viernes, 3 de septiembre de 2010

Islam: enemigo o amigo a conveniencia

Publicado en el Semanario Punto. Toluca, México.
31 agosto, 2010

Cuando esta semana comencé a revisar la información cotidiana, mi atención se desvió hacia un par de hechos que aparentemente no tendrían relación entre sí, pero que me llevaron a reflexionar seriamente.
Por una parte, me encontré con la intransigencia del alcalde de una población del norte de Italia. Marco Colombo, gobernante del municipio de Sesto Calende, provincia de Varese, quien pertenece al partido de extrema derecha de Italia, la Liga del Norte, (Lega nord) señaló al periódico on line varesenews.it que los musulmanes no podrán reunirse para celebrar sus ritos religiosos semanales mientras él esté al frente del gobierno municipal.
De esta forma, ha prohibido que los miembros de la comunidad islámica hagan la oración colectiva que su religión les impone realizar los viernes. Los musulmanes solicitaron se les permitiera utilizar un campo deportivo para reunirse. Sin embargo el edil decidió negárselos con el pretexto de que la unidad deportiva no es un sitio idóneo para rezar. Simplemente decidió,, pasando por alto que la libertad de culto es un principio que debe prevalecer en Italia, que los ciudadanos pueden orar todo lo que quieran, pero cada quién en su propia casa.
Y es que la intolerancia hacia el islam en este país, especialmente en algunas regiones, es evidente. La ignorancia sumada a un contínuo bombardeo mediático ha hecho pensar a muchos ciudadanos del país de la bota que quienes profesan el islamismo son necesariamente fundamentalistas y que además representan un peligro potencial porque tienen casi siempre relación con el terrorismo.
De ahí que en algunas localidades, especialmente en aquellas donde gobierna la Liga del Norte, sea evidente el rechazo hacia los migrantes que de alguna manera desean mantener su cultura y quieren seguir viviendo su religión, tal vez pensando que un país democrático y de primer mundo les ofrece sin condiciones la libertad de profesar la religión que mejor les acomode.
El gran problema es que pertenecen a una minoría que no es bien vista... Al menos no en todos los casos.
Porque para mi sorpresa, un día después de haber leído la información que acabo de comentar, me encontré con que en Roma se esperaba la visita de Muammar al-Gaddafi, el controvertido líder de la República Árabe de Libia.
El dirigente libio se presentó en Italia como siempre rodeado de excentricidades. Para empezar, fue montada en la embajada de Libia en Roma una tienda beduina donde Gaddafi pernoctaría, además de que antes de su llegada entraron en el país treinta caballos pura sangre que pertenecen a los caballeros berebere, que realizarían una exhibición ecuestre ante las autoridades y empresarios italianos.
Pero lo mejor de todo fue que Gaddafi demostró que la tolerancia tiene un precio. Días antes de su llegada, los organizadores de la visita se dieron a la tarea de “reclutar” 500 edecanes ante las cuales el líder realizó una abierta prédica a favor del islam.
Lo que el libio hizo fue ofrecer una conferencia acerca del Corán ante las jóvenes a quienes dijo que “el islam tiene que convertirse en la religión de Europa.” Señaló además que las mujeres musulmanas tienen mayor libertad y mayor respeto que las europeas e invitó a las chicas a convertirse.
Claramente el escándalo se desató inmediatamente, sobre todo después de que Gedaffi exigió a la unión europea que su país reciba anualmente cinco mil millones de dólares para poder combatir la onda de inmigrantes africanos clandestinos que se embarcan en Libia con destino a las costas italianas y desde ahí invaden el continente europeo, con las consecuencias sociales y económicas que esto implica.
Lo sorprendente es pensar que Gadaffi haya podido hacer declaraciones tan serias y que además se haya dado el lujo de proponer una “Europa islámica” precisamente en el país en cuyo territorio se encuentra la sede del Vaticano.
Simplemente Gadaffi vino a presentar su show sin temor alguno, porque fue avalado por el presidente del consejo, Silvio Berlusconi, quien defendió a capa y espada la amistad entre Italia y Libia y minimizó las extravagancias de su invitado diciendo que se trata de “puro folklore”.
Efectivamente, Gadaffi puede si así lo desea no solamente rezar en público, sino además predicar su religión y buscar la conversión de las jóvenes italianas. Esto, a diferencia de los pobres inmigrantes de Sesto Calende, que no pueden siquiera reunirse para orar.
¿Será porque a diferencia de los musulmanes comunes, Gaddafi es entre otras cosas accionista de Unicredit, una de los principales bancos de Europa y de Enel, la empresa energética más importante de Italia? ¿Será también porque uno de los principales recursos de Libia es el gas natural, que interesa sobremanera a los países de occidente, al grado de soportar cualquier cantidad de extravagancias que vengan de parte de su líder revolucionario?
Posiblemente un musulmán como Gaddafi no inspira miedo ni desconfianza a los 800 importantes políticos y empresarios que el martes pasado se reunieron con él.
Y sobre todo, es ya evidente que en Italia, por encima de cualquier credo antiguo, más allá de la Biblia o el Corán hay una nueva religión que cada día cobra mayor fuerza: la que venera el poder económico por encima de todo.
Quien tiene las posibilidades de hacer negocio es de repente bien recibido sin que nadie haga una pregunta ni ponga la mínima objeción.
Es vergonzoso, sin duda descepcionante que un país de primer mundo, donde deberían prevalecer los principios de la democracia, se discrimine y reprima a algunos y se privilegie a otros porque representan la posibilidad de realizar negocios jugosos e importantes.
Lo ocurrido en los últimos días es la muestra más clara de cómo los intereses económicos hacen ignorar la “incomodidad” de un personaje que no tiene uno de los mejores historiales y que sin embargo, es llamado y reconocido como “líder revolucionario” por un Estado donde por otra parte se cierran las mínimas posibilidades de libertad a un grupo de personas que buscan simplemente mantener su identidad religiosa y cultural. Pura hipocresía, pura conveniencia. Ni hablar. Es el mundo en el que hoy nos toca vivir.

1 comentario:

  1. Poderoso cabellero es Don Dinero, dicen por ahí.

    A final de cuentas, la intolerancia religiosa, racial, de genero o cualquier otra se hace a un lado cuando entra en juego la economia.

    Y si no, que le pregunten a los panistas y perredistas en México que fueron enemigos hasta que tubieron que tratar de ganarle al PRI algunnas gubernaturas para poder seguir viviendo del presupuesto federal.

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