martes, 29 de mayo de 2012
"Veo un México con hambre y sed de justicia"
Publicado en el Semanario Punto.
Toluca, 29 de mayo de 2012
Cuando hace algunos días empecé a enfrascarme en una de esas discusiones bizantinas con algunos desconocidos de las redes sociales, me quedé pensando muy seriamente en el giro que está tomando el actual proceso electoral. Me queda claro que los tiempos no son los mismos y que cuando una servidora era universitaria, en el México de entonces todavía resultaba difícil pensar en un cambio y sobre todo, en protestar para defenderlo.
Así fue como en el lejano 1988 Cuauhtémoc Cárdenas “perdió” la presidencia de la república. Tan simple como una “caída del sistema”. Y los jóvenes de entonces no hicimos mucho para defendernos. Más bien dejamos pasar una oportunidad importante de que México tuviera una vida mejor.
En el '94 fue peor. Peor porque por una vez el partidazo había decidido proponer un buen hombre como candidato a la presidencia. Y así como se encargó de encumbrarlo, decidió sencillamente eliminarlo.
No estoy aquí para hacer una apología de Luis Donaldo Colosio. No es mi intención. Simplemente quiero refrescar la memoria sobre todo de los priístas, que por lo visto no quieren, no pueden o simplemente no les interesa mirar un poco hacia atrás.
“Yo veo un México con hambre y sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberìan de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.”
Parece un discurso pronunciado apenas ayer por cualquier político consciente. Son palabras que por desgracia no dejan de ser vigentes. A 18 años de distancia todavía tenemos hambre y sed de justicia. Y casi nadie quiere saciar esa hambre y esa sed.
Lo peor del asunto es pensar que nadie nunca sabrá a ciencia cierta qué le sucedió a Colosio. Muchos suponemos, intuimos, especulamos, sospechamos. Pero nadie tiene la certeza. Es uno de esos misterios sin resolver que quedarán así para siempre, en la peor de las impunidades, porque no creo que a estas alturas haya quien de veras crea que el asesino actuó por cuenta propia.
Fue el período más obscuro del PRI, en el que quienes votaron por Ernesto Zedillo lo hicieron por miedo a los zapatistas, miedo a la incertidumbre, miedo a la inestabilidad. Miedo que luego se convirtió en pavor cuando unos meses después el error de diciembre sumió en la desesperación a miles de familias.
Pero volviendo a Colosio, me sigo preguntando si a los priístas no les duele, si no les avergüenza, si no les remuerde la conciencia no haber exigido justicia verdadera. Y sobre todo, empiezo a preguntarme si quienes hoy apoyan desesperada y apasionadamente a Enrique Peña Nieto tienen la mínima idea de lo que con Colosio pudo ser un gobierno priísta. Ya sé que muchos me dirán que es imposible considerar que Colosio de verdad podría representar un cambio importante. Admito que todo puede quedar en meras especulaciones. Pero vale la pena recordar al personaje, no obstante la postura de algunos que lo considerarán solamente retórica.
“La legitimidad debemos ganarla día con día con nuestras propuestas, nuestras acciones y nuestros argumentos”, decía Luis Donaldo. Hoy parece que a los priístas, -principalmente a su candidato a la presidencia- se les ha olvidado lo que es la justicia. Hoy Enrique Peña Nieto se deslinda de todo, y con sus deslindes pretende borrar la historia de su partido, la triste historia de impunidad que ha marcado a nuestro país.
El seis de marzo de 1994, Colosio decía frente al monumento a la Revolución: “no queremos ni concesiones al margen delos votos ni votos al margen de la ley.” Y hay una frase precisa que dicen fue la que le costó la vida al político sonorense: “los tiempos de la competencia politica son la gran oportunidad que tenemos como partido para convertir nuestra gran fuerza en independencia con respecto del gobierno.”
A propósito, no olvidemos que esa independencia entre el partido y el gobierno no fue precisamente uno de los principios cuando gobernó Peña Nieto en el estado de México. Su ejercicio del poder fue sin duda marcado por un Congreso con una mayoría priísta y una oposición complaciente y con una marcada codependencia del partido que lo llevó al poder.
Y no sólo eso. Su gobierno fue tan autoritario que como prueba tangible tiene los hechos de Atenco en el 2006. Colosio planteaba: “proponemos la reforma del poder para que exista una nueva relación entre el ciudadano y el Estado. Reformar el poder para democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo. La sociedad mexicana demanda un cambio en las prácticas políticas. Yo veo un México convencido de que esta es la hora de las respuestas, un México que exige soluciones.”
En la entidad mexiquense, gobernada por Peña Nieto no hubo respuestas, sino una tremenda represión. Cero respuestas, insisto, nulas acciones para favorecer a las mayorías, siempre tan necesitadas de todo, en la entidad más poblada del país y por ende, la más compleja.
“Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades, que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones, que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros. Tenemos que asumir esta autocritica y tenemos que romper con las pràcticas que nos hicieron una organizacion rigida.”
Esa humildad y esa capacidad de asumir responsabilidades no las veo en el actual candidato del PRI a la presidencia. Peña -insisto- simplemente se deslinda, evita los golpes, responde con prepotencia, se siente intocable y simplemente considera que todo lo ha hecho bien.
Ultimamente después de las manifestaciones de los jóvenes, Peña insiste en mostrarse como el ejemplo vivo de tolerancia, aunque a decir verdad su actitud no resulta para nada creíble.
“Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad.” Nada más lejos de un PRI que cada vez nos sorprende con nuevos y escandalosos casos. Los Moreiras y los Yarrington son los ejemplos más recientes. Por cierto que también de ellos se deslinda el candidato. Ya solamente le falta deslindarse del mismísimo PRI para mostrarse más limpio que un recién nacido apenas bautizado.
El PRI ha cambiado mucho en 18 años. Pero lo ha hecho solamente para quedar igual. Ni siquiera queda el triste consuelo de que quien llegara a ser candidato a la presidencia fuera un hombre de experiencia amplia, de sólida formación política. A los 44 años, cuando fue nombrado candidato, Luis Donaldo había sido ya secretario de Desarrollo Social, diputado, senador y presidente nacional de su partido. Tenía un Doctorado en Economía Regional y Urbana obtenido en Viena, había sido profesor e investigador académico.
Peña Nieto, curiosamente, tiene la misma edad que el malogrado Colosio. Con la sutil diferencia que ha hecho una de esas carreras “de elevador” y que si ha sido diputado local y gobernador del estado de México debe agradecerlo a su ángel de la guarda, porque de otra forma no se explica que con tan poca experiencia y su probada ignorancia haya alcanzado tales alturas.
“Vengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio, como mis padres, como mis abuelos, soy un hombre de trabajo que confìa màs en los hechos que en las palabras pero por eso mismo soy un hombre de palabra que la empeno ahora mismo para comprometerme al cambio que he propuesto”, decía Colosio.
Peña Nieto en cambio no podría decir lo mismo. Sabemos bien que viene de la cultura del privilegio y que su máximo esfuerzo es obligar a su mente a recordar los libros que ha leído y a controlar su ira, que sin embargo se nota que de pronto lo domina.
Dije que esta no pretende ser una apología de Colosio, sin embargo no puedo pasar por alto su discurso, ese que dicen que le costó la vida porque en su momento no fue “palomeado! por Carlos Salinas.
Lo malo es que los jóvenes de entonces no tuvimos el valor para convertirnos en “yosoy132” y dejamos pasar sin protestar siquiera un magnicidio.
Les dejo uno de los extractos más significativos, con la única finalidad de recordarles que en el PRI alguna vez hubo quien se preocupó seriamente por cambiar el rumbo, y aunque por desgracia sus ideales no lo llevaron muy lejos, sí lo hicieron trascender.
“"Es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la República, es la hora del poder del ciudadano, es la hora de la democracia en México, es la hora de hacer de la buena aplicación de la justicia el gran instrumento para combatir el cacicazgo, para combatir los feudos de poder, y el abandono de nuestras comunidades. Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad."
miércoles, 16 de mayo de 2012
Lo que cuenta son los votos, no los gritos
Publicado en el Semanario Punto, Toluca, México
16 de mayo de 2012.
Si alguien me hubiera pedido hace un par de semanas dar un pronóstico de los resultados de las elecciones presidenciales del 1 de julio, habría respondido sin dudar siquiera un segundo que el ganador de la contienda sería -a pesar del disgusto de muchos, incluyendo quien esto escribe- la victoria del candidato priísta Enrique Peña Nieto.
Sin embargo, estamos siendo testigos de uno de los procesos electorales más interesantes y sorpresivos de la historia. Por más que las compañías encuestadoras se esfuercen en dar la impresión de que nada cambia, de que pocas cosas se mueven y de que el liderazgo es del representante del tricolor, la verdad es que cada día hay una novedad que pone en evidencia que los resultados de tales encuestas no son tan confiables.
El pasado viernes 11 de mayo, el candidato del gel enfrentó la que probablemente puede ser considerada la más difícil de las jornadas en su búsqueda de la presidencia.
Frente a estudiantes y profesores de la Universidad Iberoamericana, Peña Nieto hizo frente por primera vez no solamente al rechazo, sino a la hostilidad.
Seguramente nadie habría podido imaginar que fueran los estudiantes de una universidad considerada de élite quienes se atrevieran a echarle en cara al candidato y ex gobernador mexiquense los hechos violentos ocurridos hace seis años en el municipio de Atenco..
Precisamente acerca del asunto de Atenco, expresó su punto de vista que entre paréntesis, me recuerda la justificación del ex presidente Gustavo Diaz Ordaz luego de la masacre de Tlaltelolco.
Sobre Atenco, Peña dijo que “fue una acción de autoridad, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública, como además fue validado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.
Y aunque no faltaron también las muestras de apoyo al priísta, las manifestaciones de rechazo fueron evidentes. Mantas, pancartas y consignas. Consignas fuertes, pesadas, apenas creíbles para los organizadores que seguramente no esperaban escuchar a los chicos de la Ibero cambiar el “o sea, ¿ves?” por frases lapidarias como “se ve, se siente, Enrique delincuente” o “la Ibero no te quiere”, junto a un contínuo “fuera” y algunos gritos aislados donde los estudiantes le llamaban “asesino”.y “cobarde”.
Ver los videos donde Peña aparece nervioso, llamando contínuamente a la gente encargada de la seguridad para buscar una salida, parece una escena kafkiana. Y sin embargo así ocurrió, por más que el mexiquense se empeñó en decir que las manifestaciones de disenso no eran generalizadas, mientras como fondo se escuchaban todavía los gritos de los muchachos.
Y a esto la gente del PRI sumó acusaciones de “intolerancia” hacia los jóvenes inconformes y hasta se atrevieron a señalar que no se trataba de verdaderos estudiantes, sino de jóvenes pagados por no se sabe quién.
Lástima por los priístas, porque pocas horas después empezó a circular en la red un video en que más de un centenar de alumnos de la Universidad Iberoamericana se identificaba credencial en mano, decía su nombre y número de matrícula y aclaraba no ser “porro” y haber estado ahí para manifestar su desaprobación hacia Peña.
No recuerdo haber visto tanto repudio hacia un aspirante a la presidencia. Como tampoco me viene a la memoria que se haya organizado una marcha en el zócalo para protestar contra quien técnica y objetivamente todavía no es nadie más que un ciudadano que desea ser votado.
Y sin embargo queda claro que “el propósito de la marcha es, estrictamente, manifestar el rechazo de la sociedad mexicana en general por el candidato presidencial del partido más opresor y corrupto de México: el PRI",
Casi nada. Y lo curioso es que la marcha está organizada por la sociedad civil, sin considerar las preferencias políticas. Ya. Una marcha “apolítica” dentro de un proceso electoral. Surreal.
"Invitamos a todos los grupos y civiles para marchar exponiendo pancartas, carteles, mantas, rótulos, etc; que le permitan a la gente saber de la farsa mediática de Peña y sus televisoras, radiofónicas y medios impresos".
Es evidente que lo que irrita a la población es precisamente el modo en que los medios de comunicación están tratando las elecciones, asunto sobre el cual seguramente tanto la gente que organiza la campaña priísta como los empresarios que controlan los medios deberían hacer un serio análisis, sobre todo si la marcha del 20 de mayo no resulta un fiasco.
Lo curioso del asunto es que a pesar de todo, el proceso electoral sigue degenerando y al parecer lo que menos interesa son las propuestas, sino las protestas. Basta leer una nota publicada por el diario La Jornada que apunta: “Las protestas durante la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana generaron mayor número de menciones en twitter que el incidente de la Feria del Libro aunque a diferencia de aquella ocasión esta vez hubo un nutrido grupo de defensores organizados desde el PRI”.
La gente no está interesada en lo que Peña o el resto propone. Al parecer los mexicanos están tomando las próximas elecciones como si se tratara de un partido de futbol. “-"A ver si entendí: ¿en la Ibero a AMLO le gritaron presidente y a EPN asesino?”"Reacción de EPN ante las protestas en la Ibero. Ojos desorbitados, mandíbula tensísima". Ese es el tipo de comentarios de los usuarios de twitter. Nada tiene que ver con el análisis de propuestas o el razonamiento del voto.
