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martes, 29 de marzo de 2011

Eruviel... desconocido, homofóbico, metrosexual... y ¿futuro gobernador?

Publicado en el diario online Primero estado de México. 27 marzo, 2011.

Esta semana no creo que haya una noticia más importante para la sociedad mexiquense que lo ocurrido en las filas del PRI de la entidad. Una verdadera sorpresa para sus simpatizantes que muy posiblemente esperaban una muestra de democracia y pluralidad en su partido y que sin embargo, una vez más se quedaron en ayunas.
Es cierto que los procesos internos en general dejan fracturas. Es también una realidad que el priísmo no la tiene fácil y que posiblemente las altas esferas del partidazo decidieron que era mejor convencer por las buenas a los aspirantes y demostrar “unidad” antes de enfrentar una selección desgastante y costosa no solamente en términos económicos, sino principalmente morales, políticos y electorales.
Pero también es cierto que de todas maneras, la imposición de Eruviel Avila Villegas -disfrazada de declinación de los demás posibles candidatos- habla de que el PRI pierde el pelo, pero no el vicio, y que no deja de ser un partido en el que la autoridad es ejercida por unos cuantos.
Visto desde lejos, observado desde muy afuera, la extraña forma en que Eruviel Avila se convierte de repente en un líder carismático, capaz de ocupar tan importante cargo de elección popular, se antoja más bien una de esas formas antipáticas de imposición.
Ya de por sí los nombres que se barajeaban no prometían muchos aires de democracia. Basta recordar que hasta el último momento Alfredo Del Mazo Maza, -joven de gran alcurnia política- era el precandidato con más posibilidades.
La presencia de Del Mazo nos llevaba sin duda a pensar que el Revolucionario Institucional sigue representando el partido poderoso y limitado, impositivo y cerrado. Su tradición en la entidad mexiquense lógicamente no se ha perdido, visto que hasta ahora ha mantenido su hegemonía y no ha tenido problemas para vencer las elecciones, ni siquiera en el 2000, cuando la ola del “cambio” blanquiazul se convirtió en un verdadero maremoto para el tricolor a nivel nacional.
Será por eso que el PRI mexiquense se ha cocinado siempre aparte, ha mantenido su influencia al grado que su presencia a niver nacional ha sido determinante en muchos procesos electorales del país. No hay que olvidar nunca la llamada “fuerza mexiquense”, las playeras rojas y todos los trucos que a través del tiempo los tricolores del estado de México han exportado a toda la república.
Por eso es que el PRI mexiquense puede darse el lujo de elegir a su candidato al viejo estilo. Aunque en realidad otra manera de interpretar los acontecimientos es sencillamente entender que antes que debilitarse en una lucha interna inútil, la cúpula priísta se vío en la necesidad de ceder ante las presiones de algunos grupos, esperando obviamente retener el voto duro y exorcizando cualquier intento de los inconformes por abandonar las filas del tricolor para unirse a una eventual alianza entre el PRD y el PAN.
A partir de ahora, todos los esfuerzos del tricolor serán dirigidos hacia la promoción de la imagen de Eruviel Avila como la del hombre capaz de gobernar la entidad más importante del país. Por primera vez en muchos sexenios, el candidato es un hombre cuya carrera política se ha desarrollado principalmente en el Valle de México, región que por años ha sido discriminada y que también durante mucho tiempo ha exigido ser tomada en cuenta como protagonista de primera línea de la vida política estatal.
Convencer de que Eruviel es el bueno no es una tarea sencilla. Para comenzar, deberá, quiera o no, luchar contra el fantasma de su predecesor. Y no la tiene fácil. La figura de Peña va a pesar mucho y seguramente no será sencillo para el partidazo vender un producto cuya “envoltura” no es tan agradable a la vista como la del actual gobernador.
Seamos sinceros: gran parte de éxito de Peña Nieto ha sido el manejo de la imagen de galán de telenovelas que gusta mucho, especialmente a las mujeres. Eruviel -dicen por ahí- es simplemente un hombre “metrosexual”, con una vanidad importante que lo ha llevado a someterse a más de una cirugía plástica. Aparte de poca presencia estética, Eruviel tiene en su contra un currículum que no a todos agrada.
Para muchos ciudadanos, Avila Villegas es un perfecto desconocido, para otros es un político de poca altura y para otros un hombre de poca calidad moral. Por todo esto, no se ve un panorama muy halagador para los priístas.
Francamente, no hay nada nuevo bajo el sol. Todos los procesos electorales son iguales. Cambian solamente los contendientes pero la esencia es la misma. Durante meses, los candidatos y sus simpatizantes hacen su mejor esfuerzo por descalificare, por ponerse mil trampas, por mostrar las debilidades del rival en lugar de las virtudes propias.
Seguramente Eruviel tendrá de su lado el voto duro de sus correligionarios. La pregunta es si realmente será capaz de conquistar la simpatía de los indecisos y sobre todo, si tanto él como los demás aspirantes a gobernar el estado de México podrán contrarrestar el abstencionismo y legitimar unas elecciones costosas cuyos resultados benefician solamente a unos cuantos.
Un detalle me viene a la mente cuando pienso en Eruviel Avila. Hace casi un año, en mayo de 2010, un profesor homosexual denunció ser víctima de una especie de “conspiración homofóbica”. Agustín Humberto Estrada Negrete, despedido de los Centros de Atención Múltiple 33 y 34, y que luego fuera llevado preso por protestar frente al Palacio de gobierno del Estado de México, declaró estar seguro de ser víctima de una campaña homofóbica de desprestigio, por el solo hecho de mostrar su homosexualidad públicamente. Entonces aseguró que el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda Silva y el entonces alcalde Eruviel Ávila habrían sido los orquestadores del linchamiento social en su contra
Qué tanto de cierto hay en aquellos hechos, no lo podemos saber. Lo que es cierto es que el nombre de Eruviel, como el de muchos otros políticos priístas mexiquenses no resulta del todo limpio, mucho menos cuando se le asoció al del nefasto Onésimo Cepeda, cuyas andanzas en el mundo de los poderosos son bien conocidas.
Es un hecho que el nuevo virtual candidato no es monedita de oro, y pensar que viene desacreditado hasta por los priístas de su municipio no es un buen antecedente. Muchos son los comentarios que he encontrado que no lo dejan muy bien parado.
Creo que a este punto el PRI y sus cerebros de mercadotecnia política tendrán que trabajar mucho más de lo previsto para convencer a los ciudadanos de la capacidad del elegido.
Pero creo también que a estas alturas lo único que queda por pensar es que una vez más el PRI ha dado una muestra clara de que sus métodos siguen siendo los mismos y que “cambia” siempre para quedar igual...

