Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
26 octubre, 2010
El argumento por tratar esta semana no es sencillo. Hablar de ética y sobre todo, mencionar la posibilidad de poner “límites” en el ejercicio de la labor periodística decididamente es un argumento complicado.
Sin embargo, en los últimos días he tenido la posibilidad de observar en Italia un caso que sencillamente considero digno de atención y de análisis porque representa una novedad absoluta, no obstante se trate de una situación que esencialmente no es novedosa en cuanto a los hechos ocurridos.
Trataré de hacer un resumen del asunto. En agosto pasado, una joven de 15 años, llamada Sarah Scazzi, desapareció misteriosamente mientras se dirigía a la casa de su prima, Sabrina Misseri, con quien se había puesto de acuerdo para ir a la playa.
El caso comenzó cuando después de un día, los medios de comunicación comenzaron a difundir la imagen de la chica, que habitaba en Avetrana, un pequeño poblado de la provincia de Taranto, al sur de Italia.
La repetición constante del caso en la televisión, la radio y los medios escritos llamó la atención de todo el país de la bota, especialmente cuando pasado un mes de la desaparición, la madre de la joven hizo un llamado público al presidente de la república, Giorgio Napolitano, para que las autoridades se movilizaran y la ayudaran a encontrar a su hija.
Presionado por las circunstancias y con la lógica intención de demostrar que en Italia se hace justicia, el presidente ofreció todos los esfuerzos posibles para encontrar a Sarah. De esta manera, a principios de octubre, el tío de la adolescente, Michele Misseri, confesó haberla asesinado.
Esto ocurría en la oficina de los carabineros, mientras la esposa y las hijas del presunto asesino participaban en una transmisión en directa, junto a la mamá de la víctima. Fue precisamente a través del programa de la televisión estatal “¿Quién lo ha visto?” que todo el país pudo observar en primerísimo plano la expresión atónita de la madre de Sarah, quien se enteraba en directo de que la joven había muerto a manos de su proprio tío.
Fue en ese momento que el caso se convirtió en una especie de “reality show” que a partir de entonces ha tenido un desarrollo caracterizado por el factor sorpresa. Desde el seis de octubre, todos los medios de comunicación han enviado a sus representantes a montar guardia permanente a Avetrana, y de esta manera, especialmente a través de la televisión, el pueblo italiano se ha enterado de los horrores de un drama que bien podría haber quedado como la historia terrible de una familia de pueblo, sin la menor trascendencia no obstante los escalofriantes detalles que encierra.
Gracias a una verdadera persecusión llevada a cabo por los periodistas, se ha seguido prácticamente en tiempo real el descubrimiento de todos los detalles del asunto. Porque las cosas no terminaron en la confesión del tío de la chica, sino que continuaron cuando éste acusó a su propia hija, Sabrina, de haberlo ayudado a matar a Sarah. Esto sin contar detalles como las molestias sexuales del tío a su víctima, o la relación extraña entre éste y su propia hija.
El caso continúa y sus detalles se difunden a todas las horas posibles y en todos los canales de televisión existentes, además de lo que publican las revistas y diarios de toda Italia, que como mencionaba hace algunas semanas, es el país europeo donde la nota roja tiene mayor relevancia.
Sin duda, la máxima expresión de lo que los medios están haciendo con esta historia, es la publicación del audio de los interrogatorios de las dos personas involucradas en el asesinato. El tío de Sarah, Michele Misseri y su hija Sabrina. Ambos interrogatorios han sido la cereza del pastel para los morbosos expectadores que siguen el caso en un modo casi obsesivo.
Para comprender el alcance que ha tenido este fenómeno, basta decir que un grupo de personas ha ido hasta el lugar de los hechos simplemente para ver de cerca el escenario del crimen, iniciando con ello una especie de “turismo macabro” que no tiene otra explicación que el bombardeo mediático que se ha hecho alrededor del caso de Sarah Scazzi.
Como periodista, creo que me avergüenzo de verdad de lo que observo en los medios italianos. No encuentro una explicación para lo que veo. Pero sobre todo: no encuentro la razón por la cual los colegas del país de la bota se empeñan en informar de cada detalle, de encontrar la manera de filtrar información que no debería salir a la luz pública.
Lo hacen casi con vehemencia, con un interés exagerado porque la sociedad conozca un hecho macabro, mientras lo que cuenta de verdad: la crisis política y económica por la que atraviesa el país simplemente, sencillamente no importa y no hay un solo informador capaz de encontrar detalles importantes que nos sirvan para mantenernos al tanto de lo que verdaderamente ocurre.
El dolor de una familia se ha convertido en un espectáculo capaz de opacar el resto de los hechos que ocurren en Italia. Mover los sentimientos y alimentar el morbo de la sociedad es la mejor manera para ocultar los hechos reales que afectan a millones de personas.
Vivir el reality show de Avetrana resulta más interesante que ocuparse de las carencias cotidianas. Pensar que hay un par de monstruos capaces de asesinar una adolescente hace creer que hay situaciones mucho peores que perder el empleo o no tener dinero para cubrir los gastos a fin de mes. Ese es el objetivo de renovar e inventar cada día el modo de cubrir la información. No porque el morbo sea una novedad, sino porque precisamente el morbo es lo que ayuda a distraer a los ciudadanos comunes de la realidad inmediata y cotidiana, para vivir a distancia una situación en la que son testigos y hasta pueden participar como jueces, policías o lo que más les guste o les acomode.
Por eso me atrevo a preguntar si lo que llamamos “libertad de información” puede y debe regularse y sobre todo limitarse ante ciertas circunstancias. La respuesta la tienen los periodistas, pero la decisión final debería quedar en manos de un público maduro capaz de seleccionar la información que prefiere. Aunque esto último es simplemente una utopía, en un mundo en que sencillamente prevalece la más profunda ignorancia.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Mi admiración hacia el pueblo chileno
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
19 octubre, 2010
Esta semana quiero hablar de un hecho importantísimo ocurrido hace unos días y que me ha hecho reflexionar acerca de diversas situaciones.ó
El cinco de agosto de este 2010, 33 mineros chilenos que trabajaban en la mina San José, de la empresa San Esteban, a 830 kilómetros al norte de Santiago de Chile. El drama de los trabajadores sudamericanos fue de inmediato reportado por los medios de comunicación de todo el mundo.
A 700 metros de profundidad, en las entrañas de la tierra, estos hombres enfrentaron la tremenda situación, mientras afuera las autoridades de su país hacían esfuerzos sobrehumanos para rescatarlos.
Fueron días muy intensos, en los que -para variar- los medios de comunicación difundieron detalles de lo que ocurría, en algunos momentos incluso con una importante dosis de morbo que contribuyó a mantener la atención de millones de personas en todo el planeta, que siguieron atentamente hasta el último momento, cuando los mineros pudieron salir con vida, el pasado 9 de octubre, mucho antes de lo que se esperaba.
Los hechos los conocemos prácticamente todos. La lección ha sido impresionante. La fuerza de voluntad, la solidaridad, la responsabilidad de quienes asumieron el compromiso de ayudar a los mineros. Las palabras salen sobrando ante la lección que el pueblo chileno le dio al mundo entero. Se deben sentir orgullosos los habitantes de aquel país, que han enfrentado momentos verdaderamente difíciles este año. Son un pueblo que francamente merece admiración. Ojalá muchas otras naciones siguieran su ejemplo y afrontaran seriamente los problemas cotidianos.
Debo decir que después del rescate, he encontrado en internet algunos comentarios que el “pueblo de la red” ha hecho circular. Son divertidos, inteligentes, irónicos y muy interesantes, porque reflejan una realidad que francamente me parece digna de analizar.
He recibido dos correos electrónicos. Uno en español titulado “si los mineros hubieran sido mexicanos...” Aparte de comentarios simpatiquísimos, encontré algunos que me hicieron pensar en el modo que los mexicanos percibimos nuestra actual realidad: “ Ebrard los estaría esperando para casarlos porque todos se agarraron cariño dentro de la mina y obvio para salí en la foto; Adal y Lucero estarían conduciendo el programa especial, y llorando mientras cantan el 3-3-3-3-3 de la cuenta para donar para ayudar al rescate; afuera habría vendedores ambulantes; la operación se llamaría 'Rescate Bicentenario'; no los habrían sacado todavía porque estaría en trámite el permiso para cavar en esa zona; no seria posible sacarlos en la capsula Fénix ya que somos el 1 lugar en obesidad a nivel mundial; si algún minero resultara lesionado o muerto el gobierno diría que tenía relación con el narco y lo mataron por ajuste de cuentas”.
Honestamente, además de reir por un buen rato, me quedé pensando en que, en resumidas cuentas, la visión general es que en México sería imposible llevar a buen fin la empresa de rescatar a las víctimas del derrumbe, por el simple motivo que tenemos un gobierno incapaz y porque seguramente la causa habría degenerado en una simple transacción comercial y en un pretexto para explotar al máximo el hecho, llenandolo de publicidad ñoña, tal y como ocurre con otros asuntos.
Además del correo en español, recibí otro en italiano con la misma temática, sólo que éste hablaba del caso en que los mineros fueran italianos.
“Transmisión directa 24 horas contínuas con la presencia de Guido Bertolaso; -el corrupto y desbocado jefe de la protección civil italiana-. A las primeras dificultades, búsqueda de un culpable, y el premier Berlusconi diciendo que es simplemente culpa de los comunistas; el papa orando por los mineros que están muy cerca del diablo. Después de un mes, los mineros habrían salido solos de la mina, excavando con las manos. Un año después, los 33 mineros habrían sido despedidos de su empleo, por haber dañado su lugar de trabajo”,
Creo que a estas alturas, después de leer las suposiciones de lo que habría podido ocurrir en Italia, me queda la idea de que los habitantes del país de la bota manifiestan con sus bromas la sensación de que su gobierno simplemente los ha abandonado. Y no sólo. La idea de que los mineros en Italia podrían salir solamente cavando con sus propias manos y que serían despedidos, no es otra cosa que el mensaje claro de la situación angustiosa de un país donde además de enfrentar la crisis mundial, los trabajadores sufren las condiciones terribles del trabajo precario y viven contínuamente con la angustia de perder su empleo.
Lo que me preocupa realmente es pensar que ni en México ni en Italia -y posiblemente tampoco en otros países- los ciudadanos se sienten capaces de igualar la proeza de lo que Chile hizo con los mineros de San José. No es halagador pensar que la solidaridad, el esfuerzo, el respeto por la vida humana o la lucha contra la adversidad sean considerados lejanos de la realidad inmediata.
Es preocupante. Porque a pesar del tono jocoso, mucho hay de cierto en lo que afirman los internautas respecto a la incapacidad de afrontar situaciones difíciles y salir airosos. Porque falta organización, porque falta voluntad.
Basta recordar a los mineros de Pasta de Conchos, en México, sepultados en una mina sin que a nadie pareciera preocuparle. Asimismo basta ver a los damnificados del terremoto del Aquila, en Italia, que después de un año y medio no tienen una casa decente donde vivir y en cambio deben pagar impuestos a un gobierno que no les ayuda.
Me pregunto cuál es la diferencia con el pueblo chileno. Me gustaría encontrar una respuesta, y sobre todo, preferiría pensar que el gobierno de cada nación es capaz de comportarse a la altura de las circunstancias. Sin embargo, lo único que me queda por decir -no sin una cierta envidia- es que los mineros chilenos tuvieron suerte, mucha suerte, de haber nacido en aquel país.
19 octubre, 2010
Esta semana quiero hablar de un hecho importantísimo ocurrido hace unos días y que me ha hecho reflexionar acerca de diversas situaciones.ó
El cinco de agosto de este 2010, 33 mineros chilenos que trabajaban en la mina San José, de la empresa San Esteban, a 830 kilómetros al norte de Santiago de Chile. El drama de los trabajadores sudamericanos fue de inmediato reportado por los medios de comunicación de todo el mundo.
A 700 metros de profundidad, en las entrañas de la tierra, estos hombres enfrentaron la tremenda situación, mientras afuera las autoridades de su país hacían esfuerzos sobrehumanos para rescatarlos.
Fueron días muy intensos, en los que -para variar- los medios de comunicación difundieron detalles de lo que ocurría, en algunos momentos incluso con una importante dosis de morbo que contribuyó a mantener la atención de millones de personas en todo el planeta, que siguieron atentamente hasta el último momento, cuando los mineros pudieron salir con vida, el pasado 9 de octubre, mucho antes de lo que se esperaba.
Los hechos los conocemos prácticamente todos. La lección ha sido impresionante. La fuerza de voluntad, la solidaridad, la responsabilidad de quienes asumieron el compromiso de ayudar a los mineros. Las palabras salen sobrando ante la lección que el pueblo chileno le dio al mundo entero. Se deben sentir orgullosos los habitantes de aquel país, que han enfrentado momentos verdaderamente difíciles este año. Son un pueblo que francamente merece admiración. Ojalá muchas otras naciones siguieran su ejemplo y afrontaran seriamente los problemas cotidianos.
Debo decir que después del rescate, he encontrado en internet algunos comentarios que el “pueblo de la red” ha hecho circular. Son divertidos, inteligentes, irónicos y muy interesantes, porque reflejan una realidad que francamente me parece digna de analizar.