Esa si me permiten es la parte preocupante. No se trata de quién grita más fuerte, ni de quién encuentra el mejor modo para protestar. Se trata de que el 1 de julio la gente acuda a las urnas y se exprese. En silencio. Sin gritos. Sin pancartas. Sin ofensas. Sin insultos. Porque lo que cuenta son los votos, no los gritos. Y no ahora, sino durante la jornada electoral. No hay que perderlo de vista.
miércoles, 9 de mayo de 2012
El debate: todos en distinto canal
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México 09 de mayo, 2012.
Definitivamente esta semana no podía pasar por alto tratar el tan llevado y traído tema del debate entre los candidatos a la presidencia de la República, organizado por el IFE y transmitido el pasado domingo seis de mayo.
No es la primera ni será la última vez que los mexicanos vemos a los aspirantes a la silla presidencial hacer uso de todas sus mañas para decirse sus verdades aprovechando la importante plataforma que es la televisión.
Se ha vuelto un hábito desde aquellos lejanos tiempos en que Ernesto Zedillo, Diego Fernández y Cuauhtémoc Cárdenas participaron en lo que fue el primer debate de la historia política mexicana.
Debo decir que parece una costumbre natural dentro de un proceso de elección, y sin embargo no deja de sorprenderme que en Italia, un país que se considera desarrollado y democrático, hasta ahora se ha negado la posibilidad de que los aspirantes se confronten directamente.
Aunque parezca increíble, el sistema de televisión de paga Sky en Italia ha lanzado contínuamente el reto bajo el argumento de que en otros países europeos el debate es una práctica natural. Sin embargo, hasta ahora los políticos no han cedido y los ciudadanos del país de la bota se han visto privados del espectáculo.
Porque a decir verdad, el debate es un espectáculo. Es el momento perfecto en que los rivales pueden echarse en cara todo lo que se les antoja, exhibirse mutuamente y al final, autoproclamarse ganadores, como si se tratara de una auténtica pelea.
Se ha dicho de todo acerca del desarrollo del debate en los últimos días. Incluso se han hecho bromas acerca de la presencia de la edecán-playmate que robó cámara y evidenció la naturaleza pasional del candidato Gabriel Quadri.
Lo que no queda muy claro todavía es cuáles son las propuestas concretas de cada uno de los cuatro aspirantes a gobernar México. Esa es en este momento mi principal preocupación, y perdonen si hablo en primera persona.
El formato del debate dio la posibilidad a cada uno de expresar sus propuestas y sin embargo, no ha quedado perfectamente delineado lo que cada uno hará en el caso de resultar ganador.
Solamente se escucharon frases vagas como el “me propongo cambiar el miedo por la esperanza” de Enrique Peña; el “esto que està sucediendo... se debe al mal gobierno” de López Obrador; el “quiero ser presidenta porque tengo la sensibiliad como mujer para escucharlos” de Josefina Vázquez Mota y el “los polìticos de siempre han dejado al paìs sumido en la mediocridad, es hora de demostrarles nuestro rechazo” de Quadri.
Uno propone cambiar, el otro acusa, una más chantajea y el último aprovecha las debilidades de los demás. Qué panorama.
Me queda claro que -para iniciar- mientras tres de ellos se esforzaban por dejar claro el modo en que acabarían con los monopolios, el Peje iniciaba su embestida: “esta crisis y los monopolios se gestó desde Carlos Salinas de Gortari, que tomó la decisión de formar un grupo compacto y entregó bienes del pueblo con la mentira que las privatizaciones nos iban a traer bienestar.”
Y de ahí pa'l real. El amoroso candidato se olvidó por un momento de mostrarnos lo que sería capaz de hacer, o mejor dicho: nos quedó claro a muchos que en caso de ganar dedicará mucho de su tiempo -tal vez demasiado- en acusar a sus predecesores y tratar de darles lo que considera un justo castigo, mientras los problemas seguirán ahí.
Por lo menos esa es la impresión que deja.
Cuando le tocó hablar acerca de sus estrategias para apoyar la ciencia y la tecnología su respuesta fue “el grupo que domina ha confiscado el presupuesto pùblico para favorecer a banqueros y politicos corruptos”. ¡Qué novedad!
Al momento en que debía hablar del modo en que se ocupará de las finanzas públicas, respondió: “nsisto en que hay un grupo que domina, no son muchos. Los polìticos estàn de parapetos nada màs, muchos de los que mandan no dan la cara”.
Durante el Peje-show, llegado el momento de hablar de las propuestas de crecimiento para la nación, Andrés Manuel contestó que “la politica economica conviene a los de arriba, el grupo que domina puede imponerse porque son dueños de los medios y asi manipulan, deciden a quien alaban y a quien destruyen”. ¿Y el crecimiento, qué va a hacer para fomentar el crecimiento?
Era como si el Peje estuviera respondiendo a preguntas que nadie le hizo, como si durante los minutos del debate él viviera en una realidad paralela. El tema por tratar era la readaptación social y en lugar de hablar de las cárceles, los internos y demás, sencillamente espetó: “ ¿Quién es realmente Enrique Peña Nieto? Eso no se sabe porque lo protegen mucho los medios, especialmente Televisa, pero es hechura de su tío Arturo Montiel Rojas”
Surreal. Y que me perdonen los simpatizantes del amoroso. Pero independientemente de la necesidad de evidenciar las fallas del sistema de gobierno mexicano, es imprescindible proponer soluciones y dejar de buscar el voto a partir de exhibir las catástrofes provocadas por los predecesores.
Mientras los otros tres aspirantes hablaban de cómo modernizarían el poder Judicial, el Peje, con una fotografía -¡al revés!- de Peña Nieto sentado junto a Carlos Salinas, ya envalentonado decía al priísta que “Bejarano está en la carcel y usted que fue el secretario de administración de Montiel esta aquí. Los que mandan en el pais lo protegen.”
¿Y qué haría el Peje para modernizar el poder Judicial? Eso no es importante, al parecer, visto que ni siquiera se preocupó por dar una respuesta.
Claro que cuando se habló de la lucha contra el crimen organizado, el candidato de las izquierdas dio una respuesta: “tenemos que tener una policia adiestrada y moralizada. Hay que cambiar la estrategia en lo que tiene que ver al combate al crimen, tiene que haber trabajo, bienestar y atencion a los jovenes.”
Pero su respuesta fue vaga. Me sigo preguntando cómo va a adiestrar y moralizar a la policía. Es que el tiempo no le alcanzaba para continuar diciendo “nos quieren imponer a Peña Nieto” y comparar la actual campaña del PRI con aquella salinista del '88 cuando el entonces candidato utilizaba la frase “mi compromiso” para promoverse.
Y así, respondiendo con acusaciones, Andrés Manuel no dijo el modo en el que piensa reducir la pobreza en México, dar acceso a la tecnología, otorgar subsidios al campo y fomentar el uso de energía renovable.
De pena ajena. Un Peje que por un momento se olvidó del amor para dar paso a los viejos rencores. Su estrategia es clara: buscar nuevos votos de los resentidos que no olvidan lo mal que gobernó el PRI. Y hasta ahí diría que es válida su postura, si no fuera porque en realidad además de eso es urgente, necesario, primordial, decirle a la gente lo que puede ser su futuro, en lugar de recordarle cada segundo que tiene que cargar con su pasado.
Ojalá que los miembros del gabinete propuesto por Andrés Manuel tengan un poco más de criterio y se den cuenta de que lo que México necesita no es una cacería de brujas, sino opciones reales y propuestas inteligentes.
De los otros tres candidatos tampoco se esperaba gran cosa. La panista Vázquez Mota mintiendo descaradamente y tratando de sacar provecho del lamentable caso de la niña Paulette para dejar en ridículo al priísta.
Quadri diciendo hasta el cansancio que él no es un político y la gente con poca memoria tomando partido a su favor, como ignorando que diga lo que diga, Elba Esther Gordillo lo tiene ahí con quién sabe qué obscuras intenciones.
El candidato priísta por vez primera no se hizo bolas y por lo menos respondió a los ataques y se dio tiempo para enunciar una que otra propuestita. Nada nuevo ni trascendente, por supuesto.
A fin de cuentas, el debate no sirvió más que para hacer pensar a más de uno que de los cuatro candidatos no se puede esperar mucho.
En síntesis: parece que a pesar del debate o posiblemente a causa del debate, lo único que se me ocurre decir es que estamos como al principio: no hay ni para dónde hacerse.
miércoles, 18 de abril de 2012
Partidos políticos: ¿lo peor de lo peor?
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México 18 de abril, 2012
¿Qué está pasando en el mundo que la imagen de algunos poderosos está sencillamente cayendo? Al menos de este lado del charco, y concretamente en el país de la bota algo muy extraño está sucediendo.
Desde hace algunas semanas los medios italianos hablan de los políticos y nos informan de lo que muchos sospechábamos pero no podíamos comprobar: son una bola de deshonestos.
Y que conste que no me atreví a insultarlos u ofenderlos como se merecen los muy sinvergüenzas. Eso lo dejo a criterio de quien tenga la paciencia de leer estas líneas y desee conocer un poco acerca de la historia de estos muchachos que en Italia han hecho y deshecho sin miramientos.
Todo comenzó en marzo pasado, cuando el tesorero del partido de izquierda llamado “Margherita”, Luigi Lusi, fue descubierto y acusado de haber desviado 20 millones de euros, que eran recursos otorgados a su partido, para comprarse algunas propiedades.
Luego tocó el turno a la Liga del Norte, el famoso partido de derecha que se ha caracterizado por promover un movimiento que llama al gobierno central “Roma ladrona”, además de promover la xenofobia y pretender la separación del territorio norte del resto de Italia, entre otras lindezas.
Se da el caso que la Liga del Norte también hizo de las suyas y su administrador, Francesco Belsito, desvió cerca de seis millones de euros que habrían terminado en las cuentas personales de la esposa y los hijos del líder del partido, Umberto Bossi. El destino final de los dineros que el Estado daba a este partido habrían sido también inversiones en Tanzania y la compra de lingotes de oro y algunos diamantes.
¡Qué lindo! ¿Verdad? En pocas palabras, se está “descubriendo” que la clase política se despacha con la cuchara grande, y que los recursos que provienen de los impuestos de todos terminan simplemente en las manos de estos personajes ávidos, para complacer sus gustos y sus caprichos.
Estoy convencida que algo serio está pasando en Italia y que hay un interés particular que no alcanzo a comprender de dónde viene para que los políticos queden como lo peor de lo peor, como la desgracia más grande que podríamos soportar los ciudadanos.
Y efectivamente con todas las porquerías que se están descubriendo no tengo la mínima duda. Los políticos italianos aparecen como una clase (“casta”, la llaman por estos rumbos) que habría que eliminar. Al menos estos, que tienen décadas haciendo de las suyas.
Pero reflexionando sobre el asunto, me quedo pensando que es precisamente la presencia de los políticos la máxima expresión de la democracia. O así debería ser.
La democracia es el gobierno del pueblo, que ejerce su voluntad a través de sus representantes, ¿verdad? El problema es pensar cuál voluntad se puede ejercer a través de este tipo de personajes que se sirven de su posición para enriquecerse.
Yo no digo que los partidos políticos no tengan necesidad de recursos económicos para darse a conocer o promoverse. Lo que pienso es que en Italia y en todo el mundo los partidos deberían ser financiados por sus simpatizantes, por los que creen en ellos, por los que pretenden que sus representantes lleguen a gobernar.
No se vale -sobre todo en tiempos de crisis- que mientras los ciudadanos comunes y corrientes hacen saltos malabares para que les alcancen sus sueldos precarios, los políticos se dediquen a darse la gran vida utilizando recursos públicos.
Y estoy hablando de Italia, un país donde en este momento la situación es tan crítica que de acuerdo con las estadísticas más recientes, diariamente se suicida una persona por motivos económicos.
Es una vergüenza.
Pero lo que pasa por acá no creo que sea muy diferente de lo que en este momento está ocurriendo en México. Claro que no se están descubriendo casos patéticos de gente que con el dinero del partido se pone a comprar diamantes.
Lo que en cambio está ocurriendo es que estamos siendo testigos de un desperdicio vergonzoso de recursos en las campañas. Entre spots y espectaculares sin sentido y algunas extravagancias -como el ridículo muñeco llamado Ki-Ken- vemos de nuevo que literalmente se tiran a la basura millones de pesos, mientras hay millonjes de mexicanos que viven en la pobreza extrema.
Ya se sabe que hay “topes de campaña” y que los simpatizantes de los diferentes partidos pueden alegar que están dentro del marco legal y en todo su derecho de hacer lo que quieran con los recursos que les asignan.
Creo que es un problema que parte desde ahí. Nada de que “la democracia cuesta”. Eso debería terminarse. Los partidos políticos -insisto- deberían vivir de las aportaciones de sus simpatizantes, de los privados que quieran darles dinero.
Esto con todos los riesgos que significa recibir dinero y con ello crear compromisos, en el caso de que los financiadores de los partidos se quieran pasar de listos. Pero sería siempre más decente que seguir recibiendo recursos públicos para terminar de todas maneras obedeciendo a los intereses de unos cuantos.