lunes, 14 de marzo de 2011

Las elecciones: la democracia cuesta

Publicado en el diario online Primero estado de México.

Hace algunos días encontré una interesante información que tiene que ver con el proceso electoral que se efectuará en la entidad mexiquense el próximo tres de julio. Se trata de un reportaje de la publicación on line Reporte Indigo, que señala claramente que el gobernador del estado Enrique Peña Nieto “infiltra” al Instituto Electoral del Estado de México (IEEM).
De acuerdo con el reportaje, los opositores del PRI ya ven unas elecciones sucias, a partir del hecho que “pareciera que ser priísta es una condición indispensable para trabajar en el IEEM... desde los cargos más sencillos hasta las más altas responsabilidades. Desde el cuerpo administrativo, choferes, secretarias y asesores, hasta la mayoría de quienes componen el llamado 'máximo órgano de Gobierno' electoral, que es el Consejo Electoral, integrado por siete consejeros con derecho a voz y voto.”
De acuerdo con el planteamiento de Reporte Indigo, la cercanía del IEEM con el partido del gobernador, “se extiende a la mayoría de los 135 vocales distritales que, en teoría, deberían ser totalmente neutrales”.
Sinceramente, no veo en la información una gran novedad. No es una noticia, aunque lo interesante es que el reportaje señala nombres y apellidos, cifras y hechos, con lo cual fundamenta lo que por años ha sido un secreto a voces, es decir, que el árbitro de la contienda electoral no es tan imparcial como debería y que opera más bien a partir del gran negocio en que se ha convertido la democracia de la que los mexicanos creemos gozar.
La historia del IEEM como tal se remonta a 1998, cuando finalmente viene elevato a nivel constitucional su reconocimiento “como un órgano autónomo y con patrimonio propios para la organización de comicios como una función estatal”.
Un aspecto por demás interesante es que en teoría el IEEM debería ser el perfecto ejemplo de una democracia avanzada, donde cada acción destinada a elegir a los representantes populares es vigilada bajo principios férreos. El Instituto debe ser garante de “certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad”, de acuerdo con la ley.
Sin embargo, me queda claro que tales principios no son realmente importantes y que el IEEM es el ejemplo perfecto de que como dijo alguna vez Carlos Salinas de Gortari “la democracia cuesta”. El presupuesto de este año para el órgano electoral es de ¡665 millones de pesos!
Me pregunto cuántas familias podrían vivir decorosamente con esa cantidad de dinero, especialmente en un país como México, donde ya me contaron que con seis mil pesos al mes los ciudadanos pagan hasta la colegiatura, la mensualidad del auto y quién sabe cuántos lujos más.
Digo, si me pongo a hacer cálculos ociosos, dividiendo el total entre seis mil, llego a la conclusión de que con el dinerito que se embolsa el IEEM, podrían vivir de lujo por un mes 110 mil 833 familias. Eso, claro está, de acuerdo con el flamante Secretario de Hacienda Ernesto Cordero, que seguramente vive como rey con seis mil pesos... ¡pero diarios!
¡Ah!, pero el IEEM no se conforma, porque efectivamente la democracia cuesta mucho y obviamente hay que pagar el precio de todos los sacrificios que comporta un proceso electoral tan importante. Por eso, de acuerdo con el diario Reforma, el instituto “pidió 71 millones de pesos más en recursos, dado que se trata de un año electoral y requieren bonos por las horas extras que prevén trabajar durante los comicios de este año”, o sea, el equivalente una vida mensual de sueño para otras 11 mil 833 familias mexicanas.
Aquí lo importante es entender que las elecciones no son la democracia, como nos han hecho creer por años, sino solamente el inicio de ésta. Y sobre todo, es necesario razonar acerca de los excesos que se cometen en nuestro país en nombre de un espejismo, porque encima de todo, los resultados electorales no son siempre claros y obviamente, después de la elección nadie entiende que empieza la verdadera democracia, que es más bien una manera de vida y no una sola jornada llena de fraudes.