He recibido dos correos electrónicos. Uno en español titulado “si los mineros hubieran sido mexicanos...” Aparte de comentarios simpatiquísimos, encontré algunos que me hicieron pensar en el modo que los mexicanos percibimos nuestra actual realidad: “ Ebrard los estaría esperando para casarlos porque todos se agarraron cariño dentro de la mina y obvio para salí en la foto; Adal y Lucero estarían conduciendo el programa especial, y llorando mientras cantan el 3-3-3-3-3 de la cuenta para donar para ayudar al rescate; afuera habría vendedores ambulantes; la operación se llamaría 'Rescate Bicentenario'; no los habrían sacado todavía porque estaría en trámite el permiso para cavar en esa zona; no seria posible sacarlos en la capsula Fénix ya que somos el 1 lugar en obesidad a nivel mundial; si algún minero resultara lesionado o muerto el gobierno diría que tenía relación con el narco y lo mataron por ajuste de cuentas”.
Honestamente, además de reir por un buen rato, me quedé pensando en que, en resumidas cuentas, la visión general es que en México sería imposible llevar a buen fin la empresa de rescatar a las víctimas del derrumbe, por el simple motivo que tenemos un gobierno incapaz y porque seguramente la causa habría degenerado en una simple transacción comercial y en un pretexto para explotar al máximo el hecho, llenandolo de publicidad ñoña, tal y como ocurre con otros asuntos.
Además del correo en español, recibí otro en italiano con la misma temática, sólo que éste hablaba del caso en que los mineros fueran italianos.
“Transmisión directa 24 horas contínuas con la presencia de Guido Bertolaso; -el corrupto y desbocado jefe de la protección civil italiana-. A las primeras dificultades, búsqueda de un culpable, y el premier Berlusconi diciendo que es simplemente culpa de los comunistas; el papa orando por los mineros que están muy cerca del diablo. Después de un mes, los mineros habrían salido solos de la mina, excavando con las manos. Un año después, los 33 mineros habrían sido despedidos de su empleo, por haber dañado su lugar de trabajo”,
Creo que a estas alturas, después de leer las suposiciones de lo que habría podido ocurrir en Italia, me queda la idea de que los habitantes del país de la bota manifiestan con sus bromas la sensación de que su gobierno simplemente los ha abandonado. Y no sólo. La idea de que los mineros en Italia podrían salir solamente cavando con sus propias manos y que serían despedidos, no es otra cosa que el mensaje claro de la situación angustiosa de un país donde además de enfrentar la crisis mundial, los trabajadores sufren las condiciones terribles del trabajo precario y viven contínuamente con la angustia de perder su empleo.
Lo que me preocupa realmente es pensar que ni en México ni en Italia -y posiblemente tampoco en otros países- los ciudadanos se sienten capaces de igualar la proeza de lo que Chile hizo con los mineros de San José. No es halagador pensar que la solidaridad, el esfuerzo, el respeto por la vida humana o la lucha contra la adversidad sean considerados lejanos de la realidad inmediata.
Es preocupante. Porque a pesar del tono jocoso, mucho hay de cierto en lo que afirman los internautas respecto a la incapacidad de afrontar situaciones difíciles y salir airosos. Porque falta organización, porque falta voluntad.
Basta recordar a los mineros de Pasta de Conchos, en México, sepultados en una mina sin que a nadie pareciera preocuparle. Asimismo basta ver a los damnificados del terremoto del Aquila, en Italia, que después de un año y medio no tienen una casa decente donde vivir y en cambio deben pagar impuestos a un gobierno que no les ayuda.
Me pregunto cuál es la diferencia con el pueblo chileno. Me gustaría encontrar una respuesta, y sobre todo, preferiría pensar que el gobierno de cada nación es capaz de comportarse a la altura de las circunstancias. Sin embargo, lo único que me queda por decir -no sin una cierta envidia- es que los mineros chilenos tuvieron suerte, mucha suerte, de haber nacido en aquel país.
Vivir en Italia: ¿ es pasar a mejor vida?
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
12 octubre, 2010
Mientras comienzo a escribir este artículo estoy pensando en muchos de mis paisanos que cada vez que saben que desde hace siete años estoy en Italia se emocionan y piensan que en realidad “pasé a mejor vida” y que un país europeo ofrece oportunidades ilimitadas.
Es verdad, Italia es un país maravilloso, lleno de historia. No es en vano que ocupe el primer lugar a nivel mundial por el número de lugares considerados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Se trata de 44 sitios culturales y naturales que van desde el centro histórico de Florencia, pasando por la costiera Amalfitana, la zona arqueológica de Pompeya y el centro histórico de Roma.
Italia es hermosa por lo que ofrece. Pero es difícil vivir en este país por la dificultad que representa estar en un lugar que en teoría pertenece al primer mundo, pero que en la práctica presenta problemas serios que no son precisamente los de una nación desarrollada.
Es una crítica dura, lo sé. Especialmente porque aquí vivo y aquí me pienso quedar. Porque además de todo tengo la fortuna de ser ciudadana italiana y me siento orgullosa de haber adquirido la ciudadanía mas por convicción que por real necesidad.
Pero lo mismo que señalo los defectos de mi país de origen, me siento con todo el derecho de expresarme y decir lo que veo cotidianamente en la realidad italiana.
Empiezo obviamente con la vergonzosa situación política y los escándalos constantes de nuestro presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, famoso a nivel mundial no por ser un gran estadista, sino por comportarse en modo bizarro y despacharse con la cuchara grande, haciendo leyes para favorecer sus intereses personales. Esto, sin contar con la actitud tibia y poco seria de la oposición, que parece hacer todo lo posible por no representar una alternativa importante para los ciudadanos.
Mientras, la gerontocracia predomina y el presidente de la República es un anciano de más de ochenta años, los parlamentarios tienen una edad promedio de “solamente” 54 años, el premier tiene 74 y por lo mismo, los cambios obviamente no se ven porque no se puede pretender que las personas de una cierta generación estén dispuestas realmente a dar una sacudida al sistema que sin embargo, francamente requiere urgentemente modificaciones de fondo y forma.
El pueblo italiano vive de pan y circo. Se regocija semanalmente con el calcio -en el que a veces interviene hasta el gobierno que se sumerge en discusiones bizantinas y controles absurdos de la tifoseria-, se distrae con los reality shows y los chismes del mundo del espectáculo que difunde principalmente Mediaset, la poderosa red de televisión privada que pertenece ni más ni menos que a Berlusconi y su familia.
La formación cultural de los ciudadanos del país de la bota es tan pobre, que Italia ocupa el primer lugar en Europa porque sus noticiarios, a diferencia de los del resto de las naciones del continente, se ocupan principalmente de difundir nota roja en forma no solamente morbosa, sino en cantidad exagerada.
De acuerdo con un estudio presentado a principios de este año, realizado por investigadores europeos “la criminalidad en Italia, respecto a las redes de televisión europea es una página amplia y constante... La presencia de noticias dedicadas al crimen en Italia aparece como una característica estructural”. En naciones como Francia, Alemania, Gran Bretaña y España no se dan a conocer hechos de nota roja por días enteros, mientras que en Italia no pasa un solo día sin noticias de este género, tanto en la televisión privada como en la pública.”
Quiero subrrayar este dato porque resulta interesante saber que el estudio arroja datos importantes como el hecho que “la cantidad de noticias concernientes a la criminalidad común señalan una especial atención a aquellos hechos delictivos que amenazan la seguridad personal”
En Italia no solamente hay una mayor atención a la nota roja respecto al resto de Eurpoa, sino que hay una construcción diferente de las noticias, que en los casos más escandalosos son representados casi como una serie de televisión, agrega el estudio.
Y para quien piense que ver noticias es un hecho poco difuso en el país, debo decir que mirar los noticiarios -locales, regionales y nacionales- es parte de un ritual cotidiano al que los italianos están acostumbrados practicamente desde el arribo de la televisión.
Debo también decir que es precisamente la televisión el medio que ha contribuido en forma decisiva a unificar al país, que hasta antes de contar con esta invención ni siquiera tenía un idioma común, dado que cada región, cada población hablaba su proprio dialecto y contaba con reglas, normas y estilos de vida propios, que poco a poco fueron uniformados por las propuestas de la RAI, el sistema de televisión estatal, que entre paréntesis, viene pagado por todos, dado que hay un impuesto especial que se paga anualmente y que en teoría permite la supervivencia de los canales del Estado.
La influencia de la televisión es seria e importante, motivo por el cual no se puede ignorar o minimizar el hecho que la nota roja ocupe tanto espacio, especialmente porque la sensación de inseguridad cercana que el noticiario da a los televidentes repercute en la forma en que reaccionan, sobre todo cuando generalmente los protagonistas de los casos más crueles y serios son extranjeros, inmigrantes principalmente del este de Europa, sudamericanos, chinos o africanos.
Para quien piensa que vivir en Italia implica estar rodeado de glamour y de cultura, quiero agregar otro dato por demás descepcionante. Para un país de primer mundo, seguramente no es halagador aparecer como número 74 en la lista que enumera las posibilidades que se da a las personas de acuerdo con su género.
La lista de las oportunidades por género del Foro económico mundial, reprueba las políticas de igualdad de oportunidades italianas. Mientras en los primeros lugares aparecen Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia, el país de la bota está entre los últimos de Europa y detrás de muchos países del tercer mundo.
El citado elenco evalúa los países de acuerdo con criterios de distribución de los recursos y las oportunidades que se dan a hombres y mujeres. En otras palabras: la igualdad entre los sexos en Italia no es sino un sueño guajiro. Y que conste que la ministra que se ocupa de estos asuntos es la ex vedette Mara Carfagna, una señora a la que el mismísimo premier Berlusconi no podía dar una oportunidad mejor que pasar de los calendarios nudistas a las oficinas del gobierno.
En resumen, lamento desilusionar a quien piensa que vivir en Italia es una maravilla, y sin embargo, con todos sus terribles defectos, debo decir que es un extraordinario país donde habitar.
12 octubre, 2010
Mientras comienzo a escribir este artículo estoy pensando en muchos de mis paisanos que cada vez que saben que desde hace siete años estoy en Italia se emocionan y piensan que en realidad “pasé a mejor vida” y que un país europeo ofrece oportunidades ilimitadas.
Es verdad, Italia es un país maravilloso, lleno de historia. No es en vano que ocupe el primer lugar a nivel mundial por el número de lugares considerados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Se trata de 44 sitios culturales y naturales que van desde el centro histórico de Florencia, pasando por la costiera Amalfitana, la zona arqueológica de Pompeya y el centro histórico de Roma.
Italia es hermosa por lo que ofrece. Pero es difícil vivir en este país por la dificultad que representa estar en un lugar que en teoría pertenece al primer mundo, pero que en la práctica presenta problemas serios que no son precisamente los de una nación desarrollada.
Es una crítica dura, lo sé. Especialmente porque aquí vivo y aquí me pienso quedar. Porque además de todo tengo la fortuna de ser ciudadana italiana y me siento orgullosa de haber adquirido la ciudadanía mas por convicción que por real necesidad.
Pero lo mismo que señalo los defectos de mi país de origen, me siento con todo el derecho de expresarme y decir lo que veo cotidianamente en la realidad italiana.
Empiezo obviamente con la vergonzosa situación política y los escándalos constantes de nuestro presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, famoso a nivel mundial no por ser un gran estadista, sino por comportarse en modo bizarro y despacharse con la cuchara grande, haciendo leyes para favorecer sus intereses personales. Esto, sin contar con la actitud tibia y poco seria de la oposición, que parece hacer todo lo posible por no representar una alternativa importante para los ciudadanos.
Mientras, la gerontocracia predomina y el presidente de la República es un anciano de más de ochenta años, los parlamentarios tienen una edad promedio de “solamente” 54 años, el premier tiene 74 y por lo mismo, los cambios obviamente no se ven porque no se puede pretender que las personas de una cierta generación estén dispuestas realmente a dar una sacudida al sistema que sin embargo, francamente requiere urgentemente modificaciones de fondo y forma.
El pueblo italiano vive de pan y circo. Se regocija semanalmente con el calcio -en el que a veces interviene hasta el gobierno que se sumerge en discusiones bizantinas y controles absurdos de la tifoseria-, se distrae con los reality shows y los chismes del mundo del espectáculo que difunde principalmente Mediaset, la poderosa red de televisión privada que pertenece ni más ni menos que a Berlusconi y su familia.
La formación cultural de los ciudadanos del país de la bota es tan pobre, que Italia ocupa el primer lugar en Europa porque sus noticiarios, a diferencia de los del resto de las naciones del continente, se ocupan principalmente de difundir nota roja en forma no solamente morbosa, sino en cantidad exagerada.
De acuerdo con un estudio presentado a principios de este año, realizado por investigadores europeos “la criminalidad en Italia, respecto a las redes de televisión europea es una página amplia y constante... La presencia de noticias dedicadas al crimen en Italia aparece como una característica estructural”. En naciones como Francia, Alemania, Gran Bretaña y España no se dan a conocer hechos de nota roja por días enteros, mientras que en Italia no pasa un solo día sin noticias de este género, tanto en la televisión privada como en la pública.”
Quiero subrrayar este dato porque resulta interesante saber que el estudio arroja datos importantes como el hecho que “la cantidad de noticias concernientes a la criminalidad común señalan una especial atención a aquellos hechos delictivos que amenazan la seguridad personal”
En Italia no solamente hay una mayor atención a la nota roja respecto al resto de Eurpoa, sino que hay una construcción diferente de las noticias, que en los casos más escandalosos son representados casi como una serie de televisión, agrega el estudio.
Y para quien piense que ver noticias es un hecho poco difuso en el país, debo decir que mirar los noticiarios -locales, regionales y nacionales- es parte de un ritual cotidiano al que los italianos están acostumbrados practicamente desde el arribo de la televisión.