Como inicié, termino: hay una mínima credibilidad hacia los políticos en Italia. Me parece que también en México. Y hay también en ambos países un movimiento creciente de ciudadanos que buscan mejorar la situación.
El Italia, el Movimiento Cinco Estrellas, encabezado por un cómico, Beppe Grillo. El individuo dice que es necesario iniciar “un proceso público” contra los partidos. Y está buscando contender en las elecciones a través de listas de ciudadanos.
En México está el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que está tratando de articular movimientos sociales con una proyección política. Por el momento apoyan a Andrés Manuel López Obrador.
Personalmente considero que los ciudadanos conscientes y responsables se están preocupando por la situación, pero mantengo mis reservas acerca de sus acciones. Hay que observar el desarrollo de los hechos y dar a los movimientos ciudadanos el beneficio de la duda. Con una sola reserva: que hay que considerar que la conseja popular no se equivoca y francamente es muy cierto que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Al tiempo.
Toluca, México 18 de abril, 2012
¿Qué está pasando en el mundo que la imagen de algunos poderosos está sencillamente cayendo? Al menos de este lado del charco, y concretamente en el país de la bota algo muy extraño está sucediendo.
Desde hace algunas semanas los medios italianos hablan de los políticos y nos informan de lo que muchos sospechábamos pero no podíamos comprobar: son una bola de deshonestos.
Y que conste que no me atreví a insultarlos u ofenderlos como se merecen los muy sinvergüenzas. Eso lo dejo a criterio de quien tenga la paciencia de leer estas líneas y desee conocer un poco acerca de la historia de estos muchachos que en Italia han hecho y deshecho sin miramientos.
Todo comenzó en marzo pasado, cuando el tesorero del partido de izquierda llamado “Margherita”, Luigi Lusi, fue descubierto y acusado de haber desviado 20 millones de euros, que eran recursos otorgados a su partido, para comprarse algunas propiedades.
Luego tocó el turno a la Liga del Norte, el famoso partido de derecha que se ha caracterizado por promover un movimiento que llama al gobierno central “Roma ladrona”, además de promover la xenofobia y pretender la separación del territorio norte del resto de Italia, entre otras lindezas.
Se da el caso que la Liga del Norte también hizo de las suyas y su administrador, Francesco Belsito, desvió cerca de seis millones de euros que habrían terminado en las cuentas personales de la esposa y los hijos del líder del partido, Umberto Bossi. El destino final de los dineros que el Estado daba a este partido habrían sido también inversiones en Tanzania y la compra de lingotes de oro y algunos diamantes.
¡Qué lindo! ¿Verdad? En pocas palabras, se está “descubriendo” que la clase política se despacha con la cuchara grande, y que los recursos que provienen de los impuestos de todos terminan simplemente en las manos de estos personajes ávidos, para complacer sus gustos y sus caprichos.
Estoy convencida que algo serio está pasando en Italia y que hay un interés particular que no alcanzo a comprender de dónde viene para que los políticos queden como lo peor de lo peor, como la desgracia más grande que podríamos soportar los ciudadanos.
Y efectivamente con todas las porquerías que se están descubriendo no tengo la mínima duda. Los políticos italianos aparecen como una clase (“casta”, la llaman por estos rumbos) que habría que eliminar. Al menos estos, que tienen décadas haciendo de las suyas.
Pero reflexionando sobre el asunto, me quedo pensando que es precisamente la presencia de los políticos la máxima expresión de la democracia. O así debería ser.
La democracia es el gobierno del pueblo, que ejerce su voluntad a través de sus representantes, ¿verdad? El problema es pensar cuál voluntad se puede ejercer a través de este tipo de personajes que se sirven de su posición para enriquecerse.
Yo no digo que los partidos políticos no tengan necesidad de recursos económicos para darse a conocer o promoverse. Lo que pienso es que en Italia y en todo el mundo los partidos deberían ser financiados por sus simpatizantes, por los que creen en ellos, por los que pretenden que sus representantes lleguen a gobernar.
No se vale -sobre todo en tiempos de crisis- que mientras los ciudadanos comunes y corrientes hacen saltos malabares para que les alcancen sus sueldos precarios, los políticos se dediquen a darse la gran vida utilizando recursos públicos.
Y estoy hablando de Italia, un país donde en este momento la situación es tan crítica que de acuerdo con las estadísticas más recientes, diariamente se suicida una persona por motivos económicos.
Es una vergüenza.
Pero lo que pasa por acá no creo que sea muy diferente de lo que en este momento está ocurriendo en México. Claro que no se están descubriendo casos patéticos de gente que con el dinero del partido se pone a comprar diamantes.
Lo que en cambio está ocurriendo es que estamos siendo testigos de un desperdicio vergonzoso de recursos en las campañas. Entre spots y espectaculares sin sentido y algunas extravagancias -como el ridículo muñeco llamado Ki-Ken- vemos de nuevo que literalmente se tiran a la basura millones de pesos, mientras hay millonjes de mexicanos que viven en la pobreza extrema.
Ya se sabe que hay “topes de campaña” y que los simpatizantes de los diferentes partidos pueden alegar que están dentro del marco legal y en todo su derecho de hacer lo que quieran con los recursos que les asignan.
Creo que es un problema que parte desde ahí. Nada de que “la democracia cuesta”. Eso debería terminarse. Los partidos políticos -insisto- deberían vivir de las aportaciones de sus simpatizantes, de los privados que quieran darles dinero.
Esto con todos los riesgos que significa recibir dinero y con ello crear compromisos, en el caso de que los financiadores de los partidos se quieran pasar de listos. Pero sería siempre más decente que seguir recibiendo recursos públicos para terminar de todas maneras obedeciendo a los intereses de unos cuantos.
Como inicié, termino: hay una mínima credibilidad hacia los políticos en Italia. Me parece que también en México. Y hay también en ambos países un movimiento creciente de ciudadanos que buscan mejorar la situación.
El Italia, el Movimiento Cinco Estrellas, encabezado por un cómico, Beppe Grillo. El individuo dice que es necesario iniciar “un proceso público” contra los partidos. Y está buscando contender en las elecciones a través de listas de ciudadanos.
En México está el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que está tratando de articular movimientos sociales con una proyección política. Por el momento apoyan a Andrés Manuel López Obrador.
Personalmente considero que los ciudadanos conscientes y responsables se están preocupando por la situación, pero mantengo mis reservas acerca de sus acciones. Hay que observar el desarrollo de los hechos y dar a los movimientos ciudadanos el beneficio de la duda. Con una sola reserva: que hay que considerar que la conseja popular no se equivoca y francamente es muy cierto que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Al tiempo.
miércoles, 11 de abril de 2012
Falta de propuestas y credibilidad
Publicado en el semanario Punto
Toluca, México, 11 de abril, 2012.
Y finalmente comenzaron las campañas de los candidatos a la presidencia de la república. Entre jefas, pejes y kilos de gel, la mera verdad es que lo último en que parecen estar pensando todos es en dar soluciones a los muchos problemas de los mexicanos.
Ni a cuál ir, sinceramente.
Hace algunas semanas, precisamente durante la llamada “veda electoral” que prohibía a los partidos cualquier actividad en busca del voto, tuve la oportunidad de estar en México. Debo decir que no obstante la prohibición de promover el voto, pude observar que la sociedad está realmente politizada.
Se hablaba de los candidatos a pesar de que en ese momento su presencia mediática era nula. Cierto, se les invocaba a la menor provocación. El problema es que la gran mayoría de las personas tenían una gran desesperanza.
El problema no es la falta de presencia de los aspirantes. Lo que es un problema sin duda alguna es la falta de propuestas y sobre todo, la ausencia total de credibilidad.
Ya viendo las cosas lo menos apasionadamente que se puede, a kilómetros de distancia, el panorama es desolador.
Por una parte, tenemos al candidato que se perfila como ganador, digamos lo que digamos sus muchos detractores. Enrique Peña representa todos los males que aquejaron a México durante setenta años de priísmo. Tiene todo lo peor de aquellos viejos tiempos y sobre todo, su manejo de imagen es ofensivo para la inteligencia de muchos. Sus spots parecen publicidad de Liverpool, del Palacio de Hierro o de Suburbia. Mucho ruido y pocas nueces.
Del otro lado, está la campaña menos efectiva de la historia. Josefina Vázquez Mota será muy mujer, muy jefa y muy lo que dice que es, pero también es una ineficiente que rodeándose de un equipo de gente tan incapaz como ella ha desperdiciado la primera semana de actividades mostrando lo peor que tiene. Pobrecita.
Y por ahí está también el Peje. ¡Ah, tan amoroso él! Es el candidato de los intelectuales, aunque algunos de ellos (como Carlos Fuentes y Denisse Dresser) ya dijeron que no han decidido votar por él.
En el caso del Peje, creo que es una lástima que todavía no quede muy claro si se finge bueno o es
medio atarantado.
Lo peor no es eso, sino pensar que también Andrés Manuel López Obrador tiene cola que le pisen, y que por ahí hay versiones que lo señalan como el presunto autor de la muerte de su proprio hermano. Hasta escalofrío se siente.
Es en la rumorología que uno encuentra las versiones más tenebrosas. Por una parte, está la muerte de la primera esposa de Peña Nieto. Parece ciencia ficción, pero seguramente más de uno sospecha cosas que no se atreve a decir.
También el amoroso Peje tiene su esqueleto en el armario y en la red circulan versiones terribles acerca de un par de crímenes que el hoy candidato habría cometido en sus años mozos.
De Josefina no he escuchado todavía historias tan terribles, pero seguramente basta saber que ha sido una de las diputadas más inútiles, improductivas y perezosas de la historia como para no confiar en lo que hará si llega a ser presidenta.
Por ahí hay un cuarto candidato, Gabriel Quadri de la Torre. Que levante la mano quien ya lo conocía antes de todo este huateque... ¿Nadie? Ahora que levante la mano quien le cree o quien tiene intenciones de votarlo... Sin comentarios.
Total: no hay para dónde hacerse.
A mí me da mucho gusto cuando mis amigos cercanos dicen que confían en el movimiento ciudadano “Morena” o que ponen sus esperanzas en la “república amorosa”. Pero con todo el respeto que merecen, creo que caen en el juego de los eternos optimistas, de los quijotes que se lanzan con todo contra los molinos de viento.
Hay quien cree todavía que existen personajes que buscan el poder con buenas intenciones. Siguen el liderazgo de quien les promete un cambio maravilloso, un mundo ideal en que todo será justo.
Ese es el punto: casi todas las personas que apoyan a las izquierdas son gente de buena voluntad. Lo difícil es pensar que de verdad AMLove pueda dar a México lo que el país necesita.
Y más difícil todavía resulta creer que haya una mayoría de gente pensante capaz de llevar al triunfo un programa de gobierno interesante. Eso no se va a poder.
Me queda clara una sola cosa, los tres candidatos tienen bien definido su “mercado”. Para los tradicionalistas, los nostálgicos, los crédulos, los ignorantes, los asustados y los que tienen flojera de pensar, ahí está Enrique Peña con su Gaviota.
Las amas de casa desesperadas, los conservadores, las pseudofeministas, los persignados, los niños bien, los empresarios y los que creen en la guerra contra el narcotráfico es una solución, van con Josefina Vázquez Mota.
Los intelectuales, los progresistas, los idealistas, los indignados, siguen a López Obrador.
El problema es que los tres Méxicos diferentes que simpatizan por los distintos candidatos no tienen ninguna esperanza de que su vida mejore. Porque lo que se adivina así, visto con toda la frialdad posible, es que ninguno de los tres candidatos está en grado de cumplir sus promesas. Ni porque firme sus compromisos.
Lo que hace falta es un cambio profundo, una buena sacudida a las conciencias, una reestructuración total. Lo que hace falta es dejar de ver las mismas caras y abrir las puertas a nuevas posibilidades.
Por desgracia es practicamente imposible que ocurra. No ahora. Estamos en abril y mi puro sentido común me dice que de aquí a julio no van a cambiar mucho las cosas. El PRI volverá a Los Pinos y no hay mucho por hacer para evitarlo. Qué lástima que sea con un presidente que no tiene nada nuevo, bueno o interesante por ofrecer a una sociedad que está tan desesperada que prefiere ponerse en manos de quien hasta hace 12 años fue su verdugo antes que seguir viviendo en el miedo y la incerteza.
Y sinceramente, pensando bien las cosas, me atrevo a profetizar que el 1 de julio habrá un solo y condundente ganador: el abstencionismo, flanqueado por la desilusión y la incredulidad. ¿Apostamos?
Toluca, México, 11 de abril, 2012.
Y finalmente comenzaron las campañas de los candidatos a la presidencia de la república. Entre jefas, pejes y kilos de gel, la mera verdad es que lo último en que parecen estar pensando todos es en dar soluciones a los muchos problemas de los mexicanos.
Ni a cuál ir, sinceramente.
Hace algunas semanas, precisamente durante la llamada “veda electoral” que prohibía a los partidos cualquier actividad en busca del voto, tuve la oportunidad de estar en México. Debo decir que no obstante la prohibición de promover el voto, pude observar que la sociedad está realmente politizada.