Visto objetivamente, preguntémonos si es verdaderamente necesario que en cada elección estrenemos todo, pero lo que se dice todo. Desde el crayón con el que tachamos la boleta, hasta la mampara donde nos encerramos para respetar al pie de la letra el principio de que el voto es “libre y secreto”. Todo nuevecito, si no, no vale. Obviamente cada objeto utilizado es resultado de una licitación que ha despertado siempre polémicas porque no quedado muy claro el modo en que se asigna.
Un caso clarísimo de la situación es el que menciona el trabajo de Reporte Indigo, referente a la asignación del sistema de comunicación utilizado en el 2009. Según la publicación on line, existe un personaje estrechamente ligado a Enrique Peña, llamado Javier López Corral. El secretario Ejecutivo General del IEEM, quien sería el verdadero mandamás del instituto y habría firmado cheques para una empresa llamada Servitrón, sin mediar una licitación y a través de una adjudicación directa,
La empresa en cuestion habría obtenido en el 2009 cinco millones 214 mil pesos por concepto de compra de un equipo de comunicación que resultó tener muchas fallas. Hay que decir que Servitrón es propiedad de Édgar Fajardo Moreno, hijo de Luis César Fajardo de la Mora, exrepresentante del PRI ante el IEEM. La democracia cuesta, ¿verdad? El problema es que nos cuesta a todos los contribuyentes y tanto dinero termina en las manos de unos cuantos. De los cuates de los cuates.
Por situaciones como esta me pregunto cuánto puede resultar efectiva una campaña contra el abstencionismo, como la anunciada a principios de febrero por el consejero presidente del IEEM, Norberto Hernández Bautista.
De acuerdo con el funcionario electoral, para combatir el abstencionismo “el instituto cuenta con el apoyo de 6 mil jóvenes que difunden la importancia del voto, especialmente en el Valle de México y el Oriente de la entidad, donde se espera que menos personas ejerzan su derecho al sufragio.”
Por una parte, me doy cuenta de que francamente al ciudadano de a pie, al que debe luchar por sobrevivir con mucho menos de seis mil pesos al mes no le interesa mínimamente ir a votar y no pienso que su idea puede cambiar si ven la publicidad electoral en los parabuses o el metro, ni pienso que se tomarán la molestia de leer el tabloide donde el IEEM pretende promover las plataformas de los partidos.
No es por desanimarlos, pero sinceramente son muchos los elementos que el IEEM tiene en contra. Revisando la información reciente, encuentro una interesante nota de Reforma firmada por Enrique Gómez que señala: “en los comicios locales entre 2000 y 2009, la asistencia de los electores cayó 13.6 puntos porcentuales, al pasar de 65.8 a 52.2 por ciento”. Y va más allá cuando afirma que “en el mismo lapso el financiamiento público para organizar las elecciones creció tres cuartas partes, al pasar de 945 millones 430 mil 700 pesos a mil 644 millones 904 mil 100 pesos en 2009.
En resumen: si consideramos que “el gasto del IEEM en los años en que hubo elecciones durante dicho periodo alcanzó los 6 mil millones de pesos, mientras el abstencionismo promedió 50.7 por ciento”, nos damos cuenta de que algo no funciona y que cada vez es menor la credibilidad de la “democracia costosa”.
Por eso me parece simplemente un elemento más para el montaje de una farsa la presencia de tantos priístas en el IEEM. Como si no supiéramos que ganar las elecciones del 2011 no es sino el primer paso para el lanzamiento de Peña hacia Los Pinos y como si tampoco nos diéramos cuenta de que ese paso tiene que ser exitoso cueste lo que cueste. El problema es que en tiempos de crisis económica el sistema insiste en vendernos un producto inútil y los mexiquenses nos vemos casi obligados a comprarlo. Lo peor es que aunque no votemos, de nuestro bolsillo saldrán los recursos para mantener la comedia que hace reir cada vez a menos ciudadanos.