Debo también decir que es precisamente la televisión el medio que ha contribuido en forma decisiva a unificar al país, que hasta antes de contar con esta invención ni siquiera tenía un idioma común, dado que cada región, cada población hablaba su proprio dialecto y contaba con reglas, normas y estilos de vida propios, que poco a poco fueron uniformados por las propuestas de la RAI, el sistema de televisión estatal, que entre paréntesis, viene pagado por todos, dado que hay un impuesto especial que se paga anualmente y que en teoría permite la supervivencia de los canales del Estado.
La influencia de la televisión es seria e importante, motivo por el cual no se puede ignorar o minimizar el hecho que la nota roja ocupe tanto espacio, especialmente porque la sensación de inseguridad cercana que el noticiario da a los televidentes repercute en la forma en que reaccionan, sobre todo cuando generalmente los protagonistas de los casos más crueles y serios son extranjeros, inmigrantes principalmente del este de Europa, sudamericanos, chinos o africanos.
Para quien piensa que vivir en Italia implica estar rodeado de glamour y de cultura, quiero agregar otro dato por demás descepcionante. Para un país de primer mundo, seguramente no es halagador aparecer como número 74 en la lista que enumera las posibilidades que se da a las personas de acuerdo con su género.
La lista de las oportunidades por género del Foro económico mundial, reprueba las políticas de igualdad de oportunidades italianas. Mientras en los primeros lugares aparecen Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia, el país de la bota está entre los últimos de Europa y detrás de muchos países del tercer mundo.
El citado elenco evalúa los países de acuerdo con criterios de distribución de los recursos y las oportunidades que se dan a hombres y mujeres. En otras palabras: la igualdad entre los sexos en Italia no es sino un sueño guajiro. Y que conste que la ministra que se ocupa de estos asuntos es la ex vedette Mara Carfagna, una señora a la que el mismísimo premier Berlusconi no podía dar una oportunidad mejor que pasar de los calendarios nudistas a las oficinas del gobierno.
En resumen, lamento desilusionar a quien piensa que vivir en Italia es una maravilla, y sin embargo, con todos sus terribles defectos, debo decir que es un extraordinario país donde habitar.
viernes, 1 de octubre de 2010
La pena de muerte no es igual en todas partes...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
29 septiembre, 2010
Hay momentos en que me resulta tremendamente difícil comenzar a tratar el tema que quiero compartir con quienes tienen la paciencia de seguir este espacio.
Esta vez, encuentro complicado tratar el asunto porque tiene que ver con la difícil, tremenda, impresionante condición de una mujer llamada Sakineh Mohammadi Ashtiani, una iraní que se encuentra encarcelada en su país, sentenciada a muerte después de haber sido sometida a proceso por adulterio y por su presunta participación en el homicidio de su marido.
Al principio, la condena para Sakineh fue la muerte por lapidación, práctica particularmente terrible porque representa una muerte lenta e implica un mayor sufrimiento.
Hay que recordar que en países de África, Asia y medio oriente la lapidación sigue siendo una práctica habitual, especialmente en el caso de personas que mantienen relaciones sexuales ilegales. Y es simplemente escalofriante. De acuerdo con la enciclopedia on line Wikipedia, la
lapidación “suele llevarse a cabo estando el reo tapado por completo con una tela (para no ver los efectos), enterrado hasta el cuello o atado de algún modo mientras una multitud de gente le tira piedras.”
El caso de Sakineh ha tenido una fuerte repercusión en Europa, donde muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos alzaron la voz para protestar por la bárbara decisión del tribunal iraní.
La presión ejercida por la opinión pública europea, que se desató en severas críticas hacia el régimen iraní, llevó a una revisión del caso y precisamente hoy, 28 de septiembre, fue anunciado que Sakineh no será lapidada, sino que morirá ahorcada porque, de acuerdo con el tribunal que se ocupa del asunto, la mujer “ha sido acusada de asesinato y la pena por este delito tiene preeminencia sobre el otro de adulterio”.
Seguramente comenzarán de nuevo las movilizaciones. Baste decir que por ejemplo en Italia, al conocerse la situación hace algunos meses -gracias al llamado del hijo de Sakineh- fue exhibido un espectacular con la fotografía de ella en la sede del poder Ejecutivo, mientras que en Francia, la primera dama Carla Bruni manifestó su repudio a la condena, ganándose con ello los comentarios poco agradables de una publicación iraní, que señalaba que una “prostituta” como la Bruni no tenía la calidad moral para protestar contra la decisión de la justicia de aquel país.
Hasta aquí, seguramente quien conoce el caso da la razón a quienes piensan que se trata ni más ni menos que de una muestra más del grado de salvajismo en el que viven los países islámicos. Queda claro también que esta situación no ayuda mínimamente a mejorar la imagen que el mundo tiene del presidente Mahmud Ahmadineyad.
Sin embargo, quiero mencionar que me parece absurdo que mientras el mundo se mueve para defender a Sakineh, mientras los medios de comunicación continúan con la condena hacia el régimen islámico, casi ninguno fuera de los Estados Unidos se ocupó de un caso análogo.
Me refiero a la reciente ejecución de Teresa Lewis, ocurrida en el estado norteamericano de Virginia.
Lewis fue condenada por orquestar hace ocho años el asesinato de su marido e hijastro con el fin de cobrar un seguro de vida. La noche del 30 de octubre del 2002, dos individuos armados irrumpieron en una casa-trailer ocupada por una familia de tres en el condado de Pittsylvania, al sur de Virginia. Los asaltantes ordenaron a Teresa salir del dormitorio donde inmediatamente después su marido Julián era ejecutado, al igual que el hijastro de Teresa. Unos 45 minutos después, ella llamó a la Policía. Sin embargo, el marido agonizante dijo: "Mi mujer sabe quién me ha hecho esto".
Luego fue descubierto que Teresa pagó con sexo y dinero a los dos jóvenes asesinos de su familia. Esto valió para que fuera condenada a la pena capital. No obstante las protestas y las peticiones de clemencia, fue ejecutada hace algunos días.
Lo que sorprende, lo que indigna, lo que molesta, es pensar que nadie ha dicho nada acerca de que en el país que se autoproclama paladín de la democracia, salvador del mundo y ejemplo de civismo, sea todavía válida la pena de muerte.
Nadie lo dice porque a pesar de que las circunstancias son prácticamente las mismas, no es igual hablar de los salvajes iraníes que de los civilizados estadounidenses.
Irán es, junto con Estados Unidos, China y Arabia Saudí, uno de los países que más penas capitales aplica en el mundo. Pero los iraníes, los chinos y los árabes, son “salvajes”. Los americanos son simplemente “justos”. Al menos eso nos quieren hacer creer los medios de comunicación.
Nadie se atreve a criticar a los americanos porque simplemente el occidente sigue empeñado en ver la paja en el ojo ajeno y en señalar los terribles defectos de los otros. Los medios contribuyen a esta idea distorsionada de la realidad. Crean clichés, sostienen ideas que sirven para adoctrinar y fomentar el repudio hacia los países islámicos y nadie tiene el valor de decir que los “civilizados” no son mejores.
Porque se diga lo que se diga, es evidente que el fundamentalismo existe también en la otra parte del mundo. El moralismo excesivo de los cristianos de norteamérica es comparable con el fanatismo religioso de los musulmanes. La situación de las mujeres que deben cubrirse con el burqa no es mejor que la de las féminas occidentales víctimas de la violencia intrafamiliar.
A fin de cuentas, son dos caras de la misma moneda: la intolerancia. Sólo que nadie se atreve a decirlo. No hay quien tenga el valor de emprender una campaña contra el intervencionismo norteamericano, no hay quien critique los defectos de un país que se esfuerza por disfrazar de buenas intenciones su ansia de dominio.
Por eso me indigna la situación. Defiendo a Sakineh pero habría defendido también a Teresa Lewis porque no me parece que valga menos la vida de una o de otra y porque la pena de muerte es la misma salvajada en Irán y en los Estados Unidos.
Y por eso, finalmente, condeno de nuevo a los medios de comunicación que ejercen una terrible manipulación a favor de un sistema que ya está podrido. No abundo más. Solamente digo: eué pena. Qué vergüenza. Qué desfachatez.
29 septiembre, 2010
Hay momentos en que me resulta tremendamente difícil comenzar a tratar el tema que quiero compartir con quienes tienen la paciencia de seguir este espacio.
Esta vez, encuentro complicado tratar el asunto porque tiene que ver con la difícil, tremenda, impresionante condición de una mujer llamada Sakineh Mohammadi Ashtiani, una iraní que se encuentra encarcelada en su país, sentenciada a muerte después de haber sido sometida a proceso por adulterio y por su presunta participación en el homicidio de su marido.
Al principio, la condena para Sakineh fue la muerte por lapidación, práctica particularmente terrible porque representa una muerte lenta e implica un mayor sufrimiento.
Hay que recordar que en países de África, Asia y medio oriente la lapidación sigue siendo una práctica habitual, especialmente en el caso de personas que mantienen relaciones sexuales ilegales. Y es simplemente escalofriante. De acuerdo con la enciclopedia on line Wikipedia, la
lapidación “suele llevarse a cabo estando el reo tapado por completo con una tela (para no ver los efectos), enterrado hasta el cuello o atado de algún modo mientras una multitud de gente le tira piedras.”
El caso de Sakineh ha tenido una fuerte repercusión en Europa, donde muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos alzaron la voz para protestar por la bárbara decisión del tribunal iraní.
La presión ejercida por la opinión pública europea, que se desató en severas críticas hacia el régimen iraní, llevó a una revisión del caso y precisamente hoy, 28 de septiembre, fue anunciado que Sakineh no será lapidada, sino que morirá ahorcada porque, de acuerdo con el tribunal que se ocupa del asunto, la mujer “ha sido acusada de asesinato y la pena por este delito tiene preeminencia sobre el otro de adulterio”.
Seguramente comenzarán de nuevo las movilizaciones. Baste decir que por ejemplo en Italia, al conocerse la situación hace algunos meses -gracias al llamado del hijo de Sakineh- fue exhibido un espectacular con la fotografía de ella en la sede del poder Ejecutivo, mientras que en Francia, la primera dama Carla Bruni manifestó su repudio a la condena, ganándose con ello los comentarios poco agradables de una publicación iraní, que señalaba que una “prostituta” como la Bruni no tenía la calidad moral para protestar contra la decisión de la justicia de aquel país.
Hasta aquí, seguramente quien conoce el caso da la razón a quienes piensan que se trata ni más ni menos que de una muestra más del grado de salvajismo en el que viven los países islámicos. Queda claro también que esta situación no ayuda mínimamente a mejorar la imagen que el mundo tiene del presidente Mahmud Ahmadineyad.
Sin embargo, quiero mencionar que me parece absurdo que mientras el mundo se mueve para defender a Sakineh, mientras los medios de comunicación continúan con la condena hacia el régimen islámico, casi ninguno fuera de los Estados Unidos se ocupó de un caso análogo.
Me refiero a la reciente ejecución de Teresa Lewis, ocurrida en el estado norteamericano de Virginia.
Lewis fue condenada por orquestar hace ocho años el asesinato de su marido e hijastro con el fin de cobrar un seguro de vida. La noche del 30 de octubre del 2002, dos individuos armados irrumpieron en una casa-trailer ocupada por una familia de tres en el condado de Pittsylvania, al sur de Virginia. Los asaltantes ordenaron a Teresa salir del dormitorio donde inmediatamente después su marido Julián era ejecutado, al igual que el hijastro de Teresa. Unos 45 minutos después, ella llamó a la Policía. Sin embargo, el marido agonizante dijo: "Mi mujer sabe quién me ha hecho esto".
Luego fue descubierto que Teresa pagó con sexo y dinero a los dos jóvenes asesinos de su familia. Esto valió para que fuera condenada a la pena capital. No obstante las protestas y las peticiones de clemencia, fue ejecutada hace algunos días.
Lo que sorprende, lo que indigna, lo que molesta, es pensar que nadie ha dicho nada acerca de que en el país que se autoproclama paladín de la democracia, salvador del mundo y ejemplo de civismo, sea todavía válida la pena de muerte.
Nadie lo dice porque a pesar de que las circunstancias son prácticamente las mismas, no es igual hablar de los salvajes iraníes que de los civilizados estadounidenses.
Irán es, junto con Estados Unidos, China y Arabia Saudí, uno de los países que más penas capitales aplica en el mundo. Pero los iraníes, los chinos y los árabes, son “salvajes”. Los americanos son simplemente “justos”. Al menos eso nos quieren hacer creer los medios de comunicación.
Nadie se atreve a criticar a los americanos porque simplemente el occidente sigue empeñado en ver la paja en el ojo ajeno y en señalar los terribles defectos de los otros. Los medios contribuyen a esta idea distorsionada de la realidad. Crean clichés, sostienen ideas que sirven para adoctrinar y fomentar el repudio hacia los países islámicos y nadie tiene el valor de decir que los “civilizados” no son mejores.
Porque se diga lo que se diga, es evidente que el fundamentalismo existe también en la otra parte del mundo. El moralismo excesivo de los cristianos de norteamérica es comparable con el fanatismo religioso de los musulmanes. La situación de las mujeres que deben cubrirse con el burqa no es mejor que la de las féminas occidentales víctimas de la violencia intrafamiliar.
A fin de cuentas, son dos caras de la misma moneda: la intolerancia. Sólo que nadie se atreve a decirlo. No hay quien tenga el valor de emprender una campaña contra el intervencionismo norteamericano, no hay quien critique los defectos de un país que se esfuerza por disfrazar de buenas intenciones su ansia de dominio.
Por eso me indigna la situación. Defiendo a Sakineh pero habría defendido también a Teresa Lewis porque no me parece que valga menos la vida de una o de otra y porque la pena de muerte es la misma salvajada en Irán y en los Estados Unidos.
