualquier manera consuela al pueblo italiano diciendo que “el fascismo no está en el futuro probable... Berlusconi claramente no es Mussolini, él tiene escuadras de estrellitas de televisión, no de camisas negras”.
Completa el desfile de comentarios contra el premier, lo escrito por el premio Nobel de Literatura 1998 José Saramago, quien además ha sido censurado por la Enaudi, una de las casas editoras de Berlusconi que se ha negado a publicar un libro del escritor, a causa de las opiniones vertidas por éste en su libro titulado El Cuaderno, donde afirma que “en la tierra de la mafia y de la camorra, ¿qué importancia puede tener el hecho comprobado que el primer Ministro sea un delincuente?”
Una afirmación seria, difícil de digerir para el pueblo italiano, pero inaceptable para el premier, que ha decidido seguir el principio tan conocido de “yo no pago para que me peguen”.
Saramago no se limitó en sus comentarios que son tan agudos como verdaderos. Originalmente publicadas en su blog, las opiniones del premio Nobel son serias, preocupantes y vergonzosas para los italianos, que sin embargo no deberían cerrar los ojos, sino intentar -al menos tratar- de reflexionar y ponerse en movimiento.
Porque leer que “en una tierra en que la justicia nunca ha gozado de buena reputación, ¿qué más da que el primer ministro consiga que se aprueben leyes a medida de sus intereses, protegiéndose contra cualquier tentativa de castigo a sus desmanes y abusos de autoridad?”
Es preocupante saber que ni más ni menos José Saramago escribe un artículo que bajo el acertado título “¿Qué hacer con los italianos? resume la penosa situación que quienes aquí vivimos ignoramos y solapamos.
Saramago dice que el pueblo del país de la bota ha permitido Berlusca ser “el amo y señor absoluto de Italia, para regocijo de una mayoría de derecha cada vez más insolente”. Ni más ni menos.
Y mientras, la historia de Berlusconi y la joven Noemí Lerizia sigue dando material a la prensa. Ahora no solamente la joven napolitana habla de papi. Otra joven de la región Emilia Romagna, de nombre Elisa Alloro, ha escrito un libro de 100 páginas llamado “Nosotras, las chicas de Silvio”, en el que en una especie de larga carta dirigida a la casi ex esposa de Berlusconi, Verónica Lario, defiende a las jóvenes que gozan de la amistad y los favores del Cavaliere, de quien dice “es una mina de sabiduría y que “cada minuto pasado con él debe ser considerato un don divino”
Tan sabio hombre ha resultado además un casi mártir, pues habría soportado -solamente por el bien de la familia- una presunta relación extra conyugal de Verónica Lario con un guardaespaldas de nombre Alberto Orlandi. Obviamente el terrible secreto fue develado por una incondicional de Berlusconi, Daniela Santanché, líder de una corriente política de derecha llamada Movimiento por Italia.
Eso, sin contar que el rico empresario Claudio Briatore ha expresado su aprobación hacia la conducta de su amigo Berlusca, de quien dice “es soltero desde hace años”, pues vive separado de Verónica Lario y “tiene derecho” de hacer con su vida lo que mejor le parezca.
Total, que enmedio de información digna de las mejores emisiones de Ventaneando, continúa la historia de un premier que no hace honor al puesto que desempeña y que parece no darse cuenta de que su cargo le fue conferido por un pueblo que parece que no se avergüenza de ser la comidilla de la aldea global.
Como sea, bien dice el refrán: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Mi mejor deseo para México es que a los montones de problemas que ya tiene, no deba agregar un día las aventuras de algún lindo Don Juan, de esos que aspiran a la presidencia y son más conocidos por aparecer en las revistas del corazón y gastar su dinero en promover su linda cara que en preocuparse por el bienestar de los pobres gobernados.
Que el ejemplo de Berlusconi no se propague, y que los errores del pueblo italiano no se repitan, es el mejor augurio que puedo hacer para mi país natal.
03 de junio, 2009
Quienes la semana anterior tuvieron la paciencia de seguir este espacio, muy probablemente pensarán que el tema Silvio Berlusconi se está convirtiendo en una obsesión. Probablemente tienen razón. Pero en este caso no se trata de una idea fija personal, sino de un pensamiento colectivo que, para bien o para mal, está haciendo reflexionar a más de uno acerca de la inconveniencia de que una sociedad permita concentrar tal cantidad de poder en una sola persona.
Porque a decir verdad, el grave problema de Berlusconi no es otro que el exceso de poder. No es razonable que una sola persona pueda al mismo tiempo poseer la segunda fortuna más grande de Italia, las redes de televisión, un equipo de fútbol importantísimo y las casas editoras, y ser el presidente del Consejo de Ministros, operativamente el puesto más importante de representación popular.
Por la casi inverosimilitud de la situación y por los escándalos que se han generado en las últimas semanas, hoy como hace mucho tiempo no sucedía, los ojos del mundo están puestos en Italia. Y no precisamente como objeto de admiración, sino como ejemplo de lo que la democracia no debe ser y de cómo los ciudadanos debemos pensar muy bien antes de dejarnos llevar por las campañas políticas en busca del voto.