Se hablaba de los candidatos a pesar de que en ese momento su presencia mediática era nula. Cierto, se les invocaba a la menor provocación. El problema es que la gran mayoría de las personas tenían una gran desesperanza.
El problema no es la falta de presencia de los aspirantes. Lo que es un problema sin duda alguna es la falta de propuestas y sobre todo, la ausencia total de credibilidad.
Ya viendo las cosas lo menos apasionadamente que se puede, a kilómetros de distancia, el panorama es desolador.
Por una parte, tenemos al candidato que se perfila como ganador, digamos lo que digamos sus muchos detractores. Enrique Peña representa todos los males que aquejaron a México durante setenta años de priísmo. Tiene todo lo peor de aquellos viejos tiempos y sobre todo, su manejo de imagen es ofensivo para la inteligencia de muchos. Sus spots parecen publicidad de Liverpool, del Palacio de Hierro o de Suburbia. Mucho ruido y pocas nueces.
Del otro lado, está la campaña menos efectiva de la historia. Josefina Vázquez Mota será muy mujer, muy jefa y muy lo que dice que es, pero también es una ineficiente que rodeándose de un equipo de gente tan incapaz como ella ha desperdiciado la primera semana de actividades mostrando lo peor que tiene. Pobrecita.
Y por ahí está también el Peje. ¡Ah, tan amoroso él! Es el candidato de los intelectuales, aunque algunos de ellos (como Carlos Fuentes y Denisse Dresser) ya dijeron que no han decidido votar por él.
En el caso del Peje, creo que es una lástima que todavía no quede muy claro si se finge bueno o es
medio atarantado.
Lo peor no es eso, sino pensar que también Andrés Manuel López Obrador tiene cola que le pisen, y que por ahí hay versiones que lo señalan como el presunto autor de la muerte de su proprio hermano. Hasta escalofrío se siente.
Es en la rumorología que uno encuentra las versiones más tenebrosas. Por una parte, está la muerte de la primera esposa de Peña Nieto. Parece ciencia ficción, pero seguramente más de uno sospecha cosas que no se atreve a decir.
También el amoroso Peje tiene su esqueleto en el armario y en la red circulan versiones terribles acerca de un par de crímenes que el hoy candidato habría cometido en sus años mozos.
De Josefina no he escuchado todavía historias tan terribles, pero seguramente basta saber que ha sido una de las diputadas más inútiles, improductivas y perezosas de la historia como para no confiar en lo que hará si llega a ser presidenta.
Por ahí hay un cuarto candidato, Gabriel Quadri de la Torre. Que levante la mano quien ya lo conocía antes de todo este huateque... ¿Nadie? Ahora que levante la mano quien le cree o quien tiene intenciones de votarlo... Sin comentarios.
Total: no hay para dónde hacerse.
A mí me da mucho gusto cuando mis amigos cercanos dicen que confían en el movimiento ciudadano “Morena” o que ponen sus esperanzas en la “república amorosa”. Pero con todo el respeto que merecen, creo que caen en el juego de los eternos optimistas, de los quijotes que se lanzan con todo contra los molinos de viento.
Hay quien cree todavía que existen personajes que buscan el poder con buenas intenciones. Siguen el liderazgo de quien les promete un cambio maravilloso, un mundo ideal en que todo será justo.
Ese es el punto: casi todas las personas que apoyan a las izquierdas son gente de buena voluntad. Lo difícil es pensar que de verdad AMLove pueda dar a México lo que el país necesita.
Y más difícil todavía resulta creer que haya una mayoría de gente pensante capaz de llevar al triunfo un programa de gobierno interesante. Eso no se va a poder.
Me queda clara una sola cosa, los tres candidatos tienen bien definido su “mercado”. Para los tradicionalistas, los nostálgicos, los crédulos, los ignorantes, los asustados y los que tienen flojera de pensar, ahí está Enrique Peña con su Gaviota.
Las amas de casa desesperadas, los conservadores, las pseudofeministas, los persignados, los niños bien, los empresarios y los que creen en la guerra contra el narcotráfico es una solución, van con Josefina Vázquez Mota.
Los intelectuales, los progresistas, los idealistas, los indignados, siguen a López Obrador.
El problema es que los tres Méxicos diferentes que simpatizan por los distintos candidatos no tienen ninguna esperanza de que su vida mejore. Porque lo que se adivina así, visto con toda la frialdad posible, es que ninguno de los tres candidatos está en grado de cumplir sus promesas. Ni porque firme sus compromisos.
Lo que hace falta es un cambio profundo, una buena sacudida a las conciencias, una reestructuración total. Lo que hace falta es dejar de ver las mismas caras y abrir las puertas a nuevas posibilidades.
Por desgracia es practicamente imposible que ocurra. No ahora. Estamos en abril y mi puro sentido común me dice que de aquí a julio no van a cambiar mucho las cosas. El PRI volverá a Los Pinos y no hay mucho por hacer para evitarlo. Qué lástima que sea con un presidente que no tiene nada nuevo, bueno o interesante por ofrecer a una sociedad que está tan desesperada que prefiere ponerse en manos de quien hasta hace 12 años fue su verdugo antes que seguir viviendo en el miedo y la incerteza.
Y sinceramente, pensando bien las cosas, me atrevo a profetizar que el 1 de julio habrá un solo y condundente ganador: el abstencionismo, flanqueado por la desilusión y la incredulidad. ¿Apostamos?
lunes, 26 de marzo de 2012
La mala educación
Publicado en el Semanario Punto. Toluca.
28 febrero, 2012.
Esta semana deseo dedicar este espacio a comentar una película. En realidad se trata de un documental que sorprendentemente está despertando el interés de los mexicanos que están acudiendo a las salas de cine y hasta contestando la encuesta final que se reparte a la salida.
Lo que me sorprende más es que uno de sus realizadores sea el periodista Carlos Loret de Mola.
Sinceramente no me esperaba que de un personaje tan “alineado” pudiera surgir un trabajo tan interesante.
Fui a ver la película sin prejuicios, con la idea de saber un poco más acerca del problema de la educación en México. Y honestamente De panzazo me sorprendió por la manera clara y precisa en que reúne datos, cifras y circunstancias concretas para mostrarlas de una forma clara y hasta con sentido del humor.
El documental es sencillamente el resumen de una catástrofe que no ha terminado y de la cual los mexicanos somos al mismo tiempo testigos y partícipantes.
Da vergüenza, a decir verdad. Es sencillamente molesto e indignante confirmar que la educación en nuestro país es una porquería. Y me van a perdonar el término, pero no encuentro otro calificativo. Es la triste conclusión después de ver el filme.
Hay cifras escalofriantes. Los números no mienten y saber que de cada cien mexicanos solamente dos terminan estudios de postgrado ya me parece suficientemente preocupante. Pero enterarme que México es el país que más invierte en educación, pero que más del 90 por ciento de los recursos se va en los salarios de los maestros es indignante.
Porque para colmo de males, no son todos los maestros los que se ven beneficiados. Claro que no. El magisterio -lo sabemos todos- se ha convertido en un trampolín político, en un atajo para llegar a las metas más obscuras. En un cochinero, con perdón de la expresión.
Ahí está el claro ejemplo de la señora Elba Esther Gordillo, la mujer más poderosa de México. La misma que ha convertido el magisterio en un lodazal. La “maestra”. ¡Sí, cómo no! Me pregunto si no le da vergüenza ostentar un título que debería ser motivo de orgullo.
Y es que hace muchas décadas, ser maestro en nuestro país era un honor. Mi natural romanticismo me lleva a recordar una película mexicana de la llamada época de oro: Río Escondido. La dirigió Emilio Fernández en 1948 y la protagonizó María Félix. Es la historia de una maestra rural que llevó su profesión hasta el extremo del sacrificio. El guión -un tanto cursi, lo reconozco- muestra a la Doña en el papel de Rosaura, una profesora que da su vida -literalmente- para que los niños de una comunidad alejada y pobre tengan acceso a la educación, no obstante la presencia del cacique del pueblo, Don Regino, que se empeña en mantenerlos en la ignorancia. Otros tiempos. Otro México en el que la educación era la esperanza de una vida mejor para todos.
Era el México de la postguerra, cuando gobernaba Miguel Alemán y se construía la Ciudad Universitaria, en aquella época la más grande del mundo. Entonces todavía se buscaba que nuestro país creciera, que los mexicanos progresaran.
A lo mejor los mexicanos de aquellos días de verdad creían en la educación como la principal manera de fomentar el progreso.
Hoy no queda nada de la utopía de Río Escondido. Ahora De Panzazo documenta la historia de otra comunidad rural donde en la telesecundaria de plano no hay televisión. Bueno, la ausencia de la televisión se justifica, porque no habría siquiera dónde conectarla, sencillamente porque no hay electricidad.
Han pasado décadas entre la realización de las dos cintas. El progreso ha llegado a México, pero no para todos. De Río Escondido a De Panzazo han pasado muchos presidentes, tricolores y azules.
La educación no solamente se ha estancado: ha empeorado. Y no se salva nadie. Ni las escuelas privadas, donde lo único que importa es desplumar a los ilusos padres que casi siempre sacrificándose mandan a sus hijos a prepararse para la vida, con la idea errónea de que como “quien paga manda” los profesores darán un extra para lograr que los jóvenes estén mejor capacitados.
Será un caso tomado al azar, pero en De Panzazo dos grupos de jóvenes del mismo grado escolar, pertenecientes uno a una escuela pública y otro a la privada realizan el mismo ejercicio de matemáticas. Es una división más o menos compleja. Ninguno de los dos grupos sale airoso de la prueba. Tan malo el pinto como el colorado, pues.
Es un problema general. La mala educación de los mexicanos se nota. Hasta en la sala de cine, donde veinte minutos después de iniciada la función, con la conocida puntualidad mexicana siguen llegando los espectadores. Se ve en las calles, donde los conductores histéricos no cesan de sonar las bocinas de sus autos y por supuesto invaden las líneas peatonales. Se siente en la gente prepotente que salta la fila “porque tiene prisa”. Se advierte en la indolencia de quienes ya sea en la iniciativa privada que en el servicio público atienden a quienes requieren sus servicios. Se percibe en la indiferencia colectiva que nos lleva a estar siempre detrás, a ser el país del “ya merito”, aunque tengamos todo para estar en primera línea.
Efectivamente somos el país que pasa (y eso a veces) de “panzazo”. Y así nos dejamos tratar. Por eso nuestra clase política abusa de nuestra ignorancia y nos receta galanes de telenovela, mujeres “totalmente Palacio” y propuestas amorosas como opciones de gobierno. Puras falacias. Absoluta superficialidad. A fin de cuentas ya lo sabemos, el que llegue gracias a nuestro voto nos seguirá gobernando con un plan de educación que nos mantenga viviendo de panzazo...
28 febrero, 2012.
Esta semana deseo dedicar este espacio a comentar una película. En realidad se trata de un documental que sorprendentemente está despertando el interés de los mexicanos que están acudiendo a las salas de cine y hasta contestando la encuesta final que se reparte a la salida.
Lo que me sorprende más es que uno de sus realizadores sea el periodista Carlos Loret de Mola.
Sinceramente no me esperaba que de un personaje tan “alineado” pudiera surgir un trabajo tan interesante.
Fui a ver la película sin prejuicios, con la idea de saber un poco más acerca del problema de la educación en México. Y honestamente De panzazo me sorprendió por la manera clara y precisa en que reúne datos, cifras y circunstancias concretas para mostrarlas de una forma clara y hasta con sentido del humor.
El documental es sencillamente el resumen de una catástrofe que no ha terminado y de la cual los mexicanos somos al mismo tiempo testigos y partícipantes.
Da vergüenza, a decir verdad. Es sencillamente molesto e indignante confirmar que la educación en nuestro país es una porquería. Y me van a perdonar el término, pero no encuentro otro calificativo. Es la triste conclusión después de ver el filme.
Hay cifras escalofriantes. Los números no mienten y saber que de cada cien mexicanos solamente dos terminan estudios de postgrado ya me parece suficientemente preocupante. Pero enterarme que México es el país que más invierte en educación, pero que más del 90 por ciento de los recursos se va en los salarios de los maestros es indignante.
Porque para colmo de males, no son todos los maestros los que se ven beneficiados. Claro que no. El magisterio -lo sabemos todos- se ha convertido en un trampolín político, en un atajo para llegar a las metas más obscuras. En un cochinero, con perdón de la expresión.
Ahí está el claro ejemplo de la señora Elba Esther Gordillo, la mujer más poderosa de México. La misma que ha convertido el magisterio en un lodazal. La “maestra”. ¡Sí, cómo no! Me pregunto si no le da vergüenza ostentar un título que debería ser motivo de orgullo.
Y es que hace muchas décadas, ser maestro en nuestro país era un honor. Mi natural romanticismo me lleva a recordar una película mexicana de la llamada época de oro: Río Escondido. La dirigió Emilio Fernández en 1948 y la protagonizó María Félix. Es la historia de una maestra rural que llevó su profesión hasta el extremo del sacrificio. El guión -un tanto cursi, lo reconozco- muestra a la Doña en el papel de Rosaura, una profesora que da su vida -literalmente- para que los niños de una comunidad alejada y pobre tengan acceso a la educación, no obstante la presencia del cacique del pueblo, Don Regino, que se empeña en mantenerlos en la ignorancia. Otros tiempos. Otro México en el que la educación era la esperanza de una vida mejor para todos.