Y por eso, finalmente, condeno de nuevo a los medios de comunicación que ejercen una terrible manipulación a favor de un sistema que ya está podrido. No abundo más. Solamente digo: eué pena. Qué vergüenza. Qué desfachatez.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Aliados contra las alianzas...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
22 septiembre, 2010
Hace algunos días, durante el acto sucesivo a la entrega de su penúltimo informe de gobierno, Enrique Peña Nieto se lanzó con toda su fuerza contra las alianzas entre partidos durante los procesos electorales.
Entonces dijo que “la lucha del poder por el poder mediante la alianza de proyectos antagónicos que desvirtúan la democracia, son una amenaza tan grave para el país como las fuerzas criminales que atentan contra la estabilidad, la ley y el estado de derecho”.
Y no paró en esto su no rotundo a la posibilidad de que los partidos políticos unan sus fuerzas y con ello aumenten su capacidad de triunfo en las próximas elecciones del 2011.
En un alarde de poder, el mandatario mexiquense logró que los diputados de su partido hicieran que la Legislatura local aprobara en comisiones el dictamen por el cual se elimina a figura de las “candidaturas comunes”.
De esta manera, si el citado dictamen se aprueba en el pleno legislativo, el PAN y el PRD se pueden ir olvidando de materializar su idea de hacer un frente común para lograr la hazaña de derrotar al PRI y arrebatarle por primera vez en la historia la gubernatura del estado más poblado del país.
Por supuesto que los priístas nuevamente sacaron a relucir una enorme capacidad de imposición disfrazada de concertación. Simplemente usaron sus alianzas con el PVEM y Convergencia para eliminar otras potenciales alianzas. Aliados para que los otros no se puedan aliar. Paradojas de la política.
¿Qué es lo que realmente le incomoda de las alianzas, señor gobernador? ¿Es acaso un temor fundamentado de que sus enemigos le echen montón y que la gente -¡ah! esta gente inconsciente- se deje llevar y vote contra el partidazo?
Si usted está tan orgulloso del trabajo que ha hecho en el estado de México, si está convencido de que los ciudadanos lo estiman y aprecian todo el bien que ha derrochado con un montón de compromisos firmados y cumplidos, ¿qué más le da que los malosos se junten en alianzas bastardas, ilógicas y antinaturales?
¡Qué poca confianza tiene en sí mismo, señor Peña! Quién lo diría de una persona que emana seguridad en sí mismo como usted, que hasta se da el lujo de exhibir siempre su mejor ángulo y nos receta contínuamente su imagen de galanazo.
Lo veo un poquito desdibujado, gobernador. Y la verdad no se me hace que los panistas se puedan de veras unir con los perredistas para quitarle el súper hueso al PRI.
No creo que tengan la capacidad suficiente para ponerse de acuerdo y elegir entre todos sus gallos uno que pueda representar los intereses de la derecha y la izquierda juntas y no solo: dudo sinceramente que en el caso de que una alianza pudiera vencer, sea factible una justa y pacífica repartición del botín.
Sin embargo, el gobernador de la entidad ha decidido que es momento de curarse en salud. Nada de alianzas extrañas. No a las candidaturas comunes. Más vale que digan aquí corrió que aquí murió.
Y no me digan que Peña Nieto no tiene que ver con el asunto, porque en el caso remotísimo de que los diputados hubieran actuado por iniciativa propia, no habrían hecho otra cosa que seguir al pie de la letra la voluntad de su verdadero líder, que fue claro y simplemente comparó las alianzas ni más ni menos que con “fuerzas criminales.”
Pero ahora resulta que los legisladores se mandan solos. ¿Desde cuándo? Y nosotros los ciudadanos comunes seguramente somos tan inocentes que creemos sin una mínima duda que el Ejecutivo y el Legislativo son de veras harina de distintos costales.
“No es más que una posición estrictamente personal y es la representación social la que está acreditada en la Cámara de Diputados, y es la que tiene que hacer valer en razón del peso que tenga esa representación con los temas que mejor convengan para darle mayor transparencia y congruencia a la democracia de los mexiquenses”. Eso dijo Peña Nieto. Todo hecho bolas, como siempre que no trae apuntador, pero palabras más o palabras menos quiso simplemente lavarse las manos con un simple: “yo no fui”.
Vamos pues, la iniciativa no tiene que ver con la voluntad del gobernador. Nada de eso. Es que los diputados de su partido simplemente se despertaron con la idea de que hay que combatir esa terrible amenaza llamada candidatura común.
Una amenaza tan seria, tan tremenda, que le quita el sueño a millones de personas, seguramente. La pesadilla de los mexicanos por patria y provincia ya no es la crisis económica, tampoco es la guerra contra el narco con las terribles consecuencias que todos conocemos.
No. El nuevo enemigo que hay que combatir es el candidato bastardo que obedece a la izquierda y a la derecha, que solamente busca el poder por el poder. Ni más ni menos.
Honestamente no creo que a la gente que trabaja, lucha y se esfuerza todos los días por mejorar su difícil condición le importe un soberano cacahuate si los panuchos se juntan con los del sol azteca para darle en la torre a los tricolores.
¿Es que no se han dado cuenta que la gente ya está harta y que sencillamente ya no le cree a nadie, pero lo que se dice a nadie?
Yo en su lugar me preocuparía más por reducir el presupuesto del inutilísimo IEEM y sobre todo por dejar de desperdiciar valiosos recursos económicos que sirven solamente para mantener en pie la farsa que cada seis años tenemos que soportar.
Parece que entre la clase gobernante nadie quiere ver que la gente tiene hambre de justicia social y que está harta de escuchar mentiras y de sufrir desilusiones.
No se dan cuenta de que la credibilidad gubernamental está por los suelos y que hay una seria posibilidad de que el nivel de abstencionismo sea alto y que gane quien gane nada le importará a la ciudadanía por la sencilla razón de que poco o nada cambiarán sus condiciones de vida.
Da pena ajena ver a los diputados exhibiendo mantas en el Congreso local, declarando a diestra y siniestra su defensa de la democracia, haciendo de todo porque las alianzas sean permitidas. Da vergüenza también que los priístas demuestren con tanto descaro que obedecen sin chistar las indicaciones de su idolatrado patroncito que a fin de cuentas fue quien los palomeó y los llevó a ocupar una curul.
La verdad es que los diputados de todos los partidos mejor se deberían poner a trabajar en serio, que para eso les pagan -y muy bien- los ciudadanos mexiquenses. Para eso sí deberían aliarse los legisladores, para hacer algo por su estado, que por desgracia y aunque se esfuercen por decir lo contrario, se les está desbaratando cada día.
22 septiembre, 2010
Hace algunos días, durante el acto sucesivo a la entrega de su penúltimo informe de gobierno, Enrique Peña Nieto se lanzó con toda su fuerza contra las alianzas entre partidos durante los procesos electorales.
Entonces dijo que “la lucha del poder por el poder mediante la alianza de proyectos antagónicos que desvirtúan la democracia, son una amenaza tan grave para el país como las fuerzas criminales que atentan contra la estabilidad, la ley y el estado de derecho”.
Y no paró en esto su no rotundo a la posibilidad de que los partidos políticos unan sus fuerzas y con ello aumenten su capacidad de triunfo en las próximas elecciones del 2011.
En un alarde de poder, el mandatario mexiquense logró que los diputados de su partido hicieran que la Legislatura local aprobara en comisiones el dictamen por el cual se elimina a figura de las “candidaturas comunes”.
De esta manera, si el citado dictamen se aprueba en el pleno legislativo, el PAN y el PRD se pueden ir olvidando de materializar su idea de hacer un frente común para lograr la hazaña de derrotar al PRI y arrebatarle por primera vez en la historia la gubernatura del estado más poblado del país.
Por supuesto que los priístas nuevamente sacaron a relucir una enorme capacidad de imposición disfrazada de concertación. Simplemente usaron sus alianzas con el PVEM y Convergencia para eliminar otras potenciales alianzas. Aliados para que los otros no se puedan aliar. Paradojas de la política.
¿Qué es lo que realmente le incomoda de las alianzas, señor gobernador? ¿Es acaso un temor fundamentado de que sus enemigos le echen montón y que la gente -¡ah! esta gente inconsciente- se deje llevar y vote contra el partidazo?
Si usted está tan orgulloso del trabajo que ha hecho en el estado de México, si está convencido de que los ciudadanos lo estiman y aprecian todo el bien que ha derrochado con un montón de compromisos firmados y cumplidos, ¿qué más le da que los malosos se junten en alianzas bastardas, ilógicas y antinaturales?
¡Qué poca confianza tiene en sí mismo, señor Peña! Quién lo diría de una persona que emana seguridad en sí mismo como usted, que hasta se da el lujo de exhibir siempre su mejor ángulo y nos receta contínuamente su imagen de galanazo.
Lo veo un poquito desdibujado, gobernador. Y la verdad no se me hace que los panistas se puedan de veras unir con los perredistas para quitarle el súper hueso al PRI.
No creo que tengan la capacidad suficiente para ponerse de acuerdo y elegir entre todos sus gallos uno que pueda representar los intereses de la derecha y la izquierda juntas y no solo: dudo sinceramente que en el caso de que una alianza pudiera vencer, sea factible una justa y pacífica repartición del botín.
Sin embargo, el gobernador de la entidad ha decidido que es momento de curarse en salud. Nada de alianzas extrañas. No a las candidaturas comunes. Más vale que digan aquí corrió que aquí murió.
Y no me digan que Peña Nieto no tiene que ver con el asunto, porque en el caso remotísimo de que los diputados hubieran actuado por iniciativa propia, no habrían hecho otra cosa que seguir al pie de la letra la voluntad de su verdadero líder, que fue claro y simplemente comparó las alianzas ni más ni menos que con “fuerzas criminales.”
Pero ahora resulta que los legisladores se mandan solos. ¿Desde cuándo? Y nosotros los ciudadanos comunes seguramente somos tan inocentes que creemos sin una mínima duda que el Ejecutivo y el Legislativo son de veras harina de distintos costales.
“No es más que una posición estrictamente personal y es la representación social la que está acreditada en la Cámara de Diputados, y es la que tiene que hacer valer en razón del peso que tenga esa representación con los temas que mejor convengan para darle mayor transparencia y congruencia a la democracia de los mexiquenses”. Eso dijo Peña Nieto. Todo hecho bolas, como siempre que no trae apuntador, pero palabras más o palabras menos quiso simplemente lavarse las manos con un simple: “yo no fui”.
Vamos pues, la iniciativa no tiene que ver con la voluntad del gobernador. Nada de eso. Es que los diputados de su partido simplemente se despertaron con la idea de que hay que combatir esa terrible amenaza llamada candidatura común.
Una amenaza tan seria, tan tremenda, que le quita el sueño a millones de personas, seguramente. La pesadilla de los mexicanos por patria y provincia ya no es la crisis económica, tampoco es la guerra contra el narco con las terribles consecuencias que todos conocemos.
No. El nuevo enemigo que hay que combatir es el candidato bastardo que obedece a la izquierda y a la derecha, que solamente busca el poder por el poder. Ni más ni menos.
Honestamente no creo que a la gente que trabaja, lucha y se esfuerza todos los días por mejorar su difícil condición le importe un soberano cacahuate si los panuchos se juntan con los del sol azteca para darle en la torre a los tricolores.
¿Es que no se han dado cuenta que la gente ya está harta y que sencillamente ya no le cree a nadie, pero lo que se dice a nadie?
Yo en su lugar me preocuparía más por reducir el presupuesto del inutilísimo IEEM y sobre todo por dejar de desperdiciar valiosos recursos económicos que sirven solamente para mantener en pie la farsa que cada seis años tenemos que soportar.
Parece que entre la clase gobernante nadie quiere ver que la gente tiene hambre de justicia social y que está harta de escuchar mentiras y de sufrir desilusiones.
No se dan cuenta de que la credibilidad gubernamental está por los suelos y que hay una seria posibilidad de que el nivel de abstencionismo sea alto y que gane quien gane nada le importará a la ciudadanía por la sencilla razón de que poco o nada cambiarán sus condiciones de vida.
Da pena ajena ver a los diputados exhibiendo mantas en el Congreso local, declarando a diestra y siniestra su defensa de la democracia, haciendo de todo porque las alianzas sean permitidas. Da vergüenza también que los priístas demuestren con tanto descaro que obedecen sin chistar las indicaciones de su idolatrado patroncito que a fin de cuentas fue quien los palomeó y los llevó a ocupar una curul.
La verdad es que los diputados de todos los partidos mejor se deberían poner a trabajar en serio, que para eso les pagan -y muy bien- los ciudadanos mexiquenses. Para eso sí deberían aliarse los legisladores, para hacer algo por su estado, que por desgracia y aunque se esfuercen por decir lo contrario, se les está desbaratando cada día.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Enrique Peña: el galán que México esperaba
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
08 septiembre, 2010
Finalmente estamos en el llamado mes de la patria. Los rituales propios de estas fechas comienzan. Se repiten los actos. No hay novedades. Las autoridades pretenden darnos algo más de lo que marca la tradición porque como sabemos, este es el año del Bicentenario y hay que festejar con mayor entusiasmo el inicio de la lucha por la independencia nacional.
En el territorio mexiquense, aparte de la celebración que involucra a todos los mexicanos, el gobierno estatal se luce para demostrar no solamente que trabaja sino que lo hace bien.
Lo sabemos todos. El gobernador Enrique Peña tiene serias intenciones de llegar a ser el nuevo presidente de México, resucitando con ello al partido que durante 70 años ejerció la que el escritor peruano Mario Vargas Llosa definió como “la dictadura perfecta”.