Y es que la cosa más triste es saber que si el premier está en el poder, es porque fue votado, porque fue electo legítimamente por los ciudadanos que no una, sino cuatro veces han considerado a Berlusconi como la persona con los atributos necesarios para llevar las riendas del gobierno del país de la bota.
Si utilizamos un poco el sentido común y confiamos en que los italianos han llegado al límite de lo soportable, es posible que vivamos los últimos momentos de la era Berlusconiana. De lo contrario, corremos el riesgo de seguir siendo el hazmerreir del planeta entero y de continuar recibiendo críticas despiadadas.
Dos comentarios han llamado la atención en los últimos días. El primero, publicado por el diario inglés Financial Times el pasado 27 de mayo, señala a Silvio Berlusconi como “un peligro, en primer lugar para Italia. Y un ejemplo dañino para todos”.
Y no sólo, la publicación inglesa afirma además que el hecho de que Berlusca sea tan dominante es también culpa “de una izquierda dudosa, de instituciones débiles y a veces politizadas, de un periodismo que demasiado frecuentemente ha aceptado un papel subalterno... pero sobre todo la culpa es de un hombre muy rico, muy poderoso y cada vez más despiadado”.
El Financial Times de cualquier manera consuela al pueblo italiano diciendo que “el fascismo no está en el futuro probable... Berlusconi claramente no es Mussolini, él tiene escuadras de estrellitas de televisión, no de camisas negras”.
Completa el desfile de comentarios contra el premier, lo escrito por el premio Nobel de Literatura 1998 José Saramago, quien además ha sido censurado por la Enaudi, una de las casas editoras de Berlusconi que se ha negado a publicar un libro del escritor, a causa de las opiniones vertidas por éste en su libro titulado El Cuaderno, donde afirma que “en la tierra de la mafia y de la camorra, ¿qué importancia puede tener el hecho comprobado que el primer Ministro sea un delincuente?”
Una afirmación seria, difícil de digerir para el pueblo italiano, pero inaceptable para el premier, que ha decidido seguir el principio tan conocido de “yo no pago para que me peguen”.
Saramago no se limitó en sus comentarios que son tan agudos como verdaderos. Originalmente publicadas en su blog, las opiniones del premio Nobel son serias, preocupantes y vergonzosas para los italianos, que sin embargo no deberían cerrar los ojos, sino intentar -al menos tratar- de reflexionar y ponerse en movimiento.
Porque leer que “en una tierra en que la justicia nunca ha gozado de buena reputación, ¿qué más da que el primer ministro consiga que se aprueben leyes a medida de sus intereses, protegiéndose contra cualquier tentativa de castigo a sus desmanes y abusos de autoridad?”
Es preocupante saber que ni más ni menos José Saramago escribe un artículo que bajo el acertado título “¿Qué hacer con los italianos? resume la penosa situación que quienes aquí vivimos ignoramos y solapamos.
Saramago dice que el pueblo del país de la bota ha permitido Berlusca ser “el amo y señor absoluto de Italia, para regocijo de una mayoría de derecha cada vez más insolente”. Ni más ni menos.
Y mientras, la historia de Berlusconi y la joven Noemí Lerizia sigue dando material a la prensa. Ahora no solamente la joven napolitana habla de papi. Otra joven de la región Emilia Romagna, de nombre Elisa Alloro, ha escrito un libro de 100 páginas llamado “Nosotras, las chicas de Silvio”, en el que en una especie de larga carta dirigida a la casi ex esposa de Berlusconi, Verónica Lario, defiende a las jóvenes que gozan de la amistad y los favores del Cavaliere, de quien dice “es una mina de sabiduría y que “cada minuto pasado con él debe ser considerato un don divino”
Tan sabio hombre ha resultado además un casi mártir, pues habría soportado -solamente por el bien de la familia- una presunta relación extra conyugal de Verónica Lario con un guardaespaldas de nombre Alberto Orlandi. Obviamente el terrible secreto fue develado por una incondicional de Berlusconi, Daniela Santanché, líder de una corriente política de derecha llamada Movimiento por Italia.
Eso, sin contar que el rico empresario Claudio Briatore ha expresado su aprobación hacia la conducta de su amigo Berlusca, de quien dice “es soltero desde hace años”, pues vive separado de Verónica Lario y “tiene derecho” de hacer con su vida lo que mejor le parezca.
Total, que enmedio de información digna de las mejores emisiones de Ventaneando, continúa la historia de un premier que no hace honor al puesto que desempeña y que parece no darse cuenta de que su cargo le fue conferido por un pueblo que parece que no se avergüenza de ser la comidilla de la aldea global.
Como sea, bien dice el refrán: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Mi mejor deseo para México es que a los montones de problemas que ya tiene, no deba agregar un día las aventuras de algún lindo Don Juan, de esos que aspiran a la presidencia y son más conocidos por aparecer en las revistas del corazón y gastar su dinero en promover su linda cara que en preocuparse por el bienestar de los pobres gobernados.
Que el ejemplo de Berlusconi no se propague, y que los errores del pueblo italiano no se repitan, es el mejor augurio que puedo hacer para mi país natal.
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