Era el México de la postguerra, cuando gobernaba Miguel Alemán y se construía la Ciudad Universitaria, en aquella época la más grande del mundo. Entonces todavía se buscaba que nuestro país creciera, que los mexicanos progresaran.
A lo mejor los mexicanos de aquellos días de verdad creían en la educación como la principal manera de fomentar el progreso.
Hoy no queda nada de la utopía de Río Escondido. Ahora De Panzazo documenta la historia de otra comunidad rural donde en la telesecundaria de plano no hay televisión. Bueno, la ausencia de la televisión se justifica, porque no habría siquiera dónde conectarla, sencillamente porque no hay electricidad.
Han pasado décadas entre la realización de las dos cintas. El progreso ha llegado a México, pero no para todos. De Río Escondido a De Panzazo han pasado muchos presidentes, tricolores y azules.
La educación no solamente se ha estancado: ha empeorado. Y no se salva nadie. Ni las escuelas privadas, donde lo único que importa es desplumar a los ilusos padres que casi siempre sacrificándose mandan a sus hijos a prepararse para la vida, con la idea errónea de que como “quien paga manda” los profesores darán un extra para lograr que los jóvenes estén mejor capacitados.
Será un caso tomado al azar, pero en De Panzazo dos grupos de jóvenes del mismo grado escolar, pertenecientes uno a una escuela pública y otro a la privada realizan el mismo ejercicio de matemáticas. Es una división más o menos compleja. Ninguno de los dos grupos sale airoso de la prueba. Tan malo el pinto como el colorado, pues.
Es un problema general. La mala educación de los mexicanos se nota. Hasta en la sala de cine, donde veinte minutos después de iniciada la función, con la conocida puntualidad mexicana siguen llegando los espectadores. Se ve en las calles, donde los conductores histéricos no cesan de sonar las bocinas de sus autos y por supuesto invaden las líneas peatonales. Se siente en la gente prepotente que salta la fila “porque tiene prisa”. Se advierte en la indolencia de quienes ya sea en la iniciativa privada que en el servicio público atienden a quienes requieren sus servicios. Se percibe en la indiferencia colectiva que nos lleva a estar siempre detrás, a ser el país del “ya merito”, aunque tengamos todo para estar en primera línea.
Efectivamente somos el país que pasa (y eso a veces) de “panzazo”. Y así nos dejamos tratar. Por eso nuestra clase política abusa de nuestra ignorancia y nos receta galanes de telenovela, mujeres “totalmente Palacio” y propuestas amorosas como opciones de gobierno. Puras falacias. Absoluta superficialidad. A fin de cuentas ya lo sabemos, el que llegue gracias a nuestro voto nos seguirá gobernando con un plan de educación que nos mantenga viviendo de panzazo...
miércoles, 8 de febrero de 2012
Josefina... ¿Nomás por ser mujer?
Publicado en el semanario Punto
06 de febrero, 2012
Toluca, México
Esta semana no puedo evitar hablar de la oficialización de la candidatura de Josefina Vázquez Mota a la presidencia de la República. Es preocupante.
Seguramente habrá algunas mujeres que podrán decir que soy poco solidaria y hasta antifeminista. Puede ser. Pero no comparto la idea de que la virtual candidata panista se merezca ser presidenta solamente porque es mujer.
Me suena forzado. Es como decir que su condición de fémina le da ventaja porque representa a una parte marginada de la población que podría, en el caso de una victoria, dar a todo el género una especie de recompensa.
Postular a Vázquez Mota es una buen movimiento de Acción Nacional. Una estrategia inteligente ante la inminente propuesta del priísta Enrique Peña Nieto que, ni duda cabe, desde el inicio de su promoción despiadada apuntó hacia el electorado femenil.
Es bien sabido que las mujeres son un sector importante, simplemente por una cuestión de números. Y ahora resulta que los panistas han cambiado tanto que ya se les olvidaron los tiempos en que su Jefe, Diego Fernández de Cevallos, siendo senador de la República, no tenía empacho en decir “el viejerío a su casa”, dejando clara la postura de su partido.
Pero con los tiempos que corren, hay que echar mano de todo lo que se pueda con tal de no perder la silla presidencial. Hasta candidatear a una mujer, contradiciendo los elementales principios del partido más conservador de México.
Reconozcamos que en nuestro país no estamos acostumbrados a que manden las mujeres. O al menos, no es bien visto que lo hagan a la luz del sol. Tan es así que precisamente Josefina Vázquez Mota fue la primera secretaria de Desarrollo Social, la primera de Educación y también la primera coordinadora de bancada de su partido en la Legislatura.
Si observamos con atención la historia mexicana, las mujeres en la política brillan por su ausencia. Todavía recuerdo la primera vez que una mujer ocupó un cargo en el gabinete federal. Rosa Luz Alegría llegó a ser secretaria de Turismo. Era al inicio de los años 80. Y sinceramente, no hay que olvidar que corrían voces de que el cargo lo había obtenido no por su talento, sino por una relación sentimental con el entonces presidente José López Portillo.
Me viene a la memoria la primera gobernadora electa en nuestro país. Se llamaba Griselda Álvarez y ganó las elecciones en Colima, en el lejano 1979.
Probablemente los nombres se quedaron muy grabados en mi mente porque en aquellos tiempos yo era una niña y me parecía extraño ver en las noticias a aquellas dos señoras entre tantos hombres. No se usaba, para qué decir mentiras. Las mujeres estaban en su casa, o en todo caso, desempeñaban labores que nada tenían que ver con la política.
Será porque tradicionalmente el papel de las féminas mexicanas está en segundo plano. Recordemos los tiempos de la Revolución mexicana y las miles de Adelitas que si bien dieron batalla nunca tuvieron un verdadero reconocimiento y mucho menos llegaron a ocupar un lugar en la vida pública nacional.
Recordemos que en nuestro idioma hablar de un “hombre público” es hacer referencia a un estadista o a un político, mientras que una “mujer pública” es simplemente una prostituta. Pensemos en la frase “mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”.
No estamos acostumbrados a ver mujeres en el poder. Es la triste realidad.
Tenemos en nuestra historia pocos personajes femeninos reconocidos. Me vienen a la memoria solamente dos: Sor Juana Inés de la Cruz y Josefa Ortíz de Domínguez, ambas consideradas personajes menores.
Lo dicho: no somos un país donde a las mujeres se les reconozca talento. Al menos no en política.
Sin embargo, que el PAN postule una candidata me parece una idea interesante y como ya dije, inteligente porque obedece a sus intereses en un momento crítico en que Peña Nieto es el rival que se han propuesto derrotar.
Digamos que el PAN nos propone otra vez el cambio. Los mexicanos, ya se sabe, tenemos poca memoria y seguramente muchos no se detendrán a pensar que ya una vez los blanquiazules nos engañaron, vendiéndonos el concepto de transformación y dejando a muchos con rabia y desilusión, después de un sexenio desastroso en que presenciamos impotentes la incompetencia de Vicente Fox.
Y el cambio siguió con Felipe Calderón, quien aparentemente llegó a la presidencia gracias a la intervención de su predecesor, que hizo uso de todas las artimañas que por años criticó a los priístas.
Un nuevo sexenio que ha costado miles de vidas gracias a una guerra contra el narcotráfico que parece no tener fin.
Ahora la virtual candidata Josefina Vázquez Mota al parecer tiene las ideas muy claras: “Si soy la abanderada del Partido Acción Nacional (PAN), por supuesto, no daré tregua ni amnistía ni espacio alguno al crimen organizado. No tengo duda que gracias a lo que el Presidente Calderón ha hecho hoy podemos transitar a una fase para fortalecer las instituciones", expresó durante la campaña al interior de su partido.
Por eso reitero que la candidatura de Vázquez Mota es preocupante. Porque propone más de lo mismo, más de esa inútil y sanguinaria guerra que ha hundido al país en el terror y que la panista al parecer tampoco tiene muy claro cómo debe continuar.
No importa si se trata de una mujer. Es siempre una representante de la derecha conservadora mexicana, y es parte del sistema que simplemente no ha funcionado.
Lo peor del asunto es escuchar que en su primer discurso como virtual candidata, la panista afirmó que su objetivo es “derrotar a Enrique Peña Nieto y su partido, porque representan el autoritarismo y el regreso a la corrupción y a la impunidad como sistema”.
Si su primera opción es esa, y si sus seguidores se limitan a decir que quieren “faldas y no gel”, entonces debemos prepararnos para vivir una campaña de acusaciones y no de propuestas.
Sinceramente el planteamiento de que Vázquez Mota se merece llegar a la presidencia porque es tiempo de que México tenga una mujer al frente del Ejecutivo, me parece carente de fundamentos.
Debo decir que personalmente me gustaría ver un presidente a la altura de las circunstancias, capaz de administrar, negociar, debatir, actuar y mejorar a mi país, sin importar a qué género pertenece.
El problema verdadero es que a estas alturas del partido, ninguno de los candidatos parece cumplir con los requisitos.
Francamente lo que se vislumbra es que nos va a tocar elegir al menos peor, si es que existe.
06 de febrero, 2012
Toluca, México
Esta semana no puedo evitar hablar de la oficialización de la candidatura de Josefina Vázquez Mota a la presidencia de la República. Es preocupante.
Seguramente habrá algunas mujeres que podrán decir que soy poco solidaria y hasta antifeminista. Puede ser. Pero no comparto la idea de que la virtual candidata panista se merezca ser presidenta solamente porque es mujer.
Me suena forzado. Es como decir que su condición de fémina le da ventaja porque representa a una parte marginada de la población que podría, en el caso de una victoria, dar a todo el género una especie de recompensa.
Postular a Vázquez Mota es una buen movimiento de Acción Nacional. Una estrategia inteligente ante la inminente propuesta del priísta Enrique Peña Nieto que, ni duda cabe, desde el inicio de su promoción despiadada apuntó hacia el electorado femenil.
Es bien sabido que las mujeres son un sector importante, simplemente por una cuestión de números. Y ahora resulta que los panistas han cambiado tanto que ya se les olvidaron los tiempos en que su Jefe, Diego Fernández de Cevallos, siendo senador de la República, no tenía empacho en decir “el viejerío a su casa”, dejando clara la postura de su partido.
Pero con los tiempos que corren, hay que echar mano de todo lo que se pueda con tal de no perder la silla presidencial. Hasta candidatear a una mujer, contradiciendo los elementales principios del partido más conservador de México.
Reconozcamos que en nuestro país no estamos acostumbrados a que manden las mujeres. O al menos, no es bien visto que lo hagan a la luz del sol. Tan es así que precisamente Josefina Vázquez Mota fue la primera secretaria de Desarrollo Social, la primera de Educación y también la primera coordinadora de bancada de su partido en la Legislatura.
Si observamos con atención la historia mexicana, las mujeres en la política brillan por su ausencia. Todavía recuerdo la primera vez que una mujer ocupó un cargo en el gabinete federal. Rosa Luz Alegría llegó a ser secretaria de Turismo. Era al inicio de los años 80. Y sinceramente, no hay que olvidar que corrían voces de que el cargo lo había obtenido no por su talento, sino por una relación sentimental con el entonces presidente José López Portillo.
Me viene a la memoria la primera gobernadora electa en nuestro país. Se llamaba Griselda Álvarez y ganó las elecciones en Colima, en el lejano 1979.
Probablemente los nombres se quedaron muy grabados en mi mente porque en aquellos tiempos yo era una niña y me parecía extraño ver en las noticias a aquellas dos señoras entre tantos hombres. No se usaba, para qué decir mentiras. Las mujeres estaban en su casa, o en todo caso, desempeñaban labores que nada tenían que ver con la política.
Será porque tradicionalmente el papel de las féminas mexicanas está en segundo plano. Recordemos los tiempos de la Revolución mexicana y las miles de Adelitas que si bien dieron batalla nunca tuvieron un verdadero reconocimiento y mucho menos llegaron a ocupar un lugar en la vida pública nacional.
Recordemos que en nuestro idioma hablar de un “hombre público” es hacer referencia a un estadista o a un político, mientras que una “mujer pública” es simplemente una prostituta. Pensemos en la frase “mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”.
No estamos acostumbrados a ver mujeres en el poder. Es la triste realidad.
Tenemos en nuestra historia pocos personajes femeninos reconocidos. Me vienen a la memoria solamente dos: Sor Juana Inés de la Cruz y Josefa Ortíz de Domínguez, ambas consideradas personajes menores.
Lo dicho: no somos un país donde a las mujeres se les reconozca talento. Al menos no en política.
Sin embargo, que el PAN postule una candidata me parece una idea interesante y como ya dije, inteligente porque obedece a sus intereses en un momento crítico en que Peña Nieto es el rival que se han propuesto derrotar.
Digamos que el PAN nos propone otra vez el cambio. Los mexicanos, ya se sabe, tenemos poca memoria y seguramente muchos no se detendrán a pensar que ya una vez los blanquiazules nos engañaron, vendiéndonos el concepto de transformación y dejando a muchos con rabia y desilusión, después de un sexenio desastroso en que presenciamos impotentes la incompetencia de Vicente Fox.