Los tiempos son adecuados para revivir las tradiciones, incluída aquella que señala que el quinto año de gestióno gubernamental en el territorio mexiquense marca el inicio informal de la carrera por la presidencia.
Por mucho tiempo el proceso de elección del gobernador mexiquense fue el “laboratorio político”, el termómetro que permitía al PRI nacional medir la temperatura y definir las estrategias para las elecciones federales del año sucesivo.
Y todo comenzaba precisamente con el penúltimo informe de gobierno de la entidad. Momento clave para demostrar a todos el reconocimiento de la ciudadanía y sobre todo de la clase política hacia el gobernador priísta mexiquense.
Ni el tiempo ni el arribo del Partido Acción Nacional a la presidencia de la República han cambiado la tradición. Ni siquiera cuando el Congreso local no contaba con la mayoría priísta y cambió el ritual. Por el contrario.
Todavía recuerdo aquel 1999, tiempo de tremenda efervescencia política, cuando César Camacho Quiroz, en una brillante interpretación legal decidió que era el momento de no seguir el juego de la oposición y en cambio demostrar todo el arrastre de su partidazo.
En aquellos tiempos, el entonces gobernador decidió hacer un verdadero desaire a los legisladores y simplemente envió por escrito a la Cámara de diputados su último informe, preparando después un verdadero espectáculo en la Plaza de los Mártires, donde envió su mensaje a la población mexiquense.
Luego Arturo Montiel en un alarde de pura demagogia instituyó la aburrida, costosa y populachera gira en que, dividiendo por zonas el territorio mexiquense, se hacía aclamar por los ciudadanos priístas que por supuesto acudían al llamado de su líder aunque en realidad tuvieran problemas para comprender lo que éste decía. Creo que muchos recordamos todavía los terribles problemas de dicción -y no solo- de Montiel que sin embargo, no le impidieron aspirar a ser el candidato presidencial.
En realidad el ritual de la lectura del informe es el mejor pretexto de nuestros gobernadores para sentirse adorados y demostrar que están satisfechos con el trabajo que desarrollan durante su gestión.
Nadie les quita el derecho de cacarear el huevo, claro que no. Lo triste es cuando exageran. Lo malo es cuando maquillan. Lo peor es cuando los gobernados les creen.
Esta vez, durante los días previos al informe, encontré en los diarios online el spot del Quinto informe de Enrique Peña Nieto. Seguramente las mil 400 personas de su club de fans de Facebook no van a estar de acuerdo conmigo, como tampoco lo van estar quienes trabajan para el gobierno mexiquense o para el PRI estatal y algunos periodistas complacientes.
Pero ejerzo mi derecho de libre expresión y digo con toda honestidad que aparte de pensar en lo que cuesta hacer un anuncio en el que se cuida que esté en su lugar hasta el último envaselinado cabello del gobernador, es triste ver cómo el discutible trabajo de un mandatario se promociona como si se tratara de la publicidad de un galán de televisión.
Mucho ruido y pocas nueces, pues. Un hombre en mangas de camisa que habla desde un automóvil a un interlocutor que nunca se ve. Un gobernante joven y atractivo. Un galanazo que arranca suspiros y habla de compromisos cumplidos. Más de una señora quisiera en casa un hombre tan cumplidor como Peña. Porque a fin de cuentas la publicidad del informe de Peña no es otra cosa que la promoción de un personaje de telenovela.
Y que conste que no lo digo por el besote de esos de final feliz que le dio a su prometida, la actriz Angélica Rivera al finalizar su informe.
Lo digo sencillamente porque salta a la vista que los atributos físicos del político en cuestión son el único punto fuerte que éste tiene para encantar a una población ignorante y asustada por la crisis y por la inseguridad.
Peña sin duda nació con suerte, entre pañales de seda hechos ni más ni menos que en Atlacomulco. Es un verdadero político de elevador. De otra manera no entiendo cómo un curriculum tan pobre puede ser la justificación para llevarlo a la presidencia de nuestro país: Peña pasó de puestos de menor relevancia a la secretaría de Administración durante la gestión de Arturo Montiel. De ahí dio el gran salto y se convirtió en diputado local, para pasar de golpe a ser precandidato, luego candidato y finalmente, flamante gobernador mexiquense.
Honestamente lo visto el cinco de septiembre fue un acto de egolatría más en el que lo único que resaltó fue la crítica abierta de Peña Nieto hacia la actuación del gobierno federal.
El mensaje del gobernador me sorprende, especialmente cuando habla de las alianzas entre la derecha y la izquierda contra el PRI. “la lucha del poder por el poder mediante la alianza de proyectos antagónicos que desvirtúan la democracia, son una amenaza tan grave para el país como las fuerzas criminales que atentan contra la estabilidad, la ley y el estado de derecho”.
Ya se le olvidaron los tiempos en que la lucha del poder por el poder consistía en poner a funcionar los peores mecanismos de fraude electoral. Intuyo que desde su punto de vista quienes por décadas mantuvieron un sistema abiertamente antidemocrático no se pueden llamar criminales.
Cierto que se necesita valor para comparar las escaramuzas políticas con la situación terrible que se vive en México. Como también se requiere descaro para decir ante miles de personas que “igualmente autoritario es caer en la tentación de usar a las instituciones públicas para fines particulares o partidistas”.
Francamente el espectáculo penoso con que inicia el mes de septiembre en el estado de México me deja una pésima impresión. Lo siento mucho, pero con todo respeto, creo que el problema no sería siquiera que el PRI regresara a los Pinos, sino más bien que lo hiciera representado por un candidato que funciona mejor como personaje de telenovela que como el gobernante que nuestro país merece y necesita.
08 septiembre, 2010
Finalmente estamos en el llamado mes de la patria. Los rituales propios de estas fechas comienzan. Se repiten los actos. No hay novedades. Las autoridades pretenden darnos algo más de lo que marca la tradición porque como sabemos, este es el año del Bicentenario y hay que festejar con mayor entusiasmo el inicio de la lucha por la independencia nacional.
En el territorio mexiquense, aparte de la celebración que involucra a todos los mexicanos, el gobierno estatal se luce para demostrar no solamente que trabaja sino que lo hace bien.
Lo sabemos todos. El gobernador Enrique Peña tiene serias intenciones de llegar a ser el nuevo presidente de México, resucitando con ello al partido que durante 70 años ejerció la que el escritor peruano Mario Vargas Llosa definió como “la dictadura perfecta”.
Los tiempos son adecuados para revivir las tradiciones, incluída aquella que señala que el quinto año de gestióno gubernamental en el territorio mexiquense marca el inicio informal de la carrera por la presidencia.
Por mucho tiempo el proceso de elección del gobernador mexiquense fue el “laboratorio político”, el termómetro que permitía al PRI nacional medir la temperatura y definir las estrategias para las elecciones federales del año sucesivo.
Y todo comenzaba precisamente con el penúltimo informe de gobierno de la entidad. Momento clave para demostrar a todos el reconocimiento de la ciudadanía y sobre todo de la clase política hacia el gobernador priísta mexiquense.
Ni el tiempo ni el arribo del Partido Acción Nacional a la presidencia de la República han cambiado la tradición. Ni siquiera cuando el Congreso local no contaba con la mayoría priísta y cambió el ritual. Por el contrario.
Todavía recuerdo aquel 1999, tiempo de tremenda efervescencia política, cuando César Camacho Quiroz, en una brillante interpretación legal decidió que era el momento de no seguir el juego de la oposición y en cambio demostrar todo el arrastre de su partidazo.
En aquellos tiempos, el entonces gobernador decidió hacer un verdadero desaire a los legisladores y simplemente envió por escrito a la Cámara de diputados su último informe, preparando después un verdadero espectáculo en la Plaza de los Mártires, donde envió su mensaje a la población mexiquense.
Luego Arturo Montiel en un alarde de pura demagogia instituyó la aburrida, costosa y populachera gira en que, dividiendo por zonas el territorio mexiquense, se hacía aclamar por los ciudadanos priístas que por supuesto acudían al llamado de su líder aunque en realidad tuvieran problemas para comprender lo que éste decía. Creo que muchos recordamos todavía los terribles problemas de dicción -y no solo- de Montiel que sin embargo, no le impidieron aspirar a ser el candidato presidencial.
En realidad el ritual de la lectura del informe es el mejor pretexto de nuestros gobernadores para sentirse adorados y demostrar que están satisfechos con el trabajo que desarrollan durante su gestión.
Nadie les quita el derecho de cacarear el huevo, claro que no. Lo triste es cuando exageran. Lo malo es cuando maquillan. Lo peor es cuando los gobernados les creen.
Esta vez, durante los días previos al informe, encontré en los diarios online el spot del Quinto informe de Enrique Peña Nieto. Seguramente las mil 400 personas de su club de fans de Facebook no van a estar de acuerdo conmigo, como tampoco lo van estar quienes trabajan para el gobierno mexiquense o para el PRI estatal y algunos periodistas complacientes.
Pero ejerzo mi derecho de libre expresión y digo con toda honestidad que aparte de pensar en lo que cuesta hacer un anuncio en el que se cuida que esté en su lugar hasta el último envaselinado cabello del gobernador, es triste ver cómo el discutible trabajo de un mandatario se promociona como si se tratara de la publicidad de un galán de televisión.
Mucho ruido y pocas nueces, pues. Un hombre en mangas de camisa que habla desde un automóvil a un interlocutor que nunca se ve. Un gobernante joven y atractivo. Un galanazo que arranca suspiros y habla de compromisos cumplidos. Más de una señora quisiera en casa un hombre tan cumplidor como Peña. Porque a fin de cuentas la publicidad del informe de Peña no es otra cosa que la promoción de un personaje de telenovela.
Y que conste que no lo digo por el besote de esos de final feliz que le dio a su prometida, la actriz Angélica Rivera al finalizar su informe.
Lo digo sencillamente porque salta a la vista que los atributos físicos del político en cuestión son el único punto fuerte que éste tiene para encantar a una población ignorante y asustada por la crisis y por la inseguridad.
Peña sin duda nació con suerte, entre pañales de seda hechos ni más ni menos que en Atlacomulco. Es un verdadero político de elevador. De otra manera no entiendo cómo un curriculum tan pobre puede ser la justificación para llevarlo a la presidencia de nuestro país: Peña pasó de puestos de menor relevancia a la secretaría de Administración durante la gestión de Arturo Montiel. De ahí dio el gran salto y se convirtió en diputado local, para pasar de golpe a ser precandidato, luego candidato y finalmente, flamante gobernador mexiquense.
Honestamente lo visto el cinco de septiembre fue un acto de egolatría más en el que lo único que resaltó fue la crítica abierta de Peña Nieto hacia la actuación del gobierno federal.
El mensaje del gobernador me sorprende, especialmente cuando habla de las alianzas entre la derecha y la izquierda contra el PRI. “la lucha del poder por el poder mediante la alianza de proyectos antagónicos que desvirtúan la democracia, son una amenaza tan grave para el país como las fuerzas criminales que atentan contra la estabilidad, la ley y el estado de derecho”.
Ya se le olvidaron los tiempos en que la lucha del poder por el poder consistía en poner a funcionar los peores mecanismos de fraude electoral. Intuyo que desde su punto de vista quienes por décadas mantuvieron un sistema abiertamente antidemocrático no se pueden llamar criminales.
Cierto que se necesita valor para comparar las escaramuzas políticas con la situación terrible que se vive en México. Como también se requiere descaro para decir ante miles de personas que “igualmente autoritario es caer en la tentación de usar a las instituciones públicas para fines particulares o partidistas”.
Francamente el espectáculo penoso con que inicia el mes de septiembre en el estado de México me deja una pésima impresión. Lo siento mucho, pero con todo respeto, creo que el problema no sería siquiera que el PRI regresara a los Pinos, sino más bien que lo hiciera representado por un candidato que funciona mejor como personaje de telenovela que como el gobernante que nuestro país merece y necesita.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Islam: enemigo o amigo a conveniencia
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
31 agosto, 2010
Cuando esta semana comencé a revisar la información cotidiana, mi atención se desvió hacia un par de hechos que aparentemente no tendrían relación entre sí, pero que me llevaron a reflexionar seriamente.
Por una parte, me encontré con la intransigencia del alcalde de una población del norte de Italia. Marco Colombo, gobernante del municipio de Sesto Calende, provincia de Varese, quien pertenece al partido de extrema derecha de Italia, la Liga del Norte, (Lega nord) señaló al periódico on line varesenews.it que los musulmanes no podrán reunirse para celebrar sus ritos religiosos semanales mientras él esté al frente del gobierno municipal.
De esta forma, ha prohibido que los miembros de la comunidad islámica hagan la oración colectiva que su religión les impone realizar los viernes. Los musulmanes solicitaron se les permitiera utilizar un campo deportivo para reunirse. Sin embargo el edil decidió negárselos con el pretexto de que la unidad deportiva no es un sitio idóneo para rezar. Simplemente decidió,, pasando por alto que la libertad de culto es un principio que debe prevalecer en Italia, que los ciudadanos pueden orar todo lo que quieran, pero cada quién en su propia casa.
Y es que la intolerancia hacia el islam en este país, especialmente en algunas regiones, es evidente. La ignorancia sumada a un contínuo bombardeo mediático ha hecho pensar a muchos ciudadanos del país de la bota que quienes profesan el islamismo son necesariamente fundamentalistas y que además representan un peligro potencial porque tienen casi siempre relación con el terrorismo.
De ahí que en algunas localidades, especialmente en aquellas donde gobierna la Liga del Norte, sea evidente el rechazo hacia los migrantes que de alguna manera desean mantener su cultura y quieren seguir viviendo su religión, tal vez pensando que un país democrático y de primer mundo les ofrece sin condiciones la libertad de profesar la religión que mejor les acomode.