Y el cambio siguió con Felipe Calderón, quien aparentemente llegó a la presidencia gracias a la intervención de su predecesor, que hizo uso de todas las artimañas que por años criticó a los priístas.
Un nuevo sexenio que ha costado miles de vidas gracias a una guerra contra el narcotráfico que parece no tener fin.
Ahora la virtual candidata Josefina Vázquez Mota al parecer tiene las ideas muy claras: “Si soy la abanderada del Partido Acción Nacional (PAN), por supuesto, no daré tregua ni amnistía ni espacio alguno al crimen organizado. No tengo duda que gracias a lo que el Presidente Calderón ha hecho hoy podemos transitar a una fase para fortalecer las instituciones", expresó durante la campaña al interior de su partido.
Por eso reitero que la candidatura de Vázquez Mota es preocupante. Porque propone más de lo mismo, más de esa inútil y sanguinaria guerra que ha hundido al país en el terror y que la panista al parecer tampoco tiene muy claro cómo debe continuar.
No importa si se trata de una mujer. Es siempre una representante de la derecha conservadora mexicana, y es parte del sistema que simplemente no ha funcionado.
Lo peor del asunto es escuchar que en su primer discurso como virtual candidata, la panista afirmó que su objetivo es “derrotar a Enrique Peña Nieto y su partido, porque representan el autoritarismo y el regreso a la corrupción y a la impunidad como sistema”.
Si su primera opción es esa, y si sus seguidores se limitan a decir que quieren “faldas y no gel”, entonces debemos prepararnos para vivir una campaña de acusaciones y no de propuestas.
Sinceramente el planteamiento de que Vázquez Mota se merece llegar a la presidencia porque es tiempo de que México tenga una mujer al frente del Ejecutivo, me parece carente de fundamentos.
Debo decir que personalmente me gustaría ver un presidente a la altura de las circunstancias, capaz de administrar, negociar, debatir, actuar y mejorar a mi país, sin importar a qué género pertenece.
El problema verdadero es que a estas alturas del partido, ninguno de los candidatos parece cumplir con los requisitos.
Francamente lo que se vislumbra es que nos va a tocar elegir al menos peor, si es que existe.
miércoles, 25 de enero de 2012
EPN ¿vida privada?
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México
25 de enero, 2012
Esta semana mientras curioseaba como siempre en las noticias que la red difunde, me encontré con una entrevista que la columnista del diario El Universal Katia D'Artigues hizo a Enrique Peña Nieto. No me cabe la menor duda: los estrategas de comunicación del priísta mexiquense están haciendo hasta lo imposible para mejorar la imagen pública de éste.
Después de sus contínuas metidas de pata, todo parece indicar que es necesario que Peña se muestre atento y gentil con los representantes de los medios. Se está concediendo a los periodistas sin el mínimo pudor.
Al parecer la estrategia es mostrarlo como una persona que se equivoca y que tiene la humildad suficiente para reconocer sus errores. En pocas palabras, con tal de ser presidente, nuestro copetudo personaje es capaz de aparentar una humildad que a leguas se nota no le pertenece.
Y ahora resulta que sus enemigos se la pasan tejiendo “leyendas” a su alrededor. Niega su parentesco con Arturo Montiel. Obviamente rechaza ser tener nexos con Carlos Salinas de Gortari.
Pero la mejor parte de la entrevista es aquella en la que Peña Nieto se confiesa y en un catártico ejercicio muestra al mundo su punto débil, su lado humano: es un mujeriego incorregible, pero eso sí, arrepentido.
Y como dictan los principios en los que seguramente creció una persona que fue educada en colegios católicos -ni más ni menos que en una universidad que pertenece al Opus Dei- el arrepentimiento es redención.
Por eso seguramente sus asesores de imagen le han indicado que no importa qué tan terribles sean las verdades que debe revelar, mientras su discurso permita al público que lo escucha darse cuenta de que es un hombre que ha alcanzado la madurez y ha dejado en el pasado sus errores y sus irresponsabilidades. Que se arrepiente de corazón y promete no volverlo a hacer.
Lástima que esos errores los cometió cuando ya era un político más o menos conocido y que en realidad no los ha corregido del todo, o al menos no como dice.
Hablo principalmente del humilde Enrique Peña que dice: “Tuve otra relación, de la que hubo un hijo... Su mamá es la que se hace cargo, está al cuidado y pendiente de él. Me he ocupado desde que nació que tenga lo necesario para su crecimiento. Tengo momentos de cercanía con él; no son muchos, debo confesarlo.”
Y “hubo otro que murió”, dice la periodista D'Artigues en la entrevista. De nuevo el humilde precandidato reconoce su culpa y explica que durante “esa etapa, esos momentos de la situación matrimonial, hubo otra relación donde hubo un niño que lamentablemente murió”.
Da detalles, cuenta todo con pelos y señales. Cierto que no es la primera vez que lo hace. Ya había confesado su debilidad a Rafael Loret de Mola, y el periodista calificó el hecho como “la ansiedad por parecer auténtico” y “expiación pública”.
Descripción precisa. Todo parece indicar que para Peña es una necesidad imperiosa mostrarle a sus potenciales electores que es una persona que comete errores. El problema empieza cuando viene sistemáticamente desmentido y su arranque de sinceridad provoca el efecto contrario.
Muchos de sus detractores le pueden responder, lo pueden descalificar, dudar de su confesión. Pero cuando quien lo pone en evidencia es ni más ni menos que la madre del hijo del cual dice ocuparse, su imagen se convierte en la de un reverendo farsante.
“¿En qué momento se pasa de la realidad a la ilusión, a la mentira, la hipocresía; sin ningún remordimiento??? ¿Con qué seguridad puedes fingir, aparentar, simular y sostener públicamente lo que no eres??? Respuesta: con la seguridad que te da ser un manipulador social, apoyado por muchos intereses, pero lo mas peligroso es que ya te crees tus propias mentiras...”
Las duras palabras que acaban de leer las escribió en su perfil de Facebook -público y disponible para quien desee leerlo- Maritza Díaz Hernández. Es ella una de las dos mujeres con quien Peña Nieto procreó un hijo fuera del matrimonio. Y es dura en sus críticas hacia el precandidato. “El RPI (sic) debería conocer la historia personal de su candidato, que toque otros temas, no sé: Ecología, Economía, Estadística, Instituciones, etc.... pero no de valores, de familia, de amor, de proteger... ¿verdad Enrique?????”
En esta mujer el priísta tiene una gran enemiga. Aunque a decir verdad sus enemigas reales son sus acciones pasadas, su vida privada que él mismo ha convertido en pública, por más que exija respeto hacia su intimidad.
Se habla mucho del derecho a la privacía que tienen los personajes públicos. En el caso que nos ocupa, ha sido el mismo político quien ha permitido el acceso a hechos y situaciones que deberían pertenecer a su esfera privada.
No puede a estas alturas exigir respeto cuando se ha encargado de exhibirse no solamente en los medios tradicionales, sino también en las redes sociales. Lo que de él se sabe ha salido de su propia boca. Lo que se inventa, las “leyendas” que dice se tejen para desprestigiarlo, tienen origen en la parte obscura de la imagen artificial que se ha venido creando desde que llegó a la gubernatura de la entidad mexiquense.
Porque Enrique Peña, se diga lo que se diga, no existía realmente antes de ser candidato a gobernador. A nadie le preocupaban ni el pasado ni el presente de un funcionario que vivía a la sombra de Arturo Montiel o de un diputado que a pesar de haber sido el líder de la bancada de su partido en el Congreso mexiquense era un legislador de medio pelo. Nunca fue un gran estratega. No brillaba y mucho menos en una Legislatura de mayoría priísta.
Al parecer en aquellos días su interés principal eran las mujeres y apenas se estaba acostumbrando a administrar el poder que le estaba llegando por obra y gracia de algún dios menor.
Fue a partir de su casi sorpresiva candidatura que un buen número de ciudadanos empezó a preguntarse de dónde salía el político del gel.
Y así comenzaron las leyendas de las que hoy tanto se lamenta. Sinceramente no encuentro el motivo de tanta indignación. Él mismo se ha encargado de reconocer sus pecadillos y ha dejado sin esclarecer sus pecadotes.
Sus acciones lo persiguen. Sus detractores se aprovechan. Pero a fin de cuentas son los electores los que deciden. Y para esto hay muchos meses por delante. Quién sabe por cuánto tiempo más seguirá jugando al lobo con piel de oveja. Y sobre todo, por cuánto tiempo le van a seguir creyendo.
Toluca, México
25 de enero, 2012
Esta semana mientras curioseaba como siempre en las noticias que la red difunde, me encontré con una entrevista que la columnista del diario El Universal Katia D'Artigues hizo a Enrique Peña Nieto. No me cabe la menor duda: los estrategas de comunicación del priísta mexiquense están haciendo hasta lo imposible para mejorar la imagen pública de éste.
Después de sus contínuas metidas de pata, todo parece indicar que es necesario que Peña se muestre atento y gentil con los representantes de los medios. Se está concediendo a los periodistas sin el mínimo pudor.
Al parecer la estrategia es mostrarlo como una persona que se equivoca y que tiene la humildad suficiente para reconocer sus errores. En pocas palabras, con tal de ser presidente, nuestro copetudo personaje es capaz de aparentar una humildad que a leguas se nota no le pertenece.
Y ahora resulta que sus enemigos se la pasan tejiendo “leyendas” a su alrededor. Niega su parentesco con Arturo Montiel. Obviamente rechaza ser tener nexos con Carlos Salinas de Gortari.
Pero la mejor parte de la entrevista es aquella en la que Peña Nieto se confiesa y en un catártico ejercicio muestra al mundo su punto débil, su lado humano: es un mujeriego incorregible, pero eso sí, arrepentido.
Y como dictan los principios en los que seguramente creció una persona que fue educada en colegios católicos -ni más ni menos que en una universidad que pertenece al Opus Dei- el arrepentimiento es redención.
Por eso seguramente sus asesores de imagen le han indicado que no importa qué tan terribles sean las verdades que debe revelar, mientras su discurso permita al público que lo escucha darse cuenta de que es un hombre que ha alcanzado la madurez y ha dejado en el pasado sus errores y sus irresponsabilidades. Que se arrepiente de corazón y promete no volverlo a hacer.
Lástima que esos errores los cometió cuando ya era un político más o menos conocido y que en realidad no los ha corregido del todo, o al menos no como dice.
Hablo principalmente del humilde Enrique Peña que dice: “Tuve otra relación, de la que hubo un hijo... Su mamá es la que se hace cargo, está al cuidado y pendiente de él. Me he ocupado desde que nació que tenga lo necesario para su crecimiento. Tengo momentos de cercanía con él; no son muchos, debo confesarlo.”
Y “hubo otro que murió”, dice la periodista D'Artigues en la entrevista. De nuevo el humilde precandidato reconoce su culpa y explica que durante “esa etapa, esos momentos de la situación matrimonial, hubo otra relación donde hubo un niño que lamentablemente murió”.
Da detalles, cuenta todo con pelos y señales. Cierto que no es la primera vez que lo hace. Ya había confesado su debilidad a Rafael Loret de Mola, y el periodista calificó el hecho como “la ansiedad por parecer auténtico” y “expiación pública”.
Descripción precisa. Todo parece indicar que para Peña es una necesidad imperiosa mostrarle a sus potenciales electores que es una persona que comete errores. El problema empieza cuando viene sistemáticamente desmentido y su arranque de sinceridad provoca el efecto contrario.
Muchos de sus detractores le pueden responder, lo pueden descalificar, dudar de su confesión. Pero cuando quien lo pone en evidencia es ni más ni menos que la madre del hijo del cual dice ocuparse, su imagen se convierte en la de un reverendo farsante.
“¿En qué momento se pasa de la realidad a la ilusión, a la mentira, la hipocresía; sin ningún remordimiento??? ¿Con qué seguridad puedes fingir, aparentar, simular y sostener públicamente lo que no eres??? Respuesta: con la seguridad que te da ser un manipulador social, apoyado por muchos intereses, pero lo mas peligroso es que ya te crees tus propias mentiras...”
Las duras palabras que acaban de leer las escribió en su perfil de Facebook -público y disponible para quien desee leerlo- Maritza Díaz Hernández. Es ella una de las dos mujeres con quien Peña Nieto procreó un hijo fuera del matrimonio. Y es dura en sus críticas hacia el precandidato. “El RPI (sic) debería conocer la historia personal de su candidato, que toque otros temas, no sé: Ecología, Economía, Estadística, Instituciones, etc.... pero no de valores, de familia, de amor, de proteger... ¿verdad Enrique?????”
En esta mujer el priísta tiene una gran enemiga. Aunque a decir verdad sus enemigas reales son sus acciones pasadas, su vida privada que él mismo ha convertido en pública, por más que exija respeto hacia su intimidad.
Se habla mucho del derecho a la privacía que tienen los personajes públicos. En el caso que nos ocupa, ha sido el mismo político quien ha permitido el acceso a hechos y situaciones que deberían pertenecer a su esfera privada.