El gran problema es que pertenecen a una minoría que no es bien vista... Al menos no en todos los casos.
Porque para mi sorpresa, un día después de haber leído la información que acabo de comentar, me encontré con que en Roma se esperaba la visita de Muammar al-Gaddafi, el controvertido líder de la República Árabe de Libia.
El dirigente libio se presentó en Italia como siempre rodeado de excentricidades. Para empezar, fue montada en la embajada de Libia en Roma una tienda beduina donde Gaddafi pernoctaría, además de que antes de su llegada entraron en el país treinta caballos pura sangre que pertenecen a los caballeros berebere, que realizarían una exhibición ecuestre ante las autoridades y empresarios italianos.
Pero lo mejor de todo fue que Gaddafi demostró que la tolerancia tiene un precio. Días antes de su llegada, los organizadores de la visita se dieron a la tarea de “reclutar” 500 edecanes ante las cuales el líder realizó una abierta prédica a favor del islam.
Lo que el libio hizo fue ofrecer una conferencia acerca del Corán ante las jóvenes a quienes dijo que “el islam tiene que convertirse en la religión de Europa.” Señaló además que las mujeres musulmanas tienen mayor libertad y mayor respeto que las europeas e invitó a las chicas a convertirse.
Claramente el escándalo se desató inmediatamente, sobre todo después de que Gedaffi exigió a la unión europea que su país reciba anualmente cinco mil millones de dólares para poder combatir la onda de inmigrantes africanos clandestinos que se embarcan en Libia con destino a las costas italianas y desde ahí invaden el continente europeo, con las consecuencias sociales y económicas que esto implica.
Lo sorprendente es pensar que Gadaffi haya podido hacer declaraciones tan serias y que además se haya dado el lujo de proponer una “Europa islámica” precisamente en el país en cuyo territorio se encuentra la sede del Vaticano.
Simplemente Gadaffi vino a presentar su show sin temor alguno, porque fue avalado por el presidente del consejo, Silvio Berlusconi, quien defendió a capa y espada la amistad entre Italia y Libia y minimizó las extravagancias de su invitado diciendo que se trata de “puro folklore”.
Efectivamente, Gadaffi puede si así lo desea no solamente rezar en público, sino además predicar su religión y buscar la conversión de las jóvenes italianas. Esto, a diferencia de los pobres inmigrantes de Sesto Calende, que no pueden siquiera reunirse para orar.
¿Será porque a diferencia de los musulmanes comunes, Gaddafi es entre otras cosas accionista de Unicredit, una de los principales bancos de Europa y de Enel, la empresa energética más importante de Italia? ¿Será también porque uno de los principales recursos de Libia es el gas natural, que interesa sobremanera a los países de occidente, al grado de soportar cualquier cantidad de extravagancias que vengan de parte de su líder revolucionario?
Posiblemente un musulmán como Gaddafi no inspira miedo ni desconfianza a los 800 importantes políticos y empresarios que el martes pasado se reunieron con él.
Y sobre todo, es ya evidente que en Italia, por encima de cualquier credo antiguo, más allá de la Biblia o el Corán hay una nueva religión que cada día cobra mayor fuerza: la que venera el poder económico por encima de todo.
Quien tiene las posibilidades de hacer negocio es de repente bien recibido sin que nadie haga una pregunta ni ponga la mínima objeción.
Es vergonzoso, sin duda descepcionante que un país de primer mundo, donde deberían prevalecer los principios de la democracia, se discrimine y reprima a algunos y se privilegie a otros porque representan la posibilidad de realizar negocios jugosos e importantes.
Lo ocurrido en los últimos días es la muestra más clara de cómo los intereses económicos hacen ignorar la “incomodidad” de un personaje que no tiene uno de los mejores historiales y que sin embargo, es llamado y reconocido como “líder revolucionario” por un Estado donde por otra parte se cierran las mínimas posibilidades de libertad a un grupo de personas que buscan simplemente mantener su identidad religiosa y cultural. Pura hipocresía, pura conveniencia. Ni hablar. Es el mundo en el que hoy nos toca vivir.
31 agosto, 2010
Cuando esta semana comencé a revisar la información cotidiana, mi atención se desvió hacia un par de hechos que aparentemente no tendrían relación entre sí, pero que me llevaron a reflexionar seriamente.
Por una parte, me encontré con la intransigencia del alcalde de una población del norte de Italia. Marco Colombo, gobernante del municipio de Sesto Calende, provincia de Varese, quien pertenece al partido de extrema derecha de Italia, la Liga del Norte, (Lega nord) señaló al periódico on line varesenews.it que los musulmanes no podrán reunirse para celebrar sus ritos religiosos semanales mientras él esté al frente del gobierno municipal.
De esta forma, ha prohibido que los miembros de la comunidad islámica hagan la oración colectiva que su religión les impone realizar los viernes. Los musulmanes solicitaron se les permitiera utilizar un campo deportivo para reunirse. Sin embargo el edil decidió negárselos con el pretexto de que la unidad deportiva no es un sitio idóneo para rezar. Simplemente decidió,, pasando por alto que la libertad de culto es un principio que debe prevalecer en Italia, que los ciudadanos pueden orar todo lo que quieran, pero cada quién en su propia casa.
Y es que la intolerancia hacia el islam en este país, especialmente en algunas regiones, es evidente. La ignorancia sumada a un contínuo bombardeo mediático ha hecho pensar a muchos ciudadanos del país de la bota que quienes profesan el islamismo son necesariamente fundamentalistas y que además representan un peligro potencial porque tienen casi siempre relación con el terrorismo.
De ahí que en algunas localidades, especialmente en aquellas donde gobierna la Liga del Norte, sea evidente el rechazo hacia los migrantes que de alguna manera desean mantener su cultura y quieren seguir viviendo su religión, tal vez pensando que un país democrático y de primer mundo les ofrece sin condiciones la libertad de profesar la religión que mejor les acomode.
El gran problema es que pertenecen a una minoría que no es bien vista... Al menos no en todos los casos.
Porque para mi sorpresa, un día después de haber leído la información que acabo de comentar, me encontré con que en Roma se esperaba la visita de Muammar al-Gaddafi, el controvertido líder de la República Árabe de Libia.
El dirigente libio se presentó en Italia como siempre rodeado de excentricidades. Para empezar, fue montada en la embajada de Libia en Roma una tienda beduina donde Gaddafi pernoctaría, además de que antes de su llegada entraron en el país treinta caballos pura sangre que pertenecen a los caballeros berebere, que realizarían una exhibición ecuestre ante las autoridades y empresarios italianos.
Pero lo mejor de todo fue que Gaddafi demostró que la tolerancia tiene un precio. Días antes de su llegada, los organizadores de la visita se dieron a la tarea de “reclutar” 500 edecanes ante las cuales el líder realizó una abierta prédica a favor del islam.
Lo que el libio hizo fue ofrecer una conferencia acerca del Corán ante las jóvenes a quienes dijo que “el islam tiene que convertirse en la religión de Europa.” Señaló además que las mujeres musulmanas tienen mayor libertad y mayor respeto que las europeas e invitó a las chicas a convertirse.
Claramente el escándalo se desató inmediatamente, sobre todo después de que Gedaffi exigió a la unión europea que su país reciba anualmente cinco mil millones de dólares para poder combatir la onda de inmigrantes africanos clandestinos que se embarcan en Libia con destino a las costas italianas y desde ahí invaden el continente europeo, con las consecuencias sociales y económicas que esto implica.
Lo sorprendente es pensar que Gadaffi haya podido hacer declaraciones tan serias y que además se haya dado el lujo de proponer una “Europa islámica” precisamente en el país en cuyo territorio se encuentra la sede del Vaticano.
Simplemente Gadaffi vino a presentar su show sin temor alguno, porque fue avalado por el presidente del consejo, Silvio Berlusconi, quien defendió a capa y espada la amistad entre Italia y Libia y minimizó las extravagancias de su invitado diciendo que se trata de “puro folklore”.
Efectivamente, Gadaffi puede si así lo desea no solamente rezar en público, sino además predicar su religión y buscar la conversión de las jóvenes italianas. Esto, a diferencia de los pobres inmigrantes de Sesto Calende, que no pueden siquiera reunirse para orar.
¿Será porque a diferencia de los musulmanes comunes, Gaddafi es entre otras cosas accionista de Unicredit, una de los principales bancos de Europa y de Enel, la empresa energética más importante de Italia? ¿Será también porque uno de los principales recursos de Libia es el gas natural, que interesa sobremanera a los países de occidente, al grado de soportar cualquier cantidad de extravagancias que vengan de parte de su líder revolucionario?
Posiblemente un musulmán como Gaddafi no inspira miedo ni desconfianza a los 800 importantes políticos y empresarios que el martes pasado se reunieron con él.
Y sobre todo, es ya evidente que en Italia, por encima de cualquier credo antiguo, más allá de la Biblia o el Corán hay una nueva religión que cada día cobra mayor fuerza: la que venera el poder económico por encima de todo.
Quien tiene las posibilidades de hacer negocio es de repente bien recibido sin que nadie haga una pregunta ni ponga la mínima objeción.
Es vergonzoso, sin duda descepcionante que un país de primer mundo, donde deberían prevalecer los principios de la democracia, se discrimine y reprima a algunos y se privilegie a otros porque representan la posibilidad de realizar negocios jugosos e importantes.
Lo ocurrido en los últimos días es la muestra más clara de cómo los intereses económicos hacen ignorar la “incomodidad” de un personaje que no tiene uno de los mejores historiales y que sin embargo, es llamado y reconocido como “líder revolucionario” por un Estado donde por otra parte se cierran las mínimas posibilidades de libertad a un grupo de personas que buscan simplemente mantener su identidad religiosa y cultural. Pura hipocresía, pura conveniencia. Ni hablar. Es el mundo en el que hoy nos toca vivir.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Nuestros impuestos... (y quienes viven de ellos)
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
25 agosto, 2010
Después de unas largas vacaciones -no sé si merecidas, pero al menos necesarias- retomo este espacio en Punto con gran entusiasmo pero también -como siempre- con una enorme preocupación provocada por la lectura de la información que los diversos medios publican.
Hoy quiero ocuparme de un tema que solamente con el paso del tiempo he podido entender, dado que por desgracia en nuestro país estamos poco acostumbrados al concepto. Pagar impuestos en México, digámoslo claramente, para los ciudadanos comunes es sencillamente una opción. Un posibilidad y casi nunca una obligación.
Buscando la definición más elemental de “impuestos”, la enciclopedia online Wikipedia da una clara y directa: “Los impuestos son cargas obligatorias que las personas y empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras: sin los impuestos el Estado no podría funcionar, ya que no dispondría de fondos para financiar la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, eléctricas), prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social (desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales), etc.”
El punto es que hablando sinceramente, creo que más de un compatriota coincidirá conmigo si afirmo que en México los impuestos simple y sencillamente no se ven. O mejor dicho: no se ve con claridad dónde van a parar.
Si el destino de los impuestos llega a notarse, es seguramente en obras que sirven solamente para que los gobernantes demuestren cuánto trabajan, pero que no tienen una utilidad ni benefician a los ciudadanos normales.
Olvidaba decir que los impuestos que pagamos los mexicanos se ven también cuando los diputados, senadores y demás servidores públicos de cierto nivel se sirven con la cuchara grande. Recordemos que sus mega salarios los pagan los contribuyentes, es decir, el pueblo al que deberían servir, pero del que con cada vez menos pudor simplemente se sirven.
A fin de cuentas lo que deberíamos exigir quienes pagamos nuestras contribuciones en cualquier país democrático o aspirante a serlo, es un justo “retorno” de éstas. Pero no en todas partes ocurre. Obviamente Italia es uno de esos países donde se paga mucho y se recibe poco. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán.
En realidad si me permito citar esta información, publicada por el diario italiano Corriere della Sera, es más bien como una forma de desahogo personal, porque me parece completamente injusto.
Resulta que en el país de la bota, “sobre cada italiano recae un peso tributario anual por un promedio de 7 mil 350 euros. Entre los principales países europeos es verdad que los franceses pagan más, con un promedio de 7 mil 438 euros, pero reciben un contravalor de servicios mucho más consistente que el de los italianos: vienen recompensados con un gasto social per capita equivalente a 10 mil 776 euros, mientras que los italianos entre salud, educación y prevención social, alcanzan a recibir apenas 8 mil 023 euros, es decir, dos mil 753 euros menos que en Francia.”
Y eso no es todo. Para darnos una idea de lo que pasa en Italia, basta mencionar lo que el estudio agrega, referente al hecho de que “en Alemania la cuota per capita de impuestos toca los 6 mil 919 euros, pero en términos de gasto social los germanos reciben 9 mil 171 euros per capita al año. La diferencia per capita entre lo que reciben en términos de gasto social y lo que pagan en términos de impuestos es para los franceses de 3 mil 339 euros. Para los alemanes es de 2 mil 251 euros. En Italia de solo 664 euros per capita.
Tristes realidades que se ven sobre todo en el sur del país, donde honestamente hay lugares que no parecen pertenecer a uno de los países más industrializados del planeta, a una de las potencias mundiales. Y lo peor es que de repente al gobierno italiano se le ha ocurrido la idea de iniciar a perseguir, en una de esas tremendas cacerías de brujas a los evasores. ¡Háganme ustedes el favor!
Y si de chistes malos y de impuestos hablamos, debo mencionar una de las últimas ocurrencias de nuestro presidente mexicano, Felipe Calderón.