No puede a estas alturas exigir respeto cuando se ha encargado de exhibirse no solamente en los medios tradicionales, sino también en las redes sociales. Lo que de él se sabe ha salido de su propia boca. Lo que se inventa, las “leyendas” que dice se tejen para desprestigiarlo, tienen origen en la parte obscura de la imagen artificial que se ha venido creando desde que llegó a la gubernatura de la entidad mexiquense.
Porque Enrique Peña, se diga lo que se diga, no existía realmente antes de ser candidato a gobernador. A nadie le preocupaban ni el pasado ni el presente de un funcionario que vivía a la sombra de Arturo Montiel o de un diputado que a pesar de haber sido el líder de la bancada de su partido en el Congreso mexiquense era un legislador de medio pelo. Nunca fue un gran estratega. No brillaba y mucho menos en una Legislatura de mayoría priísta.
Al parecer en aquellos días su interés principal eran las mujeres y apenas se estaba acostumbrando a administrar el poder que le estaba llegando por obra y gracia de algún dios menor.
Fue a partir de su casi sorpresiva candidatura que un buen número de ciudadanos empezó a preguntarse de dónde salía el político del gel.
Y así comenzaron las leyendas de las que hoy tanto se lamenta. Sinceramente no encuentro el motivo de tanta indignación. Él mismo se ha encargado de reconocer sus pecadillos y ha dejado sin esclarecer sus pecadotes.
Sus acciones lo persiguen. Sus detractores se aprovechan. Pero a fin de cuentas son los electores los que deciden. Y para esto hay muchos meses por delante. Quién sabe por cuánto tiempo más seguirá jugando al lobo con piel de oveja. Y sobre todo, por cuánto tiempo le van a seguir creyendo.
miércoles, 18 de enero de 2012
Ser mujer
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México
18 de enero, 2012
Deseo iniciar este 2012 con un saludo y mis mejores deseos para todos los amigos del semanario Punto. Espero que sea un año de cambios importantes y positivos para todo el mundo, especialmente para México e Italia, los dos países que amo profundamente y que en modo muy diferente están frente a situaciones difíciles y problemas serios que por el bien de todos es mejor que solucionen.
Para comenzar este nuevo ciclo de colaboraciones, he decidido hablar de las mujeres. Y parto de una de esas e mails que se envían casi inocentemente. Una amiga queridísima me mandó un texto que me dejó con la boca abierta. Se trata de un “Monólogo de la mujer moderna” que habría sido leído al aire por la ¿periodista? Adela Micha. Al menos así se presenta.
“Me gustaría saber quién fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer.” Es la primera frase que simple y sencillamente me parece impactante. En el monólogo una mujer trabajadora se lamenta porque considera que a partir de la “liberación femenina” la situación del sexo débil ha simplemente empeorado.
“Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa, podando árboles, plantando flores, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos.”
Esta expresión de nostalgia por una vida que las mujeres de menos de cincuenta años simplemente no conocemos, me parece completamente fuera de lugar.
No creo que mis coetáneas hayan conocido realmente de cerca la vida de una mujer que se haya siempre ocupado de la casa. Las mujeres de todo el mundo trabajan desde hace muchas décadas. Por fortuna. A pesar de la queja contínua respecto al hecho de que tienen responsabilidad por partida doble, no creo que una mujer moderna tenga la mínima idea de lo que es estar encerrada en una casa sin nada más que hacer que limpiar por todos lados y esperar el momento de complacer marido e hijos, con la única posible satisfacción de recibir las gracias y cualquier elogio.
No puedo imaginar que sea auténtica la “envidia” por la condición de esas mujeres sea racional y/o auténtica. Porque detrás de esa maravilla que era ocuparse del hogar, había sin duda un gran sentido de frustración y un velado (casi prohibido) deseo de utilizar un poco más el cerebro y un poco menos las manos.
Creo como siempre que los extremos son malos. No concibo tampoco una mujer cuya prioridad sea exclusivamente el trabajo. No me parece lógica la idea de consagrarse en cuerpo y alma a la actividad laboral, aún a costa de sacrificar horas preciosas con la familia. Pero este razonamiento no es una cuestión de género, porque a decir verdad es también muy criticable encontrar hombres que viven para trabajar y no trabajan para vivir.
“¿Porqué, díganme porqué o para que la liberación femenina... que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos?...” La redacción es pésima, pero el concepto es claro. Lo que no me queda tan claro es dónde está esa “competencia” que no solamente es insana, sino también ilógica.
Claro que llevar el feminismo al extremo y considerar al hombre como un enemigo es un síntoma de desequilibrio y de inmadurez.
Quisiera saber si en verdad existe la competencia despiadada en el trabajo entre hombres y mujeres. No lo creo. En mi humilde experiencia nunca la vi, muy probablemente porque no se me dio la gana verla, ya que moverse en el mundo laboral con cierta predisposición me ha parecido siempre equivocado.
...“Nos volvimos ‘‘súper mujeres’’ pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes”, dice el texto, que agrega: “Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana...”.
Me pregunto si realmente el hecho de trabajar y producir excluye la posibilidad de mantener la condición de fémina. Lo dudo.
Es lógico pensar que no todos los hombres están dispuestos a dar una posición importante a las mujeres o a considerarlas al parejo en cuanto a capacidad. Un ejemplo de ello es el modo en que Enrique Peña Nieto le habría negado a la senadora por Chiapas, María Elena Orantes López la posibilidad de ser candidata a la gubernatura de su estado.
“Tú no puedes ser la candidata a gobernadora porque eres mujer. Eso te vuelve vulnerable”, habría dicho el exgobernador mexiquense a la legisladora, que entonces decidió renunciar al tricolor. Paradójicamente el PAN, que debería comportarse en una manera mucho más conservadora, dada su naturaleza misma -de derecha y mojigata- podría dar la sorpresa de postular para la presidencia a una mujer, Josefina Vázquez Mota.
Independientemente del contexto político, lo que deseo subrayar es que a decir verdad no pienso que ninguna de estas señoras que están desde siempre metidas en la política tenga la necesidad de “sentirse mujer” o que esté inconforme con la posibilidad de destacar, o que se sienta desgraciada porque tiene que competir con los hombres.
Si acaso alguna se sentirá desilusionada porque quedan todavía algunos especímenes que consideran más importante la “buena presentación” que el “cerebro funcionante”, o lo que es lo mismo, privilegian a las lindas actrices de telenovela que pueden ser un buen objeto decorativo, en lugar de dar una posibilidad a otras mujeres menos bellas per a lo mejor un poco más capaces.
Volviendo al discurso inicial, debo decir que no comparto para nada las ideas plasmadas en ese texto y que si de verdad Adela Micha se tomó la libertad de leerlo en su programa, confirmo que el título de periodista refiriéndose a ella debe quedar muy pero muy entrecomillado.
Y quiero agregar que no considero seriamente el hecho de que las mujeres de hoy estén obligadas a “pagar el precio por en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades”.
Eso no es cierto. O al menos en condiciones normales no tendría que ser cierto, por la sencilla razón de que la cuestión estética y la formación intelectual son asuntos que la mujer debe considerar simple y sencillamente como decisiones personales que aumenten su autoestima, y no como obligaciones por cumplir para agradar a los demás.
Esa creo que debería ser la diferencia entre estar “harta de la liberación femenina” y ser una mujer consciente de las propias capacidades y de las muchas maneras que hay para explotarlas sin sentirse en contínua competencia y en una situación de desventaja.
Toluca, México
18 de enero, 2012
Deseo iniciar este 2012 con un saludo y mis mejores deseos para todos los amigos del semanario Punto. Espero que sea un año de cambios importantes y positivos para todo el mundo, especialmente para México e Italia, los dos países que amo profundamente y que en modo muy diferente están frente a situaciones difíciles y problemas serios que por el bien de todos es mejor que solucionen.
Para comenzar este nuevo ciclo de colaboraciones, he decidido hablar de las mujeres. Y parto de una de esas e mails que se envían casi inocentemente. Una amiga queridísima me mandó un texto que me dejó con la boca abierta. Se trata de un “Monólogo de la mujer moderna” que habría sido leído al aire por la ¿periodista? Adela Micha. Al menos así se presenta.
“Me gustaría saber quién fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer.” Es la primera frase que simple y sencillamente me parece impactante. En el monólogo una mujer trabajadora se lamenta porque considera que a partir de la “liberación femenina” la situación del sexo débil ha simplemente empeorado.
“Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa, podando árboles, plantando flores, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos.”
Esta expresión de nostalgia por una vida que las mujeres de menos de cincuenta años simplemente no conocemos, me parece completamente fuera de lugar.
No creo que mis coetáneas hayan conocido realmente de cerca la vida de una mujer que se haya siempre ocupado de la casa. Las mujeres de todo el mundo trabajan desde hace muchas décadas. Por fortuna. A pesar de la queja contínua respecto al hecho de que tienen responsabilidad por partida doble, no creo que una mujer moderna tenga la mínima idea de lo que es estar encerrada en una casa sin nada más que hacer que limpiar por todos lados y esperar el momento de complacer marido e hijos, con la única posible satisfacción de recibir las gracias y cualquier elogio.
No puedo imaginar que sea auténtica la “envidia” por la condición de esas mujeres sea racional y/o auténtica. Porque detrás de esa maravilla que era ocuparse del hogar, había sin duda un gran sentido de frustración y un velado (casi prohibido) deseo de utilizar un poco más el cerebro y un poco menos las manos.
Creo como siempre que los extremos son malos. No concibo tampoco una mujer cuya prioridad sea exclusivamente el trabajo. No me parece lógica la idea de consagrarse en cuerpo y alma a la actividad laboral, aún a costa de sacrificar horas preciosas con la familia. Pero este razonamiento no es una cuestión de género, porque a decir verdad es también muy criticable encontrar hombres que viven para trabajar y no trabajan para vivir.
“¿Porqué, díganme porqué o para que la liberación femenina... que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos?...” La redacción es pésima, pero el concepto es claro. Lo que no me queda tan claro es dónde está esa “competencia” que no solamente es insana, sino también ilógica.
Claro que llevar el feminismo al extremo y considerar al hombre como un enemigo es un síntoma de desequilibrio y de inmadurez.
Quisiera saber si en verdad existe la competencia despiadada en el trabajo entre hombres y mujeres. No lo creo. En mi humilde experiencia nunca la vi, muy probablemente porque no se me dio la gana verla, ya que moverse en el mundo laboral con cierta predisposición me ha parecido siempre equivocado.
...“Nos volvimos ‘‘súper mujeres’’ pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes”, dice el texto, que agrega: “Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana...”.
Me pregunto si realmente el hecho de trabajar y producir excluye la posibilidad de mantener la condición de fémina. Lo dudo.
Es lógico pensar que no todos los hombres están dispuestos a dar una posición importante a las mujeres o a considerarlas al parejo en cuanto a capacidad. Un ejemplo de ello es el modo en que Enrique Peña Nieto le habría negado a la senadora por Chiapas, María Elena Orantes López la posibilidad de ser candidata a la gubernatura de su estado.
“Tú no puedes ser la candidata a gobernadora porque eres mujer. Eso te vuelve vulnerable”, habría dicho el exgobernador mexiquense a la legisladora, que entonces decidió renunciar al tricolor. Paradójicamente el PAN, que debería comportarse en una manera mucho más conservadora, dada su naturaleza misma -de derecha y mojigata- podría dar la sorpresa de postular para la presidencia a una mujer, Josefina Vázquez Mota.
Independientemente del contexto político, lo que deseo subrayar es que a decir verdad no pienso que ninguna de estas señoras que están desde siempre metidas en la política tenga la necesidad de “sentirse mujer” o que esté inconforme con la posibilidad de destacar, o que se sienta desgraciada porque tiene que competir con los hombres.
Si acaso alguna se sentirá desilusionada porque quedan todavía algunos especímenes que consideran más importante la “buena presentación” que el “cerebro funcionante”, o lo que es lo mismo, privilegian a las lindas actrices de telenovela que pueden ser un buen objeto decorativo, en lugar de dar una posibilidad a otras mujeres menos bellas per a lo mejor un poco más capaces.
Volviendo al discurso inicial, debo decir que no comparto para nada las ideas plasmadas en ese texto y que si de verdad Adela Micha se tomó la libertad de leerlo en su programa, confirmo que el título de periodista refiriéndose a ella debe quedar muy pero muy entrecomillado.
Y quiero agregar que no considero seriamente el hecho de que las mujeres de hoy estén obligadas a “pagar el precio por en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades”.
Eso no es cierto. O al menos en condiciones normales no tendría que ser cierto, por la sencilla razón de que la cuestión estética y la formación intelectual son asuntos que la mujer debe considerar simple y sencillamente como decisiones personales que aumenten su autoestima, y no como obligaciones por cumplir para agradar a los demás.
Esa creo que debería ser la diferencia entre estar “harta de la liberación femenina” y ser una mujer consciente de las propias capacidades y de las muchas maneras que hay para explotarlas sin sentirse en contínua competencia y en una situación de desventaja.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Chicas de Plástico
Publicado en el Semanario Punto
Toluca, México, 22 de mayo, 2008
En Alemania, anualmente 100 mil jóvenes menores de 18 años se someten a operaciones de cirugía plástica, de acuerdo con un artículo publicado esta semana por el diario italiano Corriere della Sera. Por esta razón, el gobierno germano ha decidido establecer una ley para que antes de someter al bisturí a un menor de edad, sea necesaria la opinión de dos médicos, además de la autorización de los padres.