Ahora resulta que nuestro gobernante afirmó que “si el Congreso no reasigna recursos para combatir al crimen organizado, el gobierno federal buscará nuevas fuentes de ingreso que constituirían una carga para los contribuyentes”.
En otras palabras, si no hay más dinerito para seguir con su guerra sin sentido, encontrará la ímanera de seguir exprimiendo los bolsillos de los pobres mexicanos que ya no saben si es peor la crisis económica o la situación de inseguridad. Como quien dice que en México uno arriesga el dinero y la vida, sin posibilidad de elegir.
La verdad es que me quedo con la boca abierta cuando leo que Calderón asegura que el Ejército seguirá en la calle hasta el último día de su gobierno. Porque no termino de entender si eso para el pueblo mexicano representa una garantía de seguridad o es más bien un motivo de seria preocupación.
Pero lo que no consiento, no tolero, no soporto y no admito, es que sean los contribuyentes mexicanos los que tengan que pagar todos y cada uno de los excesos de sus gobernantes. Porque en lugar de amenazar con nuevas cargas tributarias, nuestro señor presidente se debería preocupar por dejar de despilfarrar el dinero de todos en obras absurdas como una torre de acero inoxidable para conmemorar el Bicentenario, que tendrá un costo total de 690 millones de pesos.
Bueno, pero ¿no le da vergüenza? Se debería esconder lejos, pero muy lejos y sentirse muy mal por amenazar a sus gobernados con nuevos impuestos si el Congreso no lo apoya en su guerra loca que ha costado al menos 28 mil muertos -aunque se empeñe en decir que la mayoría de ellos tenía que ver con el narco-.
Y tendría también que sentirse muy pero muy abochornado por las obras faraónicas -encima de todo inconclusas- con las que quiere festejar el Bicentenario. Parece no darse cuenta, como todos los representantes populares, que hay familias en el país que gobiernan que no tienen siquiera las condiciones mínimas para vivir dignamente.
Y lo peor de todo es pensar que son precisamente esos gobernantes inconscientes, frívolos y megalómanos los que viven -por cierto muy bien- gracias a nuestros impuestos.
25 agosto, 2010
Después de unas largas vacaciones -no sé si merecidas, pero al menos necesarias- retomo este espacio en Punto con gran entusiasmo pero también -como siempre- con una enorme preocupación provocada por la lectura de la información que los diversos medios publican.
Hoy quiero ocuparme de un tema que solamente con el paso del tiempo he podido entender, dado que por desgracia en nuestro país estamos poco acostumbrados al concepto. Pagar impuestos en México, digámoslo claramente, para los ciudadanos comunes es sencillamente una opción. Un posibilidad y casi nunca una obligación.
Buscando la definición más elemental de “impuestos”, la enciclopedia online Wikipedia da una clara y directa: “Los impuestos son cargas obligatorias que las personas y empresas tienen que pagar para financiar al Estado. En pocas palabras: sin los impuestos el Estado no podría funcionar, ya que no dispondría de fondos para financiar la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, eléctricas), prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social (desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales), etc.”
El punto es que hablando sinceramente, creo que más de un compatriota coincidirá conmigo si afirmo que en México los impuestos simple y sencillamente no se ven. O mejor dicho: no se ve con claridad dónde van a parar.
Si el destino de los impuestos llega a notarse, es seguramente en obras que sirven solamente para que los gobernantes demuestren cuánto trabajan, pero que no tienen una utilidad ni benefician a los ciudadanos normales.
Olvidaba decir que los impuestos que pagamos los mexicanos se ven también cuando los diputados, senadores y demás servidores públicos de cierto nivel se sirven con la cuchara grande. Recordemos que sus mega salarios los pagan los contribuyentes, es decir, el pueblo al que deberían servir, pero del que con cada vez menos pudor simplemente se sirven.
A fin de cuentas lo que deberíamos exigir quienes pagamos nuestras contribuciones en cualquier país democrático o aspirante a serlo, es un justo “retorno” de éstas. Pero no en todas partes ocurre. Obviamente Italia es uno de esos países donde se paga mucho y se recibe poco. “Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán.
En realidad si me permito citar esta información, publicada por el diario italiano Corriere della Sera, es más bien como una forma de desahogo personal, porque me parece completamente injusto.
Resulta que en el país de la bota, “sobre cada italiano recae un peso tributario anual por un promedio de 7 mil 350 euros. Entre los principales países europeos es verdad que los franceses pagan más, con un promedio de 7 mil 438 euros, pero reciben un contravalor de servicios mucho más consistente que el de los italianos: vienen recompensados con un gasto social per capita equivalente a 10 mil 776 euros, mientras que los italianos entre salud, educación y prevención social, alcanzan a recibir apenas 8 mil 023 euros, es decir, dos mil 753 euros menos que en Francia.”
Y eso no es todo. Para darnos una idea de lo que pasa en Italia, basta mencionar lo que el estudio agrega, referente al hecho de que “en Alemania la cuota per capita de impuestos toca los 6 mil 919 euros, pero en términos de gasto social los germanos reciben 9 mil 171 euros per capita al año. La diferencia per capita entre lo que reciben en términos de gasto social y lo que pagan en términos de impuestos es para los franceses de 3 mil 339 euros. Para los alemanes es de 2 mil 251 euros. En Italia de solo 664 euros per capita.
Tristes realidades que se ven sobre todo en el sur del país, donde honestamente hay lugares que no parecen pertenecer a uno de los países más industrializados del planeta, a una de las potencias mundiales. Y lo peor es que de repente al gobierno italiano se le ha ocurrido la idea de iniciar a perseguir, en una de esas tremendas cacerías de brujas a los evasores. ¡Háganme ustedes el favor!
Y si de chistes malos y de impuestos hablamos, debo mencionar una de las últimas ocurrencias de nuestro presidente mexicano, Felipe Calderón.
Ahora resulta que nuestro gobernante afirmó que “si el Congreso no reasigna recursos para combatir al crimen organizado, el gobierno federal buscará nuevas fuentes de ingreso que constituirían una carga para los contribuyentes”.
En otras palabras, si no hay más dinerito para seguir con su guerra sin sentido, encontrará la ímanera de seguir exprimiendo los bolsillos de los pobres mexicanos que ya no saben si es peor la crisis económica o la situación de inseguridad. Como quien dice que en México uno arriesga el dinero y la vida, sin posibilidad de elegir.
La verdad es que me quedo con la boca abierta cuando leo que Calderón asegura que el Ejército seguirá en la calle hasta el último día de su gobierno. Porque no termino de entender si eso para el pueblo mexicano representa una garantía de seguridad o es más bien un motivo de seria preocupación.
Pero lo que no consiento, no tolero, no soporto y no admito, es que sean los contribuyentes mexicanos los que tengan que pagar todos y cada uno de los excesos de sus gobernantes. Porque en lugar de amenazar con nuevas cargas tributarias, nuestro señor presidente se debería preocupar por dejar de despilfarrar el dinero de todos en obras absurdas como una torre de acero inoxidable para conmemorar el Bicentenario, que tendrá un costo total de 690 millones de pesos.
Bueno, pero ¿no le da vergüenza? Se debería esconder lejos, pero muy lejos y sentirse muy mal por amenazar a sus gobernados con nuevos impuestos si el Congreso no lo apoya en su guerra loca que ha costado al menos 28 mil muertos -aunque se empeñe en decir que la mayoría de ellos tenía que ver con el narco-.
Y tendría también que sentirse muy pero muy abochornado por las obras faraónicas -encima de todo inconclusas- con las que quiere festejar el Bicentenario. Parece no darse cuenta, como todos los representantes populares, que hay familias en el país que gobiernan que no tienen siquiera las condiciones mínimas para vivir dignamente.
Y lo peor de todo es pensar que son precisamente esos gobernantes inconscientes, frívolos y megalómanos los que viven -por cierto muy bien- gracias a nuestros impuestos.
miércoles, 14 de julio de 2010
Nuestra realidad... virtual
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
14 julio, 2010
Cuando esta semana estaba buscando un tema para comentarlo en este espacio, me di cuenta, gracias a una amiga que me contactó por el messenger, que nunca antes se me había ocurrido hablar de la importancia que está tomando en nuestra vida cotidiana el uso de internet.
Es inegable que la computadora se ha convertido en un instrumento común y hasta imprescindible para ciertos sectores de la sociedad.
Precisamente por eso utilizarla parece tan simple y resulta tan normal que a nadie sorprende la capacidad que tenemos los seres humanos de hoy para comunicarnos en tiempo real con personas que están a miles de kilómetros de distancia.
Seguramente para las personas de mi generación, que nos habituamos al uso de las nuevas tecnologías cuando éramos jóvenes, pero definitivamente no crecimos con todos los instrumentos actuales, el cambio ha sido paulatino y posiblemente por ello no nos hemos dado cuenta de la maravilla que representa tener la posibilidad de acceder a la información prácticamente en tiempo real, sin barreras de ninguna especie.
Al menos en los países más o menos democráticos, los usuarios de la red de redes no tenemos que enfrentar el problema de la censura e internet resulta el medio idóneo para enterarnos de mil cosas que de otra manera restarían lejanas y por lo tanto, ajenas a nosotros.
Es que a decir verdad, gracias a internet nos apropiamos de una infinidad de información que en ocasiones nos sirve para formarnos una idea de la realidad que vivimos.
Los grandes temas se vuelven parte de nuestra vida cotidiana y esto nos permite ubicarnos como parte de una gran aldea global en la que pensamos o creemos ser partícipes de las grandes realidades.
Esto resulta positivo, indudablemente, porque en el fondo acceder a la información permite formarnos un criterio.
Pero además del acceso a la información y todas sus consecuencias positivas, no puedo pasar por alto lo que internet es para muchos, sin importar la edad.
Me refiero concretamente al uso de las redes sociales, particularmente de Facebook, que hoy por hoy se ha convertido en una herramienta casi indispensable para comunicar.
El punto es que conforme pasa el tiempo, he venido descubriendo que sin duda, la red social más popular se está convirtiendo en un sustituto del contacto directo, personal, cálido. Y eso no me parece positivo, inteligente o adecuado, bajo ninguna circunstancia.
En realidad Facebook no es otra cosa que una especie de agujero en una cerradura que permite espiar y dejar que nos espíen. Es un modo casi enfermizo de comunicar sin comprometernos, de interactuar sin contacto verdadero. Es como estar y no estar, como participar y hacer partícipes a los demás de lo que hacemos, de lo que pensamos, de lo que vivimos...Pero sin acercarnos demasiado a nuestros interlocutores.
Tenemos cientos de amigos en Facebook, pero me pregunto cuántas de esas “amistades” son reales, con cuántas de esas personas podríamos o querríamos realmente sentarnos en la sala de nuestra casa a discutir, a intercambiar ideas, a dialogar.
Lo peor es cuando veo que tantas y tantas personas se comunican a través de la computadora y desperdician la oportunidad de verse personalmente. Lo encuentro irracional, preocupante y no puedo sino pensar que se trata de una señal inequívoca de que algo no está funcionando del todo y que sin duda, aislarnos de la realidad y aparentar estar en contacto con la sociedad es una de las claras muestras del nuevo ser humano del siglo XXI.
Y me preocupa. Me parece incoherente sobre todo cuando me doy cuenta que son los más jóvenes quienes se convierten en esclavos de la tecnología y deciden pasar horas enteras frente a una computadora, sin permitirse la convivencia sana y directa con sus amigos del mundo real, si es que tienen alguno.
Triste y preocupante.
Cierro con un caso concreto que dejo para la reflexión. En noviembre del 2009 fue abierta en el Policlinico Gemelli de Roma un área dedicada a tratar los disturbios causados por una nueva síndrome: la llamada Web dependency. Area que por supuesto, con el paso del tiempo ha comenzado a saturarse.
Tomando la información del artículo respectivo, publicado por el diario italiano Corriere della Sera, me permito agregar los siguientes datos, por si alguien les encuentra alguna utilidad.
Hay principalmente dos tipos de pacientes con la mencionada patología: adultos entre los 25 y los 40 añps que aceptan tener el problema y jóvenes adolescentes “atrapados” en juegos on line, que no están conscientes de su dependencia.
Las cinco principales formas de dependencia son: el sexo virtual y la pornografía; las redes sociales -se estima que 10 por ciento de los inscritos a Facebook sea dependiente-; el juego de azar, la búsqueda obsesiva de información y el excesivo uso de juegos virtuales.
Para pensar, reflexionar y analizar un poco... Especialmente acerca del hecho triste de llegar a convertirnos en esclavos de las herramientas.
14 julio, 2010
Cuando esta semana estaba buscando un tema para comentarlo en este espacio, me di cuenta, gracias a una amiga que me contactó por el messenger, que nunca antes se me había ocurrido hablar de la importancia que está tomando en nuestra vida cotidiana el uso de internet.
Es inegable que la computadora se ha convertido en un instrumento común y hasta imprescindible para ciertos sectores de la sociedad.
Precisamente por eso utilizarla parece tan simple y resulta tan normal que a nadie sorprende la capacidad que tenemos los seres humanos de hoy para comunicarnos en tiempo real con personas que están a miles de kilómetros de distancia.
Seguramente para las personas de mi generación, que nos habituamos al uso de las nuevas tecnologías cuando éramos jóvenes, pero definitivamente no crecimos con todos los instrumentos actuales, el cambio ha sido paulatino y posiblemente por ello no nos hemos dado cuenta de la maravilla que representa tener la posibilidad de acceder a la información prácticamente en tiempo real, sin barreras de ninguna especie.