En Italia, la situación relativa al auge de la cirugía plástica no es menos alarmante. La Sociedad Italiana de Cirugía Plástica refiere que la lipoescultura, el aumento del seno, la cirugía a la nariz o a las orejas son las intervenciones más solicitadas por los jóvenes menores de 18 años.
Según Maurizio Priori, presidente de la mencionada Sociedad, la cirugía plástica en personas tan jóvenes se justifica porque pueden “liberarlas de serios complejos psicológicos”.
Muchos conocemos casos de personas más o menos cercanas a nosotros, que han recurrido al bisturí bajo mil argumentos distintos: “mejorar su aspecto físico” “sentirse mejor consigo mismas” y demás justificaciones que nadie les pide pero que se esmeran en hacer públicas.
Cuando la intervención es hecha a una persona adulta, no hay más que hacer, sino respetar su voluntad y su libre albedrío, porque sinceramente cada quien tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que mejor le parezca.
Cierto que en ocasiones se exagera, al grado que quienes deciden darse una retocadita, se convierten en una especie de seres plastificados cuyo cuerpo magnifico no se van a comer los gusanos cuando pasen a mejor vida, dado que las prótesis no entran en proceso de descomposición.
Lo malo es pensar que las nuevas generaciones, que deberían teóricamente ser mejores que nosotros en todos aspectos, están creciendo con la obsesión de ser físicamente perfectos, tratando desesperadamente de copiar los cánones de belleza establecidos quién sabe cuándo por quién sabe quién,
Así, es posible observar cómo en el país de la bota los jóvenes caen en la trampa, en gran parte gracias al bombardeo de programas televisivos que han causado no pocas polémicas, como Bisturí, Cambio vita... mi trasformo y el importado Extreme makeover.
Dichos programas muestran cómo un físico perfecto, un buen corte de cabello, la ropa y el maquillaje adecuados pueden convertir una persona normal en un ser envidiable, amado, respetado, digno de todas las oportunidades. En pocas palabras: la belleza física equivale a triunfo y si ésta no viene dada por la madre naturaleza, es imprescindible buscarla a cualquier costo.
No se trata de ser hipócritas. A todos nos gusta vernos bien y quien no lo acepte se engaña a sí mismo. Pero hay una diferencia entre querer lucir mejor y transformarse hasta llegar a la perfección. No es lo mismo hacer ejericio, comer bien y llenarse de cremas y pociones varias para conservarse en condiciones de presentarse en sociedad, que recurrir a una riesgosa operación y a sus probables consecuencias con tal de tener el rostro sin arrugas y la nariz socialmente aceptada, el seno más generoso, el vientre más plano y el trasero más duro y de proporciones adecuadas.
En Italia comienza a estar de moda que los padres regalen a las chicas una operación para mejorar el seno como premio por haber aprobado el esame di maturità, es decir, con 19 años apenas cumplidos, justo antes de iniciar los estudios universitarios.
Tal vez esas chicas no terminarán la Universidad, probablemente antes de eso se convertirán en modelos, en bailarinas de Tv, en conductoras y si tienen suerte, a lo mejor llegan a ser diputadas o ministras.
Y es que el punto por criticar es exactamente ese: al parecer, para tener éxito profesional es necesario ser físicamente atractiva. Hay un promocional de televisión en que una mujer embarazada está elaborando una lista de los beneficios que quiere dar a su bebé, que es una niña. Comienza a enumerarlos: licenciatura en Física, dos maestrías, de las cuales una en física cuántica, inglés, alemán, chino y japonés escritos y hablados y demás conocimientos. La señora termina diciendo a la bebé que está gestando: “de tu currículum, me ocupo yo, pero tú ocúpate de ser figa (término coloquial para definir una mujer bellísima) si no, el resto no te sirve de nada”.
En un spot banal y ligero, se plasma una realidad seria y muy pesada de la sociedad italiana: sin belleza, no hay talento que valga. Y no se habla de belleza como término relativo. Hay estándares tan definidos que hasta en certámenes tradicionales como Miss Italia, las chicas -por supuesto, todas retocadas- parecen haber sido fabricadas en serie.
Se es bella si se tienen ciertas características: una cierta estatura, un tipo determinado de rasgos y de cuerpo, y obviamente para adecuarse a las exigencias, además de la cirugía plástica, las jóvenes terminan por caer en situaciones graves como la bulimia y la anorexia, con tal de mantener su imagen.
Sin embargo, hay que reconocer que la obsesión de las chicas por ser físicamente atractivas no nace sin el apoyo decisivo de sus propias madres. Siendo Italia uno de los países con mayor esperanza de vida, hay una especie de fiebre por conservar la eterna juventud. De ahí que tantas señoras maduras se esfuerzan hasta lo inimaginable con tal de conservar sus atractivos, y conscientemente o no, heredan a sus hijas sus mismas fijaciones..
En resumen: cuando se lleva a la exageración la necesidad de ser físicamente atractivo, se pasa por alto la importancia de cultivar otros valores. Si a esto agregamos la falsa idea que se da a las nuevas generaciones acerca de la importancia de la apariencia por encima de la esencia, vemos como resultado una sociedad altamente consumista, preocupada por lo superfluo y con pocas posibilidades de desarrollo real.
Poco se puede esperar de una Italia en la que, curiosamente, el mismísimo presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, es un personaje que abiertamente ha reconocido su debilidad por las cirugías -por cuestión de imagen, dice- y que a sus setenta años pasaditos no se resigna a tener arrugas ni a perder el cabello, sometiéndose contínuamente a liftings y luciendo sus costosísimos implantes capilares, además de ocultar sus canas.
Tampoco hay mucho que decir sobre las diputadas y ministras que alguna vez fueron vedettes de televisión y que francamente no tienen mucho que aportar en términos de gobierno, pero sí mucho que lucir y presumir.
Es una pena que el concepto de belleza se haya distorsionado y se haya reducido solamente a ciertos pobres parámetros.
Una mujer, la escritora francesa del siglo XIX George Sand, (Amandine-Aurore-Lucille Dupin )resumió en una frase un principio que quizá en pleno siglo XXI serviría para aclarar un poco las ideas en las algunas sociedades confusas: “la belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”. Recordarlo más seguido probablemente no nos haría mal, especialmente si se trata de orientar a las nuevas generaciones hacia los verdaderos valores universales.
Toluca, México, 22 de mayo, 2008
En Alemania, anualmente 100 mil jóvenes menores de 18 años se someten a operaciones de cirugía plástica, de acuerdo con un artículo publicado esta semana por el diario italiano Corriere della Sera. Por esta razón, el gobierno germano ha decidido establecer una ley para que antes de someter al bisturí a un menor de edad, sea necesaria la opinión de dos médicos, además de la autorización de los padres.
En Italia, la situación relativa al auge de la cirugía plástica no es menos alarmante. La Sociedad Italiana de Cirugía Plástica refiere que la lipoescultura, el aumento del seno, la cirugía a la nariz o a las orejas son las intervenciones más solicitadas por los jóvenes menores de 18 años.
Según Maurizio Priori, presidente de la mencionada Sociedad, la cirugía plástica en personas tan jóvenes se justifica porque pueden “liberarlas de serios complejos psicológicos”.
Muchos conocemos casos de personas más o menos cercanas a nosotros, que han recurrido al bisturí bajo mil argumentos distintos: “mejorar su aspecto físico” “sentirse mejor consigo mismas” y demás justificaciones que nadie les pide pero que se esmeran en hacer públicas.
Cuando la intervención es hecha a una persona adulta, no hay más que hacer, sino respetar su voluntad y su libre albedrío, porque sinceramente cada quien tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que mejor le parezca.
Cierto que en ocasiones se exagera, al grado que quienes deciden darse una retocadita, se convierten en una especie de seres plastificados cuyo cuerpo magnifico no se van a comer los gusanos cuando pasen a mejor vida, dado que las prótesis no entran en proceso de descomposición.
Lo malo es pensar que las nuevas generaciones, que deberían teóricamente ser mejores que nosotros en todos aspectos, están creciendo con la obsesión de ser físicamente perfectos, tratando desesperadamente de copiar los cánones de belleza establecidos quién sabe cuándo por quién sabe quién,
Así, es posible observar cómo en el país de la bota los jóvenes caen en la trampa, en gran parte gracias al bombardeo de programas televisivos que han causado no pocas polémicas, como Bisturí, Cambio vita... mi trasformo y el importado Extreme makeover.
Dichos programas muestran cómo un físico perfecto, un buen corte de cabello, la ropa y el maquillaje adecuados pueden convertir una persona normal en un ser envidiable, amado, respetado, digno de todas las oportunidades. En pocas palabras: la belleza física equivale a triunfo y si ésta no viene dada por la madre naturaleza, es imprescindible buscarla a cualquier costo.
No se trata de ser hipócritas. A todos nos gusta vernos bien y quien no lo acepte se engaña a sí mismo. Pero hay una diferencia entre querer lucir mejor y transformarse hasta llegar a la perfección. No es lo mismo hacer ejericio, comer bien y llenarse de cremas y pociones varias para conservarse en condiciones de presentarse en sociedad, que recurrir a una riesgosa operación y a sus probables consecuencias con tal de tener el rostro sin arrugas y la nariz socialmente aceptada, el seno más generoso, el vientre más plano y el trasero más duro y de proporciones adecuadas.
En Italia comienza a estar de moda que los padres regalen a las chicas una operación para mejorar el seno como premio por haber aprobado el esame di maturità, es decir, con 19 años apenas cumplidos, justo antes de iniciar los estudios universitarios.
Tal vez esas chicas no terminarán la Universidad, probablemente antes de eso se convertirán en modelos, en bailarinas de Tv, en conductoras y si tienen suerte, a lo mejor llegan a ser diputadas o ministras.
Y es que el punto por criticar es exactamente ese: al parecer, para tener éxito profesional es necesario ser físicamente atractiva. Hay un promocional de televisión en que una mujer embarazada está elaborando una lista de los beneficios que quiere dar a su bebé, que es una niña. Comienza a enumerarlos: licenciatura en Física, dos maestrías, de las cuales una en física cuántica, inglés, alemán, chino y japonés escritos y hablados y demás conocimientos. La señora termina diciendo a la bebé que está gestando: “de tu currículum, me ocupo yo, pero tú ocúpate de ser figa (término coloquial para definir una mujer bellísima) si no, el resto no te sirve de nada”.
En un spot banal y ligero, se plasma una realidad seria y muy pesada de la sociedad italiana: sin belleza, no hay talento que valga. Y no se habla de belleza como término relativo. Hay estándares tan definidos que hasta en certámenes tradicionales como Miss Italia, las chicas -por supuesto, todas retocadas- parecen haber sido fabricadas en serie.
Se es bella si se tienen ciertas características: una cierta estatura, un tipo determinado de rasgos y de cuerpo, y obviamente para adecuarse a las exigencias, además de la cirugía plástica, las jóvenes terminan por caer en situaciones graves como la bulimia y la anorexia, con tal de mantener su imagen.
Sin embargo, hay que reconocer que la obsesión de las chicas por ser físicamente atractivas no nace sin el apoyo decisivo de sus propias madres. Siendo Italia uno de los países con mayor esperanza de vida, hay una especie de fiebre por conservar la eterna juventud. De ahí que tantas señoras maduras se esfuerzan hasta lo inimaginable con tal de conservar sus atractivos, y conscientemente o no, heredan a sus hijas sus mismas fijaciones..
En resumen: cuando se lleva a la exageración la necesidad de ser físicamente atractivo, se pasa por alto la importancia de cultivar otros valores. Si a esto agregamos la falsa idea que se da a las nuevas generaciones acerca de la importancia de la apariencia por encima de la esencia, vemos como resultado una sociedad altamente consumista, preocupada por lo superfluo y con pocas posibilidades de desarrollo real.
Poco se puede esperar de una Italia en la que, curiosamente, el mismísimo presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi, es un personaje que abiertamente ha reconocido su debilidad por las cirugías -por cuestión de imagen, dice- y que a sus setenta años pasaditos no se resigna a tener arrugas ni a perder el cabello, sometiéndose contínuamente a liftings y luciendo sus costosísimos implantes capilares, además de ocultar sus canas.
Tampoco hay mucho que decir sobre las diputadas y ministras que alguna vez fueron vedettes de televisión y que francamente no tienen mucho que aportar en términos de gobierno, pero sí mucho que lucir y presumir.
Es una pena que el concepto de belleza se haya distorsionado y se haya reducido solamente a ciertos pobres parámetros.
Una mujer, la escritora francesa del siglo XIX George Sand, (Amandine-Aurore-Lucille Dupin )resumió en una frase un principio que quizá en pleno siglo XXI serviría para aclarar un poco las ideas en las algunas sociedades confusas: “la belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”. Recordarlo más seguido probablemente no nos haría mal, especialmente si se trata de orientar a las nuevas generaciones hacia los verdaderos valores universales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