Al menos en los países más o menos democráticos, los usuarios de la red de redes no tenemos que enfrentar el problema de la censura e internet resulta el medio idóneo para enterarnos de mil cosas que de otra manera restarían lejanas y por lo tanto, ajenas a nosotros.
Es que a decir verdad, gracias a internet nos apropiamos de una infinidad de información que en ocasiones nos sirve para formarnos una idea de la realidad que vivimos.
Los grandes temas se vuelven parte de nuestra vida cotidiana y esto nos permite ubicarnos como parte de una gran aldea global en la que pensamos o creemos ser partícipes de las grandes realidades.
Esto resulta positivo, indudablemente, porque en el fondo acceder a la información permite formarnos un criterio.
Pero además del acceso a la información y todas sus consecuencias positivas, no puedo pasar por alto lo que internet es para muchos, sin importar la edad.
Me refiero concretamente al uso de las redes sociales, particularmente de Facebook, que hoy por hoy se ha convertido en una herramienta casi indispensable para comunicar.
El punto es que conforme pasa el tiempo, he venido descubriendo que sin duda, la red social más popular se está convirtiendo en un sustituto del contacto directo, personal, cálido. Y eso no me parece positivo, inteligente o adecuado, bajo ninguna circunstancia.
En realidad Facebook no es otra cosa que una especie de agujero en una cerradura que permite espiar y dejar que nos espíen. Es un modo casi enfermizo de comunicar sin comprometernos, de interactuar sin contacto verdadero. Es como estar y no estar, como participar y hacer partícipes a los demás de lo que hacemos, de lo que pensamos, de lo que vivimos...Pero sin acercarnos demasiado a nuestros interlocutores.
Tenemos cientos de amigos en Facebook, pero me pregunto cuántas de esas “amistades” son reales, con cuántas de esas personas podríamos o querríamos realmente sentarnos en la sala de nuestra casa a discutir, a intercambiar ideas, a dialogar.
Lo peor es cuando veo que tantas y tantas personas se comunican a través de la computadora y desperdician la oportunidad de verse personalmente. Lo encuentro irracional, preocupante y no puedo sino pensar que se trata de una señal inequívoca de que algo no está funcionando del todo y que sin duda, aislarnos de la realidad y aparentar estar en contacto con la sociedad es una de las claras muestras del nuevo ser humano del siglo XXI.
Y me preocupa. Me parece incoherente sobre todo cuando me doy cuenta que son los más jóvenes quienes se convierten en esclavos de la tecnología y deciden pasar horas enteras frente a una computadora, sin permitirse la convivencia sana y directa con sus amigos del mundo real, si es que tienen alguno.
Triste y preocupante.
Cierro con un caso concreto que dejo para la reflexión. En noviembre del 2009 fue abierta en el Policlinico Gemelli de Roma un área dedicada a tratar los disturbios causados por una nueva síndrome: la llamada Web dependency. Area que por supuesto, con el paso del tiempo ha comenzado a saturarse.
Tomando la información del artículo respectivo, publicado por el diario italiano Corriere della Sera, me permito agregar los siguientes datos, por si alguien les encuentra alguna utilidad.
Hay principalmente dos tipos de pacientes con la mencionada patología: adultos entre los 25 y los 40 añps que aceptan tener el problema y jóvenes adolescentes “atrapados” en juegos on line, que no están conscientes de su dependencia.
Las cinco principales formas de dependencia son: el sexo virtual y la pornografía; las redes sociales -se estima que 10 por ciento de los inscritos a Facebook sea dependiente-; el juego de azar, la búsqueda obsesiva de información y el excesivo uso de juegos virtuales.
Para pensar, reflexionar y analizar un poco... Especialmente acerca del hecho triste de llegar a convertirnos en esclavos de las herramientas.
viernes, 9 de julio de 2010
Atrapados sin salida...
Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
07 julio, 2010
Quiero comenzar a escribir estas líneas con toda la honestidad de que soy capaz. Desde hace algunas semanas he intentado inútilmente encontrar un tema serio, interesante, importante y al mismo tiempo he querido ser optimista al escribir para este espacio. Me rindo.
Por ahora no hay un solo tema importante que tenga que ver con México y permita hablar con una mínima dosis de optimismo.
Hace ya más de dos años que participo con entusiasmo en este semanario, intentando cada vez reflexionar y analizar en esta página la realidad de las que llamo mis dos patrias.
Pero francamente, en este momento estoy pasando por una verdadera crisis. Sencillamente encuentro que la situación en ambos países es particularmente crítica. Es inquietante.
Dejo a un lado por hoy las tonterías y los excesos del premier Berlusconi, sus contínuas ofensas a la inteligencia del pueblo italiano, porque en este momento lo que más me preocupa es lo que está ocurriendo en México.
Y es que visto desde afuera, a miles de kilómetros de distancia, a lo que ocurre en mi tierra francamente no le veo ni pies ni cabeza. Y lo peor no es eso.
Lo peor es saber que son mis paisanos, las personas sencillas, quienes están sufriendo todos los santos días y mantienen la cabeza baja y una extrañísima fe en que algo o alguien llegará a salvarlos.
En este momento de la historia de nuestro México, sinceramente no pienso que exista una solución mágica, una fórmula que permita en un corto o mediano plazo solucionar los problemas serios, gravísimos que agobian a los ciudadanos.
Y ahí está, ese enorme peso que los mexicanos soportamos en nuestras espaldas y sobre todo en nuestro ánimo, la famosa guerra al narcotráfico. Esa inexplicable y absurda guerra en la que hombres y mujeres comunes y corrientes no tienen absolutamente nada que ganar, pero que el gobierno federal contínua a promover. Esa maldita guerra que la autoridad federal sigue enarbolando como bandera de una causa que no es de nadie.
Desde diciembre de 2006, luego del anuncio hecho por el presidente Felipe Calderón, ha iniciado esta nueva pesadilla que hasta este 2010 ha provocado la muerte de al menos 15 mil personas.
Sabemos que los arrestos de algunos líderes importantes de los cárteles y la gran militarización del territorio mexicano han provocado una respuesta sin precedentes, terriblemente violenta, que se ve reflejada no solamente en las bajas de los cuerpos armados federales y de las bandas de narcotraficantes, que hasta cierto punto serín el lógico resultado.
Ahora son civiles sin nexos con el narcotráfico, jóvenes, niños y periodistas quienes están definitivamente pagando los platos rotos.
Me duele el alma cada vez que escucho a mis paisanos, a mis amigos, a mis familiares, quejarse de lo que está sucediendo. Pienso que es terrible saber que sin deberla ni temerla mis compatriotas sufren las consecuencias sociales, pero sobre todo psicológicas de una inigualable ola de agresiones que no parece tener fin,
Y no hay respuestas. El gobierno de Calderón concluirá como la ley establece y después que se vaya, habrá que comenzar a sacar cuentas. Y habrá dos posibilidades: o seguir la guerra ilógica sin dar la mínima tregua, o volver a los tiempos en que el narco actuaba impunemente, cerrando los ojos para no ver quiénes y hasta dónde están involucrados, como se había hecho siempre para después presumir por todos lados que en México hay paz social.
Quién sabe si en realidad la situación ha llegado al punto de no retorno. Quién sabe si hay una solución inteligente que represente un beneficio para la mayoría. Quizá legalizar las drogas pondría un alto a la crisis de violencia, pero indudablemente acarrearía un severo problema social porque sin duda, las nuevas generaciones no están preparadas para decir un tajante y serio no al consumo de estupefacientes.
Entre la guerra al narco y la tremenda crisis económica global, que en México ha tenido consecuencias serias parece que no hay para dónde hacerse. Desempleo, poco crecimiento económico, la siempre presente pobreza extrema. La contínua polarización de clases en un país de contrastes que no terminan y que parecen acentuarse cada vez más.
Y no puedo no mencionar la ilusión de muchos que creen que de veras México es una democracia. Con los procesos electorales que cuestan mucho más de lo que valen, donde hay un 60 por ciento de abstencionismo y todo termina con los mismos pleitos post electorales que no llevan a ninguna parte, sencillamente no se puede hablar de democracia. Y si a eso le sumamos la violencia inédita registrada pocos días antes de las recientes elecciones, hay que decir que ni siquiera esa supuesta muestra de desarrollo como nación se escapa de la tremenda crisis que se está viviendo.
Por eso cuando pienso en los cada vez más cercanos festejos del Bicentenario, me pregunto si de verdad tenemos mucho para celebrar. Me pregunto si no hay entre los más de cien millones de mexicanos alguien que piense, decida y actúe, pensando en la patria y no en el chauvinismo. Y que lo haga en serio. Lo espero, lo deseo, lo necesito, como lo necesitamos todos. Porque de verdad, ya estuvo suave de estar esperando una solución mágica que francamente nunca va a llegar.
07 julio, 2010
Quiero comenzar a escribir estas líneas con toda la honestidad de que soy capaz. Desde hace algunas semanas he intentado inútilmente encontrar un tema serio, interesante, importante y al mismo tiempo he querido ser optimista al escribir para este espacio. Me rindo.
Por ahora no hay un solo tema importante que tenga que ver con México y permita hablar con una mínima dosis de optimismo.
Hace ya más de dos años que participo con entusiasmo en este semanario, intentando cada vez reflexionar y analizar en esta página la realidad de las que llamo mis dos patrias.
Pero francamente, en este momento estoy pasando por una verdadera crisis. Sencillamente encuentro que la situación en ambos países es particularmente crítica. Es inquietante.
Dejo a un lado por hoy las tonterías y los excesos del premier Berlusconi, sus contínuas ofensas a la inteligencia del pueblo italiano, porque en este momento lo que más me preocupa es lo que está ocurriendo en México.
Y es que visto desde afuera, a miles de kilómetros de distancia, a lo que ocurre en mi tierra francamente no le veo ni pies ni cabeza. Y lo peor no es eso.
Lo peor es saber que son mis paisanos, las personas sencillas, quienes están sufriendo todos los santos días y mantienen la cabeza baja y una extrañísima fe en que algo o alguien llegará a salvarlos.
En este momento de la historia de nuestro México, sinceramente no pienso que exista una solución mágica, una fórmula que permita en un corto o mediano plazo solucionar los problemas serios, gravísimos que agobian a los ciudadanos.
Y ahí está, ese enorme peso que los mexicanos soportamos en nuestras espaldas y sobre todo en nuestro ánimo, la famosa guerra al narcotráfico. Esa inexplicable y absurda guerra en la que hombres y mujeres comunes y corrientes no tienen absolutamente nada que ganar, pero que el gobierno federal contínua a promover. Esa maldita guerra que la autoridad federal sigue enarbolando como bandera de una causa que no es de nadie.
Desde diciembre de 2006, luego del anuncio hecho por el presidente Felipe Calderón, ha iniciado esta nueva pesadilla que hasta este 2010 ha provocado la muerte de al menos 15 mil personas.
Sabemos que los arrestos de algunos líderes importantes de los cárteles y la gran militarización del territorio mexicano han provocado una respuesta sin precedentes, terriblemente violenta, que se ve reflejada no solamente en las bajas de los cuerpos armados federales y de las bandas de narcotraficantes, que hasta cierto punto serín el lógico resultado.
Ahora son civiles sin nexos con el narcotráfico, jóvenes, niños y periodistas quienes están definitivamente pagando los platos rotos.
Me duele el alma cada vez que escucho a mis paisanos, a mis amigos, a mis familiares, quejarse de lo que está sucediendo. Pienso que es terrible saber que sin deberla ni temerla mis compatriotas sufren las consecuencias sociales, pero sobre todo psicológicas de una inigualable ola de agresiones que no parece tener fin,
Y no hay respuestas. El gobierno de Calderón concluirá como la ley establece y después que se vaya, habrá que comenzar a sacar cuentas. Y habrá dos posibilidades: o seguir la guerra ilógica sin dar la mínima tregua, o volver a los tiempos en que el narco actuaba impunemente, cerrando los ojos para no ver quiénes y hasta dónde están involucrados, como se había hecho siempre para después presumir por todos lados que en México hay paz social.
Quién sabe si en realidad la situación ha llegado al punto de no retorno. Quién sabe si hay una solución inteligente que represente un beneficio para la mayoría. Quizá legalizar las drogas pondría un alto a la crisis de violencia, pero indudablemente acarrearía un severo problema social porque sin duda, las nuevas generaciones no están preparadas para decir un tajante y serio no al consumo de estupefacientes.
Entre la guerra al narco y la tremenda crisis económica global, que en México ha tenido consecuencias serias parece que no hay para dónde hacerse. Desempleo, poco crecimiento económico, la siempre presente pobreza extrema. La contínua polarización de clases en un país de contrastes que no terminan y que parecen acentuarse cada vez más.
Y no puedo no mencionar la ilusión de muchos que creen que de veras México es una democracia. Con los procesos electorales que cuestan mucho más de lo que valen, donde hay un 60 por ciento de abstencionismo y todo termina con los mismos pleitos post electorales que no llevan a ninguna parte, sencillamente no se puede hablar de democracia. Y si a eso le sumamos la violencia inédita registrada pocos días antes de las recientes elecciones, hay que decir que ni siquiera esa supuesta muestra de desarrollo como nación se escapa de la tremenda crisis que se está viviendo.
Por eso cuando pienso en los cada vez más cercanos festejos del Bicentenario, me pregunto si de verdad tenemos mucho para celebrar. Me pregunto si no hay entre los más de cien millones de mexicanos alguien que piense, decida y actúe, pensando en la patria y no en el chauvinismo. Y que lo haga en serio. Lo espero, lo deseo, lo necesito, como lo necesitamos todos. Porque de verdad, ya estuvo suave de estar esperando una solución mágica que francamente nunca va a llegar.
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